martes, 28 de febrero de 2012

EL CORONEL CHABERT (1835), DE HONORÉ DE BALZAC. DE ENTRE LOS MUERTOS.


Balzac nunca deja de sorprenderme, al igual que Galdós y Zola, que forman una trío de escritores decimonónicos por los que siento una especial debilidad. Balzac es un observador innato del mundo, un registrador de caracteres psicológicos y un cronista verídico de la realidad de su tiempo. Pero no se conformaba con eso, sino que era capaz de crear personajes casi tan complejos como los seres humanos que habitamos la realidad. Uno de los más recordados es este Coronel Chabert (novela de la que se ha realizado alguna versión cinematográfica), el soldado de Napoleón al que, creyendosele muerto en la batalla de Eylau de un mandoble en la cabeza, se entierra en una fosa común. El pobre Chabert logra salir dificultosamente de su muerte en vida, pero más provechoso le hubiera sido quedarse en su atestada tumba, puesto que el resto de su existencia va a ser un auténtico infierno.

El coronel Chabert, dado por muerto por los seres que le aprecian, vuelve después de algunos años de existencia errante a un mundo que ya no le pertenece, al París de la Restauración, donde el ejército de Napoleón no es más que un recuerdo, glorioso para unos, enojoso para otros y un oficial que reclama su antigua vida no es más que un estorbo, un insignificante obstáculo en la rueda de los acontecimientos. Además Chabert ha vuelto andrajoso y miserable. Su mujer (casada con otro) se niega a reconocer a su marido en ese cadáver andante. Toca recurrir a la justicia, a ese despacho en el que en el principal pasatiempo de los pasantes es hacer burla de los clientes.

La pregunta que se hace a sí mismo el protagonista tiene mucho de filosófica: "¿hacen mal los muertos en volver?". Los muertos como incordio para los vivos, como recordatorio de un pasado caduco al que no quieren regresar los que están bien instalados en el presente. Pobre Chabert, símbolo de una Francia que se veía a sí misma como heroica, y de la que, pocos años después, nadie quiere saber nada.

EL PROTEGIDO (2000), DE M. NIGHT SHYAMALAN. HÉROE POR ACCIDENTE.


Durante muchos años fui devoto del cómic de superhéroes. Se ha dicho repetidas veces que la historieta es la puerta de entrada para mucha gente al mundo de los libros, pero estos cómics aportaban también otra clase de valores: al principio muchos se consagraban simplemente a glosar la lucha del bien contra el mal, ambos plenamente reconocibles, pero con el paso del tiempo les llegó la mayoría de edad (no siempre) y los argumentos se hicieron un poco más adultos: el héroe quizá salvaba repetidamente a la ciudad de su destrucción, pero en el camino se dejaba algo tan importante como sus relaciones familiares o su vida conyugal. Además muchos de ellos se planteaban si su mera existencia no era un polo de atracción para sus opuestos, los supervillanos, que a veces distaban de los buenos meramente en su concepción del mundo (como sucede en la política). Recuerdo con mucho cariño diversas etapas de estas historias, realmente malas y repetitivas en muchas ocasiones, pero que a veces acertaban con historias que aún hoy puedo releer con sumo placer: los Cuatro Fantásticos de Lee y Kirby, el Thor de Simonson, los X-Men de Claremont y Byrne, el Batman de Miller, el Spiderman de Romita... No sé exactamente como van ahora las cosas en el mundo de los superhéroes, pero me imagino que habrán envejecido mal en las anticuadas páginas de los cómics books y sus responsables lo apuestan todo en la actualidad a sus espectaculares versiones cinematográficas.

Después del éxito conseguido con "El sexto sentido", a Shyamalan se le presentaba el reto de demostrar que la calidad de su primera película no había sido una casualidad y que podía construirse una carrera sólida como director. "El protegido" es un auténtico homenaje a la mitología contemporánea que representan los cómics-books. Un Bruce Willis muy contenido interpreta a un personaje afectado de tristeza patológica, el único superviviente de un accidente ferroviario con decenas de muertos, del que ha salido intacto. Samuel L. Jackson es la otra cara de la moneda: un hombre con los huesos tan débiles que son casi de cristal y que ha dedicado su vida a estudiar los cómics de superhéroes, estando convencido de que el superviviente es un hombre muy especial, alguien a quien lleva buscando toda su vida...

"El protegido" es puro Shyamalan: narración pausada y contenida, diálogos que van más allá de las palabras, reflexiones acerca del lugar de los personajes en el mundo, mucho suspense y, por supuesto, sorpresa final. Quizá sea esta la historia de superhéroes menos espectacular posible, pero eso posibilita un toque de realismo y humanidad que no es posible en el cine de efectos especiales. Y a destacar el personaje de Samuel L. Jackson. Su actuación puede tener fisuras, pero es fundamental para que la historia sea redonda.

sábado, 25 de febrero de 2012

EL DÍA DE TODAS LAS ALMAS (1998), DE CEES NOOTEBOOM. BERLÍN CONGELADO.



La lectura de esta novela me produce sensaciones contradictorias. Ante todo aprecio enormemente la calidad de la escritura de Nooteboom, un autor holandés que siempre ha tenido una especial vinculación con España. La obra por la que yo lo conocí (aunque no he podido leerla todavía) es un librito de viajes dedicado a nuestro país: "El desvío a Santiago". De hecho, cuando me dieron el libro que nos ocupa hace un mes en la biblioteca, para ser discutido dentro de una semana en el club de lectura, sentí una gran alegría, pues éste es uno de los nombres literarios que siempre suenan, pero al que raramente nos acercamos, ya sea por falta de oportunidad o por olvido.

