lunes, 2 de noviembre de 2026

PASAPORTE A LA FAMA (1935), DE JOHN FORD.

Jones es el empleado modelo que cualquier empresa quisiera tener en su plantilla. Discreto y trabajador, jamás ha llegado tarde a la oficina, salvo el día en el que empieza la historia, en el que se le estropea el despertador. A partir de aquí las cosas van a ir de mal en peor para nuestro protagonista, un Edward G. Robinson en su versión más entrañable que está enamorado de una compañera de trabajo para quien es un ser invisible. Y es que se va a descubrir, a través de la fotografía de un periódico, que el enemigo público número uno es su vivo retrato. Esta situación podría haber derivado en un drama, pero John Ford prefiere construir una eficaz comedia a mayor gloria de su protagonista, que puede lucirse interpretando a la vez a dos personajes antagónicos. El pulso del director mantiene una trama un tanto absurda, pero muy sugestiva, sobre todo porque la prensa empieza a interesarse por la historia de Jones y a su vez la compañera empieza a mirarlo con otros ojos, ya que su aspecto de buena persona puede transmutarse en el de un peligroso gangster. Además, Pasaporte a la fama ofrece notables efectos especiales para la época, pues podemos contemplar en numerosas ocasiones a Edward G. Robinson actuando por partida doble en el mismo plano. Toda la película ofrece una historia muy idealizada y poco realista, pero al irrepetible estilo del Hollywood de la época.

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BABIES (2026), DE STEFAN GOLASZEWSKI.

En una época en la que la gente tiene cada vez menos niños, al menos en Occidente, la pareja formada por Lisa y Stephen están deseando concebir a su primer hijo, pero todo sale mal por tres veces consecutivas y la joven aborta de manera natural en todos esos intentos. La trama va a seguir durante seis capítulos el conflicto derivado de este deseo insatisfecho, que para ella es una auténtica tragedia, ya que la mayoría de sus amigas están criando hijos sanos, mientras que él relativiza el asunto y opta por seguir adelante. En paralelo asistimos a la historia de otra pareja, conocida de la primera, en la que ella ha perdido recientemente al gran amor de su vida y se ha juntado con el primer chico que ha encontrado, quizá para no sentirse sola. Babies tiene un buen planteamiento y quiere ser una serie naturalista, que muestre sin filtros la intimidad cotidiana de una pareja, con sus días buenos, regulares y malos, pero no se necesitaban tantos episodios para narrar eso, ya que en muchos casos el guion resulta reiterativo, los conflictos se repiten y la historia lleva a un final feliz un tanto forzado. Los diálogos entre personajes son tan naturales que en muchas ocasiones no llevan a ninguna parte y la serie adolece de numerosas escenas de puro relleno. Su planteamiento resulta muy interesante, pero lo hubiera sido más si su metraje se hubiera reducido de manera sustancial.

P: 5

domingo, 1 de noviembre de 2026

OBSSESION (2025), DE CURRY BARKER.

El argumento de Obssesion no es original. Se basa en el viejo adagio que dice "cuidado con lo que deseas, porque se podría hacer realidad". Y esto es precisamente lo que le sucede al protagonista de la película. Bear es un buen chico obsesivamente enamorado de una compañera de trabajo, que solo corresponde a su interés ofreciéndole una amistad cómplice, pero nada más. Como es un tipo muy tímido, jamás se atreve a expresar sus sentimientos a Niki. De una manera un tanto extravagante, encuentra un día en una tienda una especie de juguete de apariencia inofensiva. Se trata de una rama que concede un deseo a quien la rompe. Sin reflexionar demasiado, él desea que el objeto de sus deseos le ame más que nada en el mundo. Y aquí empieza una trama que se mueve entre lo horroroso y lo esperpéntico, puesto que, tras una pequeña luna de miel, la situación se volverá cada vez más siniestra, ya que Niki parece poseida por una especie de espíritu que la obliga a cumplir el deseo en contra de su voluntad. Con este argumento, la película podría volverse absolutamente ridícula, pero Barker tiene la virtud de mantener el pulso a una historia que se va degradando cada vez más para su protagonista que sufre la materialización antinatural de un deseo expresado más con el corazón que con la cabeza. Lástima que las evidentes virtudes de la cinta queden un tanto lastradas por un final demasiado gore, más orientado a impresionar al espectador que a hacerle reflexionar.

P: 6

sábado, 31 de octubre de 2026

EL PEQUEÑO SALVAJE (1970), DE FRANÇOIS TRUFFAUT.

El complemento perfecto después de la lectura de El experimento prohibido es acercarse a una de las mejores obras de François Truffaut, que dejó de lado sus habituales obsesiones para entregar esta obra profundamente humanista en la que plasma en imágenes una reflexión sobre la condición humana. Lo primero que sorprende de El pequeño salvaje es la actuación de su protagonista, un jovencísimo actor no profesional que plasma perfectamente la confusión de un personaje que ha sobrevivido muchos años a solas en el bosque y que ahora se debate entre el instinto de volver a la naturaleza y la fidelidad a sus nuevos afectos humanos. El propio Truffaut interpreta al doctor Itard, que intenta reiteradamente sacar al niño del estado de naturaleza y transformarlo en un ser útil para la sociedad civilizada, pero solo consigue su propósito a medias. La película - con música muy apropiada de Vivaldi - no es más que la narración de este paciente proceso jalonado por pequeños triunfos y dolorosos fracasos. Como sabemos, Víctor no va a adaptarse jamás a la vida social, pues le ha faltado el imprescindible aprendizaje de una infancia bajo el calor de una familia, por lo que siempre va a sentirse como un ser que pertenece a dos mundos irreconciliables. En cualquier caso, la película de Truffaut quiere ser optimista, y dejar un mensaje positivo acerca del poder de la ciencia para afrontar problemas complejos, por mucho que esta ciencia sea la de principios del siglo XIX. Pocos directores, como él consigue, son capaces de plasmar de forma tan conmovedora una historia tan sencilla y a la vez tan compleja.

