sábado, 17 de enero de 2026

ESCRITOS CORSARIOS (1975), DE PIER PAOLO PASOLINI. UNA BATALLA TRAS OTRA.

Aunque fueron escritos en el contexto de la Italia de los años setenta (y para entender plenamente su valor, conviene adquirir algunas nociones sobre la época) los artículos de Pasolini apelan también al lector actual, ya que los temas que trata (la nueva sociedad de consumo, la homogeneización cultural o el desencanto político) son plenamente trasladables a nuestros días, cincuenta años después. Y eso es lo más asombroso para el lector de Escritos corsarios, que algunos artículos tocan numerosas fibras sensibles de la sociedad de nuestros días, por lo que el autor intuyó las grandes tendencias sociales que iban a marcar las siguientes décadas. Para Pasolini la sociedad hedonista y el consumismo desmesurado que empezaban a aposentarse en Italia marcaban una época de falta de libertades, de pérdida de tradiciones y de lo que él consideraba la esencia real de la gente humilde. Después de la represión de las protestas de mayo del 68, se imponía un nuevo mundo ultracapitalista que seduce a las masas a través de promesas ilusorias de felicidad:

"Ningún centralismo fascista consiguió lo que ha conseguido el centralismo de la civilización de consumo. El fascismo proponía un modelo, reaccionario y monumental, que, sin embargo, no pasaba de ser letra muerta. Las distintas culturas populares (campesinas, subproletarias, obreras) seguían, imperturbables, ajustándose a sus antiguos modelos: la represión se limitaba a obtener su adhesión de palabra. Hoy, por el contrario, la adhesión a los modelos impuestos por el Centro es incondicional y absoluta. La gente reniega de los modelos culturales reales. La abjuración ha sido consumada. Por consiguiente, podemos afirmar que la «tolerancia» de la ideología hedonista que promueve el nuevo poder es la peor represión de la historia humana. ¿Cómo ha podido ejercerse tal represión? Mediante dos revoluciones que han tenido lugar en el seno de la organización burguesa: la revolución de las infraestructuras y la revolución del sistema de información. Las calles, la motorización, etc., han unido estrechamente la periferia con el Centro, aboliendo toda distancia material. Sin embargo, la revolución del sistema de información ha sido todavía más radical y decisiva. Por medio de la televisión, el Centro ha asimilado al país entero, históricamente tan diverso y rico en culturas originales. Ha emprendido una labor de homogeneización que destruye todo cuanto es auténtico y concreto. Es decir, ha impuesto —como decía— sus modelos: que son los modelos que promueve la nueva industrialización, la cual ya no se da por satisfecha con un «hombre que consuma», sino que pretende que no pueda concebirse otra ideología que la del consumo. Un hedonismo neolaico, ciegamente indiferente a todo valor humanístico y ciegamente ajeno a las ciencias humanas."

¿Qué podría decir de la época de las redes sociales, de la falta de atención un Pasolini que se quejaba hace cincuenta años del poder creciente de la televisión? ¿qué opinaría acerca de la publicidad que lo inunda todo, de la posibilidad de comprar durante las veinticuatro horas a través de internet? Su diagnóstico sería demoledor acerca de un mundo en el que cualquiera puede encontrar cualquier tipo de información desde su teléfono móvil, pero en el que la tradición humanista de occidente se encuentra seriamente dañada. Para llegar a esta conclusión basta con contemplar el tipo de líderes que la gente elige hoy día para que - presuntamente - defiendan sus intereses. Desde luego, aunque Pasolini se equivoca en muchas de sus apreciaciones (por ejemplo cuando se referiere a la Iglesia católica), acierta en otras muchas y lo hace de manera directa, en un estilo de literatura de combate que necesita ser polémico para llamar la atención y conseguir lo que más le interesa: generar debate. 

Quizá estas opiniones tan radicales reforzaron a quienes querían acabar con él y tuvieran que ver con su asesinato, que se produjo poco después, aunque no existen pruebas que permitan llegar a esta conclusión. Lo cierto es que frases tan contundentes como "Yo sé cómo se llaman las personas serias e importantes que están detrás de los trágicos muchachos que eligieron las suicidas atrocidades fascistas y de los delincuentes comunes, sicilianos o no, que se pusieron a su disposición como asesinos o sicarios. Yo sé cómo se llaman esas personas y sé cuáles son los hechos (atentados contra las instituciones y masacres) de los que son culpables. Yo sé. Pero no tengo pruebas. Ni siquiera tengo indicios", pudieran poner nerviosa a gente muy poderosa frente a alguien que usaba una libertad radical que podía derivar en acusaciones más concretas en el futuro. En cualquier caso, provocaran o no su muerte, Escritos corsarios resulta una lectura imprescindible para comprender como de aquellos polvos derivaron estos lodos.

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