sábado, 17 de octubre de 2026

ANTICRISTO (2009), DE LARS VON TRIER.

Muy controvertida en su momento por la dureza la de la historia y de las imágenes que la ilustran, lo mejor es acercarse a Anticristo como una película de terror puro, la historia de una posesión infernal en la que no puede haber un final feliz. Trier comienza su propuesta de forma terrible, mostrando el contraste entre una pareja haciendo el amor de manera muy apasionada y su hijo pequeño, que gatea inocentemente, cayendo desde una ventana hasta estrellarse en el suelo, escena en la que el director se recrea hasta el punto de mostrar la caída a cámara lenta. A partir de aquí el protagonismo es absoluto para la pareja formada por los actores William Dafoe y Cahrlotte Gainsbourg, la musa del director. Él es un psicólogo de prestigio que quiere ayudar a su mujer haciendo que deje la medicación para la depresión y experimente una terapia de dolor puro, que la haga aceptar la realidad de la muerte de su hijo. Aunque al principio parece ir curándose, el carácter de la mujer se va volviendo más inquietante hasta provocar una orgía de sangre al despertarse el ser que parece poseerla. Trier filma todo esto en un paisaje verdaderamente desolador, un ambiente propicio para que lo sobrenatural se manifieste en todo su esplendor. Quizá la historia que cuenta Anticristo no se encuentre demasiado pulida y sea ofrecida al espectador de una manera tosca y sin filtros, pero en esto precisamente reside la esencia de esta película, en mostrar el horror de una manera cruda con la finalidad obvia de provocar al espectador e incluso echarlo de la sala de cine, por lo que no se trata de una obra que esté destinada a todo tipo de público.

P: 7

EL INVASOR (2024), DE JOSÉ ANTONIO PÉREZ LEDO Y ALEX ORBE.

El invasor nos habla del contraste en las vidas de sus dos personajes principales. Carol trabaja evaluando hoteles de lujo alojándose en los mismos para valorar en secreto sus prestaciones. Parece una persona bastante seria y seca, pero su carácter se ablandará cuando vuelva a su casa en plena pandemia de covid y se entere de que su padre ha sido ingresado en estado tan grave que acabará falleciendo en el hospital. Las circunstancia la obligan a volver a casa de padre para recoger sus cosas y allí se encontrará con Omar, que ha estado viviendo en ese hogar por invitación de su padre. Omar es uno de esos llamados menas, que acaba de cumplir los dieciocho años y ha sido expulsado del sistema de acogida, por lo que se ve obligado, como otros muchos compañeros, a estudiar de día y a dormir en la calle de noche. Esta es una realidad que no sale en los telediarios, pero que se expone en este cómic, como una contundente denuncia de las enormes brechas de un sistema que debería ser revisado. Entre los puntos fuertes de El invasor está el retrato tan certero de la incertidumbre de los días de pandemia y de los días solitarios que pasaron muchos que tuvieron que quedarse a solas en su hogar. La historia que cuenta el cómic está bien, refleja los inmensos problemas de integración de quienes tienen buenas intenciones y son prácticamente abandonados por el Estado cuando se supone que ya pueden mantenerse por sí mismos. Si hay que ponerle un pero al cómic es que su historia tarda demasiado en arrancar, la presentación de la vida de Carol abarca demasiadas páginas, espacio que podría haberse aprovechado para contar con más detalle las visicitudes de Omar desde su llegada a nuestro país hasta que conoce a nuestra protagonista, verdadero punto de interés de esta historia.

lunes, 12 de octubre de 2026

LA PIEDRA OSCURA (2014), DE ALBERTO CONEJERO Y LA BOLA NEGRA (2026), DE JAVIER CALVO Y JAVIER AMBROSSI. LOS FANTASMAS DE LORCA.

La piedra oscura, de Alberto Conejero es una obra teatral de una gran sencillez formal. Se trata de una conversación entre un soldado republicano herido, al que van a fusilar la mañana siguiente y su guardián, un soldado nacional que pelea en ese bando simplemente porque la suerte lo quiso así. El moribundo es Rafael Rodríguez Rapún, el considerado último amante de Federico García Lorca, alguien que en sus últimas horas de existencia necesita confesar sus culpas, ya que siente responsable de la muerte del poeta. Su interlocutor es un hombre del pueblo, alguien que no sabe nada de la vida cultural que se ha producido en los últimos años en España y ni siquiera entienda por qué está luchando, si no es por la propia supervivencia. Pero poco a poco se va sintiendo fascinado por el relato de Rafael y por ese personaje de Lorca, que ha sido asesinado hace apenas un año por los suyos, pero que ya ha entrado en el terreno de lo mítico, hasta el punto de que es retratado casi como un ser sobrenatural, capaz de subvertir los deseos más íntimos de su amigo:

"Si tú lo hubieras conocido, si tú hubieras compartido unos minutos con Federico podrías entenderlo. Me abrazó y me dio un beso. Era la primera vez que besaba a otro hombre. Sentí un amargor en la boca, pero no la aparté. Y luego no sé como, no me di cuenta. Tenías ganas de Federico, ansiedad de Federico, necesidad de Federico. Llegaron los viajes con el grupo y yo sentía que cada minuto con él ensanchaba mi alma. Le escuchaba hablar y me hacía pequeño, me hacía invisible."

