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sábado, 20 de septiembre de 2025

BAD HOMBRE (2024), DE POLA OLOIXARAC. LOS EXCESOS DEL METOO.

Según la autora, este es un libro de ficción pero que se basa en hechos reales. Todo lo que cuenta es perfectamente verosímil, pues su intención no es otra que denunciar los excesos que se produjeron en la reciente era del metoo, como muchos hombres fueron destruídos socialmente por comentarios de mujeres que, en estas historias, son personas despechadas y vengativas. Los hombres son representados como machos alfa latinos (también hay un profesor francés casado), que han conocido a la mujer equivocada en las circunstancias equivocada. Bad hombre constituye una crítica a una época de excesos - que afortunadamente está remitiendo - en la que se desató una auténtica caza de brujas que tenía como objetivo la cancelación de aquellos hombres señalados, un término que equivalía a una muerte social, algunas veces merecida y otras basada en denuncias sin fundamento.

Para escribir este libro, la autora tuvo primero que recibir una denuncia injusta en sus propias carnes, la de una amiga que le pedía participar en el escrache digital de alguien a quien ella consideraba inocente. Al no obtener su apoyo, la amiga difundió que Olaixarac era negacionista de la represión de la dictadura argentina, algo sin fundamento, pero que repercutió en su carrera. Eso le llevó a investigar los mecanismos que llevan a mujeres despechadas a denunciar a hombres que han tenido conductas no ejemplares en sus relaciones, conductas que distan mucho de ser delito. Aquí cuenta mucho la visión subjetiva de hechos que pueden ser interpretados a través de prismas muy distintos, pero cuyo resultado es la muerte social del sujeto señalado, alguien que tiene muy difícil su defensa en un clima que criminaliza al hombre por sistema:

"(...) ya no podía mirar el conflicto de género como un deporte de espectadores, como una temática de la sociología contemporánea, porque había experimentado de primera mano el sistema de la venganza: cómo ciertos discursos tienen propiedades máginas para dejarte del lado del mal a erradicar, cómo una historia puede activar los mecanismos mediante los cuales la civilización de protege de los indeseables."

Entonces, a través de unos ideales puros, como son el feminismo y la defensa de los derechos de las mujeres, se producen excesos, a veces fundamentados en buenas intenciones, a veces por puro despecho. Lo cierto es que en este ambiente, las denunciadoras contaron con un poderoso altavoz  que podían destrozar casi al instante las trayectorias de hombres muy admirados, algunas veces por hechos que se remontaban a décadas atrás. Que sea una mujer la que denuncie estos excesos es una buena noticia. Bad hombre es una lectura apasionante y aunque no sabemos dónde acaba la realidad y empieza la ficción, las historias que cuenta son perfectamente verosímiles.

martes, 26 de marzo de 2024

LAS COSAS QUE PERDIMOS EN EL FUEGO (2016), DE MARIANA ENRÍQUEZ. POBRES CRIATURAS.

Mariana Enríquez es un auténtico fenómeno literario. En su última visita a Málaga, para presentar su último libro, Un lugar soleado para gente sombría, mucha gente tuvo que quedarse fuera por la enorme asistencia de público y algunos la comparan con una estrella de rock de gira por todo el país. Las cosas que perdimos en el fuego es un libro de cuentos muy brillante, repleto de relatos inquietantes protagonizados por seres oscuros y marginales que se mueven entre la ficción y la realidad. Comúnmente en sus relatos una persona de vida acomodada o al menos más o menos normal se encuentra con lo singular, con seres perturbadores a los que tiene un impulso de ayudar, a pesar de no conocer las reglas del lugar en el que se está metiendo.

Pero aquí lo terrorífico tiene que ver con lo marginal, con seres que viven en la zona pobre de la sociedad, por lo habitan un submundo con el que pocos querrían contactar. En este sentido los cuentos de Las cosas que perdimos con el fuego también tienen un componente social y de denuncia de las desigualdades en Argentina. Aquí están presentes todos los males que nos aquejan como sociedad pasados por un prisma que los hacen todavía más inquietantes: la violencia de género, los barrios marginales, las enfermedades que afectan a los más pobres, las adicciones... Pero todo ello narrado de una manera tan personal que consigue que el lector se revuelva incómodo en su asiento mientras está leyendo, unas sensaciones que pocos escritores son capaces de conseguir.

