lunes, 30 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD (2026), DE PEDRO ALMODÓVAR.

Pedro Almodóvar elige de nuevo a sus propias experiencias como material de su guión y entrega una historia repleta de personajes guapos y que gozan de una envidiable riqueza material, pero que están amargados por diversas causas. El principal problema de Amarga Navidad es que ni las actuaciones ni los diálogos de sus actores son en absoluto creíbles, ni en la ficción que está inventando el director protagonista para su próxima película ni en su propia realidad, de la que extrae su inspiración como si fuera un vampiro para la gente que lo rodea. Y este es precisamente el tema que quiere plantear Almodóvar, los difusos límites entre realidad y ficción y el derecho del creador para apropiarse de las historias que lo rodean, por muy privadas que sean éstas, para poder verterlas en su arte cinematográfico, como ya hicieron antes directores como Fellini. Aunque al principio se sigue la historia con interés, el espectador pronto empieza a aburrirse ante esa colección de dramas sin sustancia, muy impostados y tremendos. Bien es cierto que la estética de la película y su dirección son impecables, pero eso no basta para mantener el interés en una narración que se va diluyendo poco a poco hasta provocar el desinterés más absoluto. Una obra tremendamente fallida que no desmerece en absoluto el legado de este gran director.

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ÉRASE UNA VEZ EL OESTE (2025), DE PETER BERG.

La historia del origen de Estados Unidos está teñida de sangre. Durante décadas el cine del oeste idealizó este periodo como unos años injustos para los indígenos, pero épicos. Érase una vez el oeste quiere hacer un retrato diferente, más realista y mucho más violento y sórdido. Para ello se parte de un episodio especialmente desconcertante, el ataque encubierto de los mormones - que querían hacerse con el control de Utah a toda costa - a una caravana de pioneros, provocando una auténtica masacre. A partir de ahí se derivan varias historias, aunque la de las intrigas de los mormones (quizá la más interesante) se diluye para dar más importancia a la huida de una fugitiva de la justicia a la que ayuda Isaac, un tipo huraño y violento que tiene un pasado de relaciones con los indios. Peter Berg muestra imágenes de violencia descarnada cada vez que tiene ocasión, ayudándose de un ángulo de cámara muy bajo para este tipo de escenas. Aquí no se es condescendiente con ninguno de los bandos en conflicto: tanto el ejército mormón como el de Estados Unidos están conformados por gente deplorable que ha conocido una vida de violencia. Los indios son tratados con algo más de respeto, aunque también son gente capaz de asesinar a sus cautivas a sangre fría, aunque a la que dejan sobrevivir tratan de integrarla en su tribu. En resumen, Érase una vez el oeste ofrece un retrato muy interesante, aunque algo lastrado en sus episodios finales, de cómo se conformó América realmente. Y esta realidad no es nada bonita.

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domingo, 29 de marzo de 2026

COMERÁS FLORES (2025), DE LUCÍA SOBRAL. LOS DÍAS IMPERFECTOS.

Además de ser una primera novela muy bien escrita, Lucía Sobral ha convencido a millares de lectores gracias a la temática que aborda: el maltrato psicológico en una pareja en la que existe una gran diferencia de edad. Desde el primer momento en el que Marina, de veinticinco años, conoce a Jaime, veinte años mayor que él, se siente absolutamente deslumbrada. Jaime es un tipo que se conserva muy bien y es un empresario de éxito que concede a su joven novia todo tipo de caprichos, ya sean solicitados o no. Poco a poco se va volviendo una presencia constante en su vida: necesita tener el control sobre Marina, haciéndole ver que el maduro de la pareja es él: ella debe ser moldeada, en cierto modo, en la idea narcisista que él tiene de la esposa perfecta, por lo que necesita castigarla psicológicamente cada vez que considera que ella incurre en un error.

