Mostrando entradas con la etiqueta literatura francesa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura francesa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de diciembre de 2025

CANCIÓN DULCE (2016), DE LEILA SLIMANI. LA MANO QUE MECE LA CUNA.

No es ningún secreto: desde las primeras páginas de esta fascinante novela que es Canción dulce sabemos que la niñera que una joven pareja ha contratado para que se haga cargo de sus dos hijos en las numerosas horas en las que están ausentes del hogar los va a asesinar de una manera horrible. Entonces el interés de la trama no reside en descubrir quien es la asesina, sino en ofrecer un retrato psicológico de la misma e intentar adivinar sus motivaciones. Y el resultado que ofrece Slimani es francamente desolador.

Louise, la niñera, es una mujer de cuarenta años pero de aspecto juvenil y rostro muy agradable. Es una persona discreta, entregada a su trabajo y - aparentemente - enamorada de los niños que tiene a su cargo, que pronto la consideran su segunda madre. Mientras tanto Myriam y Paul, los padres biológicos están entregados en cuerpo y alma al desarrollo de sus respectivas carreras profesionales, ella como abogada y él como productor musical. Están tan ocupados que no saben y ni siquiera les interesa cómo es la vida de Louise cuando termina su jornada laboral. En realidad esta vida es inexistente, el vacío más absoluto. Louise vive en un pequeño estudio que se cae a pedazos y apenas tiene relaciones sociales. Su verdadera existencia se encuentra junto a los niños que cuida, dentro de los muros del hogar de sus empleadores, que considera también que es el suyo.

Lo que hace a Canción dulce una gran novela es que no se recrea en el crimen, sino en las circunstancias que lo han hecho posible. Slimani desliza constamente una tensión latente en la diferenciación de clases sociales entre la niñera y una Louise que no comprende como Myriam no asume sus responsabilidades como madre y abandona cada día un hogar que para ella constituye un paraíso. Porque la protagonista es alguien sin identidad, cuya vida solo tiene sentido cuando se entrega a los demás, ya que su labor va más allá de lo meramente contractual. Su existencia fuera de la casa de sus patrones es tan oscura que ha construído un relato mental en el que ella es la que sostiene el desarrollo vital de ambos hermanos. Y en parte dicho relato es cierto. Los padres biológicos se sienten algo culpables de no atender como debieran sus deberes familares, pero han desarrollado una relación de dependiencia absoluta con el papel de Louise en su vida. Tanto es así que cuando la niñera empieza a manifestar algunos comportamientos inquietantes, le restan importancia para no tener que enfrentarse a la tesitura de prescindir de sus imprescindibles servicios.

En conclusión, en la novela de Slimani nos encontramos una historia psicológicamente muy compleja, pues describe a un personaje que depende de la familia a la que sirve, pero a la vez va desarrollando un profundo odio hacia ellos, puesto que ella jamás alcanzará el bienestar material y espiritual del que gozan. Se trata de un personaje profundamente humano y, por ello, profundamente incómodo para un lector que es tan capaz de entender sus motivaciones como de horrorizarse ante las mismas.

sábado, 31 de mayo de 2025

PLATAFORMA (2001), DE MICHEL HOUELLEBECQ. INFIERNO EN EL PARAÍSO.

Michel es un hombre gris y desencantado, aunque goza de características vitales para no serlo. Se trata de un funcionario del Ministerio de Cultura francés con un buen sueldo, con un trabajo nada estresante y que acaba de heredar una importante cantidad de dinero tras la muerte de su padre. Intentado cambiar un poco de aires y, sobre todo, en busca de sexo fácil con jóvenes prostitutas tailandesas, emprende un viaje organizado a aquel país. Todo el primer tercio de la novela es una especie de disección de las características del turismo organizado (cuando ya era, hace veinticinco años, un fenómeno de masas). A través de su personaje Houellebecq analiza los microgrupos y la sociedad efímera que se organiza entre los participantes en el viaje y se aventura a imaginarse la vida de todos ellos. Resulta curioso que, después de utilizar los servicios de prostitutas de manera absolutamente indiscreta, Michel acabe en una relación amorosa con otra viajera. Y además, Valérie le va a regalar el mejor sexo de su vida.

A partir de aqui comienza el periodo feliz en la vida del protagonista. Ha conseguido lo que nunca se atrevió a soñar, una mujer complaciente a la que le gusta el sexo tanto o más que a él y que además es una alta ejecutiva del sector del turismo. A partir de aquí, Michel ofrecerá su sabiduría para ayudar a Valérie y a su compañero de fatigas, el también ejecutivo Jean-Yves, a planificar una auténtica revolución en el sector. No teniendo ninguna duda de que lo que en el fondo buscan la mayoría de los turistas solitarios son aventuras sexuales, Michel les propone, medio en broma, medio en serio, que la multinacional para la que trabajan se plantee atender esta demanda oculta sin complejos de ningún tipo: permitiendo que las prostitutas locales que rodean los centros vacacionales puedan acceder a los mismos. Aquí Houellebecq se muestra absolutamente cínico, puesto que está retratando a un capitalismo que es capaz de corromperse cada vez un poco más en busca de cantidades de dinero cada vez más obscenas. Y todo aprovechando un declive sexual en occidente que no ha ido más que acrecentándose en las últimas décadas:

"Lo que los occidentales ya no saben hacer es precisamente eso: ofrecer su cuerpo como objeto agradable, dar placer de manera gratuita. Han perdido por completo el sentido de la entrega. Por mucho que se esfuercen, no consiguen que el sexo sea algo natural. No solo se avergüenzan de su propio cuerpo, que no está a la altura de las exigencias del porno, sino que, por los mismos motivos, no sienten la menor atracción hacia el cuerpo de los demás. Es imposible hacer el amor sin un cierto abandono, sin la aceptación, al menos temporal, de un cierto estado de dependencia y de debilidad. La exaltación sentimental y la obsesión sexual tienen el mismo origen, las dos proceden del olvido parcial de uno mismo; no es un terreno en el que podamos realizarnos sin perdernos. Nos hemos vuelto fríos, racionales, extremadamente conscientes de nuestra existencia individual y de nuestros derechos; ante todo, queremos evitar la alienación y la dependencia; para colmo estamos obsesionados con la salud y con la higiene: esas no son las condiciones ideales para hacer el amor. En Occidente hemos llegado a un punto en que la profesionalización de la sexualidad se ha vuelto inevitable."

El final de Plataforma deja al lector helado, ya que irrumpe lo inesperado de la forma más cruel posible. Entonces se vuelve a un mundo sin esperanzas que en buena parte estaba presente al principio de la novela. Como todos los libros del autor francés, su fuerza radica en que su narrador no tiene pelos en la lengua y utiliza un lenguaje directo, sin filtros, para describir la realidad de un mundo que no ha hecho más que ahondar, desde que el libro se publicó, en todos los males que están presentes en su trama.

lunes, 16 de septiembre de 2024

LOS DIOSES TIENEN SED (1912), DE ANATOLE FRANCE. EL SUEÑO DE LA RAZÓN.

Évariste Gamelin, el protagonista de la novela, es un hombre puro y austero, tanto que acepta con entusiasmo su militancia en los jacobinos durante la época del Terror. Lo paradójico de Gamelin es que se trata de un buen hombre corrompido por una situación política que lo hace tornar en un monstruo insaciable que, como el sistema al que representa, necesita grandes cantidades de sangre derramada para seguir alimentándose. Como miembro del Tribunal Revolucionario para el que ha sido nombrado, Gamelin no conoce la piedad. Todo acusado es culpable y debe ser guillotinado en pos de la pureza de la Revolución, en pos de una utopía que debe ser cimentada sobre los cadáveres de sus enemigos. Ni siquiera cuando se enfrenta a la tesitura de salvar a la pareja de su hermana es capaz de ser flexible. Sus fanáticas ideas son una sólida roca y acabará muriendo por ellas si es preciso.

