viernes, 5 de marzo de 2021

EX LIBRIS: LA BIBLIOTECA PÚBLICA DE NUEVA YORK (2017), DE FREDERICK WISEMAN. EL CORAZÓN DE LA MANZANA.

Una de las cosas que más echo de menos de no vivir en una gran ciudad son sus bibliotecas. La posibilidad siempre presente de pasear por salas llenas de libros y entablar relaciones con personas con tus mismos intereses es uno de los mayores atractivos de estos edificios. Porque el concepto de biblioteca moderna ya no es solamente ser un almacén de libros: sus posibilidades van mucho más allá y la Biblioteca Pública de Nueva York posiblemente va a la vanguardia en este sentido.

La película se abre con las imágenes de una de las actividades habituales de la institución: una charla ofrecida nada menos que por Richard Dawkins y esta va ser la pauta habitual del documental: enseñarnos fragmentos de la vida cotidiana entre las paredes de cada una de las sedes de la biblioteca, sin comentarios externos. Así Wiseman consigue que nos integremos en su propuesta como si fuéramos meros visitantes que vamos entrando y saliendo de distintas salas contemplando lo que sucede en cada una de ellas. Pero no todas son salas de lectura o de conferencias, también asistimos a reuniones de los gerentes de la institución en las que la financiación (a la vez pública y privada en este caso) es siempre el asunto más acuciante. También me ha resultado muy interesante asomarme a una sesión de un club de lectura neoyorkino en el que se comentaba una novela de Gabriel García Márquez. Como suele ocurrir en España, sus integrantes eran casi todos de edad madura y en su mayoría mujeres. Lo que no faltaba, como sucede casi siempre, eran grandes dosis de entusiasmo en el intercambio de opiniones entre los lectores.

La Biblioteca Pública de Nueva York, con esos representativos leones que custodian la entrada de la sede principal, se erige así en una especie de oasis paradisiaco en el corazón de la gran manzana, una organización con la insólita pretensión de abarcar en su seno todas las formas culturales posibles - libros, documentos, películas, periódicos, conferencias - con el fin de democratizar el conocimiento y ofrecerlo a todos los ciudadanos, teniendo como reto principal en estos tiempos la digitalización de todo su material para una mejor preservación del mismo. 

Hay un aspecto del documental que me llama mucho la atención y éste es la satisfacción que se aprecia en todos y cada uno de los trabajadores de la biblioteca. Es gente muy profesional que ama su trabajo y, ya sea dialogando ante el público con un escritor consagrado, ya sea organizando debates comunitarios en la sede del Bronx, los empleados saben que están realizando una labor fundamental para la sociedad en la que habitan y que se dirigen a todos los sectores de la misma ofreciendo todo el material que atesoran de manera totalmente gratuita. Una idea sorprendente si se piensa bien: las bibliotecas son una de las conquistas más importantes de nuestra civilización. Deben ser siempre alimentadas de nuevo material y mimadas para que sean lugares atractivos en los que cualquiera, sea cual sea su nivel cultural, se sienta a gusto en su seno. Este es el mensaje principal de Ex libris, la necesidad de visibilizar estas instituciones tan maravillosas, cuyo funcionamiento damos por sentado, pero que tanto necesitan de la colaboración de todos para poder desarrollar todas sus posibilidades

miércoles, 3 de marzo de 2021

LLUVIA FINA (2019), DE LUIS LANDERO. SECRETOS DE FAMILIA.

"Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero las familias desgraciadas lo son cada una a su manera". Este es el famoso comienzo de Anna Karenina y podría aplicarse perfectamente a la propuesta que nos trae Luis Landero en Lluvia fina. Porque la novela nos disecciona, tomándose su tiempo, pero de manera implacable, las mezquinas relaciones de un núcleo familiar después de años y años de pequeñas rencillas, agravios sin reparar y conflictos soterrados. De cara a la galería se trata de una familia unida pero, como vamos descubriendo en las conversaciones de cada uno de sus miembros con Aurora, la mujer de uno de los hermanos y paciente confesora de todos ellos, la realidad es siempre mucho más rica y compleja de lo que aparenta a simple vista.

