jueves, 7 de noviembre de 2019

EL MIEDO EN OCCIDENTE (1978), DE JEAN DELUMEAU. LOS DEMONIOS FAMILIARES DE EUROPA.

La historia de Europa no es solo la de sus batallas, la de sus reyes y conquistas. Es también la historia de la existencia de gente anónima, de sus costumbres, de sus mentalidades y de sus esperanzas. La vida de estas personas no fue nada fácil en el periodo en el que se centra Jean Delemeau, los últimos siglos de la Edad Media y los primeros de la Moderna. Antes de la Reforma, la Iglesia católica era el poder absoluto que regulaba la vida social y las prohibiciones a las que se estaba sometido en una existencia cotidiana sometida a pocos cambios, pero dominada frecuentemente por un sentimiento de difícil estudio historiográfico, pero de gran trascendencia humana: el miedo.

Y es que en aquel tiempo se vivía en un combate simbólico con Satán, considerado príncipe de este mundo y responsable de todos los males que asolaban Europa: la peste negra, el hambre, la brujería, el avance de los turcos por el continente, la herejía, las insurrecciones, el temor de la llegada del Anticristo y del fin del mundo y, como colofón, el triunfo del Protestantismo en amplias zonas de Europa. La vida era una constante batalla contra el Maligno y solo la Iglesia tenía los medios y el conocimiento para combatirlo. Se estimaba que eran los pecados de la gente los que atraían la desgracia y los alejaban de Dios. La pronunciación de una mera blasfemia podía atraer la ira divina sobre una ciudad entera. Brujas y hechiceros campaban a sus anchas y maldecían a los vecinos que les caían mal y solo instituciones como la Inquisición podían desenmascararlos. Los constantes brotes de peste, tan mortíferos como impredecibles hacían enloquecer de pavor a las poblaciones, que huían en masa de las urbes afectadas. Tampoco mi ciudad natal se libraba de este mal:

"Un médico de Málaga declaraba durante la peste de 1650 que el contagio fue tan virulento que los hombres se pusieron a huir como los animales salvajes por los campos; pero en las aldeas se recibía a los fugitivos a disparos de mosquetón."

Es difícilmente imaginable como debía ser la angustiosa vida de nuestros antepasados, a los que hechos y palabras les recordaban constamente la fragilidad de la existencia y - lo que es más grave - la facilidad con la que podían condenar sus almas. No bastaba con ser religioso, dicha virtud debía ser demostrada constantemente, puesto que cualquier vecino podía ser denunciado por sus semejantes. Nacer mujer en estas sociedades era ser doblemente sospechoso. La mujer era considerado un ser infantil, cuando no maligno, que debía ser constatemente controlada por los familiares o el marido, un ser impuro al que se le dedicaban sesudos tratados teológicos para prevenir los pecados a los que podía incitar. 

Delumeau, historiador de las mentalidades compone aquí un volumen magistral que se acerca lo mejor posible a la lucha del ser humano ordinario por adaptarse a circunstancias históricas adversas, en un tiempo en el que las exigencias de perfección moral y espiritual eran desmesuradas y el peligro de una muerte horrible estaba siempre presente, porque Satán conocía mil ardides para tentar a los hombres y perderlos. Todo se resume en la lucha contra un Satán que quiere llegar al fin del mundo en condiciones favorables, después de haber arrasado con la virtud de la cristiandad:

"Desde el siglo XIV -durante el que pestes, carestías, revueltas, avance turco y Gran Cisma habían ido sumando sus efectos traumatizantes-, una cultura de "cristiandad" se sintió amenazada. Esta angustia alcanza su apogeo en el momento en que la secesión protestante provoca una quiebra aparentemente sin remedio. Los dirigentes de la Iglesia y del Estado se encuentran más que nunca en la apremiante necesidad de identificar al enemigo. Es, evidentemente, Satán quien dirige, con rabia, su último gran combate antes del fin del mundo. En este asalto supremo utiliza todos los medios y todos los camuflajes. Es él quien hace avanzar a los Turcos; es él quien inspira los cultos paganos de América; es él quien habita en el corazón de los judíos; es él quien pervierte a los herejes; es él quien, gracias a las tentaciones femeninas y a una sexualidad tenida por culpable desde hacía mucho tiempo, trata de apartar de sus deberes a los defensores del orden; es él quien, por medio de los brujos y, sobre todo, de las brujas, perturba la vida cotidiana embrujando a hombres, ganados y cosechas. No tiene por qué resultar asombroso que esos ataques diversos se produzcan al mismo tiempo. Ha sonado la hora de la ofensiva demoníaca generalizada, y resulta evidente que el enemigo no está en las fronteras, sino dentro de la plaza, y que hay que vigilar más aún el interior que el exterior."

