sábado, 1 de agosto de 2026

SIN RELATO (2024), DE LOLA PÉREZ MONDÉJAR. ATROFIA DE LA CAPACIDAD NARRATIVA Y CRISIS DE LA SUBJETIVIDAD.

El concepto de atrofia de la capacidad narrativa es uno de los que más aparece en este estimulante ensayo, que analiza de manera certera uno de los grandes males de nuestro tiempo: la incapacidad, sobre todo en las nuevas generaciones, de contar relatos autobiográficos que tengan algún sentido más allá de lo anecdótico. Cuenta Pérez Mondéjar que advirtió este fenómeno cuando empezó a recibir en su consulta a jóvenes que eran incapaces de establecer un relato coherente que enlazara sus síntomas con su propia biografía. Es como si las redes sociales hubieran atrofiado una parte muy importante de lo que nos hace humanos (la capacidad narrativa) y la hubiera sustituido por una especie de presente eterno que es estimulado por la atención fragmentada que es característica de las redes sociales. Los jóvenes - y a veces no tan jóvenes - se encuentran sometidos diariamente a miles de estímulos a los que deben reaccionar para no quedarse atrás, pero se trata de estímulos que serán borrados por el siguiente contenido al que tienen acceso. Así, sus recuerdos adquieren más bien forma de meme antes que el de un relato coherente que dé sentido a sus existencias:

"Si ha disminuido nuestra capacidad de conversar, a pesar de la hiperproducción de textos que pueblan nuestro entorno, es también porque tenemos dificultad para pensar, y esta dificultad para pensar la vinculamos a un vaciamiento de nuestro mundo interno, a una incapacidad creciente para transformar lo que nos acontece en una experiencia subjetiva, propia, comunicable."

El gran culpable de este alarmante fenómeno es el nuevo capitalismo de vigilancia, basado en la producción de un tipo de individualidad en el que la propia experiencia no existe si no es mostrada a los demás como algo tan estimulante como efímero. La vida privada se convierte en una continua representación que debe ser aprobada por los demás. La experiencia ya no es simplemente un instante más o menos placentero que pasa a ser parte de la biografía de cada cual, sino que se convierte en una representación, algo que deriva en conceptos tan actuales como el cultivo de una marca personal, que al final deriva en venderse a uno mismo como un producto más. Es cierto que en la vida cotidiana todos siempre hemos actuado como si estuvieramos en un escenario, que cambia según el contexto. No es similar nuestra actuación en el ámbito laboral que en el familiar o ante las amistades, en cada uno de ellos representamos un papel diferente. Pero esto se ha traducido hoy día en una especie de presión constante por exponer todas estas experiencias en las redes sociales. Aquí el peligro evidente es que el yo vivido quede subordinado al yo mostrado.

¿Se está creando entonces un hombre nuevo, moldeado por los requerimientos del sistema? La autora enlaza todo esto con el nazismo, pues quizá se esté estimulando un pensamiento muy simple por parte de individuos muy manipulables emocionalmente. Esto entronca con Arendt y sus conclusiones acerca de gente normal y corriente que acepta relatos prefabricados, sin cuestionarse la moralidad de los mismos, y sigue su vida adaptándose a lo que se requiera de él. La pérdida de nuestra capacidad de relatar es también pérdida de nuestra capacidad de juicio, ya que estamos creando individuos incapaces de retener la atención sobre un discurso o una lectura más allá de unos minutos. El gran vencedor, por el momento, es el capitalismo, que convierte todos estos estímulos en ideales de consumo, un consumo vacío que pronto produce ansiedad que debe ser calmada con nuevos productos. Es como si una gran distopía estuviera logrando sus objetivos de manera silenciosa pero muy efectiva. Internet y las redes sociales, unos instrumentos que nacieron como apoyo al conocimiento, son los grandes instrumentos de esta revolución soterrada que está impulsando un cambio social sin precedentes.

