domingo, 21 de junio de 2026

SOLO PARA SUS OJOS (1981), DE JOHN GLEN.

Con un Roger Moore ya más que consolidado en el papel de James Bond y contando con el apoyo masivo del público, Moonraker había sido un gran éxito para la serie. El problema es que se trata de una película disparatada, infantil y que ha envejecido muy mal. Los productores debieron tomar nota de esto y, teniendo en cuenta la crisis económica del momento, crearon una entrega mucho más contenida, centrada en el espionaje puro, en la que no existe un villano megalómano que quiere destruir o apoderarse del mundo. La trama es bastante realista, puesto que se centra en la recuperación de un dispostivo secreto que ha perdido la flota británica en aguas griegas. Aquí se intenta mostrar a un Bond más duro y expeditivo que el de películas anteriores (sigue siendo famosa la escena en la que da una patada fríamente a un coche al borde del abismo), pero no faltan las escenas ridículas, como la protagonizadas por la joven promesa del esquí que intenta continuamente seducir al agente o la protagonizada, ya cuando todo se ha resuelto, por la primera ministra británica del momento. Solo para sus ojos no es aburrida en absoluto, pero no mantiene el ritmo adecuado, ya que contiene demasiadas escenas de relleno que no llevan a ninguna parte y están solo concebidas para que exista algo de acción. En su favor hay que decir que las partes que transcurren en el fondo del mar están muy bien rodadas. Curioso que aparezca España en la trama, pero solo para mostrar una finca en los alrededores de Madrid (ni siquiera se rodó en nuestro país).

P: 6

sábado, 20 de junio de 2026

EL CONSUMO DE LA UTOPÍA ROMÁNTICA (1992), DE EVA ILLOUZ. EL AMOR Y LAS CONTRADICCIONES CULTURALES DEL CAPITALISMO.

Es indudable que el amor es un sentimiento primario y de origen biológico. Buscamos el vínculo afectivo con una pareja como mecanismo de reproducción, buscando hijos que perpetuen nuestra estirpe conviviendo con una persona del sexo contrario con la que nos podemos sentir más completos. Pero el establecimiento de la civilización humana también ha ido estableciendo importantes factores culturales que determinan decisivamente la tarea de buscar una pareja y estimular posteriormente el sentimiento romántico en la relación. Desde finales del siglo XIX el capitalismo ha sido el elemento más decisivo a la hora de establecer los factores de lo que es una relación perfecta y adecuada ante uno mismo y ante los demás. El cine, la televisión y la publicidad han ido mostrando ejemplos tan elaborados que seducen inevitablemente a un espectador que siente que debe imitar en lo posible a estos modelos para sentirse pleno.

Esto es lo que Eva Illouz define como utopía romántica, un imaginario compartido acerca de cómo debe vivirse una historia de amor. Pero el capitalismo no solo fomenta el hedonismo, sino que exige que las personas sean laboriosas por el día para ganarse el derecho a estos pequeños placeres que suelen practicarse en salidas nocturnas o en periodos de vacaciones. Si bien la idea de romance se ha liberalizado (el papel de las familias ya no es el factor determinante a la hora de establecer relaciones de pareja) y se ha roto la barrera de las clases sociales a la hora de establecer vínculos amorosos, el capitalismo ha ido estableciendo sutilmente una serie de rituales que no pueden desligarse la idea de romance. La experiencia romántica significa inevitablemente acudir al mercado de consumo: restaurantes, cines, teatros, viajes y regalos en fechas señaladas. A partir de la década de 1920 la publicidad va a afinando cada vez más sus mensajes vinculando sus productos a la idea de felicidad y plenitud. El cine ayuda a que se consolide esta idea ofreciendo historias cada vez más sofisticadas en las que se muestra al público lo que es un romance perfecto.

