sábado, 7 de marzo de 2026

EL PADRINO: EPÍLOGO, LA MUERTE DE MICHAEL CORLEONE (1990), DE FRANCIS FORD COPPOLA.

Una vez que ha llegado a la cima de su poder, Michael Corleone es un hombre roto y enfermo, asediado por los remordimientos por la muerte de su hermano Fredo y todos los asesinatos que se ha visto obligado a realizar para consolidar su posición. Lo encontramos en un momento en el que intenta recomponer la relación con su esposa e hijos. Su última esperanza de alcanzar la respetabilidad y dejar el oscuro pasado atrás es pactar con la Iglesia católica a través de la compra de parte de una de las mayores inmobiliarias de Europa. Mientras tanto, sopesa si debe dejar los antiguos negocios a manos de su impulsivo sobrino Vincent, el hijo bastardo de su hermano Sonny, ya que sus antiguos socios del hampa quieren participar de sus nuevos negocios, lo que haría de anhelada legalización de los mismos algo imposible. Este mismo Vincent podría traer otro tipo de problemas a Michael, ya que inicia un romance con su hija. El último de los Padrinos es un digno final a una de las mejores sagas de la historia del cine e introducir en la trama los negocios oscuros de una Iglesia católica repleta de personajes tan indeseables como los de la Mafia. Una de las mejores escenas es la de la confesión de los pecados del protagonista ante un cardenal, un personaje que parece limpio y que podría guiar la redención de Michael, algo que le es negado al final de la película, donde el personaje recibe el peor de los castigos. Los cambios que realizó Coppola en esta nueva versión son bastante irrelevantes y la fuerza de la historia sigue siendo la misma, la de una tragedia absoluta que cruza unas cuantas décadas hasta llegar a su punto culminante en las escaleras de la ópera de Palermo. El impresionante grito de horror de Michael es solo un pálido reflejo de lo que está sucediendo en su interior.

P: 9

viernes, 6 de marzo de 2026

BUGONIA (2025), DE YORGOS LANTHIMOS.

Es innegable que desde comienzos de su carrera Yorgos Lanthimos ha triunfado imprimiendo un estilo muy personal a sus películas, contando las historias que le apetece, pues por muy locas que sean éstas, siempre va a obtener una notable respuesta del público. Bugonia apela a miedos muy contemporáneos, a teorías de la conspiración que aseguran que estamos gobernados por extraterrestres que organizan en la sombra nuestras desgraciadas jornadas laborales y nuestra existencia dedicada al consumo. Dos jóvenes iluminados quieren desenmascarar este gran engaño que están seguros rige nuestras vidas y ponen su foco en una empresaria muy exitosa, que identifican como una malvada extraterrestre andromedana que ha adoptado forma humana. A partir de aquí Bugonia se transforma en un filme del género de secuestros, pero muy peculiar, puesto que se establece una lucha dialéctica entre Teddy, el cerebro de los dos secuestradores y la presunta extraterrestre, mientras el primo autista de aquel contempla la situación sin conseguir decantarse de un lado u otro. Se trata, aparentemente, de un diálogo entre la locura y la razón, aunque siendo Lanthimos el director, las cosas no son tan evidentes. Poco a poco la trama se va volviendo más incómoda, porque el guión va plantando semillas de dudas al espectador y el tercer acto resulta realmente apoteósico, digno de una trama de este calibre. Versión de una película surcoreana de hace veinte años, Bugonia no va a decepcionar a los seguidores del director griego: está muy bien dirigida y su trama, aunque absurda, cuenta con la suficiente coherencia interna como para resultar interesante en todo momento.

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jueves, 5 de marzo de 2026

EL PADRINO. PARTE II (1974), DE FRANCIS FORD COPPOLA.

Michael Corleone ha aceptado plenamente el envenenado legado de su padre y se pone como objetivo legalizar los negocios de su familia. Pero esta meta no es nada fácil y el protagonista debe huir hacia delante todo el tiempo dejándose en el proceso la poca humanidad que le quedaba. Porque Michael es el personaje trágico por antonomasia. Un joven culto que quería desarrollar su vida lejos de los negocios de su familia, al que las circunstancias le han colocado en el centro de los mismos. Comprender el funcionamiento de los Corleone supone un proceso complicado, de años, pero planificar y ejecutar el blanqueamiento de los negocios de la familia resulta casi imposible, porque el pasado siempre vuelve, ya que los antiguos socios siempre van a estar reclamando trozos de los nuevos pasteles que consigue Michael. Los Corleone han conseguido establecerse en Las Vegas, dejando los negocios de Nueva York a un antiguo colaborador, pero cuando la violencia irrumpe en su propio dormitorio, en forma de intento de asesinato, Michael debe poner toda la carne en el asador para recomponer la situación. Esto supone viajar a Cuba para negociar un casino con su futuro socio, el veterano mafioso Hyman Roth, precisamente cuando está a punto de triunfar la revolución de Fidel Castro. Además, deberá lidiar con el hecho de que su hermano Fredo parece haber traicionado a la familia. A la vez que sucede todo esto en pantalla, Coppola nos narra los comienzos de un Vito Corleone que llega a Nueva York a principios del siglo XX, como un niño que huye de una venganza familiar en Sicilia, convertido posteriormente en un joven que prospera en el mundo del crimen organizado gracias a su inteligencia y falta de escrúpulos. Aquí Vito Corleone es interpretado por un Robert de Niro que pone todo su talento actoral al servicio de un papel que nos recuerda al de Brando en la película anterior, ayudado por una ambientación magistral, puesto que la saga de El padrino no es solo un drama ambientado en la mafia, sino que es historia viva de los Estados Unidos. Lo más prodigioso de esta obra es que sostiene el nivel de la primera y es capaz de ampliar el universo que presenta la misma en forma de saga familiar que completa el cuadro ofrecido por la anterior. 