Es difícil quedarse con un solo relato, pues todos son de altísima calidad. Especialmente inquietante me ha parecido Bajo el agua negra, en el que la protagonista, una fiscal, se adentra en una zona marginal de Buenos Aires descrita con la misma textura que algunos de esos sueños que no llegan a pesadilla, pero resultan enormemente angustiosos. O La casa de Adela, un original acercamiento al tema de las casas encantadas. Cualquier amante del terror o simplemente de la buena literatura debe acercarse a los cuentos de Mariana Enríquez.

jueves, 18 de noviembre de 2021

KENTUKIS (2018), DE SAMANTA SCHWEBLIN. ABSURDA DEPENDENCIA.

Desde hace ya algunos años asistimos a un escenario social en el que la gente, consciente o inconscientemente, va renunciando a parcelas de privacidad que hasta hace poco se consideraban sagradas. Hay personas que exponen regularmente aspectos íntimos de su vida a través de las redes sociales, esperando admiración por parte de sus seguidores. Otros muchos navegamos habitualmente por internet mientas unos algoritmos invisibles y sofisticados van aprendiendo cada vez más de nosotros para después tener la oportunidad de sorprendernos con ofertas cada más personalizadas y, por lo tanto, irresistibles. Las nuevas tecnologías nos conocen mejor que nuestros propios seres cercanos y nos hemos acostumbrado a convivir con esta realidad sin otorgarle demasiada importancia.

Lo que hace Samanta Schweblin en Kentukis es atreverse a dar un paso más allá y plantear un futuro distópico en el que se han puesto de moda unos muñecos-robot que la gente adopta como mascotas. La peculiaridad de estos juguetes es que una persona totalmente desconocida para el comprador tiene acceso al kentuki y puede acceder su existencia más íntima. Los kentukis hacen furor, son una moda inexplicable y adictiva y los pocos que advierten de sus evidentes peligros son ignorados. Hay jóvenes que no salen de su habitación, mientras hacen que estudian, para poder pasar más tiempo manejando su kentuki y asistir a los episodios de la vida de su amo que, aunque sean anodinos, son mucho más interesantes que la propia existencia. Otros intentan aprovecharse económicamente del fenómeno y la mayoría los integra como una oferta más de la sociedad capitalista que acaba recortando de manera voluntaria la intimidad de sus compradores, sintiendo muchos de estos un cariño fuerte y adictivo por tan peculiares mascotas.

Si hubiera leído la novela de Samanta Schweblin hace solo una década, su planteamiento me habría parecido bastante absurdo, irreal. ¿Por qué querría alguien exponer su intimidad de esa manera a un completo desconocido? Pero hoy estoy convencido que si alguna vez aparece algún artefacto parecido al kentuki, la gente se abrazará a ellos con entusiasmo. Al igual que en muchos episodios históricos la gente se ha abrazado con devoción a las cadenas que les imponía el poder, ahora aceptamos con total naturalidad exponer parte de nuestras vidas a cambio de algunas presuntas comodidades. Lo que expone Schweblin no sería más que la consecuencia lógica del tiempo que estamos viviendo. El hecho de que la novela se estructure en distintos episodios protagonizados por personajes diferentes facilita que podamos asomarnos a distintas perspectivas de lo que significaría relacionarse con esta novedad tecnológica tan peculiar, aunque también difumina un poco las posibilidades de una idea tan brillante, que podían haberse desarrollado a través de una narración más potente y sólida. Un libro que merece mucho la pena a los que nos gusta asomarnos en las cada vez más inquietantes posibilidades del futuro inmediato.

martes, 22 de marzo de 2016

DISTANCIA DE RESCATE (2014), DE SAMANTA SCHWEBLIN. LOS ÚLTIMOS DÍAS.

Que el mal puede llegar sin avisar a nuestra vida cotidiana es una realidad que podemos vivir en el instante más inesperado. Esta misma mañana, un par de escenarios que se repiten todos los días, la facturación en la cola de un aeropuerto y un viaje al trabajo en metro se convirtieron en pocos segundos en lugares horripilantes por obra y gracia de una voluntad humana que no puede comprenderse, pero que está regida por una lógica interna que se aleja todo lo posible de la idea de derechos humanos y democracia occidental.

