sábado, 4 de julio de 2026

BUENA SUERTE, LEO GRANDE (2022), DE SOPHIE HYDE.

Nancy Stokes es una mujer que siempre ha hecho lo correcto. Profesora de religión y casada con un hombre aburrido que - según confesión propia - nunca le hizo sentir un orgasmo, quiere probar algo nuevo ahora que ha muerto su marido. Y para eso no se le ocurre nada mejor que contratar a un joven profesional del sexo, un hombre mucho más joven que él del que espera que recupere a pasos agigantados sus años perdidos en la materia. Pero existe un problema: Nancy no está segura de lo que está haciendo. Es una persona que jamás ha sido verdaderamente libre y ahora siente que está haciendo algo malo. Será Leo Grande, el muchacho al que ha contratado, el que la vaya guiando con infinita paciencia y profesionalidad hacia la consumación de sus deseos. Con una estructura de obra teatral, Buena suerte Leo Grande reivindica la labora de los trabajadores sexuales, aunque utiliza en exceso la voz de su protagonista femenina para explicar su necesidad, como queriendo exponer que nos encontramos ante un caso especial en el que la contratación de pago por sexo está enteramente justificada. Seguramente si la película nos mostrara a un joven poco agraciado que contrata a una prostituta para tener las experiencias que la vida diaria le niega, el tono de la película posiblemente sería muy distinto o tendría que justificarse de otra manera. Pero aquí todo se disfraza de reivindicaciones femeninas y frustración vital y la película sabe ganarse al espectador en este sentido. Aquí se nos presenta a un trabajador sexual que ejerce de manera totalmente libre y que además parece tener también un don para la psicología y un saber estar que al que ya quisieran acercarse muchos de nuestros representantes políticos. Leo Grande (nombre ficticio para el ejercicio laboral) se convierte así en la fantasía perfecta de Nancy, en el hombre que escucha, es paciente y sabe finalmente cual es la mejor manera de consumar los deseos de su clienta, hasta el punto de que esta quiere ir más allá de los límites de un contrato mercantil y conocer detalles íntimos del muchacho, momento en el que el tono de la narración se vuelve un poco más oscuro, para volver a la luminosidad un poco después de manera un poco forzada. Hay que decir que como película Buena suerte Leo Grande sabe aprovechar perfectamente a sus actores y hacer surgir la química entre ellos. Hay que destacar a Emma Thompson, que sale más que airosa de uno de los papeles más arriesgados de su espléndida carrera.

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1975: EL FIN DE UNA ERA (2025), DE MORGAN NEVILLE.

Si hay una época en la que Estados Unidos alcanzó sus mayores niveles de crisis socieconómica esta se produjo hacia la mitad de los años setenta. El país acababa de retirarse de Vietnam después de perder miles de soldados, el presidente tenía que dimitir por el caso Waterwate y la crisis económica afectaba de forma brutal al nivel de vida del ciudadano medio, que debía enfrentarse también a un auge de la criminalidad sin precedentes. El cine reflejó de manera magistral todas estas crisis adoptando un lenguaje nuevo que se alejaba al de Hollywood tradicional. Por primera vez existía verdadera libertad creativa, un oasis que durararía hasta los primeros ochenta. De esta tesitura saldrían obras como Chinatown, Tarde de perros, Network, Todos los hombres del presidente o Taxi Driver, la película que mejor reflejó la brutal decadencia del Nueva York de la época. Además comenzó un lógico auge del cine de catastrófes. Esta polémica entre lo antiguo y lo nuevo llegaría a reflejarse incluso en la ceremonia de los Oscars, mostrando que la pugna entre conservadores y progresistas que dividía al país se daba en todos los ámbitos. La película de Neville refleja estupendamente el espíritu de esa época, eligiendo muy bien los fragmentos de películas que se muestran y los testimonios de actores y directores (que en alguna ocasión son demasiado escuetos), por lo que se trata de un documental muy entretenido que consigue su objetivo de volver a interesar al espectador cinéfilo por un puñado de obras maestras que se filmaron en una tesitura irrepetible, puesto que este corte de mangas al discurso oficial de la industria no volverá.

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domingo, 28 de junio de 2026

TEATRO: LA MALQUERIDA (1913), DE JACINTO BENAVENTE, DIRIGIDA POR NATALIA MENÉNDEZ

Jacinto Benavente es uno de esos premios Nobel bastante olvidados, aunque este galardón no abunde en las letras españolas. La malquerida, una de sus obras maestras, es un drama rural cuyo argumento bien podría haber firmado Federico Garcia Lorca. Su protagonista es una mujer casada en segundas nupcias que sospecha que algo no va del todo bien en su casa, en un entorno en el que todos se conocen y la reputación social es lo más importante. Benavente intenta que sus personajes no tengan un tono grandilocuente a la hora de expresar lo dramático de las situaciones, sino que sus protagonistas se expresan de un modo realista, incluso utilizando expresiones del pueblo llano en los que son de esa condición. La obra se estructura muy sabiamente hacia un in crescendo que desembocará en un inovidable final, muy sorprendente para cualquier espectador que contemple esta obra por primera vez. La interpretación de Aitana Sánchez Gijón destaca en un papel difícil, puesto que de esposa sumisa debe ir pasando progresivamente a mujer herida y finalmente agresiva, una vez que el orden social en el que creía vivir se pone patas arriba. Una auténtica tragedia griega que se traslada a la muy conservadora sociedad rural española de principios del siglo XX, en la que cada persona conocía muy bien la clase social a la que pertenecía y debía actuar en consecuencia.

