domingo, 12 de mayo de 2019

LA LLAMADA DE LO SALVAJE (1903), DE JACK LONDON. LA LEY DEL GARROTE Y EL COLMILLO.

El primer gozo lector que se siente al empezar esta novela extraordinaria está en que London adopta el punto de vista de un perro en la mayor parte de la narración. Buck comienza siendo un animal doméstico que disfruta de una existencia regalada en el jardín de una familia adinerada. Todo cambia cuando uno de los servidores lo secuestra y lo vende para ser adiestrado para trabajar como perro de trineo en el Norte. El protagonista va a descubrir bien pronto un mundo insospechado, en el que la ley que impera es la de la supervivencia del más apto. A base de palos y de terribles frustraciones, Buck aprenderá a tener paciencia, a obedecer y a esperar su oportunidad para convertirse en el perro alfa de la manada. Poco a poco irá cambiando sus sentimientos morales por otros más adecuados a las duras condiciones de vida a las que se ha visto arrojado:

"Este primer robo fue la prueba de que Buck era apto para sobrevivir en el hostil ambiente de las tierras del nortel. Indicaba su adaptabilidad, su capacidad para acomodarse a condiciones cambiantes, cuya carencia hubiera significado una muerte rápida y terrible. Y además indicaba la degeneración y resquebrajamiento de sus valores morales, cosa vana y un obstáculo en la despiadada lucha por la existencia. Todo ello estaba muy bien el sur, donde reinaba la ley del amor y el compañerismo y donde se respetaba la propiedad privada y los sentimientos personales; pero en las tierras del norte, bajo la ley del garrote y el colmillo, el que tuviera aquellas cosas en cuenta era un necio y mientras las respetase no podría prosperar."

La adaptación al nuevo ambiente no es fácil y está a punto de acabar con la vida de Buck en varias ocasiones. Pero de eso se trata, de sobrevivir, de comprender las leyes de la naturaleza, de aceptar el proceso de conversión a una existencia primordial basada en la norma implacable de matar para no morir. En un determinado momento de su historia, Buck encuentra a un amo noble, alguien que no le maltrata y su amor por este hombre se manifiesta de manera desmesurada, hasta el punto de que la venganza contra los indios que han provocado su muerte completará su proceso de reversión atávica, su transformación en un animal gozosamente salvaje, sediento de sangre y de poder y dotado además de la inteligencia que le ha proporcionado su dilatada experiencia entre todo tipo de seres humanos. Desde su llegada al gran Norte, el perro ha estado sintiendo esa extraña llamada que justifica el título de la novela:

"(...) Le producía una gran inquietud y unos extraños deseos. Le hacía experimentar una vaga y dulce alegría y despertaba en él ansias y anhelos salvajes no sabía bien de qué. A veces se internaba en el bosque buscando la llamada como si fuera un objeto tangible, y ladraba apenas o con fuerza, según su humor. Hundía el hocico en el musgo del bosque o en la tierra negra donde crecía alta la hierba, y los densos olores lo hacían resoplar de gozo; o bien se acurrucaba durante horas al acecho, detrás del tronco cubierto de liquen de un árbol caído, con los ojos bien abiertos y las orejas muy erguidas, atento a todo cuanto se movía o sonaba a su alrededor. Puede que en esa actitud esperase descubrir la llamada que no lograba comprender. Aunque no sabía por qué hacía aquellas cosas. Se sentía empujado a hacerlas pero no reflexionaba en absoluto sobre ellas."

El primer gran éxito literario de Jack London es un libro magistral, uno de esos clásicos que se puede leer a cualquier edad y en el que se expone el pensamiento fundamental que jalonaría gran parte de su producción literaria: esa obsesión, basada sobre todo en su lectura de las obras de Herbert Spenser, por la supervivencia del más apto, que no se daba solo en la naturaleza, sino también en la vida en sociedad, como expresaría posteriormente en la también magistral Martin Eden.

sábado, 4 de mayo de 2019

HERNÁN CORTÉS (2002), DE BARTOLOMÉ BENNASSAR. EL CONQUISTADOR DE LO IMPOSIBLE.