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LO DEJAMOS ACÁ (2026), DE HERNÁN GOLDFRID.

Ricardo Darín interpreta a Ulises Verón, un psicólogo que rechaza los métodos tradicionales y prefiere abordar los problemas de sus pacientes actuando fuera de la consulta, es decir, metiéndose en sus vidas de forma más o menos discreta como si fuera un ser omnipotente que puede influir directamente en sus vidas. La película cuenta la terapia que organiza para un escritor de éxito que acude a él para liberarse de un bloqueo creativo. Se supone que el punto fuerte de Lo dejamos acá se encuentra en la química entre Darín y Peretti, pero esta es inexistente, quizá por lo absurdo del retrato de ambos personajes. La película, sin un guion sólido, solo puede confiar en el talento de unos intérpretes que hacen lo que pueden para intentar que siga a flote una nave que naufraga desde los primeros minutos, porque ni siquiera la presunta tensión entre los personajes que se ha intentado construir funciona en ningún momento, dado que sus acciones no son creíbles ni siquiera desde un punto de vista cercano a la comedia. Da la impresión de que Lo dejamos acá es un producto construído por un algoritmo basándose sobre todo en lo llamativo de sus interprétes, pero un producto sin pulir.

P: 3

domingo, 25 de octubre de 2026

VÍCTIMA (1961), DE BASIL DEARDEN.

En los años sesenta la homosexualidad era un tema tabú en Reino Unido y su práctica estaba penada con la cárcel. Por lo tanto, existía un submundo para satisfacer los impulsos de quienes realizaban estas prácticas hoy ya tan normalizadas, afortunadamente. Por lo tanto, por su fecha de realización, Víctima es una película que denuncia valientemente una situación intolerable en un país que se decía democrático y tolerante. El protagonista es un prestigioso abogado felizmente casado - en aparencia - y absolutamente integrado en las altas instancias jurídicas de la nación. Pero Melville Farr tiene un secreto y es que ha estado utilizando los servicios de un jovencito que aparece muerto, después de haber pedido ayuda al abogado por estar siendo chantajeado y éste habersela negado. El protagonista inicia una investigación, en la que va a poner en juego no solo su libertad, sino su reputación, para desenmascarar una red de chantaje que se aprovecha de la injusta legislación vigente en la época. Aunque tarda mucho en arrancar y su argumento al principio es un poco confuso, finalmente Víctima se alza como una contundente llamada de atención al público de la época acerca de una situación injusta fundamentada en una moral caduca, que no tenía cabida en una sociedad moderna. Hay que decir que la película influyó positivamente en el debate público y pocos años después la ley quedó derogada. El cine a veces no es mero entretenimiento, sino que puede servir como catalizador para importantes cambios en la mentalidad social.

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sábado, 24 de octubre de 2026

ARMA LETAL (1987), DE RICHARD DONNER.

Uno de los grandes éxitos de los años ochenta, que se convirtió en una saga es esta Arma letal, un ejemplo modélico de cine de acción, de los que saben cómo mantener al espectador atento durante todo su metraje sin renunciar a una buena caracterización de personajes. Porque Martin Riggs y Roger Murtaugh han pasado al imaginario colectivo como la pareja de policías definitiva, polos opuestos que acaban derivando en una amistad inquebrantable, una pareja que funciona magníficamente gracias a la química de sus intérpretes. Riggs es un hombre con tendencias suicidas debido a que no ha superado la reciente muerte de su muje, un papel que le viene como anillo al deo a un Mel Gibson que parece disfrutar poniendo caras de loco cuando es necesario. Este Riggs, al menos en esta primera entrega, es un tipo agresivo y muy peligroso, debido a su deseo de morir, que solo es frenado por la pasión que siente por su trabajo. Contrasta perfectamente con Murtaugh, felizmente casado y tradicional padre de familia que también es devoto de su trabajo, pero de una manera mucho más prudente y respetuosa con la ley que su nuevo compañero. Aunque cuando se conocen saltan chispas, poco a poco irán comprendiéndose mutuamente hasta el punto de que Riggs pasará a ser prácticamente un miembro más de la familia de Murtaugh. Aunque tiene muchos momentos de comedia perfectamente encajados en un guión magnífico, porque esta es una pelicula de acción que pone mucho énfasis en el drama personal del personaje de Mel Gibson, retratado como un héroe muy siniestro que acaba redimiéndose y cambiando hacia un tono mucho más suave en las siguientes entregas. En este aspecto profundiza la versión del director, que incluye algunas escenas que remarcan esta amargura existencial de un personaje que vive al límite.

P: 8

domingo, 18 de octubre de 2026

EL EXPERIMENTO PROHIBIDO (1980), DE ROGER SHATTUCK. EDUCANDO AL PEQUEÑO SALVAJE.

