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sábado, 21 de marzo de 2026

PERSONAJE SECUNDARIO (2025), DE ENRIQUE MURILLO. LA OSCURA TRASTIENDA DE LA EDICIÓN.

Cuando uno lleva toda una vida como lector, acercarse a un libro como éste resulta toda una revelación, ya que Enrique Murillo no ha sido un cualquiera en el mundo de la edición en España - aunque él insista en calificarse como personaje secundario - sino uno de los personajes más influyentes de los que han pasado por las principales editoriales de nuestro país. Murillo comenzó como lector de manuscritos para Carlos Barral y después de un periodo en Inglaterra, empezó a trabajar en la editorial Anagrama, la empresa que revolucionaría para siempre el sector en España. Antes que nada, después de su paso por el extranjero, el autor ya se había convertido en un hombre escéptico acerca de los niveles de lectura en nuestro país:

"Cada vez que veo los datos de las encuestas de lectura españolas me revuelco de risa y rabio de dolor. Primero, porque esas encuestas no son nada fiables. Y porque, en cualquier caso, cincuenta años más tarde seguimos más o menos igual. Aquí leer se considera «cultura» y lindezas semejantes, en lugar de pasión, entretenimiento y alimento cerebral cotidiano. La gente en España responde a las encuestas lo que cada uno piensa que queda bien. Y leer queda bien. Otra cosa es ponerse a leer un libro. Resulta claro que en nuestro país no se lee prácticamente nada si lo comparamos con lo que ocurre en el Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos o Escandinavia."

Para Anagrama Murillo empezó como traductor externo y terminó siéndolo todo para la editorial, con la paradoja de que jamás fue contratado como empleado por la misma. Fueron años apasionantes en los que se descubrieron autores que luego se convertirían en auténticos clásicos como Javier Marías, Álvaro Pombo o Vila-Matas, mientras se ofrecía a los lectores españoles traducciones de libros que se convertirían en auténticos éxitos, como La conjura de los necios, de Kennedy Toole, Bella del señor, de Albert Cohen o La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe. Si por algo se ha caracterizado la labor de Murillo en el mundo editorial es por su capacidad para descubrir nuevos valores que luego vendían decenas de miles de ejemplares.

Pero su paso por Anagrama, tan excitante, tuvo un lado oscuro. Buena parte de Personaje secundario está dedicado a ofrecer un retrato ciertamente negativo de Jorge Herralde, el fundador de la editorial. Descrito como alguien con muy poca empatía y escasos conocimientos literarios, terminó provocando que Murillo dejara la editorial ante la reiterada negativa de obtener un contrato laboral por parte de la misma. Además, el conflicto con Javier Marías, que discrepaba con las cifras de royalties que cobraba respecto a las ventas de sus libros, provocó que este autor también diera un portazo a Anagrama y terminara publicando en Alfaguara. Estos episodios están descritos con todo detalle. Herralde no volvió a dirigir la palabra a Murillo y - según palabras del autor - siempre temió que se dedicara a quitarle autores de Anagrama desde su trabajo en otras editoriales.

Personaje secundario, que es un libro muy extenso, continua con su paso por grandes grupos editoriales como Plaza & Janés, Alfaguara o Planeta. Pero antes cuenta un episodio muy interesante, referido a su paso por el diario El País y la fundación del famoso suplemento cultural Babelia, que sigue publicándose a día de hoy y sigue siendo una de las referencias en cuanto a crítica cultural de nuestro tiempo, una experiencia agridulce y un tanto surrealista, que reforzó su impresión de que las más altas instancias de los grandes grupos empresariales dedican más tiempo a las intrigas y navajazos internos que a mejorar sus productos escuchando los consejos de los profesionales que trabajan para ellos. También hay episodios muy jugosos referidos a la publicación de los libros de conversaciones del rey y de la reina, que vendieron en su momento cientos de miles de ejemplares o el vergonzoso caso del plagio en la novela firmada (que no escrita) por Ana Rosa Quintana.

En sus últimos años Murillo fundó una editorial de prestigio, Libros del lince, que no tuvo suerte, debido, entre otros factores, al impacto de la pandemia en sus ventas. Pero otras editoriales pequeñas y con vocación de ser prestigiosas sí han conseguido consolidarse frente a los grandes grupos que dominan la edición en España. El Acantilado, Gatopardo, Capitán Swing y muchas otras que han revolucionado el mundo del libro en un país en el que sigue leyéndose poco, pero en el que se lanzan más novedades que nunca. Cualquier interesado en la intrahistoria de la edición en España tiene como lectura obligatoria este Personaje secundario, una autobiografía escrita sin filtros por alguien que seguramente ya está de vuelta de todo y no teme ser criticado por la visión tan realista y cruda - entre otras cosas por la sistemática explotación laboral a la que se somete a numerosos trabajadores - de un mundo que es idealizado por muchos.

domingo, 11 de enero de 2026

UNA HISTORIA DEL KRONEN (2025), DE JOSÉ ÁNGEL MAÑAS. AUTOBIOGRAFÍA GENERACIONAL.

José Ángel Mañas no es, ni mucho menos, el autor de una sola novela, pero sí que es verdad que la primera que publicó, Historias del Kronen le dejó marcado como escritor y jamás pudo superar el éxito de aquel libro. Recuerdo que cuando salió, allá por el año 1994, la adquirí y la devoré en un solo día, estimulado por las numerosas voces que estaban hablando de aquel joven autor que había escrito una novela fresca y descarada que pronto se iba a convertir también en una película de gran éxito. Lo cierto es que Mañas en aquel momento tocó una tecla contra el academicismo y un mundo literario encerrado en sí mismo irrumpiendo con un texto muy polémico que poseía la cualidad de estar escrito por alguien desconocido y que no seguía ninguna regla. Era una novela que retrataba a una juventud salvaje desde dentro en una época en la que salir por la noche y emborracharse (o ir un poco más lejos) era una costumbre sagrada: 

"En el caso de Historias del Kronen, su mayor mérito es su tremendo poder de convicción. En cuatro frases te agarra por el cogote y te mete de lleno en un universo perfectamente reconocible, del que no dudas, con un lenguaje adaptado como un guante —más bien, como una piel— al narrador, al que retrata con enorme precisión. 

Se pueden contar con los dedos de una mano las novelas publicadas en 1994 que tres décadas después sigan vivas en la memoria de los lectores y presentes en librerías. La mía es una de ellas."

Una historia del Kronen es ante todo un libro autobiográfico que analiza, muchas décadas después, cual es el impacto que produce en un escritor haber gozado de las mieles del éxito desde tan temprano y cómo se gestiona una carrera literaria después de eso. Porque quien nos habla en este libro es un escritor ya maduro que conversa con el joven impulsivo que era Mañas en los noventa, un tipo que quiso hacer carrera a partir del Kronen, pero que no pudo encontrar la manera de despegarse de una novela que a la vez fue una bendición y una maldición para él. Las palabras que le dedicó el crítico Germán Gullón serían proféticas: "Tú te morirás y solo quedará el Kronen."

Pero Una historia del Kronen reviste también gran interés para conocer cómo era el mundo de la edición literaria en los noventa y cómo ha ido evolucionando después, cómo la irrupción del libro electrónico supuso un gran impacto, aunque después la creación de numerosas editoriales independientes han dinamizado el sector. Su salida del grupo Planeta y su apuesta por la competencia que suponía en aquel momento Stella Maris le pareció a Mañas una opción estimulante por la carga de libertad que llevaba aparejada, aunque la muerte del promotor de esta nueva editorial lo dejó en una posición muy comprometida, dado que la viuda no quiso seguir con un negocio que contaba con numerosas deudas. 

En los últimos tiempos Mañas ha intentado reciclarse como un buen autor de novelas históricas que cuentan con un volumen de ventas razonable. Quizá con ello ha alcanzado un equilibrio vital que, como cuenta en este libro, siempre le fue esquivo, primero por su impulsividad de joven, que le hacía protagonizar hechos tan llamativos como abandonar un debate literario en un evento de primer nivel porque no se sentía cómodo en el mismo y después por los problemas de salud de su esposa en un contexto en el que no contaban con demasiados medios económicos. En cualquier caso, lo mejor de este nuevo libro de José Ángel Mañas es su honestidad y el reconocimiento de los errores propios, una especie de examen de conciencia tardío en el que expone al lector sus malas decisiones del pasado, que provienen del pecado original de un éxito demasiado temprano. Seguramente, Mañas ya ha aceptado con agrado que quedará en la historia de la literatura de España ante todo como el autor de Historias del Kronen.

lunes, 8 de septiembre de 2025

EL VERANO DE CERVANTES (2025), DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA. MEDITACIONES DEL QUIJOTE.

