domingo, 31 de enero de 2021

EL PROBLEMA DE LOS TRES CUERPOS (2006), DE LIU CIXIN. GUERRA SECRETA.

Una de las especulaciones más clásicas de la literatura de ciencia ficción es la de la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre. Desde las soluciones más catastróficas a las más pacifistas, estas historias tienen todos los ingredientes para estimular la fascinación del lector, sobre todo si la novela comienza en la China Comunista de Mao y termina en la actualidad (esta primera parte), frente a la incertidumbre de una invasión de seres de otro planeta que se producirá dentro de cuatro siglos y medio, con la peculiaridad de que es nuestra tecnología la que ha tomado la iniciativa de comunicarse con ellos. Así lo explica el propio autor en el epílogo:

"El milagro de la ciencia ficción es que puede, en un determinado mundo hipotético, convertir lo que es malvado y oscuro en algo virtuoso y brillante, y viceversa.

Este libro y sus secuelas intentan hacer justamente esto. No obstante, por muchas vueltas que la imaginación consiga darle a la realidad, esta siempre permanece.

Creo que la inteligencia extraterrestre será la mayor fuente de incertidumbre para el futuro de la humanidad. Otros grandes sucesos, como el cambio climático y los desastres ecológicos, tienen una progresión conocida y unos periodos de ajuste, pero el contacto entre la humanidad y los alienígenas puede ocurrir en cualquier momento. Es posible que en diez mil años el cielo estrellado que ven los humanos permanezca silencioso y vacío; pero mañana mismo también podríamos encontrarnos con una nave del tamaño de la Luna aparcada en órbita en torno a nosotros. La aparición de inteligencia extraterrestre forzará a la humanidad a confrontarse finalmente con el Otro. Nunca antes ha conocido a un igual externo. La aparición de este Otro, o el mero conocimiento de su existencia, producirá un impacto absolutamente imprevisible en nuestra civilización."

Porque ha sido desde una base secreta china desde donde se ha establecido contacto. Y la responsable de tal logro, sin precedentes en la historia, es una científica, Ye Wenjie, que cuenta con motivos más que sobrados para odiar al Régimen comunista: su padre fue asesinado de la manera más ignominiosa durante la Revolución Cultural cuando ella era una joven estudiante, así que no le importa universalizar sus sentimientos al resto de la Humanidad, invitando a la raza extraterrestre de los habitantes del planeta Trisolaris a que nos colonicen con el fin de ayudarnos a enderezar el rumbo de nuestro planeta, amenazado desde siempre por guerras y destrucción. 

Respecto a esta premisa, debería suponerse que los extraterrestres, al poseer una tecnología muy superior a la nuestra, serán seres moralmente muy por encima de nosotros, aunque eso se demostrará como una gran falacia: el único interés de los trisolarianos es abandonar su mundo, sometido a una gran inestabilidad climática y geológica debido a la influencia de tres cercanos cuerpos solares y establecerse en un planeta estable. En este sentido, la Tierra se dibuja para ellos como un gran paraíso que hay que conquistar, asegurándose primero que la tecnología humana no avance lo suficiente, en los siglos que faltan para su llegada, como para que seamos capaces de defendernos. Para ello contarán con la ayuda de un numeroso grupo de humanos - formado sobre todo, curiosamente, por miembros de clase social alta - que actuarán como una auténtica quinta columna, facilitando las cosas al futuro invasor.

El problema de los tres cuerpos es una novela muy inteligente, pues sabe jugar muy bien sus cartas en una trama que puede resultar clásica, pero que al final resulta muy original al añadir Cixin numerosos ingredientes científicos, filosóficos y morales a su compleja trama, una trama que puede presentar alguna fisura - la comprensión casi inmediata del lenguaje y las inquietudes de dos culturas tan lejanas - pero que por lo demás resulta bastante verosímil dentro de la propia lógica de la literatura especulativa. En cualquier caso, deja al lector con muchas ganas de acercarse al resto de la trilogía.

sábado, 23 de enero de 2021

TODO FLUYE (1970), DE VASILI GROSSMAN. EXAMEN DE CONCIENCIA.

En un tren que recorre la Unión Soviética en la que acaba de fallecer Stalin viajan varios pasajeros. Juegan a las cartas, conversan entre ellos e intentan disfrutar de la tregua que ofrece el viaje a sus penosas responsabilidades administrativas. Como compañero de vagón encontramos a un viejecito discreto, que apenas habla y parece ensimismado en sus pensamientos. En realidad Iván Grigórievich es el que más tendría que contar a sus compañeros de viaje. Después de pasar una vida en el Gulag, vuelve a su antigua existencia sabiendo que todo lo que conoció en su juventud ha sido destruido o transformado, incluido el amor que dejó atrás. La muerte del tirano ha interrumpido "el gigantesco sistema de entusiasmo mecanizado, de ira y de amor popular decretado por orden de los Comités regionales del Partido", haciendo que la mayoría de la gente se despierte como de una enorme pesadilla.