Aunque se basa en hechos históricos reales, La piedra oscura inventa una muerte distinta para Rapún, que no fue fusilado, sino que falleció en un hospital militar de Santander por las heridas sufridas en combate. Por los testimonios de la época, parece ser que Rapún fue un soldado temerario y que de algún modo buscaba la muerte, quizá por la rabia de haber provocado indirectamente, con su indeferencia a sus últimas comunicaciones, que Lorca realizara su fatal último viaje a Granada. Estas licencias le sirven a Conejero para acentuar la tensión dramática a través dlel personaje de Sebastián (nombre escogido no por casualidad), que es el joven soldado nacional que acabará asumiendo como suya la tarea de recuperar una de las últimas obras de Lorca, La bola negra, de la cual han llegado a nosotros unas escasas cuatro páginas, pero que en esta ficción se encuentra intacta en el último domicilio de Lorca en Madrid. Parece ser que en esta obra se iba a abordar de manera abierta el tema de homosexualidad a través de la historia de un joven cuya candidatura a ser miembro del Casino de Granada es rechazada precisamente por su condición. Se puede especular mucho acerca de cómo hubiera sido la obra acabada, pero los Javis lo hacen de manera muy elocuente en su película.

La fascinación que produce en los aficionados a la lectura pensar en qué obras hubiera podido escribir tal o cual autor si hubiera vivido unos años más está muy presente en La bola negra, una película que expande de manera considerable la obra de Conejero y se narra en tres ámbitos temporales: el que sucede durante nuestra Guerra Civil, el hallazgo de la obra perdida de Lorca en la actualidad y la representación - ficción sobre ficción - de una versión imaginada de la misma, que sería la que escribió Lorca en el universo que propone esta película. Aunque comienza con un tono muy realista, con una escena muy cruda del bombardeo de un pueblo por la aviación italiana, la película no se mantiene en ese tono durante todo el metraje, optando a veces más por la estética que por la narrativa pura, hasta el punto de que los soldados nacionales que se encuentran acampados a las puertas de Santander son retratados casi desde un punto de vista homoerótico, llegándose un poco al exceso en la escena que protagoniza Penélope Cruz, bien rodada pero un tanto forzada y excesiva, aunque en ella podamos contemplar la verdadera naturaleza depredadora de los guerreros cuando una mujer hermosa se pone en su punto de mira.

El tono fantástico sí que está justificado en la representación de La bola negra, que se presenta como una valiente reivindicación de la sexualidad de su protagonista en un ámbito social absolutamente hostil a la misma. La parte más realista - y deliveradamente más gris - es la que representa nuestro tiempo (unos años atrás, para ser justos), que concluye con el hallazgo de la obra teatral completa de Lorca, algo que produce la fascinación de un sueño cumplido a la hispanista (interpretada por Glenn Close) a la que se presenta para verificar su autenticidad, como si Lorca nos llamara desde el pasado para ofrecernos un último regalo. Un Lorca que aparece en las últimas escenas de un modo - creo yo - bastante innecesario, ya que con su materialización en la pantalla se pierde algo del halo de misterio y pureza que había mantenido hasta ese momento. La bola negra es una obra imperfecta, pero muy bien construída y - lo que resulta más importante y valioso - realizada de un modo muy personal por sus directores, que han tenido la gentileza de hablar a todas las generaciones (solo hay que ver el éxito inmenso de público que están teniendo sus sesiones) de ese gran mártir de nuestras letras que fue Federico García Lorca, acercándolo al espectador actual con absoluto respeto a su justamente venerada figura, convertida con justicia en el símbolo de la barbarie que constituyó nuestra Guerra Civil. 

P: 7

DELITOS Y FALTAS (1989), DE WOODY ALLEN.