sábado, 27 de junio de 2026

MICHAEL (2026), DE ANTOINE FUQUA.

Uno de los éxitos más contundentes en las salas cinematográficas de los últimos tiempos ha sido este biopic del llamado rey del pop, quizá porque la gente anhela inconscientemente, en estos tiempos de omnipresente reaggeton, un pasado en el que la música popular era mucho más creativa y a la que se le exigía un mínimo de calidad. En la película de Fuqua se pone mucho énfasis en la difícil infancia del niño prodigo Jackson, alguien que vivió un ambiente familiar asfixiante auspiciado por un padre perfeccionista y dictador, que consiguió el éxito de The Jacksons abusando del talento de sus propios hijos. El conflicto de Michael surge cuando el protagonista quiere emprender una carrera en solitario, pero sin romper con su familia. Michael no lo tendrá fácil, puesto que salir de la protección familiar significa enfrentarse al mundo, algo para lo que no está totalmente preparado una persona tan sensible como él. Aquí podemos contemplar algunas de las obsesiones de la estrella, sobre todo con el mito de Peter Pan, ese ser que no quería convertirse en un adulto y que prefería habitar un reino de fantasía antes que enfrentarse a la realidad cruel del mundo. Hay que decir que, a pesar de esto, apenas se trata el lado oscuro del personaje, aunque habrá oportunidad de hacerlo si se rueda una segunda parte respecto a la que todo indica que se acabará haciendo.

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TORRENTE PRESIDENTE (2026), DE SANTIAGO SEGURA.

He de decir que no he visto el resto de películas de la saga Torrente, aunque sí que he podido asomarme a trozos alguna vez que he encontrado alguna cambiando de canal. El humor en las mismas es muy zafio y básico, pero parece que esto gusta a una cantidad de público suficiente como para que cada una de las películas haya sido un gran éxito, lo que ha dado a Santiago Segura un aura de persona que se expresa con total libertad en el medio cinematográfico, sin la obligación de ser políticamente correcto. Desde luego, esta última jugada ha sido muy inteligente, porque parodiar a la política española de los últimos años es una cuestión bien sencilla, ya que en ciertos momentos lo estrafalario de estas películas se ha hecho realidad en nuestros telediarios, sobre todo si contemplamos a personajes como Ábalos y Koldo. La premisa de Torrente presidente es su fichaje por el partido Nox, en principio como una especie de speaker que ofrece discursos sin filtros al público de la derecha más radical. Pero poco a poco el protagonista se lo va creyendo y termina aspirando, nada menos, a ser presidente del gobierno. Hay que decir que la película tiene momentos verdaderamente divertidos, pero a la hora de la verdad no hace verdadera sangre con unos partidos políticos que merecen una crítica aún más feroz que la ofrece Santiago Segura. Si bien la narración, dentro del absurdo (aunque no tanto, observando que individuos como Donald Trump han llegado a lo más alto) cuenta con buen ritmo en los dos primeros tercios de la película, al final todo se vuelve demasiado convencional y previsible, en aras de ofrecer un poco de acción espectacular. Torrente presidente no tiene más pretensión que la de ser un producto de usar y tirar aprovechando la coyuntura de un momento concreto de la historia de nuestro país.

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domingo, 21 de junio de 2026

SOLO PARA SUS OJOS (1981), DE JOHN GLEN.

Con un Roger Moore ya más que consolidado en el papel de James Bond y contando con el apoyo masivo del público, Moonraker había sido un gran éxito para la serie. El problema es que se trata de una película disparatada, infantil y que ha envejecido muy mal. Los productores debieron tomar nota de esto y, teniendo en cuenta la crisis económica del momento, crearon una entrega mucho más contenida, centrada en el espionaje puro, en la que no existe un villano megalómano que quiere destruir o apoderarse del mundo. La trama es bastante realista, puesto que se centra en la recuperación de un dispostivo secreto que ha perdido la flota británica en aguas griegas. Aquí se intenta mostrar a un Bond más duro y expeditivo que el de películas anteriores (sigue siendo famosa la escena en la que da una patada fríamente a un coche al borde del abismo), pero no faltan las escenas ridículas, como la protagonizadas por la joven promesa del esquí que intenta continuamente seducir al agente o la protagonizada, ya cuando todo se ha resuelto, por la primera ministra británica del momento. Solo para sus ojos no es aburrida en absoluto, pero no mantiene el ritmo adecuado, ya que contiene demasiadas escenas de relleno que no llevan a ninguna parte y están solo concebidas para que exista algo de acción. En su favor hay que decir que las partes que transcurren en el fondo del mar están muy bien rodadas. Curioso que aparezca España en la trama, pero solo para mostrar una finca en los alrededores de Madrid (ni siquiera se rodó en nuestro país).

