Todos sabemos en lo que han derivado todas estas ingenuas promesas. Ahora internet es un espacio dominado por un pequeño puñado de empresas cuyo máximo interés es la explotación económica de los datos que consigue de los comportamientos en la red de millones y millones de usuarios. Mientras la oferta sigue siendo aparentemente infinita, los contenidos se degradan y no se premia la calidad sino la capacidad de suscitar emociones rápidas, de usar y tirar. Se estimula ante todo la adicción de los navegantes a aplicaciones y páginas sin utilidad práctica, pero que pueden otorgar sorprendentes réditos económicos a unos pocos.
Como no podía ser de otra manera Mierdificación pone su foco en los grandes villanos de esta historia, en esas multinacionales que ya no solo son dueñas de inmensas riquezas económicas, sino que cuentan con el poder de manipular las emociones del mundo. Se trata de empresas como Google, Amazon o Facebook, que poco a poco se han hecho imprescindibles para millones de personas que quedan atrapadas por unas reglas que no las favorecen en absoluto. A cambio de servicios que pueden parecer gratuítos la gente ofrece información acerca de sus más íntimos deseos a unas empresas que pueden ir personalizando sus ofertas publicitarias de manera cada vez más eficaz mientras van destruyendo sistemáticamente cualquier posible competencia. Pero eso no quiere decir que estos servicios sean cada vez mejores, sino todo lo contrario. Su principal interés no es la satisfacción de sus usuarios, sino la de sus clientes, que son las empresas que se van a beneficiar del comercio de datos. Como no hay alternativas, la gente queda atrapada por unos servicios que una vez funcionaron bien, pero cada vez son peores.
Frente a la tendencia a la colaboración que se establecía como fundamental en el internet viejo y querido, ahora lo preponderante es la idea de dominación y esto no solo afecta a los consumidores, sino también a los empleados de estas multinacionales que ven empeorar año tras año sus condiciones de trabajo, ya que no hay alternativas al mismo y su esfuerzo es fácilmente reemplazable. Todo se resume en un texto de Doctorow publicado hace un mes en el suplemento Ideas de El País:
"La mierdificación describe el proceso de degradación caracterísitco de las plataformas: al principio, se portan bien con los usarios, al mismo tiempo que buscan la forma de fidelizarlos. En cuanto los responsables de una plataforma saben que los usuarios están fidelizados y no pueden irse así como así, empiezan a tratarlos peor (los espían, los manipulan, los bombardean con anuncios) para atraer a clientes del mundo de la empresa, que también acaban fidelizados, porque necesitan a los usuarios cautivos. Por último, la plataforma elimina el valor que aportaba y no deja más que un valor residual que es el mínimo necesario para mantener a los usarios atrapados en la platafomra y a las empresas atrapadas en los usuarios. Este valor se transfiere a los directivos y los accionistas y la plataforma se convierte en un montón de mierda."
Como puede observarse, se trata de un panorama verdaderamente desolador del que todos formamos parte de manera más o menos voluntaria. Que millones de ciudadanos hayan sido capaces de votar a un individuo tan transparentemente siniestro como Donald Trump, dice mucho de la capacidad de manipular con la que cuentan estas empresas que dominan el mundo actual de maneras absolutamente insospechadas.