El Quijote es un libro al que siempre regresar. Contra lo que se dice comúnmente, la primera razón para ello es que se trata de una lectura enormemente entretenida y adictiva. Uno puede volver al espíritu de sus primeros lectores y encontrar en ella una narración cómica en la que se expone el ridículo de que un hidalgo pobre adopte el título de "don" y salga a los caminos como caballero andante con una armadura antigua. Pero el lector del siglo XXI difícilmente va a poder evitar los infinitos estudios e interpretaciones precedentes realizados sobre la novela, muchos de ellos firmados por los escritores más prestigiosos. El Quijote es una novela que ha traspasado fronteras y, en cierta manera, para muchos resume el espíritu español de la búsqueda idealista de una virtud que acaba provocando desastres. Esta novela es también un espejo en el camino de la España de principios del siglo XVII, por lo que también es un reflejo de la vida de Cervantes, describiendo los lugares que ha transitado y los numerosos tipos humanos que se ha encontrado en sus numerosos viajes como recaudador de impuestos de la Corona:

"La imaginación de Cervantes es avasalladoramente narrativa y conversadora. Cervantes posee en grado máximo lo que podría ser el talento específico del novelista: el don de sintetizar reveladoramente las complejidades de lo real y de la mente humana dándoles la forma de ficción narrativa. Todo lo que sucede es significativo y ocupa un lugar relevante, aunque no siempre necesario, en la secuencia de la trama. Todo lo que se dice llega a nosotros o bien a través de un narrador que de vez en cuando toma la palabra para recordarnos su propia existencia, como ese pintor que se incluye a sí mismo en un retrato colectivo, o bien de las voces singulares de los personajes, que siempre son peculiares y muy distintas entre sí, y nunca actúan como portadores de un mensaje del autor (hay dos o tres excepciones a esta norma en El curioso impertinente). No hay reflexiones que no se correspondan con un momento del relato o con el punto de vista o el testimonio particular de un personaje. Un soliloquio se bifurca en diálogo entre varias voces; un diálogo se multiplica desahogadamente en conversación, y entonces las voces se suceden y se yuxtaponen, se alzan las unas sobre las otras, se interpolan, se interrumpen, como las conversaciones desordenadas y vivaces de la realidad."

Como es común en Antonio Muñoz Molina, el autor andaluz incluye experiencias personales (el libro es sobre todo la narración de sus sensaciones en un verano dedicado casi en exclusiva a la lectura del Quijote) y las mezcla sabiamente con la lectura atenta que está llevando a cabo. Y se da cuenta de que los tiempos de su juventud no son tan diferentes a los que narra Cervantes. Cuando él nació España todavía era un país muy atrasado, en el que las labores del campo, también en Úbeda, se llevaban todavía a cabo con métodos tradicionales, sin mecanización, por lo que le son familiares muchas palabras que no le suenan de nada a las nuevas generaciones. Y mientras tanto, ese niño descubría en un desván familiar un ejemplar chamuscado de la novela de Cervantes y empezaba su fascinada primera lectura. Por tanto, El verano de Cervantes no solo homenajea al Quijote, sino también la magia del acto de leer, como una criatura de ficción de se puede hacer real en nuestra imaginación y se convierte en un instrumento para comprender otras realidades ajenas que cuentan con puntos de conexión insospechados con la nuestra.

sábado, 5 de octubre de 2024

LECTOCRACIA (2023), DE JOAQUÍN RODRÍGUEZ. UNA UTOPÍA CÍVICA.

Vivimos en la época en la que el acceso a la lectura es más fácil. Las ediciones impresas se multiplican y los nuevos medios digitales, como el libro electrónico hacen que el poseer miles y miles de libros en el propio hogar haya dejado de ser una utopía. Sin embargo, por mucho que se diga, la lectura sigue sin ser una afición popular entre la mayoría de la gente y muchos de los que se pasan por la librería lo hacen para adquirir alguna novela de evasión cuya lectura no resulte demasiado complicada. Y es que el abrumador número de posibilidades de diversión anula la posibilidad de que una persona dedique algunas horas silenciosas a concentrarse en la lectura de un libro y más si este es un ensayo. 

Joaquín Rodríguez nos recuerda en Lectocracia que los regímenes autoritarios no siempre han prohibido toda clase de lectura, sino que han eliminado unos libros para fomentar otros, aquellos que cimentan la ideología imperante en ese momento. Se fomenta una visión del mundo y se purga todo lo que se oponga a la misma, como sucedió en su momento con el Libro rojo de Mao o Mi lucha, de Hitler:

"Lo más paradójico, a pesar de todo, es que quienes proscriben y calcinan aquello que tienen por impío o inmoral son los verdaderos creyentes en la fuerza de las palabras, en el poder de la literatura, en la pujanza de lo escrito. Su energía sancionadora es equivalente a su convicción en la energía transformadora de los textos. Quizás conviniese aprender de ellos esa sola cosa: que la lectura de un texto tiene la capacidad de transmutar nuestras vidas."

El gran problema de nuestro tiempo, al menos en occidente, no tiene que ver con regímenes que prohiben libros, sino con nuevas formas de lectura digital, en pantallas de móviles u ordenadores que tiende a convertirnos en lectores fragmentarios, incapaces de concentrarse más de un minuto en un determinado texto, puesto que las mentes, sobre todo las de los más jóvenes, están dispersas debido a los numerosos estímulos que constantemente surgen a su alrededor. Esto sucede hasta el punto de que no sabemos exactamente cuantos lectores a la manera tradicional quedan, pero sin duda su número está menguando progresivamente. 

El autor propone una utopía, la lectocracia, en la que el Estado debería fomentar la lectura en serio, en todos los ámbitos ciudadanos, incluyendo la creación de un Ministerio de la lectura y el pensamiento. Una lectura libre y crítica por parte de una sociedad de lectores que sean capaces de oponerse con razones al pensamiento imperante:

"La lectocracia, en resumen, como el decidido empeño por promover una actitud de compromiso cívico crítico, capaz de poner en evidencia nuestras interdependencias y alentar nuestra empatía, con la firme ambición de instruir a seres capaces de levar anclas y hacerse a la vela por sí mismos, como una práctica consciente de que, para no resultar ambigua y maleable, capaz de prestarse a cualquier arreglo, debe permanecer siempre vigilante."

sábado, 7 de septiembre de 2024

MERLÍN (2006), DE GEOFFREY ASHE. HISTORIA Y LEYENDA DE LA INGLATERRA DEL REY ARTURO.

Casi todos los países europeos, dada la antigüedad de sus orígenes, poseen sus mitos fundacionales, esos relatos repletos de hazañas y seres casi mitológicos que hablan al ciudadano de la pureza de la concepción de su nación y otorgan un sentido a la unidad de la misma. La saga de los caballeros del rey Arturo británica es una de las más fascinantes, todo un ciclo tradicional cuya mitología escrita sigue prolongándose hasta nuestros días. Los personajes de estas sagas distan de ser perfectos, aunque sus espíritus rebosen de anhelo de perfección y la mayoría de sus acciones sean un ejemplo para el lector.

Lo verdaderamente curioso del personaje Merlín - a los que algunos encuentran indicios de basarse en algún personaje histórico - es la interpretación contradictoria que distintos autores hacen de su naturaleza, aunque lo verdaderamente importante es su papel trascendental en el ascenso del rey Arturo y la creación de esa utopía llamada Camelot. A Geoffrey Ashe le interesan sobre todo los aspectos filológicos de esta mitología y su libro es una auténtica recopilación de las fuentes que han relatado la historia de Merlín y el rey Arturo, desde las más remotas a novelas del siglo XX.: 

"Merlín es un enigma. Se trata de uno de los personajes más extraños de la leyenda y la literatura y resulta todavía más enigmático cuando se tiene en cuenta que no hay ningún otro como él, nadie con quien compararlo o clasificarlo. Merlín cambia de forma y desaparece sin más. Lo que siempre se suele decir de él, el punto de partida para cualquier discusión, es que fue el mago de la corte del rey Arturo. Sin embargo, esta apreciación no debería ser más que una anécdota en la vida del mago, ya que su asociación con Arturo, al menos en la forma en la que más nos resulta familiar, es más breve de lo que cualquiera podría imaginar."

sábado, 14 de octubre de 2023

EL RUIDO DE UNA ÉPOCA (2023), DE ARIANA HARWICZ. CENSURAS DE NUESTRO SIGLO.

Vivimos en una época en la que los trabajadores se autoexplotan y los escritores se autocensuran. Ariana Harwicz ha escrito un ensayo para reivindicar la libertad del autor frente a la pesada dictadura de lo políticamente correcto. Hoy muchos creen equivocadamente que la literatura tiene que tener una función social, de reivindicación y de lucha. Pero la literatura es algo más grande, es un panel en el blanco en el que el autor debería poder expresarse cómo crea más conveniente y provocar, si eso es necesario, al lector, sin que éste tenga que escandalizarse porque esté leyendo algo que confronta sus ideas. 

