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sábado, 18 de julio de 2026

MITOLOGÍA CLÁSICA (2015), DE DAVID HERNÁNDEZ DE LA FUENTE. DIOSES Y MONSTRUOS.

Solo hay que darse una vuelta por alguno de nuestros museos para comprobar el impacto que las historias de mitología grecoromana ha ejercido en el mundo occidental. La mitología es religión, es un intento de explicar el mundo y los fenómenos naturales a través de historias que apelan a lo sobrenatural y que son un precedente de lo que llamamos literatura. Uno lee estas historias y reconoce un legado cultural inmenso que a nosotros nos ha llegado en forma escrita, pero que originariamente se transmitía de generación en generación. Después de todo, eran narraciones que ordenaban un mundo que primigeniamente había sido un caos. Los dioses eran los garantes del orden, pero también figuras de una moralidad dudosa a los que había que honrar y temer. La actuación de los héroes, que se asemejaban ya a los humanos, eran ejemplos de cómo había que transitar por el mundo, pero sus historias solían tener un final trágico, ya que el sino de los dioses era comúnmente caprichoso. En realidad todo esto daba lugar a una religión muy compleja, que exigía el cumplimento de determinados ritos para mantener la fortaleza del Estado. Convenía no enfadar a los volubles dioses.

Lo mejor de estas historias es que no son dogmáticas, sino flexibles, por lo que los mitos admiten variantes. Se trata de unas creencias religiosas muy imaginativas a las que se les pueden ir añadiendo nuevos personajes y que pueden ser adoptadas por otros pueblos. Esto sucedió con los romanos que, fascinados por la fuerza de la mitología griega, adoptaron a sus dioses como propios, añadiendo ligeras variantes. Luego recogieron la historia de Troya y se proclamaron los sucesores de la heroica ciudad a través del personaje de Eneas. Roma iba a ser la destinataria de un legado milenario, por lo que su destino era conquistar el mundo conocido. En este sentido, el mito da prestigio a los pueblos que lo adoptan, puesto que los dioses que forman parte del mismo lo favorecen, los héroes son un ejemplo para los ciudadanos y los monstruos a los que se enfrentan representan los retos que hay que superar en pos de la grandeza. 

Después de establecer en el primer capítulo una definición de mito, David Hernández ofrece en este libro una estupenda recopilación de los mismos, mitos ya conocidos, universalmente nombrados, pero que conviene recordar en toda su complejidad y simbolismo, ya que se trata de narraciones tan especiales que son capaces de moverse entre la fábula y el intento de explicación de la configuración del mundo. Es sorprendente que en algunas cosas, la intuición del hombre antiguo acierte, como en el caos primigenio que precedió al orden natural de las cosas que hace posible que exista la vida. Pero sobre todo es bueno volver a acercarse a estas historias porque representan las raíces vivas de nuestra cultura, creencias que se mantuvieron vivas durantes siglos que llegan a nosotros con una actualidad realmente sorprendente, pues siempre podemos seguir aprendiendo de las mismas.

lunes, 2 de marzo de 2026

LOS DOMINGOS (2025), DE ALAUDA RUIZ DE AZÚA.

La relación con la religión de muchos de los llamados creyentes resulta bastante curiosa. Inscriben a sus hijos en colegios católicos y van a misa todos los domingos, pero cuando una hija, como sucede en esta película, anuncia a la familia su irresistible vocación de ser monja, lo que debería ser motivo de gran alegría, se vuelve absoluta incertidumbre. Y es que Los domingos nos presenta a Ainara como una joven de diecisiete años muy inteligente y llamada a hacer carrera a través de sus estudios universitarios. Pero ella quiere seguir un camino insólito. Se siente absolutamente fascinada con la idea de dedicar el resto de sus días dedicada a la vida contemplativa como monja de clausura. A partir de aquí asistimos a un debate moral en el seno de una familia no estructurada del todo en el que se suceden las conversaciones desagradables y tensas, sobre todo porque la tía de Ainara cree que su sobrina va a tirar su existencia a la basura si se va a vivir con unas monjas que cree que han manipulado su joven mente, mientras el padre confía en la madurez de su hija para tomar sus propias decisiones. Los domingos está concebida para hacer partícipe al espectador de este insólito debate entre los que creen que la muchacha se va a arrepentir pronto de una decisión tan radical y los que piensan que se trata de una resolución valiente, sobre todo si se toma en nuestros días, en una sociedad repleta de toda clase de tentaciones. Lo único malo de la película es que tarda en arrancar y, una vez lo hace, termina sin haber explorado todas las posibilidades que ofrece una historia tan atractiva. Casi que todo el metraje está dedicado al conflicto entre el padre y su hermana (añadiendo temas económicos de herencia en el mismo) y la presencia de Ainara, cuya alma está en disputa, es la de un ser casi metafísico que también puede caer en la tentación de besarse con el chico que le gusta. A pesar de que ahora esté de moda, no creo que Los domingos vaya a suscitar un debate permanente acerca del significado de la religión en este país, un fenómeno que seguirá siendo una tradición instrumental para muchas familias.

P: 6

domingo, 26 de enero de 2025

CÓNCLAVE (2024), DE EDWARD BERGER.

La Iglesia católica es una institución que da mucho juego en el cine y en la literatura. Se trata de una organización a nivel mundial dirigida desde un lugar tan fascinante como el Vaticano, que cuenta con siglos de tradición, historia, intrigas y juegos de poder. Cónclave comienza con la muerte de un papa y la obligación de organizar un cónclave de cardenales para la elección de un nuevo. La responsabilidad de su organización recae en el cardenal Lawrence, un hombre que recientemente ha intentado dimitir de su cargo y se siente abrumado por la complicada tarea que recae sobre sus hombros. Porque un cónclave es una lucha de poderes que hablan muy mal de la presunta unidad de la Iglesia, lo cual atormenta a un Lawrence que pronuncia un discurso de apertura que intenta fomentar el consenso y la tolerancia ("la certeza es el enemigo de la tolerancia", dice). Poco a poco, como no podía ser de otra manera, las intrigas se van enredando con nuevas revelaciones y la presencia de un cardenal desconocido hasta entonces, que ha estado realizando su apostolado en secreto en Kabul. Cónclave es una película muy entretenida que reflexiona sobre la idea de poder y el deseo de obtenerlo a toda costa, también en una institución que se ve a sí misma como inspirada por el mismo Dios. Quizá su final no sea plenamente satisfactorio, pero el ambiente intrigante que crea durante todo su metraje, con esos pasillos o esos lugares en penumbra dónde se reunen los personajes, permite que el espectador siga la trama con sumo interés.

P: 6

sábado, 30 de noviembre de 2024

HEREJÍA (2024), DE CATHERINE NIXEY. LAS VIDAS DE JESUCRISTO Y OTROS SALVADORES DEL MUNDO ANTIGUO.

La palabra herejía, de connotaciones tan negativas con la llegada del cristianismo, originariamente simplemente significaba elección. Es esa posibilidad de elección la que eliminó ese cristianismo triunfante que persiguió toda disidencia y al que la historia recuerda todavía como religión perseguida por los romanos. Catherine Nixey ha escrito un ensayo muy ameno de cómo convivieron durante siglos distintas interpretaciones del mensaje de Cristo, distintos Evangelios (algunos ciertamente muy insólitos) y cómo finalmente triunfó la versión que todos conocemos hoy. Pero podría muy bien no haber sido así, porque se trató de una competencia feroz entre distintas visiones del mensaje de Cristo que fueron reprimiéndose desde el poder, cuando el cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio:

"Durante aquellos años la magnífica variedad religiosa que en otro tiempo había florecido dentro del Imperio romano empieza a desvanecerse. Empieza a desvanecerse la enorme y sorprendente profusión de aquellos cristianismos primitivos: sectas que adoraban a un solo ser divino, o a dos, o a una divinidad masculina-femenina, o a un Jesús que se había reído durante su crucifixión. Y no siempre debido a fuerzas hostiles; algunas de esas sectas no habría sido preciso reprimirlas y se hubieran extinguido de todas maneras. Algunas estaban ya medio muertas; sencillamente, el hecho de que nazca una religión no significa que vaya a sobrevivir."