Los dioses tienen sed constituye un magnífico retrato de la vida cotidiana en los días más duros de la Revolución Francesa, aquellos en los que nadie se sentía a salvo, casi todo el mundo pasaba hambre y los ejércitos enemigos parecían poder penetrar en el corazón de Francia. El nuevo credo revolucionario quiere sustituir a toda prisa los antiguos dogmas del cristianismo y la monarquía y quiere sustituirlos por nuevas ideas que inevitablemente devendrán en un nuevo dogma que alimenta la intolerancia por cualquier otro sistema de pensamiento. Los héroes aquí no son intelectuales, sino fanáticos del nuevo orden que sacrifican su tiempo y sus escrúpulos para ir eliminando uno a uno a los enemigos de la Revolución. Algo muy parecido a lo que sucedió en los años treinta en la Unión Soviética de Stalin.

La novela de Anatole France se alimenta de numerosas lecturas que tienen su origen en la librería especializada en Revolución Francesa que regentaba su padre. Aquí se plasman magistralmente la ceguera moral y la obcecación criminal que dio lugar a uno de los procesos históricos más decisivos, hoy valorado como el comienzo de un nuevo mundo dotado de libertades y derechos para todos los ciudadanos, pero del que es necesario conocer sus procedimientos más inmorales. No es por nada que la principal imagen que nos viene a la cabeza cuando pensamos en esta época sea la de una guillotina.

sábado, 3 de junio de 2023

LAS BENÉVOLAS (2006), DE JONATHAN LITTELL. EL ALMA DEL MONSTRUO.

Cuando nos asomamos a páginas históricas tan estremecedoras como las de la Segunda Guerra Mundial, se nos suele olvidar que las escribieron hombres como nosotros, gente que quizá vivía con una serie de principios éticos y era amante de su familia, pero que tenían que dejar todo eso de lado a la hora de acudir al frente, a protagonizar esas terribles batallas en las que las bajas se contaban por miles. Un miembro de las SS iba unos pasos más allá, sobre todo si se dedicaba a lo mismo que el protagonista de la novela, un teniente coronel de este siniestro cuerpo que avanza en la retaguardia de las tropas que están conquistando la Unión Soviética para el Tercer Reich e inspecciona las matanzas de judíos para evaluar la eficacia de las tropas que las llevan a cabo e intentar implementar métodos más eficaces para economizar las mismas.

Pero las descripciones que nos ofrece Maximilien Aue van mucho más allá de lo convencional. El detallismo con el que están narradas las matanzas, lo duro que debía resultar, no solo para las víctimas, sino también para los verdugos la incesante actividad de la muerte, desemboca en una de las obsesiones de Aue: humanizarse a sí mismo y a sus compañeros y con ello hacer cómplice a un lector que, al fin y al cabo, en una circunstancias similares a las que ellos tuvieron que vivir, seguramente también se habría acogido a la seguridad que ofrece el grupo propio y habría asumido, con más o menos entusiasmo, la ejecución de unas órdenes que implicaban el brutal asesinato de hombres, mujeres y niños, necesarios para construir el nuevo orden nazi. Aquí enlazamos con la banalidad del mal de Hannah Arendt. De hecho, Adolf Eichmann es un personaje recurrente en la novela y bastante más entusiasta en el cumplimiento de las órdenes que lo que dejó ver en el famoso juicio de Jerusalén:

"Si algo demuestran las terribles matanzas del Este es, desde luego, paradójicamente, la espantosa e inalterable solidaridad humana. Por muy embrutecidos y muy acostumbrados que estuvieran, ninguno de nuestros hombres podía matar a una mujer judía sin acordarse de su mujer, de su hermana o de su madre ni podía matar a un niño judío sin ver ante sí, en la fosa, a sus propios hijos. Aquellas reacciones suyas, aquella violencia, aquel alcoholismo, aquellas depresiones nerviosas, aquellos suicidios, mi propia tristeza, todo demostraba que el otro existe, que existe como otro, como humano, y que no hay voluntad ni ideología ni cúmulo de necedad y alcohol que puedan cortar ese vínculo, tenue pero indestructible. Y esto es un hecho, no una opinión."

El mismo Aue llega a confesar que las prácticas que realizaban, esas matanzas persona a persona en las que víctima y verdugo se miraban a las ojos, dejaban a la guerra convencional como una actividad noble y limpia. El detallismo insoportable de Las Benévolas es uno de sus puntos fuertes, porque pocas veces el lector tiene la oportunidad, si tiene estómago para ello, de conocer lo que verdaderamente debían sentir las personas que protagonizaban estos actos y después debían volver a seguir sus vidas con sus familias. La novela tampoco nos ahorra descripciones de la peculiar sexualidad de su protagonista, que se había iniciado a través de relaciones sexuales con su hermana y luego deriva en una homosexualidad que pretende experimentar el mismo placer que siente una mujer cuando es penetrada. Aue prospera en el Tercer Reich porque acepta su papel en la historia, pero a la vez es un personaje muy lúcido e inteligente, que intuye, ya en el otoño de 1941, que Alemania va a tener muchas dificultades para ganar la guerra y que la aventura bélica puede acabar en un tremendo desastre.

El auténtico desastre previsto por el protagonista comienza en la batalla de Stalingrado, de la que se nos ofrece una perspectiva verdaderamente lograda y realista de aquella ciudad que se convirtió en pozo de muerte y locura y sigue con la narración de los bombardeos de Berlin, de la progresiva destrucción de una ciudad que quiso convertirse en la capital de Europa y acabó convertida en un amasijo de ruinas, mientras sus habitantes tratan de sobrevivir al horror que ha desatado el individuo que había despertado tanto entusiasmo entre ellos pocos meses antes. Una de las imágenes más poderosas de la novela nos la ofrece la de un Aue enfermo en su apartamento, situado en un edificio que permanece prácticamente intacto rodeado de un mar de ruinas. Las benévolas, una auténtica obra maestra, no es una novela para todo tipo de lector. Quien se acerque a ella debe aceptar que Littell ha realizado un acercamiento a la Segunda Guerra Mundial escrito con la precisión de un cirujano, por lo que la carne, la sangre y lo escatológico están muy presentes en sus páginas. Quien decida acercarse a ella tiene garantizada una experiencia tan inolvidable como absolutamente perturbadora.

lunes, 16 de enero de 2023

PERDERSE (2001), DE ANNIE ERNAUX. LA PASIÓN RUSA.

La de Annie Ernaux es una maravillosa literatura del yo que no teme exponerse al público ni siquiera al describir sus pensamientos o sus experiencias más sórdidas. Aquí se reproducen sus diarios de una época muy concreta, a finales de los años ochenta, cuando conoció a un diplomático ruso con el que vivió un apasionado romance de contenido intensamente erótico. Justifica su crónica porque escribe "en lugar del amor, para rellenar ese vacío, y por encima de la muerte. Hago el amor con el mismo deseo de perfección que cuando escribo".  Aquí el deseo de la escritora por el amante es casi enfermizo. Se pasa casi todo el tiempo necesitándolo anhelando esas pocas horas en las que pueden verse de vez en cuando, unas horas que son dedicadas casi exclusivamente al sexo salvaje, profusamente descrito por Ernaux como un momento de catarsis en el que el mundo exterior deja de existir para dar paso a la consumación del deseo, algo que difícilmente puede ser descrito a través de un arte tan limitado como la literatura:

"Entre los dos ha habido ese tiempo en el que nada contaba, salvo el Otro, solo él, su piel, el abismo del deseo. Cómo podría la escritura traducir esto, siempre estará por debajo. Y sin embargo es todo lo que tengo cuando él está ausente."

Pero de todas formas Ernaux no puede evitar plasmarlo todo en un diario privado y luego público, puesto que su vida es la principal materia prima de "esta necesidad que tengo de escribir algo peligroso para mí, como la puerta de un sótano que se abre, donde hay que entrar cueste lo que cueste". Además, escribir le sirve para rellenar ese inmenso vacío que le sobreviene cuando no sabe si va a volver a ver al amante. En segundo término, la historia de aquel tiempo transcurre, el comunismo se tambalea y eso empieza a perjudicar a esta relación. A él seguramente, como ella intuye, no le afectará demasiado la separación, puesto que ella no ha sido más que una historia divertida y erótica sin ninguna implicación sentimental. Ella sufre y lo necesita más cuanto peor él se comporta, incluso cuando su actitud bordea el desprecio. Todo ello plasmado en unas páginas repletas de sufriente ansiedad que a la vez son muy humanas y pura literatura.

martes, 1 de noviembre de 2022

EL ACONTECIMIENTO (2000), DE ANNIE ERNAUX Y DE AUDREY DIWAN (2021). SOLA ANTE LA OSCURIDAD.