Este es el siglo de la identidad, denuncia Harwicz. Nada es más importante que sentirse parte de un colectivo y denunciar las presuntas injusticias de la que éste es objeto. Esto lleva a que muchos crean que solo los miembros de estos colectivos puedan escribir sobre los problemas del mismo o a que se reivindique el absurdo de que solo actores de una determinada condición sexual puedan interpretar a ese tipo de personajes:

"Se buscan traductores afrodescedientes para traducir a autores afrodescendientes, no binarios para traducir a no binarios. Esa reducción del ser humano a su condición genital, biológica, de identidad de género, sexual o a su color de piel, es propia del fascismo. Es una clasificación de la que huyeron horrorizados en el siglo xx y que hoy estamos, colaboradores mediante, retomando en el arte. Vaciar el lenguaje de violencia es imposible."

El verdadero escritor es el que escribe sin pensar en las consecuencias, el que es honesto consigo mismo y no teme a la censura de las redes sociales, a esa muerte civil que la masa intenta adjudicar a los que califica de fascistas, es decir, a los que piensan diferente. Lo más penoso de esta realidad es que suelen ser personas que se dicen de izquierdas quienes actúan así, siempre, piensan, en nombre de un bien mayor, en nombre la defensa de los excluidos, de las minorías eternamente oprimidas que necesitan voces que las defiendan. Si esto hubiera sido así siempre, no existiría la historia de la literatura tal y como la conocemos. Ningún autor pasaría el filtro de pureza y perfección que intenta imponerse como sinónimo de calidad. 

En el pasado han existido auténticos genios en la escritura, en la pintura o en la música que fueron reconocidos maltratadores, asesinos o violadores, pero no por eso debemos de dejar de acercarnos y apreciar su obra. El mundo no es perfecto y jamás lo será y el arte debe ser el espacio en el que se refleje dicha imperfección, en el que se describan los males y la suciedad del mundo, no un lugar terapéutico en el que estos se denuncien y se intenten resolver, aunque esta última visión también cabe si no es el única posible. El peligro de caer en el pensamiento único es algo que permanece latente en nuestra sociedad, una realidad que polariza todos los debates y que impide acercar posturas. Y esto se refleja también cada vez más en los libros, unos objetos que, ante todo, deben ser vehículos de libertad radical, si no queremos volver a experimentar épocas más oscuras que se creían más que superadas.

sábado, 15 de abril de 2023

RIALTO, 11 (2019), DE BELÉN RUBIANO. NAUFRAGIO Y PECIOS DE UNA LIBRERÍA.

Este es un libro autobiográfico y muy singular. Aunque podría estar escrito desde el dolor y el resentimiento, la autora ha adoptado un estilo irónico y humorístico capaz de hacer que el lector no pueda dejarlo hasta llegar a la última página, que es el mejor elogio que se le puede dedicar a una narración. Rialto, 11 cuenta la historia de un sueño, el sueño de la autora de tener su propio negocio en forma de librería, algo que le diera para poder vivir humildemente y de cómo ese sueño quedó destruido a los pocos años, a pesar de los esfuerzos por mantenerlo a flote.

La narración de Rubiano comienza con sus primeros contactos con la literatura, con las limitadas posibilidades que le ofrecía Marchena, su localidad natal. Sus primeros viajes a la capital le hiceron enamorarse de esas grandes librerías que ofrecen a sus clientes un mundo ilimitado de posibilidades lectoras y logró entrar como empleada en una muy conocida cadena de librerías de Sevilla - las librerías Beta - ya desaparecidas, como tantas otras. Esta primera experiencia le hará ver que sus ideas románticas de cómo llevar ese negocio estaban bastante fuera de la realidad y que al final el trabajo tiene más que ver con la rutina y el cansancio físico que con el contacto con personas con las mismas inquietudes culturales, aunque afortunadamente también hay algo de eso. La dueña de la cadena de librerías es descrita como una persona decantada más hacia las inquietudes meramente mercantiles que a las culturales. El libro es un producto como otro cualquiera y lo importante es vender cuántos más mejor, sin importar la calidad del mismo.

Cuando concibió el proyecto de abrir su propia librería la autora intentó crear algo muy distinto, un lugar pequeño pero cálido, en el que lo importante sería la calidad del producto, más que la cantidad del mismo, en el que la librera fuera una especie de prescriptora que recetara lo más conveniente para cada lector-cliente. Con muchas dificultades y pidiendo varios préstamos, logró inaugurar un local frente a Escuelas Pías, en pleno centro de Sevilla. Desde el principio, su negocio estuvo tocado por la mala suerte, por una falta de ventas permanente, aunque poco a poco supo ganarse a un puñado de clientes fieles que lo iban sosteniendo. La autora también narra las tragicómicas visitas de ciertas personas singulares, de otras que se aprovecharon de ella para pedir favores e incluso de ladrones. El optimismo del principio se va transformando poco a poco en un espíritu de resistencia que al final tuvo que quebrar ante la evidencia, sobre todo con la llegada a Sevilla de dos gigantes como la Fnac y La Casa del Libro. Rubiano fue invitada a la inauguración de esta última y tuvo que escuchar de labios de la Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía estas palabras inmortales: "Por fin los andaluces no tendremos que coger el AVE para ir a comprar libros".

Riato, 11 es la crónica de la lucha de David contra Goliat, una lucha perdida de antemano, pero de la que la autora al menos sacó una experiencia enriquecedora y un libro magnífico y, aunque muchas de sus páginas desmitifiquen el negocio soñado por muchos, que tiene más que ver con facturas, pedidos y descuadre de cuentas que con lecturas reposadas e interesantes tertulias con clientes, no deja de tener algo de apostolado cultural, lo que lo ennoblece:

"Todo eso sucedió. Me coloqué en una librería, monté la mía, la cerré, terminé de pagarla con sus intereses de demora algunos años después y aún la añoro, pero mereció la pena. Se anhela lo que nunca se ha tenido y se añora lo que se tuvo y se perdió. Hay tanta buena suerte en todos los rincones del verbo añorar que si la juventud no está para arruinarte por pagar su uso, no sé para qué otra cosa puede valer. De verdad que no."

miércoles, 14 de diciembre de 2022

EL MINISTERIO DE LA VERDAD (2021), DE DORIAN LYNSKEY. UNA BIOGRAFÍA DEL 1984 DE GEORGE ORWELL.

Dejo aquí enlace a la última reseña que he publicado en El placer de la lectura, uno de los mejores libros que he leído últimamente y que está dedicado a contar la historia de la concepción y el impacto causado por una de las novelas más influyentes de la historia, 1984, de George Orwell:

https://elplacerdelalectura.com/2022/12/el-ministerio-de-la-verdad-una-biografia-del-1984-de-george-orwell-de-dorian-lynskey.html

sábado, 29 de octubre de 2022

EL INFINITO EN UN JUNCO (2019), DE IRENE VALLEJO. LA INVENCIÓN DE LOS LIBROS EN EL MUNDO ANTIGUO.

Contra todo pronóstico, este inspirador ensayo de Irene Vallejo se ha convertido en uno de los libros más vendidos en nuestro país. Su principal secreto reside en que no se trata de una obra de estilo académico o erudito, sino que está escrita con un lenguaje accesible para cualquier lector, lo cual no quiere decir que no sea una obra rigurosa. Después de todo Vallejo quiere contar una historia fabulosa, la historia milagrosa de cómo ha sido posible que nos hayan llegado escritos de hace milenios, aunque muchos otros se hayan ido perdiendo tristemente en la noche de los tiempos. El libro siempre ha sido un instrumento frágil, sometido a la degradación del material del que estaba hecho, sobre todo en la Antigüedad, además de a la posibilidad de ser víctima de incendios o destrucción por parte de la autoridad. Hay que tener en cuenta que las palabras pueden ser un instrumento contra el poder establecido, por lo que lo normal es que su contenido, sobre todo el de los más difundidos, fuera sometido a control.