Si el recuerdo de todas estas herejías que presentaban a Jesús como un niño asesino, como un anciano con barba o con la apariencia de un dios griego se ha desvanecido en el tiempo es porque la persecución de las mismas fue implacable y su éxito incontestable, aunque algunas permanecieron vivas en lugares remotos y fueron descubiertas muy posteriormente. Uno de los relatos más curiosos del siglo I es el de Apolonio, un Jesucristo alternativo cuya historia quizá sirvió de inspiración a la que hoy conocemos o quizá fue al contrario. Lo cierto es que sabemos muy poco de aquella época, ya que las fuentes alternativas se fueron destruyendo despiadadamente y solo permaneció el relato oficial que ha llegado hasta nuestros días, en el que el cristianismo aparece como una religión perseguida que acaba triunfando por la virtud de sus militantes y se obvia la feroz persecución a los herejes emprendida cuando los cristianos toman el poder. 

Como sucedía con La edad de la penumbra, Herejía es un relato deslumbrante acerca de los orígenes de nuestra cultura, unos orígenes que podrían haber sido muy diferentes si hubiera triunfado alguno de los relatos alternativos sobre la vida de Jesús que compitieron en aquel escenario verdaderamente darwiniano. Conocer las auténticas fuentes de la Historia nos permite relativizar el relato de los vencedores y asomarnos, aunque nuestra visión sea muy deficiente, al de los vencidos, a una riqueza cultural y religiosa que se fue extinguiendo por la dureza de la represión emprendida contra ella. 

jueves, 28 de marzo de 2024

LA MESÍAS (2023), DE JAVIER AMBROSSI Y JAVIER CALVO.

Una de las mejores series que ha dado este país. Es original y dotada de una trama que cautiva al espectador y no lo suelta hasta el último capítulo (aunque su tramo final desmerezca un poco de lo visto a lo largo de la serie). La Mesías cuenta cómo el fanatismo religioso domina la vida de una familia y cómo afecta a los dos hijos mayores, que pueden salir de esa secta, pero muy tocados psicológicamente, mientras las cinco hermanas menores permanecen bajo la tutela de esa mujer horrible que dice hablar con Dios y con su apocado marido. Todo ello constituye un drama familiar estremecedor, en el que el espectador siente que los dos hermanos mayores viven en un laberinto sin salida. Por un lado han alcanzado su libertad después de años de sufrimiento y malos tratos, pero por otro anhelan volver a sentir que tienen una familia. Todo ello se narra en tres momentos temporales: la niñez, la adolescencia y la infancia de los dos hermanos. La serie mezcla toda clase de elementos de cultura popular y está cuidada hasta en las canciones y coreografía que tienen que grabar las hermanas mayores (constituías por sus padres en el grupo Stella Maris) para Youtube. El guion de La Mesías es casi perfecto, aunque tiene algunos elementos que sobran, como la trama de los extraterrestres y los cazadores de ovnis, que no llevan a ningún sitio. Lo mejor de todo es esa capacidad de transmitir cuan sórdido puede volverse un ser humano y las consecuencias de esa locura religiosa sobre una familia fanatizada a su pesar.

P: 8

lunes, 22 de mayo de 2023

BENEDETTA (2021), DE PAUL VERHOEVEN.

La figura histórica de la monja Benedetta Carlini, un controvertido personaje que vivió en el siglo XVII en un convento de Pescia interesó con toda lógica a un director tan amante de lo morboso como Paul Verhoeven. Benedetta es un libre recreación de la existencia de una monja lesbiana que consiguió durante un tiempo hacerse con el control de su convento y empezar a propagar las visiones que decía experimentar y a exhibir una serie de estigmas. El director de Elle aprovecha en primer lugar para rodar un film con una ambientación muy adecuada que pronto deriva en una historia de amor erótico de la protagonista con una joven novicia, aprovechando todo esto para insertar las visiones peculiarmente teológica que dice experimentar Benedetta. En el cóctel muy servido, también tenemos oportunidad de contemplar cómo se negociaba la entrada de una novicia noble en un convento - temas de dinero y dote - y el impacto de una peste negra que diezmaba ciudades en aquella época. Para algunos el estilo de Verhoeven puede resultar excesivo, pero es indudable que el director ya octagenario sigue siendo fiel a sí mismo y vuelve a firmar una película inteligentemente provocadora. Ni siquiera se puede decir que se posicione en contra de la religión católica en una obra que está interesada sobre todo en husmear en la misteriosa existencia de un personaje muy particular que algunos pueden interpretar como una predecesora del feminismo.

P: 7

martes, 6 de diciembre de 2022

EL PRODIGIO (2022), DE SEBASTIÁN LELIO.

Resulta curioso - e innecesario, creo, en este caso - que El prodigio comience mostrándonos cómo su primera secuencia está rodada en un estudio. Al igual que sucedía al principio de cada capítulo de la serie Secretos de un matrimonio, parece que se nos quiere recordar que lo que vemos es ficción y solo ficción. En cualquier caso y salvado este detalle, la película de Sebastián Lelio resulta una propuesta muy sugerente que nos lleva a mitad del siglo XIX, a la muy católica Irlanda, donde una enfermera es contratada para investigar el caso de una niña que lleva, supuestamente, cuatro meses sin ingerir alimento alguno sin consecuencias visibles en su salud. Para realizar su labor de vigilancia la protagonista se irá turnando con una monja. El clima en el que se desarrolla la narración es lo más logrado de la cinta, hasta el punto de que podría dudarse de si nos encontramos ante la contemplación de un milagro o no. Otro de los aspectos interesantes es el retrato de un fanatismo religioso que lleva a una familia muy humilde a exhibir a la niña como si de un fenómeno de feria se tratara ante diferentes visitantes. Lo cierto es que dicha familia se la juega, porque si se desvelara que todo es un fraude serían expulsados de la comunidad. Poco a poco, cuando conocemos un poco más de las circunstancias de la familia, el drama va ganando terreno al suspense. Mucha de la responsabilidad de que la película sea una obra notable y sugerente la tiene la sólida actuación de Florence Pugh, en un papel nada fácil de interpretar.

P: 6

miércoles, 19 de octubre de 2022

CORPUS CHRISTI (2019), DE JAN KOMASA.

Corpus Christi narra la historia de un joven que deja un duro internado para ir a trabajar a un aserradero pero al llegar a un pueblo le surge inesperadamente la oportunidad de hacerse pasar por el nuevo sacerdote. Para Daniel, alguien que prácticamente solo ha conocido una vida de violencia la nueva situación es una oportunidad de hacerse respetar a través de un camino pacífico. Además, ser sacerdote siempre ha sido su vocación desde que fue internado, quizá porque la religión le otorga la paz espiritual que necesita para contener su constante tendencia a la violencia. Pero David ha llegado al que considera su destino en un momento muy delicado, cuando el pueblo está viviendo un duelo debido a un accidente en el que han fallecido varios jóvenes y los familiares de las víctimas no son capaces de perdonar al presunto responsable. En esta circunstancia el protagonista atisbará una especie de misión redentora a la que dedicará todos sus esfuerzos. Y es que Daniel, sin haber pasado por el Seminario, posee una evidente capacidad de llegar a los demás aplicando los fundamentos del cristianismo de una manera poco ortodoxa, pero eficaz, consiguiendo de esta manera hacerse querer. Para él la situación es paradisiaca: de pronto no necesita utilizar la violencia para ser un líder, ni siquiera para sobrevivir, aunque sabe que esto no durará. Cualquier día será descubierto y jamás podrá continuar su sueño, puesto que las leyes polacas impiden el ejercicio sacerdotal a alguien con su pasado. Además, dicho pasado llama a su puerta de la manera más inesperada, por lo que su situación se va haciendo poco a poco más insostenible. Corpus Christi es una película muy sólida, un retrato del fenómeno religioso visto desde muchas aristas que trata con mucha inteligencia al espectador a la vez que lo hace sentir incómodo, ya que no sabe qué posición moral tomar frente a lo que está viendo en la pantalla.

P: 7

jueves, 8 de septiembre de 2022

JOSEPH ANTON (2012), DE SALMAN RUSHDIE. UN HOMBRE FRENTE AL FANATISMO.

El reciente intento de asesinato de Salman Rushdie nos vuelve a recordar que el fanatismo jamás descansa. Las religiones e ideologías que intentan imponer su visión del mundo al resto de seres humanos gozan todavía de buena salud y sus adeptos permanecen en las sombras hasta que tienen la oportunidad de actuar para intentar amedrentar a los amantes de la libertad. En este sentido, Joseph Anton es un libro extraordinario, son las memorias de un hombre que se convirtió en el icono de la libertad de expresión a su pesar, un escritor que fue utilizado por el detestable régimen iraní para reafirmarse ante su gente, al que se condenó a muerte con toda impunidad. 

