Los ingredientes de esta película resultan perfectos para la historia que se quiere contar. Se trata de una pareja que acaba de perder a su hijo en un trágico accidente y se embarcan en su velero para una travesía solitaria que consiga interiorizar el duelo. En un determinado momento encuentran a otro barco a la deriva que se está hundiendo y acogen al único superviviente. A partir de aquí, teniendo en cuenta que al marido se le ocurre explorar el barco siniestrado mientras el naúfrago duerme, empieza un verdadero thriller cuando el tipo despierte y se dé cuenta de que se ha quedado solo con ella. Mientras tanto, en montaje paralelo, asistimos a la odisea de John mientras intenta revivir el barco moribundo. Calma total es una película que no ofrece respiro al espectador. Billy Zane ofrece un buen papel como villano psicópata, aunque al final resulta un poco cargante, ya que el actor aquí solo parece contar con un registro. Más interesante resulta contemplar a Nicole Kidman y al recientemente fallecido Sam Neill antes de convertirse en estrellas absolutas de Hollywood. Si hay algo que termina desvirtuando bastante a esta película es el final, tan tópico como difícilmente creíble, solo destinado a sorprender al espectador en el peor sentido del término. A destacar la formidable fotografía que imprme Noyce a sus imágenes, haciendo presente en todo momento el ambiente solitario de alta mar.
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