Es evidente que esta influencia permanece en nuestros días en muchos movimientos de izquierda que quieren ser imaginativos y provocadores (aunque la provocación ya no es lo que era) y que deben utilizar las redes sociales para darse a conocer, así como la organización de acciones lo más llamativas posible:
"La revelación de los efectos alienantes del capitalismo, no solo en el plano de la producción, sino también en el del consumo, la crítica de la mercantilización de la cultura en los circuitos de la producción comercial, la denuncia de la consolidación de las estructuras dominantes en el seno de la vida cotidiana, la crítica del activismo tradicional y el énfasis en la dimensión subjetiva de los cambios sociales: todas estas aportaciones que en gran medida fueron obra de los situacionistas se incorporaron después a la reflexión política de los movimientos anticapitalistas. Asimismo, en el plano práctico, las campañas destinadas a alterar el orden público (acciones directas, escándalos, perturbaciones, etc.), el uso del desvío y de una iconografía procedente de la cultura popular, el renacer de la canción subversiva, así como cierta tendencia a la creatividad gráfica y lingüística en las revistas y panfletos, hoy están a la orden del día en la extrema izquierda bajo la influencia del movimiento situacionista."
La paradoja es que, como sucede con tantos movimientos ideológicos, culturales o incluso religiosos, el capitalismo acaba devorándolos, asimilándolos y utilizando posteriormente para sus propios fines. Las ideas de rebelión, de autenticidad, de escape de lo cotidiano fueron recicladas y utilizadas sin complejos por diversas marcas para ofrecer sus productos a un público presuntamente no conformista. Incluso las relaciones laborales se transformaron por influencia del situacionismo. Ahora los trabajadores no deben ser unos meros ejecutores de órdenes, deben ser personas imaginativas, resolutivas y constantemente adaptadas a las nuevas situaciones del mercado, lo cual implica un compromiso más estrecho con su empresa e incluso la posibilidad de cambios constantes en el puesto de trabajo y en la ubicación geográfica del mismo. El libro de Marcolini es un buen resumen, escrito por alguien que simpatiza con el movimiento, pero algo indigesto por su voluntad más teórica que narrativa, quizá por no querer ser excesivamente crítico con una ideología que podía moverse con gran facilidad de lo sublime a lo ridículo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario