viernes, 31 de diciembre de 2010

LOS CINCUENTA MEJORES LIBROS QUE LEÍ EN 2010.


En primer lugar, felicitar el año a todos los lectores, a los veteranos y a los que poco a poco se van sumando a este proyecto. Como es tradición, les ofrezco la lista de los mejores libros que leí a lo largo del año que se acaba, con sus correspondientes enlaces, con alguna excepción como "La fiesta del chivo", del que me encuentro en plena realización de artículo, que será el primero que salga en enero, seguramente. Por último, agradecer a todos mis amigos la compañía y los estupendos momentos que me han brindado este año, tanto en los distintos clubes de lectura y el taller de escritura como en nuestras particulares reuniones diurnas o nocturnas. Un abrazo a todos.

1. Misericordia, de Benito Pérez Galdós.
2. Si esto es un hombre, de Primo Levi.
3. La montaña mágica, de Thomas Mann.
4. El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.
5. La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa.
6. La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig.
7. La fortuna de los Rougon, de Emilio Zola.
8. El vizconde demediado, de Italo Calvino.
9. La historia interminable, de Michael Ende.
10. Elogio de la ociosidad, de Bertrand Russell.
11. Nada, de Carmen Laforet.
12. Los justos, de Albert Camus.
13. Relatos de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle.
14. El castillo, de Franz Kafka.
15. El adversario, de Emmanuel Carrère.
16. Tartufo, de Molière.
17. Las partículas elementales, de Michel Houellebecq.
18. Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro.
19. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
20. Sin destino, de Imre Kertesz.
21. Los demasiados libros, de Gabriel Zaid.
22. El banquero anarquista, de Fernando Pessoa.
23. A través del espejo, de Lewis Carroll.
24. Los días felices, de Samuel Beckett.
25. Estudio en escarlata, de Arthur Conan Doyle.
26. Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.
27. Sed de sangre, de Joanna Bourke.
28. Leer Lolita en Teherán, de Azar Nafisi.
29. La Tierra permanece, de George R. Stewart.
30. Akhenaton, de Naguib Mahfuz.
31. El factor humano, de John Carlin.
32. Nuestro corazón, de Guy de Maupassant.
33. Luna de lobos, de Julio Llamazares.
34. El doble, de Fiodor Dostoievski.
35. Chesil beach, de Ian McEwan.
36. Tres novelas ejemplares, de Miguel de Unamuno.
37. Dersu Uzala, de Vladimir Arseniev.
38. Las conversaciones privadas de Hitler, de Hugh Trevor Roper.
39. El árbol, de Slawomir Mrozec.
40. Bestias sin patria, de Uzodinma Iweala.
41. La quema de conventos en Málaga, de José Jiménez Guerrero.
42. El coloso de Nueva York, de Colson Whitehead
43. Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite.
44. Primera nieve en el monte Fuji, de Yasunari Kawabata.
45. La vida nueva, de Orhan Pamuk.
46. Los hermosos años del castigo, de Fleur Jaeggy.
47. Tanta gente sola, de Juan Bonilla.
48. El afinador de pianos, de Daniel Mason
49. Celda 211, de Francisco Pérez Gandul.
50. El corazón de la tierra, de Juan Cobos Wilkins.

lunes, 27 de diciembre de 2010

BIUTIFUL (2010), DE ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑÁRRITU. LOS OLVIDADOS DEL SIGLO XXI.


Iñárritu cambia en esta película su manera de narrar, pero redobla la dureza de los temas que toca, convirtiendo a Barcelona en una ciudad del tercer mundo, al menos la Barcelona que él retrata, la de los desheredados que viven en callejones sin salida. A los que critican que el retrato es demasiado despiadado, el cineasta responde que la realidad es aún más dura.