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LA MUJER DE AL LADO (1981), DE FRANÇOIS TRUFFAUT.

Título menor en la filmografía de Truffaut, La mujer de al lado cuenta la historia de una tentación y posterior adulterio, puesto que el protagonista tiene que gestionar el hecho de que a la casa de al lado de donde vive se muda una antigua amante junto a su pareja. Ambos no tardarán en reanudar su antigua pasión, en un juego del gato y del ratón en el que deben engañar a sus respectivos cónyuges. Lo que podría ser una buena película de suspense e incluso un buen estudio sobre el matrimonio burgués en aquella época se queda un poco en tierra de nadie. Buenos momentos se alternan con algunos un poco ridículos y la poca química que existe entre Depardieu y Ardant no contribuye a mejorar un conjunto que se ve con bastante agrado, pero sintiendo que a la obra le falta algo importante. El personaje de Depardieu, que termina siendo insólitamente indiscreto se beneficia de que está casado con una mujer que parece rozar la santidad, frente a la tentación carnal que simboliza su vecina, por lo que falta de credibilidad se acentúa.

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miércoles, 4 de marzo de 2026

NUREMBERG (2025), DE JAMES VANDERBILT.

La figura de Adolf Hitler impregna de tal modo el imaginario popular, que ha eclipsado casi totalmente a la de sus numerosos lugartenientes, salvo quizá a la de Goebbels. Muchos de estos colaboradores de primera línea fueron juzgados en el principal de los juicios que se celebraron en Nuremberg una vez acabado el conflicto. Se trataba de un movimiento muy arriesgado, puesto que la acusación de crímenes contra la humanidad procedente de las potencias vencedoras carecía de precedentes jurídicos. El pez más gordo que se pudo capturar vivo fue nada menos que Hermann Goering, el número dos del Régimen nazi. Un hombre corrupto hasta la médula que utilizó su poder, no solo para cimentar la prisión y el exterminio de millones de seres humanos, sino para procurarse una existencia repleta de lujos desmedidos entre los que no faltaban fabulosas mansiones y cuadros procedentes de los principales museos de la Europa ocupada. Goering es una figura que no se ha prodigado mucho en el cine y menos a través del retrato psicológico que se ofrece aquí de la misma, interpretado por un Russell Crowe en estado de gracia. El dirigente nazi era un tipo muy hábil e inteligente y, una vez sometido a una enérgica cura de su adicción a las drogas, apareció como un contendiente formidable para los acusadores de Nuremberg. En la película se relata el acercamiento del psiquiatra Douglas Kelley, encargado de evaluar si los dirigentes nazis prisioneros eran psicológicamente aptos para ser juzgados, a Goering, un criminal que acaba abriéndose a su interrogador, estableciendo con él una especie de relación de amistad mal entendida. En este sentido la pelicula resulta a ratos fascinante, ya que el jerarca nazi podía ser un tipo realmente encantador en las distancias cortas y esta capacidad de seducción podía ser un arma de doble filo para su evaluador. Nuremberg ofrece una visión lo suficientemente atractiva de los juicios celebrados en 1946 como para ser un brillante complemento a ese clásico llamado en España Vencedores o vencidos en la que, debemos recordarlo, no se retrataba exactamente este proceso, sino uno posterior dirigido contra los responsables de la política nazi de esterilización y política étnica.

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NUESTROS SILENCIOS (2025), DE LAURENCE JOSEPH. POR QUÉ CALLAMOS.

El silencio generalmente es una bendición. En un mundo tan acelerado como el que habitamos, poder tener un espacio de reflexión sin el ruido ambiente que nos acompaña a todas partes es un lujo del que debe prescindir mucha gente, demasiado ocupada para siquiera aspirar a eso. En uno de los países más ruidosos del mundo, poder aspirar al silencio se convierte en demasiadas ocasiones en todo un reto, porque da la impresión de que no goza de prestigio en la sociedad actual, un mundo que nos insta a mantenernos ocupados y que reclama nuestra atención de mil maneras diferentes. Pero el silencio también puede tener un lado negativo. Se trata del silencio de las víctimas que no se atreven a acusar a su verdugo, del silencio forzado al que se ven sometidos los que viven involuntariamente solos o incluso de la famosa omertá, aunque uno de los vehículos principales de este silencio es el miedo a las consecuencias de pronunciar ciertas palabras:

"Todo lo que no os dijimos, las palabras que no supe pronunciar, que no me salían de los labios, que no me llegaban a la voz, que no logré arrancar de mi interior. Ni por timidez ni por torpeza, sino tal vez por temor a que esas palabras te duelan primero a ti y luego a mí. Eso sigue siendo un relato paralelo, abstracto, en perpetuo proceso, que flota, son las cartas nunca escritas, los gritos nunca proferidos, las confesiones postergadas. Imposible llegar a esas palabras."

