Pero no solo de horror vive Poe. También es el creador del relato policiaco moderno, con esos admirables relatos protagonizados por ese predecesor de Sherlock Holmes que es Auguste Dupin. Especialmente brillante en este sentido es La carta robada, en el que la resolución del misterio es tan simple como admirable. También hay cuentos fundamentados en la ciencia ficción más primitiva y otros que preceden a las aventuras de autores como Julio Verne (aunque en este caso la remisión más obvia sería a su novela Las aventuras de Arthur Gordon Pym). Es justo comentar también que buena parte de su producción en este tipo de literatura no es tan brillante. Hay relatos mal ejecutados, aburridos o paródicos de su propia producción, otros que quieren ser excesivamente científicos o simbólicos respecto a la política estadounidense de su época, que han quedado anticuados. Pero es bueno leerlos todos para advertir que los genios no siempre están acertados y que las obras maestras pueden tener como precio otras que no lo son tanto.
Pero al final el lector se queda con los grandes clásicos, con ese perturbador diálogo con el moribundo Valdemar, con la intriga de El pozo y el péndulo, con el terror absoluto de El entierro prematuro o incluso con uno de mis favoritos, que describe el horror que es capaz de engendrar la propia naturaleza. Se trata de El descenso al Maelström, en el que el protagonista no se salva por azar, sino por la fria observación del fenómeno que está a punto de acabar con su vida, aunque dicha salvación tiene un alto precio. Cuentos a los que uno se puede acercar en diferentes ocasiones a través de los años y que siempre estarán ahí provocando profundas sensaciones en el lector. Especialmente recomendable es acercarse a la edición de Páginas de espuma, puesto que cada cuento aparece con el comentario de un escritor diferente.

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