Estas ideas se generalizan tanto que muchos estiman que no vivir una experiencia como esta supone un fracaso vital, una renuncia a la plenitud existencial:

"(...) la experiencia romántica presenta algunos atributos de los ritos religiosos: el aislamiento del objeto de adoración, el uso de vestimentas específicas, el consumo de comidas particulares, la reorganización del espacio o el desplazamiento a otro lugar y la fijación de un momento especial para la celebración constituyen elementos que permiten vivir una experiencia con la misma "textura" subjetiva de las festividades religiosas, es un ámbito separado física o simbolicamente de la vida cotidiana. Los sujetos que viven este tipo de experiencia ingresan en un dominio donde se exaltan las emociones, se regeneran las fuerzas vitales y se reafirma el vínculo con la persona que tienen a su lado."

Pero existe un elemento perturbador en todo esto, que Illouz describe en los capítulos finales. A pesar del sentimiento de libertad que parece gobernar la labor de elección de una pareja, la supuesta armonía que se logra en el encuentro de dos espíritus afines en realidad se basa en una correspondencia de dos personas en modos de consumo, pertenencia a una clase social determinada, gustos más o menos refinados e incluso la forma de conversar. Entonces, de modo inconsciente, el amor romántico sería también en múltiples ocasiones un sentimiento interesado, no incondicional. Porque, como ya se habrá intuido, el dinero es un factor decisivo a la hora de permitir experimentar la idea de romance perfecto que se ha establecido socialmente como una idea indiscutible. Solo las clases sociales con rentas altas pueden gozar del tiempo y de los medios económicos para vivir estas experiencias ofertadas por un mercado cada vez más sofisticado, experiencias que se multiplican exponencialmente gracias al auge de internet y las redes sociales. Los que viven al día, con un sueldo escaso, apenas tienen oportunidades en este sentido. Suelen llegar a casa derrotados después de una jornada interminable en trabajos físicos que minan la energía para actividades nocturnas que puedan considerarse románticas. También el romance tiene sus clases sociales preferidas y la idea de fracaso vital también puede instalarse en quienes carecen de los medios económicos y el tiempo de ocio necesarios para vivir las experiencias que ofrece el capitalismo como indispensables si se quiere estimular el vínculo amoroso.

domingo, 14 de junio de 2026

THE DAMNED UNITED (2009), DE TOM HOOPER.

El del fútbol y el cine siempre ha sido un matrimonio mal avenido. No debería ser así, pues la historia del deporte rey contiene numerosos episodios de épica e historias de superación, pero parece ser que rodar un partido resulta tarea harto complicada y encontrar actores que se desenvuelvan medianamente bien en el campo de juego a la vez sepan interpretar debe serlo aun más. La solución que adopta The damned united es contar la historia de un entrenador. Y no se trata de un entrenador cualquiera. En los años setenta Brian Clough se convirtió en uno de los preparadores más geniales y a la vez más polémicos de la historia del fútbol británico. Aquí se narra su descenso a los infiernos cuando fue designado para hacerse cargo del gran club del momento, el Leeds, una vez que Don Revie aceptó dirigir a la selección inglesa. Desde el principio los métodos de Clough, que acababa de conseguir el sorprendente ascenso a primera del muy modesto Derby Country, fueron cuestionables. Clough se dedicó a menospreciar el trabajo de su predecesor achacando sus éxitos a la imposición de un modelo de juego duro con el rival y poco vistoso. Nuestro protagonista duró cuarenta y cuatro días en el cargo, periodo que estuvo marcado por un intenso enfrentamiento con sus propios jugadores. La película recoge de manera muy efectiva el retrato de un hombre de carácter contradictorio, que desprecia y a la vez admira a su némesis Revie y que es capaz de traicionar la más bella de las amistades por pura ambición profesional. Lo malo de The damned united es que se queda un poco corta. Sabe reflejar muy bien el ambiente de los estadios en una época futbolísticamente menos refinada que la nuestra, pero Hooper apenas se atreve a filmar escenas de partidos y cuando lo hace, el resultado no es brillante. En cualquier caso la película sí que consigue un retrato muy preciso de un hombre genial y a la vez soberbio hasta el extremo.