En el sombrío panorama del cine actual, al menos en su vertiente más comercial, la que llega a los cines, la figura de Alejandro González Iñárritu se alza como un valor seguro entre la mediocridad imperante. La originalidad de su trilogía de la muerte, compuesta por "Amores perros" (2000), "21 gramos" (2003) y "Babel" (2006), radica en sus forma de contar una historia, que presenta varias líneas narrativas muy distintas a las que une un hecho concreto, casi siempre catalizador de tragedias para los personajes.

La historia de "Biutiful" no transcurre, pese a lo que pudiera parecer, en la Inglaterra victoriana descrita por Dickens, donde los patronos explotaban a los obreros casi como esclavos, sino en la vanguardista Barcelona de principios del siglo XXI, la ciudad emblema de la modernidad, que oculta terribles historias de miseria en sus sumideros.

Uxbal es un antihéroe muy poco común. Se gana la vida trapicheando con el trabajo ilegal de los inmigrantes que llegan a su ciudad esperanzados en una vida mejor y se encuentran en el callejón sin salida de la ilegalidad, la marginación y, finalmente, la esclavitud para sobrevivir. El espectador asiste al momento en que su vida se está convirtiendo en un auténtico infierno. Al hecho de serle diagnosticado un cáncer de próstata en fase avanzada se le suman el cuidado de sus dos hijos, una ex esposa con transtorno bipolar y dificultades en los negocios.

Ante esta tesitura, Uxbal decide, en la medida de sus escasas posibilidades, atenuar la situación de sus explotados, ante la extrañeza y el reproche de algunos de sus socios: un policía corrupto y el director chino de una fábrica textil clandestina. Con esta excusa, Iñárritu desciende a los más profundos infiernos de una Barcelona totalmente desconocida: la Barcelona de los desheredados, de los que no tienen esperanza, de los que ven desde lejos las emblemáticas construcciones arquitectónicas de la opulencia capitalista, aquellas personas que no tienen derechos humanos, sino que son consideradas mercancía desechable por sus amos.

El director explica perfectamente sus intenciones en la entrevista publicada en la revista "Dirigido" de diciembre de 2010:

"Creo que el fenómeno de la inmigración que está ocurriendo en el mundo en que vivimos es complejo y doloroso. Todos estos emigrantes se van de sus países no porque lo deseen, sino porque tienen que afrontar situaciones difíciles (...) Pero, obviamente, hay gente que saca ventaja de la vulnerabilidad y fragilidad de estas personas. Y eso a veces se traduce en condiciones paupérrimas de vida, algo que es invisible para las sociedades occidentales, donde muchas veces a estos inmigrantes se les toma como una carga o una molestia para la sociedad. Así es que toda esta gente termina atrapada en una situación muy complicada, porque no pueden regresar a sus países y en los lugares a los que han emigrado se les somete a una constante explotación. (...) Lo que me sorprendió fue descubrir que medio millón de personas viven en condiciones infrahumanas a apenas cinco minutos de esta otra realidad, esta ciudad de clase alta de una belleza incomparable (...) que es Barcelona."

"Biutiful" no ahorra escenas desagradables al espectador, como la de la carga policial contra los manteros en pleno centro de la ciudad ante la mirada estupefacta de los paseantes, muchos de ellos consumidores de esa mercancía de dudosa procedencia, presente en todas las zonas comerciales de occidente. Mercancía atractiva y barata, imitadora de las grandes marcas, cuyo secreto estriba en la mano de obra esclava que la elabora. Uxbal intenta aplacar su conciencia al respecto convenciéndose de que él ofrece la única alternativa de supervivencia a seres humanos desesperados, pero este pensamiento no logra aplacar su tormento interior.

La película de Iñárritu se sostiene en dos puntos fuertes, si obviamos la exploración de los elementos ocultos a nuestros ojos de la inmigración ilegal: la gran actuación de Javier Bardem, que consigue transmitir perfectamente las contradicciones de su personaje y el magistral uso del sonido, que se erige como un auténtico protagonista en muchas escenas.

