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sábado, 17 de enero de 2026

ESCRITOS CORSARIOS (1975), DE PIER PAOLO PASOLINI. UNA BATALLA TRAS OTRA.

Aunque fueron escritos en el contexto de la Italia de los años setenta (y para entender plenamente su valor, conviene adquirir algunas nociones sobre la época) los artículos de Pasolini apelan también al lector actual, ya que los temas que trata (la nueva sociedad de consumo, la homogeneización cultural o el desencanto político) son plenamente trasladables a nuestros días, cincuenta años después. Y eso es lo más asombroso para el lector de Escritos corsarios, que algunos artículos tocan numerosas fibras sensibles de la sociedad de nuestros días, por lo que el autor intuyó las grandes tendencias sociales que iban a marcar las siguientes décadas. Para Pasolini la sociedad hedonista y el consumismo desmesurado que empezaban a aposentarse en Italia marcaban una época de falta de libertades, de pérdida de tradiciones y de lo que él consideraba la esencia real de la gente humilde. Después de la represión de las protestas de mayo del 68, se imponía un nuevo mundo ultracapitalista que seduce a las masas a través de promesas ilusorias de felicidad:

"Ningún centralismo fascista consiguió lo que ha conseguido el centralismo de la civilización de consumo. El fascismo proponía un modelo, reaccionario y monumental, que, sin embargo, no pasaba de ser letra muerta. Las distintas culturas populares (campesinas, subproletarias, obreras) seguían, imperturbables, ajustándose a sus antiguos modelos: la represión se limitaba a obtener su adhesión de palabra. Hoy, por el contrario, la adhesión a los modelos impuestos por el Centro es incondicional y absoluta. La gente reniega de los modelos culturales reales. La abjuración ha sido consumada. Por consiguiente, podemos afirmar que la «tolerancia» de la ideología hedonista que promueve el nuevo poder es la peor represión de la historia humana. ¿Cómo ha podido ejercerse tal represión? Mediante dos revoluciones que han tenido lugar en el seno de la organización burguesa: la revolución de las infraestructuras y la revolución del sistema de información. Las calles, la motorización, etc., han unido estrechamente la periferia con el Centro, aboliendo toda distancia material. Sin embargo, la revolución del sistema de información ha sido todavía más radical y decisiva. Por medio de la televisión, el Centro ha asimilado al país entero, históricamente tan diverso y rico en culturas originales. Ha emprendido una labor de homogeneización que destruye todo cuanto es auténtico y concreto. Es decir, ha impuesto —como decía— sus modelos: que son los modelos que promueve la nueva industrialización, la cual ya no se da por satisfecha con un «hombre que consuma», sino que pretende que no pueda concebirse otra ideología que la del consumo. Un hedonismo neolaico, ciegamente indiferente a todo valor humanístico y ciegamente ajeno a las ciencias humanas."

¿Qué podría decir de la época de las redes sociales, de la falta de atención un Pasolini que se quejaba hace cincuenta años del poder creciente de la televisión? ¿qué opinaría acerca de la publicidad que lo inunda todo, de la posibilidad de comprar durante las veinticuatro horas a través de internet? Su diagnóstico sería demoledor acerca de un mundo en el que cualquiera puede encontrar cualquier tipo de información desde su teléfono móvil, pero en el que la tradición humanista de occidente se encuentra seriamente dañada. Para llegar a esta conclusión basta con contemplar el tipo de líderes que la gente elige hoy día para que - presuntamente - defiendan sus intereses. Desde luego, aunque Pasolini se equivoca en muchas de sus apreciaciones (por ejemplo cuando se referiere a la Iglesia católica), acierta en otras muchas y lo hace de manera directa, en un estilo de literatura de combate que necesita ser polémico para llamar la atención y conseguir lo que más le interesa: generar debate. 

Quizá estas opiniones tan radicales reforzaron a quienes querían acabar con él y tuvieran que ver con su asesinato, que se produjo poco después, aunque no existen pruebas que permitan llegar a esta conclusión. Lo cierto es que frases tan contundentes como "Yo sé cómo se llaman las personas serias e importantes que están detrás de los trágicos muchachos que eligieron las suicidas atrocidades fascistas y de los delincuentes comunes, sicilianos o no, que se pusieron a su disposición como asesinos o sicarios. Yo sé cómo se llaman esas personas y sé cuáles son los hechos (atentados contra las instituciones y masacres) de los que son culpables. Yo sé. Pero no tengo pruebas. Ni siquiera tengo indicios", pudieran poner nerviosa a gente muy poderosa frente a alguien que usaba una libertad radical que podía derivar en acusaciones más concretas en el futuro. En cualquier caso, provocaran o no su muerte, Escritos corsarios resulta una lectura imprescindible para comprender como de aquellos polvos derivaron estos lodos.

sábado, 6 de diciembre de 2025

ESTO NO EXISTE (2025), DE JUAN SOTO IVARS. LAS DENUNCIAS FALSAS EN VIOLENCIA DE GÉNERO.

Hace ya más de veinte años que en nuestro país se encuentra vigente la Ley de violencia de género. Una ley que nació con el loable propósito de defender a las mujeres de lo que se define como una lacra, las agresiones y asesinatos por parte de la parte masculina de la pareja o expareja. Esto motivó que se modificase el código penal y se dispusieran penas diferentes por el mismo delito según su autor fuera hombre o mujer. Aunque ya pocos lo recuerdan, la nueva ley generó bastante polémica en su momento, polémica también protagonizada por jueces progresistas, que la estimaban inconstitucional, incompatible con el artículo 14 de nuestra Carta Magna. Además, pensaban que de algún modo infantilizaba a las mujeres y las consagraba como el sexo débil de la relación, además de no garantizar plenamente la presunción de inocencia del denunciado.

Estas voces disidentes fueron pronto silenciadas. El Tribunal Constitucional declaró su constitucionalidad y, a partir de entonces, cualquier crítica a la ley empezará a ser tildada de peligrosa para los derechos de las mujeres y de negacionista acerca de la existencia de la violencia de género. Juan Soto Ivars cuenta que, antes de emprender el proyecto de escritura de este libro, no fueron pocas las voces amigas que le advirtieron de que se iba a meter en problemas al publicar un ensayo de esta naturaleza, que cuestiona de manera muy argumentada el discurso oficial. Lo cierto es que las denuncias falsas sí que existen y no son un número irrisorio de las mismas, tal y como mantiene año tras año la Fiscalía General del Estado en las estadísticas que publica. Esto se debe es que la Fiscalía no investiga de oficio las denuncias con evidencias de falsedad, sino que absuelve al acusado y archiva los procedimientos. Entonces, la pregunta que habría que hacerse no es cuántas denuncias son falsas, sino cuántas son verdaderas. Examinando con atención esas estadísticas, muchos se llevarán una sorpresa, ya que la narrativa oficial machaca continuamente con el relato de que no existen mujeres que denuncien por intereses propios. Por ejemplo, para obtener ventajas inmediatas en un proceso de divorcio conflictivo. 

Lo único que sucede es que en un país tan políticamente polarizado como el nuestro es extremadamente difícil establecer un debate sereno y con argumentos acerca de los beneficios y los daños que han producido veinte años de aplicación de esta ley. Cualquiera que critique públicamente una sola coma de la misma será tachado de negacionista, ultraderechista y de poner en peligro la vida de las mujeres. El autor ha podido comprobar las pasiones que suscita este debate con los intentos de boicot que ha sufrido su presentación en Sevilla. Lejos de querer debatir, los defensores de que las cosas permanezcan igual insultan a cualquiera que ponga en cuestión sus postulados, aunque la violencia de género siga contando con unas cifras similares año tras año y cada vez sean mayores las cifras de hombres acusados en falso que son obligados a pasar una o más noches en el calabozo. El autor, que en ningún momento niega la existencia del fenómeno de la violencia de género, sostiene que la situación actual perjudica igualmente a las auténticas víctimas, que en muchas ocasiones no pueden acceder a los recursos que necesitan urgentemente por saturación de denuncias. Las otras perjudicadas son las parejas actuales o las madres de los hombres denunciados, que ven como empieza a pesar sobre ellos el estigma de ser maltratadores. No sería extraño que las abultadas cifras de suicidio masculino en España tengan que ver con ello, pero no existen estudios fiables que puedan certificar esta relación.

Los argumentos que expone Esto no existe se basan en numerosos testimonios bien acreditados y en el estudio de casos famosos como el de Juana Rivas. En su delirio y en su afán de rizar cada vez más el rizo, la izquierda comete excesos como considerar en algunas declaraciones que todos los hombres son potenciales violadores o promover el término violencia vicaria, por el cual, en una relación de pareja, la única parte capaz de hacer daño a los menores para hacer sufrir a la otra es el hombre. Evidentemente, el libro de Soto Ivars no es ciencia, se trata meramente de una concienzuda investigación periodística que saca una serie de conclusiones acerca de las cuales sería urgente debatir. Lo más curioso de todo esto es que, en la vorágine actual de noticias que se devoran unas a otras, estamos descubriendo que los máximos defensores de esta ley, quienes se proclaman máximos protectores de los derechos de las mujeres, tratan de dilatar, cuando no de ocultar, los casos de acoso cuando ocurren en su propia casa, tal y como sucedió con el asunto de Íñigo Errejón. Una hipocresía que está delante de los ojos de cualquier ciudadano que quiera mirar la actualidad de una manera objetiva y que debería tener consecuencias políticas para sus promotores.

domingo, 7 de septiembre de 2025

HIROSHIMA (2023), DE AGUSTÍN RIVERA. TESTIMONIOS DE LOS ÚLTIMOS SUPERVIVIENTES.

