lunes, 12 de octubre de 2026

LA PIEDRA OSCURA (2014), DE ALBERTO CONEJERO Y LA BOLA NEGRA (2026), DE JAVIER CALVO Y JAVIER AMBROSSI. LOS FANTASMAS DE LORCA.

La piedra oscura, de Alberto Conejero es una obra teatral de una gran sencillez formal. Se trata de una conversación entre un soldado republicano herido, al que van a fusilar la mañana siguiente y su guardián, un soldado nacional que pelea en ese bando simplemente porque la suerte lo quiso así. El moribundo es Rafael Rodríguez Rapún, el considerado último amante de Federico García Lorca, alguien que en sus últimas horas de existencia necesita confesar sus culpas, ya que siente responsable de la muerte del poeta. Su interlocutor es un hombre del pueblo, alguien que no sabe nada de la vida cultural que se ha producido en los últimos años en España y ni siquiera entienda por qué está luchando, si no es por la propia supervivencia. Pero poco a poco se va sintiendo fascinado por el relato de Rafael y por ese personaje de Lorca, que ha sido asesinado hace apenas un año por los suyos, pero que ya ha entrado en el terreno de lo mítico, hasta el punto de que es retratado casi como un ser sobrenatural, capaz de subvertir los deseos más íntimos de su amigo:

"Si tú lo hubieras conocido, si tú hubieras compartido unos minutos con Federico podrías entenderlo. Me abrazó y me dio un beso. Era la primera vez que besaba a otro hombre. Sentí un amargor en la boca, pero no la aparté. Y luego no sé como, no me di cuenta. Tenías ganas de Federico, ansiedad de Federico, necesidad de Federico. Llegaron los viajes con el grupo y yo sentía que cada minuto con él ensanchaba mi alma. Le escuchaba hablar y me hacía pequeño, me hacía invisible."

Aunque se basa en hechos históricos reales, La piedra oscura inventa una muerte distinta para Rapún, que no fue fusilado, sino que falleció en un hospital militar de Santander por las heridas sufridas en combate. Por los testimonios de la época, parece ser que Rapún fue un soldado temerario y que de algún modo buscaba la muerte, quizá por la rabia de haber provocado indirectamente, con su indeferencia a sus últimas comunicaciones, que Lorca realizara su fatal último viaje a Granada. Estas licencias le sirven a Conejero para acentuar la tensión dramática a través dlel personaje de Sebastián (nombre escogido no por casualidad), que es el joven soldado nacional que acabará asumiendo como suya la tarea de recuperar una de las últimas obras de Lorca, La bola negra, de la cual han llegado a nosotros unas escasas cuatro páginas, pero que en esta ficción se encuentra intacta en el último domicilio de Lorca en Madrid. Parece ser que en esta obra se iba a abordar de manera abierta el tema de homosexualidad a través de la historia de un joven cuya candidatura a ser miembro del Casino de Granada es rechazada precisamente por su condición. Se puede especular mucho acerca de cómo hubiera sido la obra acabada, pero los Javis lo hacen de manera muy elocuente en su película.

La fascinación que produce en los aficionados a la lectura pensar en qué obras hubiera podido escribir tal o cual autor si hubiera vivido unos años más está muy presente en La bola negra, una película que expande de manera considerable la obra de Conejero y se narra en tres ámbitos temporales: el que sucede durante nuestra Guerra Civil, el hallazgo de la obra perdida de Lorca en la actualidad y la representación - ficción sobre ficción - de una versión imaginada de la misma, que sería la que escribió Lorca en el universo que propone esta película. Aunque comienza con un tono muy realista, con una escena muy cruda del bombardeo de un pueblo por la aviación italiana, la película no se mantiene en ese tono durante todo el metraje, optando a veces más por la estética que por la narrativa pura, hasta el punto de que los soldados nacionales que se encuentran acampados a las puertas de Santander son retratados casi desde un punto de vista homoerótico, llegándose un poco al exceso en la escena que protagoniza Penélope Cruz, bien rodada pero un tanto forzada y excesiva, aunque en ella podamos contemplar la verdadera naturaleza depredadora de los guerreros cuando una mujer hermosa se pone en su punto de mira.