La aparición repentina de Iván es como la aparición de un fantasma para quienes le conocieron, para los que intentaron adaptarse a las durísimas condiciones del régimen de Stalin mirando hacia otro lado cuando éste emprendía sus arbitrarias detenciones de presuntos disidentes. Se trata de un fantasma incómodo, que les recuerda que no han vivido una vida pura, que tienen mucho que reprocharse, que no han sido capaces de expresar las propias ideas con la valentía y llaneza con las que las expresó Iván en los días de su juventud, un amante de la libertad que está dispuesto a perder la suya durante prácticamente toda su existencia con tal de no traicionarse a sí mismo:

"Por enormes que sean los rascacielos y potentes los cañones, por ilimitado que sea el poder del Estado e imponentes los imperios, todo eso no es más que humo y niebla que desaparecerá. Lo que permanece, se desarrolla y vive es sólo una verdadera fuerza, que consiste en una sola cosa: la libertad. Vivir significa ser un hombre libre. No todo lo real es racional. Todo lo que es inhumano es absurdo e inútil.

A Iván Grigórievich no le sorprendía que la palabra «libertad» estuviese en sus labios cuando, de estudiante, fue a parar a Siberia, que la palabra viviese en él y que ahora tampoco hubiese desaparecido de su cabeza."

Lo cierto es que el anciano Iván Grigórievich llega a la conclusión de que necesita pasar sus últimos años en paz y tranquilidad, por lo que termina alejándose de los escenarios de su juventud cuando advierte que ni siquiera puede reprocharle nada al hombre que le delató, al que llega a encontrarse casualmente. Lo único que le quedan son sus experiencias y a esto se dedica la última parte de Todo fluye. De novela, se transforma en una especie de ensayo, pero este cambio no molesta en absoluto al lector, porque Grossman le otorga un sentido explicativo, una especie de resumen del horroroso sistema de delación y culpa que dominó durante décadas la vida de los rusos, muchas de las cuales fueron a caer en el pozo de los campos de concentración de los que numerosas almas jamás volvían. La culpabilidad y la inocencia eran conceptos relativos. Casi mejor era ser culpable de algo, puesto que muchos inocentes se hundían cuando comprendían que las esperanzas de que algún tribunal revisara su caso eran completamente vanas. Todo fluye carece de la ambición y grandeza de Vida y destino, pero es también una obra maestra, en cuanto que nos hace comprender a la perfección los sentimientos más íntimos de un hombre que fluyen de la inmensa tragedia desencadenada por unos de los regímenes más nocivos que ha conocido la humanidad. 

sábado, 9 de enero de 2021

EL FIN DEL AMOR (2018), DE EVA ILLOUZ. UNA SOCIOLOGÍA DE LAS RELACIONES NEGATIVAS.

 

Si comparamos la vida sentimental del ciudadano medio con la de nuestros equivalentes de hace solo unas décadas, podemos deducir que la diferencia de valores es abismal. La opción casi exclusiva por el matrimonio religioso, por amor y para toda la vida se ha transformado para  muchos en un auge de libertad sexual en un sentido absoluto, de una búsqueda permanente de nuevas experiencias sexuales y amorosas que es fomentada por el nuevo capitalismo tecnológico. Se trata de una revolución equivalente a la que se produjo en las naciones ilustradas a finales del siglo XVIII, cuando empezó a ponerse en cuestión el concepto tradicional de matrimonio - una institución regulada por la conveniencia de las familias de ambos cónyuges - para dar paso a las relaciones basadas exclusivamente en la libre elección amorosa de los individuos, influida por novelas como Julia, o la nueva Eloísa, de Jean-Jacques Rousseau. 

Así pues, en el siglo XXI las relaciones de pareja han pasado a ser un ámbito muy provechoso de la economía de consumo. Si hasta hace un cuarto de siglo las posibilidades de elección se circunscribían prácticamente al ámbito del propio barrio, la propia localidad o los lugares de trabajo, las nuevas aplicaciones informáticas han abierto el campo de elección hasta casi el infinito. El mercado de encuentros sexuales esporádicos entre desconocidos (algo que siempre ha sucedido, pero de manera marginal), se ha convertido en uno de los estímulos más poderosos para la vida emocional de muchas personas. Los tradicionales ritos de cortejo se dejan atrás en favor de la atracción física inmediata que es prácticamente lo único valorable en estos encuentros. Para muchos, esta forma de vida, siempre anhelando nuevas emociones, se acaba transformando en una fastidiosa rutina y se anhelan relaciones más estables. 

