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domingo, 7 de junio de 2026

TODOS LOS HOMBRES DE SÁNCHEZ (2026), DE KETTY GARAT. CÓMO SE ORGANIZÓ LA MAYOR TRAMA DE CORRUPCIÓN DE LA HISTORIA DE LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA.

Este es un libro acerca de una historia todavía no concluida. Una historia que nos mantiene atentos a los titulares de los periódicos ante las preocupantes novedades que van publicándose día tras día acerca de las distintas ramificaciones de los diferentes casos que afectan al presidente del gobierno. Un gobierno que llegó después de la primera moción de censura exitosa de nuestra democracia, comenzó a ejercer sus funciones haciendo bandera de su rechazo a la corrupción. Nada más lejos de la realidad, puesto que desde el primer día se organizó la trama Ábalos (que fue cesado como ministro en 2021 por oscuras razones que poco a poco se van aclarando) y fueron sustanciándose otras menos claras, como la del enchufe del hermano de Pedro Sánchez en la diputación de Badajoz o la cátedra en la Complutense de la esposa del presidente.

Con la aparición de las primeras noticias al respecto a cargo de medios como The objetive o El Confidencial, la táctica gubernamental fue negarlo todo, atribuirlo al fango producido por las campañas de la ultraderecha. Muchos ciudadanos creyeron esta versión al principio, pero poco a poco lo abrumador de las evidencias (reforzadas por numerosos informes de la UCO) han hecho sospechar que las cosas son mucho más siniestras de lo que se creía en un principio, ya que se han unido nuevos actores a estas intrigas, incluyendo a todo un expresidente del gobierno como Rodríguez Zapatero. Pero es que además muchos de estos episodios no solo tienen que ver con contratos públicos y mordidas, sino con sórdidas historias de prostitución protagonizadas por importantes miembros del gobierno más feminista de la historia. Todo esto ha derivado en la actualidad en la bunkerización de Moncloa. No hay ruedas de prensa y la única declaración relevante de las últimas semanas ha consistido en unas breves palabras del presidente negando todo conocimiento acerca del caso Fontanera.

Ketty Garat ha escrito acerca de unos hechos apasionantes y, aunque no lo hace de forma brillante, su conocimiento después de años de investigación, muchos de ellos siendo desacreditada, es lo hace verdaderamente interesante la lectura de este libro. Paralelamente a los hechos que todos conocemos, Garat va contando su propia historia, los problemas personales en los que derivaron horas y horas de investigación para hilvanar todos los hilos que componen las distintas tramas que el presidente dice no conocer. Cuando todo esto termine y culminen todas las investigaciones judiciales, dentro de algunos años, se podrá escribir un análisis mucho más sereno y claro de cómo ha sido posible todo esto, de cómo un presidente de gobierno que decía querer ser modélico se rodeó de gente de tan baja estofa para asumir muy importantes responsabilidades. Estos van a ser años muy estudiados, no solo por la corrupción, sino por la reacción del gobierno y la gestión de sucesos muy dramáticos: la pandemia, la tragedia del AVE, la dana de Valencia... Mucha de la historia reciente y presente está por escribir.

sábado, 17 de enero de 2026

ESCRITOS CORSARIOS (1975), DE PIER PAOLO PASOLINI. UNA BATALLA TRAS OTRA.

Aunque fueron escritos en el contexto de la Italia de los años setenta (y para entender plenamente su valor, conviene adquirir algunas nociones sobre la época) los artículos de Pasolini apelan también al lector actual, ya que los temas que trata (la nueva sociedad de consumo, la homogeneización cultural o el desencanto político) son plenamente trasladables a nuestros días, cincuenta años después. Y eso es lo más asombroso para el lector de Escritos corsarios, que algunos artículos tocan numerosas fibras sensibles de la sociedad de nuestros días, por lo que el autor intuyó las grandes tendencias sociales que iban a marcar las siguientes décadas. Para Pasolini la sociedad hedonista y el consumismo desmesurado que empezaban a aposentarse en Italia marcaban una época de falta de libertades, de pérdida de tradiciones y de lo que él consideraba la esencia real de la gente humilde. Después de la represión de las protestas de mayo del 68, se imponía un nuevo mundo ultracapitalista que seduce a las masas a través de promesas ilusorias de felicidad:

"Ningún centralismo fascista consiguió lo que ha conseguido el centralismo de la civilización de consumo. El fascismo proponía un modelo, reaccionario y monumental, que, sin embargo, no pasaba de ser letra muerta. Las distintas culturas populares (campesinas, subproletarias, obreras) seguían, imperturbables, ajustándose a sus antiguos modelos: la represión se limitaba a obtener su adhesión de palabra. Hoy, por el contrario, la adhesión a los modelos impuestos por el Centro es incondicional y absoluta. La gente reniega de los modelos culturales reales. La abjuración ha sido consumada. Por consiguiente, podemos afirmar que la «tolerancia» de la ideología hedonista que promueve el nuevo poder es la peor represión de la historia humana. ¿Cómo ha podido ejercerse tal represión? Mediante dos revoluciones que han tenido lugar en el seno de la organización burguesa: la revolución de las infraestructuras y la revolución del sistema de información. Las calles, la motorización, etc., han unido estrechamente la periferia con el Centro, aboliendo toda distancia material. Sin embargo, la revolución del sistema de información ha sido todavía más radical y decisiva. Por medio de la televisión, el Centro ha asimilado al país entero, históricamente tan diverso y rico en culturas originales. Ha emprendido una labor de homogeneización que destruye todo cuanto es auténtico y concreto. Es decir, ha impuesto —como decía— sus modelos: que son los modelos que promueve la nueva industrialización, la cual ya no se da por satisfecha con un «hombre que consuma», sino que pretende que no pueda concebirse otra ideología que la del consumo. Un hedonismo neolaico, ciegamente indiferente a todo valor humanístico y ciegamente ajeno a las ciencias humanas."

¿Qué podría decir de la época de las redes sociales, de la falta de atención un Pasolini que se quejaba hace cincuenta años del poder creciente de la televisión? ¿qué opinaría acerca de la publicidad que lo inunda todo, de la posibilidad de comprar durante las veinticuatro horas a través de internet? Su diagnóstico sería demoledor acerca de un mundo en el que cualquiera puede encontrar cualquier tipo de información desde su teléfono móvil, pero en el que la tradición humanista de occidente se encuentra seriamente dañada. Para llegar a esta conclusión basta con contemplar el tipo de líderes que la gente elige hoy día para que - presuntamente - defiendan sus intereses. Desde luego, aunque Pasolini se equivoca en muchas de sus apreciaciones (por ejemplo cuando se referiere a la Iglesia católica), acierta en otras muchas y lo hace de manera directa, en un estilo de literatura de combate que necesita ser polémico para llamar la atención y conseguir lo que más le interesa: generar debate. 

Quizá estas opiniones tan radicales reforzaron a quienes querían acabar con él y tuvieran que ver con su asesinato, que se produjo poco después, aunque no existen pruebas que permitan llegar a esta conclusión. Lo cierto es que frases tan contundentes como "Yo sé cómo se llaman las personas serias e importantes que están detrás de los trágicos muchachos que eligieron las suicidas atrocidades fascistas y de los delincuentes comunes, sicilianos o no, que se pusieron a su disposición como asesinos o sicarios. Yo sé cómo se llaman esas personas y sé cuáles son los hechos (atentados contra las instituciones y masacres) de los que son culpables. Yo sé. Pero no tengo pruebas. Ni siquiera tengo indicios", pudieran poner nerviosa a gente muy poderosa frente a alguien que usaba una libertad radical que podía derivar en acusaciones más concretas en el futuro. En cualquier caso, provocaran o no su muerte, Escritos corsarios resulta una lectura imprescindible para comprender como de aquellos polvos derivaron estos lodos.

sábado, 15 de noviembre de 2025

EL RUGIDO DE NUESTRO TIEMPO (2025), DE CARLOS GRANÉS. BATALLAS CULTURALES, TRIFULCAS POLÍTICAS.

Vivimos en un mundo muy extraño en el que los artistas se han vuelto moralistas y los políticos son unos transgresores que ofrecen espectáculos cada día más grotescos.  A raiz de fenómenos como el Me Too, el auge del feminismo y de los valores de una izquierda purista e identitaria han convertido a una buena parte de los componentes del mundo del arte y la cultura en unos moralistas insoportables: la idea de justicia, de ética, prevalece sobre la libertad del artista. La política en cambio es más que nunca un campo de batalla en el que todo vale. Personajes tan insólitos como Trump o Milei, que hace unos años hubieran parecido risibles a cualquier elector, suscitan pasiones inusitadas y adhesiones fervientes, quizá porque venimos de un tiempo de promesas incumplidas, de políticas que han favorecido sistemáticamente a los más poderosos en detrimento de una clase media que pierde poder adquisitivo y derechos a pasos agigantados:

"La política era ahora el campo de las bajas pasiones, de la teatralización del odio y del desprecio, de la performance agresiva y visceral que encarnaba la rabia contenida y la contagiaba. Su función era aglutinar a través de la animadversión y del resentimiento. Destruir un orden global liberal para que volvieran a imponerse los valores tradicionalistas, nacionalistas y religiosos, si quien hablaba era Javier Milei, Santiago Abascal o Donald Trump, destruir la oligarquía, a los conservadores, el neoliberalismo o la "fachosfera·, si quien hablaba era Petro, AMLO o Pedro Sánchez, Cambiaba el rol del político. Ahora importaba menos lo que hacía en la realidad, sus acciones concretas para resolver problemas, porque más relevante era la manera en la que intervenía en el mundo simbólico que se materializaba en pantallas y en las redes."

