martes, 8 de septiembre de 2026

LA SANGRE HELADA (2021), DE ANDREW HAIGH.

El universo de las series en este siglo XXI es tan amplio que no es raro que joyas como esta pasen desapercibidas a cualquier aficionado a las narraciones históricas realizadas con rigor. La sangre helada cuenta la historia de Patrick Sumner, un médico que a mediados del siglo XIX se embarca en un ballenero para olvidar su traumática experiencia como cirujano del ejército en la India colonial británica, del que fue despedido con deshonor después de un oscuro episodio durante una acción bélica. El viaje se va a convertir en un auténtico calvario cuando se ejecute el plan del propietario del buque: hundir el barco para cobrar el seguro, puesto que la tripulación va a quedar varada en el Ártico y debe sobrevivir a un terrible invierno. La sangre helada no es una serie que describa a héroes, sino a personas normales de una época mucho más dura que ésta, que ejecutan un oficio muy complicado y peligroso. Como contraste al doctor Sumner tenemos a Henry Drax, el arponero de la tripulación, magistralmente interpretado por Colin Farrell. Drax es un hombre sin moral, que no tiene problemas en convertirse en un asesino cuando esta acción favorece a sus intereses, representando a una especie de fuerza de la naturaleza despiadada y capaz de sobrevivir a cualquier situación. Lo mejor de la serie de Haigh, aparte de este contraste entre civilización y barbarie, es su perfecta ambientación, capaz de transportar al espectador a las entrañas del siglo XIX, reflejando tanto la opresiva vida en unas ciudades muy poco higiénicas como los primeros estragos que el hombre realiza en la naturaleza con la caza masiva de cetáceos. El Ártico está filmado de manera magistral, como un lugar tan hermoso como hostil en el que solo pueden sobrevivir los que se han adaptado al entorno, como esos esquimales que son retratados desde un punto de vista antropológico. La sangre helada sabe moverse entre Melville y London para realizar un retrato magistral de la naturaleza humana.

P: 9

CALLE MÁLAGA (2025), DE MARYAM TOUZANI.

María Ángeles es una española que lleva prácticamente toda su vida habitando en Tánger. La ciudad marroquí es su hogar y, aunque vive sola, se siente arropada por sus vecinos y la película se toma su tiempo en mostrarnos que las rutinas de su protagonista tienen lugar en unas calles en las que todos se conocen y se ayudan mutuamente con gran amabilidad. La amenaza se cierne sobre esta vida idílica cuando un día se presenta su hija, que es la propietaria del piso en el que habita, con intención de vender el inmueble y trasladar a su madre a Madrid. Calle Málaga narra una especie de conflicto entre tradición y necesidad. Madre e hija se enfrentan en defensa de sus propios intereses, sin ser capaces de llegar a un acuerdo frente a una situación límite, por lo que María Ángeles traza un plan (que puede convertirse en un callejón sin salida) para volver a su plácida existencia. Película realizada a mayor gloria de la magnífica interpretación de Carmen Maura, Calle Málaga contiene un mensaje de tolerancia y apelación a la vida sencilla que se vuelve más oscuro en su tramo final. Contiene también un hermoso retrato de una ciudad tan de contrastes como es Tánger, un lugar en el que se puede ser plenamente feliz.

P: 6

domingo, 6 de septiembre de 2026

EL SER QUERIDO (2026), DE RODRIGO SOROGOYEN.

Al igual que en la reciente Valor sentimental, en El ser querido se nos narra la conflictiva relación entre un padre (un afamado director, ganador del Oscar) y una hija con la que lleva años distanciado. Para congraciarse con ella, le ofrece el papel protagonista de su próxima película, una historia que transcurre en el Sahara español en tiempos de la República. Sorogoyen aprovecha para realizar un buen ejercicio de cine dentro del cine, aunque el argumento de la ficción que está rodando Esteban Martín no importa demasiado. Lo que verdaderamente interesa a Sorogoyen es mostrar la tensión entre los dos protagonistas que deben decidir si se aman o se odian. Por eso es importante que exista química entre dos actores tan solventes como Javier Bardem y Victoria Luengo. Dicha química está presente, aunque algunos de sus diálogos se encuentran un poco forzados, se aprecian como un tanto artificiales, sin esa naturalidad que sería tan necesaria en una historia de estas características, una historia que se estira demasiado y en la que a Javier Bardem le da tiempo a lucirse con la interpretación de un enfado en una escena que será seguramente muy recordada en el futuro. Rodrigo Sorogoyen es un gran director y su película mantiene el interés en todo momento, pero se encuentra muy lejos de la calidad de otras obras suyas como Antidisturbios o As bestas, quizá porque en esta ocasión ha mostrado una historia poco original que se sostiene gracias a a la calidad interpretativa de sus dos protagonistas.

P: 6

LAS GUERRAS DE LUCAS (2023), DE LAURENT HOPMAN Y RENAUD ROCHE.