Lo mejor para el espectador, a la hora de afrontar esta película, es que vaya prevenido, pues no se le van a ahorrar detalles a la hora de mostrarle la cara menos amable de la vida en Barcelona y en todas nuestras grandes ciudades, una realidad que, según confiesa el propio Iñárritu es mucho más dura de como él la presenta, una realidad tan podrida como el cuerpo de Uxbal, internamente devorado por un cáncer invisible y devastador.

martes, 21 de diciembre de 2010

LO QUE ME QUEDA POR VIVIR (2010), DE ELVIRA LINDO. PRESENTACIÓN EN MÁLAGA.


Tenía ganas de leer algo de Elvira Lindo que no fuera "Manolito Gafotas", porque me habían hablado maravillas de su escritura. Lo cierto es que he salido altamente decepcionado con mi primera experiencia con un libro suyo. En todo caso, la asistencia a la presentación de ayer mereció mucho la pena y he elaborado un pequeño reportaje:

Elvira Lindo es una escritora que apenas necesita presentación. Mujer polifacética, comenzó su carrera como locutora radiofónica, creando para este medio a Manolito Gafotas. Su adaptación a la literatura infantil de este singular personaje le hizo cosechar éxito y popularidad, llegándose incluso a la traslación de estas novelas al cine.

Pero la escritora gaditana ambicionaba llegar a un público aún más amplio, por lo que en los últimos años se ha dedicado a la creación de una literatura más adulta, lo que compagina con su trabajo de columnista para "El País". Su matrimonio con uno de los mejores escritores españoles, Antonio Muñoz Molina, ha elevado aún más, si cabe, su popularidad entre los lectores de nuestro país.

Enmarcado en los actos organizados por el Centro Andaluz de las Letras para celebrar el Día Internacional del Libro, la presencia de Elvira Lindo en Málaga congregó a un numeroso público, incluyendo a miembros de clubes de lectura de toda la provincia, dejando pequeña la sala de conferencias del Museo Picasso. La autora venía a encontrarse con sus lectores y a hablar de su último libro, "Lo que me queda por vivir".

"Lo que me queda por vivir" es una novela que tiene mucho de autobiográfico, y así lo confesó la propia autora, que prefiere indagar en su propio interior, en sus propias vivencias a la hora de escribir. Tal y como declaró, en diferentes ocasiones, al ser preguntada por el público:

"Escribir sobre sexo es más fácil que escribir sobre otro tipo de intimidad."

"Muchos lectores me escriben hablándome del libro y acaban hablándome de su propia vida."

"Escribir es un oficio tan raro que se acaba mezclando con la vida."

"Cada escritor tiene su mundo. Yo quiero moverme por terreno conocido. Si puedo pasarme la vida escribiendo, tratando de acercarme al alma de las personas, ¿por qué no? Ojalá yo pueda descubrir muchas vidas interesantes que están detrás de las vidas comunes"

Las preguntas fueron protagonizadas en su mayoría por lectoras de la misma generación que Elvira Lindo, que se sintieron plenamente identificadas con algunos de los pasajes de la novela y agradecieron a la autora haber sido tan sincera al plasmar sus experiencias. Una de las intervinentes, perteneciente a un club de lectura malagueño, confesó que su libro era el que más debate había dado de cuantos habían leído hasta el momento.

En todo caso, en opinión del autor de este artículo, a pesar de sus muchas virtudes, "Lo que me queda por vivir" es una novela fallida. Si bien es capaz de cierta penetración psicológica en ciertos momentos y de plasmar escenas de gran ternura, en conjunto, además de tratarse de una novela muy valiente, donde la autora prácticamente desnuda su alma, el resultado final no es del todo redondo.
Elvira Lindo intenta en todo momento que el lector se sienta identificado con la situación vital de la protagonista (ella misma dice que no hace falta haber tenido hijos para hacerlo), pero no siempre lo consigue, ya que entre sus páginas encontramos demasiados episodios de poca hondura, que apenas sirven para hacer evolucionar o describir a los personajes, sino que más bien resultan repetitivos e incluso pesados, por lo que concitan escaso interés. En todo caso, entre sus páginas asoma una escritora a la que se le intuye mucho oficio, capaz de ofrecer mucho más de lo logrado en esta novela.

