sábado, 4 de abril de 2026

VALOR SENTIMENTAL (2025), DE JOACHIM TRIER.

Como suele ser habitual en muchos triunfadores, en la última etapa de sus vidas advierten que su gran asignatura pendiente fue siempre su propia familia. Gustav Borg, un prestigioso director de cine, siente esta carencia e intenta compensarla con una última película, ofreciendo a una de sus dos hijas el papel principal. Nora es una actriz de teatro a la que conocemos sufriendo una tremenda crisis de ansiedad antes de salir al escenario. Su hermana Agnes lleva una vida más convencional y parece haberse reconciliado mejor con un pasado complicado. Ante la negativa de Nora a protagonizar su película, Borg debe recurrir a una estrella de Hollywood, una actriz muy profesional que hace todo lo que pueda por asumir el papel que se le está ofreciendo, pero el director siente que solo su hija podría comprenderlo con la necesaria profundidad, puesto que mucho del guión se basa en sus propias experiencias. Con este planteamiento, Valor sentimental intenta ofrecer un drama familiar de gran profundidad, pero pecando de tremendismo frente a unos problemas que son comunes en muchas familias y que la película retrata como excepcionales y traumáticos. Otro de los grandes problemas de la película de Trier es su extensa duración. Lo que podría haberse contado perfectamente en hora y media - obviando tramas que no llevan a ninguna parte, como la de la actriz de Hollywood - se estira hasta las dos horas y cuarto, un mal del que adolece mucho del cine de hoy. Al final Valor sentimental deja la sensación de algo mil veces visto, pero muy bien filmado e interpretado, pero sin una historia bien armada que deje enteramente satisfecho al espectador.

P: 6

COSAS PEQUEÑAS COMO ESTAS (2024), DE TIM MIELANTS.

Hace algunos años tuve ocasión de ver una película muy interesante, Las hermanas de la Magdalena, la estremecedora historia de unos conventos que funcionaron en Irlanda hasta 1996 que básicamente se dedicaban a explotar laboralmente a jóvenes que debían así expiar sus presuntos pecados, muchos de ellos relacionados con relaciones prematrimoniales. Cosas pequeñas como estas nos cuenta la historia de Bill Furlong, un hombre hecho a sí mismo que ha conseguido levantar un negocio moderadamente próspero de reparto de carbón. Estamos en 1985 y Furlong lleva una vida tan ordenada como consagrada a su familia, mientras intenta calmar la permanente ansiedad que le causan los recuerdos de una infancia de pobreza y privaciones. Ahora que ha conseguido una estabilidad, el protagonista teme perderlo todo, sobre todo cuando advierte como el convento local de la Magdalena, uno de sus principales clientes, trata a sus jóvenes internas. Algunas de las imágenes recuerdan a las de los campos de concentración del Tercer Reich. Lo malo es que Furlong no es un héroe, es un hombre temeroso con una posición social modesta, sin poder alguno para cambiar las cosas. ¿Debe arriesgarlo todo poniendo en peligro a su propia familia para denunciar una situación conocida y aceptada por la comunidad? Este es el gran dilema al que nos enfrenta la película de Mielants, un planteamiento muy interesante que podría haberse desarrollado mejor si el personaje principal no fuera tan plano y contenido, por lo que al final el resultado acaba siendo demasiado frio en una historia que reclamaba mayor profundidad.

P: 6

viernes, 3 de abril de 2026

LOS REQUISITOS DEL AMOR (2003), DE JOHN ARMSTRONG. UNA FILOSOFÍA DE LA INTIMIDAD.

Alcanzar un amor perfecto con la pareja es el ideal al que aspiran casi todas las personas que conviven en sociedad. Desde antiguo, mitos como el que describió Platon animan a encontrar en otra persona del sexo opuesto (o del mismo) aquello que nos falta en nosotros mismos. Aunque para muchos el relato del amor perfecto se encuentra en obras como Romeo y Julieta, en realidad el auténtico amor es el que perdura con los años y sabe superar todas las dificultades. Además, se trata indudablemente de una emoción que está en nuestros genes, pero que también ha sido moldeada social e históricamente: no es lo mismo el concepto de amor en la Edad Media que el de la sociedad occidental del siglo XXI.