Los problemas de esta familia se desencadenan con la muerte del padre, que al parecer era un hombre afable y cariñoso con sus hijos. La madre, que recoge su autoridad, dejará claro a sus vástagos cual va a ser su destino a partir de ese momento: una existencia de trabajo y sacrificios en pos de la supervivencia de un hogar con una economía muy comprometida. A partir de ese instante la idea de placer y alegría queda borrada de la vida de esta familia, que solo ha de pensar en el ahorro y en la austeridad. La madre es uno de esos seres que contemplan la realidad cotidiana como un entorno hostil en el que la desgracia siempre está a la vuelta de la esquina, una idea muy simple que trata de grabar a fuego en la mentalidad de sus tres hijos. La apertura de una mercería va a significar nuevas responsabilidades y servidumbres, pero la obsesión de la madre por el bienestar familiar llega al punto de casar - en una especie de matrimonio concertado a la antigua - a su hija adolescente con un treintañero propietario de una tienda de juguetes y un piso enorme en el centro. 

Horacio, el juguetero, va a ser descrito como un ser peculiar, una especie de hombre-niño pervertido y degenerado que violará repetidamente a su joven esposa. Claro que esta es solo una versión de la historia. A los oídos de la pobre Aurora tendrán que llegar nuevas variantes de las mismas narraciones con puntos de vista divergentes, discursos tan elocuentes y apasionados como repletos de encono por hechos del pasado. Porque esta es una de las características de la novela de Landero: el lector nunca va a poder estar seguro de si lo que lee es la realidad (la realidad dentro de la lógica del relato, se entiende) o una versión distorsionada de la misma, ya sea por pura mentira del familiar que narra en ese momento, ya sea por lo falibles que son los recuerdos. De lo que si estamos seguros es de que en todas las familias habitan este tipo de fantasmas, aunque esperando que en pocas se alcance el nivel de envenenamiento presente en las relaciones de los personajes de Lluvia fina. 

lunes, 1 de marzo de 2021

CONVERSACIONES CON BILLY WILDER (1999), DE CAMERON CROWE. EL CREPÚSCULO DEL GENIO.

Ayer volví a ver Perdición. Es una de esas películas de Billy Wilder a los que uno regresa con frecuencia, porque sabe que es una de esas obras maestras que, aunque te la sepas de memoria, siempre te va a proporcionar nuevas emociones. Y la extraordinaria producción de Wilder cuenta con otras muchas películas con esas características: El apartamento, El crepúsculo de los dioses, Días sin huella... Cameron Crowe, el director de Jerry Maguire tuvo la oportunidad, después de algunas reticencias del veterano director, de poder conversar con él durante muchas horas. El resultado es un libro maravilloso, todo un compendio de sabiduría cinematográfica en el que podemos leer una serie de diálogos no planificados, en los que se salta de un tema a otro de manera natural y en los que Wilder no tiene reticencia a explayarse en sus respuestas, dando lugar a una lectura tan interesante como adictiva.

Además, las conversaciones no se limitan a repasar las películas realizadas por él, sino que se comenta la obra de otros directores y proyectos frustrados del propio Wilder, algunos tan sorprendentes como una película de los hermanos Marx ambientada en la Asamblea General de la ONU - ojalá se hubiera filmado esa maravilla - o La lista de Schindler, cuyos derechos disputó con Spielberg, quedándoselos este último. Hay que decir que Wilder se comportó con suma elegancia cuando pudo ver el film de Spielberg: le pareció una auténtica obra maestra, aunque también declaró que él lo hubiera realizado de otra manera. Hubiera sido sumamente interesante poder comparar ambas visiones de la misma historia. Quizá en un universo paralelo existan ambas películas.

Leyendo Conversaciones con Billy Wilder, uno se da cuenta, entre otras muchas cosas, de una humildad no impostada que está siempre presente en las palabras del director. Sabe que a muchos le fascinan sus filmes, la gente le para por la calle, su teléfono no para de sonar, pero todo esto jamás le ha hecho bajarse del carro de la modestia y no le impide ser el mayor crítico de sí mismo. Wilder es uno de los máximos estandartes de una época irrepetible en Hollywood, pero él parece restarle importancia a este hecho, solo se describe como un hombre que tuvo la suerte de poder dirigir una serie de películas realizando su trabajo lo mejor posible, aunque los resultados no fueran siempre lo que él pretendía (y ahí están las desgraciadas circunstancias del montaje de La vida privada de Sherlock Holmes). En resumen, solo fue un trabajador incansable cuyo nombre aparecía en los títulos de crédito de sus trabajos, pero que supo rodearse de un equipo de gente valiosa para que el resultado final valiera la pena:

