sábado, 23 de mayo de 2026

TURNO DE GUARDIA (2025), DE PETRA BIONDINA VOLPE.

Desde hace mucho tiempo la Sanidad pública es un mundo de profesionales saturados y sobrepasados. Es algo que sucede actualmente en muchos ámbitos de la economía, pero que es especialmente sangrante en los hospitales y centros de salud. Turno de guardia (titulada originariamente y con mucho más acierto Heroína) sigue los pasos de una enfermera en su asfixiante turno de trabajo. Floria es una gran profesional con años de experiencia, una persona que sabe cómo tratar a los pacientes, pero que se enfrenta a un hospital saturado en el que la mayor parte del tiempo debe actuar sola ante unos enfermos que exigen atención constante. La película consigue que el espectador se implique y sienta las tensiones y frustraciones de una protagonista a la que le exige que esté en varios lugares al mismo tiempo para ser eficaz en su trabajo. A pesar de no serlo en absoluto (la culpa es del sistema y de sus recortes) Floria se siente responsable de sus lógicos errores en una labor en la que es responsable del bienestar e incluso de la vida de los pacientes que tiene a su cargo, siempre demasiados para una sola persona. Turno de guardia retrata con gran minuciosidad uno de esos días infernales que pueden darse en cualquier puesto de trabajo, pero que son especialmente problemáticos en un ámbito tan sensible como el sanitario y de los que son víctimas igualmente profesionales y pacientes. Hay que decir también que el alma de la película es la gran actuación de Leonie Benesch.

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LA VENUS RUBIA (1932), DE JOSEF VON STERNBERG.

Resulta muy curioso el comienzo de esta película, pues ofrece imágenes de un grupo de jóvenes bañándose desnudas en un lago en Alemania. No son imágenes muy explícitas, más bien eróticas y sugerentes, pero sirven para que reflexionemos acerca de cómo habría sido la historia del cine de no haberse impuesto poco después el tristemente famoso Código Hays. Pero el resto de la cinta no tiene intención de ser tan pícaro, a excepción de algunos números musicales protagonizados por Dietrich, que en el fondo tienen intención de reforzar el conflicto dramático de fondo. Aquí la alemana interpreta a una mujer con pasado que se redime con su matrimonio con un joven norteamericano, con el que tiene un hijo. Con él comienza una existencia humilde pero honrada que se pone en peligro ante una enfermedad del marido, que necesita una gran cantidad de dinero para curarse. La única solución es que ella vuelva temporalmente a su antigua vida como estrella en espectáculos de dudosa moral que pueden derivar en desviaciones aún más graves. Aquí vemos que el personaje de Helen tiene dos almas: la de madre de familia entregada al bienestar de su marido y su hijo y el alma de artista seductora capaz de revolucionar a una ciudad entera en su papel de Venus rubia. Una vida a la que el ambiguo personaje de Cary Grant, un hombre elegante y muy adinerado, ofrece una salida diferente. Aunque su final sea poco creíble, La Venus rubia es un ejemplo de cine que todavía en esa época era capaz de tocar los temas más sórdidos (con clara influencia del expresionismo en algunos tramos) sin miedo a los reproches morales.

P: 8

domingo, 17 de mayo de 2026

LA VIDA ES SUEÑO (1635), DE PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA. LA ENSOÑACIÓN DE LA REALIDAD.

La vida es sueño está dominada por la situación en la que encontramos a su protagonista. Se trata de Segismundo, un príncipe que ha sido encerrado por su padre en una oscura prisión, ya que ha sido advertido por una profecía que su hijo (que ha matado a su madre en su terrible nacimiento) va a ser un rey déspota y cruel. Esto remite directamente al mito de Zeus y Cronos. A Segismundo lo encontramos pronunciando su famoso soliloquio, una de las piezas clave del teatro mundial. En él el protagonista se lamenta y se pregunta acerca del sentido de su castigo, pues no conoce nada sobre sus orígenes, así que atribuye su desgracia simplemente al hecho de haber nacido. Pero pronto se le va a dar una oportunidad de probar su valía siendo libre, aunque fallará estrepitosamente, probando ser, tal y como dice la profecía, un dirigente cruel al matar sin razón alguna a un criado, comportándose como un auténtico animal. Entonces le devuelven a la celda haciéndole creer que todo ha sido un sueño.