La reciente polémica auspiciada por el presidente mexicano López Obrador, en torno a la legitimidad de la conquista de México por parte de Hernán Cortés, ha vuelto a poner de actualidad, quinientos años después de los acontecimientos, a una de las figuras más singulares de nuestra historia. El relato de la vida de Hernán Cortés es tan improbable que solo puede ser cierto. Que un hombre que a los treinta y tres años (una edad ya bastante avanzada en el siglo XVI) era todavía un perfecto desconocido, se embarcara en la aventura de desembarcar con un puñado de hombres en la costa de las desconocidas tierras mexicanas y fuera capaz de liderar una exitosa campaña de conquista contra una civilización muy desarrollada, no deja de ser toda una hazaña, se valore ésta como se valore.

En cualquier caso, para bien o para mal, Cortés fue el hombre que alumbró el México actual, que surgió después de tres siglos de una dominación española que tuvo sombras y luces, pero sin la cual no puede entenderse la realidad del país latinoamericano, como ya señalaron Octavio Paz o Carlos Fuentes. Lo cierto es que el conquistador no se encontró ni mucho menos con un territorio pacífico cuando puso pie en México. Las querellas y conflictos entre tribus indígenas eran constantes, así como las tristemente célebres prácticas de sacrificios humanos. Cortés supo aprovechar esas divisiones en su beneficio:

"Cortés tuvo a su lado lugartenientes y colaboradores de gran valía. Sin embargo, el genio del comandante, el talento de sus compañeros y la evidente superioridad militar de los españoles no habrían sido suficientes para el triunfo de la empresa. Éste se logró gracias a los conflictos existentes en el seno del mundo indígena, por el antagonismo entre los pueblos y por la oposición al reciente y gravoso dominio de los mexicas."

Los rápidos avances por tierras mexicanas y el descubrimiento de civilizaciones muy avanzadas, capaces de construir ciudades tan fabulosas como Tenochtilan (que acabó siendo destruida casi por completo), estimularon la imaginación de los europeos en cuanto empezaron a llegar noticias de las hazañas de Hernán Cortés. La figura del conquistador de Medellín se convirtió en aquellas tierras casi en objeto de veneración. Las querellas entre españoles, que fueron frecuentes debido a las disputas en cuanto al reparto del poder en las nuevas tierras, jamás quebrantaron la aureola de gran líder casi divino de la gozaba Cortés. En una carta de Jerónimo López al emperador se expresan bien estos sentimientos:

"A Cortés, no solo le obedecían en lo que mandaba, pero lo que pensaba, si lo alcanzaban a saber, con tanto calor, fervor, amor y diligencia que era cosa admirable de lo ver, por manera que en cosa alguna había falta ni rebelión ni imaginación dél."

Si hubiera querido, éste hubiera podido convertirse en una especie de soberano de las nuevas tierras, pero su fidelidad a Carlos V siempre fue inquebrantable, aunque durante mucho tiempo arrastrara la amargura de no considerarse suficientemente pagado por los servicios prestados a un rey que le exigía para la corona "todo el oro que pudiese conseguir". No hay que olvidar que en los mismos años que se producía la conquista de México el emperador tenía que atender a diversos asuntos que arruinaban los fondos de la corona: la proclamación como emperador de Alemania, los conflictos con los protestantes, la piratería en el Mediterráneo...

La figura de Hernán Cortés, con sus luces y sus sombras, con sus aciertos estratégicos y sus empresas temerarias, que también las protagonizó, con su fidelidad a la corona y con su avaricia personal en cuanto a acaparación de bienes de la conquista, se alza como una figura histórica inimitable, porque no solo fue un guerrero, sino también un político que supo amar las tierras que conquistaba e intentó organizarlas en torno a sus creencias y sus ideales, aunque a la postre, eso significara la imposición de un régimen de explotación laboral para muchos habitantes de aquellas tierras. En cualquier caso, no se produjo un exterminio, sino una especie de convivencia que duró tres siglos entre conquistadores y indígenas y que dejó en herencia un México mestizo, tanto étnica como culturalmente. 

sábado, 27 de abril de 2019

EL FACTOR HUMANO (1978), DE GRAHAM GREENE Y DE OTTO PREMINGER (1979).UN TRAIDOR COMO LOS NUESTROS.

Aunque trabaja para el Servicio Secreto británico, Maurice Castle es la antítesis de James Bond. Castle es un gris funcionario que se ocupa de la Sección africana del MI6. Hace años que cumple puntualmente su horario en una oficina, aunque cuenta con un pasado como agente en Sudáfrica. Allí se enamoró de una mujer negra (un delito en aquel territorio) y un agente comunista le ayudó a salir del país. Entonces contrajo una deuda que ha ido pagando poco a poco ofreciendo información a los enemigos de occidente, información que él considera poco significativa.

