El narrador de este libro es un inmigrante procedente de Nigeria. Se encuentra realizando el último año de prácticas psiquiatría en un hospital de Harlem y es muy aficionado a emprender largas caminatas solitarias por la ciudad de New York. Estos paseos le ayudan a desconectar con la dureza de su labor cotidiana y a volver a encontrarse consigo mismo. Cole no describe los espectaculares edificios que encuentra en su camino, sino que se detiene en detalles mucho más nimios, aquellos que pasan desapercibidos para la mayoría de gente apresurada que transita las calles de la ciudad. Es como si la realidad fuera un objeto extraño que el paseante se encarga de traducir a través de sus pensamientos. El lector percibe una urbe desangelada, pues la mayoría de sus ciudadanos todavía no ha superado el trauma del 11 de septiembre, simbolizado en esa inmensa brecha al que escritor también hace referencia en un determinado momento.
Julius, que así se llama el protagonista, también tiene encuentros con amigos y conocidos e incluso es víctima de un atraco en una escena descrita magistralmente por su autor, pues describe perfectamente la sensación de irrealidad que embarga a quien le sucede una circunstancia tan inesperada que, en su caso, también contiene dosis de violencia gratuita. Pero se puede decir que la auténtica protagonista de Ciudad abierta es Nueva York, que aparece como una urbe un tanto siniestra, pero también acogedora al fin y al cabo, un lugar enorme donde tiene lugar lo mejor y lo peor del ser humano. También hay espacio para traumáticos recuerdos del pasado nigeriano de Julius, recuerdos realistas que reconstruyen un pasado fragmentado:
"Experimentamos la vida como un continuo y sólo una vez que declina, una vez que se vuelve pasado, vemos las discontinuidades. El pasado, si existe, es sobre todo espacio vacío, grandes extensiones de nada en las cuales flotan personas y acontecimientos significativos."
Pero en Ciudad abierta cabe mucho más, pues hay una serie de capítulos en los que el protagonista viaja a Bruselas y puede reflexionar acerca de la vida europea en contraste con la estadounidense y además se asoma al siniestro capítulo del Holocausto cuando conoce a la doctora Maillote, que huyó en su momento a Estados Unidos huyendo de la persecución a los judíos. Casi todos los personajes de esta novela son gente que ha debido abandonar sus raíces en pos de una vida mejor, víctimas de las circunstancias de la historia y beneficiarios de una capacidad de acogida que actualmente se está poniendo en cuestión en muchas naciones. Así pues, Ciudad abierta nos habla también de identidades heridas y fragmentadas, que buscan recomponerse en escenarios hospitalarios que en cualquier momento pueden volverse hostiles. La escritura armoniosa de Teju Cole ayuda que todas éstas y muchas más reflexiones se aposenten plenamente en el lector.