Precisamente la confusión entre sueño y realidad (¿no podría nuestra vida un mero sueño del que podemos despertar en cualquier momento?) es uno de los grandes temas de la obra. Es un dilema que ya trataron los filósofos más antiguos y que sigue presente en nuestros días a través de la popularización de películas como Matrix, pero no por eso deja de ser un dilema apasionante. También puede ser un argumento religioso, muy propio de la época, puesto que el mundo que habitamos no sería más que una prueba para alcanzar la verdadera realidad de la vida eterna. Además, La vida es sueño es una reflexión acerca del libre albedrío. Seguismundo puede elegir su comportamiento cuando es liberado y, de hecho, cuando tiene una segunda oportunidad empieza a gobernarse como un rey justo.

El personaje de Segismundo y la historia que protagoniza es tan poderosa, que prácticamente eclipsa al resto de personajes de la obra, cuyas tramas son apenas recordadas. Aquí lo que queda al lector-espectador son esas reflexiones tan profundas que bien podrían haber sido firmadas por Shakespeare, esa dualidad entre verdad y ficción que tan bien casa con nuestras propias experiencias vitales y con nuestro sentido de la libertad. Porque, lo queramos o no, igual que la Segismundo, nuestras vidas están repletas de incertidumbres y de decisiones arriesgadas que la circunstancias van poniendo en nuestro camino.

sábado, 16 de mayo de 2026

NOUVELLE VAGUE (2025), DE RICHARD LINKLATER.

Después de haber visto de nuevo recientemente la emblemática película de Godard, me acerco con mucho interés a este homenaje a uno de los cineastas más prolíficos de la nueva ola, ese movimiento rupturista con las reglas clásicas establecidas por las producciones de Hollywood. En Nouvelle Vague Godard se ve a sí mismo como el genio capaz de cambiar la historia del cine con una sola película. Una película que va a filmar con grandes dosis de improvisación, lo que provoca una indudable tensión con todo su equipo, sobre todo con una Jean Seberg acostumbrada a estar a las órdenes de todo tipo de profesionales. Belmondo se toma todo esto con mucha más filosofía y consigue finalmente una química con la actriz que se va a ver reflejada en el resultado final en pantalla. Linklater rueda todo esto con un gran amor al cine, pero también en un tono casi documental que no hace mucho bien a la cinta, sobre todo por la apabullante presentación de los famosos cineastas y críticos que rodean al protagonista (no paran de salir nombres en todo momento), lo que da idea del clima creativo de la época en la capital francesa. Aunque en algunos aspectos resulta una película demasiado fría, Nouvelle Vague remite a un tiempo en el que los cineastas gozaban del don de la creatividad pura y podían experimentar nuevas formas narrativas en un clima de apoyo mutuo, frente al encorsetamiento creativo actual.

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FIN DE SEMANA AL DESNUDO (1974), DE MARIANO OZORES.

Una de las comedias más populares del cine español, que se estrena en un momento muy concreto, cuando todavía no ha muerto Franco, pero empieza a tolerarse el destape, pero sin llegar al desnudo que promete el título de la película. La trama se desarrolla en forma de un vodevil enloquecido en el que brillan Alfredo Landa y Lina Morgan haciendo lo que mejor sabían hacer en aquella época. Landa interpreta un hombre de negocios muy rico (con una peculiar forma de vestir) que consigue llevarse a su secretaria unos días de vacaciones a un lugar muy discreto de la Costa del Sol. Pero el sitio elegido resultará también el de unos ladrones que quieren hacerse con las joyas de una viuda, a la que uno de ellos ha seducido. Aquí encontramos todos los tópicos de la comedia española de los setenta: el macho ibérico (Landa) que ve frustrados todos sus intentos de consumar sexualmente su conquista y la chica decente pero enloquecida (Morgan) que aspira a un matrimonio como Dios manda. Hay que decir que Fin de semana al desnudo se beneficia de un ritmo enloquecido que consigue que el espectador apenas reflexione acerca de lo tontos que son todos los personajes. Aquí lo que importa es la risa fácil y el chiste de trazo grueso (aunque nada que ver con los niveles de chabacanería a la que se llegaría una década más tarde), aunque para ello se tenga que recurrir incluso a escenas rodadas a cámara rápida que han envejecido muy mal. Así pues Fin de semana al desnudo es una comedia que se ve con agrado como testimonio de la España de la época.

P: 5

domingo, 10 de mayo de 2026

TESIS (1996), DE ALEJANDRO AMENÁBAR.

