sábado, 6 de junio de 2026

CUATRO DE INFANTERIA (1930), DE GEORG WILHELM PABST.

Hay que contemplar esta película con los ojos de un espectador alemán de 1930, un espectador que mantedría plenamente vigentes los recuerdos de un conflicto que había sucedido apenas una década atrás. Cuatro de infantería intenta ser un retrato realista de lo que significó la guerra de las trincheras a través de las experiencias de un pequeño grupo de soldados que es enviado al frente como carne de cañón. Las escenas de combate pueden ser ingenuas un siglo después, pero debían ser muy impactantes para los espectadores de la época. Aquí no hay heroísmo en la batalla, porque tampoco hay oportunidad de ello. La guerra moderna consiste en defender trincheras frente a bombardeos indiscriminados y asaltos frontales a las mismas. Todo es sucio y caótico y el soldado tampoco tiene descanso cuando vuelve de permiso a un hogar donde se está pasando hambre. Estamos ya en 1918 y la derrota de Alemania es inminente. Todo el esfuerzo, todos los muertos solo van a servir para que el país se hunda en la más honda de las depresiones. Es lógico que pocos años después, con la llegada de los nazis al poder, esta película se prohibiera y se fomentara una visión mucho más idealizada de lo que supone ser soldado en un frente de batalla, para que las nuevas generaciones se lanzaran a la conquista de Europa obviando los horrores de la Gran Guerra.

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