miércoles, 6 de noviembre de 2019

DIVINA COMEDIA (1321), DE DANTE ALIGHIERI. LA ARQUITECTURA DEL MÁS ALLÁ.

Acercarse a una obra como la Divina Comedia supone un reto para cualquier tipo de lector. Se trata de una composición poética sencillamente perfecta, que resume el pensamiento teológico-filosófico de la Edad Media en occidente y además lo mezcla con elementos de la mitología greco-romana y con la realidad de la política en la Florencia de su tiempo. Ante todo se trata de la historia de un viaje sobrenatural que emprende el poeta para visitar las estancias que pueden esperarnos más allá de la muerte: Infierno, Purgatorio y Paraíso. 

La peregrinación de Dante es ante todo simbólica, un refuerzo de las creencias del cristianismo a través del sorprendente testimonio de un viajero que ha sido testigo de los posibles destinos del alma humana: la desesperación más absoluta, la esperanza y la salvación. Cada una de las etapas, dotada de una arquitectura literaria perfecta, se divide en 33 cantos, que van describiendo en forma de versos todo lo que ve el poeta: desde las torturas infernales más terribles hasta la gloria de la visión final del Creador en el Empíreo. El amor de Dante por la arquitectura no se manifiesta solo en la perfección formal de sus versos, sino en la descripción de las estancias que va visitando de la mano de sus distintos guías, entre los que destacan el poeta Virgilio (que no puede ir al cielo por haber nacido en época pagana) y Beatriz, resumen para Dante de la belleza carnal y divina que anticipa los goces del Paraíso. 

Desde luego la parte más atractiva y más conocida para cualquier lector es la del Infierno, en la que el escritor no ahorra detalles de las torturas cada vez más abominables que se va encontrando en su viaje hasta las entrañas de la Tierra. Dante habla con algunos condenados, les pregunta quienes son y éstos exponen sus pecados y el sufrimiento eterno que conllevan los mismos. Entre dichos condenados hay personajes de la Florencia de su tiempo (a Dante le tocó vivir una época muy conflictiva en la que las luchas entre güelfos y gibelinos reflejaban el conflicto permanente entre Imperio y Papado), héroes de la Antiguedad, entes mitológicos y personajes de la Biblia. Observar los magistrales grabados que Gustavo Doré dedicó a estas páginas es el mejor complemento a su lectura. El Purgatorio sigue siendo una montaña terrible, cuya escalada puede ser facilitada a través de misas dedicadas a las almas que emprenden su subida. Aunque está lleno también de sufrimientos - no comparables a los del Infierno - lo que prima en este lugar es la esperanza, pues, por mucho que se tarde en culminar el camino, la recompensa al final del mismo es la vida eterna. El Cielo es ante todo un lugar de luz, una estructura tan perfecta como su creador, en la que cada Santo y Patriarca tiene su lugar establecido y en la que Dante va avanzando por lugares cada vez más maravillosos para al final enfrentarse a lo que no puede describirse con palabras, esa visión divina que solo está reservada para las almas que supieron ser perfectas en su existencia terrenal. 