En un determinado momento, sus superiores detectan una de sus filtraciones y se produce una investigación en su oficina. El sospechoso será un compañero mucho más joven, Davis, que será sacrificado, a pesar de los débiles indicios de su culpabilidad. De pronto, la vida tranquila y rutinaria se había construído Castle salta en pedazos: sabe que es cuestión de tiempo que se descubra al verdadero traidor, por lo que tendrá que tomar una serie de decisiones moralmente discutibles, pero que se ajustan a la lógica del oficio que ha venido desempeñando toda su vida. La ideología por la que se trabaja es algo que se toma más bien con cinismo:

"No creo que el comunismo funcione, a largo plazo, mejor de lo que lo ha hecho el cristianismo, y yo no pertenezco a la especie de los cruzados. ¿Capitalismo o comunismo? Tal vez el mismo Dios sea capitalista. Mientras viva prefiero estar del lado que tiene más probabilidades de ganar. (...) El lado que gane podrá construir mejores hospitales y destinar más dinero a la investigación sobre el cáncer… el día en que se renuncie a todas esas pamplinas atómicas. Entretanto, disfruto con el juego que estamos jugando. Disfruto, sólo disfruto. No finjo ser un entusiasta de Dios ni de Marx. ¡Cuidado con los que tienen fe! No son jugadores dignos de confianza. De todos modos, a uno llega a gustarle que haya un buen jugador al otro lado del tablero… eso aumenta el placer."

Como es costumbre en Graham Greene, la trama de espionaje que es el eje central de la novela no es sino una excusa para plantear un discurso moral, aquel que se refiere a las auténticas lealtades a las que se debe el protagonista - "mi verdadera patria eres tú", llega a decirle su mujer - y el precio que hay que pagar por decisiones tomadas en el pasado. Greene es un desmitificador. Sus espías son seres humanos con problemas familiares o de soledad, gente que solo anhela una vida tranquila y que el enemigo tenga el mismo comportamiento. Se trata de gente que quiere actuar de manera civilizada y que, cuando tiene que ordenar una muerte, quiere que esta se lleve a cabo de la manera más discreta e inocua posible. En realidad Occidente y Moscú luchan por algo muy sencillo: mayores cuotas de influencia y poder en diversos escenarios del mundo.

La adaptación de Preminger, es una traslación casi literal del texto de Greene. Es evidente que se rodó con poco presupuesto y que en esta ocasión el director de Laura no fue capaz de imprimir personalidad propia al film, pero en conjunto resulta una adaptación muy correcta, apuntalada por un buen trabajo de sus actores y funciona muy bien como complemento a la lectura de la novela.

miércoles, 17 de abril de 2019

TUS PASOS EN LA ESCALERA (2019), DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA. ANATOMÍA DE LA ESPERA.

El protagonista de esta novela ha vivido muchos años en Nueva York. Cuando llegó, le costó adaptarse al ritmo de la ciudad, sobre todo porque ejercía una de esas profesiones presuntamente prestigiosas, relacionada con las finanzas, pero que absorben totalmente la existencia y las energías del trabajador. Se trata de un mundo competitivo en el que no existen horarios: solo cuenta el maximizar beneficios para la empresa y conseguir un ascenso que conlleva más elevadas dosis de estrés. 

Cuando conocemos al protagonista, hace meses que le echaron de su empleo. Este suceso, en vez de angustiarle, parece haber conseguido un cambio radical en su vida. El lector lo encuentra sometido a una especie de proceso de desintoxicación. Ha dejado Nueva York y se ha trasladado a Lisboa, una ciudad en la que el ritmo de vida es radicalmente distinto. Pero tampoco quiere dejar atrás las dosis de felicidad que le ha proporcionado su pasado, su vida en común con su pareja, una Cecilia temporalmente ausente, pero cuya llegada a la capital portuguesa es inminente. Por eso el protagonista se afana en preparar todo para que el recibimiento sea perfecto: el nuevo apartamento debe ser una réplica lo más parecida posible al que habitaban en Nueva York.