El escenario que plantea Samanta Schweblin no tiene mucho que ver con el de esta mañana, pero es capaz de crear las mismas preguntas, la misma extrañeza y la misma inquietud en el lector, llevando hasta sus límites un relato de terror cotidiano. En algunos pasajes recuerda a los cómics de Daniel Clowes, con esos personajes deformes y alucinados que han sido afectados por padecimientos incomprensibles que les hacen actuar de manera extremedamente rara. La misma autora explica sus intenciones en una entrevista publicada en la página sopitas.com:

"Cuando el terror y lo fantástico se viven desde un clima y un registro que son absolutamente coticidianos y realista, eso extraño, eso amenazante, se vuelve mucho más factible de suceder, eso es lo que genera tanta tensión. Si hablo de Frankenstein como un monstruo que vivió hace muchos años, muy lejos de aquí, pues no pasa mucho, uno puede enfrascarse en ese mundo, comprar toda esa fantasía. Pero si esa amenaza ocurre en un mundo posible es entonces factible que suceda."

En Distancia de rescate asistimos al diálogo un tanto delirante entre una mujer a punto de morir y un niño, David, que parece entender algo del mal que ha sacudido a la protagonista, pero que le exige a ésta que le explique con detalle todo lo vivido en los últimos días, para separar los detalles esenciales de la experiencia de los accesorios, todo regido por la frase que ella pronuncia en un determinado momento: "a veces me asusta pensar que los problemas de todos los días puedan ser para mí un poco más terribles que para el resto de la gente".

Aunque es un libro difícil, poco complaciente con el lector, la recompensa de leer a Scheweblin está en esa sutil frontera que la escritora argentina sabe marcar entre lo cotidiano (en este caso, unas vacaciones familiares de verano) y lo que no puede explicarse. Lo fantástico, lo terrorífico, insertado en la vida corriente. Todo un experimento cuya extensión se mueve entre los formatos del relato y la novela. 

viernes, 6 de noviembre de 2015

PLATA QUEMADA (1997), DE RICARDO PIGLIA Y DE MARCELO PIÑEYRO (2000). PERROS ATRAPADOS.

Plata quemada, tiene todos los elementos para convertirse en una excelente muestra de género negro: basándose en hechos reales, cuenta la historia de unos criminales que perpetran un espectacular atraco a un furgón blindado en Argentina y huyen a Uruaguay, el país vecino, esperando pasar de alguna manera a Estados Unidos. Los jóvenes no han actuado solos, cuentan con cómplices, algunos de los cuales pertenecen a las altas esferas del país, y estos últimos se ven burlados con la huida de los delincuentes. Ahora no solo son buscados como delincuentes, sino que hay interés en que mueran, para que no impliquen en su acción a quien no desea ser relacionado con ellos. 

Y aunque la novela de Piglia desarrolla todos estos ingredientes, el principal interés del autor parece ser el retrato de los personajes, ahondar en la perturbada psique del delincuente y examinar sus respuestas ante diversos estímulos de gente que está acostumbrada a vivir cada día como si fuera el último. Claro que, en su caso, puede que lo sea. Plata quemada empieza bien, con la presentación de los protagonistas y la rutilante escena del atraco y la huida, para luego pasar una especie de pausa, un compás de espera, que se hace demasiado largo tanto en la novela como en la película, hasta la explosión de violencia final, que evidencia junto con el tono general del relato, cierta influencia del cine de Tarantino, muy de moda en la época en la que fue escrita. A veces, incluso se intentan describir las consecuencias de un tiroteo con imágenes casi cinematográficas:

"Porque los que mueren heridos por las balas no mueren limpiamente como en las películas de guerra donde los heridos dan un giro elegante y caen, enteros, como un muñeco de cera; no, los que mueren en un tiroteo, son desgarrados por los tiros y trozos de sus cuerpos quedan desparramados en el piso, como restos de un animal salido del matadero."

