sábado, 10 de octubre de 2026

LA GRAZIA (2025), DE PAOLO SORRENTINO.

En estos tiempos en los que numerosos países cuentan con máximos dirigentes que asustan a cualquier persona racional, el personaje que propone Sorrentino en La grazia resulta toda una contradicción respecto a la tendencia de nuestros días: se trata de un presidente de la República italiana culto, educado y reflexivo. Cuando lo conocemos, Mariano de Santis está vivivendo sus últimos días en la cúpula del poder y, antes de irse, tiene que tomar dos importantes decisiones: aprobar la ley de eutanasia y decidir si concede o no el indulto a unos presos. Don Mariano parece más un presidente filósofo que uno de los frenéticos dirigentes de hoy en día que anuncian mil asuntos y luego no resuelven nada. El protagonista se toma su tiempo para reflexionar, lee los distintos proyectos de ley con atención (se trata de un jurista de mucho prestigio) e incluso visita a alguno de los reos para poder tomar una decisión con más convicción. Pero una de las constantes de este presidente es la duda metódica, por lo que posterga por sistema las decisiones, quizá porque tiene muy afianzada una constante melancolía provocada por la muerte de su mujer, algo que sucedió hace años. Es evidente que a Sorrentino no le interesa ofrecernos una película realista, un presidente no puede permitirse el lujo de dedicar tanto tiempo a la reflexión (excepto el nuestro, en ocasiones) ni está tan solo a la hora decidir. La película, pese que tiene un tono más anecdótico que profundo, se beneficia de la estética que su director imprime a su obra y es innegablemente atractiva en este aspecto, aunque quede muy por debajo de otras reflexiones sobre el poder (en este caso espiritual a la vez que terrenal) como El joven papa.

P: 6

No hay comentarios:

Publicar un comentario