Uno de los puntos más interesantes tratados en la charla de Málaga, y evidentemente muy presente en la novela, por ser de carácter autobiográfico, es la reacción de las personas que se ven retratadas en este tipo de narraciones. Elvira Lindo contó la airada reacción de algunos de sus familiares a un relato de Muñoz Molina, perteneciente al libro "Sefarad", ambientado en su pueblo, por lo que desde entonces aprendió que nunca hay que identificar a los personajes con el mismo nombre de la persona real en la que se inspiran, ni siquiera nombrar su ámbito geográfico, sobre todo cuando se trata de un pueblo de pocos habitantes, donde todos se conocen.

En conjunto, la charla ofrecida en Málaga, fue agradable en todos los aspectos. Elvira Lindo derrochó simpatía, amabilidad y cercanía con sus lectores e incluso se atrevió a contar divertidas anécdotas de su paso por Málaga, al principio de su carrera como locutora. Su intervención terminó con un merecido aplauso de todo el auditorio.

CAPERUCITA EN MANHATTAN (1990), DE CARMEN MARTÍN GAITE. LA CIUDAD DE MISS LUNATIC.


Me gustó más de lo que pensaba este sencillo libro de Martín Gaite. Como ella misma dice, la sencillez en la literatura no está reñida con la calidad, más bien al contrario. La historia de Sara Allen me recuerda a un sueño que se me repite a menudo. Estoy en Nueva York. En las afueras. Quiero llegar a Manhattan y ver la gran ciudad, pero nunca llego. Quizá algún día.

Un hermoso cuento de hadas. Una buena lectura para la Navidad:


Carmen Martín Gaite estaba destinada desde niña a ser lo que fue: una de las grandes escritoras españolas del siglo XX. Proveniente de una familia de intelectuales, llama poderosamente la atención la decisión de su padre de asumir personalmente su educación, dado que no quería ingresar a su hija en un colegio religioso. Sus propias lecciones y las de profesores particulares elegidos por él mismo, suplieron y mejoraron las posibilidades de educación estatal de aquellos años y pusieron las bases de la educación humanista que posteriormente Martín Gaite iba a plasmar en sus escritos.

Después de la Guerra Civil, y en el ambiente opresivo del primer franquismo, tuvo la valentía de estudiar Filología en unos años en los que no eran frecuentes las mujeres intelectuales. Su vocación literaria se redondeó aún más, si cabe, al contraer matrimonio con el gran Rafael Sánchez Ferlosio, una de las mentes más lúcidas de la cultura española. Aunque se divorciaron en 1970, no perdieron el contacto.

En julio de 2010 se cumplieron diez años del fallecimiento de una de las grandes damas de las letras españolas. Su carta de presentación literaria es la sencillez en la escritura, lo cual no está reñido con la profundidad de ideas, tal y como declara en una entrevista concedida a Blanca Berasátegui y publicada en el suplemento cultural del diario "El Mundo":

"A mí me da miedo caer en la pesadez y la incoherencia. Me da miedo convertirme en alguien que no controle su inteligencia. Me gusta la gente inteligente y divertida y me horrorizan los pesados. (...) Huyo también de la oscuridad en la literatura, de esa tendencia a escribir complicado y difícil, tal vez por ser tan fácil. Persigo la frescura, la credibilidad y la coherencia, sobre todo la coherencia. Y no te quepa duda de una cosa: es más fácil imitar a Faulkner que a Arniches, por ejemplo."