Uno de los logros más impresionantes de las memorias de Rushdie es que consigue en todo momento que el lector se ponga en su piel y comprenda perfectamente la montaña rusa de emociones a la que se vio sometido el autor desde aquel 14 de febrero de 1989. La fetua que lo condenaba fue entendida desde el primer momento como un pronunciamiento literal, no simbólico, por lo que el escritor tuvo que ser protegido desde el primer momento por la autoridades británicas. Rushdie cuenta la vorágine de aquellos primeros meses, con cambios constantes de domicilio, periodistas interesados en su vida privada y personajes públicos pronunciándose sobre su situación, algunos de ellos culpabilizándolo por haber ofendido al islam y criticando el gasto público que suponía su seguridad. 

Mientras todo esto sucedía a su alrededor, el protagonista intentaba hacer llegar el mensaje de que él no tenía por qué renunciar a unos principios que eran lo que se había otorgado la civilización occidental en sus Constituciones democráticas. Aunque muchos no quisieran verlo, quizá por cobardía frente al fanatismo, en el caso Rushdie Occidente se jugaba mucho más que la vida de uno de sus ciudadanos más talentosos. Aquí lo que se imponía era la firmeza frente a las amenazas y un discurso claro y cristalino de defensa de las libertades frente a sus enemigos totalitarios. Bastaba con volver a leer a Voltaire. Sin embargo, en más de una ocasión, Rushdie se encontró solo y cuestionado por aquellos que debían haber estado a su lado con toda firmeza. Hasta el príncipe de Gales, en un acto de suprema arrogancia, criticó los, según él, enormes gastos que Gran Bretaña dedicaba a proteger al escritor:

"Los principios volvían a interpretarse como obstinación. Su empeño en mantenerse firme, en insistir en que él era la víctima, no el perpetrador, de una gran injusticia se recibía como arrogancia. Siendo tanto lo que se hacía por él, ¿por qué era tan inflexible? Aquello lo había iniciado él: también él debía ponerle fin."

Pero Joseph Anton - homenaje a Joseph Conrad y Anton Chejov, el nombre que Rushdie eligió como nueva identidad - no se limita a retratar las consecuencias públicas de la fetua, sino que pone su foco en las consecuencias para la vida privada de Rushdie de tan insólitos acontecimientos, un Rushdie que escribe de sí mismo en todo momento en tercera persona, quizá para poner algo de distancia frente a unos recuerdos en gran parte dolorosos. Es posible que si el protagonista hubiera llegado a saber que aquello se iba a alargar durante tantos años y que iba a terminar alcanzándole en 2022, no hubiera podido afrontar el asunto con tanta serenidad y sangre fría. Las páginas de estas memorias no ocultan sus problemas conyugales con sus parejas, la difícil relación con un hijo que vivió su infancia y adolescencia con su padre confinado. 

La vida de Rushdie osciló desde aquel momento entre la esperanza y la desesperación, puesto que cualquier movimiento dependía de la autorización de las fuerzas policiales que lo custodiaban, una labor que también aprovecha para retratar fielmente en el libro. Un grupo numeroso de amigos escritores y artistas - Ian McEwan, Susan Sontag, Paul Auster, Bono, el cantante de U2...-, permaneció en todo momento a su lado y apoyó su causa con firmeza, frente a la tibieza de un Estado británico que no quería romper del todo sus relaciones comerciales con Irán y que evitaba condenas firmes y claras a la situación de uno de sus ciudadanos que no había cometido crimen alguno. Por supuesto, también hubo víctimas en esta situación deplorable: algunos traductores, editores y gente que murió en manifestaciones. Algo que el escritor lamenta profundamente pero en las que carece de responsabilidad. En todo caso, en la historia de Joseph Anton se reitera el poder de la literatura como garante de la libertad de expresión, un derecho humano que jamás debería ser puesto en cuestión:

"La literatura intentaba abrir el universo, aumentar, aunque fuera solo un poco, la suma total de lo que para los seres humanos era posible percibir, comprender y por tanto, en último extremo, ser. La gran literatura llegaba hasta los lindes de lo conocido y empujaba los límites del lenguaje, la forma y la posibilidad, para crear la sensación de que el mundo era más grande, más amplio  que antes. Sin embargo en estos tiempos se arrastraba a los hombres y las mujeres hacia una definición cada vez más estrecha de sí mismos, se los alentaba a considerarse sólo una cosa, serbio o croata o israelí o palestino o hindú o musulmán o cristiano o bahaísta o judío, y cuanto más estrechas se volvían esas identidades, mayor era la probabilidad de conflicto entre ellas. La visión de la naturaleza humana presentada por la literatura inducía a la comprensión, la solidaridad y la identificación con personas distintas a uno mismo, pero el mundo empujaba a todos en la dirección opuesta, hacia la estrechez, el fanatismo, el tribalismo, el sectarismo y la guerra. Eran muchos quienes no querían un universo abierto, quienes, de hecho, preferían cerrarlo lo más posible, y por eso cuando los artistas se acercaban a la frontera y empujaban, a menudo se encontraban con la resistencia de poderosas fuerzas. Y aun así, hacían lo que tenían que hacer, incluso a costa de su propia tranquilidad, y a veces de su vida."

lunes, 22 de agosto de 2022

SIERVOS (2020), DE IVAN OSTROCHOVSKY.

El título de esta película no podía ser más acertado, puesto que todos los que la protagonizan son siervos de algo, ya sea del papa, de la iglesia que se alineaba con el Estado comunista en la Checoslovaquia de los ochenta o del propio Estado, todo el mundo tenía que pronunciarse a través de sus acciones. En el seminario que retrata Siervos, la mayoría de sus jóvenes estudiantes se mantiene fiel al papa y organizan pequeños actos de protesta clandestina, casi testimoniales, pero muy graves desde el punto de vista de un Estado totalitario que dicta lo que deben pensar sus ciudadanos, sobre todo los religiosos. La fotografía en blanco y negro, fría y siniestra, refleja mejor que cualquier discurso el espíritu de una época oscura en la que la Iglesia, totalitaria cuando gozó del poder en siglos precedentes, es ahora una dignísima víctima resistente frente a un poder que acabaría desmoronándose tan rápida como inesperadamente pocos años más tarde. Sorprende gratamente la temática elegida para esta obra, aunque no tanto la elección de sus formas narrativas, que quiere dar más énfasis a lo descriptivo y a lo reflexivo que a un lenguaje cinematográfico más clásico. Quizá dicha contención es lo que buscaba el director para esta historia de héroes anónimos. El que resiste, gana.

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domingo, 7 de junio de 2020

DIOS, UNA HISTORIA HUMANA (2017), DE REZA ASLAN. A SU IMAGEN Y SEMEJANZA.

El hombre, como creador de las religiones, es también el creador de los diversos dioses que han jalonado la historia humana, dioses de características y talantes muy diferentes, creados en las más diversas épocas y sociedades:

"De hecho, la historia de la espiritualidad humana en su conjunto puede verse como un esfuerzo constante, interconectado, en permanente evolución y con una notable capacidad cohesionadora para dar sentido a la divinidad otorgándole nuestras emociones y personalidades, atribuyéndole nuestros rasgos y nuestros deseos, proporcionándole nuestras fortalezas y nuestras debilidades, incluso nuestro propio cuerpo; en resumen, haciendo que Dios seamos nosotros. Lo que quiero decir es que muy a menudo, aunque no nos demos cuenta, y con independencia de si somos creyentes o no, lo que la gran mayoría imagina cuando piensa en Dios es una versión divina de nosotros mismos: un ser humano con poderes sobrehumanos."