"Yo me limito a hacer una película y espero que sea buena, que entretenga a la gente y que les muestre algo que todavía no han visto. Pero pensar que "va a ser el mejor film negro" o "la mejor comedia o "en la perspectiva mundial", ¿qué importancia tiene?... Está bien, es agradable que alguien diga esas cosas de nosotros, los viejos directores... los directores resignados, los que ya no vamos a decir "¡Acción!" nunca más. Pero sólo es posible juzgar una cosa cuando ya está hecha. Y un director no puede vivir a base de nobles conceptos; tiene que filmar ideas concretas y mostrarlas con sutileza."

sábado, 27 de febrero de 2021

EXTRATERRESTRE (2020), DE AVI LOEB. ¿LA RESPUESTA A LA GRAN PREGUNTA?

Desde que tiene uso de razón, el hombre se ha hecho preguntas acerca del sentido de su existencia y después, cuando el pensamiento se volvió un poco más sofisticado, acerca de si estamos solos en el universo. Este es un libro muy serio. No ha sido escrito por un aficionado que se dedica a especular tomando indicios por evidencias para montar la tesis que le interesa. Avi Loeb es uno de los astrofísicos más importantes del mundo. Es catedrático de Ciencia en Harvard y director del Departamento de Astronomía en esa misma universidad. Por eso, el material que ofrece en este libro resulta tan interesante como estremecedor: para él, el famoso objeto interestelar conocido como Oumuamua podría ser la primera evidencia de que no estamos solos, aunque, como buen científico, su afirmación no es tajante, sino la más probable de muchas posibles, sabiendo que hay muchos colegas que defienden tesis contrarias. Como decía Sherlock Holmes, una vez descartado lo imposible, lo improbable, por muy insólito que nos parezca, podría ser la verdad.

Debido a su gran velocidad y sus pequeñas dimensiones, a Oumuamua solo se le pudo estudiar durante unos días y ni siquiera existió la posibilidad de fotografiarlo para poder contemplar su verdadera forma que seguramente es alargada o con apariencia de disco. Lo que si es cierto es que debido a su extraña órbita, que no se adecuó a la previsible atracción solar, a su forma y a su reflectancia, podemos calificarlo como el objeto más insólito al que se han enfrentado hasta ahora los astrónomos, puesto que su comportamiento no se parece a nada conocido. Su descubrimiento fue una mera casualidad, lo que puede hacer pensar que quizá hemos tenido visitantes parecidos con cierta regularidad, pero no hemos sido capaces de detectarlos. 

Loeb propone inversiones en la búsqueda de vida inteligente en el espacio que no se limiten a la detección de señales electromagnéticas, sino también a una observación más exhaustiva y directa del espacio dirigida a encontrar indicios de otras civilizaciones. Aunque en cierto modo sería como buscar una aguja en un pajar, el descubrimiento de cualquier objeto artificial no proveniente de nuestro planeta sería tan revolucionario que supondría un salto para nuestra especie no solo en ciencia, sino también en otras ramas como filosofía, política o ética. Según el autor, Oumuamua podría ser una especie de vela solar, un artefacto no tripulado destinado a investigar el espacio. También podría tratarse de chatarra alienígena, algún componente abandonado que ha seguido flotando por el espacio. Sea lo que sea, para Loeb merece la pena estar mejor preparados para la próxima vez que aparezca en nuestro horizonte un objeto semejante para poder estudiarlo con más profundidad y sacar conclusiones más sólidas. El universo es tan vasto y sabemos tan poco de él que una mirada más ambiciosa y libre de prejuicios al mismo podría traernos sorpresas insospechadas: 

"El mayor beneficio de un encuentro con seres superiores sería la oportunidad de hacerles esa pregunta clave que nos ha preocupado durante siglos: ¿cuál es el sentido de la vida? Espero vivir lo suficiente para poder oír su respuesta, lograda tras adquirir conocimiento científico a lo largo de muchos milenios. No obstante, también me temo que nuestra arrogancia entorpecerá el ritmo al que la humanidad avanza hacia la respuesta, dado que muchas veces nos ha llevado a aferrarnos a nuestro grano de arena, en vez de mirar a la vastedad de las estrellas."

miércoles, 24 de febrero de 2021

ENSAYOS (1928-1949), DE GEORGE ORWELL. EL INTELECTUAL VISIONARIO.