Todavía recuerdo el impacto que produjo el estreno de esta película hace ahora treinta años. En primer lugar porque la dirigía un tipo desconocido y jovencísimo, pero sobre todo porque suponía una auténtica revolución en el estilo imperante en el cine español hasta la fecha. Tesis ofrecía una trama inquietante y morbosa que hubiera hecho las delicias de Alfred Hitchcock, teniendo como argumento una leyenda urbana que no lo era tanto: la presunta existencia de un mercado negro de películas snuff, es decir de la grabación de aberrantes crímenes reales. Amenábar se acerca al ambiente que conoce, al de la Facultad de Periodismo de Madrid para recrear un escenario opresivo que perturba al espectador desde el primer momento. También juega Amenábar con nuestro deseo de mirar, de contemplar lo prohibido a la vez que queremos reivindicarnos como seres civilizados. Más que hacernos pasar miedo, el director juega con nosotros a través de un concepto malsano de curiosidad, una curiosidad que puede perder a su protagonista, una joven estudiante que poco a poco se va metiendo en la boca del lobo. Tesis contiene todo el atrevimiento y osadía de la juventud y también es sorprendentemente madura en cuanto al uso de la cámara, cuando se decide lo que se muestra, cómo se muestra y cuando, componiendo un ritmo narrativo muy elaborado, pues el espectador no obtiene respiro durante todo su metraje y todo el tiempo quiere saber más. Aunque existen algunos lógicos errores propios del principiante, la película tiene una resolución impecable y consagró a su director como una de las más precoces estrellas del cine español.

P: 8

sábado, 9 de mayo de 2026

CRONOFOBIA (2025), DE SERGIO C. FANJUL. EL MIEDO AL PASO DEL TIEMPO, LA ACELERACIÓN, LA NOSTALGIA, LA EDAD O LA MUERTE.

Conforme uno va cumpliendo años, la percepción del paso del tiempo se va a acelerando de una manera cada vez más vertiginosa. Puede uno recordar las tardes interminables de la infancia, los periodos de vacaciones infinitos y siente nostalgia y a la vez envidia de esa sensación que ya nunca va a volver. Ahora todo pasa demasiado rápido, incluso las jornadas laborales y a esto contribuyen decisivamente las nuevas tecnologías de la comunicación que te hacen estar conectados en todo momento y exigen atención constante. No recuerdo cuando fue la última vez que me aburrí, aunque en mi caso, el acceso que proporcionan estas tecnologías a miles y miles de libros ayuda mucho. Estas sensaciones las describe perfectamente Sergio C. Fanjul en Cronofobia, un ensayo que tiene mucho de autobiográfico, puesto que el escritor se pone a sí mismo de ejemplo de cómo afecta esa materia tan misteriosa que es el tiempo a nuestras propias biografías.

Pero Fanjul no hace esto desde una posición cualquiera. Desde el principio habla de sus estudios de Ciencias Físicas, una vocación que surgió en parte por su obsesión por el paso del tiempo. Pensar en el futuro quiere decir asomarse al abismo de la incertidumbre. La cronofobia produce ansiedad, puesto que implica cálculos continuos: cuánto nos queda de vacaciones, cuanto falta para que llegue el temido momento de una operación, cuánto puede faltar para nuestra muerte... Es la angustia vital que atenaza a todo el mundo, pero acrecentada, porque quien padece esta fobia tiene dificultades para vivir en el presente, porque lo siente como algo se le escapa continuamente de las manos. Además, vivimos en un momento histórico que no hace sino fomentar esta neurosis, unos años llenos de sobresaltos que incluso hacen pensar en el fin del mundo, un tema al que al autor dedica un magnífico capítulo en el libro.

No importa cuántas definiciones científicas o filosóficas podamos hacer del concepto de tiempo. Sigue siendo un fenómeno que nos gobierna y que nos mantiene en el presente con un paso cada vez más acelerado en el futuro. ¿Sería posible entonces, domesticarlo alguna vez? Muchos escritores han fantaseado con historias de viajes en el tiempo o con personajes inmortales. Casi nunca acaban bien, como si el mismo Cronos castigara a quienes osan rebelarse contra su destino. Y este destino final, sí, es la muerte, la madre de todas las angustias, ese viaje sin retorno que tantas incertidumbres produce a seres programados por la evolución a aferrarse a la vida. La única certeza es algo que ya sabían los antiguos: tempus fugit. Aceptar esta realidad y gestionarla lo mejor posible, por muy complicado que parezca, es la piedra de toque de nuestra felicidad, ya que estamos hechos de materia, pero también de tiempo y ambos materiales tienen fecha de caducidad, aunque desconozcamos con exactitud (y esto es una suerte) cuál es.