Desde luego ha existido una evolución desde el animismo primitivo, el sistema de creencias que atribuye poderes sobrenaturales a diversos elementos de la naturaleza (un árbol, por ejemplo), hasta las complejas organizaciones religiosas que han sobrevivido muchos siglos, adaptándose para llegar a nuestra época. Quizá el origen de los sentimientos religiosos está en la necesidad humana de dar sentido a la existencia en un mundo hostil, de aferrarse a algunas explicaciones que otorguen luz a lo que se desconoce. Durkheim anotó también que la religión fue un elemento esencial para la cohesión de las primeras sociedades, aunque los antropólogos han acabado descubriendo que el parentesco es un elemento mucho más fuerte en este sentido. Desde el punto de vista competitivo y adaptativo de la teoría de la evolución, la religión tiene tanto ventajas - unir a los hombres bajo unas creencias comunes -, como inconvenientes, ya que los rituales y la organización religiosa conllevan una inversión en recursos que deben ser sustraídos de otras necesidades más perentorias, con el consiguiente desgaste físico y emocional.

La respuesta quizá esté en nuestros impulsos neurológicos. Como los primeros seres humanos solo tenían su propia existencia como referente, es lógico que buscaran explicaciones a todo a su medida: un árbol o un animal con rasgos que se parecían a una cara debían tener algo similar a nosotros mismos, una especie de alma. Es algo parecido a un niño que atribuye vida a sus juguetes favoritos, porque necesita humanizar la experiencia del juego. Si toda la comunidad aceptaba que algún objeto era sagrado (una montaña, un árbol, ciertos animales), el origen de las religiones está servido. A partir de ahí, cuando es posible que la tecnología humana actúe para construir templos en lugares sagrados, surgen estructuras tan complejas como Göbekli Tepe, un santuario al que debían acudir tribus de muchos kilómetros a la redonda.

A pesar del temprano intento de Akenatón, durante siglos y siglos la práctica religiosa implicaba la creencia en muchos dioses. Ganar una batalla importante, por ejemplo, significaba que el dios o dioses propios eran más poderosos que los de los vecinos, aunque si se perdía, siempre podía justificarse con la excusa de que dios estaba enfadado o poniendo a prueba a su pueblo elegido. La revolución cristiana - religión que sufrió muy importantes modificaciones doctrinales mucho después de los tiempos de Cristo - viene sobre todo por el hecho de que no se reconoce otro dios que el propio. Además, su hijo, que es a la vez dios, estuvo con nosotros en la Tierra para salvarnos. En cualquier caso, el politeísmo de griegos y romanos siguió presente en la doctrina de la Trinidad y en la veneración de cientos de santos y mártires que se especializaban en las peticiones de un determinado gremio o un asunto concreto. 

Si bien Dios, una historia humana, no es ensayo original, puesto que lo narra es bien conocido, su lectura concita interés porque Aslan sabe de lo que habla y lo expone muy bien. Además, el autor es un creyente que ha pasado por varias religiones y por eso entiende bien la tendencia del hombre a humanizar lo divino:

"La gente sencillamente no sabe comunicarse con un Dios que no posea características, atributos o necesidades humanas. ¿Cómo puede uno establecer una relación significativa con un Dios semejante? Al fin y al cabo, la evolución nos lleva a conceptualizarlo en términos humanos. Es una función de nuestro cerebro, y por eso quienes han logrado abandonar este impulso humanizador lo han hecho de manera deliberada y con gran esfuerzo."

miércoles, 6 de noviembre de 2019

DIVINA COMEDIA (1321), DE DANTE ALIGHIERI. LA ARQUITECTURA DEL MÁS ALLÁ.

Acercarse a una obra como la Divina Comedia supone un reto para cualquier tipo de lector. Se trata de una composición poética sencillamente perfecta, que resume el pensamiento teológico-filosófico de la Edad Media en occidente y además lo mezcla con elementos de la mitología greco-romana y con la realidad de la política en la Florencia de su tiempo. Ante todo se trata de la historia de un viaje sobrenatural que emprende el poeta para visitar las estancias que pueden esperarnos más allá de la muerte: Infierno, Purgatorio y Paraíso. 

La peregrinación de Dante es ante todo simbólica, un refuerzo de las creencias del cristianismo a través del sorprendente testimonio de un viajero que ha sido testigo de los posibles destinos del alma humana: la desesperación más absoluta, la esperanza y la salvación. Cada una de las etapas, dotada de una arquitectura literaria perfecta, se divide en 33 cantos, que van describiendo en forma de versos todo lo que ve el poeta: desde las torturas infernales más terribles hasta la gloria de la visión final del Creador en el Empíreo. El amor de Dante por la arquitectura no se manifiesta solo en la perfección formal de sus versos, sino en la descripción de las estancias que va visitando de la mano de sus distintos guías, entre los que destacan el poeta Virgilio (que no puede ir al cielo por haber nacido en época pagana) y Beatriz, resumen para Dante de la belleza carnal y divina que anticipa los goces del Paraíso. 

Desde luego la parte más atractiva y más conocida para cualquier lector es la del Infierno, en la que el escritor no ahorra detalles de las torturas cada vez más abominables que se va encontrando en su viaje hasta las entrañas de la Tierra. Dante habla con algunos condenados, les pregunta quienes son y éstos exponen sus pecados y el sufrimiento eterno que conllevan los mismos. Entre dichos condenados hay personajes de la Florencia de su tiempo (a Dante le tocó vivir una época muy conflictiva en la que las luchas entre güelfos y gibelinos reflejaban el conflicto permanente entre Imperio y Papado), héroes de la Antiguedad, entes mitológicos y personajes de la Biblia. Observar los magistrales grabados que Gustavo Doré dedicó a estas páginas es el mejor complemento a su lectura. El Purgatorio sigue siendo una montaña terrible, cuya escalada puede ser facilitada a través de misas dedicadas a las almas que emprenden su subida. Aunque está lleno también de sufrimientos - no comparables a los del Infierno - lo que prima en este lugar es la esperanza, pues, por mucho que se tarde en culminar el camino, la recompensa al final del mismo es la vida eterna. El Cielo es ante todo un lugar de luz, una estructura tan perfecta como su creador, en la que cada Santo y Patriarca tiene su lugar establecido y en la que Dante va avanzando por lugares cada vez más maravillosos para al final enfrentarse a lo que no puede describirse con palabras, esa visión divina que solo está reservada para las almas que supieron ser perfectas en su existencia terrenal. 

Si algo queda claro, aparte de la maestría poética de Dante, es que el florentino poseía una vasta cultura que resume todos los conocimientos de su tiempo. En la Divina Comedia conviven teología, ciencia, mitología, filosofía e historia, disciplinas que intentan dar coherencia a una cosmovisión medieval de una existencia que debe ser destinada sobre todo a la salvación del alma. El libre albedrío otorgado a todo hombre debe ser sacrificado en pos de la obediencia a los preceptos divinos, aunque no vaya a ser sencillo elegir en un siglo que llegará a ser testigo del escándalo de la existencia de dos papas al mismo tiempo:

"El don mayor que Dios en su largueza
nos otorgó al crearnos - a su pío
corazón el más grato, a su grandeza
el más conforme - fue el del albedrío,
que los seres que Él hizo inteligentes
gozan, ellos no más, en señorío.
Ahora, el valor verás, si paras mientes,
de un voto en que se cumpla en modo exacto
que Dios consienta cuando tú consientes;
que al cerrar entre Dios y el hombre el pacto,
éste a Aquel sacrifica tal tesoro
de libertad, cual digo, en ese su acto."

martes, 29 de octubre de 2019

DIOS EN EL LABERINTO (2016), DE JUAN JOSÉ SEBRELI. CRÍTICA DE LAS RELIGIONES.

La religión no es un fenómeno natural. Se trata de una creación exclusivamente humana derivada de la necesidad de explicar la creación y el funcionamiento del mundo, así como de darle un sentido a un hecho inevitable que afecta a todos los seres vivos: la inevitabilidad de la muerte. Ni siquiera los enormes avances científicos logrados en los dos últimos siglos han sido capaces de acabar con la religión, aunque sí que ha tenido que retroceder en muchos de sus dogmas, sobre todo en Occidente. Pero aún así la mayor parte de la población mundial sigue siendo creyente, por lo que sería muy aventurado vaticinar que algún día las creencias basadas en la fe dejarán de existir, ya que siguen siendo una fuente de esperanza fundamental para muchos seres humanos, así como una forma de vida fundamental para convivir en ciertas sociedades.