Si algo queda claro, aparte de la maestría poética de Dante, es que el florentino poseía una vasta cultura que resume todos los conocimientos de su tiempo. En la Divina Comedia conviven teología, ciencia, mitología, filosofía e historia, disciplinas que intentan dar coherencia a una cosmovisión medieval de una existencia que debe ser destinada sobre todo a la salvación del alma. El libre albedrío otorgado a todo hombre debe ser sacrificado en pos de la obediencia a los preceptos divinos, aunque no vaya a ser sencillo elegir en un siglo que llegará a ser testigo del escándalo de la existencia de dos papas al mismo tiempo:

"El don mayor que Dios en su largueza
nos otorgó al crearnos - a su pío
corazón el más grato, a su grandeza
el más conforme - fue el del albedrío,
que los seres que Él hizo inteligentes
gozan, ellos no más, en señorío.
Ahora, el valor verás, si paras mientes,
de un voto en que se cumpla en modo exacto
que Dios consienta cuando tú consientes;
que al cerrar entre Dios y el hombre el pacto,
éste a Aquel sacrifica tal tesoro
de libertad, cual digo, en ese su acto."

lunes, 4 de noviembre de 2019

TIEMPOS RECIOS (2019), DE MARIO VARGAS LLOSA. FAKE NEWS EN GUATEMALA.

El siglo XX fue una época terrible para la mayoría de los países de América Latina. Atrapados entre dictaduras inhumanas, revoluciones sangrientas, guerras civiles, terrorismo, guerrilla e intervenciones extranjeras, para países como Guatemala la llegada de una democracia plena fue casi una utopía hasta llegada la mitad de los años ochenta. No obstante, el intento más sólido lo protagonizaron a mitad de siglo dos presidentes sucesivos, que trataron de de reflejar a Guatemala en el espejo de la democracia estadounidense: Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz. Este último fue despojado trágicamente de la presidencia a través de un vil golpe de Estado auspiciado por la CIA.

El arquitecto del golpe fue Edward Bernays, un publicista, genio de la propaganda, que fue contratado por la United Fruit Company (una multinacional estadounidense que veía amenazados sus intereses en Guatemala con las medidas de reforma agraria auspiciadas por Árbenz), para hacer creer al gobierno de Estados Unidos que el país centroamericano vivía una revolución comunista que amenaba los intereses norteamericanos. Aunque parezca increíble, una mentira tan evidente - Árbenz más bien quería acercarse a su gran vecino del norte y tomar sus instituciones como modelo de la flamante democracia guatemalteca -, fue finalmente asumida los estadounidenses actuaron según la lógica de la Guerra Fría, para imponer como gobernante al mediocre Castillo Armas como dictador, un militar que fue sustituido varios años después por medio de su asesinato. 

Pero lo que más fascina a Vargas Llosa de todo este proceso y uno de los principales motivamente para lanzarse a la escritura de Tiempos recios, es esa idea de fake news, de esas mentiras obvias que son manipuladas a través de sofisticadas técnicas de propaganda para que sean creídas por el público para crear un estado de opinión pública favorable a ciertos intereses. Hasta la intervención de Bernays, apenas había estadounidenses que supieran ubicar Guatemala en el mapa. Al poco tiempo, el pequeño país centroamericano se había convertido en un foco constante de noticias que lo situaban como la principal amenaza comunista de la región. Como dice Vargas Llosa en una entrevista publicada por el suplemento cultural Babelia:

"Las fake news tienen un éxito absoluto. Bernays, ese sobrino de Sigmund Freud que tiene la idea de que la publicidad va a ser el principal instrumento de poder en el siglo XX, se inventó que Guatemala se estaba convirtiendo en un satélite soviético porque la URSS quería entrar en América Latina para apoderarse del canal de Panamá. Es una fantasía delirante que contradice el proyecto de Árbenz, que quería hacer de Guatemala un país moderno, una democracia capitalista. Cuando reparte las tierras a medio millón de campesinos guatemaltecos, busca la forma para que ellos fueran empresarios privados de esas tierras, para que no fueran descapitalizados otra vez por los latifundistas. Es una de las grandes injusticias históricas que este Gobierno democrático elegido en elecciones libres fuera derrocado por una conspiración que lo acusaba de comunista."