Quizá no somos conscientes, pero los asesores de los políticos ya no se encargan tanto de guiarlos en decisiones económicas, sociales o legislativas. Ahora lo importante es la construcción de un relato (en la mayoría de los casos ficticio y absolutamente interesado) que sea satisfactorio para la parroquia propia. No se quieren ganar batallas reales, que tengan que ver con los problemas que afectan a los ciudadanos en su día a día, sino simbólicas. El político tiene que tener un estilo reconocible y su actividad debe ser juzgada en las redes más que en el Parlamento. Si hay una crisis de la vivienda, por ejemplo, no se elabora un plan ambicioso de construcción de vivienda pública, sino que se lanza una campaña publicitaria asegurando al ciudadano que el gobierno ha hecho todo lo posible para resolver el problema (algo que casi nos remite a la célebre frase de Groucho Marx: "¿a quién va a creer usted, a mí o a sus propios ojos?") y se habilita un teléfono para que el afectado se empodere (otra de las grandes palabras grandilocuentes y vacías de contenido de nuestro tiempo) frente al inmenso problema que va a seguir ahí en los próximos años.

Cuando se le pregunta al gobierno por los casos de corrupción que empiezan a oler de forma insoportable, por los fallos en las pulseras de víctimas de violencia de género o por otros temas incómodos, las respuestas jamás serán concretas sino que remitirán a una conspiración de jueces y ultraderecha o negarán sistemáticamente los errores cometidos. Esta forma de actuar puede que salve al día a día, pero a medio plazo resulta demoledora para los intereses de los ciudadanos y del propio gobierno, ya que va a llegar el momento en el que tengan que responder, aunque sea delante de un juez. Nos han tocado vivir unos tiempos muy inquientantes, en el que la mentira descarada se ha instalado en la normalidad del discurso político y en el que empiezan a escucharse argumentos cada vez más aislacionistas en muchos países. Es un acierto que Granés dedique uno de sus capítulos a analizar a cada uno de los líderes políticos de la esfera hispanoamericana (incluyendo también a Donald Trump), llegando a conclusiones desoladoras con cada uno de ellos. Es lo que nos ha tocado vivir y el futuro no parece mucho mejor en un mundo cada vez más desesperanzado.

domingo, 28 de septiembre de 2025

FUEGO Y CENIZAS (2014), DE MICHAEL IGNATIEFF. ÉXITO Y FRACASO EN POLÍTICA.

Desde hace ya mucho tiempo la actividad de los políticos se siente, para el ciudadano común, como un ámbito ajeno a su vida cotidiana, poblado por gente que se ocupa de sus propios intereses y tratan de hacer mucho ruido para llamar la atención, pero que finalmente nada consiguen para mejorar la existencia de aquellos que teóricamente los necesitan. El panorama - al menos en España - en desolador, puesto que ninguna propuesta resulta ilusionante o novedosa y resulta difícil imaginar colaborando por el bien del país a fuerzas políticas antagónicas que en realidad apadrinan discursos vacíos. De vez en cuando aparece un idealista como el propio Michael Ignatieff, que baja al ruedo político con la intención de cambiar las cosas, pero en su caso (y en el de muchos otros) acaban escaldados.

Como ya hizo magistralmente Mario Vargas Llosa en El pez en el agua, el relato de Ignatieff es el del intelectual que quiere irrumpir en el panorama político para aplicar sus conocimientos teóricos a una visión del mundo que consiga mejoras sociales. Pero la política es una profesión muy particular que, en primer lugar, exige dedicación absoluta, lo cual significa renunciar a la vida privada para someterse a un escrutinio constante por parte de la prensa y de la opinión pública. El candidato debe ser cuidadoso en sus declaraciones y acciones, lo cual elimina la idea de espontaneidad, pero a la vez éstas deben parecer naturales, no forzadas. Además, debe ser un hombre paciente, capaz de pasar horas conversando con todo tipo de personas acerca de los temas más variados, haciendo que el interlocutor se sienta comprendido:

"Los grandes políticos hacen que lo artificial parezca natural. Todas las habilidades humanas aplicadas a la política implican un cierto grado de artificio, pero este artificio debe disimularse con tranquilidad y elegancia. Esta naturalidad puede adquirirse con el tiempo y la experiencia, pero no puede enseñarse. No se trata de una técnica ni de una serie de ejercicios. No existe ningún curso para ejecutivos en el que se pueda aprender. Se trata de una elegancia a la hora de comportarse que tiene más que ver con la capacidad atlética que con la inteligencia aplicada. Para empezar, si la elegancia natural no está presente, entonces no puede adquirirse ni desplegarse con convicción. Cuando decimos de un político que actúa como por «instinto», lo que queremos decir es que posee una misteriosa capacidad para conectar con los demás, para hacerles sentirse cómodos, para hacer que se sientan especiales."

Además, el político debe ser alguien capaz de adaptarse a cualquier circunstancia, capaz de cambiar sus planes frente a emergencias inesperadas, ya que los acontencimientos se suceden a un ritmo vertiginoso y las ideas que son válidas en un determinado momento pueden no serlo tiempo después. Todo ello debe ejecutarse sin margen de error, algo que se aplica a las acciones presentes y pasadas, dado que el político va a ser escrutado y cualquier declaración o texto que haya escrito pueden ser interpretados de forma torticera y el acusado va a contar con poco margen de defensa. La conclusión de Ignatieff, una vez desintoxicado de la vorágine en la que había entrado voluntariamente, es que la política no es un juego, sino una actividad brutalmente adaptativa en la que solo triunfan los que mejor saben bregar con los vaivenes de la fortuna, aprovechando a la vez las oportunidades que se presentan. Aunque los canadienses perdieron a un buen candidato, la experiencia de Ignatieff nos regaló un libro tan interesante como éste, la experiencia de un político idealista cuyos enormes esfuerzos por cambiar las cosas resultaron finalmente baldíos. 

viernes, 22 de agosto de 2025

LOS RESCOLDOS DE LA CULEBRA (2024), DE JUAN NAVARRO GARCÍA. FUEGO Y MUERTE EN LOS INCENDIOS DE ZAMORA.

Las terribles imágenes de los últimos días, con amplias zonas de España sometidas a espantosos incendios avivados por un clima atroz, son una reproducción de las que pudimos contemplar hace tres años en la Sierra de la Culebra (una zona que ha vuelto a verse afectada estos días). Está claro que incendios forestales ha habido siempre, sobre todo en un país que sufre con frecuencia episodios de sequía extrema, pero los de los últimos tiempos son especialmente virulentos, imposibles de apagar, compuestos por llamas que devoran todo a su paso y saltan fácilmente por cualquier cortafuegos. Un fenómeno que está auspiciado también por la despoblación paulatina del mundo rural y la consiguiente falta de mantenimiento de los montes. Juan Navarro García es un periodista que fue testigo de la dureza de aquellos días y que aporta con este libro un relato muy preciso de los hechos:

"El viento empuja las llamas, con ráfagas de cien kilómetros por hora, los frentes cambian caprichosamente de dirección y los focos se ceban con la madera seca y un monte bajo —hierbajos, escobas, matorrales, zarzas y cardos— convertido en puro combustible.

Hasta los corzos y lobos chamuscados propagan las chispas que tuestan su pelaje mientras huyen. Otros animales perecen asfixiados en este laberinto de dióxido de carbono. Las cortezas saltan y el humo enrojece los ojos. Las botas se tiznan al salir de los caminos y adentrarse entre las llamas. El instinto obliga a mirar hacia atrás por si un viraje del viento, un árbol derrumbado o la propia intensidad del fuego cortan las escapatorias. No se oye nada más que el sonido de la destrucción y los cercados metálicos quedan incandescentes, abrasadores, más afilados que nunca.

Las sienes laten desbocadas y crece la desesperación. El viento eleva la humareda y cubre la sierra de la Culebra de una cúpula negra donde ni el sol ni la luna sirven como referencia. Las ráfagas cambian de dirección e impiden a los bomberos acometer con garantía las lenguas ardientes. El incendio se empacha de la peligrosa regla del treinta: más de treinta grados, rachas de más de treinta kilómetros por hora y humedad relativa menor al treinta por ciento."

En primer lugar Los rescoldos de la culebra es un homenaje a las personas que se dejaron heroicamente la vida en aquellos parajes tratando de contener el fuego. Pero también es una denuncia de la incompetencia de unos políticos que recortan en políticas forestales y de prevención, empezando por las precarias condiciones de unos bomberos a los que solo se llama para trabajar unos meses al año con unos sueldos paupérrimos y que disponen de unos medios claramente insuficientes para afrontar tragedias como la sucedida en 2022. Lo peor es que la historia ha vuelto a repetirse estos días y podemos ver que la Junta de Castilla León no aprendió nada de aquello y las numerosas promesas planteadas no se tradujeron en mejoras palpables en los medios de prevención.

El periodista vuelve a visitar la Sierra muchos meses después para constatar el abandono evidente que sufren sus habitantes después del desastre. Más que reivindicación, existe en sus habitantes un sentimiento de resignación, que se extiende a toda la población de la Comunidad Autónoma, como si las instituciones no fueran responsables de crear las condiciones para afrontar en el futuro con ciertas garantías situaciones tan extremas. Como decimos, hemos sido testigos este verano de cómo los políticos han abjurado de sus responsabilidades para volver a tirarse los trastos a la cabeza y acusarse unos a otros de dejación de funciones mientras numerosos ciudadanos contemplan con impotencia cómo se devasta la naturaleza, se pone en peligro su medio de vida e incluso sus hogares. De nuevo los desastres vuelven a golpear este país y las administraciones no están a la altura.

martes, 15 de abril de 2025

LA ERA DE LA REVANCHA (2025), DE ANDREA RIZZI. TIEMPO DE INCERTIDUMBRES.