Lo que en principio parece la historia de un hombre enamorado se va tornando progresivamente más oscura en cuanto el lector va avanzando en sus páginas. Poco a poco vamos tomando conciencia de que algo no cuadra en lo que nos están contando y de lo cotidiano vamos entrando en el terreno de lo insólito, en una ciudad secreta que no es la Lisboa del principio, seguramente creada por la imaginación del protagonista, en el que intuimos algún tipo de trauma que le obliga a crearse un mundo propio:

"La lectura tiene un efecto excesivo sobre mí. La superficie de la realidad se me ha vuelto demasiado frágil. Empiezo a leer y voy cayendo en un estado hipnótico y me convierto en lo que estoy leyendo. La realidad tangible la usurpa la otra realidad imaginaria pero mucho más poderosa de las palabras escritas."

La última novela de Muñoz Molina es una historia intimista que es mejor leer de un tirón, para no perder el hilo de un ritmo que la hace muy especial. Lisboa sigue siendo uno de los territorios favoritos del escritor ubetense.

sábado, 13 de abril de 2019

EL PRIMER HOMBRE (2012), DE JAMES R. HANSEN Y DE DAMIEN CHAZELLE (2018). EL HÉROE TRANQUILO.

¿Cómo se siente un héroe de verdad, considerado por toda la humanidad como alguien que ha hecho realidad lo que hasta entonces se consideraba una hazaña imposible? ¿Cómo puede vivir alguien el resto de su existencia después de haber sido protagonista de uno de los hechos históricos más trascendentales de la historia de la humanidad? Si algo caracterizó la existencia de Neil Armstrong, es que no fue un héroe al uso. Jamás dio importancia al hecho de haber sido el primer ser humano en poner su pie en la Luna, pero si ensalzó al enorme equipo de científicos y técnicos que lo hizo posible:

"Sería la persona a la que en tiempos inmemoriales se conocería como la que pisó la Luna por primera vez. ¿Y quién queríamos que fuera? El primer hombre que pisara la Luna sería una leyenda, un héroe estadounidense incluso mejor que Lucky Lindbergh, mejor que cualquier soldado, político o inventor. Debía ser Neil Armstrong.Neil era Neil, tranquilo y callado, con una confianza absoluta en sí mismo. Todos sabíamos que era como Lindbergh. No tenía ego. No pensaba: “¡Voy a ser el primero en pisar la Luna!”. Nunca se le pasó por la cabeza."

Las auténticas pasiones de Armstrong fueron desde siempre la ingeniería y la aviación, por lo que su verdadera ambición era ser piloto de pruebas, aceptar el desafío de probar nuevos modelos de aeronaves - uno de los trabajos con mayor índice de mortalidad del mundo -, aunque jamás llegó a pensar que volaría tan alto. Un astronauta debía estar hecho de una madera especial, como ya nos enseñó Tom Wolfe. No bastaba con tener valor, había que contar con nervios de acero para soportar la tensión de unos despegues que se abortaban con mucha frecuencia en el último momento y que en alguna ocasión llevaron a sus tripulaciones al desastre. Neil Armstrong, a pesar de su frialdad exterior, tenía siempre eso presente y su sufrimiento era enorme cuando sucedía una tragedía a alguno de sus compañeros. Le sucedió lo mismo con la muerte de su hija pequeña: pareció tomarse el suceso con calma, pero dicha reacción no consiguió sino destrozarle más por dentro.

Quizá si Estados Unidos no hubiera sentido la presión de la carrera espacial en la Guerra Fría, las cosas hubieran sucedido de otro modo y el paseo lunar se hubiera producido bastante más tarde, cuando la tecnología hubiera sido probada de manera más prolongada para hacer el viaje más seguro. Pero no había tiempo. Los rumores sobre los progresos soviéticos hacían que se trabajara contra reloj y que los problemas técnicos fueran resueltos en numerosas ocasiones de una manera casi artesanal. Los entrenamientos eran duros y frenéticos, pero insuficientes, porque no se sabía con exactitud a qué peligros se iban a enfrentar los astronautas. En una ocasión, mientras se entrenaba con el aparato que debía realizar el alunizaje, éste se estrelló y Armstrong salvó la vida en el último instante (no era la primera vez que le sucedía algo semejante). El astronauta abandonó el campo de pruebas como si nada y se fue a su despacho a seguir trabajando.