Resulta indudable que George Orwell es uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX, un hombre visionario que sigue presente incluso en nuestro lenguaje cotidiano a través del término orwelliano, una palabra muy apropiada para designar ciertos aspectos de las sociedades de nuestra época. Orwell nació cuando todavía el Imperio Británico se encontraba en su momento álgido y murió en plena Guerra Fría, cuando las potencias mundiales indiscutibles habían pasado a ser Estados Unidos y la Unión Soviética, mientras que Inglaterra intentaba sanar las heridas de una victoria altamente costosa. Si algo caracterizaba a la escritura del autor de 1984 es su honestidad, su afán por decir la verdad, rectificando lo que fuera necesario respecto a sus creencias más arraigadas en el pasado.

Porque, entre otras cosas, encontramos en estos Ensayos una evidente evolución en el pensamiento de su autor, siendo un punto de inflexión muy importante su participación en nuestra Guerra Civil. El hecho de ser testigo en primera línea de la brutal represión contra el POUM, partido en el que militaba le hizo contemplar la triste realidad de los ideales por los que estaba jugándose la vida. Para él, el hecho de que el Partido Comunista se aliara con el gobierno para destruir los presuntos avances revolucionarios conseguidos en 1936 resultó la mayor de las traiciones, una guerra civil dentro de la principal que apenas fue reportada en los periódicos de la época. Aquí se cimentó una de las grandes obsesiones de Orwell: la posibilidad, por parte de los gobiernos totalitarios, de escribir la Historia a su antojo, según sus intereses. Y no solo eso, además se guardaban la posibilidad de reescribirla cuando fuera conveniente. El inmenso experimento social que construyó el totalitarismo era capaz de convencer a una población de millones de habitantes de que el enemigo hasta ayer pasaba a ser un fiel enemigo, para volver a convertirse en el peor de los adversarios unos años más tarde.

Por eso Orwell fue un firme defensor durante toda su trayectoria de la libertad de prensa, de esa capacidad de los medios de comunicación de los intelectuales de decirle a la gente lo que no quiere oír, aunque dicho mensaje estuviera en contra del pensamiento predominante, una libertad frágil, siempre en peligro, que debe ser continuamente salvaguardada de sus enemigos: los totalitarismos, los populismos y los impulsores de lo políticamente correcto. A falta de libertad de prensa, las mentiras pueden volverse fácilmente verdades, amparadas por el discurso oficial y la gente puede dejar de sacar conclusiones obvias respecto a lo que tiene delante de los ojos. Como se ha probado en tantas ocasiones, manipular a la opinión pública no requiere de demasiada sofisticación. En su ensayo Recuerdos de la guerra de España, escrito en pleno conflicto mundial, el autor va hilvanando el armazón del que será su novela más famosa:

"El objetivo tácito de este modo de pensar es un mundo de pesadilla en el que el líder máximo, o bien la camarilla dirigente, controle no sólo el futuro, sino incluso el pasado. Si sobre tal o cual acontecimiento el líder dictamina que «jamás tuvo lugar»… pues bien: no tuvo lugar jamás. Si dice que dos más dos son cinco, así tendrá que ser. Esta posibilidad me atemoriza mucho más que las bombas. Y conste que, tras nuestras experiencias de los últimos años, una declaración así no puede hacerse frívolamente."

Evidentemente, también hay que contar entre los enemigos de la libertad a los nacionalismos, cuyos militantes tienen la capacidad, no solo de engañar a los demás, sino también de engañarse a sí mismos, tropezando con la misma piedra cuantas veces sea preciso:

"El nacionalista no sigue el elemental principio de aliarse con el más fuerte. Por el contrario, una vez elegido el bando, se autoconvence de que este es el más fuerte, y es capaz de aferrarse a esa creencia incluso cuando los hechos lo contradicen abrumadoramente. El nacionalismo es sed de poder mitigada con autoengaño. Todo nacionalista es capaz de incurrir en la falsedad más flagrante, pero, al ser consciente de que está al servicio de algo más grande que él mismo, también tiene la certeza inquebrantable de estar en lo cierto."