Para culminar sus deseos, Jaime necesita apartar a Marina de su entorno, conseguir que él sea la única figura de referencia en su vida frente a su familia y amigos. Poco a poco el lector irá asistiendo al deterioro vital de la protagonista, con la paradoja de gozar de una existencia de lujos que jamás había soñado teñida con un sentimiento constante de miedo, porque los estallidos de furia de su pareja son terribles, por mucho que jamás llegue a agredirla físicamente. Nos encontramos ante un caso claro de violencia de género según las definiciones jurídicas actuales, pero también ante una relación tóxica en la que ella también padece problemas de autoestima, pues es una persona joven que todavía no ha superado la reciente muerte de su padre, por lo que se encuentra en un momento especialmente vulnerable. También es cierto que este tipo de maltrato también se da en sentido contrario. Muchas mujeres pueden aprovecharse de espíritus débiles para imponer su reinado de terror a su pareja. ¿Hubiera sido una novela más rompedora si se hubiera abordado de esta manera?

Comerás flores describe de una manera muy efectiva cómo es todo este proceso de imposición moral frente a la pareja indefensa. Cómo el maltratador sabe utilizar máscaras en las que se muestra ante los demás como un ser encantador, consiguiendo así dejar sin argumentos cualquier comentario de ella a sus íntimos. Desde luego Jaime consigue que Marina goce de días muy felices, pero estos siempre están bajo la sombra de un estallido que puede surgir con el menor pretexto. En este sentido la narración está diseñada para que el lector sufra junto a la protagonista y se sienta solidario con ella. Quizá el final es lo menos conseguido de la misma, pero el viaje previo al que nos ha invitado Lucía Sobral sí que merece la pena.

domingo, 22 de marzo de 2026

ALIMENTAR A LOS FANTASMAS (2024), DE TESSA HULLS.

El siglo XX fue una época tan terrible en algunos lugares del planeta que generaciones enteras de personas traumatizadas, traumas que pueden herederase de padres a hijos. El caso de China es especialmente sangrante, puesto que el país tuvo que interrumpir temporalmente su guerra civil para hacer frente a la invasión japonesa, reanudándola después de la Segunda Guerra Mundial. Pero lo que vino después fue el gobierno comunista enloquecido liderado por Mao, que produjo millones de muertos y el hundimiento de la economía del país. La abuela de la autora, Sun Yi, se vio obligada a abandonar el país al ser considerada enemiga del Régimen y la progresiva enfermedad mental que adquirió poco después afectó profundamente a la madre de la autora, que a su vez a la crianza de su hija, la propia Tessa Hulls. El cómic de Hulls, ganador del premio Pulitzer, es un análisis a la vez frío y apasionado de las repercusiones que ha tenido en su vida todo este drama familiar. Apelando a la siniestra historia de China en el siglo XX, la autora coloca a su familia en un verdadero torbellino de sufrimiento que debe ir siendo descifrado, por lo que la narración se va volviendo más y más compleja por momentos. Alimentar a los fantasmas no es un cómic complaciente, ya que muestra un dolor muy cercano sin filtros, apelando en muchas viñetas a representaciones pesadillescas a través de un dibujo muy denso y alegórico, que en ocasiones puede resultar incluso abrumador para el lector.

sábado, 21 de marzo de 2026

PERSONAJE SECUNDARIO (2025), DE ENRIQUE MURILLO. LA OSCURA TRASTIENDA DE LA EDICIÓN.

Cuando uno lleva toda una vida como lector, acercarse a un libro como éste resulta toda una revelación, ya que Enrique Murillo no ha sido un cualquiera en el mundo de la edición en España - aunque él insista en calificarse como personaje secundario - sino uno de los personajes más influyentes de los que han pasado por las principales editoriales de nuestro país. Murillo comenzó como lector de manuscritos para Carlos Barral y después de un periodo en Inglaterra, empezó a trabajar en la editorial Anagrama, la empresa que revolucionaría para siempre el sector en España. Antes que nada, después de su paso por el extranjero, el autor ya se había convertido en un hombre escéptico acerca de los niveles de lectura en nuestro país:

"Cada vez que veo los datos de las encuestas de lectura españolas me revuelco de risa y rabio de dolor. Primero, porque esas encuestas no son nada fiables. Y porque, en cualquier caso, cincuenta años más tarde seguimos más o menos igual. Aquí leer se considera «cultura» y lindezas semejantes, en lugar de pasión, entretenimiento y alimento cerebral cotidiano. La gente en España responde a las encuestas lo que cada uno piensa que queda bien. Y leer queda bien. Otra cosa es ponerse a leer un libro. Resulta claro que en nuestro país no se lee prácticamente nada si lo comparamos con lo que ocurre en el Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos o Escandinavia."

