Aunque fueron escritos en el contexto de la Italia de los años setenta (y para entender plenamente su valor, conviene adquirir algunas nociones sobre la época) los artículos de Pasolini apelan también al lector actual, ya que los temas que trata (la nueva sociedad de consumo, la homogeneización cultural o el desencanto político) son plenamente trasladables a nuestros días, cincuenta años después. Y eso es lo más asombroso para el lector de Escritos corsarios, que algunos artículos tocan numerosas fibras sensibles de la sociedad de nuestros días, por lo que el autor intuyó las grandes tendencias sociales que iban a marcar las siguientes décadas. Para Pasolini la sociedad hedonista y el consumismo desmesurado que empezaban a aposentarse en Italia marcaban una época de falta de libertades, de pérdida de tradiciones y de lo que él consideraba la esencia real de la gente humilde. Después de la represión de las protestas de mayo del 68, se imponía un nuevo mundo ultracapitalista que seduce a las masas a través de promesas ilusorias de felicidad:
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sábado, 17 de enero de 2026
ESCRITOS CORSARIOS (1975), DE PIER PAOLO PASOLINI. UNA BATALLA TRAS OTRA.
"Ningún centralismo fascista consiguió lo que ha conseguido el centralismo de la civilización de consumo. El fascismo proponía un modelo, reaccionario y monumental, que, sin embargo, no pasaba de ser letra muerta. Las distintas culturas populares (campesinas, subproletarias, obreras) seguían, imperturbables, ajustándose a sus antiguos modelos: la represión se limitaba a obtener su adhesión de palabra. Hoy, por el contrario, la adhesión a los modelos impuestos por el Centro es incondicional y absoluta. La gente reniega de los modelos culturales reales. La abjuración ha sido consumada. Por consiguiente, podemos afirmar que la «tolerancia» de la ideología hedonista que promueve el nuevo poder es la peor represión de la historia humana. ¿Cómo ha podido ejercerse tal represión? Mediante dos revoluciones que han tenido lugar en el seno de la organización burguesa: la revolución de las infraestructuras y la revolución del sistema de información. Las calles, la motorización, etc., han unido estrechamente la periferia con el Centro, aboliendo toda distancia material. Sin embargo, la revolución del sistema de información ha sido todavía más radical y decisiva. Por medio de la televisión, el Centro ha asimilado al país entero, históricamente tan diverso y rico en culturas originales. Ha emprendido una labor de homogeneización que destruye todo cuanto es auténtico y concreto. Es decir, ha impuesto —como decía— sus modelos: que son los modelos que promueve la nueva industrialización, la cual ya no se da por satisfecha con un «hombre que consuma», sino que pretende que no pueda concebirse otra ideología que la del consumo. Un hedonismo neolaico, ciegamente indiferente a todo valor humanístico y ciegamente ajeno a las ciencias humanas."
¿Qué podría decir de la época de las redes sociales, de la falta de atención un Pasolini que se quejaba hace cincuenta años del poder creciente de la televisión? ¿qué opinaría acerca de la publicidad que lo inunda todo, de la posibilidad de comprar durante las veinticuatro horas a través de internet? Su diagnóstico sería demoledor acerca de un mundo en el que cualquiera puede encontrar cualquier tipo de información desde su teléfono móvil, pero en el que la tradición humanista de occidente se encuentra seriamente dañada. Para llegar a esta conclusión basta con contemplar el tipo de líderes que la gente elige hoy día para que - presuntamente - defiendan sus intereses. Desde luego, aunque Pasolini se equivoca en muchas de sus apreciaciones (por ejemplo cuando se referiere a la Iglesia católica), acierta en otras muchas y lo hace de manera directa, en un estilo de literatura de combate que necesita ser polémico para llamar la atención y conseguir lo que más le interesa: generar debate.
Quizá estas opiniones tan radicales reforzaron a quienes querían acabar con él y tuvieran que ver con su asesinato, que se produjo poco después, aunque no existen pruebas que permitan llegar a esta conclusión. Lo cierto es que frases tan contundentes como "Yo sé cómo se llaman las personas serias e importantes que están detrás de los trágicos muchachos que eligieron las suicidas atrocidades fascistas y de los delincuentes comunes, sicilianos o no, que se pusieron a su disposición como asesinos o sicarios. Yo sé cómo se llaman esas personas y sé cuáles son los hechos (atentados contra las instituciones y masacres) de los que son culpables. Yo sé. Pero no tengo pruebas. Ni siquiera tengo indicios", pudieran poner nerviosa a gente muy poderosa frente a alguien que usaba una libertad radical que podía derivar en acusaciones más concretas en el futuro. En cualquier caso, provocaran o no su muerte, Escritos corsarios resulta una lectura imprescindible para comprender como de aquellos polvos derivaron estos lodos.
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martes, 10 de marzo de 2015
MAMMA ROMA (1962), DE PIER PAOLO PASOLINI. VIDA EN LA PERIFERIA.
