Mostrando entradas con la etiqueta otto preminger. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta otto preminger. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de septiembre de 2026

CARA DE ÁNGEL (1952), DE OTTO PREMINGER

Frank Jessup, ex combatiente y conductor de ambulancias ambiciona ahorrar para abrir un taller de vehìculos de carreras. Una noche acude a una urgencia en una mansión y conoce a Diane, una joven por la que se siente atraído desde el principio. Diane tiene un carácter ambiguo, es una mujer muy dulce y delicada en la superficie, pero en el fondo es un ser maquiavélico y manipulador. Frank, como hombre cínico y experimentado, lo intuye y aún así se deja llevar por el juego de esta peligrosa mujer. Cara de ángel es uno de los grandes clásicos del cine negro que juega con los tópicos del género. La mujer fatal no es en este caso una chica llamativa, sino alguien que se muestra a sí misma como vulnerable y necesitada de cariño, lo que la hace irresistible para el personaje que interpreta magistralmente Robert Mitchum. Así pues, Cara de ángel es una película que cuida especialmente el retrato de la psicología de sus personajes, destacando también el de la primera novia de Jessup, una mujer que representa la esperanza de una vida normal para éste y que es capaz de contemplar a la autèntica Diane de un solo vistazo, como si la rica heredera fuera alguien transparente ante ella. Sabe que es alguien atormentado por la soledad, pero incapaz de amar de una manera convencional. El final de la película es inolvidable, de esos que quedan para siempre en la retina del espectador, pero conocerlo no excluye la necesidad de nuevos visionados de esta obra cumbre del cine negro que el genio de Preminger supo dotar de un aura especial.

P: 9

sábado, 27 de abril de 2019

EL FACTOR HUMANO (1978), DE GRAHAM GREENE Y DE OTTO PREMINGER (1979).UN TRAIDOR COMO LOS NUESTROS.

Aunque trabaja para el Servicio Secreto británico, Maurice Castle es la antítesis de James Bond. Castle es un gris funcionario que se ocupa de la Sección africana del MI6. Hace años que cumple puntualmente su horario en una oficina, aunque cuenta con un pasado como agente en Sudáfrica. Allí se enamoró de una mujer negra (un delito en aquel territorio) y un agente comunista le ayudó a salir del país. Entonces contrajo una deuda que ha ido pagando poco a poco ofreciendo información a los enemigos de occidente, información que él considera poco significativa.

En un determinado momento, sus superiores detectan una de sus filtraciones y se produce una investigación en su oficina. El sospechoso será un compañero mucho más joven, Davis, que será sacrificado, a pesar de los débiles indicios de su culpabilidad. De pronto, la vida tranquila y rutinaria se había construído Castle salta en pedazos: sabe que es cuestión de tiempo que se descubra al verdadero traidor, por lo que tendrá que tomar una serie de decisiones moralmente discutibles, pero que se ajustan a la lógica del oficio que ha venido desempeñando toda su vida. La ideología por la que se trabaja es algo que se toma más bien con cinismo:

"No creo que el comunismo funcione, a largo plazo, mejor de lo que lo ha hecho el cristianismo, y yo no pertenezco a la especie de los cruzados. ¿Capitalismo o comunismo? Tal vez el mismo Dios sea capitalista. Mientras viva prefiero estar del lado que tiene más probabilidades de ganar. (...) El lado que gane podrá construir mejores hospitales y destinar más dinero a la investigación sobre el cáncer… el día en que se renuncie a todas esas pamplinas atómicas. Entretanto, disfruto con el juego que estamos jugando. Disfruto, sólo disfruto. No finjo ser un entusiasta de Dios ni de Marx. ¡Cuidado con los que tienen fe! No son jugadores dignos de confianza. De todos modos, a uno llega a gustarle que haya un buen jugador al otro lado del tablero… eso aumenta el placer."

Como es costumbre en Graham Greene, la trama de espionaje que es el eje central de la novela no es sino una excusa para plantear un discurso moral, aquel que se refiere a las auténticas lealtades a las que se debe el protagonista - "mi verdadera patria eres tú", llega a decirle su mujer - y el precio que hay que pagar por decisiones tomadas en el pasado. Greene es un desmitificador. Sus espías son seres humanos con problemas familiares o de soledad, gente que solo anhela una vida tranquila y que el enemigo tenga el mismo comportamiento. Se trata de gente que quiere actuar de manera civilizada y que, cuando tiene que ordenar una muerte, quiere que esta se lleve a cabo de la manera más discreta e inocua posible. En realidad Occidente y Moscú luchan por algo muy sencillo: mayores cuotas de influencia y poder en diversos escenarios del mundo.

La adaptación de Preminger, es una traslación casi literal del texto de Greene. Es evidente que se rodó con poco presupuesto y que en esta ocasión el director de Laura no fue capaz de imprimir personalidad propia al film, pero en conjunto resulta una adaptación muy correcta, apuntalada por un buen trabajo de sus actores y funciona muy bien como complemento a la lectura de la novela.

domingo, 5 de febrero de 2012

¿ÁNGEL O DIABLO? (1945), DE OTTO PREMINGER. EN BRAZOS DE LA MUJER FATAL.


Estamos ante todo un clásico del cine negro que absorbe al espectador de principio a fin. Preminger es un director al que todavía no le he encontrado ninguna mala película (por ejemplo, la semiolvidada "El cardenal", me pareció excelente) y este es un ejemplo de guión bien rodado, con economía de medios.

La película retrata el microcosmos de una pequeña ciudad californiana, donde va a parar un buscavidas arruinado, pero que conserva cierto atractivo para las mujeres, recurso que intentará desesperadamente utilizar en su beneficio, no tanto para enriquecerse, sino para conquistar a una desdeñosa camarera que le desprecia (y de qué manera), pero de la que se ha enamorado de la forma más estúpida posible. Él sabe que esa mujer va a ser su perdición, pero aun así se ve capaz de hacer cualquier cosa, legal o ilegal, por ella.

El guión no es perfecto, tiene muchas fisuras si se analiza detenidamente, sobre todo por como se precipitan acontecimientos que normalmente deberían demorarse más en el tiempo (seducciones, enamoramientos, bodas...), pero la forma de rodar de Preminger nos hace olvidarnos de esos pequeños detalles y nos pone el foco enteramente en las acciones internas y externas de los personajes. Y es ahí donde el director nos da una lección de humanidad, como la redención y el perdón son posibles, aun para seres que saben que no los merecen.