Uno de los debates más interesantes de la Ilustración fue acerca de la naturaleza del hombre. Rousseau aseguraba que el hombre es buenos por naturaleza y que es la sociedad la que la corrompía. Otros filósofos, como Locke, opinaban que la experiencia en sociedad era decisiva para conformar a un ser humano, dado que los niños nacen sin ideas innatas. Hubiera sido tentador realizar, para demostrar que tesis era la correcta, el experimento prohibido: aislar a un niño de sus padres y dejarlo crecer en solitario, sin estímulos y sin contactos sociales, para observar si los rasgos de humanidad se desarrollaban por sí solos. Este experimento ya había sido realizado en el pasado (para comprobar qué idioma iba a hablar el niño, por ejemplo), con resultados descorazonadores. El hallazgo en el sur de Francia, a principios del siglo XIX, de un niño que parecía haberse criado solo en el bosque ofreció la posibilidad de someter a este salvaje a una observación científica y tratar de educarlo:

"Lo que llamo el experimento prohibido es aquel capaz de revelarnos qué es realmente la "naturaleza humana", por debajo de las capas superpuestas de la sociedad y la cultura. O por lo menos aquel experimento capaz de decirnos si existe una naturaleza humana distinta de la cultura y la herencia individual."

Después de pasar por varios lugares de acogida, el muchacho terminó conviviendo con el joven doctor Itard. Jean Itard era un humanista que se esforzó hasta lo indecible en sacar al niño, al que llamó Víctor, del estado animal en el que había vivido hasta entonces. Para ello contó con la inestimable ayuda de madame Guérin, una mujer que ofreció al niño las dosis de calor humano que necesitaba. El proyecto de Itard era recomponer la humanidad de Víctor, dotarlo de lenguaje y sociabilidad e ir anotando todos sus progresos. Se trataba de un proyecto extraño, pues el niño se iba criando en una especie de núcleo familiar a la vez que estaba siendo objeto de un experimento. Se pueden evaluar los resultados de Itard, después de cuatro años, como un éxito a medias. Consiguió que Víctor comprendiera algunos elementos del mundo, que prestara atención más allá de sus estímulos primarios y que pudiera identificar objetos, pero no logró que desarrollara un lenguaje, elemento esencial para la vida social. Fue imposible que el niño desarrollara un pensamiento simbólico, esencial para el uso efectivo de las palabras. Aunque suscitó un enorme interés en la época, el joven terminó olvidado y viviendo de forma anónima en un rincón de París. 

En cualquier caso, se pueden extraer formidables lecciones de los escritos de Itard. La conclusión principal es que, sin base social, sin el apoyo y la educación de otros individuos, la conducta del ser humano apenas se distingue de la del resto de animales y que si dicha educación no se realiza en los primeros años de vida, el humano quedará marcado y no podrá disfrutar de una existencia social semejante a la del resto. Quizá los resultados habrían sido más prometedores si se hubieran permitido a Víctor dosis mayores de libertad y, sobre todo, la socialización con otros niños de su edad. Es interesante que, en las últimas páginas de su ensayo Shattuck haga referencia a otros casos históricos documentados, algunos muy recientes. La conclusión es siempre la misma: los primeros años de vida del individuo son decisivos para su socialización, es decir, que no somos otra cosa que animales sociales.

A NUESTROS AMORES (1983), DE MAURICE PIALAT.

Suzanne es la hija menor de una familia en descomposición. El padre está harto de los constantes conflictos en su seno y está a punto de abandonar el hogar. La madre es una mujer que oscila entre la depresión y el histerismo, a la que los problemas más nimios la desbordan. El hermano mayor, muy unido a la madre, es un tipo que no duda en mostrarse violento cuando le conviene. Por lo tanto, Suzanne hace lo que puede por huir de ese ambiente altamente tóxico y busca refugio en el sexo fácil, algo que, a sus dieciseis años no le resulta complicado. Durante toda la película iremos contemplando sus múltiples relaciones y el ambiente en el que se mueve con sus amigos del instituto, un centro al que ha renunciado a acudir. A pesar de las circunstancias en las que vive, la joven protagonista se nos hace un personaje un poco odioso. Se ve que, pese a la crisis familiar presente, en el pasado ha sido mimada y se le han concedido todos los caprichos, por lo que se ha convertido en una chica egocéntrica acostumbrada a conseguir todo lo que quiere, utilizando para ello su obvia belleza y sus encantos personales. Se nota que Pialat - que interpreta al padre - estaba absolutamente fascinado por su joven actriz, por lo que el protagonismo absoluto es para ella, realizando un papel muy convincente y creíble. Donde falla el director es en algunas escenas de conflicto y violencia familiar que son demasiado improvisadas e incluso rozan el ridículo y es una pena, pues la película podría haberse reforzado acentuando el contraste entre la vida erótica de la adolescente y la sordidez de su existencia familiar, algo que hubiera conseguido con un guión un poco más pulido. La protagonista recibe golpes de su hermano y gritos por parte de su madre cuando llega de madrugada, pero parece que a ella todo le resbala y al final su vida libertina no es afectada en absoluto por los torpes intentos de limitarla por parte de su familia. Al final comprendemos que tanta precocidad por parte de Suzanne la va a abocar a una existencia infeliz y nihilista, en la que jamás va a encontrar una situación vital a la altura de sus expectativas.

