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domingo, 23 de agosto de 2026

LA ANTÁRTICA EMPIEZA AQUÍ (2010), DE BENJAMÍN LABATUT. AL CRUZAR EL LÍMITE.

Antes de emprender la lectura de MANIAC, he visto conveniente introducirme en el universo de este autor chileno con esta colección de relatos escritos originariamente en el año 2010 y que han sido revisados para esta edición. Se trata de unos cuentos protagonizados por tipos muy singulares. En La Antártica empieza aquí se narra una investigación periodística sobre un poeta desconocido que va a absorbiendo poco a poco la existencia de alguien que necesita un buen reportaje para sobrevivir en el periódico. Contactará con un anciano que le remitirá a la historia de una expedición a la Antártida liderada por este hombre misterioso, un escritor y militar que lleva a sus miembros al límite de la locura. Se trata de una parábola en la que el fascismo aparece como un elemento deshumanizador en pos de un objetivo, de un proyecto que va más allá de los límites de resistencia de quienes lo emprenden, hasta el punto de que el periodista queda marcado por la historia que investiga.

La cura de Ana es un relato que podría definirse casi de terror psicológico, pues muestra una comunidad de enfermos de la piel que se organiza como un mundo aparte, con sus propias leyes y sus propias reglas. Países Bajos cuenta la perturbadora historia de un futbolista estrella que, después de una lesión, no vuelve a ser el mismo y termina llevando una vida casi de ermitaño, dedicándose a las prácticas más extremas de prostitución. Club de campo comienza de forma muy original, con las biografías separadas de los protagonistas hasta que los personajes se unen en la misma historia. Por supuesto, no falta en ella un final terrible. Deseo narra la historia de un travesti, del que se dice que hace milagros, desde dos puntos de vista diferentes. El protagonista de Alfredo en cama es otro personaje absolutamente decadente, un músico de jazz de éxito que ha terminado exiliado en su propia habitación recordando su pasado mientras espera un desastre inminente.

Más que relatos convencionales, los de Labatur son relatos atmosféricos, dedicados a narrar la existencia de gente poco común, gente que emprende cambios radicales en sus vidas con propósitos oscuros. Historias que funcionan como un engranaje perfecto para asombrar - y perturbar - al lector y que prometen al gran autor que se va a consagrar en obras posteriores de gran calado. Lo mejor de Labatur, en esta primera aproximación, es que se trata de un escritor con un lenguaje universal y que ha modernizado la herencia clásica de autores como Poe, Borges o Bolaño.

sábado, 12 de julio de 2025

LITERATURA INFANTIL (2023), DE ALEJANDRO ZAMBRA. PADRES E HIJOS.

Este es un libro muy íntimo que narra la experiencia de ser padre desde la propia realidad del autor y también a través de los recuerdos de su relación con su propio progenitor. Su propia paternidad hace replantearse a Zambra una serie de episodios vividos como un hijo adolescente y poco comunicativo frente a los esfuerzos de un padre sin las herramientas actuales para mostrar los propios sentimientos. El mundo era muy diferente hace cuarenta años y los roles de la pareja se encontraban mucho más definidos, por lo que el padre podía tener un papel más frio y nadie se lo iba a reprochar. Desde luego, como aquí se refleja, las relaciones son más sencillas cuanto menor es el hijo. El crecimiento es una pérdida progresiva de la conexión hasta que el muchacho se vuelve un extraño con unos intereses misteriosos.

Literatura infantil consigue que el lector se convierta en un auténtico voyeur de los sentimientos más íntimos del autor, asistiendo de igual manera a conflictos familiares y a episodios amorosos. La sombra del propio padre siempre está presente ("Nuestros padres intentaron, a su manera, enseñarnos a ser hombres, pero no nos enseñaron a ser padres. Y sus padres tampoco les enseñaron a ellos. Y así."), pero tampoco su abrazo a las nuevas masculinidades para establecer una relación más profunda con el hijo garantiza el éxito. Milenios de evolución posiblemente sean más poderosos que los intentos más bienintencionados de hacerlo mejor que los predecesores. Desde luego en este libro Zambra no tiene miedo de ser acusado de sentimental e incluso de cursi y su escritura sale airosa del reto que se impone a sí mismo. Porque, como nos dice en un determinado momento, en el fondo, toda literatura es infantil, hija del asombro:

"La expresión literatura infantil es condescendiente y ofensiva y a mí me parece también redundante, porque toda la literatura es, en el fondo, infantil. Por más que nos esforcemos en disimularlo, quienes nos dedicamos a escribir lo hacemos porque deseamos recuperar percepciones borradas por el presunto aprendizaje que nos volvió tan frecuentemente infelices."

sábado, 3 de mayo de 2025

EL PEZ EN EL AGUA (1993), DE MARIO VARGAS LLOSA. POLÍTICA Y FICCIÓN.

La muerte de Mario Vargas Llosa ha supuesto una pérdida cultural enorme, la de uno de los genios literarios del siglo XX y principios del XXI que nos ha dejado un legado deslumbrante. La propia biografía del escritor ha sido uno de sus materiales literarios más frecuentes, presente en novelas como La tía Julia y el escribidor, en la que con sus vivencias construye una ficción. El pez en el agua narra, en capítulos alternos, su infancia y juventud y la carrera política que emprendió a principios de los noventa para hacerse con la presidencia de Perú. Ambos son capítulos biográficos apasionantes y más cuando podemos leerlos con la voz de un Vargas Llosa que no tiene pudor en mostrarse como un ser humano con sus aciertos y sus errores. En realidad esta es una forma de acercarse a la escritura enormemente valiente, puesto que el escritor y muchos de sus seres queridos se convierten en personajes de una obra de no ficción, con lo que ello conlleva en cuanto a exposición de la intimidad, lo cual puede incluso desencadenar conflictos familiares y acabar con amistades.

No es un secreto que Vargas Llosa emprendió un largo viaje ideológico desde una juventud de simpatías marxistas hasta una madurez liberal. Precisamente es esta pasión ideológica, este idealismo el que le llevó a aparcar su prestigiosa carrera literaria en pos de alcanzar el poder en su país natal y emprender una serie de reformas que, según él, deberían sacar a Perú de su atraso histórico y dinamizar la economía abriendo la misma a los mercados internacionales, frente al enquistado reparto de la pobreza que ha estado vigente en los periodos democráticos y dictatoriales de aquel país:

"Así comenzó esta historia. Desde entonces, cada vez que me han preguntado por qué estuve dispuesto a dejar mi vocación de escritor por la política, he respondido: «Por una razón moral. Porque las circunstancias me pusieron en una situación de liderazgo en un momento crítico de la vida de mi país. Porque me pareció que se presentaba la oportunidad de hacer, con el apoyo de una mayoría, las reformas liberales que, desde comienzos de los años setenta, yo defendía en artículos y polémicas como necesarias para salvar al Perú».

Pero alguien que me conoce tanto como yo, o acaso mejor, Patricia, no lo cree así. «La obligación moral no fue lo decisivo —dice ella—. Fue la aventura, la ilusión de vivir una experiencia llena de excitación y de riesgo. De escribir, en la vida real, la gran novela»."

En alguna entrevista Vargas Llosa ha comentado que para un escritor cualquier evento biográfico, positivo o negativo, puede convertirse en material literario de primera. La aventura política emprendida le va a dar un material de primera, sobre todo cuando empiece a pisar el barro de la lucha partidista frente a los sueños ideológicos idealistas que le han hecho fundar el Movimiento Libertad. Poco tiempo hay para sutilezas ideológicas cuando la realidad diaria reclama reacciones frente a maniobras sucias, intrigas o conspiraciones por parte de adversarios y aliados. Durante su campaña por todo el país el autor y sus seguidores dan frecuentes muestras de valor personal, puesto que no es extraño que sean recibidos con hostilidad en algunas de las regiones que visitan. Las palabras se tergiversan y, de manera muy literaria, la realidad puede convertirse en ficción en cualquier instante:

"Desde muy joven he vivido fascinado con la ficción, porque mi vocación me ha hecho muy sensible a ese fenómeno. Y hace tiempo que he ido advirtiendo cómo el reino de la ficción desborda largamente la literatura, el cine y las artes, géneros en los que se la cree confinada. Tal vez porque es una necesidad irresistible que la especie humana trata de aplacar de cualquier modo y aun por conductos inimaginables, la ficción aparece por doquier, despunta en la religión y en la ciencia y en las actividades más aparentemente vacunadas contra ella. La política, sobre todo en países donde la ignorancia y las pasiones juegan un papel tan importante en ella como el Perú, es uno de esos campos abonados para que lo ficticio, lo imaginario echen raíces."