"Caperucita roja" es uno de los cuentos más conocidos, transmitido oralmente de generación en generación. Como ya estableció Vladimir Propp en su "Morfología del cuento", las narraciones populares solían tener una estructura similar, donde el héroe o heroína transgrede las reglas establecidas para enfrentarse a una prueba, de la que se derivarán ciertas enseñanzas destinadas al oyente.

En el caso de Caperucita, está claro que se advierte a los niños (y también en cierto modo a los adultos) acerca de los peligros de alejarse del entorno habitual y confiar en extraños, llegándose al extremo de ciertas interpretaciones que aseguran que el cuento enmascara en realidad la historia de una violación, tal y como escribe Bruno Bettelheim en "Psicoanálisis de los cuentos de hadas", donde dedica un capítulo a "Caperucita roja":

"Caperucita roja gusta en todo el mundo porque, a pesar de ser una persona virtuosa, cede también a las tentaciones. y porque su destino nos indica que, el confiar en las buenas intenciones de las personas, que parece lo ideal , es arriesgarnos a caer en multitud de trampas. Si no hubiera nada que nos hiciera agradable la figura del lobo feroz, este no tendría poder alguno sobre nosotros. Por lo tanto es importante que comprendamos su naturaleza, pero lo es incluso más que sepamos qué es lo que le hace tan atractivo a nuestros ojos. Por muy atrayente que nos parezca la ingenuidad, es peligroso seguir siendo ingenuo durante toda la vida.

(...) Tanto el título como el nombre de la niña "Caperucita roja" ponen énfasis en el color rojo que exhibe abiertamente. Rojo es el color que simboliza las emociones violentas, sobre todo las de tipo sexual. (...) El peligro para Caperucita es su sexualidad incipiente, para la que no está todavía emocionalmente madura."

"Caperucita en Manhattan" presenta una traslación al Nueva York del siglo XX del clásico cuento de Charles Perrault, presentándonos a la inquieta niña Sara Allen como protagonista. Sara vive en Brooklyn, pero está obsesionada con conocer Manhattan, un territorio que para ella posee tintes casi mágicos, donde puede pasar cualquier cosa. La niña solo conoce los subterráneos de su tierra prometida, pues cada semana atraviesa en metro junto a su madre la isla con forma de jamón para visitar a su abuela y llevarle una deliciosa tarta de fresa. Como la protagonista del cuento, en un determinado momento, la niña va a conseguir pasear sola por la ciudad de sus sueños, encontrándose con un lobo muy particular...

Está claro que Carmen Martín Gaite, a la hora de ofrecer su versión del cuento, ha querido pasar por alto las interpretaciones más escabrosas del mismo y centrarse en su visión más amable (no en vano ha eliminado el color rojo de su personaje). Aunque Manhattan exhibe todos sus atractivos y peligros a los ojos de la niña, el señor Woolf no es presentado como alguien con malas intenciones y mucho menos de tipo sexual, sino como un señor maduro que, aún gozando de grandes riquezas materiales, necesita ayuda de la persona más insospechada.

El personaje que propicia el encuentro entre los dos anteriores es el más peculiar de toda la novela. Miss Lunatic es una vieja vestida con harapos que representa la esperanza de muchos seres que se ven desvalidos en las calles de Manhattan y que ofrece consejos muy apreciados a toda clase de personas. Para Sara, el encuentro con ella va a significar la consolidación de sus deseos de libertad y conocimiento. Está claro que Miss Lunatic tiene algo de mágico y solo Sara Allen, con toda su ingenuidad infantil, va a ser capaz de descubrir su sorprendente secreto.

La autora ofrece una escritura sencilla, propia de los cuentos infantiles, lo cual no está reñido con una sólida descripción de personajes, incluso de penetración psicológica en los mismos. Sara Allen, la Caperucita de Martín Gaite, tiene más de la Alicia de Lewis Carroll, en su búsqueda de las fronteras entre realidad y fantasía, que del personaje original. En cualquier caso, una lectura recomendable, uno de esos libros que puede ser leído y disfrutado a distintas edades, pues posee distintos niveles de interpretación.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

EL BANQUERO ANARQUISTA (1922), DE FERNANDO PESSOA. SOBRE LA LIBERTAD DEL INDIVIDUO.