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sábado, 17 de octubre de 2026

ANTICRISTO (2009), DE LARS VON TRIER.

Muy controvertida en su momento por la dureza la de la historia y de las imágenes que la ilustran, lo mejor es acercarse a Anticristo como una película de terror puro, la historia de una posesión infernal en la que no puede haber un final feliz. Trier comienza su propuesta de forma terrible, mostrando el contraste entre una pareja haciendo el amor de manera muy apasionada y su hijo pequeño, que gatea inocentemente, cayendo desde una ventana hasta estrellarse en el suelo, escena en la que el director se recrea hasta el punto de mostrar la caída a cámara lenta. A partir de aquí el protagonismo es absoluto para la pareja formada por los actores William Dafoe y Cahrlotte Gainsbourg, la musa del director. Él es un psicólogo de prestigio que quiere ayudar a su mujer haciendo que deje la medicación para la depresión y experimente una terapia de dolor puro, que la haga aceptar la realidad de la muerte de su hijo. Aunque al principio parece ir curándose, el carácter de la mujer se va volviendo más inquietante hasta provocar una orgía de sangre al despertarse el ser que parece poseerla. Trier filma todo esto en un paisaje verdaderamente desolador, un ambiente propicio para que lo sobrenatural se manifieste en todo su esplendor. Quizá la historia que cuenta Anticristo no se encuentre demasiado pulida y sea ofrecida al espectador de una manera tosca y sin filtros, pero en esto precisamente reside la esencia de esta película, en mostrar el horror de una manera cruda con la finalidad obvia de provocar al espectador e incluso echarlo de la sala de cine, por lo que no se trata de una obra que esté destinada a todo tipo de público.

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EL INVASOR (2024), DE JOSÉ ANTONIO PÉREZ LEDO Y ALEX ORBE.

El invasor nos habla del contraste en las vidas de sus dos personajes principales. Carol trabaja evaluando hoteles de lujo alojándose en los mismos para valorar en secreto sus prestaciones. Parece una persona bastante seria y seca, pero su carácter se ablandará cuando vuelva a su casa en plena pandemia de covid y se entere de que su padre ha sido ingresado en estado tan grave que acabará falleciendo en el hospital. Las circunstancia la obligan a volver a casa de padre para recoger sus cosas y allí se encontrará con Omar, que ha estado viviendo en ese hogar por invitación de su padre. Omar es uno de esos llamados menas, que acaba de cumplir los dieciocho años y ha sido expulsado del sistema de acogida, por lo que se ve obligado, como otros muchos compañeros, a estudiar de día y a dormir en la calle de noche. Esta es una realidad que no sale en los telediarios, pero que se expone en este cómic, como una contundente denuncia de las enormes brechas de un sistema que debería ser revisado. Entre los puntos fuertes de El invasor está el retrato tan certero de la incertidumbre de los días de pandemia y de los días solitarios que pasaron muchos que tuvieron que quedarse a solas en su hogar. La historia que cuenta el cómic está bien, refleja los inmensos problemas de integración de quienes tienen buenas intenciones y son prácticamente abandonados por el Estado cuando se supone que ya pueden mantenerse por sí mismos. Si hay que ponerle un pero al cómic es que su historia tarda demasiado en arrancar, la presentación de la vida de Carol abarca demasiadas páginas, espacio que podría haberse aprovechado para contar con más detalle las visicitudes de Omar desde su llegada a nuestro país hasta que conoce a nuestra protagonista, verdadero punto de interés de esta historia.

lunes, 12 de octubre de 2026

LA PIEDRA OSCURA (2014), DE ALBERTO CONEJERO Y LA BOLA NEGRA (2026), DE JAVIER CALVO Y JAVIER AMBROSSI. LOS FANTASMAS DE LORCA.

La piedra oscura, de Alberto Conejero es una obra teatral de una gran sencillez formal. Se trata de una conversación entre un soldado republicano herido, al que van a fusilar la mañana siguiente y su guardián, un soldado nacional que pelea en ese bando simplemente porque la suerte lo quiso así. El moribundo es Rafael Rodríguez Rapún, el considerado último amante de Federico García Lorca, alguien que en sus últimas horas de existencia necesita confesar sus culpas, ya que siente responsable de la muerte del poeta. Su interlocutor es un hombre del pueblo, alguien que no sabe nada de la vida cultural que se ha producido en los últimos años en España y ni siquiera entienda por qué está luchando, si no es por la propia supervivencia. Pero poco a poco se va sintiendo fascinado por el relato de Rafael y por ese personaje de Lorca, que ha sido asesinado hace apenas un año por los suyos, pero que ya ha entrado en el terreno de lo mítico, hasta el punto de que es retratado casi como un ser sobrenatural, capaz de subvertir los deseos más íntimos de su amigo:

"Si tú lo hubieras conocido, si tú hubieras compartido unos minutos con Federico podrías entenderlo. Me abrazó y me dio un beso. Era la primera vez que besaba a otro hombre. Sentí un amargor en la boca, pero no la aparté. Y luego no sé como, no me di cuenta. Tenías ganas de Federico, ansiedad de Federico, necesidad de Federico. Llegaron los viajes con el grupo y yo sentía que cada minuto con él ensanchaba mi alma. Le escuchaba hablar y me hacía pequeño, me hacía invisible."