La historia de la Biblioteca de Alejandría, tantas veces contada, no deja de producir asombro. Esa idea de reunir todos los escritos procedentes de los más lejanos rincones del mundo conocido y que a la vez el edificio fuera un centro de conocimiento donde vivían sabios mantenidos por la dinastía de los Ptolomeos y que desde allí se copiaran libros para otras bibliotecas estimula cualquier imaginación. ¿Cuántos escritos valiosos se perdieron con su decadencia? Un papiro podía alcanzar, como mucho, la vida útil de unos doscientos años. Si no se copiaba en ese periodo de tiempo, su contenido se perdería, por lo que cuantas más copias se hicieran de un libro y mejor se guardaran estas, más posibilidades han tenido de llegar hasta nosotros. Muchos iban cayendo por el camino, sobre todo a partir de la caída de Roma y la destrucción de las bibliotecas públicas construidas en la mayoría de las ciudades. Solo a partir de la invención de la imprenta se contó con un método de multiplicación de los libros rápido y barato, lo cual contribuyó inmensamente a la difusión de nuevas ideas que desembocaron en la Ilustración y en la Revolucion francesa:

"Los libros nos han legado algunas ocurrencias de nuestros antepasados que no han envejecido del todo mal: la igualdad de los seres humanos, la posibilidad de elegir a nuestros dirigentes, la intuición de que tal vez los niños estén mejor en la escuela que trabajando, la voluntad de usar —⁠y mermar⁠— el erario público para cuidar a los enfermos, los ancianos y los débiles. Todos estos inventos fueron hallazgos de los antiguos, esos que llamamos clásicos, y llegaron hasta nosotros por un camino incierto. Sin los libros, las mejores cosas de nuestro mundo se habrían esfumado en el olvido."

Como dijo en una ocasión Borges, el libro es un instrumento perfecto, que no necesita más modificaciones (aunque en cierto modo el invento del ebook también ha sido revolucionario en cuanto a cuestiones de espacio de almacenamiento) y es una extensión de nuestra memoria e imaginación. Si hoy es tan sencillo el acceso a prácticamente cualquier título, hay que imaginar lo que supondría hace siglos, cuando conseguir un determinado libro exigía tener contactos o mucho dinero. El infinito en un junco cuenta con delicadeza y maestría una historia muy humana, derivada de la curiosidad de nuestros ancestros y de la necesidad de guardar el conocimiento de los antepasados para que el frágil hilo de comunicación entre generaciones de escritores no se rompa nunca. Aunque se haya convertido en una actividad cotidiana, la lectura del ensayo de Irene Vallejo nos despierta el sentido de la maravilla respecto a esa conversación que establecemos con gente muy remota cada vez que abrimos un clásico. 

sábado, 30 de julio de 2022

LA MIRADA QUIETA (DE PÉREZ GALDÓS) (2022), MARIO VARGAS LLOSA. LA ESENCIA DEL ESCRITOR.

Cuenta Vargas Llosa en el prólogo que él aprovechó el confinamiento provocado por la pandemia de coronavirus para leer, prácticamente entera, la obra de Benito Pérez Galdós, un escritor que sigue suscitando polémicas acerca de su calidad literaria, pero que sin duda es uno de los grandes de nuestra literatura y no solo por ser el autor de Fortunata y Jacinta, sino por haberse elevado como el gran cronista de la historia, vida y costumbres de los españoles en el siglo XIX. Porque Galdós posaba su mirada sobre todas las clases sociales y era capaz de retratar con la misma maestría a ricos y a pobres, a funcionarios cesantes, a prestamistas, a presidentes del gobierno y a los mendigos que piden a la puerta de las iglesias. Su extensísima obra es una crónica fascinante de nuestra agitada historia y de quienes lo padecen, un río que fluye muy caudaloso, pero del que solo podemos contemplar la superficie:

"Todo novelista ha sentido escribiendo una novela que, si desarrollara los cabos sueltos de la historia que está contando, ésta se prolongaría sin término: sería la novela de las novelas, todas las historias estarían imbricadas unas en otras hasta el infinito. Porque en una novela que concluye hay una supresión brutal de algo que, continuado hasta la extenuación, sería la novela de las novelas, una historia que abarcaría todas las historias. Balzac es el escritor del siglo XIX que más se acercó a la tentación de esa locura sin término, y, en España, sin ninguna duda, Benito Pérez Galdós."

Bien es cierto que, después de un brillante prólogo en el que Vargas Llosa fija, según su criterio, el verdadero valor de Galdós como escritor, el resto del ensayo se compone del análisis de la entera producción de novelas y obras de teatro del autor canario. Esto puede hacerse pesado para algunos lectores, sobre todo a los que no se hayan acercado todavía a la narrativa de Galdós, puesto que Vargas Llosa no tiene reparo en destripar el argumento de cada una de ellas a la hora de valorarlas. Resulta interesante, eso sí, que tenga reparos a la hora de emitir sus juicios: cuando una obra no le gusta expone sus razonamientos de experto para justificarse. Mejor es la parte dedicada al análisis de los Episodios Nacionales, ya que que aquí habla de ellos como un conjunto bien planificado de narraciones que estudian el devenir histórico de la España contemporánea a Galdós.

Después de leer La mirada quieta, a uno se le queda un regusto amargo, pues esperaba encontrar algo parecido a lo que el autor de La ciudad y los perros hizo con Flaubert en La orgía perpetua, pero se queda en un mero resumen bien escrito de la vida y obra de Pérez Galdós, pero muy descafeinado, quizá porque su publicación ha podido ser algo precipitada. 

martes, 11 de mayo de 2021

CÓMO LEER Y POR QUÉ (2000), DE HAROLD BLOOM. APOTEOSIS DE LA LITERATURA.

La lectura es una actividad solitaria. Puede que después podamos comentar el libro que acabamos de leer con alguien o incluso, los más afortunados, en el seno de su club de lectura. Pero mientras pasamos los ojos por las palabras escritas en el interior del volumen que sostenemos con nuestras manos, somos nosotros en solitario los que emprendemos el viaje que nos propone el texto, los que sentimos placer o nos aburrimos soberanamente y los que sacamos provecho de la sabiduría de las páginas a las que acabamos de acercarnos. En este sentido muchos pueden considerar pasar horas leyendo como una manifestación de egoísmo, pues mientras lo hacemos no atendemos a los demás, desaparecemos del mundo físico para entrar en uno espiritual que a veces nos encandila más que el cotidiano. Afortunadamente pocos llegan al extremo de don Quijote, que transformó su existencia para acomodarla a sus fantasías literarias. La mayoría de los grandes lectores que conozco son la gente más lúcida a la que tengo el placer de tratar. Lo más habitual es trasladar las enseñanzas de los libros a la vida. Así se construye el progreso, tanto individual como social:

"Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad porque, al menos según mi experiencia, es el más saludable desde un punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con la alteridad y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional."

Al igual que ya hizo en El canon occidental, Bloom selecciona en Cómo leer y por qué ejemplo señeros de la historia de la literatura, esos libros que, según decía Italo Calvino, nunca dejan de decir lo que tienen que decir. Harold Bloom fue uno de los grandes sabios de nuestro tiempo y eso lo captamos enseguida a través de la apabullante erudición que despliega en cada uno de sus capítulos, aunque sin resultar jamás pedante. Aunque lo hace desde un punto de vista académico, se nota que la ambición del crítico estadounidense es transmitir su entusiasmo por la literatura, comenzando por su veneración a Shakespeare un autor que condensa toda la sabiduría de lo que significa ser humano. Según Bloom, Cervantes es el único autor que puede estar a su altura. Como lector, recibo nuevas interpretaciones de algunas de mis obras favoritas: Don Quijote, Hamlet, Crimen y castigo y La montaña mágica y estímulos para emprender la tarea de acercarme a otras - la tarea de lector jamás tiene una meta - que me esperan desde hace años, incluyendo la poesía, mi gran asignatura pendiente. 

miércoles, 24 de febrero de 2021

ENSAYOS (1928-1949), DE GEORGE ORWELL. EL INTELECTUAL VISIONARIO.

Resulta indudable que George Orwell es uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX, un hombre visionario que sigue presente incluso en nuestro lenguaje cotidiano a través del término orwelliano, una palabra muy apropiada para designar ciertos aspectos de las sociedades de nuestra época. Orwell nació cuando todavía el Imperio Británico se encontraba en su momento álgido y murió en plena Guerra Fría, cuando las potencias mundiales indiscutibles habían pasado a ser Estados Unidos y la Unión Soviética, mientras que Inglaterra intentaba sanar las heridas de una victoria altamente costosa. Si algo caracterizaba a la escritura del autor de 1984 es su honestidad, su afán por decir la verdad, rectificando lo que fuera necesario respecto a sus creencias más arraigadas en el pasado.

Porque, entre otras cosas, encontramos en estos Ensayos una evidente evolución en el pensamiento de su autor, siendo un punto de inflexión muy importante su participación en nuestra Guerra Civil. El hecho de ser testigo en primera línea de la brutal represión contra el POUM, partido en el que militaba le hizo contemplar la triste realidad de los ideales por los que estaba jugándose la vida. Para él, el hecho de que el Partido Comunista se aliara con el gobierno para destruir los presuntos avances revolucionarios conseguidos en 1936 resultó la mayor de las traiciones, una guerra civil dentro de la principal que apenas fue reportada en los periódicos de la época. Aquí se cimentó una de las grandes obsesiones de Orwell: la posibilidad, por parte de los gobiernos totalitarios, de escribir la Historia a su antojo, según sus intereses. Y no solo eso, además se guardaban la posibilidad de reescribirla cuando fuera conveniente. El inmenso experimento social que construyó el totalitarismo era capaz de convencer a una población de millones de habitantes de que el enemigo hasta ayer pasaba a ser un fiel enemigo, para volver a convertirse en el peor de los adversarios unos años más tarde.

