La cura de Ana es un relato que podría definirse casi de terror psicológico, pues muestra una comunidad de enfermos de la piel que se organiza como un mundo aparte, con sus propias leyes y sus propias reglas. Países Bajos cuenta la perturbadora historia de un futbolista estrella que, después de una lesión, no vuelve a ser el mismo y termina llevando una vida casi de ermitaño, dedicándose a las prácticas más extremas de prostitución. Club de campo comienza de forma muy original, con las biografías separadas de los protagonistas hasta que los personajes se unen en la misma historia. Por supuesto, no falta en ella un final terrible. Deseo narra la historia de un travesti, del que se dice que hace milagros, desde dos puntos de vista diferentes. El protagonista de Alfredo en cama es otro personaje absolutamente decadente, un músico de jazz de éxito que ha terminado exiliado en su propia habitación recordando su pasado mientras espera un desastre inminente.
Más que relatos convencionales, los de Labatur son relatos atmosféricos, dedicados a narrar la existencia de gente poco común, gente que emprende cambios radicales en sus vidas con propósitos oscuros. Historias que funcionan como un engranaje perfecto para asombrar - y perturbar - al lector y que prometen al gran autor que se va a consagrar en obras posteriores de gran calado. Lo mejor de Labatur, en esta primera aproximación, es que se trata de un escritor con un lenguaje universal y que ha modernizado la herencia clásica de autores como Poe, Borges o Bolaño.

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