sábado, 7 de noviembre de 2026

PROFECÍA (2026), DE CLARISSA VÉLIZ. LECCIONES SOBRE EL USO Y ABUSO DE LA PREDICCIÓN DESDE LOS ANTIGUOS ORÁCULOS HASTA LA IA.

Vivimos en el presente, pero lo que más nos inquieta es el futuro. Su desconocimiento nos provoca ansiedad, por lo que desde tiempos inmemoriales la gente ha acudido a adivinos y augures en busca de orientación. Esto proporcionó enorme poder a los prestigiosos de entre ellos, pues podían decidir, a través de sus consejos a reyes y gobernantes, el destino de sociedades enteras. Nuestra capacidad de imaginar también incluye la de intentar prever lo que va a pasar mañana, lo cual nos permite anticiparnos a posibles peligros y planificar un futuro mejor, pero también nos obsesiona y desata nuestros temores. Consultar al Oráculo de Delfos, por mucho que sus dictámenes fueran oscuros en muchas ocasiones podía ser un consuelo ya que al menos ofrecía una respuesta a nuestras ansiedades. Evidentemente, sus sacerdotisas podían ser corrompidas para que sus respuestas se ajustaran a lo más conveniente para el peticionario. Obtener estas certezas es algo tan demandado que todavía a día de hoy, en una sociedad en la que ha triunfado la ciencia, mucha gente sigue consultando a adivinos y leyendo el horóscopo. Pero es la Inteligencia Artificial la que viene a cambiarlo todo.

Los modelos de IA están diseñados para predecir el futuro basándose en el conocimiento del pasado. Manejan una cantidad abrumadora de datos, que no podría asimilar ser humano alguno en solitario y ofrecen las conclusiones que finalmente pueden convertirse en profecías autocumplidas, algo que complacerá a quienes tienen intereses en que la sociedad siga determinados derroteros. Una compañía de seguros, por ejemplo, podría denegar una póliza a una persona perfectamente solvente porque según los algoritmos pertenece a un grupo social o a una franja de edad incoveniente. La IA podría convertirse en la nueva religión a la que muchos siguen porque se basa en criterios científicos, en datos masivos e interpretables que presuntamente nos van orientar hacia un futuro mejor. La teoría es que cuantos más datos acumulen estos sistemas, más fácil será resolver cualquier problema. La práctica nos dice que el mundo es mucho más complejo y las variables son infinitas por lo que, en malas manos, la IA puede convertirse más en un instrumento de manipulación que de redención. 

Además, el trabajo humano intelectual se vuelve más perezoso cuando contamos con un instrumento tan poderoso que sustituye la creatividad por una presunta eficacia cuya veracidad no siempre es comprobada de manera crítica:

"Es precisamente la necesidad que tenemos de que nos tranquilicen lo que nos hace tan fáciles de manipular y lo que hace que la industria de la predicción suela prosperar con independencia de la corrección de sus vaticinios. Tanto en el mundo de la empresa como en la Administración pública, los datos y la IA se han convertido en sustitutos del pensamiento crítico y la creatividad, así como en subterfugios para eludir la responsabilidad. Si un informe sugiere un curso de acción supuestamente respaldado por números y gráficos, es más fácil seguirlo que cuestionar su conclusión y asumir la responsabilidad del riesgo. 

En los negocios, en la elaboración de políticas públicas y en otros campos, las predicciones se emplean más para aliviar la ansiedad y ganar dinero que para tomar buenas decisiones. Lo que las predicciones prometen a los profetas es poder, pero el principal producto que venden es el alivio de la ansiedad."

Los profetas han sido sustituídos por modelos predictivos que prometen, según sus promotores más entusiastas, un futuro gobernado por inteligencias artificiales casi omnipotentes, entes sabios que nos dirán en todo momento lo que tenemos que hacer para prosperar y ser más felices. Que esto suponga entregar nuestras libertades a un ente informático y que va a acabar sabiendo de nosotros más que nosotros mismos no parece inquietar lo suficiente. La comodidad que van ofreciendo a sus usuarios los modelos de IA cada vez más potentes compensan cualquier inquietud acerca del futuro inmediato y quizá sea tarde si alguna vez vemos necesario rectificar.

LA CONSTELACIÓN DEL PERRO (2026), DE RIDLEY SCOTT.

El fin del mundo ha sido siempre un motivo recurrente para el cine, pero solo en las últimas décadas se ha contado con los medios para hacer verosímiles este tipo de películas. Nuestra civilización se basa en unas costuras débiles, dependientes de la contención nuclear, de la estabilidad del clima o (como sucede en esta película) que nuevos virus no arrasen con la mayor parte de la humanidad. El problema de La constelación del perro es que el esquema en el que basa su argumento es muy endeble. Presenta una sociedad en la que sobreviven grupos aislados, la mayoría de ellos dedicados a arrasar los pocos intentos civilizatorios que quedan, pero no hay un contexto que explique cómo se ha llegado a esa situación. El protagonista vive con un hombre maduro con el que se ha asociado para sobrevivir y todavía es capaz de hacer volar una avioneta con la que explora los alrededores y con la que tiene el proyecto de acudir a verificar unos mensajes que escucha por la radio y que parecen ser enviados por una pequeña ciudad que se ha organizado como isla de civilización. El resultado final de su visita va a resultar cinematográficamente ridículo. Lo que más parece interesar a La constelación del perro es desarrollar la forzada historia de amor que se produce entre dos de los actores más atractivos del panorma actual, pero todo lo demás parece rodado con el piloto automático, incluyendo unos tiroteos que más parecen sacados de un videojuego que de una situación dramática real. Bien es cierto que se nota la mano de Ridley Scott en una dirección muy correcta, pero es algo tan importante como el guion lo que naufraga en esta película.

P: 4

lunes, 2 de noviembre de 2026

PASAPORTE A LA FAMA (1935), DE JOHN FORD.

Jones es el empleado modelo que cualquier empresa quisiera tener en su plantilla. Discreto y trabajador, jamás ha llegado tarde a la oficina, salvo el día en el que empieza la historia, en el que se le estropea el despertador. A partir de aquí las cosas van a ir de mal en peor para nuestro protagonista, un Edward G. Robinson en su versión más entrañable que está enamorado de una compañera de trabajo para quien es un ser invisible. Y es que se va a descubrir, a través de la fotografía de un periódico, que el enemigo público número uno es su vivo retrato. Esta situación podría haber derivado en un drama, pero John Ford prefiere construir una eficaz comedia a mayor gloria de su protagonista, que puede lucirse interpretando a la vez a dos personajes antagónicos. El pulso del director mantiene una trama un tanto absurda, pero muy sugestiva, sobre todo porque la prensa empieza a interesarse por la historia de Jones y a su vez la compañera empieza a mirarlo con otros ojos, ya que su aspecto de buena persona puede transmutarse en el de un peligroso gangster. Además, Pasaporte a la fama ofrece notables efectos especiales para la época, pues podemos contemplar en numerosas ocasiones a Edward G. Robinson actuando por partida doble en el mismo plano. Toda la película ofrece una historia muy idealizada y poco realista, pero al irrepetible estilo del Hollywood de la época.

P: 8

BABIES (2026), DE STEFAN GOLASZEWSKI.

En una época en la que la gente tiene cada vez menos niños, al menos en Occidente, la pareja formada por Lisa y Stephen están deseando concebir a su primer hijo, pero todo sale mal por tres veces consecutivas y la joven aborta de manera natural en todos esos intentos. La trama va a seguir durante seis capítulos el conflicto derivado de este deseo insatisfecho, que para ella es una auténtica tragedia, ya que la mayoría de sus amigas están criando hijos sanos, mientras que él relativiza el asunto y opta por seguir adelante. En paralelo asistimos a la historia de otra pareja, conocida de la primera, en la que ella ha perdido recientemente al gran amor de su vida y se ha juntado con el primer chico que ha encontrado, quizá para no sentirse sola. Babies tiene un buen planteamiento y quiere ser una serie naturalista, que muestre sin filtros la intimidad cotidiana de una pareja, con sus días buenos, regulares y malos, pero no se necesitaban tantos episodios para narrar eso, ya que en muchos casos el guion resulta reiterativo, los conflictos se repiten y la historia lleva a un final feliz un tanto forzado. Los diálogos entre personajes son tan naturales que en muchas ocasiones no llevan a ninguna parte y la serie adolece de numerosas escenas de puro relleno. Su planteamiento resulta muy interesante, pero lo hubiera sido más si su metraje se hubiera reducido de manera sustancial.

P: 5

domingo, 1 de noviembre de 2026

OBSSESION (2025), DE CURRY BARKER.