El tono fantástico sí que está justificado en la representación de La bola negra, que se presenta como una valiente reivindicación de la sexualidad de su protagonista en un ámbito social absolutamente hostil a la misma. La parte más realista - y deliveradamente más gris - es la que representa nuestro tiempo (unos años atrás, para ser justos), que concluye con el hallazgo de la obra teatral completa de Lorca, algo que produce la fascinación de un sueño cumplido a la hispanista (interpretada por Glenn Close) a la que se presenta para verificar su autenticidad, como si Lorca nos llamara desde el pasado para ofrecernos un último regalo. Un Lorca que aparece en las últimas escenas de un modo - creo yo - bastante innecesario, ya que con su materialización en la pantalla se pierde algo del halo de misterio y pureza que había mantenido hasta ese momento. La bola negra es una obra imperfecta, pero muy bien construída y - lo que resulta más importante y valioso - realizada de un modo muy personal por sus directores, que han tenido la gentileza de hablar a todas las generaciones (solo hay que ver el éxito inmenso de público que están teniendo sus sesiones) de ese gran mártir de nuestras letras que fue Federico García Lorca, acercándolo al espectador actual con absoluto respeto a su justamente venerada figura, convertida con justicia en el símbolo de la barbarie que constituyó nuestra Guerra Civil. 

P: 7

DELITOS Y FALTAS (1989), DE WOODY ALLEN.

El guión de Delitos y faltas hace una evocación más que evidente de la obra maestra de Dostoievski, Crimen y castigo. El protagonista de la que podríamos denominar parte trágica es el doctor Judah Rosenthal, un oftalmólogo que parece vivir una existencia perfecta: goza de un gran prestigio profesional, su familia le adora y posee el suficiente dinero como para vivir en una burbuja de bienestar que le aisla de los problemas del mundo real. Pero hay una molesta piedra en su zapato que amenaza con dejarle descalzo: una amante a la que hizo demasiadas promesas y que ahora se ha convertido en un ser histérico cuya única pretensión es que Rosenthal demuestre la veracidad de sus pasadas declaraciones de amor y se divorcie de su mujer. Si no, está dispuesta a destruir su vida. Ante esta tesitura, el oftalmólogo deberá optar entre las soluciones que le ofrecen dos personas (que son como el ángel bueno y el ángel malo que se aparecen al protagonista en algunos dibujos animados), un rabino amigo suyo, cuya visión del mundo tiene que ver más con lo celestial que con lo material (y que, paradójicamente, se está quedando ciego), que le aconseja que afronte el problema contándoselo todo a su mujer y su propio hermano, alguien que está acostumbrado a moverse al otro lado de la ley, que le ofrece una solución más radical: matar a su amante.

En la otra historia, el protagonismo está reservado al propio Woody Allen, que interpreta a Cliff Stern, un hombre que está pasando por una profunda crisis vital: su matrimonio hace aguas y su trabajo como realizador de documentales no prospera. Stern intentará acogerse a un nuevo amor, pero todo le saldrá mal. Aunque su historia está narrada en tono de comedia, el fondo es amargo y el espectador siente que el castigo del que se hace acreedor por su faltas, es desmesurado, sobre todo si lo comparamos con el destino de Rosenthal.

Como en la novela de Dostoievski, el gran tema de Delitos y faltas es el remordimiento, esa sensación de ser devorado por dentro que puede afectarnos independientemente de la gravedad de nuestras culpas. Así lo expresaba Emil Cioran en su obra El ocaso del pensamiento:

"El remordimiento metafísico es una turbación sin causa, una inquietud ética en el límite de la vida. No tienes culpa alguna de la que arrepentirte y sin embargo sientes remordimientos. No te acuerdas de nada pero te invade un sentimiento infinitamente doloroso del pasado. No has hecho nada malo pero te sientes responsable de los males del universo. Sensaciones de Satanás delirante de escrúpulo. El principio del Mal apresado en las redes de los problemas éticos y en el terror inmediato de las soluciones. Cuanto menos indiferente seas al Mal, más cerca estarás del remordimiento esencial. (...)"