sábado, 25 de julio de 2026

EL CASO DE LAURA STERN (2026), DE AKIM ISKER

Laura Stern es una farmaceútica que lidera una asociación de mujeres maltratadas. Cuando presencia el asesinato de una de sus compañeras decide que el Estado no está haciendo lo suficiente para proteger a las víctimas, por lo que decide tomarse la justicia por su mano. El caso de Laura Stern es una de esas series que pueden dar lugar a larguísimos debates, puesto que plantea un problema moral de primer orden: ¿puede una persona saltarse las garantías del Estado de derecho y la presunción de inocencia y erigirse como jurado, juez y verdugo? Lo cierto es que la protagonista sufre una crisis de conciencia y acude a la policía a confesar sus crímenes. Su juicio se convierte en un gran espectáculo a nivel nacional, puesto que hay interés por parte de algunos sectores de presentar a Laura Stern como una heroína que ha salvado la vida de dos mujeres. Sucede que el personaje es un poco ambiguo, se trata de alguien que pasa sus horas libres ocupándose de su asociación, dando en muchas ocasiones la espalda a su propia familia. Su marido es un ejemplo de hombre deconstruido, se ocupa del hogar, es comprensivo con su esposa y jamás dice una palabra más alta que otra. La recompensa que ofrece Laura a tanta devoción marital es buscarse un amante. En este sentido la serie toca, sin profundizar lo más mínimo en ello, el tema de la atracción que ejercen en muchas mujeres los hombres de comportamiento más deplorable frente a los que ejercen una conducta igualitaria y respetuosa en el día a día. La protagonista acaba arruinando su vida familiar en pos de un ideal que su abogada intenta politizar, entre otras cosas porque su misión es sensibilizar al jurado y, de paso, al resto de la sociedad. Pero todos estos asuntos son retratados con trazo grueso, existiendo un discurso de fondo que dice que el asesinato preventivo no es algo tan malo, que la protagonista es simplemente una mujer idealista a la que se la ha ido un poco la mano en un mundo en el que gran parte de los hombres someten a un maltrato insoportable a sus parejas.

P: 4

domingo, 19 de julio de 2026

EL EXTRANJERO (2025), DE FRANÇOIS OZON.

Lo primero que hay que decir de esta película de François Ozon es que se trata de un trabajo muy valiente. Adaptar en estos tiempos a la pantalla grande un texto como el de Albert Camus, una historia en la que prima mucho más la psicología que la acción, es una hazaña en estos tiempos, sobre todo si se quiere que el resultado sea rentable en taquilla. Porque El extranjero es ante todo la historia de un hombre aparentemente integrado en la sociedad, pero que vive íntimamente al margen de ella, por lo que no le da demasiada importancia al hecho de haber cometido un crimen. Meursault es un trabajador eficiente, pero sin ambiciones, un buen amante pero sin cariño y además un hijo que no siente emoción alguna ante la muerte de su madre. Filmar todo esto en un exquisito blanco y negro que capta estupendamente la esencia del Argel colonial es toda una hazaña, ya que el espíritu de Camus se encuentra presente en la película. Benjamin Voisin compone a un perfecto Meursault, un hombre atractivo por dentro, pero vacío por fuera, un tipo que vive en una rutina sin más ambición que llegar al día siguiente. Si bien es difícil conectar como espectador con el protagonista, eso mismo es lo que se proponen libro y película: Meursault pertenece al género humano, se integra en la sociedad, pero no es sociable. No le interesan los demás si no es cómo vehículo para proseguir su existencia anodina con el único objetivo de calmar las necesidades básicas para la supervivencia. Por eso su relación fría con Marie no es una pose, sino su ausencia de personalidad como elemento seductor ante su amante. Quizá al personaje solo se le despierten sus anhelos vitales cuando está encerrado en una celda esperando que se ejecute su sentencia en la guillotina, después de no haberse esforzado los más mínimo para defenderse en el juicio. Pero no anhelará vivir para reencontrarse con sus seres queridos y ser mejor persona, sino volver a su rutina y seguir con su supervivencia básica. Todo esto está reflejado de forma muy inteligente por un Ozon que ha filmado una película que no es para todos los públicos.

P: 8

CALMA TOTAL (1989), DE PHILLIP NOYCE.