Una lectura más que interesante este libro, el primero que leo de Pessoa después de haberle visitado este verano. El título es tan paradójico como las explicaciones del protagonista a su condición. No convencen, pero sí que dan idea sobre las falacias que ocultan las ideologías cuando se analizan en profundidad:

Fernando Pessoa es uno de los casos más insólitos de la historia de la literatura, hasta el punto de que los expertos no se ponen de acuerdo acerca de la auténtica significación de su obra, que en gran parte había quedado inédita en el momento de su temprana muerte.

El autor lisboeta adoptó, aparte de su propio nombre, otras personalidades para firmar sus escritos. Las más conocidas son Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares, cada una de ellas con su propia idiosincrasia literaria. Todas se adaptan al espíritu de Lisboa, una ciudad melancólica y misteriosa, como el propio poeta, que recibe al visitante eternamente sentado a la puerta del café que frecuentaba, el Brasileira, tocado con su eterno sombrero y con su característico rostro entre afable e inexpresivo.

Aunque sus principales intereses literarios se encontraban en la poesía y el aforismo de corte filosófico (veáse su "Libro del desasosiego"), Pessoa también dejó obra en prosa. Quizá la más conocida se "El banquero anarquista", un libro de título provocador, que es el relato de una discusión ideológica entre un joven y un banquero que asegura ser anarquista.

El joven al principio se toma a broma las afirmaciones del banquero, pero deja explicarse a este, que le asegura que comenzó como obrero pobre de solemnidad y anarquista convencido, pero errado en sus acciones. Su anarquismo juvenil es presentado casi como una religión, pero una religión que aspira a la auténtica libertad, al pleno desarrollo de los instintos humanos, que en teoría nace bondadoso, pero que es corrompido por la vida en sociedad:

"Por anarquismo entiendo aquella doctrina social extrema que proclama que no ha de haber entre los hombres más diferencias o desigualdades que las puramente naturales, y que no han de pesar sobre los hombres penas o males distintos a aquellos que la Naturaleza reparte... La abolición, pues, de todas las castas, de la aristocracia, del dinero, de todas las convenciones sociales que promueven la desigualdad. La abolición, también, de todas las desigualdades sociales que se oponen a la naturaleza: las patrias, las religiones, el matrimonio..."

¿Es posible compatibilizar el ejercicio de la profesión bancaria, e incluso el estraperlismo con la creencia en la ideología anarquista? Según el protagonista del relato, es perfectamente posible. Su punto de vista surge de un análisis pormenorizado de la doctrina anarquista y sus posibilidades de imposición social. Comienza por criticar al propio grupo en el que militaba en su juventud, que si bien propugnaba la igualdad entre todos los hombres, ni siquiera era capaz de establecerla en su propio seno, debido a la existencia de líderes y cabecillas.

La clave de su razonamiento puede encontrarse en su idea de lo que es natural en el ser humano, que es a lo que aspira su ideología. Y él estima que no es natural su propio sacrificio en favor de otros que nacerán en el futuro:

"Quien solo tiene esta vida, quien no cree en la vida eterna, (...) ¿por qué diablos habría de entregarse al altruismo y al sacrificio por los demás o por la humanidad si a la postre el altruismo y el sacrificio tampoco son naturales? (...) Si la idea de deber me obliga a sacrificar mi bienestar, mi comodidad, mi instinto de conservación y otros instintos míos naturales, ¿en qué difiere la acción de esa idea de la de cualquier ficción social que produce en nosotros exactamente el mismo efecto?"