El argumento de Obssesion no es original. Se basa en el viejo adagio que dice "cuidado con lo que deseas, porque se podría hacer realidad". Y esto es precisamente lo que le sucede al protagonista de la película. Bear es un buen chico obsesivamente enamorado de una compañera de trabajo, que solo corresponde a su interés ofreciéndole una amistad cómplice, pero nada más. Como es un tipo muy tímido, jamás se atreve a expresar sus sentimientos a Niki. De una manera un tanto extravagante, encuentra un día en una tienda una especie de juguete de apariencia inofensiva. Se trata de una rama que concede un deseo a quien la rompe. Sin reflexionar demasiado, él desea que el objeto de sus deseos le ame más que nada en el mundo. Y aquí empieza una trama que se mueve entre lo horroroso y lo esperpéntico, puesto que, tras una pequeña luna de miel, la situación se volverá cada vez más siniestra, ya que Niki parece poseida por una especie de espíritu que la obliga a cumplir el deseo en contra de su voluntad. Con este argumento, la película podría volverse absolutamente ridícula, pero Barker tiene la virtud de mantener el pulso a una historia que se va degradando cada vez más para su protagonista que sufre la materialización antinatural de un deseo expresado más con el corazón que con la cabeza. Lástima que las evidentes virtudes de la cinta queden un tanto lastradas por un final demasiado gore, más orientado a impresionar al espectador que a hacerle reflexionar.

P: 6

sábado, 31 de octubre de 2026

EL PEQUEÑO SALVAJE (1970), DE FRANÇOIS TRUFFAUT.

El complemento perfecto después de la lectura de El experimento prohibido es acercarse a una de las mejores obras de François Truffaut, que dejó de lado sus habituales obsesiones para entregar esta obra profundamente humanista en la que plasma en imágenes una reflexión sobre la condición humana. Lo primero que sorprende de El pequeño salvaje es la actuación de su protagonista, un jovencísimo actor no profesional que plasma perfectamente la confusión de un personaje que ha sobrevivido muchos años a solas en el bosque y que ahora se debate entre el instinto de volver a la naturaleza y la fidelidad a sus nuevos afectos humanos. El propio Truffaut interpreta al doctor Itard, que intenta reiteradamente sacar al niño del estado de naturaleza y transformarlo en un ser útil para la sociedad civilizada, pero solo consigue su propósito a medias. La película - con música muy apropiada de Vivaldi - no es más que la narración de este paciente proceso jalonado por pequeños triunfos y dolorosos fracasos. Como sabemos, Víctor no va a adaptarse jamás a la vida social, pues le ha faltado el imprescindible aprendizaje de una infancia bajo el calor de una familia, por lo que siempre va a sentirse como un ser que pertenece a dos mundos irreconciliables. En cualquier caso, la película de Truffaut quiere ser optimista, y dejar un mensaje positivo acerca del poder de la ciencia para afrontar problemas complejos, por mucho que esta ciencia sea la de principios del siglo XIX. Pocos directores, como él consigue, son capaces de plasmar de forma tan conmovedora una historia tan sencilla y a la vez tan compleja.

P: 9

LO DEJAMOS ACÁ (2026), DE HERNÁN GOLDFRID.

Ricardo Darín interpreta a Ulises Verón, un psicólogo que rechaza los métodos tradicionales y prefiere abordar los problemas de sus pacientes actuando fuera de la consulta, es decir, metiéndose en sus vidas de forma más o menos discreta como si fuera un ser omnipotente que puede influir directamente en sus vidas. La película cuenta la terapia que organiza para un escritor de éxito que acude a él para liberarse de un bloqueo creativo. Se supone que el punto fuerte de Lo dejamos acá se encuentra en la química entre Darín y Peretti, pero esta es inexistente, quizá por lo absurdo del retrato de ambos personajes. La película, sin un guion sólido, solo puede confiar en el talento de unos intérpretes que hacen lo que pueden para intentar que siga a flote una nave que naufraga desde los primeros minutos, porque ni siquiera la presunta tensión entre los personajes que se ha intentado construir funciona en ningún momento, dado que sus acciones no son creíbles ni siquiera desde un punto de vista cercano a la comedia. Da la impresión de que Lo dejamos acá es un producto construído por un algoritmo basándose sobre todo en lo llamativo de sus interprétes, pero un producto sin pulir.

P: 3