Los ingredientes de esta película resultan perfectos para la historia que se quiere contar. Se trata de una pareja que acaba de perder a su hijo en un trágico accidente y se embarcan en su velero para una travesía solitaria que consiga interiorizar el duelo. En un determinado momento encuentran a otro barco a la deriva que se está hundiendo y acogen al único superviviente. A partir de aquí, teniendo en cuenta que al marido se le ocurre explorar el barco siniestrado mientras el naúfrago duerme, empieza un verdadero thriller cuando el tipo despierte y se dé cuenta de que se ha quedado solo con ella. Mientras tanto, en montaje paralelo, asistimos a la odisea de John mientras intenta revivir el barco moribundo. Calma total es una película que no ofrece respiro al espectador. Billy Zane ofrece un buen papel como villano psicópata, aunque al final resulta un poco cargante, ya que el actor aquí solo parece contar con un registro. Más interesante resulta contemplar a Nicole Kidman y al recientemente fallecido Sam Neill antes de convertirse en estrellas absolutas de Hollywood. Si hay algo que termina desvirtuando bastante a esta película es el final, tan tópico como difícilmente creíble, solo destinado a sorprender al espectador en el peor sentido del término. A destacar la formidable fotografía que imprme Noyce a sus imágenes, haciendo presente en todo momento el ambiente solitario de alta mar.

P: 6

sábado, 18 de julio de 2026

MITOLOGÍA CLÁSICA (2015), DE DAVID HERNÁNDEZ DE LA FUENTE. DIOSES Y MONSTRUOS.

Solo hay que darse una vuelta por alguno de nuestros museos para comprobar el impacto que las historias de mitología grecoromana ha ejercido en el mundo occidental. La mitología es religión, es un intento de explicar el mundo y los fenómenos naturales a través de historias que apelan a lo sobrenatural y que son un precedente de lo que llamamos literatura. Uno lee estas historias y reconoce un legado cultural inmenso que a nosotros nos ha llegado en forma escrita, pero que originariamente se transmitía de generación en generación. Después de todo, eran narraciones que ordenaban un mundo que primigeniamente había sido un caos. Los dioses eran los garantes del orden, pero también figuras de una moralidad dudosa a los que había que honrar y temer. La actuación de los héroes, que se asemejaban ya a los humanos, eran ejemplos de cómo había que transitar por el mundo, pero sus historias solían tener un final trágico, ya que el sino de los dioses era comúnmente caprichoso. En realidad todo esto daba lugar a una religión muy compleja, que exigía el cumplimento de determinados ritos para mantener la fortaleza del Estado. Convenía no enfadar a los volubles dioses.

Lo mejor de estas historias es que no son dogmáticas, sino flexibles, por lo que los mitos admiten variantes. Se trata de unas creencias religiosas muy imaginativas a las que se les pueden ir añadiendo nuevos personajes y que pueden ser adoptadas por otros pueblos. Esto sucedió con los romanos que, fascinados por la fuerza de la mitología griega, adoptaron a sus dioses como propios, añadiendo ligeras variantes. Luego recogieron la historia de Troya y se proclamaron los sucesores de la heroica ciudad a través del personaje de Eneas. Roma iba a ser la destinataria de un legado milenario, por lo que su destino era conquistar el mundo conocido. En este sentido, el mito da prestigio a los pueblos que lo adoptan, puesto que los dioses que forman parte del mismo lo favorecen, los héroes son un ejemplo para los ciudadanos y los monstruos a los que se enfrentan representan los retos que hay que superar en pos de la grandeza. 

Después de establecer en el primer capítulo una definición de mito, David Hernández ofrece en este libro una estupenda recopilación de los mismos, mitos ya conocidos, universalmente nombrados, pero que conviene recordar en toda su complejidad y simbolismo, ya que se trata de narraciones tan especiales que son capaces de moverse entre la fábula y el intento de explicación de la configuración del mundo. Es sorprendente que en algunas cosas, la intuición del hombre antiguo acierte, como en el caos primigenio que precedió al orden natural de las cosas que hace posible que exista la vida. Pero sobre todo es bueno volver a acercarse a estas historias porque representan las raíces vivas de nuestra cultura, creencias que se mantuvieron vivas durantes siglos que llegan a nosotros con una actualidad realmente sorprendente, pues siempre podemos seguir aprendiendo de las mismas.

domingo, 12 de julio de 2026

CIUDAD ABIERTA (2011), DE TEJU COLE. LAS ENSOÑACIONES DEL PASEANTE SOLITARIO.