Aunque se basa en hechos históricos reales, La piedra oscura inventa una muerte distinta para Rapún, que no fue fusilado, sino que falleció en un hospital militar de Santander por las heridas sufridas en combate. Por los testimonios de la época, parece ser que Rapún fue un soldado temerario y que de algún modo buscaba la muerte, quizá por la rabia de haber provocado indirectamente, con su indeferencia a sus últimas comunicaciones, que Lorca realizara su fatal último viaje a Granada. Estas licencias le sirven a Conejero para acentuar la tensión dramática a través dlel personaje de Sebastián (nombre escogido no por casualidad), que es el joven soldado nacional que acabará asumiendo como suya la tarea de recuperar una de las últimas obras de Lorca, La bola negra, de la cual han llegado a nosotros unas escasas cuatro páginas, pero que en esta ficción se encuentra intacta en el último domicilio de Lorca en Madrid. Parece ser que en esta obra se iba a abordar de manera abierta el tema de homosexualidad a través de la historia de un joven cuya candidatura a ser miembro del Casino de Granada es rechazada precisamente por su condición. Se puede especular mucho acerca de cómo hubiera sido la obra acabada, pero los Javis lo hacen de manera muy elocuente en su película.

La fascinación que produce en los aficionados a la lectura pensar en qué obras hubiera podido escribir tal o cual autor si hubiera vivido unos años más está muy presente en La bola negra, una película que expande de manera considerable la obra de Conejero y se narra en tres ámbitos temporales: el que sucede durante nuestra Guerra Civil, el hallazgo de la obra perdida de Lorca en la actualidad y la representación - ficción sobre ficción - de una versión imaginada de la misma, que sería la que escribió Lorca en el universo que propone esta película. Aunque comienza con un tono muy realista, con una escena muy cruda del bombardeo de un pueblo por la aviación italiana, la película no se mantiene en ese tono durante todo el metraje, optando a veces más por la estética que por la narrativa pura, hasta el punto de que los soldados nacionales que se encuentran acampados a las puertas de Santander son retratados casi desde un punto de vista homoerótico, llegándose un poco al exceso en la escena que protagoniza Penélope Cruz, bien rodada pero un tanto forzada y excesiva, aunque en ella podamos contemplar la verdadera naturaleza depredadora de los guerreros cuando una mujer hermosa se pone en su punto de mira.

El tono fantástico sí que está justificado en la representación de La bola negra, que se presenta como una valiente reivindicación de la sexualidad de su protagonista en un ámbito social absolutamente hostil a la misma. La parte más realista - y deliveradamente más gris - es la que representa nuestro tiempo (unos años atrás, para ser justos), que concluye con el hallazgo de la obra teatral completa de Lorca, algo que produce la fascinación de un sueño cumplido a la hispanista (interpretada por Glenn Close) a la que se presenta para verificar su autenticidad, como si Lorca nos llamara desde el pasado para ofrecernos un último regalo. Un Lorca que aparece en las últimas escenas de un modo - creo yo - bastante innecesario, ya que con su materialización en la pantalla se pierde algo del halo de misterio y pureza que había mantenido hasta ese momento. La bola negra es una obra imperfecta, pero muy bien construída y - lo que resulta más importante y valioso - realizada de un modo muy personal por sus directores, que han tenido la gentileza de hablar a todas las generaciones (solo hay que ver el éxito inmenso de público que están teniendo sus sesiones) de ese gran mártir de nuestras letras que fue Federico García Lorca, acercándolo al espectador actual con absoluto respeto a su justamente venerada figura, convertida con justicia en el símbolo de la barbarie que constituyó nuestra Guerra Civil. 

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DELITOS Y FALTAS (1989), DE WOODY ALLEN.

El guión de Delitos y faltas hace una evocación más que evidente de la obra maestra de Dostoievski, Crimen y castigo. El protagonista de la que podríamos denominar parte trágica es el doctor Judah Rosenthal, un oftalmólogo que parece vivir una existencia perfecta: goza de un gran prestigio profesional, su familia le adora y posee el suficiente dinero como para vivir en una burbuja de bienestar que le aisla de los problemas del mundo real. Pero hay una molesta piedra en su zapato que amenaza con dejarle descalzo: una amante a la que hizo demasiadas promesas y que ahora se ha convertido en un ser histérico cuya única pretensión es que Rosenthal demuestre la veracidad de sus pasadas declaraciones de amor y se divorcie de su mujer. Si no, está dispuesta a destruir su vida. Ante esta tesitura, el oftalmólogo deberá optar entre las soluciones que le ofrecen dos personas (que son como el ángel bueno y el ángel malo que se aparecen al protagonista en algunos dibujos animados), un rabino amigo suyo, cuya visión del mundo tiene que ver más con lo celestial que con lo material (y que, paradójicamente, se está quedando ciego), que le aconseja que afronte el problema contándoselo todo a su mujer y su propio hermano, alguien que está acostumbrado a moverse al otro lado de la ley, que le ofrece una solución más radical: matar a su amante.

En la otra historia, el protagonismo está reservado al propio Woody Allen, que interpreta a Cliff Stern, un hombre que está pasando por una profunda crisis vital: su matrimonio hace aguas y su trabajo como realizador de documentales no prospera. Stern intentará acogerse a un nuevo amor, pero todo le saldrá mal. Aunque su historia está narrada en tono de comedia, el fondo es amargo y el espectador siente que el castigo del que se hace acreedor por su faltas, es desmesurado, sobre todo si lo comparamos con el destino de Rosenthal.