El bombardeo de Hiroshima y Nagasaki fue la culminación de la barbarie que supuso para la humanidad la Segunda Guerra Mundial e hizo entrar al mundo bruscamente en una nueva era. Es común señalar que dicha acción aceleró la rendición del Japón y con ello el fin del conflicto, pero lo cierto es que los nipones estaban próximos a tirar la toalla cuando sucedieron estos hechos (la ofensiva de la Unión Soviética contra su territorio habría sido el factor decisivo). En cualquier caso, desde un punto de vista geopolítico, fue una jugada maestra por parte de Estados Unidos. Consiguieron la rendición de su enemigo y exhibieron al mundo un arma nunca vista, cuyos efectos eran tan devastadores que costaba creerlo: una sola bomba era capaz de devastar una ciudad entera y provocar decenas de miles de víctimas en unos pocos segundos. El objetivo principal era, seguramente, que la Unión Soviética tomara nota del poderío norteamericano.

Pero el libro de Rivera no está centrado en estos factores geopolíticos, sino que constituye un acercamiento a las víctimas llevado a cabo con agradable pulso periodístico. El autor es un malagueño que estuvo una temporada en Japón como corresponsal, por lo que debió tomar un curso acelerado acerca de las costumbres del país del Sol naciente y en todo momento se le nota fascinado por una cultura tan ajena y tan próxima a la vez. Una cultura que, en su momento, discriminó a los hibakusha, a las víctimas y a sus descendientes, considerados contaminados por enfermedades misteriosas que podían transmitir a sus hijos. Rivera se acerca a estas voces y nos expone todo el horror de la mañana del 6 agosto de 1945, cuando se lanzó sobre la ciudad el peor de los infiernos. Los supervivientes describen escenarios apocalípticos, repletos de edificios desmoronándose, ríos de fuego y numerosas personas vagando por sus calles con su piel colgando, entre terribles dolores. El mal no acabó con la destrucción de la bomba, sino que persistió en los supervivientes en forma de enfermedades no conocidas hasta entonces. Hiroshima se convirtió en una ciudad mártir y acabó esforzándose en ser símbolo del anhelo de paz mundial.

Hiroshima constituye un trabajo de investigación de primer orden, llevado a cabo en una cultura ajena a un autor que ha sabido acercarse a la víctimas y hacerlas sentir cómodas para que expongan sus terribles testimonios, mientras ofrece también apuntes muy personales acerca de sus experiencias en este país. El lector no puede sino quedar sobrecogido por estas historias que nos llevan a un escenario impensable, pero no imposible, puesto que las armas nucleares siguen formando parte de los arsenales de diversas potencias mundiales y en estos tiempos tan convulsos no es descartable que puedan volver a utilizarse, aunque la locura que supondría dicha decisión, una vez que se experimentaron sus consecuencias hace ochenta años, nos hace confiar en que jamás se produzca dicho escenario. La lectura de este libro constituye una buena receta al respecto

viernes, 22 de agosto de 2025

LOS RESCOLDOS DE LA CULEBRA (2024), DE JUAN NAVARRO GARCÍA. FUEGO Y MUERTE EN LOS INCENDIOS DE ZAMORA.

Las terribles imágenes de los últimos días, con amplias zonas de España sometidas a espantosos incendios avivados por un clima atroz, son una reproducción de las que pudimos contemplar hace tres años en la Sierra de la Culebra (una zona que ha vuelto a verse afectada estos días). Está claro que incendios forestales ha habido siempre, sobre todo en un país que sufre con frecuencia episodios de sequía extrema, pero los de los últimos tiempos son especialmente virulentos, imposibles de apagar, compuestos por llamas que devoran todo a su paso y saltan fácilmente por cualquier cortafuegos. Un fenómeno que está auspiciado también por la despoblación paulatina del mundo rural y la consiguiente falta de mantenimiento de los montes. Juan Navarro García es un periodista que fue testigo de la dureza de aquellos días y que aporta con este libro un relato muy preciso de los hechos:

"El viento empuja las llamas, con ráfagas de cien kilómetros por hora, los frentes cambian caprichosamente de dirección y los focos se ceban con la madera seca y un monte bajo —hierbajos, escobas, matorrales, zarzas y cardos— convertido en puro combustible.

Hasta los corzos y lobos chamuscados propagan las chispas que tuestan su pelaje mientras huyen. Otros animales perecen asfixiados en este laberinto de dióxido de carbono. Las cortezas saltan y el humo enrojece los ojos. Las botas se tiznan al salir de los caminos y adentrarse entre las llamas. El instinto obliga a mirar hacia atrás por si un viraje del viento, un árbol derrumbado o la propia intensidad del fuego cortan las escapatorias. No se oye nada más que el sonido de la destrucción y los cercados metálicos quedan incandescentes, abrasadores, más afilados que nunca.

Las sienes laten desbocadas y crece la desesperación. El viento eleva la humareda y cubre la sierra de la Culebra de una cúpula negra donde ni el sol ni la luna sirven como referencia. Las ráfagas cambian de dirección e impiden a los bomberos acometer con garantía las lenguas ardientes. El incendio se empacha de la peligrosa regla del treinta: más de treinta grados, rachas de más de treinta kilómetros por hora y humedad relativa menor al treinta por ciento."

En primer lugar Los rescoldos de la culebra es un homenaje a las personas que se dejaron heroicamente la vida en aquellos parajes tratando de contener el fuego. Pero también es una denuncia de la incompetencia de unos políticos que recortan en políticas forestales y de prevención, empezando por las precarias condiciones de unos bomberos a los que solo se llama para trabajar unos meses al año con unos sueldos paupérrimos y que disponen de unos medios claramente insuficientes para afrontar tragedias como la sucedida en 2022. Lo peor es que la historia ha vuelto a repetirse estos días y podemos ver que la Junta de Castilla León no aprendió nada de aquello y las numerosas promesas planteadas no se tradujeron en mejoras palpables en los medios de prevención.

El periodista vuelve a visitar la Sierra muchos meses después para constatar el abandono evidente que sufren sus habitantes después del desastre. Más que reivindicación, existe en sus habitantes un sentimiento de resignación, que se extiende a toda la población de la Comunidad Autónoma, como si las instituciones no fueran responsables de crear las condiciones para afrontar en el futuro con ciertas garantías situaciones tan extremas. Como decimos, hemos sido testigos este verano de cómo los políticos han abjurado de sus responsabilidades para volver a tirarse los trastos a la cabeza y acusarse unos a otros de dejación de funciones mientras numerosos ciudadanos contemplan con impotencia cómo se devasta la naturaleza, se pone en peligro su medio de vida e incluso sus hogares. De nuevo los desastres vuelven a golpear este país y las administraciones no están a la altura.

sábado, 15 de marzo de 2025

GUERRA NUCLEAR. UN ESCENARIO (2024), DE ANNIE JACOBSEN. A UNA HORA DEL APOCALIPSIS.

Cuando terminó la Guerra Fría, el peligro de conflicto nuclear remitió. Se habló poco después del riesgo de que grupos terroristas se hicieran con armas nucleares, pero este era un escenario poco probable, dado el control que existe sobre este tipo de armas. A día de hoy, con la guerra de Ucrania todavía en marcha, nos encontramos de nuevo ante un riesgo cierto de que la pesadilla que comenzó con el final de la Segunda Guerra Mundial pueda materializarse. Basta un solo lanzamiento, aunque sea por error, para que se desencadene el infierno en la Tierra. Así lo prueba Annie Jacobsen en este libro estremecedor que se lee como un thriller y responde todas las preguntas que el lector podría tener acerca de esta posibilidad. Y el sentimiento final, después de la lectura, es de absoluta desazón, puesto que este escenario tiene muchas más posibilidades de desencadenarse de lo que podríamos sospechar.

En el escenario fictio que propone Jacobsen es Corea del Norte la que toma la iniciativa de atacar a Estados Unidos. Y lo hace con dos bombas nucleares: una dirigida a Washington y la otra a la central nuclear de Diablo Canyon, en California. Pero esto es solo el principio, puesto que estos acontecimientos ya de por sí pavorosos se ven pronto agravados por la contundente respuesta estadounidense, que es interpretada por Rusia como un ataque a su propio territorio, lo cual desencadena a su vez un contraataque a los presuntos agresores americanos. Lo que queda claro en este libro - y lo más sorprendente, quizá - es el escaso margen temporal con el que cuentan los dirigentes de las distintas naciones para tomar decisiones ante una agresión nuclear. En pocos minutos se debe decidir qué hacer y, a través de maletín nuclear, elegir que opción de represalia se materializa. 

