domingo, 17 de mayo de 2026

LA VIDA ES SUEÑO (1635), DE PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA. LA ENSOÑACIÓN DE LA REALIDAD.

La vida es sueño está dominada por la situación en la que encontramos a su protagonista. Se trata de Segismundo, un príncipe que ha sido encerrado por su padre en una oscura prisión, ya que ha sido advertido por una profecía que su hijo (que ha matado a su madre en su terrible nacimiento) va a ser un rey déspota y cruel. Esto remite directamente al mito de Zeus y Cronos. A Segismundo lo encontramos pronunciando su famoso soliloquio, una de las piezas clave del teatro mundial. En él el protagonista se lamenta y se pregunta acerca del sentido de su castigo, pues no conoce nada sobre sus orígenes, así que atribuye su desgracia simplemente al hecho de haber nacido. Pero pronto se le va a dar una oportunidad de probar su valía siendo libre, aunque fallará estrepitosamente, probando ser, tal y como dice la profecía, un dirigente cruel al matar sin razón alguna a un criado, comportándose como un auténtico animal. Entonces le devuelven a la celda haciéndole creer que todo ha sido un sueño.

Precisamente la confusión entre sueño y realidad (¿no podría nuestra vida un mero sueño del que podemos despertar en cualquier momento?) es uno de los grandes temas de la obra. Es un dilema que ya trataron los filósofos más antiguos y que sigue presente en nuestros días a través de la popularización de películas como Matrix, pero no por eso deja de ser un dilema apasionante. También puede ser un argumento religioso, muy propio de la época, puesto que el mundo que habitamos no sería más que una prueba para alcanzar la verdadera realidad de la vida eterna. Además, La vida es sueño es una reflexión acerca del libre albedrío. Seguismundo puede elegir su comportamiento cuando es liberado y, de hecho, cuando tiene una segunda oportunidad empieza a gobernarse como un rey justo.

El personaje de Segismundo y la historia que protagoniza es tan poderosa, que prácticamente eclipsa al resto de personajes de la obra, cuyas tramas son apenas recordadas. Aquí lo que queda al lector-espectador son esas reflexiones tan profundas que bien podrían haber sido firmadas por Shakespeare, esa dualidad entre verdad y ficción que tan bien casa con nuestras propias experiencias vitales y con nuestro sentido de la libertad. Porque, lo queramos o no, igual que la Segismundo, nuestras vidas están repletas de incertidumbres y de decisiones arriesgadas que la circunstancias van poniendo en nuestro camino.

sábado, 16 de mayo de 2026

NOUVELLE VAGUE (2025), DE RICHARD LINKLATER.

Después de haber visto de nuevo recientemente la emblemática película de Godard, me acerco con mucho interés a este homenaje a uno de los cineastas más prolíficos de la nueva ola, ese movimiento rupturista con las reglas clásicas establecidas por las producciones de Hollywood. En Nouvelle Vague Godard se ve a sí mismo como el genio capaz de cambiar la historia del cine con una sola película. Una película que va a filmar con grandes dosis de improvisación, lo que provoca una indudable tensión con todo su equipo, sobre todo con una Jean Seberg acostumbrada a estar a las órdenes de todo tipo de profesionales. Belmondo se toma todo esto con mucha más filosofía y consigue finalmente una química con la actriz que se va a ver reflejada en el resultado final en pantalla. Linklater rueda todo esto con un gran amor al cine, pero también en un tono casi documental que no hace mucho bien a la cinta, sobre todo por la apabullante presentación de los famosos cineastas y críticos que rodean al protagonista (no paran de salir nombres en todo momento), lo que da idea del clima creativo de la época en la capital francesa. Aunque en algunos aspectos resulta una película demasiado fría, Nouvelle Vague remite a un tiempo en el que los cineastas gozaban del don de la creatividad pura y podían experimentar nuevas formas narrativas en un clima de apoyo mutuo, frente al encorsetamiento creativo actual.

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FIN DE SEMANA AL DESNUDO (1974), DE MARIANO OZORES.

Una de las comedias más populares del cine español, que se estrena en un momento muy concreto, cuando todavía no ha muerto Franco, pero empieza a tolerarse el destape, pero sin llegar al desnudo que promete el título de la película. La trama se desarrolla en forma de un vodevil enloquecido en el que brillan Alfredo Landa y Lina Morgan haciendo lo que mejor sabían hacer en aquella época. Landa interpreta un hombre de negocios muy rico (con una peculiar forma de vestir) que consigue llevarse a su secretaria unos días de vacaciones a un lugar muy discreto de la Costa del Sol. Pero el sitio elegido resultará también el de unos ladrones que quieren hacerse con las joyas de una viuda, a la que uno de ellos ha seducido. Aquí encontramos todos los tópicos de la comedia española de los setenta: el macho ibérico (Landa) que ve frustrados todos sus intentos de consumar sexualmente su conquista y la chica decente pero enloquecida (Morgan) que aspira a un matrimonio como Dios manda. Hay que decir que Fin de semana al desnudo se beneficia de un ritmo enloquecido que consigue que el espectador apenas reflexione acerca de lo tontos que son todos los personajes. Aquí lo que importa es la risa fácil y el chiste de trazo grueso (aunque nada que ver con los niveles de chabacanería a la que se llegaría una década más tarde), aunque para ello se tenga que recurrir incluso a escenas rodadas a cámara rápida que han envejecido muy mal. Así pues Fin de semana al desnudo es una comedia que se ve con agrado como testimonio de la España de la época.