Como en la novela de Dostoievski, el gran tema de Delitos y faltas es el remordimiento, esa sensación de ser devorado por dentro que puede afectarnos independientemente de la gravedad de nuestras culpas. Así lo expresaba Emil Cioran en su obra El ocaso del pensamiento:

"El remordimiento metafísico es una turbación sin causa, una inquietud ética en el límite de la vida. No tienes culpa alguna de la que arrepentirte y sin embargo sientes remordimientos. No te acuerdas de nada pero te invade un sentimiento infinitamente doloroso del pasado. No has hecho nada malo pero te sientes responsable de los males del universo. Sensaciones de Satanás delirante de escrúpulo. El principio del Mal apresado en las redes de los problemas éticos y en el terror inmediato de las soluciones. Cuanto menos indiferente seas al Mal, más cerca estarás del remordimiento esencial. (...)"

Pero ¿cuál es la solución? Parece ser que ese sentimiento tan difuso que llamamos amor. Quien goza del amor de los demás, se salva. Quien no es capaz de ser acreedor del mismo, acaba hundiéndose. Así Rosenthal, que vive rodeado del cariño de los suyos, se va construyendo poco a poco un subterfugio para justificar como inevitable un acto que en realidad ha sido inhumano y merecedor de los más severos reproches. En cambio, Stern pierde sus dos amores, el antiguo y el que esperaba con ilusión. Cuando lo vemos por última vez, parece estar actuando sobre él la eterna frialdad del Universo. En palabras del profesor Louis Levy, sobre el que está realizando un documental:

"Pero debemos recordar siempre que nosotros cuando nacemos necesitamos mucho amor para convencernos de que hay que seguir viviendo y una vez conseguido ese amor suele durarnos. Pero no olvidemos que el Universo es un lugar muy frío. Somos nosotros los que lo revestimos con nuestros sentimientos y, desde luego, en ciertas condiciones nos parece que esto no vale la pena."

El ojo de Dios. El ojo de la propia conciencia. El ojo ajeno. Y, por fin, el ojo del espectador que juzga la tragedia desde fuera, pero inevitablemente comparando la existencia de los personajes con la suya propia. Por eso fue tan apasionado el debate del viernes pasado, porque Woody Allen toca temas intemporales, a través de un equilibrio magistral entre comedia y tragedia que suele estar presente en nuestras vidas.

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domingo, 11 de octubre de 2026

HIERRO 3 (2004), DE KIM KI-DUK.

Tae-Suk es un joven que ha resuelto el problema de la vivienda a su manera. Se dedica a averiguar - de manera tan ingeniosa como arriesgada - qué viviendas quedan temporalmente vacías porque los propietarios están de viaje y las ocupa durante esos días. No se dedica a robar y tiene la gentileza de dejar siempre reparado cualquier aparato estropeado que encuentre en los aposentos del dueño del hogar. Un día encuentra en una de las casas, que creía vacía, a Sun-hwa, una mujer maltratada que ha perdido su capacidad de hablar. Huye con ella y empiezan a experimentar juntos la existencia de Tae-Suk. Un día son detenidos por la policía y el marido de Sun-hwa quiere venganza... Hierro 3 es una película de planteamiento muy interesante, acerca de un joven que ha decidido que su existencia no va a ser convencional y dicha trama funciona perfectamente hasta la mitad. Luego, se convierte en una especie de película de origen de un superhéroe, ya que le protagonista va entrenando hasta convertirse en una especie de Batman, que puede moverse por una habitación sin ser visto, con lo que deviene en algo demasiado poco creíble a la par que convencional. Es indudable que el director consigue planos impactantes a la hora de mostrar las nuevas habilidades del joven, que se ha vuelto un romántico incurable, pero al retratarlo como un ser casi etéreo pierde sus cualidades humanas y el realismo de la primera mitad acaba diluyéndose, con lo cual el interés por el personaje decae.

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sábado, 10 de octubre de 2026

AÚN ESTOY AQUÍ (2024), DE WALTER SALLES.

El cine - afortunadamente solo el cine - me ha mostrado en numerosas ocasiones lo que significa vivir en una dictadura, la incertidumbre del día a día de personas que están sometidas a una inseguridad jurídica constante en la que el poder del Estado deviene en absoluto, aunque hay grados en este aspecto. Durante la segunda mitad del siglo XX, Sudamérica fue tristemente famosa por las dictaduras militares que se establecieron en muchas de sus naciones, casi siempre con la aquiescencia de los Estados Unidos. Una de las más feroces fue la brasileña, aunque en los primeros minutos la película nos muestra a una familia feliz, compuesta por un exdiputado de izquierdas, que ahora es ingeniero, su mujer y sus cinco hijos. Aunque la presencia militar es constante y numerosos amigos les advierten de que deberían exiliarse dado el cariz cada vez más siniestro que está tomando el país, Rubens va a aplazando la decisión hasta que ya es demasiado tarde. La escena en la que unos militares vestidos de paisano irrumpen - eso sí, educadamente - en la casa del exdiputado para invitarle a que le acompañen, estremece porque el espectador intuye que detrás de esas buenas formas se esconden las peores intenciones. Luego se nos mostrará uno de los centros de detención de la dictadura por dentro (también se llevan a su mujer y a una de sus hijas, aunque estas serán liberadas a los pocos días después de una experiencia angustiosa) aunque no veremos las torturas que se producen dentro, solo las escucharemos, con lo que Salles consigue transmitir la perspectiva del prisionero, su incertidumbre y su terror interno. Respecto al resto de la película, asistimos la lucha de la mujer del desaparecido por esclarecer los hechos frente a un Estado todopoderoso e indiferente. Eunice deberá recomponer una vida familiar rota a la vez que se convierte en una activista política frente a la dictadura, un personaje perfectamente interpretado por una inmensa Fernanda Torres. Basada en la historia escrita por uno de los hijos de Rubens Paiva, Aún estoy aquí consigue ser una gran obra del cine de denuncia y a la vez el retrato sentimental de una familia rota que, aún así, logró seguir luchando sin renunciar a ser felices. 