Nos encontramos en la Francia de 1963, un país que, a pesar de las apariencias, sigue siendo muy conservador y que, entre otras cosas, considera un crimen el aborto. Anne es una estudiante universitaria que queda embarazada después de haber tenido relaciones sexuales durante el verano con un chico al que apenas conoce. Frente a ese inmenso problema, que puede arruinar el futuro que todos esperan de ella - proviene de una familia humilde y es el primer miembro de la misma que cursa estudios universitarios - está completamente sola. Sabe que nadie puede ayudarla a riesgo de cometer un grave delito. Los médicos a quienes consulta se sacuden el problema de encima y la única opción que le queda es descubrir contra reloj un lugar donde practiquen abortos clandestinos.

La narración autobiográfica de Ernaux es ante todo angustiosa, la de una persona feliz a la que la existencia le da un vuelco de un día para otro y no sabe cómo enfrentarse a su nueva realidad. El mundo se ha vuelto de pronto un lugar hostil e irreal del que se siente aislada, pues ya solo existe para ella su terrible problema. Para ella el ser que se está desarrollando en su vientre es un invasor indeseado del que hay que librarse a toda costa, al precio que sea, hasta el punto de que, en una de las imágenes más escabrosas del libro, intenta acabar con él en solitario con la sola ayuda de unas agujas. Eso motiva que la propia autora tenga que advertir al lector acerca de lo escabroso de su escritura:

"Es posible que un relato como este provoque irritación o repulsión, o que sea tachado de mal gusto. El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, otorga el derecho imprescriptible de escribir sobre ello. No existe una verdad inferior. Y si no cuento esta experiencia hasta el final, contribuiré a oscurecer la realidad de las mujeres y me pondré del lado de la dominación masculina del mundo."

Entre otras cosas, El acontecimiento ofrece un duro retrato de las corrientes ocultas que se movían en la sociedad gaullista francesa con una legislación que presuntamente protegía a las mujeres, pero que las dejaba solas en su momento más frágil en nombre de una moral caduca, que no se correspondía con la realidad, por lo que Anne tiene que atravesar un vía crucis que la sociedad podía haber evitado. Es curiosa también la ética que muestra un estudiante de izquierdas cuando la protagonista, después de muchas dudas, le hace partícipe de su problema: su primer pensamiento es acostarse con ella, ya que no hay peligro de que quede embarazada. La hipocresía de un Estado que no es capaz de afrontar de cara los grandes problemas sociales - el aborto, la droga, la prostitución, realidades que son negadas o reprimidas brutalmente - produce incontables víctimas que pueden evitarse. Anne tiene que acudir a un sórdido piso parisino para resolver su problema, poniendo en peligro su vida. Al final sobrevive a la traumática y dolorosa experiencia, pero su existencia ha quedado marcada para siempre.

La película de Audrey Diwan es una perfecta adaptación de un libro muy difícil de llevar al cine. Basa toda su efectividad en la perfecta actuación de Anamaria Vartolomei, a la que se dedican constantes primeros planos en los que se reflejan las tormentosas emociones que está viviendo en las diez semanas que retrata el filme a través de una interpretación casi hipnótica. Un perfecto retrato de época, de una moral de la que todavía no nos hemos alejado tanto como quisiéramos. Una puntualización a todo esto: el aborto no es algo deseable, debe ser el último recurso frente a situaciones excepcionales como la que refleja la película y en cierto modo las voces que abogan por su prohibición deben tener cabida en el debate social. Lo mejor es que sea evitable todo aborto - un proceso siempre doloroso aunque se encuentre permitido por el Estado - que esté fuera de los supuestos de violación, peligro para la vida de la madre o malformación del feto, porque felizmente en la actualidad existen numerosos métodos anticonceptivos disponibles para cualquiera con suma facilidad.

P: 7

lunes, 26 de septiembre de 2022

YO ACUSO (1901), DE ÉMILE ZOLA Y EL OFICIAL Y EL ESPÍA (2019), DE ROMAN POLANSKI. LA VERDAD EN MARCHA.

Encontramos en este volumen una recopilación de los escritos de Émile Zola en el que toma partido por el oficial Alfred Dreyfus, un militar de alto grado que fue condenado a cadena perpetua por un caso de espionaje del que era completamente inocente. Lo verdaderamente escandaloso es las pruebas presentadas contra Dreyfus en el Consejo de guerra eran tan endebles que los responsables de la misma sabían que la sentencia era injusta desde primera hora, aunque la fundamentaran en una serie de documentos secretos - inexistentes - que no podían ser exhibidos por comprometer a la seguridad nacional. La perversa lógica que condujo a la condena de Dreyfus fue su condición de judío, por lo que fue considerado un enemigo de Francia y el mejor chivo expiatorio posible para ser exhibido a una nación a la que se le habían ido inculcando altas dosis de antisemitismo durante muchos años. Así lo denuncia Zola:

"El veneno es ese odio rabioso hacia los judíos que, cada mañana, desde hace años, se imbuye al pueblo. Hay toda una banda que se dedica a ese oficio de envenenadores, y lo más gordo es que lo hace en nombre de la moral, en nombre de Cristo, como si fuera un vengador y justiciero. ¿Y quién nos dice que ese ambiente donde se fraguaba no ha influido en el consejo de guerra? No es extraño que un judío traidor venda a su país. Aunque no encontremos ningún motivo humano que explique el crimen, aunque ese hombre sea rico, inteligente, trabajador, sin pasiones, de vida impecable, ¿no basta con que sea judío?"

Yo acuso, quizá el más famoso de los escritos de combate político es ante todo un alegato apasionado a favor de la libertad contra los abusos del Estado. Zola asume el papel de ciudadano escandalizado frente a una decisión radicalmente injusta que está haciendo sufrir a un inocente y deja libre a un culpable, porque los responsables de tal decisión necesitan ocultar su negligencia. Se trata de una figura prácticamente inédita hasta ese momento, la del intelectual que arriesga su prestigio y su libertad - Zola finalmente fue condenado a un año de prisión, aunque huyó a Inglaterra para no cumplir la sentencia - en beneficio de una causa noble. Para él Francia no se jugaba solo la libertad de Dreyfus, sino la esencia misma del Estado y para que su mensaje llegara al mayor número de personas posible no solo lo publicó en los periódicos más liberales de la época, sino también en forma de panfletos que se repartían en la vía pública, en la sagrada misión de contrarrestar la gran mentira oficial.

La película de Roman Polanski es una extraordinaria recreación del caso Dreyfus que no se centra en Émile Zola - esté aparecerá solo al final - sino en uno de sus grandes protagonistas, el coronel Georges Picquart. A priori Picquart era un héroe improbable para esta historia, un tipo que no simpatizaba en absoluto con los judíos, pero sí con el correcto funcionamiento de las instituciones, en especial del estamento militar, por lo que las escandalosas implicaciones del juicio a Dreyfus era algo que no podía tolerar, aunque su actuación pusiese en peligro su brillante carrera. Tampoco Dreyfus aparece retratado como un gran héroe, sino como un tipo corriente que es víctima de hechos extraordinarios y que lo único que busca, con gran angustia, es que alguien advierta que él es un tipo absolutamente inocente respecto a los graves hechos que se le han imputado.

El oficial y el espía es una película cuidada hasta el último detalle, con una ambientación prodigiosa en la que hasta los sonidos remiten a la Francia de finales del siglo XIX y funciona como un retrato magistral del funcionamiento de los servicios secretos del Estado, cómo estos se refugian discretamente en un edificio que huele a cloaca y manejan información sensible al antojo de su promotores. Y todo ello apelando más al intelecto del espectador que a sus emociones, una elección extraña hoy día. Una película que pasó bastante desapercibida en momento, pero que demuestra que los viejos maestros como Polanski o Ridley Scott todavía tienen la fuerza y el oficio como para trasladarnos de manera fidedigna a los hechos del pasado.

P: 9

sábado, 7 de mayo de 2022

PAPÁ GORIOT (1835). DE HONORÉ DE BALZAC. EN EL NOMBRE DEL PADRE.