Lo verdaderamente sorprendente es que un candidato de la solidez y la cultura de Vargas Llosa fuera vencido finalmente por un populista como Alberto Fujimori, un político oportunista que apenas era conocido pocos meses antes de su victoria. La derrota es de la que escuecen, pero para el autor también se convierte en la oportunidad, muchas veces soñada de retomar la vida anterior, la vida del intelectual que se dedica a sus libros y a sus conferencias, dejando atrás la agotadora vorágine política. 

Respecto a los capítulos que narran su infancia y juventud, resultan una lectura deliciosa, pues retratan a un Vargas Llosa en permanente enfrentamiento con un padre que había abandonado a su madre con motivo de su nacimiento. Se trata de un joven que desea ser independiente a toda costa, que compagina trabajos y estudios en pos de una vocación literaria que resuena en su espíritu desde bien temprano. Conocemos sus primeros amores, su relación y boda con la tía Julia y el sueño cumplido de visitar París. Una vida intensa protagonizada por un hombre inquieto que va a tomar su mejor material literario de la misma. Nada más humanista que la descripción tan íntima y sincera de la vida de un ser humano.

jueves, 18 de noviembre de 2021

KENTUKIS (2018), DE SAMANTA SCHWEBLIN. ABSURDA DEPENDENCIA.

Desde hace ya algunos años asistimos a un escenario social en el que la gente, consciente o inconscientemente, va renunciando a parcelas de privacidad que hasta hace poco se consideraban sagradas. Hay personas que exponen regularmente aspectos íntimos de su vida a través de las redes sociales, esperando admiración por parte de sus seguidores. Otros muchos navegamos habitualmente por internet mientas unos algoritmos invisibles y sofisticados van aprendiendo cada vez más de nosotros para después tener la oportunidad de sorprendernos con ofertas cada más personalizadas y, por lo tanto, irresistibles. Las nuevas tecnologías nos conocen mejor que nuestros propios seres cercanos y nos hemos acostumbrado a convivir con esta realidad sin otorgarle demasiada importancia.

Lo que hace Samanta Schweblin en Kentukis es atreverse a dar un paso más allá y plantear un futuro distópico en el que se han puesto de moda unos muñecos-robot que la gente adopta como mascotas. La peculiaridad de estos juguetes es que una persona totalmente desconocida para el comprador tiene acceso al kentuki y puede acceder su existencia más íntima. Los kentukis hacen furor, son una moda inexplicable y adictiva y los pocos que advierten de sus evidentes peligros son ignorados. Hay jóvenes que no salen de su habitación, mientras hacen que estudian, para poder pasar más tiempo manejando su kentuki y asistir a los episodios de la vida de su amo que, aunque sean anodinos, son mucho más interesantes que la propia existencia. Otros intentan aprovecharse económicamente del fenómeno y la mayoría los integra como una oferta más de la sociedad capitalista que acaba recortando de manera voluntaria la intimidad de sus compradores, sintiendo muchos de estos un cariño fuerte y adictivo por tan peculiares mascotas.

Si hubiera leído la novela de Samanta Schweblin hace solo una década, su planteamiento me habría parecido bastante absurdo, irreal. ¿Por qué querría alguien exponer su intimidad de esa manera a un completo desconocido? Pero hoy estoy convencido que si alguna vez aparece algún artefacto parecido al kentuki, la gente se abrazará a ellos con entusiasmo. Al igual que en muchos episodios históricos la gente se ha abrazado con devoción a las cadenas que les imponía el poder, ahora aceptamos con total naturalidad exponer parte de nuestras vidas a cambio de algunas presuntas comodidades. Lo que expone Schweblin no sería más que la consecuencia lógica del tiempo que estamos viviendo. El hecho de que la novela se estructure en distintos episodios protagonizados por personajes diferentes facilita que podamos asomarnos a distintas perspectivas de lo que significaría relacionarse con esta novedad tecnológica tan peculiar, aunque también difumina un poco las posibilidades de una idea tan brillante, que podían haberse desarrollado a través de una narración más potente y sólida. Un libro que merece mucho la pena a los que nos gusta asomarnos en las cada vez más inquietantes posibilidades del futuro inmediato.

jueves, 8 de abril de 2021

PASADO AMOR Y OTROS RELATOS (1929), DE HORACIO QUIROGA. AMOR, LOCURA, MUERTE Y SELVA.

La vida de Horacio Quiroga fue una gran novela, una existencia repleta de muertes de seres queridos en circunstancias trágicas y de pasión por la vida extrema que ofrecía la región selvática de Misiones, algo que se refleja en sus cuentos de manera perfectamente natural. La violencia y la muerte son para Quiroga mecanismos azarosos que están presentes de forma habitual en la biografía de sus personajes. Misiones, el escenario de su literatura, es como un personaje más que condiciona la vida de sus habitantes. Algunos llegan allí de visita y se quedan para siempre. Otros no tienen motivo para permanecer allí, después de una desgracia, pero o no se van o se ausentan durante un tiempo para volver enseguida. Lo cotidiano allí se puede volver peligroso en un solo instante y no solo por la proliferación de serpientes venenosas y otras alimañas, sino por la propia locura de los hombres. Javier Marías lo expresa muy bien en el prólogo:

"Quiroga sugiere, hace deducir, expone, constata, deja que el lector adivine o comprenda sin subrayarle nunca el dramatismo de una situación ni la atrocidad de un hecho o un destino. Quizá porque para él - el escritor y el hombre - nada de lo posible ni de lo habido era demasiado atroz ni dramático: simplemente era, y él debía de tener la serena conciencia de que además podía muy bien no haber sido."

La única novela de este volumen, Pasado amor, tiene evidentes tintes autobiográficos en ese protagonista viudo que se ha ausentado un tiempo de su hogar tras la trágica muerte de su esposa, pero que vuelve al lugar de los hechos para reanudar su vida y volver a enamorarse, aunque la relación con la que debería ser su futura familia política se torne tan distante como extraña. Quizá la existencia en un clima como el selvático dé lugar con más frecuencia a pasiones explosivas de esta índole. Entre el resto de relatos encontramos algunos magistrales, propios del mejor terror gótico, como El almohadón de pluma, o de horror más psicológico como el inolvidable Los perseguidos. Muy representativo de su producción es también Un peón, en el que se retrata a un curioso personaje que parece extraído de un relato de Herman Melville. Quizá el cuento más kafkiano del conjunto sea El techo de incienso, en el que el protagonista se ve abocado a la tarea interminable de arreglar el tejado de su casa para evitar las frecuentes filtraciones de lluvias mientras deja de lado sus responsabilidades como encargado del Registro Civil. Luego tendrá que realizar la tarea evitada por meses en tres días, aunque el final será tan absurdo e inesperado como los conceptos de vida y muerte. 

Lo que sí es cierto es que Quiroga se aplica sus propios consejos en el arte de escribir, algo que se refleja en la fuerza y autenticidad de su arte literario. Así lo dejó dicho en Decálogo del perfecto cuentista:

"No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino."

lunes, 4 de noviembre de 2019

TIEMPOS RECIOS (2019), DE MARIO VARGAS LLOSA. FAKE NEWS EN GUATEMALA.

El siglo XX fue una época terrible para la mayoría de los países de América Latina. Atrapados entre dictaduras inhumanas, revoluciones sangrientas, guerras civiles, terrorismo, guerrilla e intervenciones extranjeras, para países como Guatemala la llegada de una democracia plena fue casi una utopía hasta llegada la mitad de los años ochenta. No obstante, el intento más sólido lo protagonizaron a mitad de siglo dos presidentes sucesivos, que trataron de de reflejar a Guatemala en el espejo de la democracia estadounidense: Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz. Este último fue despojado trágicamente de la presidencia a través de un vil golpe de Estado auspiciado por la CIA.

El arquitecto del golpe fue Edward Bernays, un publicista, genio de la propaganda, que fue contratado por la United Fruit Company (una multinacional estadounidense que veía amenazados sus intereses en Guatemala con las medidas de reforma agraria auspiciadas por Árbenz), para hacer creer al gobierno de Estados Unidos que el país centroamericano vivía una revolución comunista que amenaba los intereses norteamericanos. Aunque parezca increíble, una mentira tan evidente - Árbenz más bien quería acercarse a su gran vecino del norte y tomar sus instituciones como modelo de la flamante democracia guatemalteca -, fue finalmente asumida los estadounidenses actuaron según la lógica de la Guerra Fría, para imponer como gobernante al mediocre Castillo Armas como dictador, un militar que fue sustituido varios años después por medio de su asesinato. 