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LA GRAZIA (2025), DE PAOLO SORRENTINO.

En estos tiempos en los que numerosos países cuentan con máximos dirigentes que asustan a cualquier persona racional, el personaje que propone Sorrentino en La grazia resulta toda una contradicción respecto a la tendencia de nuestros días: se trata de un presidente de la República italiana culto, educado y reflexivo. Cuando lo conocemos, Mariano de Santis está vivivendo sus últimos días en la cúpula del poder y, antes de irse, tiene que tomar dos importantes decisiones: aprobar la ley de eutanasia y decidir si concede o no el indulto a unos presos. Don Mariano parece más un presidente filósofo que uno de los frenéticos dirigentes de hoy en día que anuncian mil asuntos y luego no resuelven nada. El protagonista se toma su tiempo para reflexionar, lee los distintos proyectos de ley con atención (se trata de un jurista de mucho prestigio) e incluso visita a alguno de los reos para poder tomar una decisión con más convicción. Pero una de las constantes de este presidente es la duda metódica, por lo que posterga por sistema las decisiones, quizá porque tiene muy afianzada una constante melancolía provocada por la muerte de su mujer, algo que sucedió hace años. Es evidente que a Sorrentino no le interesa ofrecernos una película realista, un presidente no puede permitirse el lujo de dedicar tanto tiempo a la reflexión (excepto el nuestro, en ocasiones) ni está tan solo a la hora decidir. La película, pese que tiene un tono más anecdótico que profundo, se beneficia de la estética que su director imprime a su obra y es innegablemente atractiva en este aspecto, aunque quede muy por debajo de otras reflexiones sobre el poder (en este caso espiritual a la vez que terrenal) como El joven papa.

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domingo, 4 de octubre de 2026

LOS LENTOS (2020), DE LAURENT VIDAL. LA RESISTENCIA A LA ACELERACIÓN DE NUESTRO MUNDO.

No es ningún secreto que con la llegada de las nuevas tecnologías de la comunicación - internet, móviles, redes sociales, Whatsapp - la vida se ha acelerado, sobre todo en el ámbito laboral. Se nos exige que estemos permanentemente comunicados, que contestemos inmediatamente al teléfono, que atendamos correos electrónicos mientras nos desplazamos rápidamente de un lugar a otro, ya sea en la misma oficina o en el exterior. Basta con ver que ha sido necesario aprobar legislación respecto al derecho de desconexión digital de los empleados para contemplar un panorama que hubiera estremecido a hombres de otras épocas, hombres con un sentido muy diferente del tiempo y que no entenderían los ritmos sociales impuestos en la actualidad.

Vidal comienza definiendo a los integrantes del grupo social de los lentos como unos marginados que han quedado al margen de la historia, unos excluídos que han sido tachados de inútiles, por no saber interiorizar los ritmos cada vez más frenéticos que ha ido imponiendo la sociedad capitalista:

"Se puede objetar que la figura social de los lentos nunca se formaliza de manera explícita: precisamente porque constituye, en palabras de Jean Duvignaud, el "subtexto de la existencia cotidiana", un subtexto construído con una gran cantidad de adjetivos descalificadores que tejen la trama de un imaginario de la exclusión. Los lentos constituyen así algo impensado en los trabajos sobre la fragilidad social durante este vasto periodo llamado modernidad. Este algo impensado es lo que debemos cuestionar al considerar que el ritmo también tiene la capacidad de crear divisiones sociales. 

(...) es necesario ir más allá y considerar la lentitud como una posible subversión de la vertiginosa candencia impuesta por el ritmo de las actividades económicas y el trabajo. Se trata de un proyecto, en definitiva, de resistencia o reexistencia, donde los lentos buscarían, a tientas, mediante las rupturas del ritmo, el camino hacia otra existencia posible."

La palabra lento en sus orígenes no tenía las connotaciones negativas que despierta hoy, pero a partir de la Edad Media iría definiendo a las personas faltas de carácter, flojedad y finalmente, pereza, que se convirtió en uno de los pecados capitales. Las personas debían estar al servicios de sus reyes y de sus amos y no desantender jamás sus obligaciones, que debían ser realizadas con efectividad y diligencia. Esta moral fue adaptada por el capitalismo de forma brutal: el hombre debía adaptarse a la máquina y no al contrario. Incluso se estudiaban científicamente cuáles eran los movimientos y los ritmos idóneos para que la productividad se multiplicara: el invento del cronómetro se convirtió en el gran enemigo de los trabajadores. Llegaba el tiempo de la lucha obrera, de la organización contra los abusos de un sistema explotador que condenaba a morir de hambre a aquellos que se atrevían a eludirlo. 