Pero ¿cuál es la solución? Parece ser que ese sentimiento tan difuso que llamamos amor. Quien goza del amor de los demás, se salva. Quien no es capaz de ser acreedor del mismo, acaba hundiéndose. Así Rosenthal, que vive rodeado del cariño de los suyos, se va construyendo poco a poco un subterfugio para justificar como inevitable un acto que en realidad ha sido inhumano y merecedor de los más severos reproches. En cambio, Stern pierde sus dos amores, el antiguo y el que esperaba con ilusión. Cuando lo vemos por última vez, parece estar actuando sobre él la eterna frialdad del Universo. En palabras del profesor Louis Levy, sobre el que está realizando un documental:

"Pero debemos recordar siempre que nosotros cuando nacemos necesitamos mucho amor para convencernos de que hay que seguir viviendo y una vez conseguido ese amor suele durarnos. Pero no olvidemos que el Universo es un lugar muy frío. Somos nosotros los que lo revestimos con nuestros sentimientos y, desde luego, en ciertas condiciones nos parece que esto no vale la pena."

El ojo de Dios. El ojo de la propia conciencia. El ojo ajeno. Y, por fin, el ojo del espectador que juzga la tragedia desde fuera, pero inevitablemente comparando la existencia de los personajes con la suya propia. Por eso fue tan apasionado el debate del viernes pasado, porque Woody Allen toca temas intemporales, a través de un equilibrio magistral entre comedia y tragedia que suele estar presente en nuestras vidas.

P: 10

domingo, 11 de octubre de 2026

HIERRO 3 (2004), DE KIM KI-DUK.

Tae-Suk es un joven que ha resuelto el problema de la vivienda a su manera. Se dedica a averiguar - de manera tan ingeniosa como arriesgada - qué viviendas quedan temporalmente vacías porque los propietarios están de viaje y las ocupa durante esos días. No se dedica a robar y tiene la gentileza de dejar siempre reparado cualquier aparato estropeado que encuentre en los aposentos del dueño del hogar. Un día encuentra en una de las casas, que creía vacía, a Sun-hwa, una mujer maltratada que ha perdido su capacidad de hablar. Huye con ella y empiezan a experimentar juntos la existencia de Tae-Suk. Un día son detenidos por la policía y el marido de Sun-hwa quiere venganza... Hierro 3 es una película de planteamiento muy interesante, acerca de un joven que ha decidido que su existencia no va a ser convencional y dicha trama funciona perfectamente hasta la mitad. Luego, se convierte en una especie de película de origen de un superhéroe, ya que le protagonista va entrenando hasta convertirse en una especie de Batman, que puede moverse por una habitación sin ser visto, con lo que deviene en algo demasiado poco creíble a la par que convencional. Es indudable que el director consigue planos impactantes a la hora de mostrar las nuevas habilidades del joven, que se ha vuelto un romántico incurable, pero al retratarlo como un ser casi etéreo pierde sus cualidades humanas y el realismo de la primera mitad acaba diluyéndose, con lo cual el interés por el personaje decae.

P: 5 

sábado, 10 de octubre de 2026

AÚN ESTOY AQUÍ (2024), DE WALTER SALLES.