El guión de Delitos y faltas hace una evocación más que evidente de la obra maestra de Dostoievski, Crimen y castigo. El protagonista de la que podríamos denominar parte trágica es el doctor Judah Rosenthal, un oftalmólogo que parece vivir una existencia perfecta: goza de un gran prestigio profesional, su familia le adora y posee el suficiente dinero como para vivir en una burbuja de bienestar que le aisla de los problemas del mundo real. Pero hay una molesta piedra en su zapato que amenaza con dejarle descalzo: una amante a la que hizo demasiadas promesas y que ahora se ha convertido en un ser histérico cuya única pretensión es que Rosenthal demuestre la veracidad de sus pasadas declaraciones de amor y se divorcie de su mujer. Si no, está dispuesta a destruir su vida. Ante esta tesitura, el oftalmólogo deberá optar entre las soluciones que le ofrecen dos personas (que son como el ángel bueno y el ángel malo que se aparecen al protagonista en algunos dibujos animados), un rabino amigo suyo, cuya visión del mundo tiene que ver más con lo celestial que con lo material (y que, paradójicamente, se está quedando ciego), que le aconseja que afronte el problema contándoselo todo a su mujer y su propio hermano, alguien que está acostumbrado a moverse al otro lado de la ley, que le ofrece una solución más radical: matar a su amante.

En la otra historia, el protagonismo está reservado al propio Woody Allen, que interpreta a Cliff Stern, un hombre que está pasando por una profunda crisis vital: su matrimonio hace aguas y su trabajo como realizador de documentales no prospera. Stern intentará acogerse a un nuevo amor, pero todo le saldrá mal. Aunque su historia está narrada en tono de comedia, el fondo es amargo y el espectador siente que el castigo del que se hace acreedor por su faltas, es desmesurado, sobre todo si lo comparamos con el destino de Rosenthal.

Como en la novela de Dostoievski, el gran tema de Delitos y faltas es el remordimiento, esa sensación de ser devorado por dentro que puede afectarnos independientemente de la gravedad de nuestras culpas. Así lo expresaba Emil Cioran en su obra El ocaso del pensamiento:

"El remordimiento metafísico es una turbación sin causa, una inquietud ética en el límite de la vida. No tienes culpa alguna de la que arrepentirte y sin embargo sientes remordimientos. No te acuerdas de nada pero te invade un sentimiento infinitamente doloroso del pasado. No has hecho nada malo pero te sientes responsable de los males del universo. Sensaciones de Satanás delirante de escrúpulo. El principio del Mal apresado en las redes de los problemas éticos y en el terror inmediato de las soluciones. Cuanto menos indiferente seas al Mal, más cerca estarás del remordimiento esencial. (...)"

Pero ¿cuál es la solución? Parece ser que ese sentimiento tan difuso que llamamos amor. Quien goza del amor de los demás, se salva. Quien no es capaz de ser acreedor del mismo, acaba hundiéndose. Así Rosenthal, que vive rodeado del cariño de los suyos, se va construyendo poco a poco un subterfugio para justificar como inevitable un acto que en realidad ha sido inhumano y merecedor de los más severos reproches. En cambio, Stern pierde sus dos amores, el antiguo y el que esperaba con ilusión. Cuando lo vemos por última vez, parece estar actuando sobre él la eterna frialdad del Universo. En palabras del profesor Louis Levy, sobre el que está realizando un documental:

"Pero debemos recordar siempre que nosotros cuando nacemos necesitamos mucho amor para convencernos de que hay que seguir viviendo y una vez conseguido ese amor suele durarnos. Pero no olvidemos que el Universo es un lugar muy frío. Somos nosotros los que lo revestimos con nuestros sentimientos y, desde luego, en ciertas condiciones nos parece que esto no vale la pena."

El ojo de Dios. El ojo de la propia conciencia. El ojo ajeno. Y, por fin, el ojo del espectador que juzga la tragedia desde fuera, pero inevitablemente comparando la existencia de los personajes con la suya propia. Por eso fue tan apasionado el debate del viernes pasado, porque Woody Allen toca temas intemporales, a través de un equilibrio magistral entre comedia y tragedia que suele estar presente en nuestras vidas.

P: 10

domingo, 11 de octubre de 2026

HIERRO 3 (2004), DE KIM KI-DUK.