Nuestros silencios parte de la experiencia de su autora como psicóloga clínica, una labor en el la que el silencio de la escucha tiene una importancia fundamental. Este ambiente clínico propicia que se pronuncien las palabras nunca dichas. Pasamos a ser dueños de nuestro silencia ser, voluntariamente, dueños de esas palabras que por fin salen al exterior ante alguien que manifiesta una escucha activa. Todo se reduce a saber cuando elegir hablar y cuando elegir callar. No poder elegir, por motivos psicológicos o por puro miedo es una restricción de la libertad intolerable, una circunstancia que no siempre se puede superar. A veces son las instituciones de poder - Estado, familia o el propio ambiente cultural en el que se mueve el individuo - las que propician esos silencios incómodos o incluso devastadores que solo pueden ser superados, si hay suerte, con el paso del tiempo. El libro de Joseph constituye una muy interesante reflexión sobre nuestra idea de silencio, que tiene mucho que ver con la de nuestra libertad como seres humanos.

martes, 3 de marzo de 2026

EL PADRINO (1969), DE MARIO PUZO Y DE FRANCIS FORD COPPOLA (1972). EL PODER DE LA FAMILIA.

Aunque no se trate de una obra de un excelso nivel literario, la novela de Mario Puzo tiene la suficiente fuerza como para haber sido la semilla de una de las obras maestras definitivas del cine. Es imposible resistirse a esta historia que describe el funcionamiento de una familia mafiosa en el seno de Estados Unidos, una familia, que junto a algunos otras constituyen a la vez un cáncer dentro del sistema, ya que corrompen a políticos, jueces y empresarios en pos de intereses particulares. En el centro de este ecosistema se encuentra don Vito Corleone, un hombre hecho a sí mismo que ha adaptado los métodos sicilianos a Estados Unidos hasta convertirse en uno de los hombres más poderosos en la sombra del país. El método de Corleone es sencillo: concede favores a quienes van a verle, quedando estos en deuda con él. Ha montado su imperio de un modo minucioso y procurando mantener la paz entre las familias en lo posible. Aparentemente se trata de un hombre razonable y pacífico, que solo exige a los demás el repeto debido, pero si la ocasión lo merece, puede ser sanguinario y despiadado.

La auténtica tragedia de El padrino se encuentra en su hijo Michael. Al comienzo se nos muestra como alguien que sigue teniendo vínculos con su familia, pero absolutamente ajeno a los negocios de ésta, hasta el punto de que ha luchado en la Segunda Guerra Mundial con la desaprobación del Don. Lo cierto es que Michael tiene varias posibilidades de ser feliz, primero junto a Kay (que luego se convertirá en su esposa) y después en su breve estancia en Sicilia junto a la joven e inocente Apolonia, que será asesinada por una bomba destinada a él. Cuando don Vito sufre un atentado que casi acaba con su vida, algo cambia dentro de Michael y se desarrolla en él un profundo amor por su padre y por su familia, convirtiéndolo en un asesino despiadado. Y lo más prodigioso de todo es que este cambio radical se desarrolla de un modo muy coherente con la narración. La interpretación de Al Pacino en este sentido es prodigiosa: su mirada helada, cuando comienza su tortuoso camino hacia la herencia de su padre es la de las que no se olvidan.

El padrino es también un discurso sobre el poder, sobre su ejercicio, mantenimiento y sus ceremonias. Uno de los aspectos más destacables de la película es cómo muestra los usos y costumbres de la Mafia siciliana, que curiosamente fueron adoptados por la Mafia real del momento. Aquí la Familia aparece como algo elegante, aunque pronto se le muestra al espectador lo que esconde tanta pompa y opulencia: las traiciones y la violencia se encuentran siempre agazapadas esperando el momento de salir a la superficie, cimentando el poder con la argamasa de litros y libros de sangre derramada. Para poder conseguirlo Michael es capaz de vender su alma al diablo. Su idea de poder absoluto está mucho más allá de las lealtades familiares: se convierte en un auténtico monstruo para los suyos, pero él estima que esa es la única manera de asegurar su alimentación. El Don debe proveer a numerosas personas, aunque sea a costa de perder todo rasgo de humanidad. En este sentido El padrino se alza como la tragedia griega perfecta, la de aquel que se convierte en un ser repulsivo por puro amor al legado de su padre.

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