Lo que es cierto es que las construcciones religiosas preponderantes hoy en día provienen de Oriente, de donde derivan los dogmas básicos de judaísmo, cristianismo e islam:

"La historia judía se remonta a las viejas tradiciones bíblicas, sin embargo, muchos de esos episodios nunca existieron o tienen antecedentes en otros cultos, y son reproducciones casi iguales de anteriores religiones orientales. El mito del Dios redentor procede de Oriente. El paraíso y el infierno tienen origen en las mitologías orientales; paraíso es un vocablo persa que significa jardín. La desobediencia de la primera pareja y su expulsión del paraíso la comparte con el brahmanismo. En la mitología persa, el demonio en forma de serpiente inducía a los primeros seres humanos a la desobediencia. Los ángeles de la guarda tenían su precedente en los espíritus protectores de los paganos. La orden de Jehová a Abraham de sacrificar a sus hijos para probar su fidelidad es una copia del brahmanismo: Braham ordenó a Adisgata, uno de sus más fieles devotos, a sacrificar a su hijo. La leyenda del diluvio universal encuentra su fuente en los Vedas. La religiosidad hinduista y el paganismo griego, surgidos en el siglo VI, son insoslayables de los orígenes de la religión judeocristiana."

Aunque realiza un repaso por la historia mundial de las religiones, a Sebreli le gusta sobre todo analizar la adaptación de las mismas a la modernidad, sobre todo a partir de la época de Francisco, un papa al que califica de populista, que trata de cambiar la imagen de la Iglesia para que en el fondo todo siga siendo igual, una Iglesia que en los últimos años ha sido protagonista de tremendos escándalos económicos y sexuales que se han intentado tapar pero no se ha podido y que al final se han afrontado de la peor manera posible, tratando de silenciar a las víctimas con dinero y castigando a los culpables en muchas ocasiones conforme a las disposiciones del derecho canónico. La alianza entre religión y poder sigue siendo sólida e históricamente ha justificado todo tipo de violencia, represión y guerras:

"Las religiones monoteístas fueron intolerantes, violentas y belicistas porque estuvieron unidas al Estado al que, a su vez, servían de estímulo y de justificación ideológica para las guerras. Tanto Jehová como Alá fueron dioses de la guerra que incitaban a la conquista. Durante la diáspora y hasta la creación de Israel, la religión judía, al carecer de Estado nacional, fue pacífica; se observa, de ese modo, que la funesta alianza entre religión y política está en el origen de los grandes crímenes colectivos. El cristianismo dejó de ser causa de guerras a partir de la secularización de las sociedades occidentales. El islamismo siguió siendo guerrero por la sobrevivencia de Estados teocrático."

Aunque el cristianismo no ha tenido más remedio que adaptarse y renunciar a muchos de sus antiguos privilegios, una buena parte del islam más radical sigue incitando a la yihad basándose en la lectura literal de textos del Corán. Lo cierto es que la Biblia podría ser interpretada del mismo modo, sobre todo el Antiguo Testamento, puesto que Jehová es un Dios celoso y sanguinario cuando toca serlo, que incita a su pueblo elegido a conquistar y someter a sus vecinos y lo castiga por la más nimia de las faltas. Uno de los cimientos principales de la religión es el miedo. El miedo a un poder absoluto que todo lo ve y todo lo sabe, que exige la perfección del hombre, el cumplimiento de normas estrictas e irracionales cuyo mínimo quebrantamiento puede derivar en una condena eterna. Pero eso no es lo más difícil. Lo complicado es mantener la fe en un mundo cada vez más secularizado, en el que la ciencia va desmontando uno tras otro unos dogmas que parecían eternos, como el de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios o el de nuestro mundo como centro del Universo. 

Dios en el laberinto tiene mucho de obra monumental, de culminación de una larga vida intelectual, en la que se vuelca una impresionante cantidad de lecturas y conocimientos. Se trata de un ensayo muy personal, por lo que se puede estar de desacuerdo con algunas opiniones del autor, pero en todo momento es una lectura apasionante repleta de puntos de vista muy particulares. Al final Sebreli se declara agnóstico, algo lógico sabiendo que el conocimiento es un concepto sometido a continuos cambios, pero que el hambre de eternidad del ser humano, su rechazo del concepto de muerte e inexistencia siempre va a estar presente.

martes, 30 de octubre de 2018

LA LEY DEL MENOR (2014), DE IAN MCEWAN. LA FE DE NUESTROS PADRES.


Para la mayoría de los occidentales la religión es más una tradición que una forma de vida. Son pocos los bautizados católicos que van a misa y que cumplen - o siquiera conocen - todos sus preceptos. En el caso de los Testigos de Jehová, todo es distinto. Quien nace en una familia de Testigos tiene garantizado que la religión va a ser el centro de su vida y que sus padres no tolerarán la más mínima disidencia. Ni siquiera cuando pueda estar en juego la vida de su hijo, tal y como plantea La ley del menor, novela en la que una jueza del Tribunal Supremo británico tiene que enfrentarse a la decisión de un joven testigo de 17 años de no someterse a una transfusión de sangre, influido por sus padres y por los ancianos de su Congregación, además de por unas convicciones propias, fuertes en apariencia, pero mucho más frágiles de lo que él está dispuesto a reconocer en un principio.

Lo que verdaderamente debe decidir Fiona, la jueza protagonista, es si el joven goza de la misma capacidad un adulto para decidir acerca de su propia vida, puesto que la legislación británica contempla ciertas excepciones en menores que están a punto de cumplir los dieciocho años. ¿Es Adam una víctima de una religión intolerante o es una persona que libremente ha elegido una forma de vida que contempla la posibilidad del martirio en nombre de unas creencias? En el fondo, como pronto descubrirá el lector, Adam no es más que un joven confundido repleto de ansia de vivir, pero que no quiere decepcionar a sus seres queridos flaqueando cuando se enfrenta a la prueba suprema. Fiona, que debe ponderar entre las razones del Hospital y las razones de la religión, afronta una enorme responsabilidad, la responsabilidad de elegir entre vida o libertad, aunque al final deba relativizar las creencias de los demás para decantarse por el mal menor, o el bien mayor, según se mire:

"Las religiones, los sistemas morales, el suyo incluido, eran como cimas de una densa cordillera vistas desde una gran distancia, entre las cuales ninguna destacaba de las otras por ser más alta, más importante o más verdadera. ¿Qué había que juzgar?"

En la mente de Adam, Fiona se va a convertir en un ser que le atrae y le repele al mismo tiempo. Puede ser la dadora de vida, aquella que le salve, tal como anhela en su interior, pero contra su voluntad consciente, la persona que le abra los ojos a otra forma de ver el mundo en la que por primera vez en su existencia, la libertad y el relativismo pueden empezar a jugar un papel esencial:

"Sin la fe, qué abierto y hermoso y aterrador debió parecerle el mundo."

Juzgando personalmente la novela desde un punto de vista moral, para mí está claro que la religión de los padres no debe imponerse sobre el proyecto vital de unos hijos menores que han sido adoctrinados desde la infancia y que no pueden ponderar de manera imparcial sus propias decisiones. Si uno es secuestrado desde la infancia por una doctrina asfixiante, la libertad de elegir es sustituida por el miedo a conculcar los preceptos de la propia fe, a decepcionar a los seres queridos y a ganarse el castigo eterno de Dios. La obra de McEwan plantea todos estos asuntos de una manera inteligente y deja que sea el lector el que saque sus propias conclusiones a través de un final ambiguo y agridulce.

lunes, 1 de octubre de 2018

EL PORVENIR DE UNA ILUSIÓN (1927), DE SIGMUND FREUD. UNA NEUROSIS INFANTIL.

A principios del siglo XX, en occidente, la fe religiosa era un concepto en franco retroceso, al menos entre las capas más ilustradas de la sociedad. La ciencia iba desentrañando muchos de los secretos del mundo y descubría que buena parte de ellos estaban en franca contradicción con lo que contaba la Biblia. Todavía había gente que se resistía a creer en los postulados de Darwin y preferían seguir manteniendo su fe en la verdad literal del Génesis, por mucho que la razón probara lo contrario. Así pues, no es raro que Freud califique a la religión como una ilusión, destinada a mantener esperanzas en una vida mejor y en una justicia divina que no es posible en este mundo. Cuando uno es niño, se siente protegido por los padres, pero cuando crece, descubre que la existencia es mucho más peligrosa de lo sospechado, por lo que los hombres inventaron la protección de padres de poder omnipotente. Si se los venera, vendrán recompensas en este mundo y el que existe después de la muerte:

"La civilización toma también a su cargo esta función defensora y la cumple por todos y para todos en igual forma, dándose el hecho singular de que casi todas las civilizaciones proceden aquí del mismo modo. No detiene en este punto su labor de defender al hombre contra la Naturaleza, sino que la continúa con otros medios. Esta función toma ahora un doble aspecto: el hombre, gravemente amenazado, demanda consuelo, pide que el mundo y la vida queden libres de espantos; pero, al mismo tiempo, su ansia de saber, impulsada, desde luego, por decisivos intereses prácticos, exige una respuesta."