Pero establecer un enlace más duradero en el ámbito amoroso no resulta tarea fácil en estas circunstancias. La fácil e inmediata posibilidad de acceder a otras experiencias es una permanente espada de Damocles en muchas relaciones y el divorcio, en la mayoría de los países de occidente es un derecho que apenas establece condiciones para su utilización. Los traumas del pasado, que eran los derivados de tener que soportar relaciones para toda la vida con gente que podía descubrirse como totalmente incompatible con el propio carácter o con auténticos maltratadores físicos y psicológicos, se transforma ahora en el trauma de la ruptura fácil de los vínculos, algo que desgraciadamente también afecta a los hijos. Para muchos es una incertidumbre permanente y angustiante. Para otros, se trata de una garantía de ejercicio de una libertad incontestable, sobre todo en una sociedad que se ha vuelto mucho más exigente y cuyos miembros toleran cada vez menos la más mínima frustración en lo que ellos creen que se merecen. 

El capitalismo se ha hecho rápidamente eco de esta nueva situación y ha abierto nuevos mercados que tratan de empoderar a los consumidores a través de la mejora de sus habilidades y atractivo sexual a través de gimnasios, moda, cosméticos y cirugía estética. El valor absoluto en el nuevo mercado de las relaciones es la belleza física, la capacidad de seducir al otro de la manera más inmediata posible. También todo esto da lugar a relaciones interesadas, en las que el atractivo físico se intercambia por bienes materiales, aunque la diferencia de edad y belleza e incluso inteligencia entre estas parejas sea ostensible. Este testimonio (si se le puede llamar así) de una bloguera se repite como un patrón de deseo, quizá demasiado superficial, en ciertas jóvenes:

"¿Realmente podría ser feliz junto a un hombre con edad como para ser mi padre? ¡Sí, sí y sí! Es que, ¿saben?, para mí eso de estar meticulosamente arreglada y fabulosa a toda hora dista de ser un sacrificio. Amo combinar la ropa que me pongo, hacerme manicuras/pedicuras y, por encima de todo, ir de compras. Amo todas estas cosas con o sin el beneficio de conocer a hombres ricos (preferiblemente con). Verme espléndida me da un subidón porque soy perfeccionista hasta la médula y no me conformo con menos. Además, si estuviera casada con un hombre rico me cuidaría igual que ahora (...). La mujer que ves caminando por la calle es una obra de arte. Hay mucho trabajo de mantenimiento - manicuras, pedicuras, cortes de pelo, depilación con cera o con pinza, platinado y COMPRAS - en esa obra de arte. El arte refleja tu estilo de vida y tu estatus. Si lo que quieres es un trofeo, tienes que estar dispuesto a pagar el precio."

Por supuesto, esta actitud no es representativa de la mayoría de las jóvenes, que anhelan más bien ser personas independientes y capaces de ganarse la vida por sí misma, pero si refleja parte de la superficialidad en la que han derivado las relaciones amorosas y el desarrollo de egos desmesurados que proporcionan los likes en las redes sociales. La posibilidad de ir saltando de un romance a otro, de seducir a muchos y despertar el deseo en muchos otros, es una especie de fin en sí mismo, una especie de validación frente a uno mismo y frente a los semejantes de la propia habilidad amorosa: una persona que se mantenga virgen, sobre todo si es de manera involuntaria, tiene escasas posibilidades en este mercado despiadado:

"(...) la reducción de opciones conduce a un proceso de valoración, o bien, por expresarlo de otra manera, que la abundancia promueve la devaluación, porque, en una situación de abundancia, es más factible que los objetos y las personas se vuelvan intercambiables y, por ende, reducibles a su valor monetario abstracto."

A todos estos ingredientes, hay que añadir un factor muy poderoso a la hora de alimentar esta realidad social: la inestabilidad laboral, una realidad que hace que las relaciones se resientan, pues no solo se trata ya de la falta de trabajo, sino que en muchos de los existen los horarios irregulares y los sueldos escasos socavan las relaciones al traer continuos problemas de orden material a las mismas. Todo este análisis lo realiza Eva Illouz, una de las sociólogas más destacadas de nuestro tiempo, de manera magistralmente objetiva, acordándose también en las últimas páginas de las novelas de Michel Houellebecq y de los que se consideran a sí mismos los grandes perdedores de estas nuevas reglas de juego, los autodenominados incels, célibes involuntarios que no son capaces de competir en este mercado debido a su físico poco atractivo o a su timidez. Desde luego, El fin del amor, acierta plenamente al plantear de una manera científica uno de los grandes debates sociológicos del siglo XXI.

jueves, 31 de diciembre de 2020

LOS NIÑOS TERRIBLES (1929), DE JEAN COCTEAU Y DE JEAN-PIERRE MELVILLE (1950). UN CUARTO PROPIO.