Este es un libro de urgencia, escrito a la luz de los últimos e inquietantes movimientos globales que están acabando con el orden mundial instaurado después de la Segunda Guerra Mundial, una tendencia que parece consolidarse con la irrupción de un líder en Estados Unidos como Donald Trump. Y es que estamos en el tiempo de una tormenta perfecta protagonizada por una serie de factores disruptivos, cisnes negros que podían no ser previsibles hace algunos años, pero que protagonizan, queramos o no, el mundo de hoy. Por un lado está la puesta en peligro de la hasta ahora incuestionable hegemonía de Estados Unidos en favor de una China que ha estado esperando pacientemente su momento y que puede hablar de tú a tú a los americanos en la incierta guerra arancelaria recientemente lanzada por Trump. Por otro el auge de fuerzas populistas en un occidente que no ha sabido dar respuesta al descontento creciente de sus ciudadanos. Todo ello sazonado con un peligro de guerra en Europa que está llevando al rápido rearme de los Estados de la Unión, una vez que Estados Unidos parece desentenderse de sus compromisos tradicionales en materia de Defensa.

En estas aguas turbulentas China y Rusia buscan recuperar sus posiciones perdidas. Quizá China de una manera bastante más inteligente, pues se ha dedicado las últimas décadas a establecer un poderío económico desmesurado y a ejercitar una especie de poder blando (no tan blando, si lo miramos de cerca) que está seduciendo a líderes como Pedro Sánchez, que lidera al acercamiento de la Unión Europea a este país como alternativa a los desplantes de Donald Trump. Por otro lado Rusia utiliza la fuerza de una manera tradicional y, parece ser, bastante desastrosa para sus intereses, puesto que el país sufre un brutal desgaste y debe canalizar sus recursos a intentar doblegar la heroica resistencia ucraniana frente a su intolerable agresión de hace tres años. En toda esta vorágine, el prestigio de la democracia, que en los años noventa parecía el único sistema posible para que cualquier país progresara, se devalúa y es puesto en cuestión por muchos ciudadanos que han visto degradarse sus espectativas económicas y sociales en los últimos años:

"Es el descontento de los desfavorecidos en la era de la globalización, de las asombrosas revoluciones tecnológicas, del cambio climático, de un sistema que ha producido deslocalización de empleos manufactureros estables, presión salarial a la baja por la competencia de otros mercados, dificultad para acceder a la vivienda, exigencia de adaptación a transiciones complicadas.

Es también la disconformidad de muchos con los cambios sociales del mundo contemporáneo, sobre todo con los flujos migratorios y el avance hacia la igualdad de las mujeres o de las minorías. Aunque este rechazo no es de raíz directamente económica, es fundamental notar como anida de forma muy relevante justo en las clases populares insatisfechas y menos formadas. Los dos parámetros –nivel de renta y nivel de estudios– no son lo mismo, pero suelen ir de la mano. La dificultad económica espolea malos instintos identitarios en las clases con menor renta y formación. La cuestión material y la cultural se entrelazan.

La frustración de estas personas con un orden que las ha dejado en situaciones de precariedad, de retroceso, de desorientación, con expectativas que se esfuman, o que simplemente viven una desazón emocional ante los grandes cambios de la época mientras élites, clases altas o sectores sociales con alta cualificación se benefician enormemente de dicho orden, es el caldo de cultivo crucial para el crecimiento de fuerzas políticas nacionalpopulistas. Por supuesto, estos colectivos no son la única clave del ascenso de esos partidos en Occidente, que reciben apoyo de otros tipos de electores también. Pero son decisivos."

La era de la revancha es un libro cuyo final está todavía por escribir y sus sucesivos capítulos los iremos viendo a través de telediarios y periódicos. El mundo todavía podría salvarse si las fuerzas democráticas son capaces de adaptarse y ofrecer una alternativa atractiva a los nuevos autoritarismos en auge y en esto tiene una responsabilidad especial una Unión Europea que está quedando como faro de los Derechos Humanos en el mundo, una Unión Europea cuya única alternativa está en unirse cada vez más y recuperar en su seno a países como Reino Unido. Son tiempos interesantes los que nos han tocado vivir, viene a decir Andrea Rizzi, y lo que podía ser impensable hace solo unos años, podría materializarse en nuestra distópica realidad. Ojalá las aguas vayan volviendo poco a poco a su cauce y pueda conformarse un orden mundial que sea justo para todos y en el que no se pongan en cuestión los derechos fundamentales de los ciudadanos.

lunes, 10 de marzo de 2025

AUTOCRACIA S.A. (2024), DE ANNE APPLEBAUM. LOS DICTADORES QUE QUIEREN GOBERNAR EL MUNDO.

Soy lo bastante mayor ya como para recordar esa esperanza mundial que, con la caída del comunismo en los años noventa, supuso el triunfo de la democracia liberal en todo el mundo, una especie de fin de la historia en la que los totalitarismos del siglo XX habían sido definitivamente vencidos. Los noventa fueron una época optimista que se prolongó hasta principios de los dos mil, un optimismo que se frenó en seco con los ataques del 11 de septiembre, que quizá supusieron el principio del fin de la hegemonía de Estados Unidos como única potencia mundial. 

Como bien relata Applebaum en Autocracia S.A, las dictaduras ya no son lo que eran. Se han adaptado a estos tiempos de hipercomunicación y redes sociales y se apoyan unas a otras - a pesar de sus diferencias ideológicas - como si se tratara de un entramado empresarial y no de un conjunto de países con intereses diversos. Además, se relacionan bien con países democráticos - aunque democracias imperfectas - como Turquía, India o Hungría. Y dicha influencia está llegando ya a democracias más consolidadas, como las clásicas de occidente. Rusia puede chantajear a Europa con su dependencia del gas ruso y puede influir en las elecciones de países diversos, como ya ha sucedido con Estados Unidos, mientras mantiene a su ejército invadiendo Ucrania.

Además, los autócratas han sofisticado sus métodos de represión al disidente. Ya no hace falta matarlos públicamente para desencadenar el terror ante el resto de la población (aunque Putin ha usado mucho este método, en Rusia y también en el extranjero). Ahora también es posible desencadenar una campaña de desprestigio contra alguien a base de un bombardeo de noticias falsas que acaban calando en los ciudadanos de un país:

"(...) las campañas de desprestigio dan resultado. Cuando un aparato estatal combina el ministerio fiscal, los juzgados, la policía, los medios de comunicación bajo su control y las redes sociales para incriminar falsamente a una persona —para construir un determinado relato sobre su vida e ideas, acusarla de traición, fraude o delito y, a veces, detenerla o torturarla por esas falsas acusaciones—, parte de ese desprecio se queda adherido a la víctima."

Dados los acontecimientos de las últimas semanas, con un Donald Trump que parece muy cómodo uniéndose al club de los autócratas, el libro de Applebaum necesitaría un epílogo que analizara las implicaciones de este segundo mandato del indeseable personaje y las consecuencias que esto va a tener para Ucrania y para el resto del mundo. La historia avanza en los últimos años con una velocidad desmesurada, tanto que a muchos les hace recordar momentos muy siniestros para Europa, como los veranos de 1914 y de 1939. 

sábado, 18 de mayo de 2024

¿LA IZQUIERDA CONTRA LA ILUSTRACIÓN? (2020), DE STÉPHANIE ROZA. LA DERIVA DE OCCIDENTE.

Desde hace ya demasiado tiempo la izquierda se encuentra en una deriva en la que se aleja de sus objetivos tradicionales de emancipación de las clases más humildes para convertirse en un movimiento esencialmente reivindicativo de diversas causas. Estas causas se refieren a grupos sociales que no están determinados por factores económicos, sino por una serie de opresiones derivadas de género, raza o religión. El culpable de que el mundo sea desigual sería Occidente, cuyas declaraciones históricas de derechos solo habrían estado orientadas en favor del hombre blanco y cuyas naciones tienen un largo pasado colonial que expiar, una expiación que no termina nunca.

Hay mucho de verdad en estas afirmaciones, pero se obvia que los movimientos emancipatorios de todo el mundo han tenido casi siempre sus frutos de inspiración en pensadores de occidente. Fue precisamente la Ilustración la base de este progreso, al tratar de dejar de tener la religión como centro de la vida social y empezar a adoptar al racionalismo y a la ciencia como motor de los cambios sociales que derivarían en la Revolución Francesa. Pero todas estas conquistas son minusvaloradas hoy por buena parte de la izquierda como un instrumento del Imperialismo para imponer una cultura sobre las demás. Entre otras cosas, Roza habla del choque de culturas con la civilización musulmana y los prejuicios de los pensadores de estos últimos:

"(...) en primer lugar, la civilización occidental y la civilización musulmana no son fantasmas de extrema derecha, sino realidades totalmente extrañas una a otra. Sus valores y sus prácticas respectivas son incompatibles e inconmensurables. La civilización occidental tiene como funesta singularidad su imperialismo, su manía de querer controlar a sus propios ciudadanos y de inundar al mundo con sus soldados, sus bombas y sus valores, entre los cuales los principales implicados son el secularismo, el universalismo de los derechos del hombre y de manera general el legado de la Ilustración. Este legado es muy detestable, pues carga con la responsabilidad de numerosas desdichas para la humanidad."