Desde luego, renunciar a creencias que han sido inculcadas desde la más tierna infancia constituye un ejercicio de singular dureza. Por mucho que la razón insista en dirigir el pensamiento hacia el ateísmo o el agnosticismo, siempre quedará una reminiscencia conformada por una mezcla de ilusión antigua y miedo y que además representa un anhelo íntimo de todo ser humano que no quiere deshacerse de la esperanza de que todo tenga un sentido final. Para Freud, dejar atrás las creencias religiosas es traumático, pero nos hace madurar, superar la neurosis infantil que durante siglos ha lastrado el progreso de la humanidad, aunque también le haya proporcionado ciertos beneficios, relacionados con la moral de las masas. En cualquier caso, como bien pudo comprobar el pensador vienés en la Primera Guerra Mundial, el mandamiento de "No matarás", jamás ha impedido al Estado reclutar a millones de soldados y lanzarlos a la matanza en nombre de Dios y la civilización.

Después está el problema de las consecuencias, de si la moral pública puede verse afectada por una renuncia en masa de los preceptos religiosos. Como hemos podido comprobar en las últimas décadas, el progreso humano no se ve afectado por las renuncias religiosas, sino que sucede justamente lo contrario. Como no podía ser de otra manera, las últimas palabras del ensayo están dedicadas al poder de la ciencia, una creación humana, al igual que la religión pero que, al contrario que esta última, ha demostrado sobradamente que es factor fundamental para el desarrollo del bienestar de la humanidad:

"La civilización toma también a su cargo esta función defensora y la cumple por todos y para todos en igual forma, dándose el hecho singular de que casi todas las civilizaciones proceden aquí del mismo modo. No detiene en este punto su labor de defender al hombre contra la Naturaleza, sino que la continúa con otros medios. Esta función toma ahora un doble aspecto: el hombre, gravemente amenazado, demanda consuelo, pide que el mundo y la vida queden libres de espantos; pero, al mismo tiempo, su ansia de saber, impulsada, desde luego, por decisivos intereses prácticos, exige una respuesta."

jueves, 13 de septiembre de 2018

ASCENSO Y CAÍDA DE ADÁN Y EVA (2017), DE STEPHEN GREENBLATT. BUSCANDO EL PARAÍSO PERDIDO.

Durante siglos la historia de Adán y Eva ha fascinado de muy distintas maneras a numerosas generaciones de seres humanos. Yo mismo, en cuanto la escuché por primera vez en el colegio, no pude dejar de sentir un íntimo sentimiento de indignación, una especie de reproche a aquellos seres que nos habían arrebatado por puro egoísmo aquel jardín paradisiaco al que debíamos pertenecer por derecho. Si las cosas andaban mal en el mundo, no era porque Dios lo hubiera fabricado de manera defectuosa, sino porque el hombre había precipitado su propia caída. Y es que lo primero que se siente frente a un relato con tanta fuerza de evocación es que uno está ante una de esas muestras de literatura primordial que demuestran la perenne fuerza de la narrativa humana, nuestra infatigable curiosidad y las ganas de explicarlo todo, aunque sea con un relato de corte fantástico que adquirió tanta fortuna que terminó siendo creído a pies juntillas por millones de seres humanos:

"La historia de Adán y Eva nos habla a todos nosotros. Habla de quiénes somos, de dónde venimos, por qué amamos y por qué sufrimos. La vastedad de su alcance parece formar parte de su propósito. Aunque representa una de las piedras angulares de tres de las grandes religiones del mundo, es anterior, o pretende ser anterior, a cualquier religión en concreto. Recoge la extraña forma en que nuestra especie trata el trabajo, el sexo y la muerte —‌rasgos de la existencia que compartimos con todos los demás animales— como objetos de especulación, como si dependieran de algo que hubiéramos hecho, como si todo hubiera podido ser distinto."

La primera sorpresa que puede llevarse el lector de Ascenso y caída de Adán y Eva, es que dicha historia recoge una tradición muy anterior a los primeros relatos recogidos por los judíos. Ya en Babilonia se escribieron mucho antes relatos similares y debió de ser durante su cautiverio en esta región cuando algunos judíos empezaron a adaptar dicha historia a su propia religión. Bien es cierto que creer de manera literal en un relato tan fantástico plantea múltiples complicaciones, preguntas que se han ido planteando a lo largo de los siglos desde el más humilde agricultor al más prestigioso teólogo: ¿cómo es posible que una sola pareja llegara a multiplicar de seres humanos toda la Tierra? ¿cómo es que Dios, en su infinita sabiduría no pudo anticipar lo que iba a suceder? Ya Filón de Alejandría, a principios de la era cristiana, propuso interpretar el relato como algo más alegórico que real, una especie de fábula plena de sabiduría.

Frente a las interpretaciones alegóricas, se alzó la inmensa - para la cristiandad - figura de San Agustín, que dedicó buena parte de su vida a estudiar el relato de la creación y estableció como dogma de fe la verdad literal de las palabras del Génesis, hasta el punto de asegurar que todos los seres humanos nacían con una especie de pecado original que nos habían transmitido nuestros primeros padres y que solo el sacrificio de Jesucristo, el nuevo Adán, había podido redimir. Eso sí, cualquier niño no bautizado o cualquier pagano que muriera sin haberse convertido a la religión de Cristo, estaba irreversiblemente condenado. Eso incluía a todas las generaciones que habían existido antes de la llegada del Redentor. La influencia teológica de San Agustín llega hasta nuestros días: todavía hoy son millones las personas que declaran creer literalmente el relato de lo acontecido en el jardín del Edén.

Evidentemente, una vez establecida como indiscutible poder temporal y espiritual, la Iglesia aprovechó para alterar el relato de Adán y Eva y dotarlo de una conveniente misoginia, culpabilizando a Eva casi por completo de la caída, lo cual justificaba con creces que fuera considerada un ser inferior, alguien que debía sumisión al marido y que no debía escalar a posiciones de poder. El influyente Tertuliano, uno de los padres de la Iglesia, dejó escritas cosas como ésta:

"¿Y acaso no sabes que eres Eva? Sigue viva en esta época la sentencia pronunciada por Dios contra ese sexo: la culpa debe necesariamente seguir viva. Tú eres la puerta del diablo; tú eres la que rompiste el sello de aquel árbol (prohibido); tú eres la primera desertora de la ley divina; tú eres la que convenciste a aquel al que el diablo no fue capaz de atacar. Tú fuiste la que destruyó con tanta facilidad a la propia imagen de Dios, al hombre. Fue por lo que tú merecías, la muerte, por lo que incluso el Hijo de Dios tuvo que morir. ¿Y todavía piensas en ponerte galas sobre las túnicas de tu piel?"

Con la llegada del Renacimiento, la historia de Adán y Eva pasó plenamente a ser un tema artístico muy popular, un excusa perfecta para plasmar la perfección del cuerpo humano. Algunos intelectuales, sin poner en duda la veracidad del relato, empezaban a plantearse preguntas peligrosas, que no podían ser realizadas en ámbitos públicos si no querían ser protagonistas de un auto de fe. Greenblatt dedica varios capítulos a John Milton, el creador del más bello poema dedicado a nuestros presuntos primeros padres. El paraíso perdido es la vez un canto a la fe y la libertad a la hora de interpretar la misma. El siglo XVIII, el de la Luces, sí que daría lugar a auténticas andanadas contra la ortodoxia católica, precedidas por la publicación del famoso Diccionario histórico y crítico, de Pierra Bayle y posteriormente del Diccionario filosófico, de Voltaire, mucho más irónico y directo en sus ataques a la religión. La puntilla a la credibilidad de la historia de Adán y Eva llegó con la publicación de El origen de las especies de Charles Darwin. Libro polémico como pocos, dotado de un rigor científico pocas veces igualada, la tesis de Darwin era absolutamente incompatible con la creación de seres humanos perfectos con el mismo aspecto del hombre actual: la evolución había sido un proceso lento y complicado, en el que no había lugar para un Creador de todas las cosas.