Una vez realizada la misión, a Armstrong jamás se le ocurrió sacar beneficio alguno de su hazaña y de su inmensa fama mundial. El hecho de que ni siquiera se preocupara de que se le realizaran fotos durante su paseo lunar (prácticamente todas son imágenes de Aldrin), dice mucho de su personalidad. Cumplida una agotadora gira a nivel mundial, aceptó un humilde puesto de profesor con el fin de llevar una vida lo más discreta posible, prestando, eso sí, servicios puntuales a la NASA. En realidad, el auténtico Armstrong sigue siendo en cierto modo una incógnita. En la película de Chazelle es interpretado por Ryan Gosling, un actor con fama de inexpresivo, característica que le viene muy bien al personaje. Fist man no quiere ser un film épico, sino una visión extremadamente realista de cómo fue posible la extraordinaria hazaña de llevar a unos hombres a nuestro satélite. Y en este sentido, Chazelle acierta, porque en pocas ocasiones el espectador tiene ocasión de meterse en la piel de un astronauta - en sus sentimientos, en sus miedos - como en esta realización.

viernes, 29 de marzo de 2019

MULA (2018), DE CLINT EASTWOOD. BREAKING GOOD.

Earl Stone debería estar jubilado. Un veterano de la Guerra de Corea, que ha trabajado duro toda su vida, tendría derecho al descanso cuando está por cumplir los noventa años. Pero la penosa realidad de la crisis económica que nos acechó hace pocos años acaba con los negocios de este emprendor, que siempre ha antepuesto su trabajo a la familia y le deja en la estacada. La mejor solución que encuentra es la de hacer de mula (transportar droga en su coche en una ruta que atraviesa medio Estados Unidos) para un cartel mexicano. Su edad y su presencia tranquila y amable es la mejor garantía de que nadie va a sospechar de él y que sus entregas van a llegar a su destino sin novedad. Aunque contentos con su trabajo, los narcotraficantes se molestan por la filosofía de trabajo de Stone: a pesar de su edad, es un hombre al que todavía le gusta disfrutar de la vida y no duda en saltarse su plan de ruta para disfrutar, por ejemplo, de un buen almuerzo.

Desde luego, desde que trabaja para el cartel, la vida le va mejor a Stone: el dinero hace milagros y es el ingrediente perfecto para lograr la reconciliación con su familia, sobre todo con su hija, con quien hace años que no se habla. La ponderación entre el mal que ayuda a expandir transportando droga y el bien que consigue ayudando a su familia y a las personas que cree que se lo merecen, parece positiva (un poderoso debate moral al que ya se enfrentó Walter White en Breaking bad). Tampoco es el que el protagonista sufra mucho por haberse transformado en un delincuente. Es posible que lo sienta como su pequeña venganza contra una sociedad que le ha dado la espalda a un anciano en dificultades, la venganza de su generación, la de los hombres hechos a sí mismos contra los jóvenes blandengues de hoy día.

En este sentido, la escena en la que Stone ayuda a cambiar una rueda pinchada a un muchacho que intenta solucionar su problema a través de un tutorial de internet (descubriendo aterrado que en el lugar no hay cobertura), es toda una declaración de principios por parte de un Eastwood crepuscular, pero que todavía es capaz de hacer un cine, si no magistral, sí mucho más interesante que muchas de las películas que reciben premios en la actualidad. Eastwood toma la palabra por la gente mayor que todavía tiene mucho que enseñarnos acerca de la manera correcta de hacer las cosas.

lunes, 25 de marzo de 2019

MUJERES Y PODER (2017), DE MARY BEARD. REIVINDICACIÓN DE UNA ODISEA.

Las recientes imágenes de las manifestaciones del pasado 8 de marzo no han hecho sino confirmar que el feminismo es una de las grandes fuerzas sociales de nuestro tiempo. Parece que la tradicional lucha de clases ha dado paso, en este mundo cambiante y líquido a una especie de enfrentamiento entre sexos, siendo una de las reivindicaciones más recurrentes la del escaso número de mujeres que se encuentran en posiciones de poder y las especiales dificultades que tienen para acceder al mismo.