El cine - afortunadamente solo el cine - me ha mostrado en numerosas ocasiones lo que significa vivir en una dictadura, la incertidumbre del día a día de personas que están sometidas a una inseguridad jurídica constante en la que el poder del Estado deviene en absoluto, aunque hay grados en este aspecto. Durante la segunda mitad del siglo XX, Sudamérica fue tristemente famosa por las dictaduras militares que se establecieron en muchas de sus naciones, casi siempre con la aquiescencia de los Estados Unidos. Una de las más feroces fue la brasileña, aunque en los primeros minutos la película nos muestra a una familia feliz, compuesta por un exdiputado de izquierdas, que ahora es ingeniero, su mujer y sus cinco hijos. Aunque la presencia militar es constante y numerosos amigos les advierten de que deberían exiliarse dado el cariz cada vez más siniestro que está tomando el país, Rubens va a aplazando la decisión hasta que ya es demasiado tarde. La escena en la que unos militares vestidos de paisano irrumpen - eso sí, educadamente - en la casa del exdiputado para invitarle a que le acompañen, estremece porque el espectador intuye que detrás de esas buenas formas se esconden las peores intenciones. Luego se nos mostrará uno de los centros de detención de la dictadura por dentro (también se llevan a su mujer y a una de sus hijas, aunque estas serán liberadas a los pocos días después de una experiencia angustiosa) aunque no veremos las torturas que se producen dentro, solo las escucharemos, con lo que Salles consigue transmitir la perspectiva del prisionero, su incertidumbre y su terror interno. Respecto al resto de la película, asistimos la lucha de la mujer del desaparecido por esclarecer los hechos frente a un Estado todopoderoso e indiferente. Eunice deberá recomponer una vida familiar rota a la vez que se convierte en una activista política frente a la dictadura, un personaje perfectamente interpretado por una inmensa Fernanda Torres. Basada en la historia escrita por uno de los hijos de Rubens Paiva, Aún estoy aquí consigue ser una gran obra del cine de denuncia y a la vez el retrato sentimental de una familia rota que, aún así, logró seguir luchando sin renunciar a ser felices. 

P: 8

LA GRAZIA (2025), DE PAOLO SORRENTINO.

En estos tiempos en los que numerosos países cuentan con máximos dirigentes que asustan a cualquier persona racional, el personaje que propone Sorrentino en La grazia resulta toda una contradicción respecto a la tendencia de nuestros días: se trata de un presidente de la República italiana culto, educado y reflexivo. Cuando lo conocemos, Mariano de Santis está vivivendo sus últimos días en la cúpula del poder y, antes de irse, tiene que tomar dos importantes decisiones: aprobar la ley de eutanasia y decidir si concede o no el indulto a unos presos. Don Mariano parece más un presidente filósofo que uno de los frenéticos dirigentes de hoy en día que anuncian mil asuntos y luego no resuelven nada. El protagonista se toma su tiempo para reflexionar, lee los distintos proyectos de ley con atención (se trata de un jurista de mucho prestigio) e incluso visita a alguno de los reos para poder tomar una decisión con más convicción. Pero una de las constantes de este presidente es la duda metódica, por lo que posterga por sistema las decisiones, quizá porque tiene muy afianzada una constante melancolía provocada por la muerte de su mujer, algo que sucedió hace años. Es evidente que a Sorrentino no le interesa ofrecernos una película realista, un presidente no puede permitirse el lujo de dedicar tanto tiempo a la reflexión (excepto el nuestro, en ocasiones) ni está tan solo a la hora decidir. La película, pese que tiene un tono más anecdótico que profundo, se beneficia de la estética que su director imprime a su obra y es innegablemente atractiva en este aspecto, aunque quede muy por debajo de otras reflexiones sobre el poder (en este caso espiritual a la vez que terrenal) como El joven papa.

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domingo, 4 de octubre de 2026

LOS LENTOS (2020), DE LAURENT VIDAL. LA RESISTENCIA A LA ACELERACIÓN DE NUESTRO MUNDO.

No es ningún secreto que con la llegada de las nuevas tecnologías de la comunicación - internet, móviles, redes sociales, Whatsapp - la vida se ha acelerado, sobre todo en el ámbito laboral. Se nos exige que estemos permanentemente comunicados, que contestemos inmediatamente al teléfono, que atendamos correos electrónicos mientras nos desplazamos rápidamente de un lugar a otro, ya sea en la misma oficina o en el exterior. Basta con ver que ha sido necesario aprobar legislación respecto al derecho de desconexión digital de los empleados para contemplar un panorama que hubiera estremecido a hombres de otras épocas, hombres con un sentido muy diferente del tiempo y que no entenderían los ritmos sociales impuestos en la actualidad.