"El día de todas las almas" nos transporta al Berlín de hace una década, una ciudad en plena transformación que intenta cerrar las enormes cicatrices del pasado, al igual que su protagonista, Arthur Draane, un cámara de documentales neerlandés que ha vivido su propia tragedia personal: su esposa y su hija murieron en un accidente aéreo. Durante gran parte de la narración Arthur pasea por un Berlín invernal, de calles semivacías: una ciudad y un tiempo idóneos para reflexionar: sobre la historia, sobre pasado y presente. Arthur es un nómada voluntario: no tiene domicilio fijo, pero sí que cuenta con buenos amigos en Berlín, con los que mantiene elevadas conversaciones, quizá un poco pedantes. Sus amigos parecen saberlo todo, estar por encima del bien y del mal y posar su mirada sobre los acontecimientos con la condescendencia del diagnosticador infalible. Algunas veces como lector quedo extenuado ante la densidad de palabras e ideas que lanza Nooteboom, que parece hacer avanzar su relato en círculos, más que linealmente. En realidad los acontecimientos de "El día de todas las almas" suceden a varios niveles: en lo material, en lo espiritual y en lo intangible. Por eso los pensamientos de los personajes son aquí casi más importantes que sus acciones.

Una de las muchas reflexiones filosóficas que nos ofrece la novela, casi en su vertiente metafísica, habla de la ciudad como de un ente vivo, de un conjunto de acontecimientos, seres y voces que quedan para siempre formando parte de la misma como una especie de ruido de fondo. Sobre todo en ciudades con una historia tan tormentosa como Berlín, donde los cambios durante el siglo XX han sido tan radicales como sorprendentes. De hecho, durante unos años (todavía cuando fue escrita esta novela) se discutió acerca del "fin de la historia", una teoría que se popularizó con la caída del muro del Berlín y murió con estrépito junto a las torres gemelas de Nueva York.

Mención especial merece la mirada que el autor posa sobre España, a la que retrata como un país caótico, el paraíso de la corrupción y del terrorismo. Precisamente les dejo con un pequeño texto de Nooteboom que se ha publicado en el Babelia de hoy:

"No soy experto en finanzas. He visto como gran parte de la costa española era destruida por el codicioso y sin sentido boom de la construcción. Si los políticos que iniciaron la UE hubieran optado por la unión fiscal, no estaríamos ahora inmersos en este contagioso desastre, pero era demasiado pronto para crear una federación que nadie deseaba realmente. El nacionalismo y el mantra de la soberanía todavía son muy poderosos. Se habla mucho acerca de los mercados, pero deberíamos darnos cuenta de que nosotros mismos, nuestros Estados, nuestros bancos y nuestro fondo de pensiones, son el mercado. Vivimos en democracias, votamos, somos los amos y las víctimas. Solamente el inocente absoluto está exento de culpa."

SEXY BEAST (2001), DE JONATHAN GLAZER. RETIRO DORADO.


Un hombre excesivamente bronceado está tumbado en su hamaca en su casa de la Costa del Sol. De pronto, un ruido le perturba: es una enorme roca que cae en la piscina, a pocos metros de él, provocando un gran estruendo. La vivienda está construida en uno de esos montes terrosos y pelados que tanto proliferan por estas tierras que tanto atraen a los extranjeros que provienen de climas mucho menos benéficos. Pero Gal Dove no es un extranjero cualquiera. Su dinero proviene del crimen y es un hombre con un pasado. El incidente de la roca es una mera anécdota comparado con lo que le espera: la visita sorpresiva de su antiguo compañero de fechorías Don Logan.

Don Logan es Ben Kingsley en un papel con el que se siente como pez en el agua. Es un hombre violento, cuya sola presencia impone un respeto basado en un miedo paralizante. Quiere que Gal le acompañe a Londres para un último trabajo. A Gal se le viene el mundo encima: ya se consideraba retirado definitivamente. No puede permitirse excesivos lujos, pero sí una vida cómoda y placentera, pero el pasado de un criminal siempre acaba llamando a la puerta...

"Sexy Beast" no es sólo un vehículo para el lucimiento de Ben Kingsley (que fue nominado al Oscar por este trabajo), aunque con su presencia, o su mera amenaza cuando se encuentra ausente, la película gane muchos enteros. Menudo actor: capaz de interpretar a Gandhi y a este personaje, los extremos opuestos y capaz de conmover al espectador con sentimientos opuestos con ambos. La trama, aunque tiene algunas deficiencias, está bien resuelta: el film deja la sensación de haber degustado una buena obra de cine negro que bebe de las fuentes más recientes: Tarantino o Scorsese, aunque sin llegar al nivel de éstos.

jueves, 23 de febrero de 2012

BECKET (1964), DE PETER GLENVILLE. IGLESIA Y ESTADO.


Creo recordar que en la serie que Victoria Prego dedicó a la transición española se contaba como anécdota que la televisión emitió esta película en plena polémica con el cardenal Tarancón, que intentaba desligar a la iglesia del moribundo Estado franquista. Como tantas otras cosas en este país, eso sólo se consiguió a medias, puesto que España sigue siendo confesional en muchos aspectos y nadie se atreve a revisar los ventajosos (para el Vaticano) Acuerdos de 1979. De hecho, el gobierno actual no tiene problemas en recortar de todas las partidas presupuestarias posibles, excepto la de dotación económica a la iglesia católica.

