Basada en los cómics de Garth Ennis, The Boys da una nueva vuelta de tuerca a las historias de superhéroes e intenta explorar, de una manera más o menos realista, pero también bastante bestia, cómo sería una sociedad en la que existieran estos seres casi divinos. Aquí los superhéroes pertenecen a una Corporación, que es la responsable de la creación de los mismos. No se trata de héroes en el sentido tradicional del término, sino de seres que son explotados comercialmente para vender todo tipo de productos a unos consumidores manipulados a los que se hace creer que estos tipos realizan todo tipo de hazañas para salvar a gente. Si hay algo que domina toda la serie es el cinismo: los superhéroes son seres amorales que atesoran un gran poder y vicios inconfesables, sobre todo el Patriota, un trasunto de Supermán que poco a poco va haciéndose dueño de la Corporación y termina exigiendo ser tratado como un dios. Al otro lado de la trinchera se encuentra el grupo clandestino que da título a la serie, cuya principal misión es desenmascarar toda esta hipocresía superheroíca y al que se irán uniendo algunos superhéroes disidentes. La pena de The Boys es que es una serie que va de más a menos. Empieza siendo algo muy original y repleto de escenas que en otros ámbitos serían censuradas, pero la trama acaba alargándose demasiado y se vuelve algo repetitiva. En cualquier caso, las distintas temporadas ofrecen un espectáculo muy entretetenido y estimulante que en el fondo nos está hablando de nuestra época, un tiempo de idiotización general en el que las masas, por mucho que tengan acceso a información casi infinita, pueden ser manipuladas por los que están arriba con una facilidad pasmosa.
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