Por eso Orwell fue un firme defensor durante toda su trayectoria de la libertad de prensa, de esa capacidad de los medios de comunicación de los intelectuales de decirle a la gente lo que no quiere oír, aunque dicho mensaje estuviera en contra del pensamiento predominante, una libertad frágil, siempre en peligro, que debe ser continuamente salvaguardada de sus enemigos: los totalitarismos, los populismos y los impulsores de lo políticamente correcto. A falta de libertad de prensa, las mentiras pueden volverse fácilmente verdades, amparadas por el discurso oficial y la gente puede dejar de sacar conclusiones obvias respecto a lo que tiene delante de los ojos. Como se ha probado en tantas ocasiones, manipular a la opinión pública no requiere de demasiada sofisticación. En su ensayo Recuerdos de la guerra de España, escrito en pleno conflicto mundial, el autor va hilvanando el armazón del que será su novela más famosa:

"El objetivo tácito de este modo de pensar es un mundo de pesadilla en el que el líder máximo, o bien la camarilla dirigente, controle no sólo el futuro, sino incluso el pasado. Si sobre tal o cual acontecimiento el líder dictamina que «jamás tuvo lugar»… pues bien: no tuvo lugar jamás. Si dice que dos más dos son cinco, así tendrá que ser. Esta posibilidad me atemoriza mucho más que las bombas. Y conste que, tras nuestras experiencias de los últimos años, una declaración así no puede hacerse frívolamente."

Evidentemente, también hay que contar entre los enemigos de la libertad a los nacionalismos, cuyos militantes tienen la capacidad, no solo de engañar a los demás, sino también de engañarse a sí mismos, tropezando con la misma piedra cuantas veces sea preciso:

"El nacionalista no sigue el elemental principio de aliarse con el más fuerte. Por el contrario, una vez elegido el bando, se autoconvence de que este es el más fuerte, y es capaz de aferrarse a esa creencia incluso cuando los hechos lo contradicen abrumadoramente. El nacionalismo es sed de poder mitigada con autoengaño. Todo nacionalista es capaz de incurrir en la falsedad más flagrante, pero, al ser consciente de que está al servicio de algo más grande que él mismo, también tiene la certeza inquebrantable de estar en lo cierto."

Por eso las palabras son importantes y es fundamental el análisis constante y crítico de los discursos de nuestros dirigentes políticos, aunque hoy, al menos en nuestro país, hayan cambiado en gran parte el combate dialéctico y de ideas por unas alocuciones en tono populista y sin apenas sustancia, incluyendo la práctica de no responder a las preguntas de los periodistas y de convertir al Parlamento en una especie de patio de colegio. Orwell nos enseña que también los discursos vacíos son peligrosos, puesto que pueden enmascarar intenciones ocultas que no se exponen directamente ante el público. Un público, por otra parte, al que se le va anulando progresivamente su sentido crítico a base de crear polémicas artificiales que sirven como cortina de humo para evitar el debate de los auténticos problemas que afectan al ciudadano en su vida cotidiana. 

En estos Ensayos de Orwell podemos contemplar la evolución de su pensamiento hasta una civilizada reivindicación de la socialdemocracia como alternativa al comunismo y al capitalismo salvaje y sin reglas. Pero el intelectual británico no habla solo de política. Orwell es también un fino analista social, sobre todo de la vida cotidiana de sus compatriotas y además es un excelente crítico literario, que me ha hecho conocer a autores a los que pienso leer en breve, como George Gissing. En cualquier caso, llama la atención el hecho de que es crítico y desmitificador respecto a su propio trabajo: los intelectuales también son seres humanos y están sujetos a los mismos errores y tentaciones que el resto de la humanidad:

"Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos. En el fondo de su ser, sus motivaciones siguen siendo un misterio. Escribir un libro es un combate horroroso y agotador, como si fuese un brote prolongado de una dolorosa enfermedad. Nadie emprendería jamás semejante empeño si no le impulsara una suerte de demonio al cual no puede resistirse ni tampoco tratar de entender. Por todo cuanto uno sabe, ese demonio es sencillamente el mismo instinto que hace a un niño llorar para llamar la atención. Y, sin embargo, también es cierto que no se puede escribir nada legible a menos que uno aspire a una anulación constante de la propia personalidad. La buena prosa es como el cristal de una ventana. No sé decir con certeza cuáles de mis motivaciones son las más poderosas, pero sí sé cuáles merecen seguirse sin rechistar. Al repasar mi obra, veo que de manera invariable, cuando he carecido de un objetivo político, he escrito libros exánimes, y me han traicionado en general los pasajes grandilocuentes, las frases sin sentido, los epítetos y los disparates."

sábado, 21 de septiembre de 2019

LA LUZ DE LOS LEJANOS FAROS (2017), DE CARLOS GARCÍA GUAL. UNA DEFENSA APASIONADA DE LAS HUMANIDADES.

Nuestra época parece diseñada para cualquier cosa excepto para el sosiego. Apabullados por la infinita cantidad de mensajes y estímulos cada vez más cortos, intrascendentes y olvidables. Ya casi nadie se acerca a libros que exijan un cierto esfuerzo, una cierta concentración y mucho menos si éstos son los clásicos de Grecia y Roma, aquellos textos que configuraron nuestro idioma, nuestras costumbres y nuestras sociedades. Estos libros, que sirven para conversar con grandes hombres, que nunca acaban de decirnos todo lo que tienen que decirnos por mucho que los leamos, están casi proscritos. Y no porque sea difícil acceder a ellos. Al contrario, cualquier biblioteca o cualquier búsqueda en internet nos hace encontrarlos sin esfuerzo, pero tienen tanto con lo que competir que su presencia es casi invisible, así que lo primero que hace el profesor García Gual es lamentarse de esa realidad:

"Es indudable que la lectura —esa lectura lenta que reclamaba Nietzsche para los grandes textos, pero también la lectura sin más excusa que el placer de conversar con los grandes escritores, y abrir nuestro horizonte emotivo y mental— está en claro declive en la sociedad de nuestros días, esa sociedad tan «líquida», tan «unidimensional», tan desdeñosa del pasado y orientada hacia otros medios técnicos y masivos de comunicación e información, y dominada por el consumo desenfrenado y continuo de imágenes y noticias audiovisuales."

La Universidad también se ha apuntado a este carro utilitarista. En una situación económica en la que cada vez resulta más complicado encontrar un empleo estable, tiene cierta lógica que la formación se vaya orientando cada vez más a las demandas de las empresas y se vayan dejando de lado los estudios humanísticos, considerados frecuentemente poco rentables y fuente de frustraciones para sus alumnos, porque con ellos difícilmente se van a ganar la vida en el futuro. Todo esto nos empobrece como sociedad. Dar de lado a las enseñanzas de los que nos precedieron afecta gravemente a nuestra comprensión crítica del mundo. Se está criando a una generación de especialistas en un solo campo, que apenas tienen interés en ver más allá de su propia especialización.

Pero la mejor invitación a leer los clásicos no se basa en la erudición que pueden proporcionar, sino en el mero placer que provoca acercarse a ellos, en descubrir cómo el conocimiento y los mitos que nos rodean tienen sus orígenes muchos siglos atrás. Ya lo dijo Borges:

"Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones, o el largo tiempo, han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos, y capaz de interpretaciones sin término."

lunes, 20 de agosto de 2018

LIBRERÍAS (2013), DE JORGE CARRIÓN. LUGARES DE PERDICIÓN.

Las librerías son templos laicos consagrados al saber. Pero no, no son eso, o no son solo eso. Son lugares impregnados de una magia especial donde un lector puede sentirse como en el propio hogar. Los que somos viciosos de la lectura buscamos siempre, incluso de manera inconsciente, dónde están situadas las librerías principales de las ciudades a las que viajamos. Así, yo me he hecho visitante habitual de la librería Verbo de Sevilla, de Picasso en Granada, de la Casa del Libro de Córdoba o Luces en Málaga. Cuando puedo ir por Madrid no puedo dejar de pasar por la Central de Callao, entre otras muchas. Por supuesto, me gustan los establecimientos grandes y espaciosos, donde pueda moverme a mis anchas y sin ser observado, donde incluso pueda sentarme un rato a ojear un volumen sin que nadie me lo reproche e incluso salir con las manos vacías si nada ha llamado mi atención. También me gustan los establecimientos ocultos, que aparecen de las maneras más inesperadas, como la gran nave repleta de libros de saldo que oculta un pueblo del extrarradio de Granada. Por eso estoy de acuerdo en cómo expresa el autor estos sentimientos:

"(...) la librería como templo donde se albergan ídolos, objetos de culto, como almacén de fetiches eróticos, fuente de placer. La librería como iglesia parcialmente desacralizada y convertida en sex shop. Porque la librería se nutre de una energía objetual que seduce por acumulación, por abundancia de oferta, por dificultad de definir la demanda, que se concreta cuando se encuentra al fin el objeto que excita, que reclama una compra urgente y una posible lectura posterior." 