Entre otras cosas, el amor correspondido refuerza algo tan importante como la autoestima, siempre que la otra persona sea capaz de ofrecernos "una mirada apreciativa que nos muestre nuestros aspectos más agradables", una mirada que sea precisa y amable y que no exagere nuestras virtudes ni se ensañe con nuestros defectos. Entonces vemos recompensados nuestros esfuerzos al estar con la persona indicada, puesto que el ritual de acercamiento al otro - depende de las capacidades de cada cual - puede ser agotador psicológicamente, pues en el interior de quien toma la iniciativa de acercarse a otra persona luchan el anhelo por ser correspondido con la posibilidad del fracaso y la humillación. Lo verdaderamente fascinante de todo esto es que conquistar a alguien anhelado no garantiza la felicidad:

"Esta es la tragedia intrinseca del amor. Si triunfa, si nuestro amor se ve correspondido, y desemboca en una relación, la persona con la que estamos debe acabar siendo distinta de la que imaginábamos. El amor anhela la cercanía, pero la cercanía siempre nos enfrenta a algo distinto de lo esperado, y con el tiempo esa persona que al principio parecía tan segura y llena de vida resulta ser un saco de ansiedades y miedos ocultos. Además, la seguridad de la rutina puede pillarnos desprevenidos: cuando intentábamos ganarnos su afectos nos mostrábamos ingeniosos y atentos, pero ahora que lo hemos conseguido volvemos a comportarnos de otro modo. Cuando triunfa, el amor nos lleva a asumir retos: tener hijos, comprar una casa, compartir las responsabilidades domésticas..., y para afrontar incluso moderadamente bien estas situaciones necesitaremos un montón de cualidades distintas a las que su día avivaron ese mismo amor."

Es lo que se llama madurez en el amor, algo que no suele aparecer en las grandes novelas o relatos clásicos que muestran una relación ardiente entre dos amantes. El protagonista de El gatopardo decía cínicamente que el matrimonio era un año de fuego y treinta de cenizas. El reto de una pareja es que esta famosa máxima no se haga realidad, aunque es muy difícil pensar en la rutina cuando una pareja empieza a conocerse. En este sentido, Los requisitos del amor trata de ser desmitificador, aunque reconociendo la magia que supone el enamoramiento. Por eso, porque todos hemos vivido experiencias similares, Armstrong interpela constantemente al lector, sin que esto se convierta en un libro de autoayuda, sino en un manual de aprendizaje, ya que siempre resulta algo insólito analizar el amor desde un enfoque más filosófico que emocional.

jueves, 2 de abril de 2026

Z (1969), DE COSTA-GAVRAS.

Tal y como se advierte al principio de la película, Z refleja hechos reales - ocurridos en Grecia - pero los traslada a un país del que no se dice su nombre para narrar una trama política en cuyo guión participó nada menos que Jorge Semprún. Se trata de una presunta democracia donde la oposición vive asediada y no puede expresarse libremente, por lo que cuando se va a organizar un acto en el que va a hablar un diputado que es la gran esperanza de la izquierda, las tensiones estallan y el diputado acaba asesinado. Lo que sigue son los intentos del Estado de ocultar los hechos frente a un juez de instrucción de comportamiento digno e incorruptible. Lo que podría haber sido una película impecable, debido a la fuerza del mensaje que se quiere transmitir, ha envejecido muy mal y vista hoy resulta desconcertante la poca sensación de verosimilitud que transmite. Que sus escenas de violencia no sean impactantes no importa demasiado, pero sí que molesta que todos los conspiradores de ultraderecha sean retratados como unos absolutos imbéciles cuya actuación en el magnicidio es una auténtica chapuza, por lo que se parecen más a villanos de Mortadelo y Filemón que a los que debían reflejarse en una película seria. Además, cuando están ante el juez todos muestran un comportamiento infantil y caen en las trampas dialécticas más sencillas. Además uno de ellos va vestido como Torrente (y su actuación es similar), lo que no hace sino sacarme todavía más de la trama presuntamente seria que estoy contemplando. Frente a todo esto la actuación tan digna del juez de instrucción queda como lo que la película podía haber sido y no fue. Pese a todo, Z sigue siendo una lección de politica filmada en unos años muy agitados y cuenta con las actuaciones muy dignas de Yves Montand e Irene Papas.