Occidente presentado continuamente como una entidad imperialista derivada de las ideas de la Ilustración, por pensadores que defienden las versiones más rigoristas del islam como una civilización superior. Mientras tanto, nuestras clases más humildes contemplan cómo sus necesidades más básicas - sobre todo de vivienda y sueldos dignos - son desatendidas en favor de políticas que se estiman mucho más urgentes, las que tienen que ver con feminismo, inmigración y memoria histórica, todas muy importantes, pero mucho más fáciles de abordar - al menos desde un punto de vista de lo que se ha dado en llamar postureo - que las reivindicaciones tradicionales de la izquierda clásica. Y mientras tanto la política se hace cada vez más sentimental y menos racional. Renegar de uno de las grandes aportaciones de occidente al mundo, la de la Ilustración. el racionalismo y los derechos humanos en favor de un universalismo cultural mal entendido no puede sino ir degradando progresivamente nuestra forma de vida y nuestros valores. Y al final quien acaba aprovechándose de todo esta desorientación son los partidos de ultraderecha, que empiezan a pescar en aguas revueltas.

domingo, 31 de marzo de 2024

POR QUÉ FRACASA LA POLÍTICA (2023), DE BEN ANSELL. LAS CINCO FALLAS DE NUESTRO SISTEMA POLÍTICO Y CÓMO EVITARLAS.

En los últimos años, el concepto de política, que nunca ha sido santo de la devoción de la mayoría de la gente, está sufriendo su consideración más baja en la valoración de los ciudadanos. No solo es que tengamos la impresión de que los políticos dedican su tiempo a asuntos que poco tienen que ver con los problemas reales del día a día como el trabajo, vivienda, seguridad ciudadana o la educación, sino que estamos empezando a padecer peligrosas alternativas a los partidos tradicionales que quieren llevar la política a sendas muy radicales. La política debería ser un instrumento en el que todos se sintieran partícipes, no solamente una élite privilegiada que se beneficia de su cercanía al poder, tal y como estamos viendo últimamente cuando están saliendo a la luz los trapos sucios de los dos partidos más importantes de España. 

El libro de Ansell tiene más de teórico que de práctico. Se dedica a describir los cinco grandes factores que conforman la idea de política - democracia, igualdad, solidaridad, seguridad y prosperidad - y cómo debemos actuar para fomentarlos sin caer en las trampas del sistema. Todo ello teniendo en cuenta que las promesas en política puede llevárselas el viento y no hay manera de hacerlas cumplir si el gobierno no tiene voluntad de ello, aunque luego existirán nuevas elecciones para hacer pagar los incumplimientos. En realidad, una de las grandes fallas del sistema está determinada por la limitación del mandato de los políticos, algo muy necesario en democracia, pero que fomenta sobre todo la realización de proyectos a corto plazo, algo que los electores puedan apreciar como un haber del gobernante para las próximas elecciones, pero se abandonan los planes a largo plazo, porque habrían de consensuarse con el resto de fuerzas y ni los resultados ni los méritos serían inmediatos. Quizá por eso el déficit está desbocado en tantos países, un problema que se va dejando para que sea resuelto por las próximas generaciones:

"En un mundo ideal, los Gobiernos harían sacrificios cuando el país vive una época de prosperidad, para que sus frutos puedan cosecharse cuando lleguen tiempos más difíciles. Pero si pensamos que un partido político rival pueda atribuirse el mérito de una medida en el futuro, mientras que el partido actualmente en el poder queda como el que eleva los impuestos, se entenderá por qué es tan difícil hacer inversiones públicas a largo plazo."

Todo en la política tiene que ver con el choque entre los intereses personales de cada cual y los intereses colectivos. Todos quieren que sus impuestos les beneficien personalmente, de ahí la reticencia de los ricos a pagarlos, porque apelan a una meritocracia mal entendida (el ascensor social en España está averiado desde hace décadas) y estiman que cada cual debería ser capaz de pagarse sus servicios de sanidad, educación o pensiones, como hacen ellos. Por eso es tan importante que la democracia se base en un debate sin límites y sin restricciones, única manera de encontrar los puntos en común que nos hagan avanzar en derechos y libertades. Los países que funcionan mejor son los que utilizan los siempre limitados recursos públicos de una manera sabia y mirando al futuro, no solo a los beneficios inmediatos de la inversión. El libro de Ansell constituye una sabia apelación a la cordura de los políticos (y de los ciudadanos) para que la política no se convierta en una carrera de fondo entre grupos radicales y populistas, sino que los más prudentes y sabios sean los que finalmente detenten el poder y gobiernen para todos.

viernes, 15 de marzo de 2024

LOS DERECHOS EN BROMA (2023), DE PABLO DE LORA. LA MORALIZACIÓN DE LA POLÍTICA EN LAS DEMOCRACIAS LIBERALES.

Desde hace tiempo asistimos estupefactos a la degradación de la política, a debates estériles, luchas fratricidas en el seno de los partidos políticos y a un populismo desatado por parte de izquierda y derecha que atiende a los temas más llamativos y estériles y deja de lado los auténticos problemas de los ciudadanos, como el acceso a la vivienda, las listas de espera en la sanidad o la poca calidad del empleo existente. Toda esta putrefacción, con los partidos acusándose mutuamente de casos de corrupción más graves que los propios, inevitablemente se refleja también en la calidad de nuestra legislación que, como denuncia Pablo de Lora, cada vez es más retórica (en el sentido más vacío del término) y menos práctica. Es decir, que muchas de nuestras leyes no son más que declaraciones de intenciones muy voluntariosas que en la práctica no resuelven nada, solo dejar claras las benéficas intenciones morales del legislador, un fenómeno que el autor denomina legislación santimonia:

"En la legislación santimonia, el legislador aprovecha para imponer un cierto relato, como ha destacado el constitucionalista Andrés Betancor. La retórica del relato se traslada de la exposición de motivos —frecuentemente profusa y gratuitamente extensa como sabemos— a un articulado en el que se expresa más que se prescribe; se anuncia más que se ordena; se desea más que se regula. Y todo con el afán, apenas disimulado, de mostrar músculo moral. Cuando este libro termina de escribirse, la Comunidad Autónoma de Aragón ha promulgado una «Ley de Cultura de la Paz en Aragón». En su exposición de motivos (ocupa la mitad de una ley que cuenta con nueve artículos), el legislador aragonés da cuenta de que «antropólogos e historiadores han demostrado que los seres humanos están programados para la cooperación y la ayuda mutua» y que «en Aragón, la cultura de la paz tiene un fuerte arraigo, vinculado con la fuerza del pacto como tradición». El legislador aragonés se remonta a las «asambleas de paz y tregua», del siglo XII, o al Compromiso de Caspe, de 1412. Mejor no remontarse a julio de 1938 cuando empezó a librarse la batalla del Ebro."

Todo esto consigue una especie de infantilización de lo público. Las leyes se convierten en admoniciones de la moral imperante en la que se deja de lado lo práctico y se abusa de lo emocional, llegándose en alguna exposición de motivos a la increíble actitud de afear la legislación del gobierno anterior nombrando sus siglas políticas. Pero lo peor es que, siendo leyes tan loables, usualmente se olvida poner a disposición de la administración los recursos públicos para su cumplimiento o al menos para el desarrollo de las intenciones del legislador. Entonces de lo que se trata es de una especie de maquillaje de la realidad para que parezca que el Estado está preocupándose y abordando los problemas de los ciudadanos, cuando en realidad toda esta retórica se traduce en puro humo. Así pues, lo único que importa en la política española es parecer más virtuoso que el adversario y cercano a unos ciudadanos que se dejan engañar con suma facilidad (solo hay que analizar las promesas de las campañas frente a la realidad de la gestión diaria). Un problema que se agudizado más en los últimos tiempos cuando el gobierno ha dedicado todos sus esfuerzos en sacar adelante una ley de amnistía frente al sentir de la mayoría de la gente.

sábado, 24 de junio de 2023

LIBRE (2021), DE LEA YPI. EL DESAFÍO DE CRECER EN EL FIN DE LA HISTORIA.

Lea Ypi nació y creció en uno de los países más aislados del mundo, la Albania del dictador Enver Hoxha y sus sucesores. Sin embargo, su infancia fue feliz, debido a que creía estar viviendo en el mejor de los mundos posibles. Como niña, creía toda la propaganda que escuchaba en el colegio y sus padres no tenían más remedio que ocultarle la realidad, tomando la escasez material de todo tipo de productos que sufría el país como algo natural. Solo la presencia esporádica de turistas extranjeros podía llamar su atención, así como las visitas a las tiendas reservadas para éstos, donde podía contemplar productos de los que jamás hubiera imaginado su existencia. Para sus padres y para sus vecinos conseguir decorar la casa con una lata de Coca Cola era un signo de distinción. La falta de libertad no impidió a Lea Ypi disfrutar de una infancia más o menos normal y eso se lo tiene que agradecer a sus padres que consiguieron, frente a viento y marea ocultar a su hija el pasado político de una familia que no se consideraba afín al Régimen.

Albania fue uno de los países que experimentó una transición más conflictiva del socialismo al liberalismo y la democracia. Aunque se intentó establecer un régimen parlamentario al estilo occidental, la anarquía pronto se apoderó del país, impulsada por el fraude - que afectó a medio país - de los fondos de inversión que prometían beneficios enormes e inmediatos. Albania entró casi de inmediato en un túnel oscuro de violencia en el que unas cuantas bandas pseudomafiosas se disputaban el control territorial del país, mientras miles de personas arriesgaban su vida huyendo a Italia, algo que consiguió la madre de la autora, para disgusto de su padre. La historia de Lea Ypi tiene final feliz, pues pudo desarrollar su carrera docente en Italia y en Londres.