Librerías está dedicado a describir el más noble de los vicios, la más saludable de las enfermedades, el arte de visitar estos establecimientos, aunque el caso de Jorge Carrión es envidiable, porque describe librerías de medio mundo, algunas en lugares tan apetecibles como Buenos Aires o Ciudad de México, en las que seguramente encontraremos una oferta de volúmenes en castellano muy diferente a la ya muy homogeneizada de las que existen en nuestro país. Y ese es el principal problema de una actualidad que solo vive a golpe de novedades y libros más vendidos, hasta el punto de que es difícil encontrar títulos que eran abundantes en las estanterías solo hace un año. Por supuesto, también podría hablarse de bibliotecas, pero en estas magníficas instituciones queda fuera uno de los elementos principales de la placentera ecuación: el fetichismo de la posesión, de la contemplación del volumen y de las anotaciones personales en el mismo.

Si bien las librerías han ganado en espacio y muchas de ellas en espectacularidad, se ha perdido mucha de la diversidad que las hacía atractivas antaño. El último capítulo (el libro es de 2013), está dedicado a analizar superficialmente la presunta amenaza que constituyen los ebooks, que no han hecho descender demasiado las ventas de libros en papel (la crisis económica sí que lo hizo, haciendo además que se cerraran numerosos establecimientos)  ni tampoco creo que hayan logrado enganchar a muchos nuevos lectores, independientemente de la indudable utilidad que tienen estos aparatos para los que ya no nos queda apenas espacio en nuestras bibliotecas particulares. En cualquier caso, espero que las librerías tradicionales no mueran nunca, que sigan siendo el lugar ideal para pasar una tarde de verano o de invierno.

jueves, 7 de diciembre de 2017

MÁSCARAS DE LA FICCIÓN (2002), DE ROMAN GUBERN. PERSONAJE Y MITO.

Desde que el ser humano empezó a poder comunicarse con sus semejantes, sintió la necesidad de contar historias. Y no solo historias en torno a la vida cotidiana, sino que se embarcó en la creación de mitos que explicaran el mundo. Estos mitos engendraron posteriormente a los héroes y toda esta ficción ha llegado hasta nuestros días, con el revestimiento o complejidad que convienen a este tiempo, tan saturado de relatos como sediento de ellos. El renacer de series televisivas, que no son más que sagas que ponen a prueba a unos determinados héroes, temporada tras temporada, no es sino el reflejo de un flujo que nos hace conectar con nuestros antepasados.

El profesor Gubern ha escogido a algunos de los personajes más concocidos de nuestro tiempo, aquellos que se han hecho inmortales, como Drácula, Frankenstein o Sherlock Holmes, para realizar un análisis de cada uno de ellos (como es lógico, fueron creados a la vez que muchos otros personajes, pero estos en concreto poseían algo que los hizo permanecer en el olimpo del reconocimiento colectivo) y dilucidar qué es lo que tocó la fibra sensible del público en cada caso. Porque es cierto que nada hay más democrático que la creación, porque su éxito no viene dado por ninguna fórmula mágica:
 
"Las ficciones no se imponen al público, sino que se proponen, y su destino es la fecundación o la esterilidad. Ni siquiera los mitos patógenos de la ideología del Tercer Reich se impusieron a la sociedad alemana, sino que se propusieron, y ya se vio su resultado. Y lo mismo ocurre con esas sombras incorpóreas que son los protagonistas de nuestras ficciones."

En un libro tan magnífico, existe una sombra: Gubern vuelve a contar todas las historias y puede destrozar las sorpresas a quienes todavía no se hayan acercado a ellas (no es mi caso, se trata de personajes tan fundamentales que ya lo había leído o visto casi todas las propuestas). A pesar de este detalle, párrafos que pueden ser pasados por alto por quienes no estén interesados en ser spoileados por parte del autor, el ensayo conforma un panorama muy completo de aquellos personajes que representan las virtudes y defectos que son capaces de activar nuestras neuronas espejo y emocionarnos profundamente. Al final, todo deriva de los estereotipos que ya se utilizaban en el teatro griego:

"Los protagonistas de las narraciones son artefactos culturales, son personas virtuales que ocupan la cúspide de la jerarquía literaria canónica, formada por tipos, caracteres y personajes, en una escala de creciente individualidad y profundidad. (...) En la cúspide se halla el personaje (del latín personam, máscara del actor), sujeto investido de una fuerte individualidad o singularidad y, muchas veces, fundador de una estirpe de descendientes o variantes de su modelo original. En el teatro griego, una treintena de máscaras permitían representar todos los personajes posibles, sin que su público percibiera limitación o monotonía por ello."

miércoles, 14 de junio de 2017

EL DESCUBRIMIENTO DE ESPAÑA (2016), DE XAVIER ANDREU MIRALLES. MITO ROMÁNTICO E IDENTIDAD NACIONAL.

Durante mucho tiempo a España se la ha identificado con sus tópicos: un país de gente brava y a la vez poco trabajadora, amante de la fiesta y de pasiones a flor de piel. Muchas de estas características han quedado como principal atractivo para muchos visitantes de nuestro país, que lo siguen viendo como un destino diferente dentro de Europa, a pesar de los grandes esfuerzos realizados en los últimos años, lastrados en gran parte por la presencia de una corrupción endémica en las instituciones, que muchos identifican con la vieja picaresca española.

Hasta principios del siglo XIX, España era vista como una nación en perpetua decadencia, un país que no había sido capaz de conservar su inmenso imperio, debido al fanatismo de sus gobernantes y a la inmensa influencia de una religión oscurantista, por lo que al español se le identificaba más con la seriedad que con las ganas de fiesta. Bastó la reacción a la invasión napoleónica para que buena parte de Europa cambiara radicalmente su visión. El español pasó a ser un pueblo ejemplar que luchaba por su libertad, con inferioridad de medios, contra el ejército más poderoso del momento. El hecho de que poco después ese mismo pueblo se dejara mansamente poner las cadenas por parte de Fernando VII no logró conjurar una fascinación que perduraría durante décadas. A partir de entonces comenzó la moda de los viajeros románticos, que veían en nuestro país un destino exótico que todavía conservaba un gran influjo oriental, influencia del pasado islámico. 

La popularidad de estos libros de viaje entre los lectores de Francia y otros países puso las bases de una España repleta de bandoleros, bailaores, toreros, navajeros y damas apasionadas. La rápida extensión de los espectáculos taurinos por todo el país aumentaron aún más si cabe la sensación de exotismo de quienes se aventuraban más allá de los Pirineos, a un país que todavía conservaba ruinas árabes, habitado por gente pobre, pero que sobrellevaba esa condición con grandes dosis de alegría y nobleza. La cosa llegó hasta tal punto que los mismos españoles empezaron a identificarse con todos estos tópicos, a pesar de que para muchos liberales era evidente que una España de charanga y pandereta no era la mejor base para hacer progresar al país, algo que se hizo muy evidente en la literatura de la segunda mitad del siglo XIX.  En este contexto hizo fortuna la frase de Théopile Gautier: "Los españoles no conciben que se trabaje primero para descansar después. Prefieren hacer lo contrario." La cosa llegó hasta tal punto que llegaron a organizarse espectáculos simbólicos, más propios del circo romano que de una nación moderna:

"El 15 de agosto de 1848 el francés Mr. Charles organizó en la plaza de toros de Madrid una lucha de fieras en la que se enfrentaron un toro bravo, de nombre Caramelo, un tigre y un león. Al parecer, el primero ganó sin dejar apenas opciones a sus contrincantes. (...) A pesar de las protestas que esto generó, la victoria de Caramelo levantó una ovación delirante en la plaza y fue celebrada como un triunfo de toda la nación. En el grabado que ilustra un folleto redactado por Eugenio Bahamontes, referido a este acontecimiento, Caramelo aparece sentado en un trono mientras ondea con su diestra una bandera española en la que se lee "VIVA ESPAÑA". A sus pies, rindiéndole pleitesía y ofreciéndole su corona, hinca su rodilla un león cariacontecido por la pérdida de su imperio en el reino animal."