Los sofisticados sistemas de alerta estadounidenses funcionan, pero no así sus métodos de intercepción de misiles, por lo que existe el margen de pocos minutos para tomar decisiones y que las autoridades sean evacuadas de los probables objetivos. Según Jacobsen, no existe el conflicto nuclear a pequeña escala. Los protocolos están diseñados para una respuesta casi inmediata a este tipo de agresiones, lo cual va a desencadenar represalias generalizadas que finalmente dejarán el planeta como un terreno yermo e innabitable, contaminado y sometido a un despiadado invierno nuclear, por lo que es cierto lo que siempre se ha dicho del día después, que los vivos envidiarán a los muertos. 

Lo que más estremece de Guerra nuclear es su realismo, el nivel de detalle con el describe lo que sucedería en un escenario que ignoramos como imposible en nuestra vida cotidiana, esas explosiones inimaginables que liberan una energía cientos de veces más intensas que las de la bomba de Hiroshima. Un efecto que se repetiría miles de veces, dado que este es el arsenal nuclear del que disponen las potencias y en un escenario como este las utilizarían todas, ya que si no las podrían dar por perdidas. Jacobsen ha entrevistado a militares, a personal civil de defensa, a políticos y a todo tipo de personas implicadas en la defensa de Estados Unidos. La conclusión principal es que en poco más de una hora la civilización que conocemos y que hemos estado cimentando durante más de doce mil años se vendría abajo sin posibilidad de resurgimiento, mientras los supervivientes se enfrentan a la peor de las pesadillas. 

sábado, 7 de diciembre de 2024

NO DIGAS NADA (2018), DE PATRICK RADDEN KEEFE. EN EL NOMBRE DE IRLANDA.

Tal y como comenta Patrick Radden Keefe, los orígenes del conflicto en Irlanda casi se pierden en la noche de los tiempos. Lo cierto es que la gente que nacía en el Ulster se impregnaba desde muy joven en una cultura de violencia que se convertía en algo cotidiano, en una forma de vida en la que cada bando exhibía unos objetivos finales imposibles de alcanzar en una comunidad tan dividida. De este tipo de sociedad no es extraño que surgieran personas como dos de las protagonistas de esta historia, las hermanas Price que, de una forma un tanto frívola, fueron consideradas en su momento las terroristas más glamurosas del mundo. Unas hermanas que comenzaron realizando atracos para el movimiento Republicano irlandés y acabaron implicadas en sangrientos atentados del IRA.

Pero la piedra de toque de este libro es la investigación sobre el secuestro y desaparición de Jean McConville, una madre viuda de familia numerosa que fue acusada presuntamente de colaborar con el enemigo protestante y fue separada cruelmente de sus hijos, que quedaron absolutamente desamparados en un ambiente hostil. El autor aprovecha episodios como éste para describir el ambiente bélico que reinaba en ciudades como Belfast, una urbe dividida entre dos comunidades irreconciliables, en la que pululaban ejércitos clandestinos que combatían a la policía local y al ejército británico en sus laberínticas calles y edificios. Una ciudad en la que los nervios estaban constantemente a flor de piel y en la que cualquier pequeña chispa desataba frecuentes disturbios a los que ya estaba habituada la población.

Una de las verdades más crudas del terrorismo es que actúa con una crueldad desmesurada con sus víctimas y a algunas de ellas las hace desaparecer, sumiendo en la desesperación y la incertidumbre a sus familiares. Esto es lo que sucedió durante décadas con los hijos de Jean McConville, una investigación que el libro sigue con pasión hasta dar finalmente con los presuntos culpables de la cruel ejecución. Eran normas no escritas de aquel tiempo en el que los presuntos traidores que informaban al enemigo eran considerados la peor escoria, aunque estos fueran más abundantes de lo que ambos bandos querrían reconocer. Mientras tanto, seguimos la trayectoria de las hermanas Price, sus participaciones en atentados, su captura, las sonadas huelgas de hambre que protagonizaron en prisión y finalmente su adaptación a la paz derivada de los Acuerdos del Viernes Santo. 

La increíble investigación de Patrick Radden Keefe tiene un trasfondo humanista, el estudio de unas existencias marcadas por el fenómeno de la violencia como algo habitual en sus vidas:

"El entramado que formaban las vidas de Jean McConville, Dolours Price, Brendan Hughes y Gerry Adams me inspiró a contar una historia sobre cómo ciertas personas llegan a radicalizarse en su inflexible devoción a una causa, y sobre cómo unos individuos —y toda una sociedad— dan sentido a la violencia política una vez que han atravesado el crisol y por fin tienen tiempo para reflexionar."

domingo, 26 de mayo de 2024

ESPAÑA (2023), DE MICHAEL REID. LUCES Y SOMBRAS DE NUESTRO PAÍS.

Resulta curioso que los mejores libros de historia de nuestro país - y éste se inscribe en dicha tradición, por mucho que trate la historia actual - hayan sido escritos por extranjeros, preferentemente por estudiosos británicos enamorados de nuestra forma de vida. Quizá esto se deba a que nuestra historia del último siglo, la que abarca la Guerra Civil, el franquismo y la transición, esté todavía dominada por pasiones que impiden ser completamente objetivo al respecto. En cualquier caso también en España hay excelentes historiadores como Ángel Viñas o Julián Casanova que tratan de explicar nuestro país desde dentro.

Una de las características de la nación española es la falta de uniformidad nacional, el afán de distinción y singularidad que caracteriza a las distintas Comunidades Autónomas en las que se conforma. A diferencia de Francia, aquí han proliferado los nacionalismos que inventan buena parte de su historia para justificar sus presuntos hechos diferenciales, lo que en los últimos años ha vuelto a tensionar las frágiles texturas del Estado desde Cataluña. Esto se debe en parte a que no se consiguió construir una nación coherente en un siglo XIX lleno de conflictos entre tradicionalistas y liberales y pequeñas guerras civiles. Estas divisiones entre españoles derivaron en el conflicto del 36, donde se impuso la versión más negra y ultracatólica de la nación justificándose en la necesidad de orden y unidad. Fue casi milagroso que nuestro periodo de transición fuera relativamente pacífico y que desde entonces la democracia haya aguantado razonablemente bien durante cuarenta años:

"Visto dentro del contexto de los últimos dos siglos, el pacto de la Transición fue un éxito histórico. Si algún espíritu lo guio, ese tuvo que ser el de Manuel Azaña y su ideal de una España liberal capaz de aceptar su diversidad: una patria de la ciudadanía y del Estado de derecho. Bajo esos espectrales auspicios, España se desunció por fin del yugo de siglos con el que el catolicismo nacional había sujetado tanto la vida política como la moral pública: el país se integró en la corriente mayoritaria de la Europa occidental y su sociedad se modernizó a una velocidad torrencial. Es un pacto que, más de cuarenta años después, precisa de reformas, sí, pero no de derogación, como Podemos, o el independentismo catalán o vasco, o Vox proponen."

Porque, aunque fuera durante pocos años, España posee una tradición Republicana representada por un gran reformista como Azaña, cuyo trágico final resume los de muchos sueños racionales de algunos de nuestros gobernantes pretéritos. La democracia española actual no ha fracaso pero, sin embargo, para muchos ciudadanos, sobre todo los más jóvenes, no es percibida como un régimen que se ocupe de sus problemas. Reid afirma que el mayor de nuestros problemas en la actualidad es la brecha generacional: mientras las pensiones de los más mayores están absolutamente garantizadas, los ciudadanos más jóvenes se enfrentan a una formación de no mucho nivel, cuya legislación va cambiando con los distintos cambios de gobierno, a trabajos precarios y al inmenso problema de la vivienda, que deriva de la falta de construcción de viviendas públicas en nuestro país. 

Atenazada en los últimos años por profundas divisiones políticas, por crisis económicas brutales, por pandemias y por la influencia del clima bélico en Europa, nuestro país afronta un futuro incierto con el problema de la deuda todavía sin resolver y con la eterna dependencia de un sector turístico cuyo gran éxito comienza a ser un problema para los habitantes de muchos pueblos y ciudades. Aunque mucha de la información que ofrece es ya más que conocida para cualquiera que haya seguido nuestra actualidad de la última década, España es interesante por ofrecer la mirada objetiva de un corresponsal extranjero vivamente interesado en nuestra realidad nacional. 

sábado, 9 de marzo de 2024

LA LLAMADA (2024), DE LEILA GUERRIERO. UN RETRATO.

En diciembre de 1976 la jovencísima Silvia Labayru fue secuestrada por los militares que se habían hecho con el poder recientemente en Argentina mediante un golpe de Estado. Embarazada de varios meses, fue torturada nada más llegar a la tristemente célebre Escuela de Mecánica de la Armada (actualmente un Centro de la Memoria sobre la dictadura Argentina) y secuestrada durante año y medio, hasta que se le permitió exiliarse a nuestro país. El libro de Leila Guerriero es un retrato íntimo de su protagonista y de su tormentosa historia, elaborado gracias a las entrevistas que durante un par de años (los años de la pandemia) la periodista celebró con la víctima, unos encuentros que fueron derivando en una auténtica amistad entre las dos.

La llamada deja claro desde el principio que Labayru fue una doble víctima: cuando sus torturadores la dejaron en libertad fue inmediatamente cuestionada por sus compañeros del exilio. Aseguraban que quien salía libre es porque había colaborado con los militares y que los verdaderos héroes eran los asesinados. Durante el libro el lector asistirá estremecido al testimonio de su protagonista: las torturas nada más ingresar para sacar información inmediata, las noches de soledad encadenada, la angustia de creer que va a ser asesinada, el parto en condiciones poco sanitarias y después la extraña confraternización con algunos de sus secuestradores (algunos lo llamarán síndrome de Estocolmo), que la lleva a tener relaciones sexuales con uno de sus secuestradores - ella siempre tendrá claro que ha sido violada - e incluso con la participación de la mujer de éste. 

Lo peculiar de la estancia de Labayru en la ESMA es que se le permitieron libertades insólitas con la idea de secuestro, incluidos viajes al extranjero para encontrarse con su pareja, lo la hizo sospechosa durante muchos años de colaboración, aunque queda claro en el relato que ella no podía hacer otra cosa si no quería poner en peligro a su familia:

"A decir verdad, tampoco había mucha explicación para entender que a una secuestrada la dejaran ir a Montevideo ni, antes de eso, que entregaran a su hija a la familia de origen ni, después de eso, que le permitieran dormir en casa de su padre: no había forma de entenderlo porque aún no había testimonios de sobrevivientes ni un cuerpo de relatos que diera cuenta de lo que sucedía allí adentro. De modo que, de cara a ese muro impenetrable del presente puro, cada quien dirimía su confianza o su incondicionalidad haciendo equilibrio sobre un aparato psíquico erosionado por el miedo, el desconocimiento y la especulación."

Pero La llamada es mucho más que la noticia de un secuestro. Es el retrato de una mujer y de las personas que la han rodeado en el exilio, de su lucha para que la violación fuera incluida en la relación de delitos que cometieron los militares en esos años terribles y por superar los traumas del cautiverio. Se trata de una lectura dura y adictiva, una descripción precisa de lo que significa ser una doble víctima en una historia que va emergiendo poco a poco mediante una serie de conversaciones informales en las que se mezclan pasado y presente. Un libro indispensable si se quiere comprender el siniestro mecanismo interno de las dictaduras y su nulo respeto por la dignidad humana.

lunes, 27 de noviembre de 2023

EL DIRECTOR (2019), DE DAVID JIMÉNEZ. SECRETOS E INTRIGAS DE LA PRENSA NARRADOS POR EL EXDIRECTOR DE EL MUNDO.

Siempre me ha resultado muy admirable la actividad de la prensa escrita. La obligación de llenar de contenidos un periódico cada día, de adelantarse a la competencia en exclusivas, de tener en nómina a las mejores firmas de opinión... Un periódico es un organismo complejo cuyos miembros han de coordinarse y funcionar como un reloj para que la edición esté puntualmente cada mañana en los kioskos. Unos kioskos que, por cierto, se encuentran en peligro de extinción, pues cada vez se ven menos de estos oasis en la geografía de nuestras ciudades, aunque éste sería tema para otra ocasión.

Me interesé por este libro después de escuchar un podcast en el que se entrevistaba al autor y presentaba este libro de memorias como un testimonio muy sincero de alguien que estuvo un año, desde su puesto de director de El Mundo, cerca de los estamentos de poder de este país. Hasta su sorprendente nombramiento en abril de 2015 como director de una de las cabeceras principales de España, David Jiménez había sido corresponsal en diferentes países y se encontraba muy alejado del mundo de intrigas y presiones de los altos directivos.

Según cuenta el autor, desde el primer momento su intención fue transformar el periódico en un diario enteramente independiente y libre de presiones del poder, unas ideas que chocaron continuamente con los dueños, sobre de Antonio Fernández Galiano el presidente de Unidad Editorial, a quien llama El Cardenal - casi todos los personajes que rodean al protagonista están presentados con pseudónimos - , un hombre muy cercano a los círculos del poder que intentaba que las noticias no mancharan la reputación de sus numerosos amigos. Además, la buena marcha económica del periódico dependía de que se respetaran los Acuerdos, unos pactos no escritos que permitían la contratación continua de publicidad por parte de bancos y grandes corporaciones en las páginas del periódico a cambio de ofrecer en sus páginas noticias que salvaguardaran la buena reputación de las mismas. Unos pactos que hablan de las carencias de la libertad de prensa en España y que explican la condescendencia con la que se han tratado muchos temas en nuestra prensa en las últimas décadas:

"Durante décadas ofrecimos a la monarquía inmunidad informativa y adulación, enviando a sus miembros de moral más endeble la señal de que nunca serían censurados. Vivimos en connivencia con bancos y tiburones inmobiliarios, sin denunciar sus excesos porque su publicidad engordaba nuestras cuentas de resultados. Nos sometimos a Los Acuerdos, sin oponer ninguna resistencia o promocionándolos. Y alineamos nuestros intereses con los de los partidos políticos y gobiernos, a cambio de dinero institucional, licencias de televisión o favores. La prensa, atrincherada en ideologías irrenunciables y fiel a una verdad que encajara en ellas, había malgastado sus mejores días en batallas mediáticas y luchas de egos, mientras guardaba silencio sobre sus propias deshonras."

A pesar de su loable intento, David Jiménez jamás pudo conseguir sus objetivos, pues eran demasiados los obstáculos y los opositores a sus ideas de una prensa sin el lastre de tener que pagar continuamente favores y publicar o no las noticias según intereses ajenos al interés informativo de las mismas. Tampoco se avanzó en la dirección deseada en la digitalización del diario, una apuesta que solo se abordaría con seriedad bastante después de que Jiménez abandonase el diario. El director es un muy interesante testimonio de cómo funcionan las cosas en las altas esferas de este país, una lectura imprescindible para todos aquellos que intentamos seguir la evolución de la prensa diaria.

sábado, 25 de noviembre de 2023

LA CIUDAD DE LOS VIVOS (2020), DE NICOLA LAGIOIA. LA ROMA SINIESTRA.

Este libro es la crónica periodística de un llamativo asesinato acontecido en Roma en el año 2016, que se produjo cuando dos hombres jóvenes, en torno a la treintena, asesinaron en el piso de uno de ellos a otro joven al que habían invitado a una especie de orgía de alcohol y drogas. Lagioia toma este hecho inexplicable - los asesinos gozaban de una posición social privilegiada y nada hacía pensar que pudieran acabar cometiendo un crimen tan atroz, en el que torturaron a su víctima hasta límites inhumanos. 

La ciudad donde se produjo el crimen es representada por Lagioia con una mezcla de amor y odio. Nada más comenzar, se describe como una plaga de ratas empezaba a amenazar su centro histórico en la época del asesinato, mostrando el lado menos amable de una de las ciudades más bellas del mundo, la ciudad del amor, de los monumentos dos veces milenarios. Pero también una urbe con un destacado lado oscuro, que no siempre surge en los bajos fondos, en el que el autor se propone indagar para intentar explicar lo inexplicable. Y lo hace tomándose su tiempo en describir la psicología de ambos asesinos, cómo su relación, que se basó desde el principio en el abuso de alcohol y drogas, derivó en una noche de locura absoluta en la que no importaban las consecuencias de sus actos. También es capaz de acercarse a la víctima, a su permanente necesidad de dinero rápido, que lo llevaba al mundo de la prostitución homosexual, a través de una existencia paralela que ocultaba a su familia y a su novia:

"El asesinato arroja luz sobre la víctima y el verdugo, y siempre es una luz parcial, una luz perversa: el asesinato es el mal y el mal es el narrador de la historia. El asesinato arroja luz sobre sí mismo para dejar el resto en sombras, para que víctima y verdugo se confundan en la excepcionalidad de lo sucedido. Al mostrarnos a los verdugos como monstruos nos impide acercarnos a ellos a nivel emocional; reduciendo a la víctima a lo extraordinario de su suerte la aleja de nuestra empatía." 

Uno de los aspectos más destacados de La ciudad de los vivos es que su autor no se conforma con entregar una crónica periodística, sino que el libro goza en todo momento de un poderoso aliento literario que nos acerca a los protagonistas de una manera estremecedora, algo de lo que solo son capaces los mejores escritores. Además, Lagioia indaga en las consecuencias para las familias, tanto de los verdugos como de las víctimas, que quedan marcadas para siempre por estos hechos inexplicables, protagonizados por personas a las que consideraban absolutamente normales, no los monstruos que describe la prensa. Unos jóvenes que se asoman al abismo del peor de los crímenes sin motivación alguna, simplemente por un reto absurdo producido en unas mentes saturadas de alcohol y drogas y aisladas de la realidad. Una lectura imprescindible que refleja un tipo de indagación sosegada e inteligente que recuerda a autores como Emmanuel Carrère.

viernes, 6 de enero de 2023

LOS VIEJOS CREYENTES (1990), DE VASILI PESKOV. AL MARGEN DEL MUNDO.