Con los grandes clásicos, como la película que nos ocupa, siempre sucede lo mismo: son intemporales y se mantienen tan frescos y vigentes como el año que fueron realizados. Como muchos sabrán, se cuenta la historia de Thomas Becket, que se convirtió en canciller de Inglaterra, a pesar de su origen sajón, por su inteligencia y su amistad con el rey Enrique II, que pretendía que la iglesia de su país se plegara a los intereses del estado. Para conseguirlo, se le ocurrió nombrar a su canciller arzobispo de Canterbury, es decir, jefe de la iglesia. Lo más sorprendente de esta historia verídica, es la transformación operada en Becket cuando se consumó el nombramiento: de repente, el juerguista Becket se transformó en un hombre pío, defensor de los derechos de la iglesia y se enemistó con su rey hasta el punto de poner en peligro la misma supervivencia del estado.

La película refleja de manera magistral estos hechos. Ante todo hay que destacar la perfecta elección de los dos actores principales, que sostienen todo el peso de la trama: un Peter O´Toole que acaba de interpretar a Lawrence de Arabia nos hace totalmente creible a un Enrique II apasionado por el poder y a la vez temeroso y lleno de furia por la traición de su amigo. Por otra parte, un contenido Richard Burton sale airoso en el difícil papel de Becket, un hombre dividido entre la lealtad a su rey y a Dios, en el que se opera un gran cambio al llegar a la mitad del metraje. Becket al final se convirtió en un santo todavía venerado. Seguramente es a él a quien recurren los responsables de la iglesia española para conseguir sus cuantiosas prebendas.

Muchas de las escenas del film parecen concebidas directamente para el teatro, pero están realizadas con un gran lujo de medios y una perfecta ambientación, logrando que el espectador se sienta atrapado durante dos horas y media por unos diálogos llenos de fuerza, acerca de problemas que en realidad son intemporales. Que "My fair lady" se impusiera ese año a esta película, es una de las grandes injusticias de la historia de los Oscars.

lunes, 20 de febrero de 2012

LA VIRGEN DE LOS SICARIOS (1994), DE FERNANDO VALLEJO. CIUDAD DE VIDA Y MUERTE.


Deslumbrado me he quedado con este primer acercamiento a la obra del colombiano (o mexicano mejor dicho) Fernando Vallejo, que retrata de forma implacable su ciudad natal en un momento particularmente triste de su historia. El Medellín de los noventa era quizá el lugar más peligroso del planeta, donde se producían numerosos asesinatos diarios con la más escandalosa impunidad. La rivalidad de los clanes de la droga popularizaron la práctica que inició Pablo Escobar: contratar a los llamados sicarios, adolescentes casi niños criados en los peores barrios de la ciudad para encargarse de los ajustes de cuentas. Vallejo cuenta todo esto con un lenguaje irónico, pero que destila autenticidad y que no puede evitar estremecer al lector que pasea junto a Vallejo por las calles de Medellín gracias a sus acertadas descripciones de lugares y gentes. También recomiendo fervientemente la adaptación cinematográfica llevada a cabo por Barbet Schroeder, modélica en todos sus aspectos. Aquí el artículo:

AVENTURAS DE ARTHUR GORDON PYM (1838), DE EDGAR ALLAN POE. EL ESPEJO DEL MAR.


Leí esta novela por primera vez en la época en la que devoraba a Julio Verne, por lo que su temática me atrajo desde el primer momento. Sabía que Poe era escritor de relatos de terror, pero lo que encontré aquí me pareció un Verne pasado por el tamiz de lo siniestro. El protagonista narraba en primera persona sus aventuras, que a mis ojos eran un conjunto de desgracias a cual más despiadada. El muchacho era atraído por la promesa de aventuras que le ofrecía el mar y se embarcaba, con la complicidad de un amigo, en un barco como polizón, sin sospechar lo que le espera.

Ya desde el principio advertimos el gusto de Poe por los espacios cerrados y asfixiantes, por el terror de ser enterrado en vida. La bodega del barco, un peligroso laberinto de fletes y cajas va a ser el primer hábitat de Arthur, mientras en el exterior, sin que él lo sepa, se desarrolla un motín. Los mejores momentos del libro se dan con la descripción de los padecimientos de los supervivientes en un barco a la deriva sin agua, comida ni provisión alguna, unos capítulos que logran angustiar al lector casi tanto como a sus personajes, a los que se fustiga hasta el punto de hacerles creer que van a ser rescatados, cuando en realidad se cruzan con un auténtico barco fantasma...

La última parte de la novela abunda más en lo fantástico y en cierto modo podría estar firmada por el Joseph Conrad de "El corazón de las tinieblas", al que seguramente influyó esta novela. Los marineros se alejan cada vez más de la civilización y entran en contacto con un pueblo primitivo que no es lo que parece. Como curiosidad decir que en Nantucket, importante puerto ballenero, también comienza el viaje de la tripulación que intenta capturar a Moby Dick en la novela de Herman Melville. Además, esta novela influyó tanto en Julio Verne (sus descripciones de los estados del mar, de los aparejos de navegación, de latitudes y longitudes) que escribió una continuación, "La esfinge de los hielos", que algún día leeré y comentaré por aquí.