En cualquier caso, el remoto relato recogido al principio del Génesis, sigue manteniendo intacta su capacidad de fascinación porque, aunque no se pueda ya leer literalmente como un suceso real, sí que contiene enseñanzas muy profundas acerca de la naturaleza humana, del anhelo de conocimiento propio de nuestra condición y de la esperanza íntima que yace en cada uno de nosotros de que alguna vez seremos capaz de retomar nuestra originaria condición paradisíaca.

miércoles, 11 de julio de 2018

LA EDAD DE LA PENUMBRA (2017), DE CATHERINE NIXEY. CÓMO EL CRISTIANISMO DESTRUYÓ EL MUNDO CLÁSICO.

Las imágenes de hace un par de años, de soldados del Estado islámico destruyendo los valiosos restos de Palmira estremecieron al mundo entero y fueron calificadas de manera unánime como un acto de barbarie, contra la cultura y la civilización. En aquella ocasión, pocos comentaristas se acordaron de que, dieciseis siglos antes, los primeros cristianos que consigueron hacerse con el poder temporal, emprendieron una campaña igualmente brutal contra los símbolos paganos, contra los templos, contra las estatuas y contra los escritos de una cultura que había durado mil años. La historia oficial del cristianismo siempre ha enseñado que dicha transición fue un proceso esencialmente pacífico y que la mayor parte de la gente aceptó con entusiasmo la llegada de la nueva religión. Catherine Nixey, consciente de que la historia la escriben los vencedores, intenta acercarse en esta obra memorable a la verdad de aquellos hechos tan remotos y nos muestra un auténtico genocidio cultural que fue silenciado durante siglos. La victoria final del cristianismo fue total, pero lo fue a costa de la completa aniquilación y humillación de la religión y las costumbres de los habitantes del Imperio romano.

Entre otras cosas, Nixey revela que la tan cacareada persecución contra los cristianos no fue tan intensa ni tan terrible como comúnmente se cree. Es posible que sus víctimas fueran cientos, en vez de miles. Si una organización con tanto poder como el Imperio romano hubiera querido exterminar una religión de su seno, sin duda habría tenido éxito. Las campañas de represión contra los cristianos fueron pocas y esporádicas. Lo normal fue una especie de tolerancia vigilante, hasta que, poco a poco, el cristianismo fue logrando un número cada vez mayor de adeptos, seducidos por la promesa de una vida eterna, una oferta sin competencia en el mercado religioso romano. Muchos intelectuales del Imperio se mofaban de la nueva religión. Han llegado hasta nosotros textos enormemente críticos, como el de Celso y se han perdido otros, como los quince volúmenes que dedicó Porfirio a rebatir la fe en Cristo. Un hito importantísimo en esta historia se produjo en el año 313, cuando el Edicto de Milán, promulgado por un recién convertido emperador Constantino decretó una tolerancia a todas las religiones que terminaría allanando el camino al cristianismo hacia el poder absoluto sobre los cuerpos y sobre las almas.

Bien pronto la autodenominada religión del amor empezó a utilizar tácticas de intimidación e incluso de violencia contra los que no eran sus acólitos. Para san Agustín, impedir pecar a un pecador no era crueldad, sino bondad, por lo que podían usarse para ese fin todos los medios que se consideraran necesarios. Acostumbrados a la aceptación de dioses extranjeros en su propio panteón, muchos romanos miraban asombrados y preocupados cómo los seguidores de Cristo predicaban la intolerancia frente al resto de creencias y se burlaban de los cultos paganos, considerando que eran obra del demonio. Ya en el siglo IV, voces como la de Quinto Aurelio Símaco seguían implorando que se siguiera un camino de tolerancia religiosa, mientras los viejos cultos romanos se desmoronaban frente al rodillo cristiano:

"Por eso os rogamos que haya paz para los dioses patrios (...). Es razonable considerar único lo que todos honran. Contemplamos los mismos astros, el cielo es común a todos, nos rodea el mismo mundo. ¿Qué importancia tiene con qué doctrina indague cada uno la verdad?"

El genocidio cultural fue impresionante: uno tras otros los templos de los dioses tradicionales romanos fueron atacados y destruidos con saña. Quienes se oponían, eran asesinados. Las estatuas (algunas, obras maestras de la escultura), eran decapitadas y mutiladas, para hacer salir de ellas los presuntos demonios que moraban dentro. Se produjo también una campaña implacable contra la cultura escrita: tan solo el diez por ciento de la literatura romana ha llegado a nuestros días, a consecuencia de ésta. Los monjes no tenían reparo en tomar piedras pómez y raspar los antiguos manuscritos para escribir sobre ellos obras de doctrina de la Iglesia. La prohibición de libros por parte de la Iglesia es una antigua tradición que se remonta a casi nuestros días. 

La puntilla al paganismo la puso la infame Ley 1.11.10.2, dictada por Justiano en el siglo VI, que prohibió cualquier enseñanza que no se ajustase a la doctrina cristiana y prácticamente instó a toda la población que no lo hubiera hecho ya, a convertirse. Así también se acabó con los últimos filósofos que enseñaban en la Academia de Atenas. Su último director, Damascio, que ya había tenido que abandonar Alejandría algunas décadas antes, debido a la violencia religiosa, se exilió de Atenas, cerrando para siempre el espacio que había sido símbolo del conocimiento durante tantos siglos. Un velo de oscuridad e intolerancia cayó entonces sobre un mundo que se volvió mucho más ignorante. La doctrina cristiana daba sus últimos pasos para convertirse en una religión totalitaria que regulaba todos los aspectos de la vida de la gente a través del miedo: miedo a la autoridad y miedo a un Dios todopoderoso que vigilaba a los hombres hasta en sus pensamientos más íntimos:

"Una clase muy particular de miedo empezó a aparecer. Como ha señalado Peter Brown, se trata de la perpetua ansiedad de una gente que creía que no solo todos sus hechos, no solo todas sus palabras, sino además todos sus pensamientos estaban siendo observados."

La historia la escriben los vencedores. El advenimiento del cristianismo quedó como un relato heroico repleto de santos y mártires. El trabajo del historiador cristiano no era registrarlo todo, sino solo aquello que ejerciera un bien en los cristianos que lo leyeran, por lo que se aseguraron de que la visión de los vencidos quedara borrada. Un libro como La edad de la penumbra, riguroso, divulgativo y admirablemente escrito, ayuda a recuperar la verdad de aquel proceso y nos hace escuchar la voz de unas víctimas perdida en el devenir de los siglos. 

miércoles, 28 de marzo de 2018

BIOGRAFÍA DEL SILENCIO (2012), DE PABLO D´ORS. BREVE ENSAYO SOBRE LA MEDITACIÓN.

El comentar que la vida actual no nos deja tiempo para dedicarnos a nosotros mismos es uno de esos tópicos de cuya certeza prácticamente nadie duda. Quienes tienen que compatibilizar el ser padres con trabajos cada vez más estresantes y exigentes, solo piensan en volver a casa para cenar y quedarse dormidos viendo la tele. Así que hablar de dedicar un espacio diario a la meditación en estos tiempos resulta algo casi extravagante. Pero esta es la propuesta que realiza el escritor y sacerdote Pablo d Ors, en un ensayo tan pequeño como intenso y honesto. 

D Ors no quiere engañar al lector: él parte de su experiencia personal y de su técnica de meditación: la más dura y cruda, consistente en sentarse a solas y en completo silencio, en una postura vagamente incómoda y dejar a la mente a su libre albedrío. Una actividad a la vez sencilla y complicada, desesperante y, según nos dice él, intensamente terapeútica. Si a diario la publicidad nos machaca con la necesidad de que vivamos experiencias cada vez más intensas, las coleccionemos y las subamos de inmediato a nuestras redes sociales. Según el autor, es mejor tener pocas experiencias, pero que éstas sean de calidad durarera, de ritmo pausado, que nos marquen y nos cambien. En realidad la meditación consiste en simplificar el mundo para comprenderlo mejor y advertir hasta que punto formamos parte del mismo:

"Para alguien como yo, occidental hasta la médula, fue un gran logro comprender, y empezar a vivir, que yo podía estar sin pensar, sin proyectar, sin imaginar, estar sin aprovechar, sin rendir: un estar en el mundo, un confundirme con él, un ser del mundo y el mundo mismo sin las cartesianas divisiones o distinciones a las que tan acostumbrado estaba por mi formación." 