El desencadenante de la la acción de esta novela es considerado un personaje mítico por sus protagonistas. Darnelos aparece a los ojos de Paul (y del autor) como el más perfecto ejemplo de niño terrible, hermoso y altivo, un ser que lleva consigo un halo de superioridad que lo hace considerarse más allá del bien y del mal. Darnelos, aunque aparece muy poco, será fundamental al inicio de la narración, cuando lanza una bola de nieve al pecho de Paul. Esta acción, aparentemente nimia, hace que Paul se confine en su habitación, enfermo, pero a la vez lleno de vida mientras se encuentre cerca de Elisabeth, su hermana, con quien mantiene una malsana relación de amor-odio, como si ambos formaran parte del mismo cuerpo y a la vez necesitaran una independencia imposible.

En la existencia de esta singular pareja, que vive prácticamente encerrada en un cuarto y cuya rutina consiste en discusiones continuas que no llevan a ningún lado, solo es admitida la presencia de Gérard, amigo de Paul, un joven muy distinto a éste, mucho más comedido y educado, pero que necesita compartir experiencias con los hermanos, con quienes compartirá también sus vacaciones. Luego también será admitida a este club tan exclusivo, con algunas reticencias, Agathe, a quien conoce Elisabeth cuando se decide a buscar trabajo en una boutique. Juntos van a crear un universo propio entre las cuatro paredes de la habitación, al margen de la realidad exterior, en una especie de realidad placentaria en la que se sienten perfectamente cómodos y felices. La última oportunidad de comenzar una vida más ordinaria será malograda cuando muera Michael, el rico pretendiente de Elisabeth. La herencia que le deja éste hará que los jóvenes puedan habitar el resto de sus días en un palacio, cuyas amplias estancias pronto serán demasiado para unos seres que solo ansían languidecer juntos en una cómoda habitación.

Esta utopía íntima, en la que el juego se vuelve mucho más importante que la vida real, solo puede ser malograda con el regreso, aunque sea de forma indirecta, de Darnelos. Si su bola de nieve desencadena el principio de la historia, su veneno, un regalo inocente, será el que precipite el final, precediendo al mismo la ruptura del frágil equilibrio en la convivencia de los cuatro convivientes. Los niños terribles es una especie de resumen de las obsesiones de su autor, de la imposibilidad de vivir al margen del mundo real, del placer y la locura que desencadenan la voluntad de crear una existencia basada en la fantasía y en el ensueño en la que la idea de libertad se base ante todo en la inexistencia de obligaciones dentro de un espacio limitado en el que presuntamente uno se encuentra plenamente caliente y seguro. La versión cinematográfica de Jean-Pierre Melville constituye un complemento indispensable a la lectura de esta historia, pues supo plasmar perfectamente en imágenes el universo planteado por Cocteau, una tarea nada fácil, en la que participó el propio escritor recitando pasajes de la novela con voz en off. 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

CONTRA LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES (2020), DE CÉSAR RENDUELES. LA ÉTICA DEL IGUALITARISMO.

El concepto de igualdad se entiende de diferentes maneras según el pensamiento político de cada individuo. Si desde posiciones de izquierda se entiende imprescindible la intervención del Estado en la economía para compensar las desigualdades sociales entre ciudadanos, desde el ámbito liberal se defiende más la igualdad de oportunidades, para que sean los más capacitados en una competición presuntamente justa los que sean premiados con mejores puestos y retribuciones. Por supuesto, la segunda propuesta tiene mucho de falacia, ya que no existe una línea de salida ideal de la que todos los competidores-ciudadanos salgan en las mismas condiciones para establecer una contienda justa. En realidad, como bien sabemos, los mejores puestos, los que no suelen salir en las ofertas de trabajo, suelen estar destinados a miembros de familias bien relacionadas, que previamente han estudiado en los mejores colegios y universidades y han tenido oportunidad de hacer amistades con jóvenes representantes de la élite social. 

En cualquier caso, aunque las condiciones de partida fueran justas, al final seguiríamos teniendo ganadores y perdedores. Además, por mucho que se predique lo contrario, muchos de los muy ricos han conseguido su envidiable posición trabajando por establecer auténticos monopolios con los que saltarse el complicado trámite de la competencia de los iguales. Muchos de los que proclaman reducir al Estado a su mínima expresión no dudan en buscar amistades entre las altas esferas políticas que les faciliten sus negocios y, cuando se presenta una crisis económica, no dudan en solicitar ayudas urgentes a esa Administración que tanto denostaban. Lo cierto es que padecemos un sistema que premia la especulación y desprestigia económicamente a las profesiones que han resultado ser fundamentales cuando llega un momento de emergencia: médicos, enfermeros, trabajadores de supermercado, limpiadores... Ocupaciones muchas de ellas con poco glamour, pero sin cuyo concurso la sociedad no podría funcionar. 