Aunque se ha avanzado mucho y existe un sistema de bienestar para quienes pueden justificar su lentitud, para quienes no son rentables, aunque dicho sistema lleva tiempo poniéndose en cuestión, ya que los lentos son en su mayoría gente invisible, fuera del sistema. Quienes están dentro deben vender su tiempo, no solo el del trabajo, sino también el del desplazamiento al mismo, dado que cada vez es más difícil habitar las ciudades y los trabajadores deben irse a periferias cada vez más lejanas. Incluso los tiempos de ocio deben aprovecharse. Está mal visto el no hacer nada, el perderse cosas que se publicitan como imprescindibles y también empiezan a existir reacciones frente al síndrome fomo que propugnan formas de vida más desconectadas y sosegadas. Muchos anhelan los tiempos de la pandemia, cuando estar en casa y no hacer nada era lo que propugnaban esos mismos poderes que alientan a la actividad constante.

BACKROOMS (2026), DE KANE PARSONS.

El estado natural del animal humano es el miedo. Venimos a un mundo del que tenemos que ir aprendiendo las reglas, queremos certezas y unas rutinas básicas, pero a la vez nos atrae lo desconocido. Quizá Backrooms ha sido una película tan exitosa porque ha sabido acercarse a los terrores contemporáneos, que no tienen que ver con los clásicos fantasmas o monstruos, sino con asuntos más abstractos e inexplicables, con fenómenos físicos que puedan atraparnos y llevarnos a mundos de pesadilla, no tanto por lo que ahí pasa, sino por lo que podría pasar. La gran virtud de esta película es la enorme inquietud que crea al espectador de una manera aparentemente sencilla: mostrando una arquitectura de habitaciones vacías, con diseños que van desde lo más convencional a lo imposible y que parecen no tener fin. Son estancias que transmiten una atmósfera extraña, que consigue que sus visitantes quieran salir lo antes posible de allí, pero a la vez invitan a seguir explorando, a indagar en el enigma de estos espacios. Es difícil conseguir estas sensaciones en un género tan complicado como el terror, pero Parsons parece haber dado con la tecla de despertar esos sentimientos inmemoriales con un toque propio de estos tiempos dominados por una IA cada vez más inquietante. Solo cabe esperar que esta fórmula no se explote de manera desmesurada y que las inevitables futuras entregas mantengan niveles de originalidad y calidad adecuados.

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sábado, 3 de octubre de 2026

COMO BESTIAS (2021), DE VIOLAINE BÉROT. LA CONSTELACIÓN DEL OSO.

El planteamiento de Como bestias, me recuerda al de una novela de la premio Nobel Doris Lessing que leí hace bastantes años, El quinto hijo, que también describe a un ser singular que se mueve entre lo humano y lo animal. La narración de Bérot reune varios testimonios contradictorios acerca de este joven al que todos llaman el Oso, que parece tener más de salvaje o de animal que de ser humano. Se trata de un tipo grande y asustadizo, con evidentes problemas mentales, que vive con su madre en lo más apartado de las montañas y que es capaz de sacar su parte más feroz si se encuentra acorralado. También es un personaje con su parte de realismo mágico, pues se entiende tan bien con otros animales que es capaz de sanarlos cuando se encuentran heridos.

Los rumores acerca de este personaje se acrecentan cuando se empieza a divisar en ocasiones a el Oso junto a una niña ya crecidita que nadie sabe de dónde ha salido. ¿Es su hija? ¿es una niña perdida a la que él ha adoptado? Todos son rumores y la novela nos va ofreciendo diversos puntos de vista acerca de lo que ha podido suceder. Quizá Bérot quiere escribir una fábula sobre el diferente, acerca de la gente discriminada, aunque en este caso se trata de un ser que, junto con su madre, se ha apartado voluntariamente de la sociedad para disfrutar de una existencia más en comunión con la naturaleza, aunque en ningún momento tengamos todos los detalles de su psicología, solo fragmentos de testimonios muy subjetivos. Como bestias se lee con agrado y, como es frecuente en este tipo de narraciones, deja la duda en el lector acerca de quienes son los verdaderos monstruos.

SI PUDIERA TE DARÍA UNA PATADA (2025), DE MARY BRONSTEIN.

Linda ejerce como psicóloga clínica, pero ante todo necesita terapia para sí misma. Su situación familiar es delicada, dado que su hija necesita cuidados casi constantes por tener que alimentarse por una sonda y el trabajo de su marido lo hace estar ausente durante muchos meses. A todo ello se une la caída del techo del cuarto de baño por humedades, lo cual la obliga a trasladarse a un motel. Desde el principio Si pudiera te daría una patada tiene un aire como de película de terror psicológico, dado que la cámara sigue en todo momento a la exhausta protagonista que debe afrontar completamente sola una situación imposible. De manera inteligente, la directora no muestra el rostro de la niña, solo su voz irritante, consiguiendo que el espectador no empatice con su enfermedad y sí con el hartazgo de una madre que parece en algunos momentos al borde de cometer una locura. Rose Byrne, como protagonista absoluta, sabe transmitir a la perfección todas esas emociones desmoralizantes de una mujer que parece no contar con ayuda estatal para afrontar una situación muy difícil en la que debe dar lo mejor de sí misma las veinticuatro horas para no ser tachada de madre irresponsable. Una propuesta diferente y angustiosa muy alejada de las tópicas familias felices de Hollywood.

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