P: 6

sábado, 13 de junio de 2026

LA HIJA PEQUEÑA (2025), DE HAFSIA HERZI.

Viendo las imágenes de los últimos días, con las multitudes de ciudadanos y políticos rendidos ante la figura del Papa, se podría decir que estamos asistiendo a un renacimiento religioso, si no fuera porque esto es algo que se ha anunciado muchas veces, pero apenas acaba calando en la vida cotidiana. Sobre todo en cuestión de sexo. Prácticamente nadie - salvo los muy cafeteros - sigue estrictamente la doctrina católica, porque eso supondría que solo está permitido el sexo entre hombre y mujer, sin anticonceptivos y solo en el ámbito del matrimonio. En unas comunidades más cerradas como pueden ser a veces las musulmanas, el hecho de que una adolescente despierte a su sexualidad y descubra que le gustan las mujeres, puede ser bastante más problemático. Y este es el conflicto que aborda La hija pequeña, en el que su protagonista se debate entre la fidelidad a su religión (algo que va indisolublemente vinculado a la fidelidad a su familia) y la tentación de materializar sus instintos sexuales. Lo cierto es que observamos que Fátima disfruta de una existencia cotidiana bastante libre, lo cual le permite bajarse la aplicación Tinder y tener encuentros esporádicos con otras mujeres. Como su familia parece ajena a todo esto, la verdadera batalla se libra en su conciencia y también frente a sus amigos, a los cuales también debe ocultar su doble vida. Con esta premisa se podría haber construido una película muy interesante, pero el resultado final de La hija pequeña resulta bastante insulso, puesto que no se desarrollan los conflictos hasta sus últimas consecuencias y el interés de su directora parece centrarse más bien en la extraña relación que la protagonista entabla con una muchacha coreana. Así pues, la película se deja ver, pero deja el regusto levemente amargo de las posibilidades desaprovechadas.

P: 5

domingo, 7 de junio de 2026

EL AGENTE SECRETO (2025), DE KLEBER MENDOÇA FILHO.

El agente secreto es, ante todo, un retrato muy preciso del ambiente de un país que sufre una dictadura, como fue la de Ernesto Geisel en el Brasil de los años setenta del pasado siglo. El protagonista es un profesor que debe esconderse por haberse enfrentado a una trama de corrupción. Perseguido por la policía del Régimen, recala en Recife, la ciudad donde dejó a su hijo al cuidado de unos familiares. El director se toma su tiempo para ir mostrando todos los detalles de la trama que afecta al protagonista, mientras contemplamos al estrato social de los perseguidos, que esconden como pueden sus pecados políticos frente a un gobierno altamente represivo. Aunque le sobra bastante metraje - un mal endémico del cine de nuestros días - la película de Mendoça resulta muy interesante por la perfecta ambientación que consigue del Brasil de los setenta, un país en permanente crisis que sigue celebrando el carnaval casi como una religión. La textura de las imágenes que se ofrece en cada plano está muy cuidada, pero es el resultado final lo que se resiente, ya que todo avanza a un ritmo muy lento e incluso tedioso por momentos, dando la impresión de que la trama podría condensarse en menos minutos, aunque hay que decir que la memorable interpretación de Wagner Moura arregla casi por sí sola estos defectos. 

P: 6

TODOS LOS HOMBRES DE SÁNCHEZ (2026), DE KETTY GARAT. CÓMO SE ORGANIZÓ LA MAYOR TRAMA DE CORRUPCIÓN DE LA HISTORIA DE LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA.