Este es un libro muy singular que oscila entre el periodismo, la antropología y el mero humanismo. En 1978, un grupo de geólogos rusos que sobrevolaba una región de la inmensa taiga siberiana encontró indicios de vida en un paraje muy remoto: se trataba de la familia Lykov, unas gentes que llevaban más de cuarenta años apartados del mundo y viviendo según las estrictas normas de su religión. Sus orígenes se remontaban al siglo XVII, con la querella religiosa surgida en tiempos del zar Pedro el grande, cuando los llamados viejos creyentes se opusieron a la reforma emprendida por el patriarca Nikón. Como suele suceder en estos casos, la disputa se basaba en detalles nimios de liturgia e interpretación de la escritura, pero provocó que muchos puristas terminaran exiliándose dentro de la propia Rusia y viviendo en territorios remotos. En este sentido los protagonistas de Los viejos creyentes son una especie de reliquia del pasado, gente que ha sobrevivido aislada en un paisaje hostil con la sola ayuda de su fe religiosa fanática. Así pues, cuando los conoce, el periodista se hace muchas preguntas:

"¿Cómo ha podido sobrevivir esa gente que no estaba en los trópicos a la sombra de unos plátanos, sino en la taiga siberiana con nieve hasta la cintura y con un frío que supera los treinta bajo cero? La comida, la ropa, los útiles domésticos, el fuego, la luz en la choza, el mantenimiento del huerto, la lucha contra las enfermedades, el cálculo del tiempo, ¿cómo lo han hecho?, ¿cómo se lo han procurado?, ¿qué esfuerzos y habilidades han necesitado? ¿No han tenido ganas de ver a más gente? ¿Y cómo se imaginan el mundo circundante los jóvenes Lykovy, para quienes la taiga había sido la casa materna? ¿Qué relaciones han tenido con su madre y con su padre, entre sí? ¿Qué sabían de la taiga y de sus habitantes? ¿Cómo se imaginan la vida «del mundo»? Porque sí saben que en algún sitio existe esa vida. Podían saber de ella aunque solo fuera por los aviones que pasaban por allí."

Bien pronto, las crónicas periodísticas que se recogen en el libro empiezan a destilar un tono humanista, de preocupación sincera por el destino de la familia Lykov. Los geólogos y la gente que vive por la zona empiezan a velar por su bienestar, aunque la tarea no es nada fácil: los Lykov apenas aceptan nada del mundo exterior y pretenden seguir llevando su existencia sencilla y precaria, aunque poco a poco la presencia de las buenas gentes que pretenden ayudarlos es cada vez mejor recibida. Cuando tienen noticias de acontecimientos como la llegada del hombre a la Luna no creen a sus interlocutores. Ante las propuestas de que se trasladen a vivir a la civilización, la respuesta de Karp Osipovich es tajante: "no nos está permitido". Su temor más grande es abandonar la pureza de su fe religiosa y ver comprometido el esfuerzo de tantos años de acercamiento a Dios cayendo en las tentaciones que ofrece el mundo

Sin embargo, el personaje más interesante es el de Agafia, una de las hijas del patriarca, la única que ha sobrevivido a los peligros del hambre y las enfermedades que han ido acabando con su madre y sus hermanos. Agafia es absolutamente fiel a la autoridad paterna, pero tras ese velo de obediencia se intuye un singular interés por conocer la realidad de la vida en el exterior que le ha sido vedada, llegando a visitar a unos familiares sin el permiso del padre. Cuando éste muere, llega al punto de empezar a vivir sola en la isba, ya que Karp Osipovich no le dio su bendición a su deseo de vivir en la civilización. Los viejos creyentes es realmente un libro inolvidable que nos recuerda la importancia que ha tenido la religión en sociedades pretéritas - también en algunas de las actuales - y cómo ésta, salvando la inocencia primigenia de estos seres, al final lo único que consigue que sus fieles lleven una existencia aislada y miserable al margen de los avances de las sociedades del mundo exterior, que son despreciadas como pecaminosas frente a la pureza de su fe.

lunes, 26 de septiembre de 2022

YO ACUSO (1901), DE ÉMILE ZOLA Y EL OFICIAL Y EL ESPÍA (2019), DE ROMAN POLANSKI. LA VERDAD EN MARCHA.

Encontramos en este volumen una recopilación de los escritos de Émile Zola en el que toma partido por el oficial Alfred Dreyfus, un militar de alto grado que fue condenado a cadena perpetua por un caso de espionaje del que era completamente inocente. Lo verdaderamente escandaloso es las pruebas presentadas contra Dreyfus en el Consejo de guerra eran tan endebles que los responsables de la misma sabían que la sentencia era injusta desde primera hora, aunque la fundamentaran en una serie de documentos secretos - inexistentes - que no podían ser exhibidos por comprometer a la seguridad nacional. La perversa lógica que condujo a la condena de Dreyfus fue su condición de judío, por lo que fue considerado un enemigo de Francia y el mejor chivo expiatorio posible para ser exhibido a una nación a la que se le habían ido inculcando altas dosis de antisemitismo durante muchos años. Así lo denuncia Zola:

"El veneno es ese odio rabioso hacia los judíos que, cada mañana, desde hace años, se imbuye al pueblo. Hay toda una banda que se dedica a ese oficio de envenenadores, y lo más gordo es que lo hace en nombre de la moral, en nombre de Cristo, como si fuera un vengador y justiciero. ¿Y quién nos dice que ese ambiente donde se fraguaba no ha influido en el consejo de guerra? No es extraño que un judío traidor venda a su país. Aunque no encontremos ningún motivo humano que explique el crimen, aunque ese hombre sea rico, inteligente, trabajador, sin pasiones, de vida impecable, ¿no basta con que sea judío?"

Yo acuso, quizá el más famoso de los escritos de combate político es ante todo un alegato apasionado a favor de la libertad contra los abusos del Estado. Zola asume el papel de ciudadano escandalizado frente a una decisión radicalmente injusta que está haciendo sufrir a un inocente y deja libre a un culpable, porque los responsables de tal decisión necesitan ocultar su negligencia. Se trata de una figura prácticamente inédita hasta ese momento, la del intelectual que arriesga su prestigio y su libertad - Zola finalmente fue condenado a un año de prisión, aunque huyó a Inglaterra para no cumplir la sentencia - en beneficio de una causa noble. Para él Francia no se jugaba solo la libertad de Dreyfus, sino la esencia misma del Estado y para que su mensaje llegara al mayor número de personas posible no solo lo publicó en los periódicos más liberales de la época, sino también en forma de panfletos que se repartían en la vía pública, en la sagrada misión de contrarrestar la gran mentira oficial.

La película de Roman Polanski es una extraordinaria recreación del caso Dreyfus que no se centra en Émile Zola - esté aparecerá solo al final - sino en uno de sus grandes protagonistas, el coronel Georges Picquart. A priori Picquart era un héroe improbable para esta historia, un tipo que no simpatizaba en absoluto con los judíos, pero sí con el correcto funcionamiento de las instituciones, en especial del estamento militar, por lo que las escandalosas implicaciones del juicio a Dreyfus era algo que no podía tolerar, aunque su actuación pusiese en peligro su brillante carrera. Tampoco Dreyfus aparece retratado como un gran héroe, sino como un tipo corriente que es víctima de hechos extraordinarios y que lo único que busca, con gran angustia, es que alguien advierta que él es un tipo absolutamente inocente respecto a los graves hechos que se le han imputado.

El oficial y el espía es una película cuidada hasta el último detalle, con una ambientación prodigiosa en la que hasta los sonidos remiten a la Francia de finales del siglo XIX y funciona como un retrato magistral del funcionamiento de los servicios secretos del Estado, cómo estos se refugian discretamente en un edificio que huele a cloaca y manejan información sensible al antojo de su promotores. Y todo ello apelando más al intelecto del espectador que a sus emociones, una elección extraña hoy día. Una película que pasó bastante desapercibida en momento, pero que demuestra que los viejos maestros como Polanski o Ridley Scott todavía tienen la fuerza y el oficio como para trasladarnos de manera fidedigna a los hechos del pasado.

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martes, 8 de diciembre de 2020

EL MAESTRO JUAN MARTÍNEZ QUE ESTABA ALLÍ (1934), DE MANUEL CHAVES NOGALES. ATRAPADOS EN LA REVOLUCIÓN.

Según cuenta Manuel Chaves Nogales, conoció a Juan Martínez, artista flamenco, en París. Se hicieron amigos y el bailarín le contó su asombrosa historia, oro puro para un periodista como Chaves Nogales, un hombre que ya se había narrado su visita a la Unión Soviética en La vuelta a Europa en avión. Porque Juan Martínez cuenta los acontecimientos históricos de los que fue testigo con la naturalidad de alguien a quien lo extraordinario se le vuelve cotidiano y la Historia con mayúsculas le enseña su peor cara. En el relato del protagonista, el periodista sevillano ve ratificado su odio a los extremismos que asolaban Europa en aquellos días y su apuesta por un Republicanismo ilustrado y moderado. Porque lo que ocurrió en Rusia, si bien fue un levantamiento lógico frente a una tiranía basada en una estricta división de clases sociales y reparto escandalosamente desigual de la riqueza, lo que sucedió después fue una auténtica carnicería, que provocó que en Rusia la muerte, la miseria, la enfermedad y el hambre encontraran un escenario propicio durante muchos años.