Por supuesto, Mary Beard se coloca a ella misma como ejemplo. Según cuenta, cuando los haters de internet la han insultado, lo han hecho con especial crudeza, refiriéndose sobre todo a su físico presuntamente poco agraciado, algo que, según ella, no suele sucederle a los hombres públicos. Remontándose a Homero, Beard expone una larga tradición de sumisión forzada femenina que llega hasta nuestros días. Por supuesto, la autora de Spqr no carece de argumentos en su denuncia pero, honestamente, creo que su ensayo adolece de un excesivo victimismo. No creo que sea cierto que las mujeres estén especialmente expuestas a las críticas más crueles. Es más, a veces a los hombres se les puede caricaturizar de maneras que sería impensable aplicar a una mujer. Un ejemplo claro lo tenemos en una de las últimas portadas de la revista satírica El Jueves, en la que aparece en portada un dibujo de los tres líderes de la derecha española atrapados por los testículos por un símbolo feminista. La misma portada con protagonistas femeninas provocaría, sin duda, una oleada de indignación que haría que se tuviera que rectificar la edición de la revista.

Muchos dirán que es lógico que esto es así puesto que, si las mujeres han sido el sexo discriminado a lo largo de la historia, es justo que los niveles de respeto hacia las mismas sean más exigentes. Yo creo más bien que la igualdad, sobre todo si conlleva acceso a posiciones de poder, lleva aparejada inevitablemente ciertas servidumbres, entre las que se encuentra el foco público de las críticas. Y es bueno que así sea, porque la gente tiende a criticar con la misma severidad las meteduras de pata de hombres y mujeres (con excepción de una minoría de redomados machistas), teniendo tendencia a ser más benévolos con los que se acercan más a las ideas propias. Mujeres y poder es un libro militante (derivado de una conferencia impartida por la autora) y ahí están sus limitaciones: parte de una idea y la defiende a toda costa con unas dosis de victimismo un tanto exageradas.

sábado, 9 de marzo de 2019

TESS, LA DE LOS D´URBERVILLE (1891), DE THOMAS HARDY Y DE ROMAN POLANSKI (1979). LA CHICA DEL CAMPO.

A finales del siglo XIX la vida rural en Inglaterra seguía siendo muy dura para el campesinado, sobre todo para los habitantes de la empobrecida Wessex (región inventada por Thomas Hardy), así que cuando John Durbeyfield, el padre de la protagonista, se entera por casualidad de que es descendiente de una familia noble empobrecida, los D´Urberville, se ilusiona imaginando que su situación va a cambiar. Ilusión efímera, pero que al menos sirve al borrachuzo John para colocar a su hija mayor al servicio de la familia que compró hace tiempo el apellido para darse ínfulas de nobleza. Allí es donde Tess sufrirá su violación por parte del libertino Alec, un ser despreciable pero a la vez tentador (en este sentido el momento de la fresa ofrecida de mano del diablo es metáfora de la perdición de la protagonista): da a Tess la posibilidad nada menos que sacarla para siempre de la pobreza.

La auténtica tragedia de la protagonista comenzará cuando se case con Angel, el hijo de un predicador, que bajo la fachada de hombre liberal y sencillo esconde a un ser brutalmente tradicional y conservador. Cuando conozca el pasado de Tess de labios de su esposa, se mostrará incapaz de consumar el matrimonio e iniciará una separación que va a desembocar en una auténtica tragedia. Así la vida de Tess va a estar marcada por dos hombres de talante opuesto, pero con la misma actitud de desprecio al sexo femenino, el uno por verlo como un cuerpo disfrutable y poco más y el otro por esperar de su mujer una pureza irreal, aunque la presunta falta que ella le confiesa no haya sido culpa suya.

La novela de Hardy es magnífica y, además de su bien dibujados personajes, ofrece una completa panorámica de la vida en la Inglaterra rural del siglo XIX, un mundo en el que el trabajo con las manos y el deslomarse a diario para ganar el pan siguen siendo la pauta, pero en el que empiezan a ser comunes las máquinas a vapor - feas y ruidosas - que acompañan frecuentemente las labores de recogida, haciéndolas más duras si cabe.

La adaptación cinematográfica de Polanski recoge por completo el espíritu de la novela, siendo muy fiel al argumento de la misma. Destacan la fotografía y la labor de sus intérpretes, sobre todo de una Nastassja Kinski, una Tess inolvidable y en la que podemos reconocer plenamente a la imaginada por Hardy.

lunes, 25 de febrero de 2019

SEROTONINA (2019), DE MICHEL HOUELLEBECQ. SIN AMOR.