Pero lo que más fascina a Vargas Llosa de todo este proceso y uno de los principales motivamente para lanzarse a la escritura de Tiempos recios, es esa idea de fake news, de esas mentiras obvias que son manipuladas a través de sofisticadas técnicas de propaganda para que sean creídas por el público para crear un estado de opinión pública favorable a ciertos intereses. Hasta la intervención de Bernays, apenas había estadounidenses que supieran ubicar Guatemala en el mapa. Al poco tiempo, el pequeño país centroamericano se había convertido en un foco constante de noticias que lo situaban como la principal amenaza comunista de la región. Como dice Vargas Llosa en una entrevista publicada por el suplemento cultural Babelia:

"Las fake news tienen un éxito absoluto. Bernays, ese sobrino de Sigmund Freud que tiene la idea de que la publicidad va a ser el principal instrumento de poder en el siglo XX, se inventó que Guatemala se estaba convirtiendo en un satélite soviético porque la URSS quería entrar en América Latina para apoderarse del canal de Panamá. Es una fantasía delirante que contradice el proyecto de Árbenz, que quería hacer de Guatemala un país moderno, una democracia capitalista. Cuando reparte las tierras a medio millón de campesinos guatemaltecos, busca la forma para que ellos fueran empresarios privados de esas tierras, para que no fueran descapitalizados otra vez por los latifundistas. Es una de las grandes injusticias históricas que este Gobierno democrático elegido en elecciones libres fuera derrocado por una conspiración que lo acusaba de comunista."

Pero Tiempos recios es mucho más que la historia de una mentira. Se trata de una magnífica novela, que remite por momentos a La fiesta del chivo, llena de personajes memorables, algunos muy enigmáticos, como Marta Borrero, que jugó un papel importante, pero brumoso en esta historia y muchos de ellos canallas que consagran su existencia a hacer realidad los deseos de sus gobiernos, como el embajador Peurifoy o el dominicano Johnny Abbes, que personalizó la ayuda del régimen de Trujillo a un golpe de Estado que desató todos los demonios sobre Guatemala, causó de miles de muertos, saqueó a los campesinos pobres que habían recibido tierras de la reforma agraria e influyó para mal en todos los países del entorno, empezando por Cuba, cuya revolución comprendió que tenía que acercarse a la Unión Soviética desde el primer instante para blindarse frente a una intervención similar de los estadounidenses. Al final tanto sufrimiento solo benefició realmente a la United Fruit Company, la multinacional que tanto daño hizo a Latinoamérica y que acabaría quebrando unos años después.

lunes, 12 de agosto de 2019

CUENTOS FANTÁSTICOS (1980), DE JUAN JOSÉ ARREOLA. LA ESTRATEGIA DE LA ARAÑA.

Para Borges, Arreola era un escritor que podía haber nacido en cualquier lugar o en cualquier siglo, ya que su literatura "fija su mirada en el universo y en sus posibilidades fantásticas". Para este humilde lector, Arreola es el autor de La migala, uno de los cuentos más fantásticos y perturbadores que he leído, que ya había leído hace muchísimos años, en una antología del género de terror y que seguía poblando mi imaginación literaria desde entonces. 

El escritor mexicano es un especialista es mezclar ciencia y fantasía para crear algo tan complicado como una atmósfera propia en cada una de sus narraciones, incluso en las más surrealistas. Sus cuentos están construídos ante todo bajo el signo de la concisión: decir mucho con pocas palabras, sugerir más que mostrar, con un lenguaje que jamás renuncia a la ironía.

En La migala, un cuento de solo dos páginas, el protagonista decide que va a hacerse a sí mismo lo más atroz que puede depararle el destino: compra un ejemplar de la repulsiva araña, notando cuando la lleva a casa el peso leve del animalito dentro de su caja. Una vez, en su hogar, la suelta, la migala se esconde y el narrador comienza una nueva etapa de su existencia, marcada por la presencia (o quizá no), del arácnido escondido en alguna de las habitaciones. Él mismo se ha creado la amenaza perfecta, el terror más refinado y arbitrario, aunque nunca sepamos por qué lo ha hecho (o quizá sí).

martes, 3 de julio de 2018

MI HERMANO EL ALCALDE (2004), DE FERNANDO VALLEJO. LA PERVERSIÓN DEMOCRÁTICA.

A veces uno se asoma, a través de la literatura, a culturas hermanas, como la colombiana y se estremece al pensar en el primitivismo de ciertas formas de vida, sobre todo si nos alejamos del ámbito urbano. La narración de Vallejo transcurre entre los últimos noventa y los primeros meses del nuevo siglo y narra la experiencia de su hermano como alcalde de un pueblo colombiano del departamento de Antioquía. Un lugar que en aquella época estaba azotado por la violencia del tristemente famoso guerrillero Tirofijo y de los distintos capos de la droga, aunque el azote más evidente que deja entrever la novela es el de la ignorancia: los habitantes de Támesis utilizan la idea de democracia como una auténtica subasta en la que se elige al mejor postor, al candidato que más promesas absurdas (y personalizadas) consiga realizar.

Pero la cosa no queda ahí: el falseamiento de las elecciones y el voto de personas ya muertas son asuntos que están a la orden del día. Además, al candidato no le basta con recorrer su distrito electoral lanzando discursos: las puertas de su finca deben estar abiertas a todos, aunque dicha generosidad extrema le sitúe cerca de la bancarrota. En cualquier caso todos suponen que la llegada al cargo compensará suficientemente los gastos previos. La democracia colombiana que describe Vallejo es un pequeño infierno en el todos se niegan a pagar impuestos, pero a su vez todos quieren vivir del dinero público:

"Porque el funcionario colombiano no raja ni presta el hacha, no deja ni deja hacer. Ah, pero eso sí, cuando agarra la teta no la suelta. Es más fácil fajar una ventosa de una barriga preñada o una sanguijuela de una pierna."

Y escribe también más adelante este párrafo demoledor con el propio país:

"Colombia en sus constituciones parte de la base de que hay ciudadanos honrados que la quieren gratis. Inmenso error. Si los hay, no los conozco y si los hubo, idos son: ya los anotó el sastre en su puerta. Hoy por amor nadie gasta su tiempo en ti, Colombia. Todos van detrás de algo: un puesto público o la comisión de un contrato."

Con este panorama, es muy difícil que un cargo público sea honrado, pues con la sola candidatura al mismo, ya se le supone la pillería. Por supuesto, el mandato de Carlos, el hermano de Vallejo quiere ser diferente. Quiere hacer progresar al pueblo, quiere mejorar la educación, las comunicaciones, la tecnología y las oportunidades de todos, pero al final su recompensa es el oprobio. Mi hermano el alcalde está escrito con la ironía y la mala leche características del autor de La Virgen de los sicarios y, aunque no llega al nivel de su obra más conocida, constituye un valioso testimonio de cómo se las gasta el sistema en la Colombia profunda. Para leer, reflexionar y rezar pidiendo que jamás veamos en nuestro país tal degeneración de la idea de democracia.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

EL ESPANTAPÁJAROS, LA RATA Y OTROS CUENTOS SOBRE LA MALDAD (2017), DE MELKER GARAY. LA REALIDAD Y SUS SOMBRAS.

A veces, solo a veces, hay momentos en los que advertimos la extrañeza que supone la misma existencia. No me refiero a buscarle un sentido a la vida, tarea prácticamente imposible, salvo para quien se aferra a su fe religiosa o a su creencia en la bondad intrínseca del mundo, sino al hecho de que estemos aquí, con nuestra capacidad de tomar decisiones, finita pero cierta. Por supuesto que eso nos supone poder optar por el camino de la maldad, además de sufrir la maldad de otros o de las mismas circunstancias de la vida, que son ciegas y, por ello, indiferentes a nuestro sufrimiento. Escribir sobre ello es algo que han intentado numerosos autores, con desigual fortuna. Por eso es gozoso, a la vez que estremecedor, encontrar unos textos que verdaderamente dan en el clavo, que apelan a la vez a la curiosidad, a la morbosidad y a la desazón del lector, interrogándolo directamente acerca de lo que piensa de su fuerza de existir, en expresión del filósofo Michel Onfray. 