Así pues, este "banquero anarquista" ha encontrado su auténtica libertad en la acumulación de dinero, convencido, de que cada persona debe actuar como él lo ha hecho y liberarse a sí misma. En realidad estamos aquí casi ante una identificación entre anarquismo y liberalismo económico: ambas doctrinas propugnan la reducción del Estado a su mínima expresión y hablan acerca de las bondades de una mano invisible, en un caso respecto a la redistribución de las riquezas a través del mecanismo del mercado, en el otro a través de la implantación de una sociedad nueva basada en la auténtica naturaleza humana.

En realidad, el discurso del banquero es una auténtica falacia, que cada lector interpretará como mejor guste, pero no puede negarse el hecho de que se trata de una obra maestra de la retórica. En la mejor tradición de la mayeútica socrática, el banquero-filósofo va desgranando sus verdades al atónico joven, que no sabe como tomarse el discurso de su maestro. En todo caso, es probable que al final no quede convencido y que sospeche que ha sido víctima de una gran broma plena de ironía, que en todo caso contiene una gran verdad: no hay ideología que resista un análisis serio y en profundidad.

domingo, 12 de diciembre de 2010

EL DESPRESTIGIO DE LA DEMOCRACIA.


Este es el siglo de China, oimos decir insistentemente. El gigante asiático ha despertado y su voracidad parece no tener límites. Sin una opinión pública libre, sin oposición política y con un apetito capitalista desaforado, los tentáculos económicos chinos se mueven por todo el mundo firmando negocios sin tener en cuenta principio ético alguno. Es el sueño hecho realidad para muchas empresas: un mercado de mil millones de personas ansiosas de consumir y mejorar su nivel de vida, que trabajan por sueldos irrisorios.

El mejor ejemplo de todo esto es Foxconn, una empresa que pronto va a sobrepasar la barrera del millón de trabajadores en nómina, famosa por el alto número de suicidios entre sus empleados, que trabajan a destajo para que en occidente podamos disfrutar de las ventajas de la novedosa tableta de Apple, cobrando algo más de cien euros al mes. Es lógico que los chinos aspiren a mejorar, que sean ambiciosos. La pena es que tengan que hacerlo en condiciones laborales propias de las novelas de Charles Dickens. Lo malo es que esta imbatible competencia nos acaba afectando. Algún día, los trabajadores chinos organizarán sindicatos independientes y reclamarán mejoras laborales. Mientras tanto, es a los trabajadores occidentales a los que se obliga a flexibilizar sus condiciones de trabajo en nombre de la competitividad.

¿Es el sistema político chino el sistema del futuro? Las democracias caen cada vez en un mayor desprestigio, roidas por las luchas internas entre partidos políticos, que deben planificar sus políticas, no pensando en una estrategia como país a largo plazo, sino intentando contentar lo más inmediatamente posible a los votantes, a través de la promoción de líderes populistas. Esto da pie a políticas erradas que dan lugar a enormes déficits, que al final deben pagar los trabajadores. En estas estamos, mientras las llamadas "economías emergentes" (muchas de ellas de países democráticos) se llevan el gato al agua.

Las mismos gobiernos democratas son aplaudidos cuando imponen (cada vez con más frecuencia) soluciones duras a los conflictos. En España lo hemos visto con el tema de los controladores aéreos. Aunque en esta ocasión la solución haya sido acertada, por ser prácticamente la única posible, el gobierno debería evitar la tentación de gobernar a partir de ahora a golpe de decreto. En la última reunión del Ecofín, la ministra Salgado ha sido felicitada por sus colegas, que se han mostrado impresionados por las medidas económicas impuestas en España para superar la crisis. Todas son medidas impuestas desde el ejecutivo con escaso consenso social.