Es evidente que estos tópicos forjaron la idea de atraso secular de España, cuyos habitantes habían sido capaces en el pasado de colonizar todo un continente. Nuestra construcción nacional vino lastrada por estos motivos, por una fama de pueblo indomable, diferente y, a la postre, incapaz de subirse al carro del progreso. El libro de Miralles es una investigación muy reveladora en este sentido, una lectura ágil y a la vez erudita, imprescindible para entender un aspecto muy importante de nuestra intrahistoria.

martes, 28 de junio de 2016

ALOCUCIÓN AL PUEBLO DE FUENTE VAQUEROS (1931), DE FEDERICO GARCÍA LORCA. MEDIO PAN Y UN LIBRO.

Visitar la casa natal de García Lorca en Fuente Vaqueros es casi como penetrar en un lugar sagrado, el hogar donde vivió sus años de formación, los más felices, un genio de la literatura que acabó trágicamente convertido en un símbolo. Porque el asesinato de un hombre bueno, un escritor cercano al pueblo en la cumbre de su talento es uno de esos crímenes que siguen presentes en el imaginario colectivo. Contemplar una foto de Lorca, admirar esa mirada intensa, significa también pensar en un final terrible y tremendamente injusto. Pero, por supuesto, nos quedan sus obras, y no solo las literarias. Entre otras muchas cosas, el autor de Yerma jamás renegó de sus raíces y mantuvo su vinculación con su pueblo natal. La más sólida prueba de ello es esta Alocución, pronunciada con motivo - la más solemne de las ocasiones, a mi juicio - de la inauguración de una Biblioteca.

El discurso de Lorca está dirigido a gente sencilla, gente que, aunque no lo sepa, necesita de la cultura como del pan cotidiano. Nos encontramos en los primeros meses de vida de la Segunda República y el panorama es muy ilusionante. Muchos intelectuales vuelcan sus esfuerzos en apuntalarla. Saben que una de las claves de su supervivencia es la instrucción de las clases más desfavorecidas y en este sentido es clave facilitar el acceso a los libros, un objeto de lujo en muchos puntos de España. Lorca aparece como un escritor entusiasmado en su papel de padrino de la nueva Biblioteca. Sus palabras son sencillas, abiertas al entendimiento de todos, pero muy profundas. Revelan una cierta obsesión - en el mejor sentido de la palabra - por difundir ese amor por la lectura que tantas insospechadas puertas puede abrir en cualquier individuo, puesto que "cada uno sacará del libro lo que pueda, que siempre le será provechoso y para algunos absolutamente salvador".

Las palabras del escritor granadino siguen teniendo plena vigencia en una España actual en la que los índices de lectura siguen siendo ridículos respecto a los de los países de nuestro entorno y en la que la difusión de la cultura es la última de las preocupaciones de nuestros dirigentes políticos:

"No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social."

Y otra de las claves del discurso: después de haber realizado una extraordinaria síntesis de la historia del libro y de lo que ha significado ésta para la Humanidad, pronuncia la parte más optimista de la conferencia, la que apela al triunfo de la cultura contra sus enemigos. Quizá si hubiera sabido lo que iba a sucederle a él y a buena parte del país - y por ende a una de las mejores generaciones de escritores de la historia de España - quizá hubiera cargado más las tintas contra la intolerancia. En cualquier caso es un goce que las palabras de Lorca, en plena misión pedagógica a sus propios vecinos, mantengan su enorme poder de convicción, el que siempre emana de las verdades más evidentes, las que deben ser defendidas con mayor celo:

"Los libros han sido perseguidos por toda clase de Estados y por toda clase de religiones, pero eso no significa nada en comparación de lo que han sido amados. Porque si un príncipe oriental fanático quema la Biblioteca de Alejandría, en cambio Alejandro de Macedonia manda construir una caja riquísima de esmaltes y pedrerías para conservar la Ilíada de Homero; y los árabes cordobeses fabrican la maravilla del Mirahb de su Mezquita para guardar en él un Corán que había pertenecido al califa Omar. Y pese a quien pese, las bibliotecas inundan el mundo y las vemos hasta en las calles y al aire libre de los jardines de las ciudades."

jueves, 7 de abril de 2016

UN INSTANTE DE SILENCIO EN EL PAREDÓN (1998), DE IMRE KERTÉSZ. EL HOLOCAUSTO COMO CULTURA.

Poco a poco van desapareciendo los testigos del Holocausto. Los pocos que quedan son ya octogenarios, que vivieron la pesadilla siendo niños. A pesar de haberse realizado una labor muy importante de recogida de testimonios, a través de diversas fuentes, la muerte de los protagonistas siempre es un hecho lamentable, porque son historia viva que pueden enseñar muchas cosas a las nuevas generaciones, sobre todo en el caso de un escritor como Imre Kertész, ganador del premio Nobel y narrador insobornable de la experiencia íntima del infierno, sobre todo a través de su novela más emblemática, Sin destino, una narración autobiográfica que expone los hechos de manera muy cruda, sin apenas insertar opiniones personales ni elementos de juicio, puesto que adopta su punto de vista de la época: el de un adolescente que se ve arrastrado por la Historia sin comprender muy bien lo que está sucediendo.

Un instante de silencio en el paredón es un libro muy distinto, una reflexión profunda de lo que ha significado el Holocausto para la conciencia europea. Y lo hace desde el punto de vista de un testigo ya maduro y que ha tenido mucho tiempo para dedicarse a la introspección, para aprovechar, como él mismo dice, un exilio voluntario a su mundo singular y sacar sus propias conclusiones acerca de un pasado que es capaz de enlazar con un presente que todavía no se ha reconciliado del todo con aquel. Si bien para muchos europeos Auschwitz es más una especie de símbolo que una espantosa realidad que funcionaba a pleno rendimiento hace algunas décadas. Por mucho que la literatura y el cine nos lo hayan mostrado, su representación nada tiene que ver con la realidad de quien tuvo que soportar una estancia en el campo de exterminio. La palabra no basta. La imagen tampoco. Solo la experiencia de quienes tienen que arrastrar este trauma por el resto de sus vidas. Y lo peor de todo es que Auschwitz no es una anomalía, sino una perfecta materialización de una parte del espíritu humano:

"Nuestra mitología moderna empieza con un gigantesco punto negativo: Dios creó el mundo y el ser humano creó Auschwitz."

Y lo peor que podemos hacer es olvidarlo. La cicatriz sobre Europa fue demasiado profunda y todavía es capaz de supurar:

"Y veremos, analizando si el holocausto es una cuestión vital para la civilización europea, para la conciencia europea, que lo es, en efecto, porque la misma civilización dentro de cuyo marco fue llevado a cabo debe también reflexionar sobre él: de no ser así, se convertiría en una civilización averiada, en un inválido en estado terminal que se dirige, impotente, hacia la desaparición."

Pero Kertész no se conforma con denunciar el nazismo. A pesar de haber podido huir a los Estados Unidos - cuando fue liberado, contaba con solo dieciseis años, la vida por delante - un impulso le obligó a volver a la devastada Budapest. Allí se convirtió en un paciente observador del día a día de un régimen totalitario, de los intentos de algunos de sus conciudadanos por combatirlo, de la sumisión de muchos y de la pasividad de la mayoría. Para sobrevivir había que convertirse en un engranaje del sistema, llamar poco la atención. Una vez derrotados los regímenes comunistas (el autor dicta estas conferencias en los años noventa), Kertész desconfía, sobre todo cuando la pasión política se convierte en movimientos de masas. Ni siquiera es capaz de esperar algo de los intelectuales: en demasiadas ocasiones se acercan al pesebre del poder o son capaces de adaptarse a la conveniencia del momento. La tentación de entregarse a una ideología puede llegar a ser la tumba de la libertad individual.

Para el premio Nobel húngaro, la única esperanza reside en el saber, en el estudio individual y en formas de memoria colectiva que sean estrictamente respetuosas con la verdad, aunque ésta sea doliente. Un instante de silencio en el paredón recoge las reflexiones de un ser que se siente desarraigado, pero que a la vez es incapaz de dejar de tener esperanza en el hombre.

jueves, 25 de febrero de 2016

EL SECRETO DE LA FAMA (2008), DE GABRIEL ZAID. POSTUREOS LITERARIOS.

Leer a Gabriel Zaid es un auténtico placer, pues es uno de esos raros ensayistas que son capaces de interpretar la realidad que tenemos ante nuestros ojos (la realidad cultural en este caso) y exponernos con una claridad muy lúcida sus conclusiones acerca de la misma. Bajo el título El secreto de la fama, se agrupan una serie de artículos de Zaid en los que trata temas parecidos a los abordados en su libro más famoso, Los demasiados libros. Y es que el individuo enfrentado a la capacidad casi infinita de elegir propia de estos tiempos es siempre un tema fascinante y el autor mexicano sabe tratarlo con las justas dosis de erudición e ironía para que cada uno de sus capítulos resulte una delicia para el lector, sobre todo para quien es ya un veterano en esto de la elección de libros y todo el proceso que conlleva.