El primer texto que se nos muestra, es toda una declaración de principios:

"No podemos escaparnos de la maldad. Como seres humanos siempre estaremos expuestos a la indefensión. A través de la Historia, el hombre ha tratado de describir la maldad porque tanto en los pequeños como en los grandes contextos, y tanto dentro como fuera de nosotros, la maldad está presente. Conformarse con su existencia es una misión imposible. Lo malo no se puede reducir a unas pocas palabras. La maldad que convierte al hombre en un ser indefenso no se deja expresar por el lenguaje. No obstante, la literatura nos ofrece un medio para combatirla. Quizás no logre vencerla, pero sí luchar contra ella por medio de la bondad. ¿Pero qué es la bondad? Es todo lo que da un sentido a nuestras vidas."

Que nadie espere encontrar un resquicio de esperanza en estos relatos. Ni siquiera los niños, los seres más inocentes, se salvan de horribles destinos, a veces provocados por aquellos en quienes más deberían confiar. Tampoco los animales o los objetos, que adquieren espíritu humano para la ocasión, se libran de las más terribles vicisitudes. Un espantapájaros, que vivió años de esplendor, se ha convertido en el putrefacto hazmerreir de las aves de la zona. Una cometa, se engaña a sí misma, reflexionando que no quiere su libertad, cuando en realidad no puede conseguirla, porque no hay manera de desenganchar el hilo que la ata a sus amos. Y una flor, sabe que su belleza es efímera y se dedica a elucubrar pensamientos como éstos: 

"Suele decirse que la vida puede ser cruel. No es verdad. La vida es cruel cuando la propia perdición está decidida de antemano. No, nadie se libra de la tiranía de la extinción. El que creó la vida no tiene corazón. Pero no todos los que están a mi alrededor piensan así. Ellos hablan de la vida como un regalo, como si el que les dio la vida estuviera lleno de amor. Y sí, es cierto, es innegable que la vida puede ser considerada como un bien, pero sólo si uno se deja defraudar por la mentira."

El espantapájaros, la Rata y otros cuentos sobre la maldad, es un libro que es imposible no leer de un tirón. La portenstosa imaginación de Garay, autor chileno afincado en Suecia, hace que seamos incapaces de dejar de pensar en qué es lo que viene a continuación y - lo más grandioso y lo más terrible a la vez - nos sintamos identificados con el triste destino de sus protagonistas, que al final acaban resignándose ante lo inevitable, como nos tendremos que resignar nosotros cuando lleguen nuestras horas más difíciles. Como se comenta en uno de los relatos, un ave puede estar condenado por los barrotes de su jaula, pero para la mayoría de los hombres esa función la toman sus propios pensamientos. Garay bebe de los mejores: de Poe, de Borges o de Villiers de L Isle-Adam, pero es capaz de crear su propio universo, inquietante y original. Como nos recuerda René Vázquez Díaz en el prólogo, la mayor amenaza contra el hombre, es el hombre mismo y sus prejuicios; su desprecio al mundo, su iniquidad y sus miedos. Agradezco infinitamente a René que me haya hecho llegar esta pequeña joya de un autor que merece ser divulgado por estos lares.

jueves, 27 de julio de 2017

PEDRO Y EL CAPITÁN (1979), DE MARIO BENEDETTI. CONVERSACIÓN AL BORDE DEL ABISMO.

Aunque se ha convertido en uno de los conceptos más tópicos que definen la violencia del siglo XX - siglo que no solo fue violento, sino también alumbrador de grandes descubrimientos científicos y de la semilla de la unión cada vez más estrecha de algunos países - la definición de banalidad del mal, sigue siendo uno de los grandes hallazgos de la pensadora Hannah Arendt, y el el que más fortuna ha cosechado. La idea del torturador, del colaborador de un régimen autoritario y represor que se comporta prácticamente como un funcionario, con una idea difusa de su deber y que no se plantea la moralidad de sus actos, puesto que piensa que es una pieza muy pequeña de una maquinaria mucho más compleja y que le sobrepasa es una de las que está presente en Pedro y el capitán, que se presenta ante el lector-espectador como un auténtico duelo de palabras entre el torturador y su víctima.

En palabras de Benedetti:

"La obra no es el enfrentamiento de un monstruo y un santo, sino de dos hombres, dos seres de carne y hueso, ambos con zonas de vulnerabilidad y de resistencia. La distancia entre uno y otro es, sobre todo, ideológica, y es quizá ahí donde está la clave para otras diferencias que abarcan la moral, el ánimo, la sensibilidad ante el dolor humano, el complejo trayecto que media entre el coraje y la cobardía, la poca o mucha capacidad de sacrificio, la brecha entre traición y lealtad."

Lo que más estremece de Pedro y el capitán es que el torturador se presenta a sí mismo como un ser civilizado, que no ha tenido más remedio, para defender su manera de ver el mundo, que ensuciarse las manos y practicar una actividad desagradable, pero necesaria. El capitán se presenta ante Pedro en sus breves instantes de descanso, entre tortura y tortura, como un diablo tentador que ofrece poner fin a sus sufrimientos a cambio de alguna que otra delación, algo que estima muy lógico y justo. A veces casi se comporta como un comercial que tiene que colocar su producto a toda costa - el producto más deseado, seguir viviendo - bajando su precio cada vez más con tal de realizar la venta. Pero para Pedro, el coste es demasiado elevado. Su cuerpo lacerado, en contraste con la impecable vestimenta de su interlocutor, es testimonio de su integridad, de la fidelidad a sus compañeros, un bien inestimable al que no está dispuesto a renunciar.

Aunque no existen escenas de violencia explícita, la idea de dolor, de bárbara tortura, se encuentra presente en toda la obra. Una reflexión acerca de la inhumanidad de las ideas radicales, aquellas que ponen una determinada visión del mundo por encima de la dignidad de las personas que lo habitan, una tendencia que tristemente imperaba en Hispanoamerica en la época en la que Benedetti escribió esta obra.

martes, 29 de marzo de 2016

LOS PASOS PERDIDOS (1953), DE ALEJO CARPENTIER. EL CORAZÓN DE LA LUZ.

Acostumbrados a vivir en grandes ciudades, rodeados de la tecnología creada por el hombre, solemos olvidar que formamos parte de la naturaleza. Durante milenios las formas de vida de la humanidad poco tuvieron que ver con la actual. No sabemos a ciencia cierta si se trataba de una existencia paradisiaca o, por el contrario, era una vida angustiosa, sometida a peligros constantes. Como cualquier otro animal, la especie humana debía adaptarse al medio para sobrevivir. Ahora hemos conseguido lo contrario: poseemos la capacidad casi ilimitada de adaptar el medio para nuestra comodidad. El precio de haber dado la espalda a la naturaleza es el surgimiento de las nuevas angustias, de las nuevas exigencias que conforman la vida moderna. Por eso, en las pocas ocasiones en las que volvemos a la naturaleza y nos encontramos solos escuchando solo los sonidos del campo, no es extraño que sintamos una paz desconocida, como una nostalgia por una condición anterior.

Algo de esto le sucede al narrador de Los pasos perdidos, la extraordinaria novela de Alejo Carpentier. Se trata de un experto en música, que vive cómodamente instalado en el corazón de la civilización, al que se le encarga viajar a la selva venezolana para buscar una serie de instrumentos musicales que expliquen el origen de esta manifestación artistica tan humana. El protagonista quiere aprovechar la ocasión para pasar unos días con su amante, haciendo que les fabriquen los instrumentos, si es necesario. Pero una vez que llega a su destino, su mentalidad empieza a cambiar. Hay algo en el ambiente que le atrae y le fascina al mismo tiempo y cuanto más va penetrando en la jungla, el viaje se convierte también en una transformación de carácter espiritual. Es como si de pronto estuviera asistiendo al principio del mundo, a una forma de vida inmemorial, olvidada por completo en el país del que él proviene:

" (...) si algo me estaba maravillando en este viaje era el descubrimiento de que aún quedaban inmensos territorios en el mundo cuyos habitantes vivían ajenos, a las fiebres del día, y que aquí, si bien muchísimos individuos se contentaban con un techo de fibra, una alcarraza, un budare, una hamaca y una guitarra, pervivía en ellos un cierto animismo, una conciencia de muy viejas tradiciones, un recuerdo vivo de ciertos mitos que eran, en suma, presencia de una cultura más honrada y válida, probablemente, que la que se nos había quedado allá. Para un pueblo era más interesante conservar la memoria de la Canción de Rolando que tener agua caliente a domicilio."