Este es un libro acerca de una historia todavía no concluida. Una historia que nos mantiene atentos a los titulares de los periódicos ante las preocupantes novedades que van publicándose día tras día acerca de las distintas ramificaciones de los diferentes casos que afectan al presidente del gobierno. Un gobierno que llegó después de la primera moción de censura exitosa de nuestra democracia, comenzó a ejercer sus funciones haciendo bandera de su rechazo a la corrupción. Nada más lejos de la realidad, puesto que desde el primer día se organizó la trama Ábalos (que fue cesado como ministro en 2021 por oscuras razones que poco a poco se van aclarando) y fueron sustanciándose otras menos claras, como la del enchufe del hermano de Pedro Sánchez en la diputación de Badajoz o la cátedra en la Complutense de la esposa del presidente.

Con la aparición de las primeras noticias al respecto a cargo de medios como The objetive o El Confidencial, la táctica gubernamental fue negarlo todo, atribuirlo al fango producido por las campañas de la ultraderecha. Muchos ciudadanos creyeron esta versión al principio, pero poco a poco lo abrumador de las evidencias (reforzadas por numerosos informes de la UCO) han hecho sospechar que las cosas son mucho más siniestras de lo que se creía en un principio, ya que se han unido nuevos actores a estas intrigas, incluyendo a todo un expresidente del gobierno como Rodríguez Zapatero. Pero es que además muchos de estos episodios no solo tienen que ver con contratos públicos y mordidas, sino con sórdidas historias de prostitución protagonizadas por importantes miembros del gobierno más feminista de la historia. Todo esto ha derivado en la actualidad en la bunkerización de Moncloa. No hay ruedas de prensa y la única declaración relevante de las últimas semanas ha consistido en unas breves palabras del presidente negando todo conocimiento acerca del caso Fontanera.

Ketty Garat ha escrito acerca de unos hechos apasionantes y, aunque no lo hace de forma brillante, su conocimiento después de años de investigación, muchos de ellos siendo desacreditada, es lo hace verdaderamente interesante la lectura de este libro. Paralelamente a los hechos que todos conocemos, Garat va contando su propia historia, los problemas personales en los que derivaron horas y horas de investigación para hilvanar todos los hilos que componen las distintas tramas que el presidente dice no conocer. Cuando todo esto termine y culminen todas las investigaciones judiciales, dentro de algunos años, se podrá escribir un análisis mucho más sereno y claro de cómo ha sido posible todo esto, de cómo un presidente de gobierno que decía querer ser modélico se rodeó de gente de tan baja estofa para asumir muy importantes responsabilidades. Estos van a ser años muy estudiados, no solo por la corrupción, sino por la reacción del gobierno y la gestión de sucesos muy dramáticos: la pandemia, la tragedia del AVE, la dana de Valencia... Mucha de la historia reciente y presente está por escribir.

sábado, 6 de junio de 2026

CUATRO DE INFANTERIA (1930), DE GEORG WILHELM PABST.

Hay que contemplar esta película con los ojos de un espectador alemán de 1930, un espectador que mantedría plenamente vigentes los recuerdos de un conflicto que había sucedido apenas una década atrás. Cuatro de infantería intenta ser un retrato realista de lo que significó la guerra de las trincheras a través de las experiencias de un pequeño grupo de soldados que es enviado al frente como carne de cañón. Las escenas de combate pueden ser ingenuas un siglo después, pero debían ser muy impactantes para los espectadores de la época. Aquí no hay heroísmo en la batalla, porque tampoco hay oportunidad de ello. La guerra moderna consiste en defender trincheras frente a bombardeos indiscriminados y asaltos frontales a las mismas. Todo es sucio y caótico y el soldado tampoco tiene descanso cuando vuelve de permiso a un hogar donde se está pasando hambre. Estamos ya en 1918 y la derrota de Alemania es inminente. Todo el esfuerzo, todos los muertos solo van a servir para que el país se hunda en la más honda de las depresiones. Es lógico que pocos años después, con la llegada de los nazis al poder, esta película se prohibiera y se fomentara una visión mucho más idealizada de lo que supone ser soldado en un frente de batalla, para que las nuevas generaciones se lanzaran a la conquista de Europa obviando los horrores de la Gran Guerra.

P: 7