Aunque se ha convertido en la gran mitología contemporánea y todo el mundo conoce el mundo de Star Wars, hace solo cincuenta años esta era una historia que tan solo se encontraba en la cabeza de George Lucas. Lucas había sido un mal estudiante con mucha imaginación que quería realizar una película de Flash Gordon. Al no poder conseguir los derechos, inventó su propio mundo situado en una galaxia muy muy lejana, un mundo que nadie podía entender cuando él lo explicaba, por lo que tuvo que ponerse prácticamente solo a la tarea de crearlo desde la nada. Las guerras de Lucas es la crónica de un proceso creativo tortuoso que en muchos aspectos fue un calvario para su principal protagonista, hasta el punto de que estuvo a punto de costarle un infarto. El joven George no solo debía defender su proyecto ante la Fox, sino que debía hacer frente a una producción muy ambiciosa con un presupuesto muy limitado, filmando una historia que nadie comprendía muy bien y que se parecía más en aquel momento a los delirios de una persona extravagante que se encontraba abocada al fracaso. Nosotros podemos leer este magnífico cómic cinco décadas después y comprender bien al personaje, a su genialidad creativa, pero el trabajo de Hopman y Roche nos hace comprender que todo podía muy bien acabado en un proyecto fallido del que nadie se acordara hoy día en vez de en esa película que cambió la historia del cine.

sábado, 5 de septiembre de 2026

LAS TEMPESTÁLIDAS (2020), DE GUEORGUI GOSPODINOV. EL TIEMPO RECOBRADO.

"Cualquier tiempo pasado fue mejor", escribió Jorge Manrique. Gospodinov lleva esta idea al extremo a través de esta narración tan filosófica como humorística, una reflexión acerca de los miedos del presente y la idealización de los años pasados, que para muchos pueden ser una especie de refugio en el que acumulan recuerdos felices y certezas que no existen hoy. Las tempestálidas parte de una premisa sencilla. El protagonista comienza una amistad con Gaustín, un psiquiátra búlgaro que pretende revolucionar la terapia para los enfermos de alzhéimer. Su idea es recrear en una clínica diferentes décadas en las que los pacientes puedan recobrar sus recuerdos perdidos y sentirse confortados. Poco a poco la idea se va comercializando a gente que no está enferma y que quiere recrear sus tiempos felices. El protagonista debe dedicarse a investigar los detalles de cada época para evocarla con todo detalle, incluso proporcionado cada día las noticias correspondientes, que vuelven a ser novedosas para sus destinatarios. 

La experiencia llega a hacerse tan popular que los Estados se interesan por ella. Empiezan a concebir que quizá sus ciudadanos serían más felices volviendo a momentos de la historia en los que el país fue grandioso y que la gente recuerda con nostalgia frente a las grisuras e incertidumbres del presente. Se organizan referendums en toda la Unión Europea y los votantes eligen la década que quieren recrear. La nueva escisión del continente se convierte en una realidad, pero la separación de los países ya no solo es geográfica, sino también temporal. Los Estados se afanan a que todo vuelva a ser como antes y se ponen de moda las recreaciones históricas que reproducen hechos del pasado con todo detalle, hasta el punto de que la representación en Sarajevo del asesinato del archiduque Francisco Fernando consigue comenzar una segunda Primera Guerra Mundial.

Las tempestálidas analiza con cinismo, pero también de un modo inquietante, qué pasaría si la mayoría de la gente optara por abandonar el tiempo presente, como en una especie de revolución en la que se abandona la idea de optar a un futuro brillante para conformarse con los recuerdos nostálgicos de un pasado absolutamente idealizado. Se trata de una especie de reacción colectiva frente a lo desconocido, frente a la incertidumbre absoluta (ciertamente, están sucediendo cosas en los últimos años que eran inimaginables hasta no hace mucho) respecto al futuro más inmediato. Solo que evitar la dictadura del futuro nos aboca a soportar la dictura del pasado, un tiempo cuya realidad no es tan brillante como en nuestras evocaciones. Quizá la novela de Gospodinov nos invita a poner los pies en la tierra y afrontar con serenidad los complejos retos que tenemos por delante sin escondernos en soluciones lastradas por el idealismo. Bien es cierto que la nostalgia se ha convertido en una fuerza política poderosa que vende falsas seguridades basadas en tiempos pretéritos presuntamente dotados de una pureza que se ha ido perdiendo con el paso de las décadas. Pero hay que tener siempre presente que el pasado no puede cambiarse y lo que suceda en el futuro depende en gran medida de las soluciones valientes que adoptemos respecto a los problemas que nos inquietan.

domingo, 30 de agosto de 2026

LA PIEL SUAVE (1964), DE FRANÇOIS TRUFFAUT.