Pero Tiempos recios es mucho más que la historia de una mentira. Se trata de una magnífica novela, que remite por momentos a La fiesta del chivo, llena de personajes memorables, algunos muy enigmáticos, como Marta Borrero, que jugó un papel importante, pero brumoso en esta historia y muchos de ellos canallas que consagran su existencia a hacer realidad los deseos de sus gobiernos, como el embajador Peurifoy o el dominicano Johnny Abbes, que personalizó la ayuda del régimen de Trujillo a un golpe de Estado que desató todos los demonios sobre Guatemala, causó de miles de muertos, saqueó a los campesinos pobres que habían recibido tierras de la reforma agraria e influyó para mal en todos los países del entorno, empezando por Cuba, cuya revolución comprendió que tenía que acercarse a la Unión Soviética desde el primer instante para blindarse frente a una intervención similar de los estadounidenses. Al final tanto sufrimiento solo benefició realmente a la United Fruit Company, la multinacional que tanto daño hizo a Latinoamérica y que acabaría quebrando unos años después.

jueves, 31 de octubre de 2019

LA AGONÍA DEL EROS (2012), DE BYUNG-CHUL HAN. EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE TINDER.

Partiendo de ideas expresadas en otros ensayos como La sociedad del cansancio, donde el filósofo coreano teorizaba acerca de la realidad de muchos trabajadores que no han tenido más remedio que pasar a ser jefes de sí mismos y, por lo tanto, esclavos de sí mismos a tiempo completo, La agonía del eros trata acerca de las relaciones amorosas en el siglo XXI. Para el filósofo, nuestro tiempo está dominado por el narcisismo. Las nuevas tecnologías están orientadas hacia la veneración de la propia imagen y también hacia una sed infinita de novedades, por la que estabilidad de la pareja tradicional pasa a ser casi una utopía, contando también con una intolerancia a la frustación cada vez más acusada:

"Vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad. El narcisismo no es ningún amor propio. El sujeto del amor propio emprende una delimitación negativa frente al otro, a favor de sí mismo. En cambio, el sujeto narcisista no puede fijar claramente sus límites. De esta forma, se diluye el límite entre él y el otro. El mundo se le presenta solo como proyecciones de sí mismo. No es capaz de conocer al otro en su alteridad y de reconocerlo en esta alteridad. Solo hay significaciones allí donde él se reconoce a sí mismo de algún modo. Deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo."

En el mundo de Tinder, el amor tradicional se transforma en rendimiento sexual y el cuerpo se convierte en una mercancía destinada exclusivamente a la excitación temporal del otro. El sexo y el amor son transformados entonces en objetos de consumo, de consumo rápido, puesto que, una vez satisfecha una relación, hay nuevas experiencias esperando al usuario. Lo único importante en este carrusel de relaciones es el propio ego, los otros quedan reducidos a posibles fuentes de placer momentáneo. 

Byung-Chul Han denuncia también una especie de profanación del eros, en pos del auge de la pornografía. Lo que hasta entonces era misterioso y sagrado, se vuelve obsceno, perdiéndose el tradicional ritual de la seducción en pos de un consumo rápido, fácil e inmediatamente olvidable. Todo esto deriva en la pérdida de la capacidad de profundizar en la personalidad del otro, un mero objeto de consumo que debe disfrazar sus cualidades para adaptarse a las que exige el mercado.

Desde luego, a pesar de lo que expone el autor de En el enjambre, el amor tradicional basado en un compromiso durarero sigue existiendo y seguramente sigue siendo el ideal de la mayoría de la gente, por mucho que hoy domine la promiscuidad y el placer instánteneo en lo que los medios venden como relaciones. Aunque aplicaciones como Tinder sustituyan el ritual de seducción por una serie de algoritmos, creo que todavía no se ha podido vencer a esa idea de amor romántico que durante siglos ha sido la base de las relaciones amorosas en occidente.

martes, 29 de octubre de 2019

DIOS EN EL LABERINTO (2016), DE JUAN JOSÉ SEBRELI. CRÍTICA DE LAS RELIGIONES.

La religión no es un fenómeno natural. Se trata de una creación exclusivamente humana derivada de la necesidad de explicar la creación y el funcionamiento del mundo, así como de darle un sentido a un hecho inevitable que afecta a todos los seres vivos: la inevitabilidad de la muerte. Ni siquiera los enormes avances científicos logrados en los dos últimos siglos han sido capaces de acabar con la religión, aunque sí que ha tenido que retroceder en muchos de sus dogmas, sobre todo en Occidente. Pero aún así la mayor parte de la población mundial sigue siendo creyente, por lo que sería muy aventurado vaticinar que algún día las creencias basadas en la fe dejarán de existir, ya que siguen siendo una fuente de esperanza fundamental para muchos seres humanos, así como una forma de vida fundamental para convivir en ciertas sociedades.