El relato de Juan Martínez comienza en Turquía, poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, el acontecimiento seminal que, según cuenta Stefan Zweig, empezó a transformar el viejo mundo conocido en algo totalmente nuevo y bastante más siniestro que lo anterior. Si bien el protagonista se ganaba razonablemente bien la vida cantando y bailando por los cabarets de Europa - el exotismo de su propuesta siempre contaba con público numeroso - la llegada del conflicto lo cambio todo: los productos básicos empiezan a escasear, la policía se vuelve más autoritaria y su forma de ganarse la vida se vuelve totalmente prescindible. La huida a Rumanía no le sirvió de mucho, allí Martínez fue testigo de cómo en una sola noche los rumanos pasaban de celebrar estruendosamente la entrada en la guerra de su país a esconderse atemorizados en sus hogares después del primer bombardeo contra la capital. La decisión de viajar a Rusia, esperando encontrar allí la prosperidad que desaparecía de Europa, fue algo de lo que se arrepintió durante años.

En Rusia el protagonista fue testigo de lo violenta y rápidamente que pueden cambiar las costumbres sociales establecidas durante siglos, de que lo inimaginable hace solo unas semanas puede llegar a ser la nueva realidad cotidiana para unos aturdidos ciudadanos (ahora soviéticos), que deben adaptarse de inmediato a las nuevas circunstancias si no quieren perecer. Así sucedió en Kiev, ciudad que cambió varias veces de manos - entre nacionalistas ucranianos, blancos y rojos - en el transcurso de la Guerra Civil:

"Quien hubiese estado en Kiev por entonces no hubiese soñado siquiera lo que iba a pasar en Rusia seis meses después. El zar hizo por aquellos días —octubre o noviembre de 1916— una visita oficial a Kiev y se le recibió con un entusiasmo delirante. Las calles estaban engalanadas y se organizaron numerosas manifestaciones de adhesión al emperador. Una mañana, Nicolás II salió a pasear en coche por las calles de Kiev y entró en varias tiendas para hacer compras, rodeado siempre por un inmenso gentío que le vitoreaba.

No sé si todo aquello estaba preparado por las autoridades, pero lo cierto es que Nicolás II pudo muy bien equivocarse respecto a los sentimientos para con él de sus súbditos, como me equivoqué yo al juzgarlos. No hubiese creído, aunque me lo jurasen, que a aquel hombre, al que la muchedumbre vitoreaba entusiásticamente, le iban a matar como a un perro sarnoso unos meses después."

En el relato de Martínez, que viajó por varias ciudades de Rusia, intentando establecerse finalmente en Kiev, no se ahorran descripciones de crueldades inconcebibles, de matanzas sin sentido, de niños muriendo de hambre y de poderosos de todos los bandos esquilmando al pueblo. En ningún momento hay censura, ni siquiera se juzga lo que hacen unos u otros (en repetidas ocasiones el narrador asegura, quizá irónicamente, que él no entiende de política), pero la constante para Martínez es la capacidad de adaptación a las peores circunstancias, con el agravante de encontrarse, junto a su mujer, atrapados en un país extranjero:

"Y nos encontramos de golpe y porrazo viviendo en pleno régimen soviético. En cada casa se reunieron los inquilinos y formaron un comité. Los bolcheviques iban, casa por casa, diciendo a los vecinos lo que habían de hacer. El comité de vecinos se reunía y elegía a uno de ellos comisario de la vivienda. De la noche a la mañana pasamos de un mundo a otro. La casa era nuestra, de los inquilinos; ya no había propietarios. Se acabó el casero. Yo no me lo creí del todo; pero entre muchos vecinos aquello produjo un gran revuelo. Cada cual se adjudicó las habitaciones que pudo, y aunque nadie las tenía todas consigo, hubo algunos que hasta tomaron el aire de auténticos propietarios, siquiera fuese de una alcoba.

La propiedad de la finca que se nos venía a las manos nos trajo, de momento, bastantes preocupaciones. Hubiera sido preferible seguir pagando al casero. El comisario de la vivienda, siguiendo las instrucciones de los bolcheviques, hizo una lista de los inquilinos y determinó cuáles eran nuestras obligaciones. La primera y principal era la de montar la guardia contra los ladrones. Moscú estaba aquellos días lleno de gente salida del presidio, con un fusil en las manos, y merced a la impunidad asaltaba las casas, asesinaba a quienes se resistían y robaba cuanto se les antojaba. Todos los hombres útiles de la vivienda fueron constreñidos por el comisario para montar, arma al brazo, la guardia contra los asaltos."

Bien es cierto que lo que cuenta Martínez y transcribe Chaves Nogales resulta en ocasiones excesivamente novelesco. Abundan las ocasiones en las que el protagonista se libra de una muerte segura a través de un acontecimiento providencial sucedido en el último instante. El periodista no duda de la verosimilitud del relato y entonces yo como lector, sospechando que puedan existir exageraciones propias de quien quiere hacer todavía más interesantes sus propias peripecias, también acepto que, en esencia, todo lo que cuenta el maestro Juan Martínez coincide con sus vivencias que un muchas ocasiones se emparentan con relatos de otro maestro, Franz Kafka, dando por sentado que una situación como aquella daba pie a infinitas situaciones absurdas. Un libro del máximo interés que nos recuerda que las revoluciones, acogidas con entusiasmo por quienes creen que van a ser al fin liberados,  pueden acaban devorando a sus hijos.

viernes, 13 de septiembre de 2019

EL JUICIO A EICHMANN. CAUSA PENAL 40/61 (1962), DE HARRY MULISCH. EL HOMBRE MÁQUINA.

 
El juicio a Adolf Eichmann, uno de los burócratas más destacados y a la vez grises, de la Alemania nazi resultó uno de los acontecimientos más espectaculares dentro de la introhistoria del ajuste de cuentas llevado a cabo por los vencedores y por las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. El asunto fue llevado a cabo a través de una operación de los servicios secretos israelíes que derivó en la celebración de un proceso penal contra Eichmann en la ciudad de Jerusalén, algo sobre lo que escribió brillantemente la filósofa Hannah Arendt (derivándose de sus crónicas el famoso término banalidad del mal). Pero Arendt no fue la única escritora que fue testigo del procedimiento. El holandés Harry Mulisch también envió sus crónicas periodísticas desde el mismo lugar y lo hizo desde un punto de vista muy interesante y que puede calificarse como complementario al de la autora de Eichmann en Jerusalén.

Para Mulisch Eichmann también es "el funcionario tranquilo y cumplidor de su deber que transporta a los judíos europeos hacia las cámaras de gas de Rudolf Höss", un hombre casi sin personalidad, acostumbrado sobre todo a cumplir órdenes y que se comportó tan disciplinadamente ante la autoridad del tribunal como ante sus superiores de las SS, pero ante todo es el depositario de la voluntad última del gran jefe, de un Adolf Hitler que había ordenado de manera subterránea la destrucción completa de los judíos en Europa, una orden que había que cumplir por encima de todo, sin llegar en ningún momento a planteamientos de carácter moral:

"La orden está ahí. Siempre está ahí. Si en aquellos años, el canciller del Reich no hubiese sido Adolf Hitler, sino Albert Schweitzer, y Eichmann hubiese recibido la orden de transportar a todos los negros enfermos a hospitales modernos, la habría cumplido sin falta y su puntualidad le habría producido la misma satisfacción que sintió cuando realizó el trabajo que tiene a sus espaldas. No es tanto un criminal, sino un hombre capaz de todo."

Un hombre capaz de todo por satisfacer al poder establecido. Un hombre tan extraño que admiraba al pueblo judío, tanto que se dedicó durante largo tiempo a estudiar sus costumbres, para luego poner todo ese conocimiento al servicio de sus verdugos. Pero en última instancia, Eichmann es una especie de hombre-máquina, una especie de mecanismo o engranaje que mantiene en funcionamiento la gran estructura criminal de la Alemania nazi. Una máquina de matar, pero no porque el hombre posea un especial instinto asesino, sino porque se trata de una máquina perfecta dedicada a cumplir los deseos de sus superiores. 

En cualquier caso, entre sesión y sesión del juicio, Mulisch tiene tiempo de describirnos sus excursiones por Jerusalén y el resto de Israel, para viajar a Alemania y visitar el cuartel general de Eichmann, para ver Auschwitz con sus propios ojos y para recordarnos que en la Divina Comedia (libro que causalmente estoy leyendo yo ahora), la salida del infierno se encuentra en un punto terráqueo diametralmente opuesto a Jerusalén. Todo esto le hace ser muy pesimista acerca del futuro inmediato (hablamos de 1962), que puede acechar a Europa:

"La Europa de Rafael y de Goethe tiene tanto que ver con la Europa de ahora como un cubo de leche de vaca con la mierda resultante si se le echa un chorro de vinagre. Aunque hayamos destilado un poco democráticamente el agua ácida y hayamos procesado la mierda para convertirla en una crema de bienestar, ya no es leche y nosotros debemos tener cuidado de que, a partir de ahora, no todos los caminos lleven a Auschwitz. En menos años de los que se pueden contar con los dedos de la mano, cualquiera que lea esto puede ser lanzado al fuego de la casa en la que vive ahora. Por ejemplo, porque sabe leer o porque es rubio o por algún otro motivo que no se le aclarará."

martes, 28 de agosto de 2018

GUERRA (2011), DE SEBASTIAN JUNGER. CUANDO ÉRAMOS SOLDADOS.