Libre es un libro valioso porque es el testimonio lúcido de una persona que ha conocido la existencia en dos mundos totalmente distintos y contrapuestos, una experiencia que puede convertirse en un ejemplo para que el mundo no vuelva a cometer ciertos errores. En sus últimas páginas habla de compañeros universitarios, ya en Occidente, que seguían creyendo en la construcción del socialismo y que consideraban lo que había sucedido detrás del Telón de acero simplemente una experiencia desafortunada que podía enmendarse si se dejaban las riendas a hombres más capaces. Lo cierto es que solo cuando se ha vivido bajo un Estado opresor se conoce el verdadero significado de la palabra libertad. Una libertad que tampoco se ofrece en el mismo grado a todos los ciudadanos de nuetros países democráticos:

"No solo se nos priva de libertad cuando otros nos dicen qué tenemos que decir, dónde tenemos que ir o cómo debemos comportarnos. Una sociedad que presume de permitir a sus ciudadanos desarrollar su potencial humano, pero que no cambia las estructuras que impiden que todos progresen, es igual de opresora. Y sin embargo, pese a todas las restricciones, los seres humanos nunca perdemos nuestra libertad interior: la libertad de hacer lo correcto."

sábado, 25 de junio de 2022

VOTASTEIS GESTOS, TENÉIS GESTOS (2021), DE MARÍA BLANCO. SOBRE LA DECADENCIA DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA.

A pesar de que vivimos en una democracia plena, avalada por numerosas instituciones internacionales, la calidad de los políticos que nos representan viene sufriendo desde hace años un serio deterioro. Empecé a leer este libro atraído por su título, pues creo que acierta plenamente con el espíritu de nuestro tiempo: al igual que existe en internet el postureo, es una tendencia en nuestra vida política. A veces parece que nuestros representantes no abordan los problemas, sino que los denuncian, como si ellos no tuvieran responsabilidad sobre los mismos y ofrecen discursos paternalistas que abordan la cuestión de una manera absolutamente superficial, condenando o anhelando cosas, pero sin ofrecer soluciones coherentes. A veces, como hemos podido ver a través de ciertas reformas legales recientes, se da la impresión de que se ha abordado un cambio revolucionario en la materia, pero el resultado final es que todo sigue más o menos igual, aunque ciertamente se dañe el concepto de seguridad jurídica. 

Uno de los grandes males que aborda María Blanco - desde un punto de vista liberal, todo sea dicho - es el maniqueísmo imperante en la lucha política. Frecuentemente el debate político se reduce a la demonización del adversario y a esto se dedica gran parte de los esfuerzos de los diputados. Ya casi no existen periodos ordinarios de sesiones, sino una campaña permanente, como una guerra de trincheras permanente cuyo único objetivo es buscar el voto de la manera más populista posible. Los pecados del pasado en forma de corrupción son olvidados rápidamente por los pecadores para pasar a acusar a otros grupo políticos de ser peores que ellos mismos. Las acusaciones de comunismo y ultraderecha vuelan de un lado a otro de los bancos del Congreso como si nos encontráramos de nuevo en los años treinta del siglo pasado. Además, lo simbólico es mucho más importante que cualquier mensaje medianamente complejo:

"Si antes se trataba de cuidar el contenido y el continente, la política actual se olvida de qué se transmite para centrarse en el cómo se transmite. Así, es más importante que hable una mujer, que simboliza la igualdad de género, que la verdadera igualdad, sea de género o sea en un sentido más global. Se entrena la comunicación no verbal para que la audiencia perciba frescuras, seguridad, etc, y se olvidan la honestidad en el mensaje, los ideales y la conexión con la realidad."

La política como marketing, más que como actividad orientada al bien público, los gestos cortoplacistas que pueden hipotecar a generaciones futuras y los mensajes contradictorios según convenga en cada momento son el pan nuestro de cada día. Además, la actividad política es entendida por muchos como un ejercicio fanático de seguimiento al partido escogido, como si de un club de fútbol se tratara, cuando lo más coherente sería estar de acuerdo con algunas propuestas programáticas y rechazar otras de cada uno de los grupos políticos y votar al que más se acerque a lo que uno cree justo. O no votar, no tener complejos en tomar esa postura cuando uno crea que ninguno de los partidos que se presentan a unas determinadas elecciones merece el voto propio. Necesitamos una sociedad civil más despierta, a la vez colaboradora y controladora del ejercicio del poder. Pero en este país esto parece un sueño lejano.

sábado, 12 de febrero de 2022

EL OCASO DE LA DEMOCRACIA (2020), DE ANNE APPLEBAUM. LA SEDUCCIÓN DEL AUTORITARISMO.

Aunque demos por sentado que los éxitos cosechados hasta ahora por el sistema democrático - el menos imperfecto de los existentes, a decir de Churchill - garantizan que se va a quedar con nosotros para siempre, es indudable que los últimos años se ha producido la confluencia de diversos factores que lo están poniendo en serio peligro, al menos como lo hemos conocido hasta ahora. El ocaso de la democracia está escrito, entre otras cosas, desde la experiencia personal de la autora que, casada con un importante político polaco, conoce bien los deterioros democráticos que llevan años padeciendo países como Polonia, Hungría o Estados Unidos.

El libro comienza con el recuerdo de la fiesta de bienvenida al nuevo siglo que la autora organizó en su domicilio de Polonia. Según cuenta, asistieron numerosos amigos de diversas tendencias políticas, pero no hubo disputas de esa índole, sino un ambiente de armonía y respeto entre todos los asistentes. Hoy día, muchos de esos antiguos amigos han roto su relación precisamente por el incremento de la polarización ideológica, un fenómeno que lleva también siendo protagonista en de la vida política en nuestro país. Pero esto no solo ocurre en el interior, sino también en las relaciones exteriores entre naciones. Jamás se ha puesto tan en peligro la unidad europea - conseguida después de la terrible experiencia de dos guerras mundiales - como con el Brexit, un suceso absolutamente desgraciado que se le fue de las manos incluso a sus demagogos promotores. Políticos como Boris Johnson apoyaron el no a la Unión Europea calculando que sería imposible que la gente votara salir, pero esperando sacar réditos políticos a corto plazo. Esta es la política que impera hoy en día: orientada al discurso populista y a la demonización del adversario. Casi ningún partido se libra, ni de izquierdas ni de derechas, porque todos han entrado en una espiral de acusaciones y desencuentros de la que es muy difícil salir.

Además, esta polarización saca del armario uno de los viejos males de Europa: el nacionalismo. La política emocional que se practica ahora - estimulada por el auge de las redes sociales - apela más al sentimentalismo que a la razón. Los militantes e incluso los ciudadanos empiezan a advertir que, para prosperar, importa más no salir del discurso dominante que ser talentoso en cualquier campo:

"(...) los principios de la competencia, incluso cuando fomentan el talento y posibilitan la movilidad ascendente, no responden a las cuestiones más profundas sobre la identidad nacional y personal. No satisfacen el deseo de unidad y armonía. Y sobre todo, tampoco satisfacen el deseo de algunos de pertenecer a una comunidad especial, una comunidad única, una comunidad superior. Este no es solo un problema de Polonia, Hungría, Venezuela o Grecia. Puede ocurrir en algunas de las democracias más antiguas y estables del mundo."

Al final El ocaso de la democracia deja en el lector un regusto de pesimismo, como si la balanza de la historia estuviera decantándose de manera inevitable por el lento resquebrajamiento de los sistemas democráticos. Nadie renuncia de manera tajante a la democracia, pero muchos países instalan regímenes que violentan sus procedimientos convirtiéndose en sistemas semiautoritarios que intentan disimular esa realidad de puertas para afuera. Con este panorama, como expresa la misma autora, será muy difícil revertir la degradación institucional, tal y como la advierte el ciudadano, y así no será complicado que siga sucediendo lo impensable: que gente tan peculiar como Trump, Putin o Jonhson acabe gobernando los países más poderosos del mundo, mientras muchos miran hacia China como una especie de tercera vía que vende su exitoso modelo al resto del mundo. Desde luego, el futuro no está escrito, pero en la actualidad hay pocas razones para ser optimistas. La vuelta de la cultura de la política del consenso y la marginalidad del radicalismo parecen hoy realidades lejanas.

jueves, 22 de abril de 2021

LO SEXUAL ES POLÍTICO (Y JURÍDICO) (2019), DE PABLO DE LORA. SOCIEDAD, JUSTICIA, INTIMIDAD Y POLÍTICAS DE IDENTIDAD.

El debate se ha intensificado en los últimos años impulsado por el auge del feminismo en nuestra sociedad: ¿hasta qué punto debe el Estado regular las relaciones íntimas? ¿los jueces verán afectada su imparcialidad si, como se insiste desde grupos de izquierda, sus decisiones deben ir revestidas de perspectiva de género? Estas y otras muchas cuestiones de ámbito similar están más que presentes en controversias públicas y sociales. Pero con frecuencia se echan en falta voces serenas y con sólida formación jurídica que aporten las necesarias dosis de racionalidad a dicho debate. Pablo de Lora, que ya ha conocido lo que significa ser boicoteado en la Universidad de Barcelona, es profesor de filosofía del derecho de la Universidad Autónoma de Madrid y es de esas personas que todavía se atreven a hablar con libertad acerca de los asuntos que domina, a sabiendas de que estos tiempos de censuras y condenas inquisitoriales al disidente aconsejan lo contrario. Su libro no tiene desperdicio: se trata de un lúcida reflexión desde la ciencia jurídica acerca de la deriva que han ido tomando estos asuntos en los últimos tiempos.

