Al principio el personaje protagonista de Siempre es invierno aparece como un perdedor, que participa sin esperanzas de triunfo en un concurso internacional de arquitectura y experimenta en ese mismo viaje la ruptura con su pareja. Miguel parece tomarse todas estas desgracias con filosofía y se queda unos días en la ciudad belga a la que ha acudido para la competición. Entonces es cuando toma protagonismo un personaje que aparece al principio y creíamos que iba a ser circunstancial: se trata de Olga, una mujer muy madura que ha servido como acompañante de la pareja a su llegada a Bélgica. Entonces comienza un extraño romance marcado por una gran diferencia de edad en el que ambos protagonistas intentan no sentirse incómodos. El resto de la película sigue los siguientes meses de la vida de un Miguel que parece ir resolviendo todos sus problemas poco a poco, excepto el amoroso. ¿Ha dejado en él un poso sentimental la breve relación con Olga? Siempre es invierno es una película muy irregular, un tanto falta de ritmo y de mensaje un tanto confuso (aunque finalmente aprueba la relación entre Miguel y Olga lo hace de una forma incómoda para los protagonistas, incomodidad que se acaba transmitiendo al espectador), algo que puede remitir al panorama amoroso tan nebuloso al que se enfrenta tanta gente en la actualidad.
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