La meditación se define también como una especie de filosofía del presente, en la que no caben miedos ni ansiedades. Además, es posible que con ella nos conozcamos mejor (al yo del presente) y nos perdonemos a nosotros mismos nuestras acciones erróeneas del pasado. Además, también ayuda a construir herramientas íntimas que permitan afrontar los problemas futuros, hasta el punto de lograr no darles importancia, vivirlos como eventualidades lógicas de nuestro ciclo vital, sin dramas y, por lo tanto, sin sufrimientos inútiles.

"La práctica de la meditación a la que me estoy refieriendo puede seguramente resumirse en saber estar aquí y ahora. No otro lugar, no otro tiempo. (...) Queremos estar con nosotros: nuestra inconsciencia habitual lo rehuye, pero nuestra conciencia más honda lo sabe."

Por supuesto que se trata de un viaje difícil. Los resultados nos son rápidos y a veces no llegan nunca. Personalmente, nunca he practicado meditación. Supongo que será por falta de paciencia, más que de tiempo y que mi mejor forma de relajarme, de encontrarme conmigo mismo, se produce cuando estoy en silencio con un buen libro entre las manos. Quizá algún día pruebe la interesante propuesta de D´Ors, pero no será pronto, creo. La promesa del fin de los miedos y la ansiedad que continuamente atenazan al ser humano es muy tentadora, pero el camino muy árido. Lo mejor es acercarse a este librito, que casi se lee de una sentada y que cada uno le saque el provecho que mejor convenga a su forma de vida.

jueves, 30 de marzo de 2017

EL MITO DEL ETERNO RETORNO (1951), DE MIRCEA ELIADE. ARQUETIPOS Y REPETICIÓN.

Los humanos hemos interiorizado el concepto de historia lineal, de progreso y retroceso histórico, solo desde hace unos cuantos siglos. Una tradición de milenios que aseguraba que la historia era circular nos precede. El hombre arcaico creía que sus gestos, que cualquier acción que pudiera emprenderse, había sido modelada ya anteriormente por otro que no era hombre. Y no solo eso: el mundo en el que habitamos no es más que una imitación imperfecta de otro mundo primigenio, creado antes que éste y que está situado en una especie de nivel cósmico superior. Pero cuando nos referimos a malas acciones o a regiones desérticas u hostiles a la vida, el arqutipo no es aquel mundo primigenio, sino el caos, que acaso es un fenómeno mucho más antiguo y que sigue presente en algunos aspectos de nuestra existencia. Especial importancia tiene la idea de ritual, porque en este caso la sacralidad viene de la evocación del modelo divino en el que se basa: por eso solo puede ser llevado a cabo por alguien cercano a los dioses, como el chamán de la tribu. 

En realidad todas las actividades importantes que regulan la vida humana - la caza, el nacimiento, la muerte... - estaban investidas por el halo de lo sacro, con lo cual contaban con modelos ejemplares instituidos por los dioses. La idea de la reversibilidad y de lo novedoso en la historia humana es bastante reciente. A los primitivos no se les hubiera ocurrido, porque toda su existencia se basaba en la repitición, en la regeneración del tiempo que se repetía simbólicamente cada año con el paso de las estaciones y las actividades que generaba cada una de ellas. La representación del tiempo se parece a esas ruedas de la fortuna que representaban los miniaturistas medievales: a la edad de oro que tan brillantemente evocó don Quijote le sucede una de plata y así sucesivamente, hasta la edad de hierro actual, en la que la vida del hombre supone solo un suspiro respecto a lo que duraban sus predecesores. Pero no obsta para que en algún momento pueda volver la edad de oro y que esa sucesión vuelva a comenzar, una esperanza que está presente en muchos de los escritos de los antiguos. 

Desde luego, nos quedan reminiscencias de estas creencias. Sin ir más lejos, el año litúrgico cristiano que todavía regula la vida una buena parte de la población en occidente:

"El año litúrgico cristiano está, por lo demás, fundado en una repetición periódica y real de la natividad, de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Jesús, con todo lo que ese drama místico implica para un cristiano; es decir, la regeneración personal y cósmica por la reactualización in concreto del nacimiento, de la muerte y la resurrección del Salvador."

Pero si bien esto es una realidad de las creencias cristianas, también es cierto que precisamente la presencia de Dios en la historia, convertido en un mero hombre hace que el ciclo de las repeticiones se torne absurdo: ahora la historia tiene un fin, que es la redención de la humanidad y la llegada del Reino: la muerte de Cristo por nuestros pecados solo sucede una vez y el cristiano solo tiene una oportunidad para salvarse y gozar de la vida eterna. Mircea Eliade, uno de los especialistas más reputados en historia de las religiones, con su prosa erudita a la vez que amena y comprensible, es el mejor guía para reflexionar acerca de las creencias de nuestros antepasados y hacernos ver que conceptos que creemos muy arraigados, como el de historia lineal, fueron desconocidos por muchos milenios por nuestros antepasados. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

SUMISIÓN (2015), DE MICHEL HOUELLEBECQ. ADAPTARSE A LA MAREA.

Que el miedo al islam, a la presunta avalancha de refugiados sirios y de otros países asiáticos y africanos está estimulando los nacionalismos en la Europa del presente es una innegable realidad. Vivimos actualmente en un mundo distópico, en el que un personaje como Donald Trump, que parece directamente sacado de un cómic satírico de Frank Miller, gobierna el país más poderoso del mundo. Leer una novela como Sumisión a la luz de los más recientes acontecimientos produce una sensación extraña, como si el escritor se hubiera convertido en profeta y un lúcido Houellebecq estuviera enseñándonos el futuro más inmediato, un escenario político impensable hace algunos años pero que hoy día podría convertirse en plausible (espero equivocarme de plano).

En Sumisión el protagonista, un profesor universitario cuarentón y un poco de vuelta de todo, nos cuenta en primera persona la llegada a Francia, elecciones mediante, de un régimen islámico. Antes los ciudadanos franceses han debido enfrentarse a una elección imposible entre dos males: el Frente Nacional, que instauraría el fascismo en el país o el gobierno del partido musulmán, que va a dinamitar la tradición de una Francia laica. Es muy significativo, que en su alianza con un desesperado Partido Socialista, Ben Abbes, el líder islámico desee controlar ante todo la política educativa, base fundamental para el profundo cambio social que está en la base de su programa. El protagonista nos contará sus miedos ante el posible estallido de una guerra civil en Francia, aunque pronto estos miedos quedarán casi totalmente disipados: la siguiente fase de la nueva e increíble realidad consiste en adaptarse o morir, examinar los pros y los contras de abrazar la fe islámica - tratándose de Houellebecq hay un divertido análisis del fenómeno de la poligamia - y acercarse al calor de los vencedores, cuyo deseo más ferviente es convertir a su fe a cuantos miembros de las élites francesas sea posible.

Como le explica un reciente converso al protagonista, que juguetea también con la idea de abrazarse a la fe de los vencedores, la clave del éxito del islam está en el deseo oculto de sumisión del ser humano, de la facilidad con la que éste es capaz de entregar la propia libertad a quienes le ofrecen una explicación completa del mundo, la integración en una comunidad sólida y esperanzas para el futuro si es obediente y un buen creyente:

"- Es la sumisión (...) La idea asombrosa y simple, jamás expresada hasta entonces con esa fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta. Es una idea que no me atrevería a exponer ante mis correligionarios, que quizá la juzgarían blasfema, pero para mí hay una relación entre la absoluta sumisión de la mujer al hombre, tal como la describe Historia de O, y la sumisión del hombre a Dios, tal como la entiende el islam. (...) ¿Qué es en el fondo el Corán sino un inmenso poema místico de alabanza? De alabanza al Creador y de sumisión a sus leyes."

A pesar de no tratarse de una de las mejores novelas del autor francés, Sumisión es una lectura imprescindible en nuestro tiempo, porque es indudable que Houellebecq es un provocador nato, alguien que no duda en ser políticamente incorrecto para exponer un análisis mucho más riguroso de lo que parece acerca de los males que acechan a occidente en la actualidad. Si llegara a darse el caso, ¿qué eligirían ustedes como mal menor, fascismo o islamismo?