La crisis de legitimidad de una clase política que no es más que el reflejo de la sociedad a la que representa se sustancia entre otras en la falta de consenso entre distintos grupos y la alarmante escasez de planificación a largo plazo, algo que se observa, por ejemplo, en la abundancia de leyes educativas aprobadas en los últimos años que no buscan tanto beneficiar a la comunidad escolar como imponer una determinada agenda política que será fulminada cuando los partidos de la oposición lleguen al poder. Y mientras tanto se deja de lado el cáncer del fracaso escolar o las nulas oportunidades laborales que va a sufrir un importante porcentaje de los estudiantes que carecen de las relaciones sociales necesarias para labrarse un futuro razonable. 

Rendueles no quiere que la igualdad sea un punto de partida, sino el resultado de unas políticas eficaces de las que sea partícipe el conjunto de la ciudadanía. El estado de alarma provocado por la pandemia del coronavirus ha hecho que muchas de estas políticas se aceleren y se intente avanzar en unos meses (por ejemplo, estableciendo el muy necesario ingreso mínimo garantizado) lo que se debería haber ido planificando en los años precedentes, obteniendo como resultado unas políticas de respuesta a la crisis improvisadas y caóticas, fruto de los recortes precedentes en Sanidad, Administración y equipamiento. Que nuestro país no estaba preparado para un acontecimiento de estas dimensiones, resulta ya evidente:

"La crisis del COVID-19 ha culminado este desencanto. Desde 2008, el paradigma del libre mercado era un muerto viviente, el coronavirus lo ha incinerado. La pandemia ha funcionado como un espejo de aumento de nuestra realidad social que nos ha forzado a observar concentrados procesos que normalmente podemos ignorar porque se dan a cámara lenta. Nos obligó a ver minuto a minuto las consecuencias mortales, normalmente dilatadas en el tiempo, de los recortes sanitarios; a reconocer el horror cotidiano de las residencias de mayores, convertidas en una película gore; a descubrir que llamábamos «hogar» a espacios inhóspitos donde nos derrumbamos entre cada jornada de trabajo; a comprobar las brutales carencias de la educación pública o los efectos de la desindustrialización, que nos ha convertido en un país incapaz de autoabastecerse de trozos de tela con gomitas para protegernos del contagio."

Los próximos años van a ser decisivos para el necesario cambio de paradigma necesario para contener los peores excesos del capitalismo de la desigualdad a la vez que se corrige en lo posible la catástrofe ecológica en ciernes provocada por el calentamiento global y la sobreexplotación de recursos naturales. Si no logramos dominar tamaño desafío puede incluso ser posible que la sociedad se convierta en una de esas terribles distopías de las que se nutre la mejor ciencia ficción. Todavía se está a tiempo de evitar los peores males si el Estado actúa con inteligencia y es capaz de establecer una política en la que los recursos se pongan a disposición de las mayores prioridades sociales y no de planes que salven la cara a corto plazo y ahonden en la hecatombe futura. El libro de Rendueles no hace sino recordarnos que siguen existiendo alternativas y que es posible mejorar la vida de la gente si se sabe gestionar con inteligencia una nueva política social, tarea en la que sin duda la Unión Europea tendrá mucho que aportar.

martes, 8 de diciembre de 2020

EL MAESTRO JUAN MARTÍNEZ QUE ESTABA ALLÍ (1934), DE MANUEL CHAVES NOGALES. ATRAPADOS EN LA REVOLUCIÓN.

Según cuenta Manuel Chaves Nogales, conoció a Juan Martínez, artista flamenco, en París. Se hicieron amigos y el bailarín le contó su asombrosa historia, oro puro para un periodista como Chaves Nogales, un hombre que ya se había narrado su visita a la Unión Soviética en La vuelta a Europa en avión. Porque Juan Martínez cuenta los acontecimientos históricos de los que fue testigo con la naturalidad de alguien a quien lo extraordinario se le vuelve cotidiano y la Historia con mayúsculas le enseña su peor cara. En el relato del protagonista, el periodista sevillano ve ratificado su odio a los extremismos que asolaban Europa en aquellos días y su apuesta por un Republicanismo ilustrado y moderado. Porque lo que ocurrió en Rusia, si bien fue un levantamiento lógico frente a una tiranía basada en una estricta división de clases sociales y reparto escandalosamente desigual de la riqueza, lo que sucedió después fue una auténtica carnicería, que provocó que en Rusia la muerte, la miseria, la enfermedad y el hambre encontraran un escenario propicio durante muchos años.