A mi parecer, la novela se mantiene tan perturbadora como la primera vez que la leí. Si acaso, está un poco descompensada en algunas partes, demasiado prolijas en descripciones, pero este es un defecto menor en un clásico incontestable.

EL SALARIO DEL MIEDO (1953), DE HENRI-GEORGES CLOUZOT. RUTA SUICIDA.


Hay ocasiones en las que uno se pone a visionar una película con buenas expectativas y estas se van acrecentando minuto a minuto hasta que se convierte en una de tus favoritas. Esto me ha sucedido con esta maravillosa producción franco-italiana, basada en una novela francesa del mismo nombre.

"El salario del miedo" nos presenta a un grupo de occidentales atrapados sin dinero en un país hispanoamericano (presumiblemente México) donde imperan el aburrimiento y la pobreza. La única esperanza de mejorar la vida es ser llamado por la compañía estadounidense que explota los cercanos pozos petrolíferos y que son los auténticos amos de la región, haciendo y deshaciendo a su antojo, hasta el punto de que no tienen que rendir cuentas a nadie por las muertes que se produzcan en su explotación. Un auténtico Estado dentro del Estado, objeto de deseo para las almas perdidas que deambulan por un pueblo polvoriento y dejado de la mano de Dios.

Tras un primer tercio que sirve para conocer a los personajes, se presenta la situación que deben afrontar: la empresa está dispuesta a pagarles dos mil dólares si son capaces de transportar dos camiones repletos de nitroglicerina a través de una carretera que se encuentra en un estado deplorable. Aceptar el encargo es enfrentarse a una muerte casi segura, pero aún así la desesperación, la oportunidad de empezar de nuevo en otro país pueden con el miedo. ¿O no? Una vez que comienza la ruta, cuando la muerte está sobrevolando a cada metro, es cuando surge el verdadero espíritu de estos hombres.

Realmente al espectador no se le da respiro, puesto que Clouzot sabe transmitir una tensión constante, como si de otro Hitchcock se tratara. Pocas películas habrá que con tan pocos medios consigan un resultado tan redondo. Es imposible terminar de verla y no sentir un inmenso desasosiego, porque lo que nos han contado es perfectamente verosímil: la desesperación, la falta de expectativas llevan al hombre a arriesgar la vida si es necesario para tratar de encontrar una salida. Estos hombres esforzados, sudorosos y llenos de miedo son la expresión más auténtica de la tragedia de los perdedores de este mundo.

jueves, 16 de febrero de 2012

MORTAL Y ROSA (1975), DE FRANCISCO UMBRAL. LA HABITACIÓN DEL HIJO.


Nunca le presté demasiada atención a la producción literaria de Umbral, quizá porque Umbral como personaje me caía bastante mal. Leía sus artículos allá por los años noventa, pero no era capaz de sacarles toda su sustancia. Ahora me doy cuenta de mi error, con la lectura de esta magistral obra, que me ha hecho mirar al autor con otros ojos. Seguiré recuperando el tiempo perdido y leyendo obras de Umbral. Aquí el artículo:

CABALLO DE BATALLA (2011), DE STEVEN SPIELBERG. SALVAR AL CABALLO JOEY.


No entré muy esperanzado cuando entré a la sala para ver esta nueva recreación bélica de Steven Spielberg. El hecho de que la película estuviera basada en un libro juvenil me hacía sospechar que en esta ocasión el gran director estadounidense edulcoraría en demasía su mensaje, pero no imaginaba hasta que punto. "Caballo de batalla" es un film que quiere ser tan emocionante y desgarrador que al final acaba naufragando.

La película nos lleva a los bellos paisajes de la Inglaterra rural, donde Albert, un muchacho, entabla una relación muy especial con un caballo que ha comprado su padre, un bebedor compulsivo que combatió en las guerras imperiales británicas. A la llegada de la Primera Guerra Mundial, el caballo será adquirido por el ejército. Todavía en 1914 existía una concepción casi napoleónica de la guerra. De hecho, se pensaba que la contienda duraría pocas semanas y el caballo se concebía como el mejor medio de ataque rápido y contundente. En este sentido, la escena de la carga de caballería contra un nido de ametralladoras alemán resulta muy ilustrativa de lo que iba a convertirse la guerra a partir de entonces: las armas defensivas serían las predominantes y el frente apenas se movería en los siguentes años.

Cuando Albert acude a la llamada de la patria en las postrimerías de la guerra, el frente se ha convertido desde hace mucho tiempo en un dédalo de trincheras y alambre de espino jalonado de ratas y cadáveres, donde las bajas diarias se cuentan por miles y los soldados se enfrentan a armas tan crueles como los gases asfixiantes. Es en estas escenas, en el último tercio de la película, donde sale a ratos a relucir el mejor Spielberg, porque la historia de este caballo que enamora a todo el que se le acerca es bastante infumable. De hecho, en la primera parte de la película, la relación entre el muchacho y el caballo es tan aburrida y previsible que se me cerraban los ojos, algo que muy raramente me ha sucedido en una sala de cine. Ni siquiera los toques preciosistas a lo John Ford daban brío a una historia que sólo se levanta (aunque tampoco del todo) con la llegada de la contienda. Una oportunidad perdida de retratar una de las guerras más crueles de la historia.

martes, 14 de febrero de 2012

PYONGYANG (2003), DE GUY DELISLE. EL PAÍS DEL JUCHE.