Para Anagrama Murillo empezó como traductor externo y terminó siéndolo todo para la editorial, con la paradoja de que jamás fue contratado como empleado por la misma. Fueron años apasionantes en los que se descubrieron autores que luego se convertirían en auténticos clásicos como Javier Marías, Álvaro Pombo o Vila-Matas, mientras se ofrecía a los lectores españoles traducciones de libros que se convertirían en auténticos éxitos, como La conjura de los necios, de Kennedy Toole, Bella del señor, de Albert Cohen o La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe. Si por algo se ha caracterizado la labor de Murillo en el mundo editorial es por su capacidad para descubrir nuevos valores que luego vendían decenas de miles de ejemplares.

Pero su paso por Anagrama, tan excitante, tuvo un lado oscuro. Buena parte de Personaje secundario está dedicado a ofrecer un retrato ciertamente negativo de Jorge Herralde, el fundador de la editorial. Descrito como alguien con muy poca empatía y escasos conocimientos literarios, terminó provocando que Murillo dejara la editorial ante la reiterada negativa de obtener un contrato laboral por parte de la misma. Además, el conflicto con Javier Marías, que discrepaba con las cifras de royalties que cobraba respecto a las ventas de sus libros, provocó que este autor también diera un portazo a Anagrama y terminara publicando en Alfaguara. Estos episodios están descritos con todo detalle. Herralde no volvió a dirigir la palabra a Murillo y - según palabras del autor - siempre temió que se dedicara a quitarle autores de Anagrama desde su trabajo en otras editoriales.

Personaje secundario, que es un libro muy extenso, continua con su paso por grandes grupos editoriales como Plaza & Janés, Alfaguara o Planeta. Pero antes cuenta un episodio muy interesante, referido a su paso por el diario El País y la fundación del famoso suplemento cultural Babelia, que sigue publicándose a día de hoy y sigue siendo una de las referencias en cuanto a crítica cultural de nuestro tiempo, una experiencia agridulce y un tanto surrealista, que reforzó su impresión de que las más altas instancias de los grandes grupos empresariales dedican más tiempo a las intrigas y navajazos internos que a mejorar sus productos escuchando los consejos de los profesionales que trabajan para ellos. También hay episodios muy jugosos referidos a la publicación de los libros de conversaciones del rey y de la reina, que vendieron en su momento cientos de miles de ejemplares o el vergonzoso caso del plagio en la novela firmada (que no escrita) por Ana Rosa Quintana.

En sus últimos años Murillo fundó una editorial de prestigio, Libros del lince, que no tuvo suerte, debido, entre otros factores, al impacto de la pandemia en sus ventas. Pero otras editoriales pequeñas y con vocación de ser prestigiosas sí han conseguido consolidarse frente a los grandes grupos que dominan la edición en España. El Acantilado, Gatopardo, Capitán Swing y muchas otras que han revolucionado el mundo del libro en un país en el que sigue leyéndose poco, pero en el que se lanzan más novedades que nunca. Cualquier interesado en la intrahistoria de la edición en España tiene como lectura obligatoria este Personaje secundario, una autobiografía escrita sin filtros por alguien que seguramente ya está de vuelta de todo y no teme ser criticado por la visión tan realista y cruda - entre otras cosas por la sistemática explotación laboral a la que se somete a numerosos trabajadores - de un mundo que es idealizado por muchos.

lunes, 16 de marzo de 2026

HOMICIDIO EN PRIMER GRADO (1995), DE MARC ROCCO.