Cuando, después del 11 de septiembre, Estados Unidos invadió Afganistán, sus militares sabían sobradamente que entraban en un avispero y el éxito inicial de la operación no engañó a nadie: todos sabían que pacificar el país y expulsar definitivamente a los talibanes iba a ser una tarea de años, una tarea que todavía no ha concluido y que no sabemos si alguna vez lo hará con éxito. El periodista y escritor Sebastian Junger pasó largas temporadas con los soldados en una de las zonas más peligrosas del país: el valle del Korengal, un territorio agreste y montañoso que linda con Pakistán. Fruto de estas experiencias son sus artículos para la revista Vanity Fair y este volumen titulado crudamente Guerra, una brillante aproximación a lo que significa ser soldado.

Guerra no pretende ser un ensayo político. No juzga si la presencia de Estados Unidos en Afganistán es lícita o no. Lo que le interesa a Junger es moverse con los soldados, narrar su día a día y tomar confianza con ellos hasta formar parte del grupo, punto en el cual muchos de los combatientes se sinceran con él y le confían sus más íntimos pensamientos. El enemigo al que se enfrentan es escurridizo, se mezcla con el pueblo y organiza una guerra de emboscadas, intentando golpear en los momentos más inesperados y salir corriendo (antes de que lleguen los helicópteros Apache). En estas condiciones, ocupando un terreno difícil y sin poder confiar del todo en la población, la enorme ventaja tecnológica del ejército estadounidense no puede ser aprovechada en la medida en que quisieran sus oficiales:

"Los talibanes parecían tener un equivalente o una contramedida para todas y cada una de las ventajas tecnológicas estadounidenses. Si los helicópteros Apache tienen aparatos de visión termal que detectan el calor corporal sobre una ladera, los combatientes talibanes desaparecen cubriéndose con una manta sobre una roca caliente. Si los estadounidenses usan aviones robot para  localizar al enemigo, los talibanes pueden hacer lo mismo observando las bandadas de cuervos que vuelan en círculos sobre los soldados estadounidenses buscando restos de comida. Si los norteamericanos disfrutan de una potencia de fuego virtualmente ilimitada, los talibanes envían a un solo hombre contra toda una base de artillería. Tanto si muere en el intento como si no, habrá conseguido atrancar toda la maquinaria durante un día más. «En la guerra todo es sencillo, pero lo más sencillo resulta difícil —escribió el teórico militar Carl von Clausewitz en la década de 1820—. Las dificultades se acumulan y acaban produciendo una especie de fricción»"

Y precisamente esta fricción, estas astillas en los mecanismos de funcionamiento de la enorme maquinaria bélica imperial que los acosa es lo buscan los talibanes. Que pasen los días, los meses y los años y que nadie tenga ni idea de si la guerra se está ganando o perdiendo. Que existan periodos prolongados de paz, en los que parezca que todo ha cambiado, para romperlos de la manera más inesperada mediante un ataque suicida. Los soldados sufren física y psicológicamente, más con la espera y con la innacción que con las escaramuzas, que al menos les sacan del aburrimiento. Aunque no lo dicen abiertamente (excepto cuando la tranquilidad se prolonga demasiado), todos anhelan el combate, pues para eso están allí, aunque después se tengan que lamentar amargamente de la pérdida de un compañero.

Y este último punto precisamente el que más diferencia a esta guerra de la de Vietnam. Los soldados que van a Afganistán son voluntarios y saben a lo que se exponen. Junger hace mucho hincapié en la cohesión de grupo entre ellos: lo que les hace sobrevivir a los combates no es su pericia individual, sino el entrenamiento y los lazos entre los miembros de grupo, hasta el punto de que cada uno de ellos está dispuesto a sacrificarse por sus compañeros. Además, aunque las noticias de la guerra hayan ido perdiendo paulatinamente interés en casa, el hecho de que su semilla sea un acontecimiento tan tremendo como el 11 de septiembre, mantiene el apoyo de la opinión público a lo que ellos están haciendo. El autor de La tormenta perfecta ha escrito un libro importante, no por lo que cuenta, sino por la forma de hacerlo, tan sincera y a la vez tan objetiva, sin proselitismos, pero sin dejar de reconocer el sacrificio de unos jóvenes que sienten que están haciendo algo por la seguridad de su país, sea esto último cierto o no. Como curiosidad, el escritor aparece en un cameo de la segunda temporada de la serie The affair.

miércoles, 18 de julio de 2018

LO QUE HAY QUE TENER (1979), DE TOM WOLFE Y ELEGIDOS PARA LA GLORIA (1983), DE PHILIP KAUFMAN. LOS PIONEROS DEL ESPACIO.

Una de las batallas finales de la Segunda Guerra Mundial en Europa fue la de los científicos nazis. Americanos y soviéticos se esforzaron por encontrar a los genios que habían hecho posible los cohetes V1 y V2 y los primeros aviones a reacción. Con estos ingredientes, uno de los episodios principales de la Guerra Fría estaba servido: el de la carrera espacial, una cuestión más de prestigio que bélica, pero cuyos contendientes se tomaban casi tan en serio como el planteamiento de una batalla decisiva. Al principio había muchas dudas al respecto. Una vez subsanado el problema de romper la barrera del sonido, podía plantearse el de enviar hombres al espacio. Durante la etapa que describe Wolfe en su libro, los años cincuenta y los primeros sesenta, los rusos siempre fueron uno o dos pasos por delante, pero eso fue un estímulo para la gran ola de patriotismo que acompañó a lo primeros viajes espaciales de los astronautas estadounidenses.

¿Y de dónde se reclutaron estos primeros astronautas? Evidentemente, de entre los mejores pilotos de la marina y el ejército. Estos eran hombres especiales (que tenían lo que hay que tener, según recuerda Wolfe todo el tiempo), que vivían en un mundo altamente competitivo, en el escalaban una pirámide imaginaria, en cuyo viaje a la cúspide iban quedándose muchos compañeros, muchos de ellos por no alcanzar el nivel exigido y algunos otros por estrellarse con sus aviones en entrenamientos o probando nuevos prototipos. Pero todos compartían algo: un ego descomunal, un sentimiento de superioridad que les hacía sentirse parte de una especie de casta superior:

"El mundo estaba acostumbrado a enormes egos de artistas, actores, animadores de toda suerte, de políticos, ases del deporte e incluso periodistas, porque tenían formas familiares y adecuadas de exhibirlos. Pero aquel esbelto joven, con su uniforme, con el reloj enorme en la muñeca y la expresión remota en la cara, aquel joven oficial tan tímido, incapaz de abrir la boca, salvo que el tema fuese aviación, ese joven piloto, en fin, amigo, ¡tiene un ego aún mayor!, ¡tan grande que resulta escalofriante! Incluso en los años cincuenta, a los civiles les resultaba difícil entender una cosa así, pero todos los oficiales del Ejército, y muchos reclutas se sentían superiores a los civiles."

Lo que no podían imaginar es que pronto iba a surgir una manera insospechada de llegar más arriba que nadie. Se trataba de ser astronauta. Aunque esta nueva ocupación suscitó muchas dudas entre los candidatos, pronto fue la más prestigiosa entre ellos, porque ser astronauta automáticamente conllevaba adquirir el estatus de héroe. Y no un héroe cualquiera, sino un héroe épico que iba a enfrentarse en el espacio al gran enemigo: la Unión Soviética. La población asustada por la posibilidad de bombardeos atómicos desde astronaves veían a estos hombres como la única línea de defensa posible. Poco a poco, las misiones se hicieron más rutinarias, hasta que se fijó el nuevo objetivo, algo más propio de la ciencia ficción que de la realidad: viajar a la Luna...

Lo que hay que tener es una crónica que se mueve de manera muy sabia entre el periodismo y la ficción (esto último, otorgando sentimientos y pensamientos a personajes reales en circunstancias históricas) y es capaz de ofrecer al lector jugosas anécdotas que se convierten que hacen del relato algo mucho más humano. También es un perfecto retrato de una época y sus obsesiones, de una sociedad en la que el machismo estaba a la orden del día (los pilotos, plenos de testosterona, son los héroes y sus mujeres son las perfectas amas de casa sufridoras que guardan el hogar mientras su caballero efectúa hazañas imposibles). Quizá toda esta visión, todos estos sueños, que fueron posibles durante unos años, se vinieron abajo abruptamente con la guerra de Vietnam. La traslación cinematográfica, titulada en España Elegidos para la gloria, resulta una obra muy entretenida, pero que peca de exceso de patriotismo, de culto al héroe. Destaca un magnífico Ed Harris que compone a un muy creíble John Glenn, que no fue el primer astronauta norteamericano, pero es el que supo llevarse la mayor parte de la gloria.

viernes, 2 de marzo de 2018

LA CANCIÓN DEL VERDUGO (1979), DE NORMAN MAILER. PENA DE VIDA.