Hace unas semanas veía en televisión que entrevistaban a un extraño personaje. Se autodefinía como el representante en España y Europa de la República Popular Democrática de Corea y vestía un traje estilo Mao. Se trata del español Alejandro Cao de Benós, que un fervor digno de la mejor causa, defendía el régimen norcoreano como el más avanzado socialmente del mundo y denunciaba las mentiras de la prensa occidental al respecto. Cualquier persona con un mínimo sentido común sólo tiene que observar las muestras de dolor forzadas y desmesuradas que se daban en la población ante la muerte del líder Kim Jong Il para comprender la manipulación constante a la que se somete a la entera población del país. Pero para comprender este fenómeno en toda su dimensión, lo mejor es leer este maravilloso cómic de Guy Delisle.

Delisle fue destinado a Pyongyang, la capital de Corea del Norte por un par de meses para controlar el trabajo de los animadores (la industria del dibujo animado también se deslocaliza) locales. Se encontró con un país que parecía vivir en otra realidad: las calles estaban llenas de gente que parecía tener mucha prisa. No se veía a nadie paseando o desocupado. El hotel donde le llevaron estaba prácticamente vacío, salvo media planta ocupada por occidentales destinados a aquel país. La imagen del protagonista almorzando en un inmenso restaurante vacío es una de las mejores metáforas de un país que tiene miedo del extranjero, al que sin embargo trata de seducir de una manera ingenua e inocente.

Como si del Gran Hermano orwelliano se tratase (de hecho, Delisle llevaba ese libro en su equipaje), todo el país está vigilado por retratos del gran líder y adornado por sus pensamientos, la única ideología política permitida. A los norcoreanos se les educa desde pequeños en la obediencia y en el servicio absoluto al Estado. Todos reciben un estricto entrenamiento militar, como si la guerra con los odiados Estados Unidos fuera inminente. Además, los norcoreanos carecen de tiempo libre. Toda su jornada está regida por constantes obligaciones, por lo que su manipulación mental es continúa. Nadie protesta, nadie pronuncia la más mínima inconveniencia en contra del régimen. ¿Creen realmente en su sistema político o realizan una enorme farsa colectiva por miedo? Esta es una de las grandes preguntas que se hace Delisle, pero es muy difícil responderla.

La ciudad de Pyongyang no carece de atractivos para el visitante, aunque éstos tengan un carácter más siniestro que turístico. Proliferan los grandes monumentos dedicados a glosar la doctrina del juche (autosuficiencia), es decir, la verdad de las verdades, cuya filosofía se hace creer a los ciudadanos que se estudia en las mejores universidades del mundo. De hecho, en las noches la única iluminación de las calles es la de estos monumentos, dando a la ciudad un aire fantasmagórico. Un ejemplo de los grandes logros del régimen es un edificio gigantesco que domina la urbe, un rascacielos de 105 pisos, sin terminar, concebido para ser el mayor hotel de Asia. Tan enorme estructura, con su carcasa deteriorándose resulta todo un símbolo para un país al que la construcción de esta especie de socialismo estalinista ha llevado a la ruina y a la hambruna.

Todo esto y mucho más es lo que cuenta este cómic, la experiencia personal de su autor en el país más absurdo del mundo. Sus dibujos son engañosamente sencillos, porque una mirada atenta les descubre muchísimos matices y realmente hacen vivir al lector las mismas sensaciones que experimentó él en el paraíso del socialismo, un paraíso que tiene un enorme museo dedicado a los regalos recibidos por su dirigente por parte de líderes de todo el mundo. Quizá se construyó para convencer a la población de que ellos no están aislados del resto del planeta, sino que es el resto del planeta el que camina ciego por no seguir los consejos del juche.

lunes, 13 de febrero de 2012

LAS TRAQUINIAS, DE SÓFOCLES. LA MUERTE DEL HÉROE.


Si bien su presencia en el escenario no se produce hasta el último tercio de la obra, Hércules el protagonista de la misma. Las referencias a él son constantes por parte de su esposa Deyanira, que espera anhelante su regreso. Un primer mensajero le lleva noticias positivas: Hércules está bien y llegará pronto. Pero el segundo mensajero le informa de que el héroe trae con él una nueva amante. Son los celos los que hacen actuar a Deyanira. No se puede considerar culpable a este personaje cuando vierte un filtro en un manto destinado a Hércules. Ella cree que es una poción de amor pero el centauro Neso, para vengarse de Hércules le había engañado y en realidad contiene un poderoso veneno. De nuevo la tragedia, el destino implacable que elige a un instrumento inocente para ejecutar sus planes.

Si algo destaca en esta obra son los lamentos del protagonista cuando está sufriendo la más cruel de las muertes. El héroe que logró las más famosas hazañas del mundo griego es derrotado por un simple manto, por una astucia contra la que nada puede su portentosa fuerza física. Los padecimientos de Hércules le humanizan, y más cuando mantiene una última conversación con su hijo Hilo, en la que le encarga que queme su cuerpo, además de cederle a su nueva amante, como si de una propiedad hereditaria se tratara. La muerte de Hércules es absurda, indigna de su fama. Quizá para compensar, a su muerte los dioses le concedieron quedarse sólo con su naturaleza divina y desechar la humana. Un nuevo dios en el Olimpo.

sábado, 11 de febrero de 2012

MARTÍN EDEN (1909), DE JACK LONDON. EL MUNDO COMO VOLUNTAD Y DECEPCIÓN.