La novela comienza mostrándonos el microcosmos de la pensión de la señora Vauquer, un lugar humildísimo en el que viven personas venidas a menos o estudiantes pobres. Entre ellos destaca el señor Goriot, un anciano que se enriqueció con la venta de fideos en tiempos de la Revolución - alguien que se supo aprovechar de ciertas influencias para ganar una pequeña fortuna en tiempos de hambre - pero que ahora arrastra una existencia humildísima. Todos se preguntan qué vicios habrán llevado a Goriot a esta situación. El hecho de que sea visitado con cierta frecuencia por unas jóvenes muy elegantes hace derivar las especulaciones hacia ciertos vicios. Pero la realidad es mucho más prosaica. O más heroica si se quiere. Las jóvenes son las hijas de Goriot y el pobre anciano lo ha sacrificado todo por su felicidad. Las ha casado y ha procurado que nunca les falte el menor de sus caprichos. Pero sus hijas son ingratas y solo se dejan ver por la pensión cuando tienen dificultades económicas, algo que está dejando poco a poco al protagonista sin los humildes medios económicos que se había reservado para su vejez.

El otro gran protagonista de la novela es Rastignac, un personaje que volveremos a encontrar en futuras obras de Balzac. Rastignac es un estudiante de derecho recién llegado a París. Su familia a puesto todas sus esperanzas de prosperar en el fruto de sus estudios, por lo que siente una gran presión y responsabilidad, ya que todos se están sacrificando para que él pueda llegar a ser un abogado famoso. Pero el joven tiene otros planes. Le seduce la alta sociedad parisina y, a través de una prima suya, se irá introduciendo poco a poco en este mundo a la vez lujoso, fascinante y repulsivo. Un mundo de apariencias en el que muchos de sus miembros más opulentos a primera vista, en realidad se encuentran ahogados por las deudas:

"Eugenio de Rastignac, que tal era su nombre, era uno de esos jóvenes que han sido forjados por la desgracia, que comprenden desde su infancia las esperanzas que sus padres depositan en ellos, y que se preparan un hermoso porvenir calculando ya el alcance de sus estudios y adaptándolos de antemano al movimiento futuro de la sociedad."

En el camino de Rastignac aparecerá un demonio tentador en forma de compañero de pensión. Vautrin le ofrece un discurso magistral y clarificador acerca de la verdadera esencia de la vida y una exposición realista de cuales son los caminos que se le ofrecen en la misma, ya que quiere aprovecharse del joven y de sus magníficas posibilidades de futuro. Porque el dinero es lo que mueve el mundo y la fortuna (la fortuna dineraria, se entiende) es lo que mueve el mundo. Pero para conseguir todo esto hay que ensuciarse las manos, como lo hizo Goriot en su momento y Rastignac no sabe si está dispuesto a pagar el precio necesario. 

Pero lo verdaderamente cautivador de Papá Goriot es su final. Esa agonía en la que lo único que necesita es lo que no obtiene: la presencia de sus hijas para despedirse de ellas mientras todavía está lúcido. Aquí Balzac se muestra como un auténtico conocedor del alma humana describiendo los delirios del protagonista mientras la enfermedad va mermando sus fuerzas, en una rara muestra de perfecto equilibrio entre ciencia y literatura. La conclusión de esta obra maestra no puede ser más emblemática, con ese Rastignac mirando París desde la distancia, como tomando impulso para conquistarlo en el futuro inmediato. Papá Goriot es una de esas novelas en las que la escritura entronca perfectamente con la condición humana y el lector no puede más que ver la esencia de la realidad entre sus páginas.

domingo, 25 de abril de 2021

LAS GRATITUDES (2019), DE DELPHINE DE VIGAN. EL LENGUAJE DEL RECONOCIMIENTO.

La crisis del coronavirus ha vuelto a poner de actualidad el problema de la vejez y la muerte. Pero no como mal absoluto y abstracto, sino como un proceso penoso en el que personas lúcidas y quizá todavía fuertes se ven abocadas a un proceso lento de degradación marcado en muchas ocasiones por una cruel soledad. El fallecimiento de miles de ancianos aislados en sus habitaciones entre sufrimientos que no podemos ni imaginar es una imagen que todavía no podemos asimilar. Antes de la pandemia raramente pensábamos en las vidas de aquellos que están próximos a su final, quizá porque nos sentimos demasiado identificados con un destino que inconscientemente queremos negar. Vernos a nosotros mismos ancianos, indefensos, dependientes de otras personas para llevar a cabo las funciones más básicas nos produce un horror íntimo y nos consolamos pensando que faltan muchos años para eso y que quizá nosotros estemos destinados a una muerte más serena e indolora.

Lo que es indudable que ante el próximo final todos nos arrepentimos de actos del pasado y de no haber expresado todo nuestro amor a los seres queridos. Esta es la tesitura a la que se enfrenta Michka, la protagonista de la novela. Siendo niña y en plena ocupación nazi de Francia, fue entregada por su madre a unos desconocidos en un acto desesperado por ocultar a una hija destinada a ser asesinada por ser judía. Los desconocidos la ocultaron y la criaron, exponiéndose a un destino terrible si eran descubiertos. Michka siente que jamás agradeció un gesto de bondad tan pura y comprende que debió poner más empeño en encontrar a sus ángeles de la guardia para expresarles su reconocimiento.

En cualquier caso Michka, quizá de manera inconsciente, acogió en su casa hace años a una niña que necesitaba amparo. Ésta, convertida ya en una mujer, visita con frecuencia a la protagonista en su habitación de la residencia. Tenemos también a otro personaje en este pequeño drama, Jérome, el logopeda que intenta ralentizar la afasia que atormenta a la anciana, que le está haciendo perder el uso del lenguaje día tras día. Pero el servicio que presta Jérome irá mucho más allá de lo terapéutico: en sus vacaciones va a aprovechar para indagar en la historia de su paciente y localizar a la hija de sus benefactores: el agradecimiento llega entonces de la manera más insospechada: después de todo, Michka va a tener la oportunidad de irse en completa paz.

Los agradecimientos es una novela atípica, en el sentido de que no estamos acostumbrados a que los novelistas de prestigio se dediquen a contarnos historias de buenos sentimientos. Es una propuesta de fácil lectura que pretende hacer llegar al lector un mensaje claro y contundente, que a veces los pequeños gestos son los que dan sentido a vidas enteras. Está bien escrita, pero no va más allá de lo ya expuesto ni lo pretende. Humanismo literario que no intenta ser profundo, sino cristalino.

jueves, 31 de diciembre de 2020

LOS NIÑOS TERRIBLES (1929), DE JEAN COCTEAU Y DE JEAN-PIERRE MELVILLE (1950). UN CUARTO PROPIO.

El desencadenante de la la acción de esta novela es considerado un personaje mítico por sus protagonistas. Darnelos aparece a los ojos de Paul (y del autor) como el más perfecto ejemplo de niño terrible, hermoso y altivo, un ser que lleva consigo un halo de superioridad que lo hace considerarse más allá del bien y del mal. Darnelos, aunque aparece muy poco, será fundamental al inicio de la narración, cuando lanza una bola de nieve al pecho de Paul. Esta acción, aparentemente nimia, hace que Paul se confine en su habitación, enfermo, pero a la vez lleno de vida mientras se encuentre cerca de Elisabeth, su hermana, con quien mantiene una malsana relación de amor-odio, como si ambos formaran parte del mismo cuerpo y a la vez necesitaran una independencia imposible.

En la existencia de esta singular pareja, que vive prácticamente encerrada en un cuarto y cuya rutina consiste en discusiones continuas que no llevan a ningún lado, solo es admitida la presencia de Gérard, amigo de Paul, un joven muy distinto a éste, mucho más comedido y educado, pero que necesita compartir experiencias con los hermanos, con quienes compartirá también sus vacaciones. Luego también será admitida a este club tan exclusivo, con algunas reticencias, Agathe, a quien conoce Elisabeth cuando se decide a buscar trabajo en una boutique. Juntos van a crear un universo propio entre las cuatro paredes de la habitación, al margen de la realidad exterior, en una especie de realidad placentaria en la que se sienten perfectamente cómodos y felices. La última oportunidad de comenzar una vida más ordinaria será malograda cuando muera Michael, el rico pretendiente de Elisabeth. La herencia que le deja éste hará que los jóvenes puedan habitar el resto de sus días en un palacio, cuyas amplias estancias pronto serán demasiado para unos seres que solo ansían languidecer juntos en una cómoda habitación.