Lo que es cierto es que las construcciones religiosas preponderantes hoy en día provienen de Oriente, de donde derivan los dogmas básicos de judaísmo, cristianismo e islam:

"La historia judía se remonta a las viejas tradiciones bíblicas, sin embargo, muchos de esos episodios nunca existieron o tienen antecedentes en otros cultos, y son reproducciones casi iguales de anteriores religiones orientales. El mito del Dios redentor procede de Oriente. El paraíso y el infierno tienen origen en las mitologías orientales; paraíso es un vocablo persa que significa jardín. La desobediencia de la primera pareja y su expulsión del paraíso la comparte con el brahmanismo. En la mitología persa, el demonio en forma de serpiente inducía a los primeros seres humanos a la desobediencia. Los ángeles de la guarda tenían su precedente en los espíritus protectores de los paganos. La orden de Jehová a Abraham de sacrificar a sus hijos para probar su fidelidad es una copia del brahmanismo: Braham ordenó a Adisgata, uno de sus más fieles devotos, a sacrificar a su hijo. La leyenda del diluvio universal encuentra su fuente en los Vedas. La religiosidad hinduista y el paganismo griego, surgidos en el siglo VI, son insoslayables de los orígenes de la religión judeocristiana."

Aunque realiza un repaso por la historia mundial de las religiones, a Sebreli le gusta sobre todo analizar la adaptación de las mismas a la modernidad, sobre todo a partir de la época de Francisco, un papa al que califica de populista, que trata de cambiar la imagen de la Iglesia para que en el fondo todo siga siendo igual, una Iglesia que en los últimos años ha sido protagonista de tremendos escándalos económicos y sexuales que se han intentado tapar pero no se ha podido y que al final se han afrontado de la peor manera posible, tratando de silenciar a las víctimas con dinero y castigando a los culpables en muchas ocasiones conforme a las disposiciones del derecho canónico. La alianza entre religión y poder sigue siendo sólida e históricamente ha justificado todo tipo de violencia, represión y guerras:

"Las religiones monoteístas fueron intolerantes, violentas y belicistas porque estuvieron unidas al Estado al que, a su vez, servían de estímulo y de justificación ideológica para las guerras. Tanto Jehová como Alá fueron dioses de la guerra que incitaban a la conquista. Durante la diáspora y hasta la creación de Israel, la religión judía, al carecer de Estado nacional, fue pacífica; se observa, de ese modo, que la funesta alianza entre religión y política está en el origen de los grandes crímenes colectivos. El cristianismo dejó de ser causa de guerras a partir de la secularización de las sociedades occidentales. El islamismo siguió siendo guerrero por la sobrevivencia de Estados teocrático."

Aunque el cristianismo no ha tenido más remedio que adaptarse y renunciar a muchos de sus antiguos privilegios, una buena parte del islam más radical sigue incitando a la yihad basándose en la lectura literal de textos del Corán. Lo cierto es que la Biblia podría ser interpretada del mismo modo, sobre todo el Antiguo Testamento, puesto que Jehová es un Dios celoso y sanguinario cuando toca serlo, que incita a su pueblo elegido a conquistar y someter a sus vecinos y lo castiga por la más nimia de las faltas. Uno de los cimientos principales de la religión es el miedo. El miedo a un poder absoluto que todo lo ve y todo lo sabe, que exige la perfección del hombre, el cumplimiento de normas estrictas e irracionales cuyo mínimo quebrantamiento puede derivar en una condena eterna. Pero eso no es lo más difícil. Lo complicado es mantener la fe en un mundo cada vez más secularizado, en el que la ciencia va desmontando uno tras otro unos dogmas que parecían eternos, como el de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios o el de nuestro mundo como centro del Universo. 

Dios en el laberinto tiene mucho de obra monumental, de culminación de una larga vida intelectual, en la que se vuelca una impresionante cantidad de lecturas y conocimientos. Se trata de un ensayo muy personal, por lo que se puede estar de desacuerdo con algunas opiniones del autor, pero en todo momento es una lectura apasionante repleta de puntos de vista muy particulares. Al final Sebreli se declara agnóstico, algo lógico sabiendo que el conocimiento es un concepto sometido a continuos cambios, pero que el hambre de eternidad del ser humano, su rechazo del concepto de muerte e inexistencia siempre va a estar presente.

lunes, 28 de octubre de 2019

SIDI (2019), DE ARTURO PÉREZ REVERTE. LA FORJA DE UN MITO.