Vidal comienza definiendo a los integrantes del grupo social de los lentos como unos marginados que han quedado al margen de la historia, unos excluídos que han sido tachados de inútiles, por no saber interiorizar los ritmos cada vez más frenéticos que ha ido imponiendo la sociedad capitalista:

"Se puede objetar que la figura social de los lentos nunca se formaliza de manera explícita: precisamente porque constituye, en palabras de Jean Duvignaud, el "subtexto de la existencia cotidiana", un subtexto construído con una gran cantidad de adjetivos descalificadores que tejen la trama de un imaginario de la exclusión. Los lentos constituyen así algo impensado en los trabajos sobre la fragilidad social durante este vasto periodo llamado modernidad. Este algo impensado es lo que debemos cuestionar al considerar que el ritmo también tiene la capacidad de crear divisiones sociales. 

(...) es necesario ir más allá y considerar la lentitud como una posible subversión de la vertiginosa candencia impuesta por el ritmo de las actividades económicas y el trabajo. Se trata de un proyecto, en definitiva, de resistencia o reexistencia, donde los lentos buscarían, a tientas, mediante las rupturas del ritmo, el camino hacia otra existencia posible."

La palabra lento en sus orígenes no tenía las connotaciones negativas que despierta hoy, pero a partir de la Edad Media iría definiendo a las personas faltas de carácter, flojedad y finalmente, pereza, que se convirtió en uno de los pecados capitales. Las personas debían estar al servicios de sus reyes y de sus amos y no desantender jamás sus obligaciones, que debían ser realizadas con efectividad y diligencia. Esta moral fue adaptada por el capitalismo de forma brutal: el hombre debía adaptarse a la máquina y no al contrario. Incluso se estudiaban científicamente cuáles eran los movimientos y los ritmos idóneos para que la productividad se multiplicara: el invento del cronómetro se convirtió en el gran enemigo de los trabajadores. Llegaba el tiempo de la lucha obrera, de la organización contra los abusos de un sistema explotador que condenaba a morir de hambre a aquellos que se atrevían a eludirlo. 

Aunque se ha avanzado mucho y existe un sistema de bienestar para quienes pueden justificar su lentitud, para quienes no son rentables, aunque dicho sistema lleva tiempo poniéndose en cuestión, ya que los lentos son en su mayoría gente invisible, fuera del sistema. Quienes están dentro deben vender su tiempo, no solo el del trabajo, sino también el del desplazamiento al mismo, dado que cada vez es más difícil habitar las ciudades y los trabajadores deben irse a periferias cada vez más lejanas. Incluso los tiempos de ocio deben aprovecharse. Está mal visto el no hacer nada, el perderse cosas que se publicitan como imprescindibles y también empiezan a existir reacciones frente al síndrome fomo que propugnan formas de vida más desconectadas y sosegadas. Muchos anhelan los tiempos de la pandemia, cuando estar en casa y no hacer nada era lo que propugnaban esos mismos poderes que alientan a la actividad constante.

BACKROOMS (2026), DE KANE PARSONS.

El estado natural del animal humano es el miedo. Venimos a un mundo del que tenemos que ir aprendiendo las reglas, queremos certezas y unas rutinas básicas, pero a la vez nos atrae lo desconocido. Quizá Backrooms ha sido una película tan exitosa porque ha sabido acercarse a los terrores contemporáneos, que no tienen que ver con los clásicos fantasmas o monstruos, sino con asuntos más abstractos e inexplicables, con fenómenos físicos que puedan atraparnos y llevarnos a mundos de pesadilla, no tanto por lo que ahí pasa, sino por lo que podría pasar. La gran virtud de esta película es la enorme inquietud que crea al espectador de una manera aparentemente sencilla: mostrando una arquitectura de habitaciones vacías, con diseños que van desde lo más convencional a lo imposible y que parecen no tener fin. Son estancias que transmiten una atmósfera extraña, que consigue que sus visitantes quieran salir lo antes posible de allí, pero a la vez invitan a seguir explorando, a indagar en el enigma de estos espacios. Es difícil conseguir estas sensaciones en un género tan complicado como el terror, pero Parsons parece haber dado con la tecla de despertar esos sentimientos inmemoriales con un toque propio de estos tiempos dominados por una IA cada vez más inquietante. Solo cabe esperar que esta fórmula no se explote de manera desmesurada y que las inevitables futuras entregas mantengan niveles de originalidad y calidad adecuados.

P: 7