Esta utopía íntima, en la que el juego se vuelve mucho más importante que la vida real, solo puede ser malograda con el regreso, aunque sea de forma indirecta, de Darnelos. Si su bola de nieve desencadena el principio de la historia, su veneno, un regalo inocente, será el que precipite el final, precediendo al mismo la ruptura del frágil equilibrio en la convivencia de los cuatro convivientes. Los niños terribles es una especie de resumen de las obsesiones de su autor, de la imposibilidad de vivir al margen del mundo real, del placer y la locura que desencadenan la voluntad de crear una existencia basada en la fantasía y en el ensueño en la que la idea de libertad se base ante todo en la inexistencia de obligaciones dentro de un espacio limitado en el que presuntamente uno se encuentra plenamente caliente y seguro. La versión cinematográfica de Jean-Pierre Melville constituye un complemento indispensable a la lectura de esta historia, pues supo plasmar perfectamente en imágenes el universo planteado por Cocteau, una tarea nada fácil, en la que participó el propio escritor recitando pasajes de la novela con voz en off. 

sábado, 25 de julio de 2020

LA CONQUISTA DE PLASSANS (1874), DE ÉMILE ZOLA. EL SUEÑO FRANCÉS.

Marthe y François son primos y están casados. Tienen dos hijos sanos y una hija adolescente con mentalidad de niña. A pesar de esta adversidad entre su descendencia, constituyen un matrimonio razonablemente feliz. Se trata de dos personas que han dedicado su juventud a trabajar duro, a prosperar a través de un humilde negocio. En la madurez de su cuarentena, la familia Mouret-Rougon, puede decir modestamente que ha alcanzado el sueño francés: viven en una casa amplia con un precioso jardín y pueden dedicar muchas horas del día al ocio. Además, están integrados en la comunidad, aunque prefieren no participar demasiado de la vida social en Plassans, Marthe, porque es una persona tímida y François porque tiene una mirada demasiado irónica sobre la existencia. En cualquier caso, como ya he dicho, son felices aunque no sean del todo conscientes de ello.

La llegada de un nuevo inquilino a la planta alta de la vivienda, va a cambiarlo todo. El padre Faujas parece el vecino perfecto: llegado a Plassans junto a su madre, su principal afán parece ser pasar desapercibido y su único interés parece consistir en cumplir con sus deberes eclesiásticos y leer plácidamente su brevario encerrado en su habitación. Poco a poco, con el paso de los meses, Faujas irá mostrando su verdadero rostro. Sin actuar directamente, únicamente con su ejemplo de vida modesta y sacrificada, irá ganándose el fervor de Marthe y, junto a él, el de buena parte de la población de la villa francesa, hasta el punto de influir poderosamente en el rumbo político que va a tomar la ciudad. 

Así pues, el padre Faujas va a convertirse poco a poco en una especie de genio maligno al que todos obedecen inconscientemente y que provoca la desgracia en el matrimonio que le renta la habitación, hasta el punto de acabar siendo el auténtico dueño de la propiedad y luego, de todo Plassans, o al menos de su alma:

"Su triunfo era sentarse tal como era, con su gran cuerpo mal arreglado, su rudeza, sus ropas agujereadas, en medio de una Plassans conquistada. 

(...) Plassans, en efecto, tuvo que aceptarlo mal peinado. Del sacerdote flexible se desprendía una figura sombría, despótica, que doblegaba todas las voluntades. Su cara, de nuevo terrosa, tenía miradas de águila; sus gruesas manos se alzaban, llenas de amenazas y castigos. La ciudad quedó positivamente aterrorizada, al ver al amo que se había dado crecer así desmesuradamente, con los andrajos inmundos, el olor fuerte, el pelaje chamuscado de un diablo. El temor sordo de las mujeres consolidó aún más su poder. Fue cruel con sus penitentes, y ni una se atrevió a dejarlo; acudían a él con estremecimientos cuya fiebre saboreaban."

La religión aparece aquí como una terrible fuerza seductora que primero conquista voluntades y después abandona a su suerte a dichas almas cuando dejan de ser útiles. El sueño francés deviene entonces en pesadilla, al despertar los viejos fantasmas del catolicismo: Marthe, que se transforma en una beata entregada en cuerpo y alma a servir a Faujas, acabará hiriéndose a sí misma ante el desprecio que suscita en éste. François terminará ingresando en un siniestro manicomio, en una transición hacia la locura que, aunque no es descrita con detalle por Zola, contiene pasajes verdaderamente estremecedores. Aunque no sea una novela perfecta (esa fluctuación entre las intrigas políticas de la ciudad y la vida hogareña de los protagonistas no está bien equilibrada), La conquista de Plassans es una pieza maestra más de esa obra arquitectónica y literaria del siglo XIX que constituye la saga de los Rougon-Macquart. 

miércoles, 25 de marzo de 2020

EL COLGAJO (2018), DE PHILIPPE LANÇON. EL APRENDIZAJE DEL DOLOR.

Hay un momento sumamente revelador en esta magistral crónica de bajada a los infiernos que narra este libro. Philippe Lançon, después de meses y meses de operaciones y de dolor se cree ya en trance de recuperación y viaja en el metro. De repente sube al vagón un joven magrebí, en cuya mirada él aprecia un gesto de desafío. Su impulso primario es huir, o al menos retirarse, poner un escudo de personas entre lo que capta como una amenaza potencial y él mismo: quizá en ese instante comprende que la recuperación total no llegará nunca, que conservará para siempre no solo las heridas físicas del rostro, sino también las espirituales: un miedo permanente que se activará cuando menos se lo espere.

Porque El colgajo es un libro autobiográfico muy especial. Se trata de una confesión, de la narración absolutamente veraz de lo que sucede después de sobrevivir a una experiencia tan traumática como un atentado terrorista. Lançon llega a describirse como un muerto en vida, como alguien que sigue existiendo, pero jamás volverá a ser el mismo, sintiéndose como si de repente la nada hubiera envuelto la esencia de su ser:

"La escena de repente improvisada flotaba en los escombros de nuestras propias vidas, pero no era la mano de un proyeccionista quien lo había detenido todo: eran unos hombres armados, eran sus balas; era lo que nosotros, los profesionales de la imaginación agresiva, no habíamos imaginado, porque algo así era simplemente inimaginable, al menos en la realidad. La muerte inesperada; el elefante metódico en la cacharrería; el huracán breve y frío; la nada."

El atentado a Charlie Hebdo no fue una acción cualquiera. Se trataba de un golpe al corazón de las libertades de occidente, a un medio de comunicación satírico que jamás había tenido pelos en la lengua a la hora de criticarlo todo, incluyendo a la religión islámica. La matanza implicaba un mensaje claro: quien se burlara de Mahoma merecía morir. Después de los hechos, hubo voces cobardes que, no justificando el atentado, mostraban un rechazo a la previa actitud provocativa de Charlie frente a lo se suponía sagrado, aunque la mayoría de los franceses optaron por un apoyo sin fisuras a las víctimas a través de un lema que hizo fortuna: "Je suis Charlie". Porque lo que se jugaba aquí era no ceder ni un milímetro en el derecho fundamental a la libertad de expresión frente a quienes defienden una organización social totalitaria. Como dejó dicho Voltaire: "Puede que no esté de acuerdo con tu opinión, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo."

Al final el lector siente que el sacrificio de Lançon, un mártir de la libertad de expresión, tiene un sentido, que su calvario supone una especie de redención para aquellos que creen que se puede aplacar a la bestia cediendo parte de la esencia de nuestra vida democrática a la amenaza de unos asesinos que dicen actuar en nombre de la religión de la paz. El colgajo, además de ser una obra literaria de primer orden, se erige así no solo en una reflexión acerca del dolor y su superación, sino también a la valentía de conservar las propias convicciones frente a los fanáticos e intolerantes.

lunes, 25 de febrero de 2019

SEROTONINA (2019), DE MICHEL HOUELLEBECQ. SIN AMOR.