Desde instancias políticas del más alto nivel se ha puesto en tela de juicio el fundamental principio de presunción de inocencia, se han criticado sentencias judiciales, se ha instado a los jueces a pronunciarse de determinada manera en algunos casos mediáticos y se ha participado en programas-basura del corazón para defender a una famosa que acusa a su expareja de delitos muy graves sin más fundamento que su propio testimonio y cuando los jueces ya se han pronunciado al respecto. 

Con ser todo esto gravísimo, lo peor del caso es que es muy difícil contemplar un debate con un nivel aceptable sin que surjan tensiones al menor signo de disidencia respecto del discurso hegemónico. Y dicho discurso asegura que nuestra sociedad es patriarcal y se basa en el dominio absoluto del hombre sobre la mujer, una víctima perpetua que debe ser protegida por el derecho de una forma especial ya que, entre otras cosas, existe en nuestro país la llamada "cultura de la violación", por lo que todo hombre es un potencial agresor, ya que la práctica totalidad de los delitos sexuales son cometidos por varones. Por ello, se fomenta la formación de los jueces en perspectiva de género, quizá porque se les supone poco identificados con el sufrimiento de las víctimas. Pero dicha perspectiva de género no debe limitarse al ámbito judicial, sino que debe impregnar toda iniciativa del Estado, llegándose al absurdo de ser obligatorio elaborar planes de infraestructuras o de ordenación del territorio acompañados de informes de impacto de género.

Lo más paradójico de todo esto es que la izquierda empieza a hacer suyo un lenguaje de carácter puritano en el que se empieza a poner en tela de juicio la existencia de la pornografía y se veta y censura como machista todo discurso disidente. Quizá a estas alturas no sea necesario imponer una Junta de Censura, como en el franquismo porque jamás ha estado más en auge la autocensura como en nuestra época: las semillas de lo políticamente correcto han arraigado fuertemente en nuestra sociedad haciendo imposible cuestionar ciertos dogmas. La última ocurrencia se basa en cuestionar la idea de género (algo que plantea dudas incluso en las feministas del PSOE) y facilitar que cualquiera pueda cambiarse de hombre a mujer o viceversa sin más requisitos que la propia voluntad, llegándose al extremo de que cada cual tenga la capacidad de definirse en términos que vayan más allá de la tradicional división entre masculino y femenino, un cambio social tan profundo (que además acabaría con la perspectiva de género) que no debería imponerse sin ser consensuado con el resto de fuerzas políticas:

"El artículo 3 de la proposición de Ley de Unidos Podemos a la que antes me he referido señala, por ejemplo, que las personas no binarias son aquellas: «... cuya identidad sexual, de género y/o expresión de género se ubica fuera de los conceptos de hombre/mujer y/o masculino/femenino, o fluctúa entre ellos. Las personas no binarias pueden o no emplear un género gramatical neutro, pueden o no someterse a procedimientos médicos, pueden o no tener o desear una apariencia andrógina, y pueden o no utilizar otros términos específicos para describir su identidad de género, como pueden ser, entre otros, género queer, variantes de género, género neutro, otro, ninguno o fluido». En la Ley 8/2017 de 28 de diciembre para garantizar los derechos, la igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI y sus familiares en Andalucía se dice en su artículo 3 que son personas trans, entre otras: «... quienes definen su género como “otro” o describen su identidad en sus propias palabras»"

Una de las controversias más recurrentes de nuestro tiempo tiene que ver con el consentimiento en las relaciones sexuales, resumiéndose la pretendida reforma al respecto en el conocido lema "solo sí es sí". Lo primero que hay que decir al respecto es que, contra lo que algunos quieren hacer ver, el consentimiento se haya desde hace muchos años regulado perfectamente en nuestro código penal, tipificándose los correspondientes delitos de agresión y abuso sexual, por lo que cualquier relación sexual en la que no haya mediado consentimiento previo es delito. Claro está que en muchas ocasiones es difícil probar un hecho que se ha producido en un ámbito tan íntimo, pero la solución no está en invertir la carga de la prueba como parece derivarse de ciertas declaraciones. Esto sería un ataque a la línea de flotación de nuestro Estado de derecho. 

Resulta curioso asomarse al ya lejano año 1983, cuando se debatió en el Congreso el rechazo a la agravante de género que penalizaba, en el código franquista, con más severidad ciertos delitos si la víctima era mujer. Para el diputado socialista Francisco Granados Calero, se trataba de un "principio de galantería" e iba en contra de la igualdad entre hombre y mujer presuponer en esta última una debilidad física que justificase dicha agravante, pues bastaría con la de prevalimiento. Cuatro décadas después, nuestro Código Penal vuelve a contar con agravante de género en ciertos delitos que se dan en el ámbito de la pareja. No solo eso, la ley llega a presuponer que cualquier agresión producida en este ámbito debe definirse como violencia de género, es decir ejercida como parte del control y dominio que ejerce el hombre sobre la mujer debido a la desigualdad estructural de que parte la relación, llegándose al absurdo de meter en el mismo saco agresiones de drogadictos, de alcohólicos, de delincuentes habituales, de personas que no han recibido educación en nuestro país, de gente arruinada, de personas con problemas mentales o de gente desesperada que quiere practicar la eutanasia a quien lleva años sufriendo sin ser atendida por la administración. Todo se reduce al machismo, lo que produce el doble efecto de perpetuar las mismas políticas que eternizan el problema y no buscar soluciones alternativas ajustadas a cada tipo de caso. Lo cual no quiere decir que el machismo no siga existiendo en ciertos ámbitos y que en muchas ocasiones nos topemos con monstruos que maltratan sistemáticamente a sus parejas. No hay por qué negar estos extremos.

En cualquier caso, los niveles de delincuencia en este ámbito en España no nos permiten hablar, como se dice a menudo, de violencia estructural, - como si los hombres nacieran con el pecado original del machismo - sino de un problema serio que hay que ir reduciendo y del que está concienciado la inmensa mayoría de la población masculina, a la que jamás se le ocurriría levantar la mano contra su pareja. ¿Qué sucedería si se pusiera permanentemente el foco en el hecho de que la mayoría de los infanticidios los cometen mujeres? ¿sería justo decir que existe una violencia estructural de las mujeres contra sus hijos? Además, existe mucha demagogia en estos asuntos. Desde las instituciones se asegura de que las denuncias falsas de violencia de género son un porcentaje insignificante, pero se olvida mencionar los porcentajes de casos en los que se absuelve al acusado y se dicta el sobreseimiento del mismo. Esto no quiere decir que estas denuncias sean falsas, pero tampoco las podemos clasificar como auténticas: no hay más remedio que la verdad judicial ha de establecerse mediante un estricto procedimiento probatorio que a veces no es capaz de condenar al culpable. También es cierto que en muchos más casos de los que cualquiera pueda sospechar, la violencia en el seno de la pareja resulta ser bidireccional:

"(...) los estudios siguen mostrando, pese a todo, que la violencia en el seno de la pareja es fundamentalmente simétrica, aunque la ejercida por los hombres tiene peores consecuencias; que también las mujeres son perpetradoras de agresiones en mucha mayor medida de la estimada, y que por tanto los hombres son también víctimas, de manera no residual, y que las tasas de violencia en parejas del mismo sexo no son significativamente disímiles en relación con la pareja heterosexual."

Aunque muchas de sus afirmaciones puedan ser cuestionables, Lo sexual es político (y jurídico) supone una valiente aportación a la necesidad de serenar un debate que deriva en demasiadas ocasiones a lo emocional más que a lo jurídico. Resulta realmente penoso que sea un partido ultraderechista como Vox el que haya asumido la tarea de intentar hacer ver al electorado las contradicciones del sistema, una realidad que hace ganar votos a una formación que desplegaría planes muy siniestros para nuestro país si alguna vez, las circunstancias no lo permitan, llegara al gobierno.

miércoles, 10 de marzo de 2021

EL SIGLO DEL POPULISMO (2020), DE PIERRE ROSANVALLON. LA DEGRADACIÓN DEMOCRÁTICA.

Establecer una definición de populismo se ha convertido en un asunto muy dificultoso, porque es una palabra de moda en la política actual. Los partidos se tachan unos a otros de populistas, pero en realidad las reglas de juego de nuestras democracias, siempre cortoplacistas, incitan a los gobernantes a establecer medidas llamativas basándose en las presuntas necesidades del pueblo, siendo aquí el pueblo la entera población de la nación, sin apenas matices.  Lo triste es que mucha de la política actual se basa en sondeos precipitados - y manipulados - y en pseudoestudios de marketing en los que la imagen del partido en el gobierno es mucho más importante que los resultados reales de las medidas para la gente de a pie. Además, desde el poder se fomenta una sutil pero peligrosa división de la sociedad entre grupos victimizados y el resto, apartando convenientemente las tradicionales reivindicaciones de las clases sociales más desfavorecidas, que empiezan a no tener voz si sus miembros no se adaptan a las exigencias de estas luchas populistas y vacías de contenido. Conviene que haya tensión social, sí, pero una tensión que no moleste el ejercicio del poder, sino que enfrente a unos ciudadanos con otros en estas postmodernas guerras culturales, mientras los derechos laborales y sociales se siguen esfumando y las administraciones públicas dejan cada vez más desamparado al contribuyente.