Homicidio en primer grado comienza informando al espectador de que se trata de una película basada en hechos reales, pero cuando uno accede a la información real acerca de Henri Young, el preso en el que se inspira la historia, advierte que el guión ha edulcadorado en exceso su historia. Young no fue encarcelado en Alcatraz por robar cinco dólares para dar de comer a su hermana, sino por ser un ladrón de bancos y haber asesinado a una persona. Tampoco se corresponde con la realidad que pasara tres años en una celda de aislamiento en condiciones medievales. Y el asesinato del compañero que lo delató en su intento de fuga fue mucho más premeditado que lo sugiere la película. Dicho esto, Homicidio en primer grado es un drama carcelario que se sostiene sobre todo por el trabajo de un inmenso Kevin Bacon, que hace creíble a un personaje totalmente roto por el trato recibido en prisión. El resto consiste en un trama convencional protagonizada por un joven abogado que pelea contra los abusos del sistema e intenta probar que, lejos contener un programa de rehabilitación, la cárcel de Alcatraz empeora la conducta de los criminales debido al trato que reciben en la misma. La descripción de este ambiente carcelario y estremece al espectador, pues la película consigue mostrar a sus presos como víctimas. En cualquier caso, Homicidio en primer grado podría haber sido mucho mejor si se hubiera amoldado más a la realidad de los hechos que cuenta.

P: 5

domingo, 15 de marzo de 2026

QUIENES SE MARCHAN DE OMELAS (1973), DE URSULA K. LE GUIN. EL PRECIO DE LA PROSPERIDAD.

Quizá es éste el relato más famoso de Ursula K. Le Guin. Se describe al lector la ciudad de Omelas, un lugar en el que no existe la infelicidad, donde todos sus habitantes viven en armonía, sin violencia de ningún tipo y se celebran permanentemente festividades. La autora incita a cada lector a imaginarse cuál es su utopía perfecta y a aplicarla a Omelas. Vivir allí sería el fin de la angustia y la prosperidad absoluta, dado que las cosechas siempre son abundantes. Según parece, cada cual puede llevar la forma de vida que le apetezca aunque, según se describe, hay una propensión a lo festivo, quizá porque la mayoría de la gente imagina así su existencia ideal: en un desmadre permanente.

Pero esta felicidad se sostiene de una manera muy retorcida. En uno de los sótanos de la ciudad está encerrado un niño inocente. El chiquillo ha intentado en muchas ocasiones hablar con sus captores para ser liberado, pero estos nunca contestan. Vive en la penumbra, entre la suciedad y el abandono, completamente solo. Todos los ciudadanos lo visitan alguna vez y comprenden el precio de su felicidad. Si el niño fuera liberado, se dice, la sociedad se desmoronaría. ¿Hasta qué grado? No lo sabemos con exactitud, ni siquiera si dicha afirmación es tan solo una leyenda, una superstición que intenta explicar la extraña fortuna de Omelas. El caso es que el niño jamás es liberado y mucha gente reacciona a su sentimento de culpa abandonando para siempre la ciudad.

Como ya había hecho Dostoievski en Los hermanos Kamarazov, Le Guin plantea un dilema moral que incomoda profundamente al lector. Se trata de la doctrina utilitarista llevada al extremo, puesto que el sufrimiento intolerable de un ser inocente es la base de la felicidad de la inmensa mayoría. ¿Es un precio razonable a pagar? Quizá es esta una fábula acerca de cómo están construídas nuestras sociedades, cómo nuestra prosperidad se basa en el trabajo invisible de muchos desheredados y cómo preferimos mirar hacia otro lado pensando que el sistema es así y que sus consecuencias negativas para algunos son inevitables. Lo cierto es que Quienes se marchan de Omelas sigue fascinando a generaciones de lectores, entre otras cosas debido a la ambigüedad de su mensaje moral, dado que la narradora no se pronuncia en ningún momento acerca de lo que habría que hacer en esta situación, únicamente se limita a describir las vergüenzas ocultas de una sociedad utópica.