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domingo, 10 de mayo de 2026

TESIS (1996), DE ALEJANDRO AMENÁBAR.

Todavía recuerdo el impacto que produjo el estreno de esta película hace ahora treinta años. En primer lugar porque la dirigía un tipo desconocido y jovencísimo, pero sobre todo porque suponía una auténtica revolución en el estilo imperante en el cine español hasta la fecha. Tesis ofrecía una trama inquietante y morbosa que hubiera hecho las delicias de Alfred Hitchcock, teniendo como argumento una leyenda urbana que no lo era tanto: la presunta existencia de un mercado negro de películas snuff, es decir de la grabación de aberrantes crímenes reales. Amenábar se acerca al ambiente que conoce, al de la Facultad de Periodismo de Madrid para recrear un escenario opresivo que perturba al espectador desde el primer momento. También juega Amenábar con nuestro deseo de mirar, de contemplar lo prohibido a la vez que queremos reivindicarnos como seres civilizados. Más que hacernos pasar miedo, el director juega con nosotros a través de un concepto malsano de curiosidad, una curiosidad que puede perder a su protagonista, una joven estudiante que poco a poco se va metiendo en la boca del lobo. Tesis contiene todo el atrevimiento y osadía de la juventud y también es sorprendentemente madura en cuanto al uso de la cámara, cuando se decide lo que se muestra, cómo se muestra y cuando, componiendo un ritmo narrativo muy elaborado, pues el espectador no obtiene respiro durante todo su metraje y todo el tiempo quiere saber más. Aunque existen algunos lógicos errores propios del principiante, la película tiene una resolución impecable y consagró a su director como una de las más precoces estrellas del cine español.

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sábado, 9 de mayo de 2026

CRONOFOBIA (2025), DE SERGIO C. FANJUL. EL MIEDO AL PASO DEL TIEMPO, LA ACELERACIÓN, LA NOSTALGIA, LA EDAD O LA MUERTE.

Conforme uno va cumpliendo años, la percepción del paso del tiempo se va a acelerando de una manera cada vez más vertiginosa. Puede uno recordar las tardes interminables de la infancia, los periodos de vacaciones infinitos y siente nostalgia y a la vez envidia de esa sensación que ya nunca va a volver. Ahora todo pasa demasiado rápido, incluso las jornadas laborales y a esto contribuyen decisivamente las nuevas tecnologías de la comunicación que te hacen estar conectados en todo momento y exigen atención constante. No recuerdo cuando fue la última vez que me aburrí, aunque en mi caso, el acceso que proporcionan estas tecnologías a miles y miles de libros ayuda mucho. Estas sensaciones las describe perfectamente Sergio C. Fanjul en Cronofobia, un ensayo que tiene mucho de autobiográfico, puesto que el escritor se pone a sí mismo de ejemplo de cómo afecta esa materia tan misteriosa que es el tiempo a nuestras propias biografías.

Pero Fanjul no hace esto desde una posición cualquiera. Desde el principio habla de sus estudios de Ciencias Físicas, una vocación que surgió en parte por su obsesión por el paso del tiempo. Pensar en el futuro quiere decir asomarse al abismo de la incertidumbre. La cronofobia produce ansiedad, puesto que implica cálculos continuos: cuánto nos queda de vacaciones, cuanto falta para que llegue el temido momento de una operación, cuánto puede faltar para nuestra muerte... Es la angustia vital que atenaza a todo el mundo, pero acrecentada, porque quien padece esta fobia tiene dificultades para vivir en el presente, porque lo siente como algo se le escapa continuamente de las manos. Además, vivimos en un momento histórico que no hace sino fomentar esta neurosis, unos años llenos de sobresaltos que incluso hacen pensar en el fin del mundo, un tema al que al autor dedica un magnífico capítulo en el libro.