Por eso las palabras son importantes y es fundamental el análisis constante y crítico de los discursos de nuestros dirigentes políticos, aunque hoy, al menos en nuestro país, hayan cambiado en gran parte el combate dialéctico y de ideas por unas alocuciones en tono populista y sin apenas sustancia, incluyendo la práctica de no responder a las preguntas de los periodistas y de convertir al Parlamento en una especie de patio de colegio. Orwell nos enseña que también los discursos vacíos son peligrosos, puesto que pueden enmascarar intenciones ocultas que no se exponen directamente ante el público. Un público, por otra parte, al que se le va anulando progresivamente su sentido crítico a base de crear polémicas artificiales que sirven como cortina de humo para evitar el debate de los auténticos problemas que afectan al ciudadano en su vida cotidiana. 

En estos Ensayos de Orwell podemos contemplar la evolución de su pensamiento hasta una civilizada reivindicación de la socialdemocracia como alternativa al comunismo y al capitalismo salvaje y sin reglas. Pero el intelectual británico no habla solo de política. Orwell es también un fino analista social, sobre todo de la vida cotidiana de sus compatriotas y además es un excelente crítico literario, que me ha hecho conocer a autores a los que pienso leer en breve, como George Gissing. En cualquier caso, llama la atención el hecho de que es crítico y desmitificador respecto a su propio trabajo: los intelectuales también son seres humanos y están sujetos a los mismos errores y tentaciones que el resto de la humanidad:

"Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos. En el fondo de su ser, sus motivaciones siguen siendo un misterio. Escribir un libro es un combate horroroso y agotador, como si fuese un brote prolongado de una dolorosa enfermedad. Nadie emprendería jamás semejante empeño si no le impulsara una suerte de demonio al cual no puede resistirse ni tampoco tratar de entender. Por todo cuanto uno sabe, ese demonio es sencillamente el mismo instinto que hace a un niño llorar para llamar la atención. Y, sin embargo, también es cierto que no se puede escribir nada legible a menos que uno aspire a una anulación constante de la propia personalidad. La buena prosa es como el cristal de una ventana. No sé decir con certeza cuáles de mis motivaciones son las más poderosas, pero sí sé cuáles merecen seguirse sin rechistar. Al repasar mi obra, veo que de manera invariable, cuando he carecido de un objetivo político, he escrito libros exánimes, y me han traicionado en general los pasajes grandilocuentes, las frases sin sentido, los epítetos y los disparates."

lunes, 22 de febrero de 2021

VALLEY OF TEARS (2020), DE YARON ZIBERMAN. LOS COMBATES COTIDIANOS.

La historia de Oriente Medio es un relato de violencia, sobre todo desde el advenimiento del Estado de Israel, que fue atacado por sus vecinos árabes a partir del mismo momento de su proclamación. Quizá la Guerra de Yom Kipur, en 1973, fue el momento más crítico del país, ya que el ataque combinado de Egipto y Siria tomó por sorpresa al ejército hebreo. Este es el caos del que parte Valley of tears, una serie de carácter extremadamente realista que narra los primeros días de la ofensiva siria contra los Altos del Golán y el desconcierto de los soldados israelitas y sus mandos ante la magnitud y la coordinación del nuevo ataque, que en esta ocasión estuvo asesorado por especialistas soviéticos.

Lo más interesante de la serie de Ziberman es la posibilidad que nos ofrece como espectadores de asomarnos a aspectos de la vida cotidiana de un país en constante estado de alarma como era Israel en aquellos días: una sociedad fuertemente militarizada que no se encontraba exenta de conflictos internos, derivados de las diferencias culturales de los distintos grupos de inmigrantes que iban llegando progresivamente al nuevo Estado, entre los que se producían constantes tensiones y agravios. La narración nos permite conocer las vidas de varios de ellos, incluyendo a un par de panteras negras, gente procedente de familias desfavorecidas que se inspiraban en el movimiento norteamericano para luchar por mejores condiciones de vida. En cualquier caso, una vez que comienza la batalla, los soldados no tienen más remedio que dejar de lado sus disputas internas para intentar sobrevivir.