Tae-Suk es un joven que ha resuelto el problema de la vivienda a su manera. Se dedica a averiguar - de manera tan ingeniosa como arriesgada - qué viviendas quedan temporalmente vacías porque los propietarios están de viaje y las ocupa durante esos días. No se dedica a robar y tiene la gentileza de dejar siempre reparado cualquier aparato estropeado que encuentre en los aposentos del dueño del hogar. Un día encuentra en una de las casas, que creía vacía, a Sun-hwa, una mujer maltratada que ha perdido su capacidad de hablar. Huye con ella y empiezan a experimentar juntos la existencia de Tae-Suk. Un día son detenidos por la policía y el marido de Sun-hwa quiere venganza... Hierro 3 es una película de planteamiento muy interesante, acerca de un joven que ha decidido que su existencia no va a ser convencional y dicha trama funciona perfectamente hasta la mitad. Luego, se convierte en una especie de película de origen de un superhéroe, ya que le protagonista va entrenando hasta convertirse en una especie de Batman, que puede moverse por una habitación sin ser visto, con lo que deviene en algo demasiado poco creíble a la par que convencional. Es indudable que el director consigue planos impactantes a la hora de mostrar las nuevas habilidades del joven, que se ha vuelto un romántico incurable, pero al retratarlo como un ser casi etéreo pierde sus cualidades humanas y el realismo de la primera mitad acaba diluyéndose, con lo cual el interés por el personaje decae.

P: 5 

sábado, 10 de octubre de 2026

AÚN ESTOY AQUÍ (2024), DE WALTER SALLES.

El cine - afortunadamente solo el cine - me ha mostrado en numerosas ocasiones lo que significa vivir en una dictadura, la incertidumbre del día a día de personas que están sometidas a una inseguridad jurídica constante en la que el poder del Estado deviene en absoluto, aunque hay grados en este aspecto. Durante la segunda mitad del siglo XX, Sudamérica fue tristemente famosa por las dictaduras militares que se establecieron en muchas de sus naciones, casi siempre con la aquiescencia de los Estados Unidos. Una de las más feroces fue la brasileña, aunque en los primeros minutos la película nos muestra a una familia feliz, compuesta por un exdiputado de izquierdas, que ahora es ingeniero, su mujer y sus cinco hijos. Aunque la presencia militar es constante y numerosos amigos les advierten de que deberían exiliarse dado el cariz cada vez más siniestro que está tomando el país, Rubens va a aplazando la decisión hasta que ya es demasiado tarde. La escena en la que unos militares vestidos de paisano irrumpen - eso sí, educadamente - en la casa del exdiputado para invitarle a que le acompañen, estremece porque el espectador intuye que detrás de esas buenas formas se esconden las peores intenciones. Luego se nos mostrará uno de los centros de detención de la dictadura por dentro (también se llevan a su mujer y a una de sus hijas, aunque estas serán liberadas a los pocos días después de una experiencia angustiosa) aunque no veremos las torturas que se producen dentro, solo las escucharemos, con lo que Salles consigue transmitir la perspectiva del prisionero, su incertidumbre y su terror interno. Respecto al resto de la película, asistimos la lucha de la mujer del desaparecido por esclarecer los hechos frente a un Estado todopoderoso e indiferente. Eunice deberá recomponer una vida familiar rota a la vez que se convierte en una activista política frente a la dictadura, un personaje perfectamente interpretado por una inmensa Fernanda Torres. Basada en la historia escrita por uno de los hijos de Rubens Paiva, Aún estoy aquí consigue ser una gran obra del cine de denuncia y a la vez el retrato sentimental de una familia rota que, aún así, logró seguir luchando sin renunciar a ser felices. 

P: 8

LA GRAZIA (2025), DE PAOLO SORRENTINO.

En estos tiempos en los que numerosos países cuentan con máximos dirigentes que asustan a cualquier persona racional, el personaje que propone Sorrentino en La grazia resulta toda una contradicción respecto a la tendencia de nuestros días: se trata de un presidente de la República italiana culto, educado y reflexivo. Cuando lo conocemos, Mariano de Santis está vivivendo sus últimos días en la cúpula del poder y, antes de irse, tiene que tomar dos importantes decisiones: aprobar la ley de eutanasia y decidir si concede o no el indulto a unos presos. Don Mariano parece más un presidente filósofo que uno de los frenéticos dirigentes de hoy en día que anuncian mil asuntos y luego no resuelven nada. El protagonista se toma su tiempo para reflexionar, lee los distintos proyectos de ley con atención (se trata de un jurista de mucho prestigio) e incluso visita a alguno de los reos para poder tomar una decisión con más convicción. Pero una de las constantes de este presidente es la duda metódica, por lo que posterga por sistema las decisiones, quizá porque tiene muy afianzada una constante melancolía provocada por la muerte de su mujer, algo que sucedió hace años. Es evidente que a Sorrentino no le interesa ofrecernos una película realista, un presidente no puede permitirse el lujo de dedicar tanto tiempo a la reflexión (excepto el nuestro, en ocasiones) ni está tan solo a la hora decidir. La película, pese que tiene un tono más anecdótico que profundo, se beneficia de la estética que su director imprime a su obra y es innegablemente atractiva en este aspecto, aunque quede muy por debajo de otras reflexiones sobre el poder (en este caso espiritual a la vez que terrenal) como El joven papa.

P: 6