Si algo hay que agradecerle a Michel Houellebecq como escritor es la completa libertad con la que asume su exitosa carrera literaria. A él le interesa contar determinadas historias y la idea de lo políticamente correcto no casa con su manera de entender la literatura. Quizá sea algo exagerado decir que dentro de algunos siglos podremos acudir a Houllebecq - a la manera como lo hacemos hoy día con Galdós o Zola para entender el siglo XIX - para comprender mejor nuestra época, pero sí que es cierto que los lectores del futuro encontrarán en sus escritos una autenticidad en la crónica de nuestros malos difícilmente igualable. No es que el escritor francés busque explícitamente el escándalo, pero tampoco trata de evitarlo, lanzando cargas de profundidad contra el feminismo, la izquierda, la inmigración o el puritanismo que va imponiéndose sutilmente en occidente. Pero esto no quiere decir que el protagonista ofrezca soluciones al respecto. Todo lo contrario: se trata de un ser a la deriva con una cada vez más preocupante tendencia a la autodestrucción.

Y ahí es donde falla la nueva novela de Houellebecq, un escritor que empieza a repetir demasiado sus temas y obsesiones. Tal y como le sucede al protagonista, Serotonina no encuentra nunca un camino propio y va dando tumbos en busca de una historia que se acaba convirtiendo en poco más que una colección de provocaciones fáciles. Es loable que el autor de Sumisión siga describiendo con tanta certeza los males de occidente y los peligros a los que los europeos nos enfrentamos en el futuro inmediato (la escena de la rebelión de los ganaderos es uno de los escasos aciertos del libro), pero eso no basta para sostener una narración respecto a la que el lector intuye desde el primer momento en qué va a derivar. 

¿Se muere occidente tal y como no para de advertirnos Houellebecq? Quizá solo se esté transformando en algo no peor ni mejor que lo tradicional, sino diferente. En cualquier caso, lo que el protagonista, que ha vivido una existencia privilegiada, necesita, jamás lo encontrará con su actitud egoísta y casi ególatra: ese amor de una mujer rendida a sus pies, ese amor del pasado, idealizado, que se tiró a la basura de la manera más absurda y que hoy se torna irrecuperable. Así, solo queda pasar lo que resta de vida casi como un vegetal: sobreviviendo en hoteles, pero sin relaciones sociales, solo dejando transcurrir el tiempo para convencerse con más ímpetu a sí mismo de lo absurdo que es todo.

miércoles, 15 de agosto de 2018

CALÍGULA (1944), DE ALBERT CAMUS. EL DELIRIO DEL PODER.

Calígula, escrita cuando la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin, puede inscribirse, junto a El extranjero, en un modelo de literatura de un existencialismo que entronca con el nihilismo, con el absurdo de la existencia humana. Los horrores que se habían presenciado en la contienda eran difícilmente asimilables por los intelectuales: no había referencias a las que aferrarse y todo aquel espectáculo de muerte y destrucción era demasiado desmesurado como para ser descrito. Pero cabía centrarse en el pensamiento de un solo hombre, de un Calígula que era representante del poder absoluto que produce monstruos.

El desencadenante del drama del emperador es la muerte de su hermana y amante Drusila. En aquel instante Calígula toma conciencia de que el poder terrenal no es capaz de amoldar la realidad a gusto de su poseedor y de que "los hombres mueren y no son felices". A pesar de desencadenar una política de terror entre los patricios del círculo que le rodea (lo que recuerda mucho a la actuación de Stalin en los años treinta), el emperador es un hombre angustiado, que envidia el poder de los dioses y sabe que la vida es impredecible:

"Me gusta la seguridad, la necesito. La mayoría de los hombres son como yo. Les resulta imposible vivir en un universo en el que, en un segundo, el pensamiento más extravagante puede penetrar en la realidad, en el que, las más de las veces, ese pensamiento penetra en ella como un cuchillo en el corazón. Yo tampoco quiero vivir en semejante universo. Prefiero saber por dónde piso."

Al final, en la culminación de su locura, el protagonista de que jamás va a poder alcanzar la felicidad, ni siquiera cierta serenidad de espíritu. Su carácter inquieto le hace preguntarse constantemente acerca de su condición humana, lo que le acerca y a la vez le aleja de sus súbditos. El mundo, tal y como es, dista mucho de estar hecho a la medida de los hombres. O uno se conforma e intenta adaptarse - y esta opción no es para él - o sale de él. Este Calígula, tan egocéntrico, de humor tan cambiante y caprichoso, recuerda inquietantemente a un personaje contemporáneo, a Donald Trump. 

Albert Camus resumió así el espíritu de su obra:

"Es la historia del más humano y el más trágico de los errores. Infiel a los seres humanos a causa de su excesiva lealtad a sí mismo, Calígula consiente en morir después de darse cuenta de que no se puede salvar solo y que nadie puede ser libre en contra de otros."

viernes, 27 de julio de 2018

DIARIO DE UNA CAMARERA (1900), DE OCTAVE MIRBEAU Y DE LUIS BUÑUEL (1964). EL ESPELUZNANTE ENCANTO DE LA BURGUESÍA.

Las relaciones entre amos y criados han sido desde siempre un motivo de inspiración para la literatura y el cine. Esa relación casi íntima entre clases sociales que a la vez se desprecian y se necesitan - aunque existan excepciones de criados perfectamente intregrados en su papel, como el protagonista de Lo que queda del día - da mucho juego. El criado - la criada en este caso - vende sus servicios al mejor postor, pero una vez que comienza su labor ésta se convierte en una servidumbre de características muy especiales, sobre todo si la criada duerme bajo el mismo techo que sus señores. Célestine, la protagonista de este diario, es una joven de espíritu rebelde, pero que sabe que necesita integrarse y disimular su desprecio a la clase social a la que sirve, para poder sobrevivir. Su opinión acerca de su posición en el mundo resulta muy lúcida:

"Un  criado no es un ser normal ni un ser social. Es alguien disparatado, fabricado con piezas y fragmentos que no se ajustan unos a otros, ni pueden yuxtaponerse. Es algo peor: un monstruo híbrido humano. Ya no pertenece al pueblo, del que proviene, tampoco a la burguesía, entre la que vive y a la que tiende. Ha perdido la sangre generosa y la fuerza inocente de ese pueblo del que reniega. Ha adquirido los vicios vergonzosos de la burguesía sin haber podido obtener los medios para satisfacerlos; y también, sus sentimientos viles, sus temores cobardes, sus delictivos apetitos, sin la cobertura y, en consecuencia, sin la excusa de la riqueza."

Sin embargo, siendo joven y bonita, sabe que despierta el deseo de los hombres de cualquier clase social. Esto la asquea, pero a la vez le otorga una cierta posición de poder que podría aprovechar para mejorar sus condiciones de vida: en más de una ocasión ha podido casarse con alguno de sus amos, pero ha rehusado hacerlo. Sin embargo, cuando conoce a Joseph, un criado maduro y canalla (hasta el punto de sospechar que es un asesino de niñas), va sintiendo poco a poco una atracción irresistible por él. Quizá su mejor salida sea tomar lo que el taimado Joseph le ofrece. O quizá no le quede más remedio que aceptarlo:

"Es curioso, siempre he sentido debilidad por los canallas. Hay en ellos algo imprevisto que enciende la sangre, un olor muy especial que embriaga, algo fuerte y acre que atrae sexualmente."

La novela de Mirbeau, de tono vagamente erótico, no ahorra cargas de profundidad contra la condición burguesa, una clase social que retrata como parásita e inútil, aburrida e insustancial. La señora de Célestine se pasa el día quejándose, como si todas las circunstancias de la vida diaria conspiraran para amargarle la existencia. Una existencia que resulta también profundamente amarga para un señor absolutamente dominado por su esposa y cuyos instintos eróticos se centran en torpes intentos de seducción a su criada. 

Otro de los aspectos más interesantes de la novela es su crítica al movimiento nacionalista y antisemita de derechas que tomó impulso en aquella época con el caso Dreyfus. Lo que cuenta Mirbeau a las puertas del siglo XX es muy consecuente con los desastres que vendrían después.

Todo este material fue bien aprovechado por Luis Buñuel - sobre todo sus escenas más fetichistas - para realizar una versión muy personal de la novela. El aragonés obvia los episodios del pasado de Célestine y se centra en el nudo principal de la obra, mateniéndose fiel al mismo hasta que cambia por completo el final.

lunes, 16 de julio de 2018

EL ORDEN DEL DÍA (2017), DE ÉRIC VUILLARD. LOS PUNTOS DE RUPTURA DE LA HISTORIA.

