A Vicente, el protagonista de Maspalomas, lo encontramos llevando la existencia que siempre había querido, pero nunca se había atrevido a llevar. Es un hombre homosexual que salió muy tardiamente del armario que ahora, a los setenta y seis años, se dedica a recuperar el tiempo perdido y a experimentar la libertad que nunca tuvo. Es un hombre feliz, pero también una persona mayor que puede tener problemas de salud. Y un día su vida cambia por completo cuando sufre un ictus y debe volver a la sombría San Sebastián para recuperarse a una residencia. Para él es un paso atrás, volver a ser dependiente y tener que ocultar su condición sexual. En este sentido Maspalomas es una película de aprendizaje. Vicente debe esforzarse en recuperar su condición anterior, pero también en reconciliarse con su hija y, por extensión, con el resto del mundo que está más allá de su burbuja paradisiaca de Maspalomas. Porque por mucho que haya conquistado su libertad, intuimos que el protagonista ha sido un poco egoísta abandonando por completo su vida anterior y le ha dado por completo la espalda. Por eso el regreso tiene algo de hostil, de vuelta a un pasado del que no ha querido saber nada durante más de dos décadas. Es de agradecer que los directores hayan optado por la contención a la hora de contar esta historia, cuando se podían haber dejado llevar por un excesivo sentimentalismo. Esto lleva a que el espectador pueda identificarse con el protagonista (no en el sentido de opción sexual, sino en el más amplio de conquista de la felicidad) y pueda seguir todo el metraje con interés.
P: 6

No hay comentarios:
Publicar un comentario