El anónimo narrador se transforma así en una especie de Ulises en un itinerario místico en el que parece estar retrociendo en el tiempo. El momento decisivo de esta conversión se produce cuando conoce a Rosario, que a sus ojos es una mujer radicalmente diferente a lo que él está acostumbrado, una mujer salvaje por la que siente una atracción fulminante y por la que va a ser capaz de dejar atrás su vida anterior, llena de lujos y comodidades. Para él la posibilidad de respirar el aire de la selva, contemplar su infinita gama de colores y observar sus inagotables formas de vida representa el descubrimiento definitivo de su esencia humana. Al contrario que el protagonista de El corazón de las tinieblas, de Conrad, para el que su experiencia selvática tiene todas las cualidades del horror, para él significa el descubrimiento de la pureza. Y la población de Santa Mónica de los Venados es una especie de jardín del Edén, aunque dispensado de la protección de Dios.

El origen de la música, la misión que le ha sido encargada, también se le aparece en forma de revelación:

"Inconforme con las ideas generalmente sustentadas acerca del origen de la música, yo había empezado a elaborar una ingeniosa teoría que explicaba el nacimiento de la expresión rítmica primordial por el afán de remedar el paso de los animales o el canto de las aves. Si teníamos en cuenta que las primeras representaciones de renos y de bisontes, pintados en las paredes de las cavernas, se debían a un mágico ardid de caza —el hacerse dueño de la presa por la previa posesión de su imagen—, no andaba muy desacertado en mi creencia de que los ritmos elementales fueran los del trote, el galope, el salto, el gorjeo y el trino, buscados por la mano sobre un cuerpo resonante, o por el aliento, en la oquedad de los juncos."

Haciendo uso de la vastedad de su cultura y de su conocimiento de la mitología y costumbres de los indígenas, mezclándolas con la tradición europea, Carpentier compone un fresco en el que puede dar rienda suelta a la enorme calidad de su escritura. Pocas veces se ha descrito la naturaleza con pinceladas tan acertadas y profundas. A pesar de tratarse de una novela difícil, que requiere una lectura espaciada, debido a la densidad del mensaje implícito en cada uno de sus párrafos, el acercamiento a Los pasos perdidos constituye una experiencia fascinante, el viaje de un Odiseo que acaba convertido en Sísifo, o cómo se puede pasar del paraíso al infierno sin perder la esperanza de recuperar aquel.

viernes, 6 de noviembre de 2015

PLATA QUEMADA (1997), DE RICARDO PIGLIA Y DE MARCELO PIÑEYRO (2000). PERROS ATRAPADOS.

Plata quemada, tiene todos los elementos para convertirse en una excelente muestra de género negro: basándose en hechos reales, cuenta la historia de unos criminales que perpetran un espectacular atraco a un furgón blindado en Argentina y huyen a Uruaguay, el país vecino, esperando pasar de alguna manera a Estados Unidos. Los jóvenes no han actuado solos, cuentan con cómplices, algunos de los cuales pertenecen a las altas esferas del país, y estos últimos se ven burlados con la huida de los delincuentes. Ahora no solo son buscados como delincuentes, sino que hay interés en que mueran, para que no impliquen en su acción a quien no desea ser relacionado con ellos. 

Y aunque la novela de Piglia desarrolla todos estos ingredientes, el principal interés del autor parece ser el retrato de los personajes, ahondar en la perturbada psique del delincuente y examinar sus respuestas ante diversos estímulos de gente que está acostumbrada a vivir cada día como si fuera el último. Claro que, en su caso, puede que lo sea. Plata quemada empieza bien, con la presentación de los protagonistas y la rutilante escena del atraco y la huida, para luego pasar una especie de pausa, un compás de espera, que se hace demasiado largo tanto en la novela como en la película, hasta la explosión de violencia final, que evidencia junto con el tono general del relato, cierta influencia del cine de Tarantino, muy de moda en la época en la que fue escrita. A veces, incluso se intentan describir las consecuencias de un tiroteo con imágenes casi cinematográficas:

"Porque los que mueren heridos por las balas no mueren limpiamente como en las películas de guerra donde los heridos dan un giro elegante y caen, enteros, como un muñeco de cera; no, los que mueren en un tiroteo, son desgarrados por los tiros y trozos de sus cuerpos quedan desparramados en el piso, como restos de un animal salido del matadero."

La película de Piñeyro es bastante fiel al libro, aunque pone su foco casi en exclusiva en los personajes de el Nene, el Gaucho y el Cuervo. Respecto a sus intérpretes, Sbaraglia realiza un gran trabajo, el de Echebarri no está mal y el de Noriega es muy mejorable. Los tres tienen caracteres muy diferentes, las malas vidas que han llevado les ha afectado de distinta manera pero, a la hora de la verdad, cuando se ven atrapados en un cerco policial del que no van a salir vivos, la reacción visceral es la misma: afrontan la situación tan temida con un entusiasmo animal. Una vez que no tienen ya nada que perder deciden que el acto final de sus existencias se convierta en un espectáculo de violencia inolvidable, en el que desatan las emociones acumuladas durante su breve vida clandestina en Montevideo. Y es que al final su nihilismo se ve reforzado al asumir que es el azar el que todo lo guía:

"Las cosas nunca salen como uno las piensa, la suerte es más importante que el coraje, más importante que la inteligencia y las medidas de seguridad. El azar, paradójicamente, está siempre del lado del orden establecido y es (junto a la delación y a la tortura) el medio principal que tienen los pesquisas para cerrar el lazo y atrapar a los que tratan de hacerse invisibles en la selva de la ciudad."

viernes, 18 de septiembre de 2015

PEDRO PÁRAMO (1955), DE JUAN RULFO. LOS MURMULLOS DE COMALA.

La literatura tiene mucho que ver con el carácter de sus autores. Los hay tan prolíficos, como Georges Simenon o Isaac Asimov, que parece que se pasaron la vida escribiendo. Leer sus obras completas se antoja como un ejercicio muy arduo y abrumador, aunque supongo que muy satisfactorio para el que lo consiga. Luego hay escritores cuya carrera se ha basado en todo lo contrario, en escribir muy poco, aunque en ocasiones ese material sea considerado la obra de un maestro. Es una postura muy respetable. Quizá el autor no tenía nada más que decir, o encuentra en muy pocas ocasiones una inspiración a la altura de sus expectativas. Lo cierto es que Juan Rulfo es quizá el ejemplo más señero de esta clase de autores. Con solo una novela muy corta, un puñado de cuentos y algunos escritos dispersos, se ha convertido en un mito literario, no solo por la alta calidad de su prosa, sino también porque su estilo innovador abrió el camino a otros muchos novelistas hispanoamericanos, haciendo que la literatura de estos países fuera ampliamente admirada a nivel internacional.

El mismo Rulfo contó en una ocasión cuales fueron las circunstancias que inspiraron la escritura de Pedro Páramo:

"No había escrito una sola página, pero me estaba dando vueltas a la cabeza. Y hubo una cosa que me dio la clave para sacarlo, es decir, para desenhebrar ese hilo enlanado. Fue cuando regresé al pueblo donde vivía, treinta años después, y lo encontré deshabitado (...). La gente se había ido, así. Pero a alguien se le ocurrió sembrar de casuarinas las calles del pueblo. Y a mí me tocó estar allí una noche, y es un pueblo donde sopla mucho el viento, está al pie de la Sierra Madre. Y en las noches las casuarinas mugen, aúllan. Y el viento. Entonces comprendí yo esa soledad de Comala, del lugar ese."

El comienzo de Pedro Páramo es uno de los más conocidos de la historia de la literatura: "Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera." Admirablemente breve y conciso, nos pone enseguida en situación. Juan Preciado se dirige a su pueblo natal a conocer a su padre. Parece que su interés no es vengativo, sino que lo posee un sentimiento entre la curiosidad y la esperanza. Pero Comala es un lugar desolado. Desde que pone pie en él, el protagonista va a ser poseido por una sensación de extrañeza que se transmitirá vivamente al lector. Los habitantes a los que se va a encontrar tampoco van a mostrar un comportamiento natural ni racional: nos hemos sumergido en el mundo narrativo de Juan Rulfo, donde la lógica de la existencia real ha dejado de existir y todo está regido por una manifesta ambigüedad: los muertos mantienen conversaciones con los vivos o se dedican a susurrarles. La frontera entre la vida y la muerte es difusa en Comala. Los muertos parecen condenados a no descansar, a errar por el pueblo recordando eternamente sus pecados, como en esas historias de terror que la gente se contaba antiguamente al calor de la hoguera: 

"Aquí esas horas están llenas de espantos. Si usted viera el gentío de ánimas que andan sueltas por la calle. En cuanto oscurece comienzan a salir. Y a nadie le gusta verlas. Son tantas, y nosotros tan poquitos, que ya ni la lucha le hacemos para rezar porque salgan de sus penas. No ajustarían nuestras oraciones para todos. Si acaso les tocaría un pedazo de padrenuestro. Y eso no les puede servir de nada. Luego están nuestros pecados de por medio. Ninguno de los que todavía vivimos está en gracia de Dios. Nadie podrá alzar sus ojos al cielo sin sentirlos sucios de vergüenza. Y la vergüenza no cura. Al menos eso me dijo el obispo que pasó por aquí hace algún tiempo dando confirmaciones."