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sábado, 20 de junio de 2026

EL CONSUMO DE LA UTOPÍA ROMÁNTICA (1992), DE EVA ILLOUZ. EL AMOR Y LAS CONTRADICCIONES CULTURALES DEL CAPITALISMO.

Es indudable que el amor es un sentimiento primario y de origen biológico. Buscamos el vínculo afectivo con una pareja como mecanismo de reproducción, buscando hijos que perpetuen nuestra estirpe conviviendo con una persona del sexo contrario con la que nos podemos sentir más completos. Pero el establecimiento de la civilización humana también ha ido estableciendo importantes factores culturales que determinan decisivamente la tarea de buscar una pareja y estimular posteriormente el sentimiento romántico en la relación. Desde finales del siglo XIX el capitalismo ha sido el elemento más decisivo a la hora de establecer los factores de lo que es una relación perfecta y adecuada ante uno mismo y ante los demás. El cine, la televisión y la publicidad han ido mostrando ejemplos tan elaborados que seducen inevitablemente a un espectador que siente que debe imitar en lo posible a estos modelos para sentirse pleno.

Esto es lo que Eva Illouz define como utopía romántica, un imaginario compartido acerca de cómo debe vivirse una historia de amor. Pero el capitalismo no solo fomenta el hedonismo, sino que exige que las personas sean laboriosas por el día para ganarse el derecho a estos pequeños placeres que suelen practicarse en salidas nocturnas o en periodos de vacaciones. Si bien la idea de romance se ha liberalizado (el papel de las familias ya no es el factor determinante a la hora de establecer relaciones de pareja) y se ha roto la barrera de las clases sociales a la hora de establecer vínculos amorosos, el capitalismo ha ido estableciendo sutilmente una serie de rituales que no pueden desligarse la idea de romance. La experiencia romántica significa inevitablemente acudir al mercado de consumo: restaurantes, cines, teatros, viajes y regalos en fechas señaladas. A partir de la década de 1920 la publicidad va a afinando cada vez más sus mensajes vinculando sus productos a la idea de felicidad y plenitud. El cine ayuda a que se consolide esta idea ofreciendo historias cada vez más sofisticadas en las que se muestra al público lo que es un romance perfecto.

Estas ideas se generalizan tanto que muchos estiman que no vivir una experiencia como esta supone un fracaso vital, una renuncia a la plenitud existencial:

"(...) la experiencia romántica presenta algunos atributos de los ritos religiosos: el aislamiento del objeto de adoración, el uso de vestimentas específicas, el consumo de comidas particulares, la reorganización del espacio o el desplazamiento a otro lugar y la fijación de un momento especial para la celebración constituyen elementos que permiten vivir una experiencia con la misma "textura" subjetiva de las festividades religiosas, es un ámbito separado física o simbolicamente de la vida cotidiana. Los sujetos que viven este tipo de experiencia ingresan en un dominio donde se exaltan las emociones, se regeneran las fuerzas vitales y se reafirma el vínculo con la persona que tienen a su lado."

Pero existe un elemento perturbador en todo esto, que Illouz describe en los capítulos finales. A pesar del sentimiento de libertad que parece gobernar la labor de elección de una pareja, la supuesta armonía que se logra en el encuentro de dos espíritus afines en realidad se basa en una correspondencia de dos personas en modos de consumo, pertenencia a una clase social determinada, gustos más o menos refinados e incluso la forma de conversar. Entonces, de modo inconsciente, el amor romántico sería también en múltiples ocasiones un sentimiento interesado, no incondicional. Porque, como ya se habrá intuido, el dinero es un factor decisivo a la hora de permitir experimentar la idea de romance perfecto que se ha establecido socialmente como una idea indiscutible. Solo las clases sociales con rentas altas pueden gozar del tiempo y de los medios económicos para vivir estas experiencias ofertadas por un mercado cada vez más sofisticado, experiencias que se multiplican exponencialmente gracias al auge de internet y las redes sociales. Los que viven al día, con un sueldo escaso, apenas tienen oportunidades en este sentido. Suelen llegar a casa derrotados después de una jornada interminable en trabajos físicos que minan la energía para actividades nocturnas que puedan considerarse románticas. También el romance tiene sus clases sociales preferidas y la idea de fracaso vital también puede instalarse en quienes carecen de los medios económicos y el tiempo de ocio necesarios para vivir las experiencias que ofrece el capitalismo como indispensables si se quiere estimular el vínculo amoroso.