El narrador de este libro es un inmigrante procedente de Nigeria. Se encuentra realizando el último año de prácticas psiquiatría en un hospital de Harlem y es muy aficionado a emprender largas caminatas solitarias por la ciudad de New York. Estos paseos le ayudan a desconectar con la dureza de su labor cotidiana y a volver a encontrarse consigo mismo. Cole no describe los espectaculares edificios que encuentra en su camino, sino que se detiene en detalles mucho más nimios, aquellos que pasan desapercibidos para la mayoría de gente apresurada que transita las calles de la ciudad. Es como si la realidad fuera un objeto extraño que el paseante se encarga de traducir a través de sus pensamientos. El lector percibe una urbe desangelada, pues la mayoría de sus ciudadanos todavía no ha superado el trauma del 11 de septiembre, simbolizado en esa inmensa brecha al que escritor también hace referencia en un determinado momento.

Julius, que así se llama el protagonista, también tiene encuentros con amigos y conocidos e incluso es víctima de un atraco en una escena descrita magistralmente por su autor, pues describe perfectamente la sensación de irrealidad que embarga a quien le sucede una circunstancia tan inesperada que, en su caso, también contiene dosis de violencia gratuita. Pero se puede decir que la auténtica protagonista de Ciudad abierta es Nueva York, que aparece como una urbe un tanto siniestra, pero también acogedora al fin y al cabo, un lugar enorme donde tiene lugar lo mejor y lo peor del ser humano. También hay espacio para traumáticos recuerdos del pasado nigeriano de Julius, recuerdos realistas que reconstruyen un pasado fragmentado:

"Experimentamos la vida como un continuo y sólo una vez que declina, una vez que se vuelve pasado, vemos las discontinuidades. El pasado, si existe, es sobre todo espacio vacío, grandes extensiones de nada en las cuales flotan personas y acontecimientos significativos."

Pero en Ciudad abierta cabe mucho más, pues hay una serie de capítulos en los que el protagonista viaja a Bruselas y puede reflexionar acerca de la vida europea en contraste con la estadounidense y además se asoma al siniestro capítulo del Holocausto cuando conoce a la doctora Maillote, que huyó en su momento a Estados Unidos huyendo de la persecución a los judíos. Casi todos los personajes de esta novela son gente que ha debido abandonar sus raíces en pos de una vida mejor, víctimas de las circunstancias de la historia y beneficiarios de una capacidad de acogida que actualmente se está poniendo en cuestión en muchas naciones. Así pues, Ciudad abierta nos habla también de identidades heridas y fragmentadas, que buscan recomponerse en escenarios hospitalarios que en cualquier momento pueden volverse hostiles. La escritura armoniosa de Teju Cole ayuda que todas éstas y muchas más reflexiones se aposenten plenamente en el lector.

sábado, 11 de julio de 2026

THE BOYS (2019-2026), DE EVAN GOLDBERG, SETH ROGEN Y ERIC KRIPKE.

Basada en los cómics de Garth Ennis, The Boys da una nueva vuelta de tuerca a las historias de superhéroes e intenta explorar, de una manera más o menos realista, pero también bastante bestia, cómo sería una sociedad en la que existieran estos seres casi divinos. Aquí los superhéroes pertenecen a una Corporación, que es la responsable de la creación de los mismos. No se trata de héroes en el sentido tradicional del término, sino de seres que son explotados comercialmente para vender todo tipo de productos a unos consumidores manipulados a los que se hace creer que estos tipos realizan todo tipo de hazañas para salvar a gente. Si hay algo que domina toda la serie es el cinismo: los superhéroes son seres amorales que atesoran un gran poder y vicios inconfesables, sobre todo el Patriota, un trasunto de Supermán que poco a poco va haciéndose dueño de la Corporación y termina exigiendo ser tratado como un dios. Al otro lado de la trinchera se encuentra el grupo clandestino que da título a la serie, cuya principal misión es desenmascarar toda esta hipocresía superheroíca y al que se irán uniendo algunos superhéroes disidentes. Lo peor de The Boys es que es una serie que va de más a menos. Empieza siendo algo muy original y repleto de escenas que en otros ámbitos serían censuradas, pero la trama acaba alargándose demasiado y se vuelve algo repetitiva. En cualquier caso, las distintas temporadas ofrecen un espectáculo muy entretetenido y estimulante que en el fondo nos está hablando de nuestra época, un tiempo de idiotización general en el que las masas, por mucho que tengan acceso a información casi infinita, pueden ser manipuladas por los que están arriba con una facilidad pasmosa.

P: 8