El relato de Juan Martínez comienza en Turquía, poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, el acontecimiento seminal que, según cuenta Stefan Zweig, empezó a transformar el viejo mundo conocido en algo totalmente nuevo y bastante más siniestro que lo anterior. Si bien el protagonista se ganaba razonablemente bien la vida cantando y bailando por los cabarets de Europa - el exotismo de su propuesta siempre contaba con público numeroso - la llegada del conflicto lo cambio todo: los productos básicos empiezan a escasear, la policía se vuelve más autoritaria y su forma de ganarse la vida se vuelve totalmente prescindible. La huida a Rumanía no le sirvió de mucho, allí Martínez fue testigo de cómo en una sola noche los rumanos pasaban de celebrar estruendosamente la entrada en la guerra de su país a esconderse atemorizados en sus hogares después del primer bombardeo contra la capital. La decisión de viajar a Rusia, esperando encontrar allí la prosperidad que desaparecía de Europa, fue algo de lo que se arrepintió durante años.

En Rusia el protagonista fue testigo de lo violenta y rápidamente que pueden cambiar las costumbres sociales establecidas durante siglos, de que lo inimaginable hace solo unas semanas puede llegar a ser la nueva realidad cotidiana para unos aturdidos ciudadanos (ahora soviéticos), que deben adaptarse de inmediato a las nuevas circunstancias si no quieren perecer. Así sucedió en Kiev, ciudad que cambió varias veces de manos - entre nacionalistas ucranianos, blancos y rojos - en el transcurso de la Guerra Civil:

"Quien hubiese estado en Kiev por entonces no hubiese soñado siquiera lo que iba a pasar en Rusia seis meses después. El zar hizo por aquellos días —octubre o noviembre de 1916— una visita oficial a Kiev y se le recibió con un entusiasmo delirante. Las calles estaban engalanadas y se organizaron numerosas manifestaciones de adhesión al emperador. Una mañana, Nicolás II salió a pasear en coche por las calles de Kiev y entró en varias tiendas para hacer compras, rodeado siempre por un inmenso gentío que le vitoreaba.

No sé si todo aquello estaba preparado por las autoridades, pero lo cierto es que Nicolás II pudo muy bien equivocarse respecto a los sentimientos para con él de sus súbditos, como me equivoqué yo al juzgarlos. No hubiese creído, aunque me lo jurasen, que a aquel hombre, al que la muchedumbre vitoreaba entusiásticamente, le iban a matar como a un perro sarnoso unos meses después."

En el relato de Martínez, que viajó por varias ciudades de Rusia, intentando establecerse finalmente en Kiev, no se ahorran descripciones de crueldades inconcebibles, de matanzas sin sentido, de niños muriendo de hambre y de poderosos de todos los bandos esquilmando al pueblo. En ningún momento hay censura, ni siquiera se juzga lo que hacen unos u otros (en repetidas ocasiones el narrador asegura, quizá irónicamente, que él no entiende de política), pero la constante para Martínez es la capacidad de adaptación a las peores circunstancias, con el agravante de encontrarse, junto a su mujer, atrapados en un país extranjero:

"Y nos encontramos de golpe y porrazo viviendo en pleno régimen soviético. En cada casa se reunieron los inquilinos y formaron un comité. Los bolcheviques iban, casa por casa, diciendo a los vecinos lo que habían de hacer. El comité de vecinos se reunía y elegía a uno de ellos comisario de la vivienda. De la noche a la mañana pasamos de un mundo a otro. La casa era nuestra, de los inquilinos; ya no había propietarios. Se acabó el casero. Yo no me lo creí del todo; pero entre muchos vecinos aquello produjo un gran revuelo. Cada cual se adjudicó las habitaciones que pudo, y aunque nadie las tenía todas consigo, hubo algunos que hasta tomaron el aire de auténticos propietarios, siquiera fuese de una alcoba.

La propiedad de la finca que se nos venía a las manos nos trajo, de momento, bastantes preocupaciones. Hubiera sido preferible seguir pagando al casero. El comisario de la vivienda, siguiendo las instrucciones de los bolcheviques, hizo una lista de los inquilinos y determinó cuáles eran nuestras obligaciones. La primera y principal era la de montar la guardia contra los ladrones. Moscú estaba aquellos días lleno de gente salida del presidio, con un fusil en las manos, y merced a la impunidad asaltaba las casas, asesinaba a quienes se resistían y robaba cuanto se les antojaba. Todos los hombres útiles de la vivienda fueron constreñidos por el comisario para montar, arma al brazo, la guardia contra los asaltos."