La gran sombra que sigue cerniéndose sobre esa población desolada es la de Pedro Páramo, el antiguo cacique de Comala, cuya historia conoceremos mucho mejor en la segunda mitad de la narración. Pedro Páramo parece una fuerza de la naturaleza, que se ha ido quedando con todas las tierras del pueblo y parece ejercer también un derecho de pernada sobre todas las mujeres. Además, sabe manejar a los elementos revolucionarios a su antojo, haciéndoles promesas y corrompiéndolos. Es una figura temida por todos en el pueblo, aunque la auténtica tragedia para él - y para Comala - llegará con la muerte de su auténtico amor, Susana, auténtica piedra de toque de la ruina de aquellas tierras. Esa especie de maldición se acentúa por la negativa del cura del lugar, el padre Rentería, a ejercer su ministerio con gente a la que estima demasiado pecadora. Si Pedro Páramo ejerce un dominio casi absoluto sobre el pueblo y sus habitantes, el padre Rentería empeora aún más la situación con una especie de dictadura espiritual, que ahoga las esperanzas de quienes buscan consuelo en la religión.

La novela de Juan Rulfo no es una lectura fácil, requiere el esfuerzo de las grandes obras literarias, pues no se trata de una narración lineal, sino fragmentada y siempre muy ambigua, con unos personajes que se mueven en la fina línea que separa a los vivos de los difuntos. Realismo mágico que a la vez bebe de la mejor tradición de la literatura fantástica y de terror. La historia de México interpretada radicalmente desde la obsesión de este país con la muerte, escrita con un estilo único. 

lunes, 31 de agosto de 2015

UN VIEJO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR (1989), DE LUIS SEPÚLVEDA. LA SABIDURÍA DE LOS SHUAR.

La vida en la selva debe ser una realidad muy dura para quien no ha nacido en ella. La Amazonia, cuya extensión es de unos seis millones de kilómetros cuadrados, es uno de los ecosistemas más exuberantes del planeta, que contiene millones de especies de animales y plantas. También es uno de esos escenarios en los que la lucha por la vida, que es una de las leyes darwinistas de la naturaleza, adquiere mayor dramatismo: se trata de un escenario en el que abundan las especies depredadoras, desde las inmensas anacondas hasta las pequeñas y mortíferas pirañas. La tigrilla que aparece como parte esencial en la trama de Un viejo que leía novelas de amor, no es más que un eslabón en la cadena alimentaria de la selva, aunque en esta ocasión sus hábitos se han alterado por la repentina irrupción de un cazador imprudente en su existencia, que mata a sus crías y deja malherida a su pareja. Este hecho hará que la tigrilla se dedique a matar hombres, en una especie de espiral de venganza instintiva que desata todas las alarmas en El Idilio, el pequeño pueblo en el que vive el protagonista.

Antonio José Bolívar Proaño es uno de esos personajes con los que el lector establece de inmediato una relación de simpatía.  Se trata de un hombre cuya existencia ha transcurrido prácticamente en su totalidad en la selva. Habiendo pasado un periodo en compañía de los indios shuar, conoce casi a la perfección los secretos del Amazonas, por lo que es capaz de pasear por la selva sabiendo identificar sus distintos peligros. También sabe que uno jamás está completamente a salvo en la espesura. Ya en edad madura, prefiere pasar sus días encerrado en su cabaña, entregado a la lectura de esas novelas de amor que constituyeron uno de los grandes descubrimientos de su vida. Pasar los días interminables de la estación de las lluvias en compañía de uno de estos volúmenes, que le hacen viajar a otros lugares y conocer tipos humanos con los que jamás ha tratado, constituye un placer inmenso para él, que apenas ha podido conocer lo que significa vivir en una ciudad grande. Su costumbre es leer despacio, con la misma capacidad de asombro que un niño que está descubriendo el mundo:

"Leía lentamente, juntando las sílabas, murmurándolas a media voz como si las paladeara, y al tener dominada la palabra entera la repetía de un viaje. Luego hacía lo mismo con la frase completa, y de esa manera se apropiaba de los sentimientos e ideas plasmados en las páginas.

Cuando un pasaje le agradaba especialmente lo repetía muchas veces, todas las que estimara necesarias para descubrir cuán hermoso podía ser también el lenguaje humano."

Así pues, siendo considerado el más apto, es designado para guiar a la expedición que habrá de acabar con la vida de la pequeña bestia, en un duelo que, por supuesto, ofrecerá un espléndido clímax. Antes de eso, los hombres se enfrentarán a todo tipo de dificultades en su ruta por la selva, sobre todo por la presencia entre ellos del alcalde, un hombre obeso, mezquino y poco apto para caminar por la jungla, representante de la civilización y de una ley que suele ser odiosa al resto de habitantes de El Idilio. En cualquier caso, en el momento en el que Antonio José saca el libro para leer un rato, en uno de los descansos, se trastoca el orden establecido. Los hombres quieren conocer la historia que se esconde entre las misteriosas páginas y reflexionan largamente acerca de cada párrafo que el protagonista les recita. Por un momento el alcalde incluso puede exhibir algo de su prestigio social como ser instruido aclarándoles algunas dudas sobre la ciudad de Venecia, donde transcurre la novela de amor, que narra una realidad tan lejana a la de ellos, que parece de ciencia ficción.

Un viejo que leía novelas de amor nos hace reflexionar acerca de otras realidades, otros ambientes mucho más exigentes con la vida humana y sobre lo díficil que resulta para el ser humano estar en comunión total con la naturaleza. Recuerda a otras obras que tienen como protagonistas a seres que deben adaptarse a un ambiente hostil (y suelen sucumbir en el intento), como La aventura equicional de Lope de Aguirre, de Ramón J. Sender, La costa de los mosquitos, de Paul Theroux o la película Cuando ruge la marabunta, de Byron Haskin, entre otras muchas obras que han reflexionado sobre la hostilidad del medio natural hacia el ser humano y su dificultosa adaptación al mismo. Porque a veces la inmersión en un medio tan salvaje como las profundidades del Amazonas, puede desembocar en la locura del hombre, en su deshumanización, aunque también puede ser una infinita escuela de vida:  

"Es la selva que se nos mete adentro. Si no tenemos un punto fijo al que queremos llegar, damos vueltas y vueltas."

jueves, 13 de agosto de 2015

PRIMAVERA CON UNA ESQUINA ROTA (1982), DE MARIO BENEDETTI. LOS HUNDIDOS Y LOS EXILIADOS.

Como bien narraba Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, el siglo XX fue terrible para la mayoría de los países latinoamericanos, llenándose el continente de dictaduras que en muchos momentos colaboraban entre sí. El caso de Uruguay fue especialmente triste, puesto que llegó a ser una democracia ejemplar amparada en un bienestar económico, llegándose a denominar al país como la Suiza de América. Pero fueron precisamente el deterioro económico y la inestabilidad política los que facilitaron el golpe de Estado de 1973. La represión de los militares, como era habitual en esos casos, no se hizo esperar y buena parte de los militantes de izquierdas fueron encarcelados, asesinados o huyeron al exilio. Esta es la situación de la que parte Primavera con una esquina rota, una novela profundamente humanista que analiza los sentimientos de unos personajes a los que las circunstancias históricas que les ha tocado vivir les han destrozado la existencia.

La novela gira en torno a la situación de Santiago, un preso político que lleva cinco años enterrado en vida en una de las sórdidas prisiones de la dictadura. La voz en primera persona del prisionero nos habla de la injusticia a la que está sometido, de los sinsabores del día a día, de las torturas padecidas y de la monotonía de la celda. Pero también está presente la esperanza. Santiago se aferra al recuerdo de su familia, a las breves comunicaciones escritas que puede establecer con ellos, aunque siempre existen sombras en estos anhelos, porque no puede olvidar un oscuro episodio vivido en el tiempo en el que estuvo en la clandestinidad, antes de ser capturado. En cualquier caso, su deseo es cambiar los barrotes por una puerta que pueda abrirse y cerrarse:

"Los barrotes están ahí, son una presencia real, admitida, comprendida en toda su chata magnitud. Pero los barrotes no pueden ser otra cosa que lo que efectivamente son. No hay barrotes abiertos y barrotes cerrados. En cambio, una puerta es tantas cosas. Cuando está cerrada, y siempre lo está, es la clausura, la prohibición, el silencio, la rabia. Si se abriera (no para un recreo, o para un trabajo, o para una sanción, que son otras tantas formas de estar cerrada, sino para el mundo) sería la recuperación de la realidad, de la gente querida, de las calles, de los sabores, de los olores, de los sonidos, de las imágenes y el tacto de ser libre. Sería por ejemplo la recuperación de vos y de tus brazos y de tu boca y de tu pelo y bah a qué intentar darle vueltas a un pestillo que no cede, a una cerradura inconmovible."