Lo vemos desde hace demasiado tiempo: aunque en España no se usa apenas del instrumento del referéndum (uno de los emblemas principales del populismo, que pretende así que el pueblo se pronuncie con resultados muchas veces envenenados, como el del Brexit), sí que se intenta tener domesticado al poder judicial y que sus decisiones barran para casa. En las campañas electorales la mentira descarada, sobre políticas de futuro o sobre alianzas, es algo ya tan habitual que ni siquiera llama la atención. Además, el laberinto selvático de las redes sociales se consolida como la alternativa a la tradicional prensa libre, una institución que agoniza perdiendo influencia cada año que pasa y que debe adaptarse a los tiempos compitiendo en atención con blogueros, youtubers e influencers que manejan mucho mejor los gustos de las nuevas generaciones. 

Estamos en la época de lo emocional frente a lo racional. El poder necesita apelar constantemente a enemigos que impiden que su utopía social se lleve a cabo y en parte tiene razón cuando discurre así, puesto que la globalización ha hecho que muchas de las decisiones de los gobiernos se tornen irrelevantes si molestan a los grandes grupos económicos, a los que nadie ha votado, pero que se mueven como pez en el agua en este mundo falto de regulaciones. Ya nadie espera - y menos después de la espantosa gestión de la pandemia - que las cosas mejoren, solo poder desahogar emociones frente a la imagen del enemigo, sea éste el poder económico, el inmigrante, la feminista, el neonazi o el progre, llegándose al punto de poder contemplar a miembros de un gobierno apoyando abiertamente actos manifiestamente ilegales si quienes los promocionan son considerados aliados. Los términos fascista o comunista pierden su sentido, porque así se denomina a todo aquel que no comulga con las ideas propias, según sean éstas de derechas o de izquierdas. La política tranquila del consenso que se marca unos objetivos razonables y que rinde regularmente cuentas al ciudadano ha dejado de existir, porque la agenda siempre viene marcada por el último asunto de actualidad que será sustituido por otro la semana siguiente. Mientras tanto, al ciudadano de a pie, embargado de terror al futuro, se le colapsan los mecanismos de adaptación:

"De hecho, la ira y el miedo son evidentemente los motores afectivos y psicológicos de la adhesión al populismo. Por añadidura, este parece capaz de dar armas al resentimiento, de ofrecer la posibilidad de una venganza. Adherirse a las ideas populistas es también identificarse con una comunidad que valora a quienes se resisten al pensamiento dominante, y al mismo tiempo autorizarse a tomar distancia de la realidad tal como casi siempre se la presenta. La propensión a suscribir «verdades polémicas» constituye por esto un elemento clave de lo que se podría definir como la personalidad populista. Esta se apoya en la tendencia al recelo sistemático por las visiones consensuales, acusadas de ser meros productos de la ideología dominante, e induce, a la inversa, una gran capacidad de agrupación negativa en quienes se conciben a sí mismos como denunciadores de las mentiras y manipulaciones de los poderosos. 

Los condenados de la tierra adquieren aquí el rostro de los mártires de la verdad, con la dimensión de fe sectaria que esto implica. En una época en que las promesas emancipadoras del progreso se han derrumbado, en estas nuevas tierras se arraigan el coraje del presente y la fe en un futuro mejor en el universo populista. Al mismo tiempo, la política adopta un perfil de tipo religioso, con esa capacidad para reescribir el mundo que emana de esta forma de afirmación de verdades propia de la fe."

Todo esto quiere decir que los problemas complejos se reducen a batallas absurdas entre el bien el mal, lo que deriva en la tendencia de mucha gente a encerrarse en sus propios laberintos de creencias inamovibles y así es fácil que "la democracia esté siempre amenazada de degradarse en demagogia, cuando el pueblo-cuerpo cívico se borra tras su doble deformante de multitud gobernada por las pasiones del momento". Se nos olvida con mucha facilidad que uno de los imperativos de las democracias es la formación de ciudadanos lúcidos y conscientes, dotados de un sano espíritu crítico basado en la racionalidad, con las dosis justas de componente emocional. El libro de Pierre Rosanvallon, aunque muy orientado a la realidad de Francia sirve como un manual conceptual de nuestro tiempo. El siglo del populismo establece los principales hitos de la historia del populismo y propone correcciones a una realidad que amenaza a la idea clásica de lo que es una democracia, acercándose a peligrosas alternativas que están más próximas a la triste realidad de países como Rusia, China o Venezuela. 

martes, 24 de noviembre de 2020

FANÁTICOS INSULSOS (2020), DE PANKAJ MISHRA. LIBERALES, RAZA E IMPERIO.

De todos es sabido que uno de los grandes combates del siglo XX, dentro de las democracias occidentales, es el disputado entre socialdemócratas y liberales. Se trata de una batalla que en las últimas décadas parecía haber sido ganada por estos últimos, pero la crisis del 2008 y ésta última provocada por la pandemia del coronavirus están volviendo a otorgar argumentos a los defensores de la regulación y el intervencionismo estatales. Pankaj Mishra es un apasionado defensor intelectual de estos últimos. Admirador del gran Tony Judt, desprecia profundamente la influencia ejercida en los últimos años por intelectuales del prestigio de Niall Ferguson, Mark Lilla o Steven Pinker. Un combate de ideas absolutamente apasionante en el que ambos bandos gozan de buenos argumentos para defender sus posiciones.

Bien es cierto que si algo está demostrando la presente pandemia es que se necesitan sistemas estatales fuertes capaces de coordinar todos los esfuerzos del país - y ese papel también está intentando ejercitarlo la Unión Europea dentro de sus limitaciones - con la finalidad de ayudar a los más necesitados, sin volver a repetir los errores de la crisis del 2008, pero también es cierto que los países que mejor han encarado la pandemia a veces lo han hecho a través de una gestión acertada de su sistema sanitario semiprivatizado, con lo que se concluye que una gestión brillante es mejor que una gran cantidad de recursos mal administrados. En el caso de nuestro país, por ejemplo, la mala coordinación entre Estado y Comunidades Autónomas está haciendo un flaco favor al objetivo de bajar el índice de contagios y muertes. 

Pero Fanáticos insulsos no se dedica solo a analizar la rabiosa actualidad de una crisis que empezó en marzo y parece que llevara años entre nosotros. Se trata de una selección de artículos de un pensador angloindio que lleva años predicando la deriva de un occidente que todavía no ha purgado del todo los pecados del imperialismo y sigue intentando explotar en su beneficio a las naciones del Tercer Mundo por otros medios, a la vez que no es capaz de proporcionar trabajo seguro y bienestar a sus clases más desfavorecidas. Mishra está de acuerdo con George Santayana cuando criticaba al liberalismo asegurando que "tan solo se ha limitado a despejar un campo en el cada persona y cada interés empresarial tiene que luchar contra todos los demás para imponerse". Una especie de darwinismo económico para el que la opción comunista no es la solución. Solo un arbitraje y regulación estatal proporcionales a cada sector económico pueden lograr el equilibrio tan deseado entre libertad, seguridad e igualdad de oportunidades. 

En este panorama tan incierto nos hemos librado de Trump, pero otros populistas siguen gobernando o amenazan con hacerlo, mientras la izquierda (y esto no es capaz de verlo el autor), gasta muchas de las energías que debería utilizar en favorecer a los más necesitados a promover una agenda más simbólica que real orientada a simpatizar con las causas de minorías presuntamente oprimidas, una labor muy loable, pero que en demasiadas ocasiones deja de lado los intereses de las masas de parados o trabajadores pobres. En los próximos meses nos adentramos en terra incognita, con una ciudadanía cansada y asustada y una administración estatal superada por los acontecimientos, mientras se espera que el maná que ha de llegar de Europa sea el bálsamo que todo lo solucione. Veremos que ideología sale ganadora de este nuevo combate librado en un territorio cada vez más devastado. Fanáticos insulsos tiene interés como uno de los puntales de este agresivo debate tan prolongado. 

jueves, 22 de octubre de 2020

LA COALICIÓN FRENTE A LA PANDEMIA (2020), DE MARÍA LLAPART Y JOSÉ ENRIQUE MONSORI. CRÓNICA POLÍTICA DEL AÑO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA.

2020 va a quedar como un año histórico para nuestro país y no precisamente en un sentido positivo. Ha sido - están siendo - unos meses tan intensos que las negociaciones para formar gobierno de finales del año pasado se recuerdan como algo un poco remoto, ya que la crisis del coronavirus lo ha impregnado todo de tal manera que los acontecimientos inmediatamente anteriores a la misma parecen haber sucedido en un mundo distinto al actual. En cualquier caso, es bueno hacer balance del pasado inmediato para poder analizar cómo hemos llegado a esta situación tan complicada, que se vuelve más dramática cada día que pasa.

La segunda mitad de 2019 fueron meses perdidos para España. Tras las elecciones de junio, en las que el PSOE sacó una mayoría clara, pero no suficiente para gobernar en solitario, se produjo un insólito bloqueo que llevaría a la repetición electoral en noviembre. Fueron los tiempos en los que Pedro Sánchez repetía que jamás pactaría con Podemos y descartaba tal posibilidad como una irresponsabilidad que impediría que pudiera dormir por las noches. Tales certezas, reiteradas durante toda la campaña electoral de noviembre, fueron fulminantemente descartadas a la vista del resultado de las nuevas elecciones, que, lejos del refuerzo esperado, debilitaba la mayoría parlamentaria del PSOE. El pacto que era totalmente imposible hasta solo unos días, se fraguó en unas pocas horas. Se produjo un apresurado reparto de Ministerios y una declaración en la que se exponían las intenciones del nuevo gobierno de manera muy general. Pero no bastaba con los votos de PSOE y Podemos para asegurar el voto del Congreso. Las negociaciones con nacionalistas y otros grupos minoritarios fueron complicadas y hasta prácticamente el último minuto no estuvo asegurado el apoyo de los suficientes diputados, aunque al final se consiguió prácticamente por la mínima. Así comenzó su andadura el primer gobierno de coalición de nuestra democracia, un proyecto muy ilusionante para muchos, pero que nacía lastrado por la historia previa de desconfianza entre ambos miembros y por la heterogeneidad de los grupos de los que dependía para poder sostenerse.