No importa cuántas definiciones científicas o filosóficas podamos hacer del concepto de tiempo. Sigue siendo un fenómeno que nos gobierna y que nos mantiene en el presente con un paso cada vez más acelerado en el futuro. ¿Sería posible entonces, domesticarlo alguna vez? Muchos escritores han fantaseado con historias de viajes en el tiempo o con personajes inmortales. Casi nunca acaban bien, como si el mismo Cronos castigara a quienes osan rebelarse contra su destino. Y este destino final, sí, es la muerte, la madre de todas las angustias, ese viaje sin retorno que tantas incertidumbres produce a seres programados por la evolución a aferrarse a la vida. La única certeza es algo que ya sabían los antiguos: tempus fugit. Aceptar esta realidad y gestionarla lo mejor posible, por muy complicado que parezca, es la piedra de toque de nuestra felicidad, ya que estamos hechos de materia, pero también de tiempo y ambos materiales tienen fecha de caducidad, aunque desconozcamos con exactitud (y esto es una suerte) cuál es.

domingo, 3 de mayo de 2026

STONER (1965), DE JOHN WILLIAMS. LITERATURA Y VIDA.

El protagonista de esta magnífica novela nace en un entorno muy duro. De padres campesinos, el joven William Stoner debe ayudar desde muy pequeño en las duras labores del campo. Pero un día surge la oportunidad: es enviado a la Universidad de Misuri a estudiar Agricultura, unos conocimientos que serán muy útiles cuando herede la humilde explotación familiar. Pero en una clase de literatura, que tiene que recibir como complemento obligatorio, Stoner tiene una revelación. Su profesor le pregunta acerca del sentido de un poema. Él no puede contestar, pero a la vez siente una especie de epifanía que lo vuelca por completo a los estudios literarios. Su vocación se materializa tan rápida y profundamente que decide lo impensable: traicionar el deseo de sus padres y matricularse en la especialidad de Humanidades. A partir de aquí su existencia se consagra al estudio de los clásicos y logra ser nombrado profesor de esa misma Universidad.

Para Stoner la literatura es una puerta insospechada a otros mundos, un escape a la triste realidad de trabajo duro que ha sido su existencia hasta el momento. Por eso se toma su trabajo tan sistemáticamente como el que hacía en la granja. Prepara sus clases a conciencia e intenta transmitir su modesto entusiasmo a sus estudiantes, aunque nunca logra ser un profesor demasiado popular. El problema de Stoner, algo que se repetirá durante toda su vida, es su humildad, tanto en el amor como en las intrigas universitarias en las que se verá envuelto. Se casa con la muchacha con la que se ha enamorado, pero pronto se da cuenta del error que ha cometido, puesto que su esposa es alguien incapaz de amar. Sus reacciones son siempre las de un estoico, las de alguien que se adapta a las situaciones más que intentar cambiarlas, aunque sea capaz de aprender profundamente de sus experiencias:

"En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra."

Stoner es un verdadero goce para el lector, porque no retrata a un héroe, sino a un tipo corriente que intenta gestionar una vida vocacional y tranquila. Aunque fracase en el intento, sentimos que el protagonista también ha sido alguien feliz, alguien que ha podido dedicarse con pasión a lo que le gusta (algo de lo que no mucha gente puede presumir) y que se ha acercado a la auténtica dicha en el breve periodo en el que una estudiante se convierte en su amante. Pero hasta en este episodio Stoner termina siendo un ser racional y renuncia a la felicidad en pos de la tranquilidad, aunque pague un alto precio por ello. Destaca ante todo en esta novela la capacidad de Jonh Williams para enseñarnos el alma de su personaje, un ser con unas debilidades muy humanas que son inevitablemente entendidas y compartidas por el lector.

sábado, 2 de mayo de 2026

FRANZ KAFKA (2025), DE AGNIESZKA HOLLAND.

Resulta muy difícil adaptar cinematográficamente la vida de Franz Kafka, ya que, en realidad, fue una existencia anodina (a pesar de sus numerosos amores) y el verdadero interés, lo que hacía de él una persona singunlar, se encontraba en su interior. Las opciones entonces son filmar una película tradicional y lineal en tono biográfico y realizar algo parecido a lo que ha rodado Holland: una especie de collage con distintos momentos de la vida de Kafka no necesariamente ordenados cronológicamente. Además, se añaden imagénes de la Praga actual en las que se muestra la repercusión que sigue teniendo el escritor en la actualidad, siendo su recuerdo uno de los grandes activos turísticos de la capital checa. Entonces tenemos a un Kafka con varias vertientes: la íntima, la literaria y la popular, la que lleva a miles de turistas a hacerse las mismas fotos en los mismos lugares, ya que el autor de La metamorfosis es un personaje famoso y reconocible. Lo mejor de la película es la interpretación de Idan Weiss, quien físicamente da perfectamente el papel y transmite la angustia vital que define al personaje. Pero, en cualquier caso, la película es un experimento que a veces se mueve hacia el documental y que no acaba de funcionar del todo. Hay que conocer un poco de la biografía de Kafka para darle sentido a muchos de sus momentos y eso resulta muy arriesgado cuando estamos hablando del medio cinematográfico.

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