Mientras tanto su mujer y su hijita sobreviven en el exilio, en una especie de limbo que comparten con miles de compatriotas que se mueven desorientados por países que los acogen de mala gana. Es terrible no poder volver a la propia vida, ni siquiera en un hipotético futuro, porque heridas tan profundas dificilmente podrán sanar alguna vez. Graciela lleva años esperando fielmente a su marido, como una Penélope paciente, sabiendo que su Ulises está atrapado en una sima de la que quizá no salga nunca. Hasta que un día advierte que no puede seguir ejerciendo esa vida heroica y comienza una relación sentimental con Rolando, un amigo y compañero de Santiago. En esta situación terrible, al menos permanece la voz inocente de Beatriz, la hija del preso, que nos enseña, a través de una serie de discursos deliciosos, su peculiar visión de la realidad, en la que el mal es todavía un concepto abstracto que puede ser vencido y el mundo es un lugar que reserva maravillas escondidas a quien tenga suficiente capacidad de observación. Todo se reduce a esperar el momento mágico del regreso de su héroe: su padre.

El otro gran personaje de este eje es Rafael, el progenitor de Santiago, un hombre al que la experiencia le ha aportado serenidad y sabiduría, pero que sufre como nadie por la situación de su hijo, no solo por la que vive en ese momento, sino por la que conocerá una vez que sea libre. El hombre en cierto modo se siente culpable, aunque sepa que eso es absurdo, y le gustaría cambiarse por Santiago. El lector, que es un ser empático, puede ponerse en el lugar de Rafael y comprender su discurso, triste y a la vez lleno de aplomo y comprensión por la actitud de quienes le rodean.

Primavera con una esquina rota es un homenaje a todos aquellos seres a los que las dictaduras ha destruido o intentado destruir, una descripción de esas heridas profundas que jamás se borran de la piel de quienes han sobrevivido a esas experiencias de cárcel, tortura y exilio, tan comunes en el mundo, también en la actualidad, que ya casi pensamos en ellas como en algo rutinario:  

"la primavera es como un espejo pero el mío tiene una esquina rota / era inevitable no iba a conservarse enterito después de este quinquenio más bien nutrido / pero aun con una esquina rota el espejo sirve la primavera sirve"

viernes, 16 de enero de 2015

UNA MISMA NOCHE (2012), DE LEOPOLDO BRIZUELA. UN HOMBRE EN LA OSCURIDAD.

Los que hemos nacido y vivido en democracia - con todas sus imperfecciones - no podemos siquiera imaginar lo que debe ser la convivencia diaria con el miedo y la incertidumbre. En Argentina fue así durante años. La gente desaparecía de un día para otro y los familiares los buscaban en vano. En muchas ocasiones los secuestrados por el poder estaban cautivos en edificios tan a la vista como el Garage Olimpo o la infame Escuela Mecánica de la Marina, el Auswitch argentino. Día y noche se torturaba, en el afán de que los detenidos, muchos de ellos destinados a la muerte desde el principio, delataran a sus presuntos compañeros.

A raíz de un asalto aparentemente criminal, debido a la inseguridad del Buenos Aires actual, en la mente del protagonista de Una misma noche saltan como en un resorte, los recuerdos de una noche similar casi cuarenta años atrás, cuando fueron los militares los que buscaban a una subversiva en esa casa y visitaron la suya en busca de información. Los fragmentos de memoria van poco a poco recomponiéndose hasta lograr una reconstrucción más o menos nítida de lo que sucedió entonces y del destino de la muchacha. Como la propia Argentina, que trató de olvidar (menos los más ardientes defensores de la memoria contra la infamia), en el microcosmos espaciotemporal de la narración de Brizuela la verdad de los hechos está cubierta como de una especie de neblina que, al disiparse, deja ver todo el horror legado por la dictadura:

"¿Por qué era tan difícil recordar esa época? ¿Simplemente porque en ella sucedían cosas monstruosas? ¿O porque yo había sido testigo de que cualquiera puede convertirse en un monstruo y eso es intolerable?"

Una mera anécdota, una mera vida trastocada puede ser suficiente para entender los mecanismos de poder de una época. Para muchos la dictadura no acabó, sino que se sigue repitiendo todas las noches en la ausencia e incertidumbre acerca del destino de los seres queridos. El de Brizuela es un libro de evocaciones de un tiempo cuya barbarie es aún hoy negada por algunos de sus responsables. Como explica el autor en una entrevista publicada en la página Culturamas:

" (...) hace poco y por primera vez, después de más de treinta años, Videla admitió que existían los desaparecidos, que era verdad. Durante todo ese tiempo, ha estado negando la evidencia. Responde por su parte a una necesidad de enmascarar las muertes, pero quien responde por esos treinta y cuatro años de tormento e incertidumbre de los familiares. Está claro que todavía queda mucho, más incluso que rabia o rencor. La negación de las desapariciones produjo un daño que se ha ido prolongando hasta nuestros días. No es que esté el pasado, la nada y el presente… No, es todo una misma noche. De ahí el título. Y luego está también la culpa y el pudor por sobrevivir ante aquellos que han perdido a algún familiar. De esa culpa nace el personaje de Diana, con un pudor terrible por haber desaparecido y luego poder volver, de no haber muerto, quizás de no haber sido tan combatiente. La culpa se hace entonces tan terrible como el miedo, la culpa de haber tenido miedo. Todo el mundo tiene vergüenza a la hora de reconocer el miedo."

Una misma noche es una novela corta y muy intensa, que va a dejar un recuerdo perdurable en un lector que quizá no llegue a comprender del todo los mecanismos del terrorismo de Estado, pero sí que va a ser testigo de sus terribles consecuencias."Quizá solo la literatura podía perdonar. La literatura, ese lector futuro."

jueves, 18 de septiembre de 2014

DOCE CUENTOS PEREGRINOS (1992), DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. LATINOAMERICANOS EN EUROPA.

En el magnífico prólogo de Doce cuentos peregrinos, Gabriel García Márquez cuenta el azaroso proceso de creación de este libro, que duró casi dos décadas. Los cuentos se escribían, se reescribían, se perdían entre otros papeles y volvían a encontrarse, practicando siempre el insaciable y abrasivo vicio de escribir de manera compulsiva, hasta alcanzar la perfección que siempre marca su estilo. Porque cada relato constituye una pequeña obra maestra de estilo que consigue el milagro de enlazar temáticamente con el resto. Se trata de narraciones que siempre tienen por eje las andazas de gente de Latinoamérica en Europa, ya hayan viajado al viejo continente por placer, por negocios, por devoción o exiliándose de su país. Son muy interesantes las palabras del escritor colombiano acerca de las diferencias entre cuento y novela:

" (...) el esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela. Pues en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y a veces hasta el carácter de algún personaje. Lo demás es el placer de escribir, el más íntimo y solitario que pueda imaginarse, y si uno no se queda corrigiendo el libro por el resto de la vida es porque el mismo rigor de fierro que hace falta para empezarlo se impone para terminarlo. El cuento, en cambio, no tiene principio ni fin: fragua o no fragua. Y si no fragua, la experiencia propia y la ajena enseñan que en la mayoría de las veces es más saludable empezarlo de nuevo por otro camino, o tirarlo a la basura."