La nueva película de Abel Ferrara, de estreno inminente en España, va a volver a poner de actualidad al director italiano, un tipo tan heterodoxo como fascinante. Aunque no he tenido oportunidad de leer ninguna de sus novelas, sí que puedo decir que en su cine volcó buena parte de sus contradicciones vitales: desde la religiosidad más serena en El evangelio según san Mateo al sadismo más virulento de Saló, pasando por lo burlesco en Pajaritos y pajarracos. De la entrevista que concedió para el libro colectivo Entrevistas con directores de cine italianos, de José Ángel Cortés, me quedo con la comparación que establece entre la literatura y el cine, un tema que a mí siempre me ha apasionado:
"Mientras la literatura se expresa a través de un sistema de signos para expresar la realidad, el cine lo hace a través de la realidad misma. Como ve, la diferencia es tan grande que resulta un poco absurdo pretender hacer un parangón. Las comparaciones se pueden hacer en un campo no técnico no lingüistico. Es decir, en un campo espiritualista. Yo puedo afirmar que sustancialmente, en lo que respecta a la manifestación de mi espíritu, la literatura y el cine son la misma cosa. Pero, repito, en un nivel espiritualista. Para concluir insisto en que una confrontación entre la expresión literaria y la cinematográfica es una comparación entre dos miembros técnicos lingüisticos sin posible comparación entre sí."
Mamma Roma está influida por el movimiento neorrealista, pero lo trasciende, porque Pasolini imprime a su cine un sello personal e inconfundible. Si bien retrata un barrio decadente de la periferia de Roma el lugar, más que ocasión de denuncia social, es el escenario perfecto para retratar las andazas de sus personajes, sobre todo de su protagonista, interpretada por Anna Magnani. La Mamma Roma de Magnani es una mujer ya madura, pero con muchas ganas de vivir. Mantiene una relación conflictiva con su pasado como prostituta. No se avergüenza del mismo - le ha ayudado a sobrevivir y a lograr su independencia actual - pero tampoco se enorgullece. En cualquier caso, sus vecinos aceptan con naturalidad su pasado. Ante el mundo se muestra como la típica mujer meridional, expresiva y amante de las relaciones sociales. Su debilidad es su hijo, un joven de dieciseis años del que no se ha podido ocupar como hubiese querido y ha resultado tan iletrado como ella. Su obsesión será que el muchacho no comparta un destino tan sórdido como el suyo, aunque no sabe muy bien como orientarle por un camino que ella misma no conoce. Cuando mejor queda retratada es en esas escenas nocturnas en las que la cámara la acompaña en su paseo y conversa con distintos personas (antiguos clientes casi todos), hablando de sus problemas y de la vida en general.
La periferia de Roma juega en el film de Pasolini como un personaje más: en el horizonte puede verse el perfil de los edificios que habita la clase media y al fondo las torres de las iglesias del centro histórico de la ciudad. Pero los habitantes del barrio están condenados a pasear por un descampado en el que no faltan unas evocadoras ruinas que seguramente tendrán siglos de antigüedad. Son personajes con conviven con naturalidad con la sordidez, con la pequeña delincuencia y con el comercio carnal ocasional. Si algo me resulta desconcertante de Mamma Roma es el destino final del hijo de la protagonista, algo que descoloca si uno se atiene al resto del metraje, pero que es una muestra más de que Pasolini no se atenía a convenciones, ni siquiera en su segunda película.
"Mientras la literatura se expresa a través de un sistema de signos para expresar la realidad, el cine lo hace a través de la realidad misma. Como ve, la diferencia es tan grande que resulta un poco absurdo pretender hacer un parangón. Las comparaciones se pueden hacer en un campo no técnico no lingüistico. Es decir, en un campo espiritualista. Yo puedo afirmar que sustancialmente, en lo que respecta a la manifestación de mi espíritu, la literatura y el cine son la misma cosa. Pero, repito, en un nivel espiritualista. Para concluir insisto en que una confrontación entre la expresión literaria y la cinematográfica es una comparación entre dos miembros técnicos lingüisticos sin posible comparación entre sí."
Mamma Roma está influida por el movimiento neorrealista, pero lo trasciende, porque Pasolini imprime a su cine un sello personal e inconfundible. Si bien retrata un barrio decadente de la periferia de Roma el lugar, más que ocasión de denuncia social, es el escenario perfecto para retratar las andazas de sus personajes, sobre todo de su protagonista, interpretada por Anna Magnani. La Mamma Roma de Magnani es una mujer ya madura, pero con muchas ganas de vivir. Mantiene una relación conflictiva con su pasado como prostituta. No se avergüenza del mismo - le ha ayudado a sobrevivir y a lograr su independencia actual - pero tampoco se enorgullece. En cualquier caso, sus vecinos aceptan con naturalidad su pasado. Ante el mundo se muestra como la típica mujer meridional, expresiva y amante de las relaciones sociales. Su debilidad es su hijo, un joven de dieciseis años del que no se ha podido ocupar como hubiese querido y ha resultado tan iletrado como ella. Su obsesión será que el muchacho no comparta un destino tan sórdido como el suyo, aunque no sabe muy bien como orientarle por un camino que ella misma no conoce. Cuando mejor queda retratada es en esas escenas nocturnas en las que la cámara la acompaña en su paseo y conversa con distintos personas (antiguos clientes casi todos), hablando de sus problemas y de la vida en general.