He vuelto a leer esta novela, veinte años después, poseído de nuevo por el extraño influjo que ejerce en mí, sintiendo las mismas emociones que la primera vez. Y es que esta novela de London tiene una magia especial, quizá porque su autor sabía de lo que estaba hablando cuando contó la historia de un joven al que su sed de cultura acaba destruyendo. Pero lo importante no es tanto lo que cuenta, sino como lo cuenta. Para mí es una de las novelas más fascinantes que puedan leerse. Aquí el artículo:

LA PAVOROSA REVOLUCIÓN.


La auténtica revolución de hoy es la de los corruptos que consiguen salir libres y logran que se condene al juez que les imputó, la de los gobernantes que alardean ante sus colegas que su reforma laboral le va a costar una huelga general y la de los ministros, que exhiben la agresividad de la misma, rindiendo pleitesía a los mercados. Es la revolución de los aristócratas, que se sienten distintos ante la ley y se indignan cuando se indaga en sus negocios privados, la de los obispos, que condenan a los que quieren ser funcionarios como gentes que quieren parasitar de lo público, mientras se rasgan las vestiduras si el Estado muestra intención de renegociar los acuerdos con el Vaticano. Pero sobre todo es la revolución de los banqueros, que dictan las agendas de los gobiernos, mientras reciben préstamos de los Estados para comprar deuda que esos Estados han generado para prestarles dinero.

martes, 7 de febrero de 2012

POSTGUERRA, UNA HISTORIA DE EUROPA DESDE 1945 (2006), DE TONY JUDT. HISTORIA VIVA.


Una auténtica maravilla que recomiendo a todo aquel lector que quiera conocer un poco mejor el continente donde vive. Sus mil doscientas páginas pueden asustar a mucha gente, pero lo mejor es empezar a leer y dejarse embriagar por la prosa de Judt, tan precisa y amena y ser seducido por las nuevas perspectivas que presenta a acontecimientos que conocemos solamente de oídas en muchas ocasiones. Yo he aprendido muchísimo durante el mes que he estado compatibilizando este libro con otros. Su lectura ha sido una experiencia sumamente placentera y espero poder tener entre manos pronto otros libros de este historiador que murió de una cruel enfermedad hace un par de años.

Aquí les dejo un fragmento del capítulo titulado "El momento de la socialdemocracia". Ojalá ese momento volviera pronto a Europa:

"En los años de máximo apogeo del Estado de bienestar europeo, cuando el aparato administrativo seguía ejerciendo todavía una autoridad de amplio alcance y su credibilidad se mantenía incólume, se alcanzó un notable consenso. El Estado, según se creía mayoritariamente, siempre lo haría mejor que el mercado no restringido: no sólo en lo tocante a la administración de justicia y defensa del reino, o a la distribución de bienes y servicios, sino en cuanto al diseño y aplicación de estrategias para la cohesión social, el sustento moral y la vitalidad cultural. El concepto de que era mejor dejar dichos aspectos en manos de intereses propios e ilustrados y el funcionamiento de un mercado libre de artículos e ideas era considerado en la mayoría de círculos políticos y académicos europeos como una pintoresca reliquia de los tiempos pre-keynesianos; en el mejor de los casos, la consecuencia de no haber aprendido las lecciones de la Depresión y, en el peor, una invitación al conflicto y un velado llamamiento a los instintos humanos más bajos."

Aquí el artículo:

LOS DESCENDIENTES (2011), DE ALEXANDER PAYNE. ASUNTOS DE FAMILIA.


En los últimos años, asistir a una película en la que esté implicado George Clooney se ha convertido en una apuesta casi segura. Así "Buenas noches y buenas suerte", "Up in the air" o "El americano", son ejemplos de un cine exigente con el espectador, nada complaciente, pues pide una implicación emocional, una respuesta personal acerca de lo que sucede en la pantalla. Además, como sucede con el buen cine, lo visionado no se olvida fácilmente, sino que se sigue recordando durante los días siguientes, como una buena manera, por ejemplo, de compartir los últimos pensamientos del día con la almohada.

Lo mejor que puedo hacer, para quien tenga intención de verla, es desvelar lo mínimo posible del argumento, puesto que los giros en la trama y las revelaciones están bien dosificados y no conviene dar pistas sobre ellos. Digamos que Payne nos presenta a un padre de familia de esos que dan tanta importancia al trabajo que no son capaces de advertir lo que sucede a su alrededor y, un buen día, cuando sucede un acontecimiento excepcional, el mundo se les viene encima.

Nada más comenzar la película, temí que la voz en off de Clooney se convirtiera en omnipresente, pero mis temores no estaban justificados: se usa tan sólo para ponernos en antecedentes y presentarnos Hawai, no como el tópico paraíso que todos esperamos, sino como un lugar más donde la gente disfruta y sufre igual que en todas partes y las familias se aman y se pelean con la misma intensidad, a pesar de vivir a dos pasos de playas con cocoteros y arena blanca. "Los descendientes" es sobre todo eso, una intensa reflexión acerca de las responsabilidades que conlleva formar una familia y un discurso sobre las oportunidades perdidas, sobre el tiempo pasado que nunca vuelve. Un George Clooney magnífico, secundado por buenos actores, sostiene la película, que también es un vehículo para su lucimiento, en un papel que le viene como anillo al dedo. Parece que este año los Oscars van a estar reñidos.

domingo, 5 de febrero de 2012

EL ASESINO HIPOCONDRÍACO (2012), DE JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL. EL HOMBRE TERMINAL.