La historia no es una disciplina lineal y el ser humano, aunque progresa, jamás lo hace en línea recta. Por el camino hay trampas, accidentes y, a veces, verdaderas catástrofes capaces de dar al traste con todo lo conseguido durante siglos de lucha soterrada. El ascenso de los nazis al poder en Alemania fue contemplado al principio por el resto del mundo con una mezcla de curiosidad y desgana. Hitler no era tomado en serio por muchos, se le veía más bien como una especie de payaso histérico. Dentro de Alemania, no era así. Para muchos alemanes, se convirtió pronto en una especie de Mesías que devolvería a su país a la grandeza a la que siempre tuvo derecho. Y poco a poco, los países de alrededor, los ganadores de la Primera Guerra Mundial pasaron de la desgana al miedo: la rápida recomposición del Ejército alemán y la agresividad del discurso de Hitler los cogió con el pie cambiado y decidieron intentar apaciguarle, haciendo como que negociaban con él, pero en realidad, concediéndole todos sus deseos territoriales, hasta que el vaso quedó colomado en una ciudad llamada Danzig... 

Pero antes de eso, los nazis necesitaron financiación. Una vez elegido Canciller, Hitler necesitaba el apoyo financiero de los grandes industriales alemanes. El orden del día se abre con esa poderosa escena, el encuentro entre criminales financieros y criminales políticos con el fin de asegurar los medios económicos a unos planes inhumanos. Muchas de las empresas que protagonizaron tan vergonzoso episodio siguen existiendo y prosperando en el día de hoy: Opel, Krupp, Bayer... Todas han lavado su imagen y continúan vendiéndonos sus productos, haciéndonos olvidar que hace unas décadas utilizaban sin pudor mano de obra esclava procedente de los campos de concentración que jalonaban la geografía hitleriana. Pero en aquel momento todo resultaba muy sencillo:

"El meollo del asunto se resumía en lo siguiente: había que acabar con un régimen débil, alejar la amenaza comunista, suprimir los sindicatos y permitir a cada patrono ser un Führer en su empresa."

Luego, la novela-reportaje de Vuillard se acerca a las interioridades de la ocupación de Austria en 1938: cómo los nazis se comportan como mafiosos frente a los débiles austriacos y cómo la pretendida invasión pacífica fue una auténtica chapuza. En cualquier caso, frente a unas decenas o centenares de suicidios (quizá miles, quien sabe), la reacción de la mayoría de la población fue salir a la calles a recibir con su brazo en alto a su liberador. Mientras tanto, Francia, Inglaterra y el resto de potencias se rinden ante el hecho consumado y no hacen nada. Más bien, acuden seis meses después a la conferencia de Munich para seguir alimentando a la bestia.

En realidad Vuillard ha escrito una novela un tanto extraña. Una narración de ficción que se basa estrictamente en la realidad y que podría haber sido un ensayo histórico lleno de reflexiones personales. Él ha preferido adentrarse en los sentimientos personales de los personajes que vivían diversos episodios históricos - única concesión a la ficción - para indagar en lo que él llama - en una entrevista publicada en Babelia - los puntos de ruptura de la historia:
 
"Busco en la historia los puntos de ruptura. ¿Qué nos ha conducido adonde estamos hoy? ¿Qué nos ha llevado a la dominación de Occidente, a vivir con tamaños desequilibrios o al movimiento emancipador que anima nuestras sociedades?”

viernes, 6 de julio de 2018

EL VIENTRE DE PARÍS (1873), DE ÉMILE ZOLA. LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO.

Para la tercera novela del ciclo Rougon-Macquart, Zola quiso retratar el ambiente en torno al recién inaugurado mercado de Les Halles, en el centro de París. Para protagonizar la novela elige a Florent, un joven idealista, que acaba de volver, con la salud quebrada, de una deportación de años en el temido territorio de la Guayana francesa, después de haber sido acusado injustamente de provocar violencia en la última insurrección de la capital. Florent es un hombre tímido, pero que no puede evitar ser absorbido por sus ideas revolucionarias, por una visión utópica de un futuro en el que todos los ciudadanos de Francia serán felices gracias a un gobierno bondadoso que destituirá al corrupto de Napoleón III.

Uno de los intereses principales de la narración de Zola es la descripción detallada de todo lo que rodea al inmenso edificio de Les Halles: los puestos, los distintos alimentos, los olores, los sótanos y, sobre todo, la gente que pulula todos los días por el barrio, sobre todo los pequeños propietarios de negocios, interesados ante todo en que se mantenga la paz social, aunque sea a través de un pequeño Estado policial, con tal de seguir obteniendo beneficios. Frente al idealismo de Florent se alzan el sentido práctico de Lisa, su cuñada, y el conformismo de su hermano. Lisa ha visto prosperar durante años su elegante charcutería y se espanta cuando descubre que su cuñado anda conspirando con los rojos, una conspiración que puede hacer saltar por los aires el orden imperante, el que ella estima que le ha hecho enriquecerse honradamente.

Los rojos, los enemigos del libre comercio, a ojos de los propietarios, conspiran en la sombra, pero no son excesivamente prudentes. Se reunen en una taberna todas las noches a organizar su futuro gobierno y el comadreo de los vecinos, junto con una serie de malentendidos, agiganta la conspiración, hasta el punto de que la policía va reuniendo un grueso expediente acerca de Florent, solo a través de delaciones. Es curioso que en la novela aparezcan algunos episodios que siguen de actualidad hoy día, como el referente a Clémence, la única mujer que se reunía con los conspiradores:

"Cuando llamaban a Rose para pagar, cada uno sacaba del bolsillo las monedas de la consumición. Charvet incluso motejaba riendo a Clémence de aristócrata, porque tomaba un grog, decía que quería humillarlo, hacerle notar que ganaba menos que ella, lo cual era cierto, y había, en el fondo de su risa, una protesta contra esa ganancia más elevada que lo rebajaba, a pesar de su teoría de la igualdad de los sexos."

Aunque tiene algo menos de interés que otras novelas del ciclo, por dedicar excesivas páginas a prolijas descripciones de todos los aspectos posibles de Les Halles, El vientre de París combina al literario un indable interés histórico, puesto que podemos asomarnos con precisión a las condiciones de vida de un determinado grupo social en una época determinada.

viernes, 23 de febrero de 2018

LAS AMISTADES PELIGROSAS (1782), DE CHODERLOS DE LACLOS Y DE STEPHEN FREARS (1988) Y VALMONT (1989), DE MILOS FORMAN. TRATADO DE MORAL LIBERTINA.

El siglo XVIII fue paradójico en muchos aspectos. Mientras avanzaban la ciencia y el arte, se consolidaban como actividades de inmenso prestigio, cada vez más alejadas de la tutela de la religión, la organización política del Estado seguía siendo la del Antiguo Régimen. Frente a la miseria y semiesclavitud de la mayoría del pueblo, una minoría selecta vivía una existencia regalada en sus palacios y castillos. Muchos de ellos gozaban de las prebendas que otorgan títulos y cargos oficiales y solían gozar de mucho tiempo libre que podían dedicar al estudio y meramente a procurarse los más variados placeres. Precisamente el personaje del vizconde de Valmont es un prototipo en este sentido: un noble adinerado que dedica todos sus esfuerzos al arte de la seducción, un tipo cuyo objetivo primordial en la existencia es ir acumulando fama en los salones de París, por lo que cada vez se exige objetivos más difíciles, para que la satisfacción de la conquista sea mayor y el escándalo consiguiente más ruidoso. En su moral de libertino es principio primordial que la virtud aumenta el valor de la mujer, justamente hasta el momento en que deja de tenerla.

Pero Valmont no emprende en solitario sus intrigas. Cuenta con una aliada, la marquesa de Merteuil, una mujer que, después de haberse sometido a un duro aprendizaje acerca de los asuntos mundanos de la alta sociedad parisina, se dedica al noble arte de la manipulación y la corrupción de los seres más inocentes. Con Valmont mantiene una relación de amor-odio que al final va a ser decisiva en la resolución de esta novela epistolar. Ni que decir tiene que Las amistades peligrosas es una obra maestra de este género literario. Las cartas están concebidas para crear un clima de tensión permanente en las complejas relaciones entre sus distintos personajes y muchas de ellas, sobre todo las escritas por los dos protagonistas, son un modelo de doblez y de maestría en el arte de la consecución de los propios objetivos. Valmont y Merteuil son dos personajes absolutamente egoístas en su condición de profundos conocedores de las pasiones humanas. La religión y los conflictos de conciencia, algo que afecta a las resoluciones de los personajes débiles de la trama, son para ellos meros instrumentos para usar a su favor.