La película de Piñeyro es bastante fiel al libro, aunque pone su foco casi en exclusiva en los personajes de el Nene, el Gaucho y el Cuervo. Respecto a sus intérpretes, Sbaraglia realiza un gran trabajo, el de Echebarri no está mal y el de Noriega es muy mejorable. Los tres tienen caracteres muy diferentes, las malas vidas que han llevado les ha afectado de distinta manera pero, a la hora de la verdad, cuando se ven atrapados en un cerco policial del que no van a salir vivos, la reacción visceral es la misma: afrontan la situación tan temida con un entusiasmo animal. Una vez que no tienen ya nada que perder deciden que el acto final de sus existencias se convierta en un espectáculo de violencia inolvidable, en el que desatan las emociones acumuladas durante su breve vida clandestina en Montevideo. Y es que al final su nihilismo se ve reforzado al asumir que es el azar el que todo lo guía:

"Las cosas nunca salen como uno las piensa, la suerte es más importante que el coraje, más importante que la inteligencia y las medidas de seguridad. El azar, paradójicamente, está siempre del lado del orden establecido y es (junto a la delación y a la tortura) el medio principal que tienen los pesquisas para cerrar el lazo y atrapar a los que tratan de hacerse invisibles en la selva de la ciudad."

viernes, 16 de enero de 2015

UNA MISMA NOCHE (2012), DE LEOPOLDO BRIZUELA. UN HOMBRE EN LA OSCURIDAD.

Los que hemos nacido y vivido en democracia - con todas sus imperfecciones - no podemos siquiera imaginar lo que debe ser la convivencia diaria con el miedo y la incertidumbre. En Argentina fue así durante años. La gente desaparecía de un día para otro y los familiares los buscaban en vano. En muchas ocasiones los secuestrados por el poder estaban cautivos en edificios tan a la vista como el Garage Olimpo o la infame Escuela Mecánica de la Marina, el Auswitch argentino. Día y noche se torturaba, en el afán de que los detenidos, muchos de ellos destinados a la muerte desde el principio, delataran a sus presuntos compañeros.

A raíz de un asalto aparentemente criminal, debido a la inseguridad del Buenos Aires actual, en la mente del protagonista de Una misma noche saltan como en un resorte, los recuerdos de una noche similar casi cuarenta años atrás, cuando fueron los militares los que buscaban a una subversiva en esa casa y visitaron la suya en busca de información. Los fragmentos de memoria van poco a poco recomponiéndose hasta lograr una reconstrucción más o menos nítida de lo que sucedió entonces y del destino de la muchacha. Como la propia Argentina, que trató de olvidar (menos los más ardientes defensores de la memoria contra la infamia), en el microcosmos espaciotemporal de la narración de Brizuela la verdad de los hechos está cubierta como de una especie de neblina que, al disiparse, deja ver todo el horror legado por la dictadura:

"¿Por qué era tan difícil recordar esa época? ¿Simplemente porque en ella sucedían cosas monstruosas? ¿O porque yo había sido testigo de que cualquiera puede convertirse en un monstruo y eso es intolerable?"

Una mera anécdota, una mera vida trastocada puede ser suficiente para entender los mecanismos de poder de una época. Para muchos la dictadura no acabó, sino que se sigue repitiendo todas las noches en la ausencia e incertidumbre acerca del destino de los seres queridos. El de Brizuela es un libro de evocaciones de un tiempo cuya barbarie es aún hoy negada por algunos de sus responsables. Como explica el autor en una entrevista publicada en la página Culturamas:

" (...) hace poco y por primera vez, después de más de treinta años, Videla admitió que existían los desaparecidos, que era verdad. Durante todo ese tiempo, ha estado negando la evidencia. Responde por su parte a una necesidad de enmascarar las muertes, pero quien responde por esos treinta y cuatro años de tormento e incertidumbre de los familiares. Está claro que todavía queda mucho, más incluso que rabia o rencor. La negación de las desapariciones produjo un daño que se ha ido prolongando hasta nuestros días. No es que esté el pasado, la nada y el presente… No, es todo una misma noche. De ahí el título. Y luego está también la culpa y el pudor por sobrevivir ante aquellos que han perdido a algún familiar. De esa culpa nace el personaje de Diana, con un pudor terrible por haber desaparecido y luego poder volver, de no haber muerto, quizás de no haber sido tan combatiente. La culpa se hace entonces tan terrible como el miedo, la culpa de haber tenido miedo. Todo el mundo tiene vergüenza a la hora de reconocer el miedo."