Bien es cierto que lo que cuenta Martínez y transcribe Chaves Nogales resulta en ocasiones excesivamente novelesco. Abundan las ocasiones en las que el protagonista se libra de una muerte segura a través de un acontecimiento providencial sucedido en el último instante. El periodista no duda de la verosimilitud del relato y entonces yo como lector, sospechando que puedan existir exageraciones propias de quien quiere hacer todavía más interesantes sus propias peripecias, también acepto que, en esencia, todo lo que cuenta el maestro Juan Martínez coincide con sus vivencias que un muchas ocasiones se emparentan con relatos de otro maestro, Franz Kafka, dando por sentado que una situación como aquella daba pie a infinitas situaciones absurdas. Un libro del máximo interés que nos recuerda que las revoluciones, acogidas con entusiasmo por quienes creen que van a ser al fin liberados,  pueden acaban devorando a sus hijos.

domingo, 6 de diciembre de 2020

HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA I (1985), DE PHILIPPE ARIÈS Y GEORGES DUBY (DIR). DEL IMPERIO ROMANO AL AÑO MIL.

La historia no la hacen solo los nombres que aparecen en los libros. La gente común y corriente es la que verdaderamente la hace avanzar y la que sufre sus avatares. La ambición del proyecto de Ariès y Duby no es recuperar vidas individuales olvidadas - aunque a veces podemos asomarnos a mínimos fragmentos de las mismas - sino hablar de las condiciones de vida de campesinos, guerreros, monjes, artesanos o esclavos. Como asegura Georges Duby en la introducción, en la época en la que se trabajó en el proyecto, los historiadores se movían en un territorio prácticamente virgen y el terreno a explorar era tan inmenso que una de las labores más difíciles era seleccionar el material que finalmente formaría parte de la obra, dividida en cinco volúmenes. Los cambios en la vida pública de cada civilización estaban más o menos estudiados hasta ese momento. No así los que se producían en la vida privada, un ámbito mucho más restringido para el estudioso, pero también mucho más interesante en diversos aspectos. Estudiar cómo era una jornada cotidiana de un noble romano, por ejemplo - a qué hora se levantaba, dónde recibía a sus clientes, qué comía, con quien se relacionaba, dónde hacía sus necesidades o cómo era su vida sexual - ofrece resultados tan detallados que nos hacen emparentarnos con la gente que habitaba en épocas remotas y a las que reconocemos como plenamente humanas, nuestros iguales.

La sociedad romana se encontraba brutalmente jerarquizada. Aunque existía un Estado y un derecho privado muy desarrollado, era difícil que nuestra idea de Justicia llegara a todos los ciudadanos:

"El mundo romano no contaba con una verdadera policía; los soldados del emperador (como el centurión Cornelio, del que nos habla el Evangelio) eran los encargados de reprimir las revueltas y perseguir a los bandidos, pero apenas si se ocupaban de la inseguridad cotidiana, que ofendía menos la “imagen de marca” que el Estado romano quería ofrecer de su autoridad soberana; eran los notables de las ciudades quienes organizaban ocasionalmente milicias cívicas. La vida cotidiana se parecía a la del Far West americano: no había policía en las calles, ni gendarmería en el campo, ni acusador público. Cada uno se defendía y se tomaba la justicia por su mano, y el único procedimiento eficaz, tanto para los pequeños como para los menos grandes, consistía en ponerse bajo la protección de alguien poderoso. ¿Pero cómo protegerse contra el poderoso, y quién protegería a unos grandes contra otros? Secuestros, usurpaciones y prisiones privadas para los deudores eran moneda corriente; cada ciudad vivía aterrorizada por los tiranuelos locales o regionales, a veces lo suficientemente protegidos como para atreverse a desafiar a un personaje tan importante como el gobernador de la provincia. Un poderoso no vacila en apoderarse de las tierras de uno de sus vecinos pobres; y ni siquiera dudará en un momento dado en atacar el “rancho” de otro potentado a la cabeza de sus hombres, esclavos suyos. ¿Qué hacer contra un tipo así que se ha enriquecido a vuestra costa? Las posibilidades de obtener justicia dependen de la buena voluntad de un gobernador de provincia muy ocupado, obligado a tratar con miramiento a los poderosos por razón de Estado y aliado suyo mediante una red de amistades e intereses. Su justicia, si la ejerce, será un episodio de la guerra de clanes, una inversión de las relaciones de fuerza."