En estos relatos García Márquez sigue fundamentalmente explorando las posibilidades que ofrece el realismo mágico, tanto que si se nos diera a leer alguno de ellos sin saber el autor, seguramente podríamos adivinarlo sin muchos problemas. Existe una constante en muchos de ellos: la presencia agazapada de la muerte, esa dama que a veces nos visita en el momento menos esperado, como en el relato El rastro de tu sangre en la nieve, donde asalta a una bella recién casada, después de que esta se pinchara accidentalmente el dedo con la espina de una rosa. En otros como La santa, la muerte se muestra de forma insólita, dejando incorrupto el cuerpo de una niña, cuyo padre sacrifica su existencia para ver reconocido el milagro por el papa de una iglesia desbordada por peticiones similares. También se coquetea con el género de terror, ejecutando una pieza tan inquietante como Solo vine a hablar por teléfono, en el que una situación cotidiana se transforma en una auténtica pesadilla. Otro de los más destacables es Buen viaje, señor presidente, cuyos protagonistas se hacen entrañables al lector por diversos motivos y que contiene una nada grata reflexión sobre la realidad de Hispanoamérica:

"El presidente suspiró. «Así somos, y nada podrá redimirnos», dijo. «Un continente concebido por las heces del mundo entero sin un instante de amor: hijos de raptos, de violaciones, de tratos infames, de engaños, de enemigos con enemigos»."

Merece la pena acercarse a estos Doce cuentos peregrinos, sin más pretensiones que la de leer literatura de exquisita calidad, comprobando que, a pesar de su fijación por ciertos temas y asuntos, la escritura de García Márquez posee la misma maestría cuando aborda un relato corto que cuando lo hace con una novela.

miércoles, 9 de abril de 2014

LA INVENCIÓN DE MOREL (1940), DE ADOLFO BIOY CASARES Y EL AÑO PASADO EN MARIENBAD (1961), DE ALAIN RESNAIS. BREVE HISTORIA DE UN AMOR ETERNO.

Un hombre llega a una isla aparentemente desierta. En realidad es un fugitivo y no le importa que le hayan contado que una misteriosa enfermedad gobierna ese pequeño territorio. De pronto, una aparición inexplicable: grupos de personas que habitan un edificio. Otro día el edificio parece abandonado. Y otro, una visión aún más perturbadora: una hermosa mujer tomando el Sol. Cuando por fin se decide a tomar contacto, las apariciones no le hacen caso, siguen a lo suyo como si él no existiera. Pero no parecen fantasmas, son reales y conversan sobre temas terrenales. Poco a poco el protagonista se va enamorando de la figura de la mujer, que aparece en días alternos en el mismo punto y con las mismas actitudes. ¿Cuál es el misterio de esa mujer y de la isla entera? Bioy Casares nos va llevando poco a poco por un in crescendo sorpresivo hasta que descubrimos las causas de lo que allí sucede. Y lo hace de manera magistral, haciendo que el lector vaya estableciendo hipótesis, aún sin quererlo, ayudado por la perplejidad del narrador-protagonista. Aunque universalmente reconocida como una de las joyas de la literatura fantástica, Borges, en su prólogo, se decanta por añadir el género policial al fantástico, quizá por la estupenda sensación de intriga que produce su lectura:

"Las ficciones de índole policial (...) refieren hechos misteriosos que luego justifica e ilustra un hecho razonable; Adolfo Bioy Casares, en estas páginas, resuelve con felicidad un problema acaso más difícil. Despliega una Odisea de prodigios que no parecen admitir otra clave que la alucinación o que el símbolo, y plenamente los descifra mediante un solo postulado fantástico pero no sobrenatural."

Hay mucho de Borges en La invención de Morel. Pero también de Robert Louis Stevenson o de Herbert George Wells. A pesar de ello la voz narrativa de Bioy Casares es lo suficientemente poderosa y original como para que estos autores sean, más que influencias directas de su prosa, objeto de homenaje en la trama de la novela. Al final lo que queda es una sensación de extrañeza. Aunque se nos ha dado la solución al enigma, esta solución parece entrañar un enigma aún mayor. ¿Es el amor absoluto lo que da fuerzas a su protagonista para tomar su decisión final? La conclusión moral de este acto, que también la hay, es que anhelamos ser felices, pero preferimos que los demás crean que lo somos. 

La atmósfera de misterio de La invención de Morel se mantiene en El año pasado en Marienbad, que más que una adaptación de la novela, es una película inspirada por esta, pero con la suficiente entidad propia como para ser una obra casi independiente a su fuente de inspiración. En la obra de Resnais la isla se convierte en un elegante palacio, lo que parece ser un hotel de lujo. Por él deambulan una serie de personajes que parecen salidos de un sueño buñuelesco, como atrapados en un extraño bucle temporal. En el edificio y los jardines de El año pasado en Marienbad parece hacerse realidad aquel mito del eterno retorno del que habló Nietzsche, basándose en antiquísimas tradiciones provenientes de Oriente y que también fascinaron a Borges. Las imágenes de la película destilan un aire enfermizo, dominadas claramente por el concepto de anacronía, es decir, de la alteración cronológica de las partes de una historia. Pero es, al igual que en la historia de Bioy, el amor lo que lo domina todo, un amor al que no le importa que el marco temporal y los recuerdos sean confusos. Un amor que está condenado a repetirse por toda la eternidad.

sábado, 30 de noviembre de 2013

CIEN AÑOS DE SOLEDAD (1967), DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. LOS PECADOS DE MACONDO.

Hay libros que son como pequeñas montañas que tiene que escalar al menos una vez en su vida lectora. Cien años de soledad no es una novela particularmente extensa, ni de lectura difícil, pero posee una trama tan enrevesada en algunas de sus páginas que se hace casi imprescindible leerla consultando de vez en cuando el árbol genealógico de la familia Buendía. Para mí esta segunda lectura de la obra magna de García Márquez ha tenido un carácter muy especial, porque ha sido el libro con el que hemos inaugurado el club de lectura de Más Libros Libres

Lo primero que tengo que decir acerca de Cien años de soledad es que no se trata de mi libro favorito de García Márquez. Con el autor colombiano me sucede que disfruto muchísimo de su estilo de escritura, quizá el más depurado que se puede encontrar en español en las últimas décadas, pero la temática de novelas como esta o El amor en los tiempos del cólera me parece un tanto reiterativa, con demasiada densidad de personajes y de historias. Como lector quedo deslumbrado por el talento indudable de García Márquez, que consigue el prodigio, vedado a muchos otros escritores, de construir un universo propio y reconocible (y en el que se han inspirado posteriormente otros novelistas). Deslumbrado, pero también un poco perdido, como un explorador que se adentra en una tierras hermosas pero con una concentración de vegetación tan agobiante que debe mirar su mapa a cada paso para no perderse irremediablemente. Disfruto más de sus relatos o novelas cortas, como El coronel no tiene quien le escriba o con su faceta periodística, de la que pude disfrutar hace un año Relato de un naúfrago.

Pero entre toda esta vegetación  hay hallazgos únicos, como la utilización magistral del realismo mágico, esa manera de insertar elementos fantásticos en la novela de una manera tan natural que el lector los acepta en la lógica interna del relato o la riqueza del lenguaje del escritor colombiano, que parece conocer más palabras que el mismo diccionario. Uno de los aspectos más destacables de la novela son los paralelismos de la historia de Macondo con diversos pasajes de la Biblia: el pueblo tiene su génesis, su éxodo, su diluvio, sus plagas, su ascensión de la Virgen y, finalmente, su apocalipsis. La entera historia del mundo condensada en un pueblecito administrado por una familia con tendencia a los pecados relacionados con el incesto. Cueste más o cueste menos (y yo recomiendo que se haga de la manera más continuada posible, en pocos días, para no perderse), la historia de los Buendía es una de esas novelas que marcan el siglo XX y, por tanto, su lectura es imprescindible.

sábado, 19 de octubre de 2013

EL OLVIDO QUE SEREMOS (2005), DE HÉCTOR ABAD FACIOLINCE. CARTA AL PADRE.

Miren la foto. Un instante feliz inmortalizado en el tiempo. Héctor Abad, el escritor, junto a Héctor Abad, el médico. Su venerado padre. Este es precisamente el pasado que el autor colombiano quiere evocar en El olvido que seremos: la vida pura de su progenitor, asesinado en 1987 en Medellín por grupos paramilitares patrocinados por el gobierno y su relación con este hombre que fue para él un ejemplo constante de humanitarismo y lucha valiente por la causa de los más pobres. Es un libro que ha impresionado a prácticamente todos los compañeros del club de lectura de Cristóbal Cuevas, ante todo porque el ejercicio de la memoria, siendo una actividad profundamente humana, no siempre se ejercita con la sinceridad de Héctor Abad. A mí particularmente es la segunda parte del libro la que me ha parecido inolvidable. La primera, siendo absolutamente necesaria, no es más que una preparación para que el lector comprenda la profundidad de la herida que sufre su protagonista con el asesinato de su progenitor.

Aquí el artículo:

http://asociacioncristobalcuevas.blogspot.com.es/2013/10/el-olvido-que-seremos-de-hector-abad.html