Muy controvertida en su momento por la dureza la de la historia y de las imágenes que la ilustran, lo mejor es acercarse a Anticristo como una película de terror puro, la historia de una posesión infernal en la que no puede haber un final feliz. Trier comienza su propuesta de forma terrible, mostrando el contraste entre una pareja haciendo el amor de manera muy apasionada y su hijo pequeño, que gatea inocentemente, cayendo desde una ventana hasta estrellarse en el suelo, escena en la que el director se recrea hasta el punto de mostrar la caída a cámara lenta. A partir de aquí el protagonismo es absoluto para la pareja formada por los actores William Dafoe y Cahrlotte Gainsbourg, la musa del director. Él es un psicólogo de prestigio que quiere ayudar a su mujer haciendo que deje la medicación para la depresión y experimente una terapia de dolor puro, que la haga aceptar la realidad de la muerte de su hijo. Aunque al principio parece ir curándose, el carácter de la mujer se va volviendo más inquietante hasta provocar una orgía de sangre al despertarse el ser que parece poseerla. Trier filma todo esto en un paisaje verdaderamente desolador, un ambiente propicio para que lo sobrenatural se manifieste en todo su esplendor. Quizá la historia que cuenta Anticristo no se encuentre demasiado pulida y sea ofrecida al espectador de una manera tosca y sin filtros, pero en esto precisamente reside la esencia de esta película, en mostrar el horror de una manera cruda con la finalidad obvia de provocar al espectador e incluso echarlo de la sala de cine, por lo que no se trata de una obra que esté destinada a todo tipo de público.
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