El autor de esta obra tuvo a bien invitarme personalmente a la presentación de la misma, lo cual acepté de muy buen grado pues, aunque no había leído todavía nada suyo, tenía buenas referencias de la calidad de su obra (cuentos sobre todo), aunque fueran secundarias.

"El asesino hipocondríaco" es su primera novela y lo primero que llama la atención al lector es la audacia y desparpajo que ha aplicado en la creación de su personaje principal, un inolvidable asesino a sueldo cuyos principales rasgos son la moral kantiana que intenta (aunque raramente lo consigue) imprimir a sus acciones y su desbordante hipocondría que le hace ser portador, real o imaginario de un sinfín de enfermedades, algunas de ellas exclusivas de su cuerpo.

M.Y. nos habla en primera persona, dando cuenta de las acciones destinadas a cumplir el que considera su último objetivo antes de morir irremediablemente aplastado por el peso de sus males: matar a un tal Blanstein, por lo que ha recibido la recompensa por adelantado. Mientras sus vanos intentos se producen, el protagonista se equipara a grandes pensadores de la historia que tuvieron (aunque lo suyo es infinitamente peor) vidas desgraciadas y marcadas por la enfermedad: Tolstoi, Voltaire, Poe, Proust, Descartes... y sobre todo al ser que considera como su hermano espiritual en el sufrimiento: Joseph Carey Merrick, el Hombre Elefante, que tan sensiblemente retrató David Lynch en una de sus primeras películas.

Siempre se ha dicho que hacer reír es mucho más complicado que hacer llorar, por eso es doblemente meritorio que en una primera novela el autor malagueño se haya decantado por hacer pasar un buen rato al lector mientras tiene entre manos una narración que no se olvida en ningún momento, a través de una escritura diáfana y sencilla, de la calidad literaria. Además, como aficionado a la literatura, es de agradecer el hecho de que, como sucede con las buenas novelas, este libro me vaya a llevar a otros, puesto que muchos de sus pasajes evocadores de escritores del pasado me han abierto la curiosidad por conocer más profundamente su vida y obra.

El acto de presentación en la librería Luces, en una tarde fría, tuvo muchísima asistencia, tanto que mucha gente tuvo que seguirlo de pie. A destacar el texto que leyó Fernando Iwasaki, una perfecta evocación de la novela, muy enriquecedora. Desde aquí, hay que felicitar al autor, por este estupendo debut en el campo de la novela.

ÁYAX, DE SÓFOCLES. EL HÉROE HUMANIZADO.


Áyax, uno de los grandes héroes griegos que acudieron a la guerra de Troya, se muestra en esta obra como un ser colérico, celoso de Ulises, a quien le han sido concedidas las armas del difunto Aquiles, de quien se estima legítimo poseedor. Su reacción puede parecer desmedida a nuestros ojos: vengarse cruelmente de quienes han sido hasta el momento sus compañeros de lucha. La escena en la que la diosa Atenea transforma unos ganados a los ojos de Áyax en sus nuevos enemigos podría ser perfectamente un precedente de nuestro don Quijote si su resultado no fuera tan dramático para el protagonista: nada hay peor para un guerrero que ser burlado por dos veces.

Les dejo dos fragmentos memorables de esta, la primera obra conocida de Sófocles. El primero es un diálogo entre Ulises y la diosa Atenea acerca de la desconcertante condición humana:

"ULISES: Yo no sé de nadie, pero, con todo ello, no obstante su animadversión, lo compadezco, desdichado, por cuanto que es víctima de un transtorno cruel, en el que no veo en absoluto su condición sino la mía propia. Pues compruebo que nosotros cuantos vivimos no somos otra cosa que apariencias o sombra vana.

ATENEA: Entonces, consciente de que es tan deleznable la condición humana, no digas jamás tú ninguna bravata arrogante a los dioses ni te enorgullezcas porque valgas más que otros por la fuerza de tus brazos o por la inmensidad de tus cuantiosas riquezas, porque un solo día derriba y vuelve a levantar todo asunto humano sin excepción. Los dioses aman a los sensatos y detestan a los malvados."

El segundo, una desesperada reflexión de Áyax acerca de si el conocimiento nos hace más felices:

"La verdad es que ahora tengo que envidiarte esto, el que no te enteras en absoluto de los males presentes, pues la vida más agradable radica en la falta de conocimiento, lo que te durará hasta que empieces a darte cuenta de la alegría y la tristeza."

¿ÁNGEL O DIABLO? (1945), DE OTTO PREMINGER. EN BRAZOS DE LA MUJER FATAL.


Estamos ante todo un clásico del cine negro que absorbe al espectador de principio a fin. Preminger es un director al que todavía no le he encontrado ninguna mala película (por ejemplo, la semiolvidada "El cardenal", me pareció excelente) y este es un ejemplo de guión bien rodado, con economía de medios.