En cualquier caso, había posibilidades de una vida razonablemente buena en Roma, si se tenía éxito en el comercio o si uno lograba caer en gracia a algún noble con influencias. Las mujeres lo tenían bastante más complicado, dado que la sociedad antigua sí que constituía un auténtico patriarcado. Pensadores como Cicerón definían a las mujeres como niños grandes con caprichos de adolescentes que debían ser controladas muy de cerca por sus maridos. Peor lo tenían los esclavos, aunque también en este caso había algunos que lograban una vida tolerable en un hogar noble e incluso podían aspirar a comprar su libertad con el paso de los años, conociendo un cariño por parte de sus dueños similar al que podemos otorgar hoy día a un animal doméstico. Pegar a un esclavo en un arranque de ira no era una acción legalmente reprobable, pero sí lo era moralmente, no por el daño que se infligía al esclavo, que al fin y al cabo era poco más que una posesión ordinaria, sino por la imagen que daba el agresor frente a sus iguales de hombre de personalidad poco serena, incompatible con el carácter tradicional romano. 

La revolución cristiana tiene que ver con el desarrollo de una vida interior diferente, más profunda, que tiende hacia una perfección que no existe en este mundo. El Estado como tal desaparece y el territorio se divide entre reyezuelos que entran en frecuentes disputas. Los clanes familiares se asimilan a clanes guerreros cuyos miembros se protegen mutuamente en un mundo que se va volviendo paulatinamente más peligroso y brutal. La esperanza de vida es muy baja y guerras. hambrunas y enfermedades son compañeras cotidianas del hombre. Solo los monasterios parecen ser remansos de paz y de sabiduría, donde se encierra y se protege - con algunas censuras - el saber acumulado en siglos anteriores. El monje ideal es un ser obediente y casto que ha renunciado al mundo y anhela una vida serena. Muchos de ellos pasan largas jornadas copiando libros en la biblioteca, una tarea que ayudó de manera extraordinaria a la configuración posterior de Occidente:

"Estos progresos indudables de la vida interior se daban también en otro hombre solitario, el escriba. Este monje, que no tiene la suerte de estar en el calefactorio como sus hermanos y que se queja a veces, mediante las inscripciones que ha dejado en el colofón de los manuscritos, de que tiene frío, que falta todavía mucho para la hora de la comida o que la tinta se le ha congelado en el tintero, es uno de los actores menos conocidos de la historia. (...) Sin embargo, el trabajo del escriba era muy penoso. Cuando se hallaban varios en una misma sala, se les obligaba a estar callados a fin de concentrarse mejor. El libro, o el rollo por copiar, se encontraba sobre un pupitre. El escriba hacía su trabajo con una cañita hendida o con más frecuencia, durante la época carolingia, con una pluma de ave, bien sobre sus rodillas, bien sobre una plancha o tabla. Previamente, había tenido que trazar con una punta seca líneas y trazos verticales a fin de determinar los márgenes y las columnas. Junto al escriba propiamente dicho podemos poner otros trabajadores solitarios: correctores, rubricadores, pintores, iluminadores y encuadernadores. Cuando se inventó en Corbie la minúscula carolingia, a fines del siglo VIII, luego generalizada, este carácter muy legible (equivalente a nuestra actual letra romanilla o “redonda”) hubo de ser caligrafiado y no escrito de un solo trazo, como la cursiva rápida merovingia. Este progreso aumentó también el trabajo del escriba. Duro menester, al decir de uno de ellos: “Oscurece la vista, le encorva a uno, hunde el pecho y el vientre, perjudica a los riñones. Es una ruda prueba para todo el cuerpo. Por eso, lector, vuelve con dulzura sus páginas y no pongas los dedos sobre las letras”. La tarea de copiar era por tanto una forma auténtica de ascesis, del mismo modo que la plegaria o el ayuno, un verdadero remedio para curar las pasiones y sujetar la imaginación mediante la atención de los ojos y la tensión de los dedos que reclamaba. Se necesitaba un año de trabajo para copiar una Biblia nada más. Se han podido conservar, gracias a los escribas carolingios,  más de ocho mil manuscritos. Entre ellos está la casi totalidad de los autores antiguos conocidos."

Historia de la vida privada es un prodigio de información, ofrece al lector una amplia visión panorámica de la existencia cotidiana de unos antepasados en los que podemos reconocernos, al menos en muchos de los aspectos de su privacidad. Una lectura intensa y exigente, propia de las obras más ambiciosas. Me quedo con el epitafio anónimo encontrado en una sepultura romana, una especie de mensaje a los hombres del futuro:

“He vivido mezquinamente durante toda mi existencia, por eso os aconsejo que viváis más placenteramente que yo. La vida es así: se llega hasta aquí, y ni un paso más. Amar, beber, ir a los baños, eso es la verdadera vida: después, no hay nada más. Yo, por mi parte, no seguí nunca los consejos de ningún filósofo. No os fiéis de los médicos; ellos son los que me han matado."