La periferia de Roma juega en el film de Pasolini como un personaje más: en el horizonte puede verse el perfil de los edificios que habita la clase media y al fondo las torres de las iglesias del centro histórico de la ciudad. Pero los habitantes del barrio están condenados a pasear por un descampado en el que no faltan unas evocadoras ruinas que seguramente tendrán siglos de antigüedad. Son personajes con conviven con naturalidad con la sordidez, con la pequeña delincuencia y con el comercio carnal ocasional. Si algo me resulta desconcertante de Mamma Roma es el destino final del hijo de la protagonista, algo que descoloca si uno se atiene al resto del metraje, pero que es una muestra más de que Pasolini no se atenía a convenciones, ni siquiera en su segunda película.
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viernes, 14 de junio de 2013
EDIPO REY (1967), DE PIER PAOLO PASOLINI. EL HIJO DE LA FORTUNA.
Después de haber leido las tres tragedias de Sófocles que se conservan sobre el personaje de Edipo, asombra ver el tratamiento tan libre y a la vez tan respetuoso de Pasolini en su adaptación cinematográfica. La película nos muestra un mundo atemporal y bastante salvaje en el que todo parece conspirar para que se consume la tragedia del protagonista. La visión de la existencia por parte del director es terrible: la felicidad es pasajera y engañosa, el dolor acaba imponiéndose y nadie puede escapar a su destino, que no depende de la bondad o maldad de sus acciones. O quizá sí que exista una escapatoria. A Edipo lo pierde su curiosidad, el anhelo por conocer la verdad, aunque esta sea dolorosa. Durante sus indagaciones, va descubriendo poco a poco sus auténticos orígenes y, aun sospechando que llegar al final de las mismas va a acabar con su cordura, sigue adelante, por mucho que sea advertido en sentido contrario.
Edipo es una víctima inocente por sus acciones, pero culpable por indagar la verdad. Se descubre autor de dos de los crímenes más abominables: el parricidio y el incesto con la propia madre. La escena en la que el protagonista se arranca los ojos es memorable: como si toda la tensión acumulada estallara en un acto de suprema desesperación y de rabia contra sí mismo, como si a la ceguera física hubiera precedido una moral. Franco Citti otorga sus mejores momentos interpretativos en los momentos clave, cuando su voz tiene el sonido de la absoluta desesperación. Silvana Mangano está muy correcta en su papel como esposa y madre, dotando de sensualidad a su personaje.
La estética de la que dota Pasolini es casi orínica y muy en consonancia con el origen teatral y mitológico de la historia. Los trajes, los objetos, los escenarios, son reducidos a su mínima expresión, casi como si fueran objetos simbólicos más que reales. Es esta una de esas obras que describen magistralmente la condición humana como un constante infortunio. Resulta irónico que a Edipo lo nombren "hijo de la fortuna", la diosa más caprichosa y voluble, que a veces es representada como la justicia, con una venda tapándole los ojos. Hay que recordar las palabras que un Edipo ya anciano, que ha estado años vagando como vagabundo ciego (en Edipo en Colono, de Sófocles) y que sigue lamentándose de su suerte:
"Cargué con una infamia, forasteros, cargué con ella, sin querer, ¡testigo de ello sea dios! Nada hay en todo ello que eligiera mi propia voluntad."
Edipo es una víctima inocente por sus acciones, pero culpable por indagar la verdad. Se descubre autor de dos de los crímenes más abominables: el parricidio y el incesto con la propia madre. La escena en la que el protagonista se arranca los ojos es memorable: como si toda la tensión acumulada estallara en un acto de suprema desesperación y de rabia contra sí mismo, como si a la ceguera física hubiera precedido una moral. Franco Citti otorga sus mejores momentos interpretativos en los momentos clave, cuando su voz tiene el sonido de la absoluta desesperación. Silvana Mangano está muy correcta en su papel como esposa y madre, dotando de sensualidad a su personaje.
La estética de la que dota Pasolini es casi orínica y muy en consonancia con el origen teatral y mitológico de la historia. Los trajes, los objetos, los escenarios, son reducidos a su mínima expresión, casi como si fueran objetos simbólicos más que reales. Es esta una de esas obras que describen magistralmente la condición humana como un constante infortunio. Resulta irónico que a Edipo lo nombren "hijo de la fortuna", la diosa más caprichosa y voluble, que a veces es representada como la justicia, con una venda tapándole los ojos. Hay que recordar las palabras que un Edipo ya anciano, que ha estado años vagando como vagabundo ciego (en Edipo en Colono, de Sófocles) y que sigue lamentándose de su suerte:
"Cargué con una infamia, forasteros, cargué con ella, sin querer, ¡testigo de ello sea dios! Nada hay en todo ello que eligiera mi propia voluntad."
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