La España del siglo XI, en la que nació Rodrigo Díaz, era un territorio inestable, divido entre reyes cristianos y musulmanes, reinos que siempre estaban en disputa, en eterna sucesión de alianzas y traiciones. La tradición nacionalista española ha querido ver en el Cid Campeador un héroe dotado de todas las virtudes castellanas, una especie de adalid de la Reconquista que serviría de inspiración para volver a cristianizar los territorios perdidos a manos de los musulmanes a partir del año 711. Los estudios más recientes desmienten esta idealizada visión y sitúan a Rodrigo más bien como una especie de mercenario que, una vez desvinculado de su señor natural de Castilla, se vendería con su hueste al mejor postor, fuera éste cristiano a musulmán, ofreciendo su prestigioso brazo guerrero a quien pudiera pagar sus servicios, asegurándose a su vez parte del botín conquistado en las batallas victoriosas. 

Pérez Reverte presenta al protagonista recién desterrado por Alfonso VI y buscando a un nuevo Señor al que servir de manera provisional hasta que se normalizara la situación con el rey de Castilla. Llegará a un acuerdo con el rey musulmán de Zaragoza, que utilizará a su nuevo y formidable soldado para ajustar las cuentas con su propio hermano y rival. En estos años la fama del Cid ya estaba asentada, por lo que sus servicios eran tan prestigiosos como caros, aunque terminaban siendo muy rentables para el pagador: no había quien igualara a Rodrigo en el combate cuerpo a cuerpo. Y no solo eso: sus virtudes guerreras incluían un don singular para motivar a quienes combatían a su lado, dando ejemplo de sacrificio e igualdad a la hora de afrontar los peligros de la batalla. Además, parece ser que poseía buenas nociones de estrategia militar, así como una formidable intuición en los momentos decisivos, derivada de su amplia experiencia, unos dones que eran los más apreciados en unos tiempos tan turbulentos como los que le tocó vivir.

Pérez Reverte disfruta con la descripción de un personaje con una muy personal concepción del honor, dotado de nobleza, pero también de crueldad con aquel que se interponga en sus objetivos. Un hombre inteligente y prudente, capaz de mantener la distancia con nobles y reyes, pero también de hablarles de tú a tú cuando las circunstancia obligaban a ello. Un guerrero de inmensa fama y prestigio en el violento mundo fronterizo de la época que va sintiendo íntimamente que cada acción militar que protagoniza le va debilitando cada vez un poco más, pero que no puede sustraerse de sus obligaciones en el único oficio que conoce, un héroe cansado de los que proliferan en la obra del autor de El maestro de esgrima. Además, la novela está muy bien documentada, sobre todo en sus brutales escenas de batalla, describiendo los más mínimos detalles de lo que debía sentir un caballero en el centro de la refriega:

"Esperar a caballo parado la carga enemiga era condenarse a muerte; así que trotó al encuentro de las lanzas —no quedaba espacio para alcanzar el galope— inclinado el cuerpo sobre el cuello del animal, firme en los estribos, asentando el escudo ligeramente vuelto a un lado para desviar impactos. Llevaba la rienda en esa misma mano, pero floja, pues en aquellas circunstancias el caballo se guiaba más con las piernas que con las manos. Y alzaba la espada extendido el brazo diestro, lista para apartar los hierros que en un instante iban a buscar su cuerpo, y para tajar luego, si podía. Si tras el primer choque seguía montado y vivo." 