Una misma noche es una novela corta y muy intensa, que va a dejar un recuerdo perdurable en un lector que quizá no llegue a comprender del todo los mecanismos del terrorismo de Estado, pero sí que va a ser testigo de sus terribles consecuencias."Quizá solo la literatura podía perdonar. La literatura, ese lector futuro."

miércoles, 9 de abril de 2014

LA INVENCIÓN DE MOREL (1940), DE ADOLFO BIOY CASARES Y EL AÑO PASADO EN MARIENBAD (1961), DE ALAIN RESNAIS. BREVE HISTORIA DE UN AMOR ETERNO.

Un hombre llega a una isla aparentemente desierta. En realidad es un fugitivo y no le importa que le hayan contado que una misteriosa enfermedad gobierna ese pequeño territorio. De pronto, una aparición inexplicable: grupos de personas que habitan un edificio. Otro día el edificio parece abandonado. Y otro, una visión aún más perturbadora: una hermosa mujer tomando el Sol. Cuando por fin se decide a tomar contacto, las apariciones no le hacen caso, siguen a lo suyo como si él no existiera. Pero no parecen fantasmas, son reales y conversan sobre temas terrenales. Poco a poco el protagonista se va enamorando de la figura de la mujer, que aparece en días alternos en el mismo punto y con las mismas actitudes. ¿Cuál es el misterio de esa mujer y de la isla entera? Bioy Casares nos va llevando poco a poco por un in crescendo sorpresivo hasta que descubrimos las causas de lo que allí sucede. Y lo hace de manera magistral, haciendo que el lector vaya estableciendo hipótesis, aún sin quererlo, ayudado por la perplejidad del narrador-protagonista. Aunque universalmente reconocida como una de las joyas de la literatura fantástica, Borges, en su prólogo, se decanta por añadir el género policial al fantástico, quizá por la estupenda sensación de intriga que produce su lectura:

"Las ficciones de índole policial (...) refieren hechos misteriosos que luego justifica e ilustra un hecho razonable; Adolfo Bioy Casares, en estas páginas, resuelve con felicidad un problema acaso más difícil. Despliega una Odisea de prodigios que no parecen admitir otra clave que la alucinación o que el símbolo, y plenamente los descifra mediante un solo postulado fantástico pero no sobrenatural."

Hay mucho de Borges en La invención de Morel. Pero también de Robert Louis Stevenson o de Herbert George Wells. A pesar de ello la voz narrativa de Bioy Casares es lo suficientemente poderosa y original como para que estos autores sean, más que influencias directas de su prosa, objeto de homenaje en la trama de la novela. Al final lo que queda es una sensación de extrañeza. Aunque se nos ha dado la solución al enigma, esta solución parece entrañar un enigma aún mayor. ¿Es el amor absoluto lo que da fuerzas a su protagonista para tomar su decisión final? La conclusión moral de este acto, que también la hay, es que anhelamos ser felices, pero preferimos que los demás crean que lo somos. 

La atmósfera de misterio de La invención de Morel se mantiene en El año pasado en Marienbad, que más que una adaptación de la novela, es una película inspirada por esta, pero con la suficiente entidad propia como para ser una obra casi independiente a su fuente de inspiración. En la obra de Resnais la isla se convierte en un elegante palacio, lo que parece ser un hotel de lujo. Por él deambulan una serie de personajes que parecen salidos de un sueño buñuelesco, como atrapados en un extraño bucle temporal. En el edificio y los jardines de El año pasado en Marienbad parece hacerse realidad aquel mito del eterno retorno del que habló Nietzsche, basándose en antiquísimas tradiciones provenientes de Oriente y que también fascinaron a Borges. Las imágenes de la película destilan un aire enfermizo, dominadas claramente por el concepto de anacronía, es decir, de la alteración cronológica de las partes de una historia. Pero es, al igual que en la historia de Bioy, el amor lo que lo domina todo, un amor al que no le importa que el marco temporal y los recuerdos sean confusos. Un amor que está condenado a repetirse por toda la eternidad.