Puede verse también en Las amistades peligrosas una especie de justificación de lo que vendría pocos años más tarde, la Revolución Francesa. En este caso puede hablarse sin exagerar que el origen del mal, de la perdición de vidas moralmente intachables que fomentan las actividades subterráneas de los protagonistas tienen su origen en el aburrimiento, en una ociosidad prolongada que podía ser animada por la creación de estas intrigas llevadas a cabo con precisión quirúrgica y disciplina militar. La amoralidad como una de las bellas artes, el amor concebido no como una causa del placer, sino como un pretexto para conseguir éste.

La película de Stephen Frears refleja de manera magistral el espíritu de la novela. Con un reparto espectacular, en el que destacan unos John Malkovich y Glenn Close que parecen haber nacido para interpretar estos papeles, la adaptación deja lógicamente un poco de lado la intriga epistolar para relacionar más físicamente entre sí a los personajes. Destacan también el vestuario y el diseño de producción, que nos trasladan con todo lujo de detalles a los ambientes más aristocráticos del Siglo de la Luces. La versión que realizó un año después Milos Forman,  resulta estimable, pero muy inferior a la de Frears. Es una adaptación mucho más libre del texto de Lacros, poniendo más énfasis en el sentido del humor, pero el espíritu de la novela está mucho menos presente. A ello contribuye enormemente la composición de Valmont que realiza Colin Firth, un personaje interpretado desde un tono un tanto paródico y burlesco. La sombra de Malkovich, en este caso, es demasiado alargada.

martes, 20 de febrero de 2018

EL MIEDO (1930), DE GABRIEL CHEVALLIER. TEMPESTADES DE MUERTE.

Para los primeros soldados que partieron a la Gran Guerra, todo eran parabienes por parte de la población civil. Se estimaba que el conflicto iba a ser una operación de corta duración y plena de heroicidades, una ocasión para los jóvenes para madurar y vivir aventuras que les hicieran consolidar un patriotismo que se daba por consabido. Lo que nadie esperaba es que en esta nueva guerra, en la que la producción industrial iba a jugar un papel determinante, se impusieran las armas defensivas frente a las ofensivas. La artillería y las ametralladoras eran mucho más poderosas que la caballería y los ataques frontales a la bayoneta, que causaron unas carnicerías nunca vistas entre las tropas que se atraveían a atacar las trincheras. El soldado raso sufrió como nunca en una situación de inmovilidad y peligro constante. Sometido periódicamente a bombardeos, ametrallamientos, así como al tormento constante de los piojos y los cambios del tiempo atmosférico, la mayoría soñaba con una herida limpia que les sacara definitivamente de ese infierno o, al menos, con ser transferidos a sectores más tranquilos del frente.

Uuna de las novelas que mejor reflejan tales experiencias es El miedo, de Gabriel Chevallier. Escrita con un evidente ánimo de revancha contra los criminales que hicieron posible esa masacre, la narración está escrita desde la perspectiva del soldado raso, enfrentado durante años a una situación inimaginable, a un miedo constante que destruía cuerpos y espíritus:

"El autor del presente libro consideró que era una falta de decencia hablar del miedo de sus camaradas sin hablar del suyo propio. Por eso decidió abordar el miedo en primera persona, sobre todo en primera persona. En cuanto a hablar de la guerra sin hablar del miedo, sin ponerlo en un primer plano, hubiera sido un camelo. No es posible vivir en los lugares donde uno puede ser despedazado vivo en cualquier momento sin sentir cierta aprensión."

¿Cómo soportaban los combatientes ese sentimiento de terror constante? El autor habla de una especie de moral del esclavo, de un sentido de la fatalidad que dominaba las mentes de la mayoría, puesto que el hombre corriente no ha nacido para ser un héroe. Solo aceptando la cercanía de la muerte era capaz el protagonista de enfrentarse cara a cara a unos peligros atroces, que se acentuaban en los momentos en los que unos generales, confortablemente instalados en la retaguardia, lejos de todo peligro, decidían que había que pasar a la ofensiva. La postura moral del soldado oscila entre la certeza de que esta vez no va a ser el elegido y la certeza contraria, entre el horror de matar y el de ser despedazado. Todas estas peleas internas y externas son reflejadas de manera magistral por la fuerza de la escritura de Chevallier, un excombatiente que sabe bien de lo que habla y que no ahorra al lector escenas fuertes, de horror pleno, ante las cuales no se puede evitar un sentimiento estremecedor.

Bien es cierto que testimonios que éste no sirvieron para que, apenas veinte años más tarde, se iniciase otro conflicto, más devastador si cabe, aunque las nuevas quintas no acudieron a sus puestos con tanta alegría como sus padres, puesto que éstos tuvieron tiempo de advertirles, de testimoniar que la guerra no es un paseo, sino el comienzo de un infierno de duración indefinida. Aun así, los nuevos reclutas se sometieron igualemente a las órdenes de sus mandos y se dejaron matar en los nuevos frentes, como habían hecho sus padres. La respuesta quizá esté en la frase del Teniente Coronel Ardant Du Pincq, que da comienzo a uno de los capítulos:

"El hombre en el combate es un ser en el que el instinto de conservación domina momentáneamente todos los sentimientos. La disciplina tiene por fín domeñar ese instinto mediante un terror mayor.

El hombre se las ingenia para poder matar sin correr el riesgo de caer muerto. Su arrojo es el sentimiento de su fuerza, y ésta no es absoluta; delante del más fuerte, huye sin vergüenza."

miércoles, 18 de octubre de 2017

LA TIENDA DE LOS SUICIDAS (2007), DE JEAN TEULÉ. EL SUPERMERCADO DE LA MUERTE.

Una de las mejores formas de humor es el humor negro. Si se aborda correctamente, sin traspasar la tenue línea de lo que una determinada sociedad considera tabú (por ejemplo, hacer humor de las víctimas del terrorismo), resulta una manera estupenda de reirnos de nosotros mismos, de nuestros miedos y de nuestros defectos. ¿Y qué es más temido que la muerte? Aunque todos desechamos ese miedo en el día a día, a veces nuestros pensamientos derivan hacia ese trance tan inevitable como indeseado. Pero ¿qué sucedería si en el futuro construimos una sociedad en la que la idea de suicidio contenga cierto atractivo? Pues como un negocio como el que presenta Teulé en La tienda de los suicidas, sea tan popular como próspero.

Aunque no se ofrecen muchos detalles, la novela transcurre en un futuro siniestro, en el que parece que el cambio climático es una realidad que ha llevado a gran parte de la humanidad a un sentimiento de desesperación y derrota. El establecimiento que regenta la familia Tuvache (que es presentada como una especie de remedo de los televisivos Monster), ofrece toda clase de servicios de ayuda al suicidio, contando con los métodos más originales e innovadores, para asegurar al usuario no fallar en el intento. En consonancia con su dedicación, los miembros de la familia son pesimistas y malencarados, creando el ambiente propicio para que la clientela no se eche atrás en la decisión tomada. Pero en todos los grupos existe una oveja negra - o blanca, en este caso - y el hijo menor de los Tuvache, Alan, ha resultado ser un optimista nato, que no depone su actitud ni cuando es enviado a pasar una temporada al campamento de terroristas suicidas...

La tienda de los suicidas es una narración con un buen planteamiento, que comienza con buenas dosis de ironía, pero cuya trama poco a poco se va desinflando, hasta derivar en un mensaje más propio de los libros de autoayuda que de una obra dirigida al público adulto. Porque hay pasajes en los que Teulé parece escribir para los más jóvenes, como si toda la segunda mitad de la novela fuera un gran cuento moral destinado a fomentar el arma del optismo contra un mundo oscuro y hostil. Es una lástima, porque el argumento daba lugar a muchas posibilidades interesantes y se ha elegido quizá la más fácil y previsible. No es que la lectura de la novela se haga desagradable, pero constituye un ejercicio demasiado ligero, cuando se está tratando un asunto tan serio y con tantas implicaciones.