Y al final, queda la leyenda, aquella idealización que convierte al hombre en mito, en un ser perfecto y casi irreal de cuyo prestigio todos quieren apropiarse para reforzar los propios fines e ideas. En el franquismo, el Cid fue la esencia de todas las virtudes españolas, ejemplo de guerrero magnánimo y austero, así como invicto, un reflejo del propio Caudillo. Ni ejemplo de virtudes ni mercenario sin alma, Rodrigo Díaz no fue más que un hijo de su tiempo, alguien al parecer de orígenes humildes que supo utilizar sus habilidades innatas para terminar casi igualándose a reyes y nobles y hasta superándolos en fama y prestigio. Como le dice el rey Mutamán:

"Por lo común, las leyendas se construyen sobre hombres muertos. Pero tú eres una leyenda viva, Sidi Qambitur. Contigo vencería yo a los hombres, a los diablos y a los ángeles del cielo."

viernes, 25 de octubre de 2019

JOKER (2019), DE TODD PHILLIPS. EL HIJO DE GOTHAM.

Uno de los mejores personajes de los cómics de DC es la propia ciudad de Gotham. En contraposición a Metrópolis, una urbe luminosa y que cree en el futuro, Gotham City se encuentra en perpetua decadencia, una ciudad oscura y maloliente, cuya principal característica es la desigualdad en la distribución de la riqueza, consecuencia de una corrupción endémica. Gotham, como se refleja en la irregular serie del mismo nombre, no puede sino ejercer una influencia maligna a sus habitantes, algunos de los cuales enloquecen y se convierten en supervillanos. El gran superhéroe local, Batman, también tiene mucho de demente y muchos creen que su presencia, más que disuadir a los villanos, es un potente imán que los atrae a Gotham.

Pero si hay que hablar del más carismático de los enemigos del hombre murciélago, este es el Joker. A lo largo de los años, su origen a contado con diferentes versiones. Una de las más celebradas es la que narra Alan Moore en el cómic La broma asesina, historia que empatiza un poco con el villano, mostrándolo como un perdedor al que su implacable ciudad está a punto de devorar. Al final su respuesta va a ser abrazar la locura de un modo absoluto y casi redentor. Joker va a ser respetado en los bajos fondos por su absoluta falta de moral y de escrúpulos, así como por lo imprevisble de sus actos: nunca puedes estar completamente seguro teniendo al Joker delante, pero tampoco en su ausencia.

La película de Todd Phillips es una visión muy personal y acertada de este mito moderno. Tomando como referencia Taxi Driver de Martin Scorsese, Phillips realiza un soberbio retrato de una ciudad en crisis, de un lugar inhóspito que ha dado la espalda a sus ciudadanos más desfavorecidos, que tienen que sobrevivir ajustándose a las leyes de un mercado laboral con carácter selvático. Además Arthur Fleck, que así se llama el protagonista en este filme, vive en un sórdido edificio que no quiere ser reformado por sus propietarios, tiene problemas psiquiátricos y la ciudad le quita sus magras prestaciones sociales. Un cóctel explosivo que hundiría a cualquiera, pero que en su mente perturbado no es más que una excusa para utilizar su disfraz de payaso para aterrorizar, no para que los demás se rian de él. En una entrevista concedida a la revista Dirigido, el director establece algunos paralelismos entre la situación actual de Estados Unidos y la que se refleja en la película:

"Ciertamente la película trata sobre esa falta de simpatia por los que menos tienen, que se ha amplificado en los últimos años en nuestra cultura por muchas razones, entre ellas por el gobierno que tenemos, pero también por la influencia de internet. Creo que cuando tienes un mundo como éste tienes el presidente que te mereces, y a la vez, cuando tienes un mundo como Gotham tienes el villano que te mereces."

El virtuosismo de una película como Joker se debe sobre todo al compromiso de Joaquin Phoenix con su personaje, a la perfecta dirección de Phillips y a una música que siempre suena acorde con los estados de ánimo del protagonista. Otro de sus aciertos es que aquí el antagonista no es Batman, sino su padre, un Thomas Wayne que es retratado como un ultracapitalista sin escrúpulos, muy lejos de otras versiones en las que aparece como devoto esposo y padre, preocupado por ayudar a los más desfavorecidos. La presencia de un Robert de Niro que llevaba años sin culminar una interpretación tan acertada (con ecos de su personaje en El rey de la comedia, también de Scorsese), es la guinda de un pastel tan sabroso como complejo, la tan soñada película de superhéroes de autor, que ha logrado la hazaña de ganar el León de Oro en el festival de Venecia. Lo más sorprendente de Joker es que, a pesar de estar narrada desde el punto de vista de una mente perturbada, su vocación hiperrealista resulta estremecedora.