P: 5

REINA DE CORAZONES (2019), DE MAY EL-TOUKHY

Reina de corazones y su posterior remake francés, El último verano son prácticamente la misma película. Ambas hacen trizas las hipocresías del mundo burgués a través del peor de los escenarios posibles: la relación amorosa y sexual entre un adolescente y su madrastra. Y aquí la protagonista no puede aducir que es una mujer aburrida o frustrada, ya que se trata de una abogada exitosa y con una gran vida social. Pero se siente atraída por lo prohibido, por ese hijastro aparecido de la nada, con ese halo de rebeldía infinita que acaba volviéndola loca, hasta el punto de arriesgarlo todo por un poco de buen sexo. Esto no quiere decir que la abogada, con un historial impecable en cuanto a su vida familiar, se haya vuelto perversa de repente, sino que ha caído sin saber cómo en una tentación que parecía diseñada para ella y va a ser muy difícil ocultar las pruebas ante su marido, como bien conoce por su ejercicio profesional, precisamente como especialista en protección de menores. Pero lo mejor de ambas películas es que no ofrecen un discurso moral, sino que exhiben los hechos desnudos y es el propio espectador el que va a sentirse incómodo frente a unos hechos que muchos considerarán prohibidos e incluso depravados.

P: 6

miércoles, 1 de abril de 2026

LA DEUDA (2025), DE DANIEL GUZMÁN.

En una casa de un barrio céntrico de Madrid conviven una mujer muy mayor y un hombre que casi está llegando ya a los cincuenta. Pronto advertimos que no son madre e hijo, sino que él es un perdedor que tuvo la suerte de que Antonia le dejara vivir en su casa a cambio de compañía. El detonante de la trama es un drama social muy de nuestro tiempo: una deuda bancaria sobre el inmueble que quiere aprovechar un fondo buitre para convertir el domicilio de Antonia en uno más de esos malditos pisos turísticos que están echando de nuestras ciudades a los vecinos de siempre. Aquí entonces existen dos deudas: la que exige el banco y la que Lucas siente que tiene con Antonia, que quiere pagar acercándose a un grupo criminal que le ofrece un trabajo aparentemente fácil y bien retribuido, pero muy peligroso. Aunque a veces adolezca de falta de ritmo, La deuda es una película de género muy bien construída y que aprovecha muy bien sus limitaciones para ofrecer un producto correcto sin excesivas ambiciones. Hay personajes poco creíbles y no muy bien construídos, como el de la enfermera, pero en conjunto la película de Guzmán deja buen sabor de boca al espectador, ya que muestra una historia muy en consonancia con los problemas de una España que desde instancias oficiales dicen que va bien, mientras numerosas personas luchan cada día para conservar ese precario techo que tienen sobre sus cabezas. 

P: 6

lunes, 30 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD (2026), DE PEDRO ALMODÓVAR.

Pedro Almodóvar elige de nuevo a sus propias experiencias como material de su guión y entrega una historia repleta de personajes guapos y que gozan de una envidiable riqueza material, pero que están amargados por diversas causas. El principal problema de Amarga Navidad es que ni las actuaciones ni los diálogos de sus actores son en absoluto creíbles, ni en la ficción que está inventando el director protagonista para su próxima película ni en su propia realidad, de la que extrae su inspiración como si fuera un vampiro para la gente que lo rodea. Y este es precisamente el tema que quiere plantear Almodóvar, los difusos límites entre realidad y ficción y el derecho del creador para apropiarse de las historias que lo rodean, por muy privadas que sean éstas, para poder verterlas en su arte cinematográfico, como ya hicieron antes directores como Fellini. Aunque al principio se sigue la historia con interés, el espectador pronto empieza a aburrirse ante esa colección de dramas sin sustancia, muy impostados y tremendos. Bien es cierto que la estética de la película y su dirección son impecables, pero eso no basta para mantener el interés en una narración que se va diluyendo poco a poco hasta provocar el desinterés más absoluto. Una obra tremendamente fallida que no desmerece en absoluto el legado de este gran director.

P: 3