El derecho penal estadounidense goza de un sistema de garantías para los acusados comparable a cualquiera de los países de Europa. Pero cuenta con una anomalía en algunos Estados: la vigencia de la pena de muerte, algo que se desterró hace tiempo de la mayoría de los sistemas judiciales democráticos. La pena de muerte es algo irreversible, una especie de rendición del Estado ante un individuo al que estima que jamás podrá volver a reinsertar en la sociedad, alguien que sobra y que debe ser eliminado de la humanidad. Por eso sucede con tanta frecuencia que los sentenciados a la pena capital pasan tantos años de espera en el corredor de la muerte: el sistema de recursos y apelaciones es tan complejo que llevar a cabo una ejecución conlleva inimaginables trámites burocráticos. Como si a la justicia, una vez condenado el reo, se pusiera nerviosa ante la perspectiva de tener que proceder a su ejecución.

Precisamente de estas veleidades del sistema se aprovechó el asesino Gary Gilmore para cimentar su fama: cuando fue condenado a muerte por la ejecución de dos homicidios, aceptó su condena sin rechistar: no quiso recurrir la sentencia y pidió que su ejecución (eligió morir fusilado) llegara lo antes posible. Ante este insólito desprendimiento de la propia vida, muy bien aprovechado por periódicos y televisiones, se montó todo un espectáculo mediático y judicial que mantuvo el suspense hasta el mismo instante del fusilamiento de Gilmore. Lo mejor es que de todo eso nació este magistral libro de un Norman Mailer que no se conforma con relatar los últimos meses de vida de su protagonista, sino que indaga en su pasado en un intento, quizá vano, pero igualmente fascinante, de indagar en las motivaciones más profundas que llevaron a Gilmore a convertirse en un asesino a sangre fría.

Después de pasar la mayor parte de su vida adulta en reformatorios y cárceles, el Gilmore treinteañero que abandonó la prisión en libertad condicional era un ser con la personalidad moldeada a base de experiencias negativas (una de las pocas verdades que manifiesta a lo largo de esta novela-reportaje es que la cárcel no sirve para redimir a nadie, solo para afianzar el carácter criminal del reo), pero al que se le ofrecen todo tipo de oportunidades de reinserción. Su familia - sobre todo su prima y su tío - le acogen de buen grado y le buscan un empleo. La buena voluntad manifestada en los primeros meses irá poco a poco abandonando a Gilmore, cuando se va dando cuenta de que es mucho más fácil robar lo que necesita (sobre todo latas de cerveza) que ganar un magro sueldo a base de madrugones y esfuerzo. Sus robos irán volviéndose cada vez más descarados (nadie parece querer meterse en líos con él), hasta que un día llega a acompañarlos de asesinatos. El Estado de Utah queda conmocionado ante la sangre fría mostrada por un asesino que ni siquiera se ha esforzado demasiado en borrar sus huellas: como si lo que realmente quisiera en el fondo de su alma fuera volver al lugar a que realmente pertenece: la prisión.

El personaje de Nicole Baker es una figura casi tan importante como el propio Gilmore en La canción del verdugo. Amante de Gilmore, Baker sentía por su figura amor y devoción a partes iguales, hasta el punto de que, cuando el criminal ya estaba encerrado esperando la fecha de su muerte, aceptó un suicidio sincronizado con él, acción que la llevó al borde la muerte. Se cree que Gilmore, a su vez, no tomó, de manera consciente, una dosis letal suficiente. Lo único que le importaba es que su amante no volviera a estar con hombre alguno. Como es de suponer, la vida anterior de Nicole había consistido en una sucesión de amantes violentos y desequilibrados, entre los que Gilmore supuso la guinda. Embargada por una evidente hibristofilía, su amor aumentó cuando conoció las atrocidades ejecutadas por Gilmore, a pesar de que pocas semanas antes, éste la había agredido con gran violencia. 

A partir de su encierro en la prisión de máxima seguridad esperando la fecha definitiva de su ejecución, la narración se convierte en una crónica muy detallada de la vida y pensamientos de Gilmore una vez que ha aceptado su muerte casi con tanta frialdad como había quitado dos vidas. Aquí es inevitable que al autor se le escape cierta simpatía por su biografiado, alguien que era capaz de bromear sobre sí mismo y mostrarse afable - cuando le convenía - con sus numerosos interlocutores de aquellos meses, además de mostrarse como un escritor de cartas - sobre todo las amorosas, dirigidas a Nicole - muy peculiar, capaz en un mismo párrafo de expresar sus sentimientos amorosos de manera muy notable e insultar a sus carceleros con el lenguaje más soez. En estos últimos capítulos de La canción del verdugo se intuye que Gilmore estaba disfrutando del revuelo mediático que había levantado su caso, de la movilización insólita de abogados, jueces, fiscales y periodistas que había producido y del aura mítica que le estaba otorgando su decisión de enfrentarse a la muerte sin más demora: quizá lo que le más importaba era mostrarse ante sí mismo como todo un hombre.

Y es precisamente en estas páginas cuando la narración de Mailer se muestra más vibrante, dedicada a describir el circo que tenia enloquecido a todo un país a la vez que los sentimientos de los dos amantes que jamás podrán volver a verse (quizá sí en alguna reencarnación, según creencia de Gilmore). Si para algo sirve la lectura de La canción del verdugo, además de para disfrutar de la prosa del autor de Los desnudos y los muertos (a pesar de la pésima traducción que ofrece Anagrama) es para dar otra vuelta de tuerca al absurdo de la pena de muerte, al sufrimiento que provoca, al revuelo mediático que produce y a su poca efectividad reparatoria del mal causado.

lunes, 13 de noviembre de 2017

DIEZ DÍAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO (1919), DE JOHN REED Y ROJOS (1981), DE WARREN BEATTY. EL RELATO DEL TESTIGO.

Contemplada hoy, cien años después, la Revolución Rusa se nos aparece como un acontecimiento muy trágico, pues, si bien consiguió terminar con el régimen pseudomedieval de los zares, en realidad culminó con la fundación de uno de los Estados totalitarios más terribles de la historia, que aupó al poder a criminales como Stalin. Pero es cierto que, cuando se produjo, la revolución no fue valorada de ese modo, sino que supuso un estallido de esperanza y de ilusión para muchos desheredados que esperaban que los acontecimientos que sucedían en Rusia fueran la chispa que encendiera la llama de la revolución mundial. Uno de aquellos testigos fue el famoso John Reed, comunista estadounidense, cuyo olfato periodístico le dictó viajar a San Petersburgo precisamente cuando se estaba produciendo el golpe final por parte de los bolcheviques que arrasaría con el intento de democracia que se había instaurado en Rusia tras la caída de los zares.

Aunque se puede calificar de relato periodístico, puesto que es narrado por alguien que es testigo directo de los hechos, Diez días que conmovieron al mundo, no es un libro imparcial, puesto que su autor era un militante convencido e impulsor de la revolución. No obstante, se trata de una obra única y vibrante, las palabras de un testigo privilegiado que transmitió para las futuras generaciones los episodios más importantes de unos hechos que hoy podemos examinar con perspectiva histórica, pero que en aquellos instantes se desarrollaban de manera caótica y a veces absurda, pero sin que sus protagonistas supieran cual iba a ser el futuro inmediato. La toma del Palacio de Invierno, por ejemplo, es emocionante, sobre todo porque describe el contraste entre la miseria del pueblo y la opulencia en la que habían vivido sus dirigentes:

"Arrastrados por la impetuosa oleada humana, entramos corriendo en el Palacio por el portal derecho, que daba a una habitación abovedada, enorme y vacía, sótano del ala este, de donde arrancaba un laberinto de pasillos y escaleras. Allí había infinidad de cajones. Los guardias rojos y soldados se lanzaron furiosos a ellos, rompiéndolos a culatazos y sacando tapices, cortinajes, lencería y vajilla de porcelana y cristal. Alguien se echò al hombro un reloj de bronce. Otro encontró una pluma de avestruz y se clavó en el gorro. Pero en cuanto empezó el saqueo alguien gritó: "¡Compañeros! ¡No toquéis nada! ¡No toméis nada! ¡Esto pertenece al pueblo!". Inmediatamente le apoyaron veinte voces por lo menos."

En 1981, Warren Beatty, realizó una aparatosa versión cinematográfica de la vida de John Reed, una película muy irregular que intenta abarcar demasiado, desde la relación que mantuvo con la también escritora Louise Bryant, muy tormentosa y repleta de altibajos, hasta los conflictos en el seno del Partido Comunista estadounidense, que fue objeto a finales de la Primera Guerra Mundial de una especie de caza de brujas, predecesora de la del senador McCarthy. Todo ello, sin acabar de encontrar el tono, entre el documental y la narración cinematográfico, preciso para narrar una historia tan compleja. 

Si algo deja muy claro Rojos es que Reed era un idealista, alguien capaz de sacrificar su bienestar y su salud - recordemos que nació en el seno de una familia adinerada - en pos de una utopía, que ya en 1919, en la época de su segundo viaje a Rusia, dejaba ver su verdadero y sanguinario rostro, algo que se aprecia muy bien en las advertencias que Emma Goldman, expulsada de Estados Unidos que se fue a vivir a San Petersburgo, le realiza. Quizá Reed murió algo desencantado, pero esperanzado en que los acontecimientos tomaran el rumbo que él siempre había soñado. ¿Qué pensaría con la perspectiva de cien años después? Sería interesante tener la posibilidad de preguntárselo...