El invasor nos habla del contraste en las vidas de sus dos personajes principales. Carol trabaja evaluando hoteles de lujo alojándose en los mismos para valorar en secreto sus prestaciones. Parece una persona bastante seria y seca, pero su carácter se ablandará cuando vuelva a su casa en plena pandemia de covid y se entere de que su padre ha sido ingresado en estado tan grave que acabará falleciendo en el hospital. Las circunstancia la obligan a volver a casa de padre para recoger sus cosas y allí se encontrará con Omar, que ha estado viviendo en ese hogar por invitación de su padre. Omar es uno de esos llamados menas, que acaba de cumplir los dieciocho años y ha sido expulsado del sistema de acogida, por lo que se ve obligado, como otros muchos compañeros, a estudiar de día y a dormir en la calle de noche. Esta es una realidad que no sale en los telediarios, pero que se expone en este cómic, como una contundente denuncia de las enormes brechas de un sistema que debería ser revisado. Entre los puntos fuertes de El invasor está el retrato tan certero de la incertidumbre de los días de pandemia y de los días solitarios que pasaron muchos que tuvieron que quedarse a solas en su hogar. La historia que cuenta el cómic está bien, refleja los inmensos problemas de integración de quienes tienen buenas intenciones y son prácticamente abandonados por el Estado cuando se supone que ya pueden mantenerse por sí mismos. Si hay que ponerle un pero al cómic es que su historia tarda demasiado en arrancar, la presentación de la vida de Carol abarca demasiadas páginas, espacio que podría haberse aprovechado para contar con más detalle las visicitudes de Omar desde su llegada a nuestro país hasta que conoce a nuestra protagonista, verdadero punto de interés de esta historia.

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