Entre otras curiosidades, La coalición contra la pandemia desvela que el nombramiento del ministro Salvador Illa como responsable de Sanidad fue meramente una operación política. Su llegada al cargo no fue debida a sus conocimientos o su experiencia en el sector, sino por su conocimiento de los complicados entresijos de la política catalana, algo que iba a ser muy útil en la singladura del nuevo ejecutivo, hasta el punto de que se le encomendó que dedicara un par de días de la semana a los asuntos de su Ministerio y el resto estuviera en Barcelona asegurándose de mantener los apoyos a la Coalición. Un encargo que cambiaría radicalmente pocas semanas después, cuando España entró de lleno en la crisis más importante de las últimas décadas sin apenas preparación para afrontar la misma.

Y es que las noticias que llegaban acerca del coronavirus eran cada vez más preocupantes, allá por el mes de febrero. La propagación del virus se extendía rápidamente por otros países desde su origen en China y llegaba a Italia, causando verdaderos estragos en el norte del país. Frente a la inquietud de mucha gente, el gobierno lanzaba mensajes de tranquilidad y no imponía ninguna medida. Por aquellos días sus esfuerzos estaban concentrados en la primera gran polémica que dividió a la Coalición: el proyecto de ley de libertad sexual preparado por el Ministerio de Igualdad de Irene Montero se encontró frente a vergonzantes correcciones efectuadas por el Ministerio de Justicia. Los ciudadanos empezaban a advertir fuertes tensiones en el seno del gobierno, sobre todo derivadas de la rivalidad entre Irene Montero y Carmen Calvo y entre Yolanda Díaz y Nadia Calviño, que llegarían a su máxima expresión en los dramáticos Consejos de Ministros que declararon el estado de alarma y sus consecuencias jurídicas.

Aunque el libro no profundiza en el asunto, resulta realmente insólito el cambio de discurso que se produjo en el gobierno entre el 8 y el 9 de marzo. Si el 8 de marzo el mensaje era que la epidemia estaba controlada y se animaba a hacer vida normal y a participar en las manifestaciones organizadas ese mismo día, por la noche, según la versión oficial, llegaron datos al Ministerio de Sanidad que contradecían todo ese optimismo (es difícil explicarse cómo es posible que los datos previos no invitaran al menos a la prudencia y a tomar las primeras medidas ese fin de semana). Los días siguientes fueron dramáticos, de una tensión extrema en el gobierno y de un miedo creciente entre la gente. Aunque Pedro Sánchez se tomó su tiempo para decidir la declaración de estado de alarma y el insólito confinamiento de los ciudadanos, el ambiente en las calles era de máxima ansiedad, viéndose en aquellos días imágenes inéditas en nuestro país: supermercados rebosantes de gente realizando compras masivas de productos de primera necesidad como si el mundo fuera a venirse abajo en las próximas jornadas.

La historia que sigue es tristemente bien conocida por todos: la pandemia golpeó nuestro país con fuerza inusitada, sobre todo en Madrid, llegándose a contagiar incluso varios miembros del gobierno. La alarma social llegó a niveles insospechados los días en que las cifras de muertos llegó casi al millar. Mientras tanto el gobierno legislaba de urgencia e intentaba establecer una política de comunicación con los ciudadanos sin negar, al fin, la gravedad del momento. La economía se congelaba y las administraciones públicas colapsaban, sobre todo las encargadas de tramitar los millones de ertes que se solicitaron. A principios del verano el estado de alarma decae y se hace ver que lo peor de la pandemia ha pasado y se anima al ciudadano a hacer vida normal con ciertas precauciones: craso error, tal y como estamos viendo estos días de notables rebrotes en casi todos los puntos de la geografía nacional. El virus sigue con nosotros y parece que nos va a deparar un invierno extremadamente complicado, mientras la economía no es capaz de superar la brutal caída del segundo trimestre del año. El libro de Llapart y Monsori, que intenta ser objetivo y no entrar en polémicas ni manifestar opiniones acerca de los hechos que narra, es un relato de urgencia, pero tristemente todavía incompleto: sus páginas habrán de completarse en los próximos meses de estos tiempos extremadamente interesantes y dramáticos.

miércoles, 21 de octubre de 2020

LA NEOINQUISICIÓN (2020), DE AXEL KAISER. PERSECUCIÓN, CENSURA Y DECADENCIA CULTURAL EN EL SIGLO XXI.

Recuerdo cuando empecé a escuchar hablar de lo políticamente correcto allá por los felices noventa. Personalmente me parecía una buena noticia que en el ámbito académico y político empezara a respetarse a las minorías, a compensar, aunque fuera a través del lenguaje, la discriminación padecida en el pasado. Poco a poco esta semilla ha ido creciendo y se ha convertido en un monstruoso lastre para las sociedades occidentales, hasta el punto de que limita gravemente la libertad de expresión de los ciudadanos, a riesgo de que si cualquiera de sus opiniones no se ajusta al discurso dominante en la izquierda, puede ser tildado de facha, racista o machista. 

George Orwell no se equivocaba cuando postulaba que los neolenguajes eran un instrumento imprescindible para consolidar regímenes totalitarios. Evidentemente, nosotros todavía ni nos acercamos a eso, pero la exageración que se pretende de conceptos como el de lenguaje inclusivo, empieza a parecerse una imposición incómoda, ya que el que habla en un foro público o privado debe tener un extremo cuidado respecto a las palabras que elige para ilustrar su discurso. Hasta la más inocente de las expresiones puede convertirse en un insospechado ataque a grupos sociales presuntamente oprimidos (eternamente oprimidos) y siempre habrá un aspirante a inquisidor que saque a relucir cualquier agresión o microagresión que al orador le había pasado desapercibida. Incluso se escarba en el pasado de políticos, sean éstos progresistas o conservadores, para afearles conductas del pasado que hace unos años no habrían escandalizado a nadie, como, por ejemplo, haber acudido disfrazado de hombre negro a una fiesta en su juventud. Dichos políticos, por lo general, en vez de tratar de restar importancia a asuntos tan triviales, entonan un sentido mea culpa, contribuyendo así a engordar la bola de nieve de presuntos agravios que los supuestos miembros privilegiados de las sociedades occidentales tienen que expiar eternamente, como si de un pecado original se tratara.

Al final se trata de imponer una visión de la historia y de la sociedad descrita con trazo grueso en la que occidente siempre ha sido agresor y el resto del mundo víctima. Nadie discute los abusos que han cometido Europa y Estados Unidos a lo largo de su historia, pero cuando un profesor pretende matizar cualquier episodio, ya sea éste respecto al colonialismo, esclavitud o condición de la mujer a través de la historia, buena parte del mundo académico le da la espalda. Así sucede también con quienes pretenden profundizar en problemas sociales analizando estadísticas cuyos resultados no coinciden con el mensaje que se quiere hacer llegar a la sociedad. La quema de libros de antaño se ha sustituido por la destrucción de estatuas y por los intentos de acallar a las voces disidentes, por más estructurados que estén sus discursos. Afortunadamente, la libertad de expresión sigue vigente entre nosotros, pero de una manera sesgada, puesto que se ha llegado a un punto en el que cada cual autocensura sus opiniones en ciertos temas, aunque estén perfectamente razonadas, para no ser calificado de facha o términos similares. La motivación individualista de igualdad de los miembros de ciertos grupos históricamente discriminados se ha convertido hoy día en muchos casos en la exigencia de privilegios especiales por pertenecer a determinada raza, género u orientación sexual, algo que acaba atacando frontalmente a la meritocracia y a la cultura del esfuerzo.

Axel Kaiser, profesor y abogado de origen chileno, ha sabido poner el dedo en la llaga de uno de los males que afligen actualmente a las sociedades occidentales, con un discurso que no apela a la derecha o la izquierda, sino al sentido común y a un regreso a la auténtica libertad de expresión, hoy en peligro de ser gravemente limitada:

"Por ahora hay pocas dudas de que se debe alzar la voz, defender el intercambio libre y respetuoso de todo tipo de opiniones, oponerse a legislaciones que restrinjan la libertad de expresión bajo el argumento de proteger víctimas, exigir y velar por una mayor integridad psicológica a los jóvenes, demostrar menor temor ante la reacción de quienes digan sentirse ofendidos, desafiar los dogmas de esta nueva ideología sin complejos y exponer coraje institucional ante denuncias y ataques no demostrados que pueden arruinar la vida de personas potencialmente inocentes. En esto, los genuinos liberales de derecha e izquierda deben unirse, más allá de sus diferencias, junto con los conservadores dialogantes y todo aquel preocupado por lo que podría terminar produciendo el clima de hipersensibilidad, persecución e irracionalismo tribal que se ha instalado. Si hay algo que se puede aprender del pasado es que, cuando se ponen en marcha procesos revolucionarios y cacerías de brujas, nadie, ni siquiera aquellos que los promovieron desde el inicio y que celebraron mientras veían arder a sus adversarios, se encuentra libre de ser el próximo en ser arrojado a la hoguera."