Porque, aunque es cierto que el resultado final de la guerra resultó un nuevo éxito militar para Israel, en los primeros días la situación parecía desesperada y los defensores que se encontraban en primera línea se vieron desbordados. Uno de los aciertos de Valley of tears es que sabe transmitir la tensión con la vive el combate el soldado raso y la sensación angustiosa de avanzar dentro de un carro de combate que puede ser alcanzado por un proyectil enemigo e incendiarse en cualquier instante. En en sentido, las escenas bélicas de la serie son magníficas, con un aire casi documental que la hacen muy verosímiles. También es cierto que ciertas escenas nos trasladan la impresión de que un solo tanque israelí valía por veinte sirios (quizá esta fuera la realidad, después de todo) y de la escasa motivación combativa del soldado árabe, quizá una de las claves de que la ofensiva, después del espectacular éxito inicial, se desmoronara con tanta facilidad.

Aunque se trata de una producción de Israel y en ocasiones se presente a los habitantes de este país desde un punto de vista victimista, lo cierto es que la serie intenta ser objetiva a la hora de enfrentarse a sus responsabilidades históricas y también da voz a los agravios sufridos por los sirios que habitaban originariamente el territorio de los Altos del Golán, aunque el portavoz de los mismos sea un despreciable torturador. Valley of tears es sobre todo efectiva a la hora de mostrarnos los efectos devastadores que la guerra produce en una sociedad, por mucho que se haya preparado para afrontarla: el caos, el miedo, la falta de noticias y el azar, que es la fuerza que decide quien va a morir y quien va a sobrevivir en esta situación extrema. Toda una lección histórica que nos recuerda que las mejores series no siempre llegan desde Estados Unidos. 

miércoles, 17 de febrero de 2021

LAS TRES LUCES (1921), DE FRITZ LANG. LA MUERTE CANSADA.

Las películas mudas del periodo de Weimar, una de las fuentes seminales del cine, tienen un aire especial, una expresividad en sus protagonistas que cobra singular importancia, ya que no pueden hablar y a veces los carteles explicativos no bastan para mostrar en pantalla todos los matices de un sentimiento o de una acción. Pero igualmente importante es el ambiente en el que se desarrollan las historias, en esta ocasión en un pueblo de aspecto siniestro que es visitado por un personaje serio y de mirada profunda. Se trata de la mismísima Muerte, que necesita un terreno junto al cementerio municipal para ampliar sus actividades. La Muerte encuentra a una pareja de recién casados y se lleva al joven. La mujer no puede aceptar el fin repentino de una felicidad que acaba de comenzar (la muerte ataca a todos, a veces en el momento en el que menos se la espera) y el siniestro personaje, que declara estar cansado de su misión de traer malas noticias a la humanidad, ofrece una oportunidad a la joven: debe evitar al menos uno de tres fallecimientos que están inevitablemente previstos, vidas simbólicamente representadas en la luz de tres frágiles velas.

Las misiones de la protagonista se van a dar en tres épocas y ámbitos distintos: Oriente Medio, Venecia y China. Tan variados escenarios sirven para mostrar lugares exóticos que sin duda estimularían la imaginación del público de la época, un mundo lleno de luces y sombras, pero también de colorido, buscando ofrecer ante todo una de las primeras muestras de la belleza que puede conseguir el arte cinematográfico, con un uso muy meritorio de los efectos especiales.

Acercarse a Las tres luces hoy en día no constituye solo un ejercicio de curiosidad cinematográfica para contemplar los comienzos de uno de los directores más importantes de la historia del cine. La película posee valores propios, hace un uso magistral de los elementos simbólicos e intenta hacer llegar al espectador el mensaje de que el amor es más fuerte que la muerte. Además, el filme contribuyó a la vocación de un joven Luis Buñuel, tal y como cuenta en sus memorias:

"Fue al ver Der müde Tod cuando comprendí sin la menor duda que yo quería hacer cine. No me interesaron las tres historias en sí, sino el episodio central, la llegada del hombre del sombrero negro —en seguida supe que se trataba de la Muerte— a un pueblo flamenco, y la escena del cementerio. Algo que había en aquella película me conmovió profundamente, iluminando mi vida."

No puedo dejar pasar la ocasión de incluir el famoso poema de Quevedo, Amor más poderoso que la muerte:

.                                                 Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera:
mas no, de esa otra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi alma el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,
venas,  que humor a tanto fuego han dado,
medulas,  que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.