Especialmente llamativos resultan capítulos como el titulado Organizados para no leer, que cuenta las veleidades del mundo de la literatura y la edición desde dentro, descrita más bien como una carrera de fondo en busca de fama y dinero que como una noble empresa de difusión cultural. Como lo verdaderamente importante es darse a conocer, autores, editores, críticos y demás protagonistas del mundillo, apenas tienen tiempo de leer. Lo que cuenta es estar presente en las múltiples presentaciones, cócteles y todo tipo de actos de carácter cultural, cuyo eco puede multiplicarse hasta el infinito con la presencia de las nuevas tecnologías. Basta con saber más o menos de qué va el libro que se presenta y poder establecer un diálogo al respecto. La lectura tradicional, reflexiva y en solitario no casa bien con estos tiempos en los que todo se define con esa palabra que se ha puesto tan de moda en los últimos años, el postureo. Posar y hacer ver ante los demás que uno es un ser cultural es mucho más importante que serlo en realidad:

"Algunos monjes creen que la oración sostiene el mundo: que en todo momento, hay cuanto menos un alma piadosa que reza desde el fondo de su corazón, y por eso el mundo no se vuelve nada. Creamos, inocentemente, que si el mundo del libro no se reduce a la circulación de celulosa, es porque nunca falta un lector de verdad."

Como bien sabemos a través de múltiples entrevistas concedidas a celebridades, la fama no es una compañera piadosa, sino exigente y acaparadora de todos los aspectos de la existencia del famoso, empezando por su privacidad. No obstante, siguen existiendo legiones de aspirantes a escritor, actor o modelo que sueñan con ser reconocidos a cada instante, con ese poder de atracción que despierta el reconocimiento del otro. No importa que dicha fama se fundamente en la más absoluta mediocridad, sobre todo cuando hoy la notoriedad puede fundamentarse simplemente en la nada más absoluta: se es célebre porque se aparece en los medios y se aparece en los medios porque se es célebre. Si bien los antiguos recomendaban huir de los excesos en todos los campos y optar por el justo medio, la palabra mediocridad se usa hoy en otro sentido mucho más peyorativo. Lo curioso es que las críticas al famoso, tan inanes como el personaje mismo, no hacen más que engradecerlo, porque el objetivo es que hablen de uno, aunque sea bien. Desde que Eróstrato quemó el templo de Artemisa en Éfeso para conseguir una fama (que no gloria) inmortal, muchos son los que han soñado con imitarlo, quizá no con actos tan radicales, pero tampoco mucho más meritorios.

En cualquier caso, y volviendo a la literatura, Zaid dedica otro magistral capítulo, Obras tontamente completas, a la obsesión contemporánea por acaparar, por conservarlo todo, que puede llegar a extremos ridículos cuando se publican obras inéditas de autores fallecidos con una calidad ínfima y que hubieran hecho mejor servicio a la humanidad quedándose en el cajón del que nunca debieron salir. Nuestro tiempo es limitado, sin embargo la posibilidad de acceder a infinitos libros, artículos, entrevistas, películas y todo tipo de productos culturales nos otorga una especie de sensación de poder voluptuoso, como si por poseer algo adquiriésemos automáticamente la presunta sabiduría que posee el objeto (material o virtual). El autor mexicano recomienda más bien la virtud de saber escoger, e incluso de volver continuamente a las mismas obras, a aquellas que nunca van a terminar de decirnos todo lo que nos tienen que decir. El descubrimiento siempre es tentador y lanzarse en el océano de lo desconocido resulta muy estimulante, pero la cruda realidad es que, si no se poseen unas criterios muy concretos y personales, podemos acabar naufragando en un mar de infinitas posibilidades. Y aprender a diferenciar el trigo de la paja - con los errores y dificultades que esto conlleva - es una de las virtudes más valiosas que puede atesorar un buen lector, aunque jamás llegue a conocer sino un ínfimo porcentaje de todo lo que es digno de ser leído:  

"Sería fantástico que la tecnología de hoy hubiese conservado toda la cultura desde la prehistoria. En las obras completas de la humanidad, no faltaría ninguna de las maravillas hoy perdidas. Pero lo más fantástico de todo sería localizarlas, entre millones de toneladas de basura. (...) En el archivo de Babel, las obras valiosas estarían conservadas, pero tan perdidas como si no existieran. Haría falta una eternidad para ponerse a ver todo y descartar, una por una, las infinitas obras que merecen el eterno descanso de seguir perdidas."

miércoles, 24 de febrero de 2016

EL SUPERHOMBRE DE MASAS (1978), DE UMBERTO ECO. LOS HÉROES DE LAS MIL CARAS.

La muerte de Umberto Eco nos deja huérfanos de uno de los apóstoles de la cultura que quedaban en Europa. Eco era un escritor prolífico, pero sobre todo - como Borges - era un lector voraz, de esos que parecen haber arrasado bibliotecas enteras. Pero el sentido de sus lecturas era absolutamente generoso, pues sus novelas y ensayos se veían enriquecidos por una erudición absolutamente maravillosa, que logró llegar al gran público con el éxito que supuso El nombre de la rosa, una narración policiaca que a la vez describía profusamente la vida, ideología y formas de vida en una abadía medieval. A partir de ahí se convirtió en una presencia habitual en los medios de comunicación y él aprovechó su popularidad, como hacen los buenos intelectuales, para intentar estimular el sentido de la maravilla de la lectura en aquellos que no se acercan habitualmente a los libros, aunque sus auténticos devotos eran precisamente los lectores habituales, aquellos que lo admiraban y lo envidiaban: un hombre que se pasaba la vida rodeado de volúmenes de todas las épocas, que sabía extraerles todo su jugo y que no hacía ascos a géneros más populares, como el cómic o la novela de kiosko.

Precisamente El superhombre de masas es una recopilación de ensayos en torno a las novelas populares que empezaron a generalizarse en el siglo XIX, aquellas que iban dirigidas a la gente común y que pretendían estimular sus emociones para que se sintieran identificados con sus protagonistas y - por supuesto - quedaran prendados de los personajes y no pudieran pasar sin comprar la siguiente entrega. Antes de la llegada de la televisión y de la radio, este género era la única vía de escape de millones de vidas duras y grises. Identificarse, aunque solo fuera por unas horas, con seres tan especiales como D´artagnan o cualquiera de las criaturas de Dickens significaba una desconexión con lo cotidiano. Y en este sentido, estas narraciones funcionaban como mecanismos de relojería:

"La química no falla. Y como existe también una química de las emociones, y uno de los compuestos que, según una tradición muy antigua, suscitan emociones es una intriga bien trabada; cuando una intriga está bien trabada, suscitará las emociones que se había propuesto tener como efecto. Después (...) siempre podremos criticarnos por haberlas sentido, o criticarlas tachándolas de repelentes, o criticar las intenciones con las que ha sido montado el mecanismo que las ha provocado. Pero ese es otro cantar. Una intriga bien urdida produce alegría, terror, piedad, risa o llanto."

La novela popular tiende a dejar al lector en paz consigo mismo, en mostrar que el mundo puede ser un lugar peligroso y revuelto, pero siempre existen héroes que devuelven las aguas a su cauce. Esto no suele suceder con la novela más seria e intelectual, que suele dejar en quienes se acercan a ella un poso de desasosiego, un bagaje con más preguntas que respuestas. Si bien en la narración destinada al gran público caben las sorpresas, estas suelen ser tópicas e integradas dentro del esquema repetido con el que se suelen construir estas tramas. Cuando se da con la tecla de lo que le gusta a la mayoría de la gente (y hoy día vemos esto en nuestras salas de cine) las variantes sobre una misma sinopsis suelen llevar al mismo resultado:

"El placer de la narración (...) es proporcionado por una vuelta a lo ya conocido, regreso cíclico que se verifica en el seno de la propia obra narrativa, como en el seno de toda una serie de obras narrativas, mediante un juego de referencias y complicidades de una novela a otra."

Mención especial en un volumen tan singular como El superhombre de masas, que da continuidad en cierta manera a los argumentos expuestos anteriormente en Apocalípticos e integrados, es el extenso capítulo dedicado a las novelas que Ian Fleming dedicó a James Bond, un mito capaz de sobrevivir al paso del tiempo y adaptarse al gusto del público década tras década. En el análisis de Eco se vislumbra un gran amor por el personaje, de cuyas novelas extrae un argumento repetitivo, pero siempre efectivo. Que Bond siga alimentando en nuestros días las más inconfesables fantasías masculinas y femeninas dice mucho de nuestros esquemas mentales básicos, que resisten impertubables a nuevas modas y tecnologías. Las tesis que plasmó Joseph Campbell en El héroe de las mil caras, siguen tan vigentes como en siglos anteriores.