¿Son más efectivas las dictaduras que las democracias? A principios de los años noventa la respuesta a esta cuestión no admitía dudas. La caída del muro de Berlín hizo que la democracia se prestigiara de una manera inédita hasta entonces. Hoy día ese entusiasmo está en franco decrecimiento. El prestigio de la política se encuentra en sus niveles más bajos y los ciudadanos los aprecian más como causantes que como solución a sus problemas cotidianos. La continua campaña electoral transmite mensajes vacíos y reiterativos que solo calan en los ya convencidos. La abstención en las próximas elecciones será un buen barómetro para medir el auténtico descontento social. Además, en las revelaciones de Wikileaks se prueba el doble rasero que siempre habiamos sospechado que existe en las relaciones internacionales de Estados Unidos.

En el caso español, el principal problema está en la educación, un factor imprescindible para el progreso que se ha ido deteriorando con el paso de los años, por lo que una buena parte de las ciudadanos son altamente manipulables y no les interesa demasiado informarse de lo que sucede a su alrededor, algo que siempre han buscado las dictaduras para perpetuarse en el poder. ¿Quiere esto decir que exista el peligro de volver a la dictadura? Ni mucho menos, pero sí que la democracia vaya perdiendo sentido paulatinamente, al ir restando cada vez más derechos al ciudadano de a pie y que este cada día se muestre más distante con la política, como si de una fatalidad inevitable se tratara.

En cualquier caso, nunca se sabe como evolucionarán los acontecimientos. Aunque no es probable, no sería inverosímil que en los próximos años se fraguara una revolución democrática en una China que hoy por hoy se dedica a vetar a su Premio Nobel de la Paz. La prosperidad económica acaba siempre llevando aparejada ansias de libertad a sus beneficiarios. Además, la economía es una ciencia tan impredecible que es capaz de hacer ganadores a los perdedores de hoy y viceversa. Lo importante es que, ya que estamos perdiendo nuestro bienestar económico, no acabemos perdiendo también nuestras libertades. Ese sí que sería un camino sin vuelta atrás.

EDUARDO MANOSTIJERAS (1990), DE TIM BURTON. EL CORTADOR DE CÉSPED.

Vaya por delante que el cine de Tim Burton me gusta, sobre todo por el hecho de que ha sido uno de los pocos directores que ha logrado imprimir su propio estilo dentro de la conservadora industria de Hollywood. Pero, en todo caso, gran parte de su cine está sobrevalorado, porque impera más la estética que el contenido.

Claro está que Burton consiguió tal hazaña porque supo conectar con el público. Para poner "Eduardo Manostijeras" en su contexto, no hay que olvidar que el director venía de filmar "Batman", un proyecto arriesgado que se saldó con gran éxito (en parte gracias a una campaña de marketing especialmente machacona), donde se daba su peculiar visión del hombre murciélago como un tipo extraño y psicótico que podía compararse al Joker, retrato que ofreció, por cierto, sin poner enfásis en una perspectiva realista que acabaría ofreciendo Christopher Nolan.

"Eduardo Manostijeras" nos presenta un personaje ciertamente insólito, una especie de Pinocho siniestro cuyo creador (Vincent Price) fallece antes de poder acabar de construirlo, por lo que sus manos, que provisionalmente eran unas enormes tijeras de podar, quedan definitivamente constituidas así. Lo más destacable de la película es el contraste que ofrece entre la vida cotidiana y normal en un pacífico pueblecito que parece sacado de la mente de David Lynch y el gótico mundo del que proviene Eduardo, lo cual terminará desatando el conflicto, una metáfora del cotidiano miedo al diferente.

Entre medias, una historia un poco errática, donde asistimos al imposible intento de transformación del freak en una persona normal, que sea útil a la comunidad. Claro que el concepto de utilidad varía de unas personas a otras... El tono poético de la historia queda acentuado por la historia de amor entre Eduardo y Kim, que acaba sintiéndose atraída por esa mezcla de inocencia y patetismo que imprime Johnny Deep a su personaje (un papel que antes rechazaron, entre otros, Tom Cruise, Tom Hawks y alguien muy apropiado para su interpretación, Michael Jackson).