La película retrata el microcosmos de una pequeña ciudad californiana, donde va a parar un buscavidas arruinado, pero que conserva cierto atractivo para las mujeres, recurso que intentará desesperadamente utilizar en su beneficio, no tanto para enriquecerse, sino para conquistar a una desdeñosa camarera que le desprecia (y de qué manera), pero de la que se ha enamorado de la forma más estúpida posible. Él sabe que esa mujer va a ser su perdición, pero aun así se ve capaz de hacer cualquier cosa, legal o ilegal, por ella.

El guión no es perfecto, tiene muchas fisuras si se analiza detenidamente, sobre todo por como se precipitan acontecimientos que normalmente deberían demorarse más en el tiempo (seducciones, enamoramientos, bodas...), pero la forma de rodar de Preminger nos hace olvidarnos de esos pequeños detalles y nos pone el foco enteramente en las acciones internas y externas de los personajes. Y es ahí donde el director nos da una lección de humanidad, como la redención y el perdón son posibles, aun para seres que saben que no los merecen.

miércoles, 1 de febrero de 2012

CLUBES DE LECTURA EN MÁLAGA EN FEBRERO: AL CALOR DE LOS LIBROS.


A pesar del frío imperante (tanto en el clima como en la política) que nos espera este febrero, siempre es posible refugiarse en un lugar cómodo y cálido y aislarse con un libro de todos los males. Este mes sigue habiendo diversas oportunidades de compartir esos momentos con compañeros de viaje en este mar helado.

En la Biblioteca Provincial se sigue leyendo "Atlas de geografía humana", de Almudena Grandes.

En la Biblioteca Cristóbal Cuevas tendremos a un gran autor europeo y europeísta: Cees Nooteboom con "El día de todas las almas". Hacía tiempo que quería acercarme a este escritor y esta es una gran oportunidad.

Y en el ciclo "Literatura y cine", hablaremos sobre "The reader", de Stephen Daldry, basada en la novela de Bernhard Schlink.

En la librería Cincoechegaray, nada menos que "Martín Eden", de Jack London, uno de mis libros favoritos. Tendré que pasarme por allí este mes, puesto que lo elegí yo.

En la Casa del libro, otra propuesta interesante, que conozco por alguna referencia que he leído: "Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea", de Annabel Pitcher.

En la Biblioteca del Arroyo de la Miel, un nuevo clásico imprescindible: "El burlador de Sevilla", de Tirso de Molina.

Y otro acto importante este mes: el escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel presenta su magnífica novela "El asesino hipocondríaco" el viernes en la librería Luces. Aprovecharemos, ya que nos ha invitado, para intentar organizar un club de lectura con él.

Cuando vayan surgiendo novedades, como siempre, en la columna de la derecha. Feliz febrero a todos.

TIRANO BANDERAS (1926), DE RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN. NOVELA DE TIERRA CALIENTE.


Hacía tiempo que iba buscando leer algo de Valle-Inclán. Me iba a decidir por sus Sonatas (cuyas dos primeras leí hace algunos años), pero al final me ha seducido más "Tirano Banderas", una novela con un lenguaje difícil y fascinante, colmado de términos hispanoamericanos, por lo que hay que hacer uso frecuente del glosario del final. Ha sido una lectura lenta y apacible en la que he disfrutado de la maestría del uso de la lengua de este maestro de nuestras letras. Aquí el artículo:

ATRAPADO EN EL TIEMPO (1993), DE HAROLD RAMIS. LA ETERNIDAD Y UN DÍA.


Hay películas que uno recuerda haber visto, seguramente hace ya bastante años, pero cuando vuelve a visionarlas se encuentra con la sorpresa de lo nuevo, del descubrimiento de elementos insospechados que enriquecen los retazos de recuerdos que quedaban de un tiempo indeterminado. Este es el caso de "Atrapado en el tiempo", una película que parece gustar a todo el mundo, incluidos quienes denostan a Bill Murray, que aquí consigue una actuación muy equilibrada, como merece la tormenta de emociones por las que pasa su personaje.

El guión parte de una premisa sencilla: un hombre cínico y malhumorado vuelve a vivir el mismo día (uno de los más espantosos de su amargada vida) una y otra vez. Phil pasa por todos los estados de ánimo posibles en su viaje hacia ninguna parte: miedo, frustración, enfado, euforia, depresión y aceptación. Con la aceptación, después de un infierno de no sabemos cuantos días similares, el personaje quiere darle un sentido a su existencia a través de la ayuda a los demás: evitando las mismas catástrofes todos los días y ayudando a las mismas personas. Es interesante el diálogo que mantiene con el personaje de Andie McDowell, cuando afirma ser un dios inmortal. En cierto sentido lo es, pero recordando más a aquellos inmortales de Borges, a los que pesaba su condición como una maldición. Lo de Phil es aún más grave, pues su tiempo no es lineal, sino circular. Sísifo también sería alguien adecuado para acompañarle.

Pero nos encontramos ante una comedia norteamericana y el final tiene que ser feliz por fuerza: Phil debe aprender la lección y hacerse más humano para redimirse y cancelar su castigo. Aunque el final sea endeble, el resto de la cinta es muy muy interesante, incluso desde un punto de vista filosófico y muy divertida. Es de agradecer que, a pesar de sus evidentes buenas intenciones, en muchas situaciones se otorgue la razón por completo al punto de vista nihilista de Phil, pero la lección esta clara: el mundo no se puede adaptar a tí, tú tienes que esforzarte en adaptarte al mundo.