Pierre Lachenai es un escritor de éxito. Casado y con una hija, vive una existencia burguesa convencional en París, pero su fama le precede en ciertos círculos. Esto es precisamente lo que facilita que pueda comenzar un romance con una joven azafata a la que conoce en un vuelo con destino a Lisboa. Lo curioso es que esta historia de amor no llega a desvelar sus cartas de manera clara en ningún momento, pues el espectador no conoce plenamente las verdaderas intenciones de cada uno de ellos al respecto. Para Pierre es una especie de emocionante regreso a la juventud sin ser muy consciente de que su decisión puede tambalear su cómoda estabilidad familiar. Para Nicole, la azafata, tampoco parece ser una historia de amor absoluta, sino una experiencia con una persona madura, prestigiosa y atenta, pero intuimos que sus verdaderos gustos se orientan hacia tipos más rudos. La película de Truffaut no está tan interesada en explorar estos sentimientos sino en las consecuencias derivadas de esta relación prohibida. En cualquier caso muchas partes de la misma son narradas con ligereza y humor, como esa crítica nada velada crítica a la vida cultural en provincias en la Francia de los años sesenta. La manera de filmar de Truffaut y su interés por el costumbrismo hacen que La piel suave siga viéndose con inmenso placer, a pesar de que su final no esté a la altura del resto de la cinta.

P: 8

sábado, 29 de agosto de 2026

PARÍS EN RUINAS (2024), DE SEBASTIAN SMEE. AMOR, GUERRA Y EL NACIMIENTO DEL IMPRESIONISMO.

Una visita al museo de Orsay puede dar una idea de lo que fue el movimiento impresionista, esa revolución artística que fue tan polémica en su tiempo. Pero para acercarse al relato íntimo de cómo se forjó y el contexto histórico en el que lo hizo, nada mejor que acercarse a un ensayo tan magistralmente como el de Sebastian Smee. Tomando como eje la relación entre los pintores Édouard Manet y Berthe Morisot, París en ruinas narra los acontecimientos que desembocaron en uno de los episodios más negros de la historia de Francia: la invasión prusiana que desembocó en la Comuna de París, un enfrentamiento civil que duró meses y causó daños irreparables a la capital. Este fue un golpe inesperado para la gran potencia europea del momento. Fue Napoleón III el que declaró la guerra a Prusia y nada hacía presagiar en aquel momento el desastre que se avecinaba, provocado por el enfrentamiento contra un ejército, el prusiano, mucho más moderno y mejor organizado.

Pero unos años antes de que esto sucediera, París se había convertido en la capital mundial del lujo y del placer, gracias a las radicales y polémicas reformas urbanísticas del barón Haussmann, que convirtieron a la capital de Francia en la ciudad que es hoy, un impresionante conjunto de boulevares que conjugan monumentalidad y elegancia, mientras se expulsaba a la gente más humilde a vivir en la periferia. París en la época de Napoleón III era también la capital cultural de Europa. Entre otros muchos atractivos, el Salón se había convertido en el escaparate oficial de los artistas franceses, aunque era controlado de manera estricta por la Academia de Bellas Artes y era poco propenso a permitir exhibir un arte tan revolucionario como el de los futuros impresionistas, aunque Manet consiguió presentar en el mismo cuadros tan polémicos como Olympia. Finalmente, en 1874 los impresionistas organizaron por su cuenta su propia muestra.

Pero antes de que esto sucediera París tuvo que pasar por su "año terrible" que abarcó la segunda mitad de 1870 y la primera de 1871. La capital francesa hubo de soportar dos asedios, el primero por parte de los prusianos y el segundo organizado por el ejército francés una vez que se declaró la República. Manet y Morisot permanecieron en París durante estos acontecimientos y esto acabó influyendo en su carácter y en su pintura posterior. También les impresionó la muerte en combate contra los prusianos de Frédéric Bazille, uno de los pintores más prometedores del movimiento impresionista. La resistencia durante el sitio de 1870 fue notable y, entre otras cosas, fue sostenida por los vuelos en globo que comunicaban a la capital con el exterior y también por la utilización de numerosas palomas mensajeras. En cualquier caso, la situación terminó siendo insostenible y la falta de víveres terminó decidiendo al gobierno a capitular, siendo una derrota especialmente amarga, pues a la pérdida de territorios y la idemnización económica al vencedor se unió la unificación definitiva de alemania, que se convirtió a partir de entonces en la gran potencia continental.

Frente a estos acontecimientos, numerosos miembros de la guardia nacional parisina no aceptaron la derrota y proclamaron la Comuna de París frente al gobierno de Thiers. Francia se vio abocada a una dolorosa guerra civil mientras los prusianos presionaban para que los combates se resolvieran pronto, ya que querían cobrarse lo antes posible los frutos de su victoria:

"No es fácil explicar qué fue la Comuna. Al igual que un cuadro impresionista visto desde muy cerca, nunca llegó a cuajar. En esencia, era un gobierno urbano improvisado, paralizado desde el principio por unos recursos limitados y una seguridad muy precaria, pero con grandes ambiciones. Era radical, en el sentido de que, si se promulgaba lo que proponía, el cambio sería drástico. Pero en otros aspectos era sorprendentemente prosaico. Más que una revolución global, sus partidarios querían la autonomía municipal."

La Comuna fue un periodo terrible, conducido por un idealismo suicida, que dejó una honda huella y que influyó poderosamente en los movimientos de izquierda. Después de unos acontecimientos tan atroces, la pintura impresionista terminó de eclosionar como la explosión de la luz, de la naturaleza, como si fuera una respuesta vital frente a la negrura del año terrible. Numerosos museos del mundo contienen el testimonio de estos artistas, cuya génesis es tan estupendamente narrada por Sebastian Smee.