Si algo hay que agradecerle a Michel Houellebecq como escritor es la completa libertad con la que asume su exitosa carrera literaria. A él le interesa contar determinadas historias y la idea de lo políticamente correcto no casa con su manera de entender la literatura. Quizá sea algo exagerado decir que dentro de algunos siglos podremos acudir a Houllebecq - a la manera como lo hacemos hoy día con Galdós o Zola para entender el siglo XIX - para comprender mejor nuestra época, pero sí que es cierto que los lectores del futuro encontrarán en sus escritos una autenticidad en la crónica de nuestros malos difícilmente igualable. No es que el escritor francés busque explícitamente el escándalo, pero tampoco trata de evitarlo, lanzando cargas de profundidad contra el feminismo, la izquierda, la inmigración o el puritanismo que va imponiéndose sutilmente en occidente. Pero esto no quiere decir que el protagonista ofrezca soluciones al respecto. Todo lo contrario: se trata de un ser a la deriva con una cada vez más preocupante tendencia a la autodestrucción.

Y ahí es donde falla la nueva novela de Houellebecq, un escritor que empieza a repetir demasiado sus temas y obsesiones. Tal y como le sucede al protagonista, Serotonina no encuentra nunca un camino propio y va dando tumbos en busca de una historia que se acaba convirtiendo en poco más que una colección de provocaciones fáciles. Es loable que el autor de Sumisión siga describiendo con tanta certeza los males de occidente y los peligros a los que los europeos nos enfrentamos en el futuro inmediato (la escena de la rebelión de los ganaderos es uno de los escasos aciertos del libro), pero eso no basta para sostener una narración respecto a la que el lector intuye desde el primer momento en qué va a derivar. 

¿Se muere occidente tal y como no para de advertirnos Houellebecq? Quizá solo se esté transformando en algo no peor ni mejor que lo tradicional, sino diferente. En cualquier caso, lo que el protagonista, que ha vivido una existencia privilegiada, necesita, jamás lo encontrará con su actitud egoísta y casi ególatra: ese amor de una mujer rendida a sus pies, ese amor del pasado, idealizado, que se tiró a la basura de la manera más absurda y que hoy se torna irrecuperable. Así, solo queda pasar lo que resta de vida casi como un vegetal: sobreviviendo en hoteles, pero sin relaciones sociales, solo dejando transcurrir el tiempo para convencerse con más ímpetu a sí mismo de lo absurdo que es todo.

jueves, 17 de enero de 2019

RELATOS DE KOLIMÁ. VOLUMEN I (1978), DE VARLAM SHALÁMOV. DÍAS MÁS LARGOS QUE SIGLOS.

Shalámov es uno de esos autores que escriben con conocimiento de causa, narrando en una serie de cuentos magistrales sus terribles experiencias en el Gulag soviético, al que fue condenado en varias ocasiones, acusado de trotskista. Kolimá aparece aquí como un auténtico infierno congelado: quien era destinado allí como preso tenía muy pocas posibilidades de volver con vida a su hogar y, si lo hacía, el que regresaba era un hombre lastrado y herido, que difícilmente podría volver a incorporarse con normalidad a la vida social. En Kolimá no existía siquiera la amistad o la solidaridad entre prisioneros: el sistema penitenciario inhumano instituido por los soviéticos, basado en una cruel combinación de trabajo, frío y hambre hacía que los hombres perdieran pronto el gusto por la existencia y solo les quedara un instinto de supervivencia que muchos llegaban a odiar: 

"No echaba en cara a los demás su indiferencia. Hacía tiempo que había comprendido de dónde venía aquel abotargamiento del espíritu, aquel frío del alma. El frío helado, el mismo frío que convertía en hielo la saliva en vuelo, había alcanzado también el alma humana. Si se podían helar los huesos, si se podía congelar o embotarse el cerebro, también el alma podía quedarse helada. En medio del frío era imposible pensar en nada. Todo era sencillo. Con frío y hambre el cerebro se alimentaba mal, se secaban las células cerebrales; se trataba sin duda de un fenómeno material, y Dios sabe si, como dicen en medicina, el proceso era reversible, semejante a la descongelación, o si las lesiones lo eran para siempre jamás. Así pues, el alma también se había helado, se había encogido y quién sabe si se quedaría así, fría, para siempre. Todas estas ideas se le habían ocurrido antes; ahora a Potáshnikov no le quedaba otro deseo que el de resistir, sobrellevar el frío con vida."

Así pues, el prisionero de Kolimá es un ser deshumanizado, un trozo de carne, declarado enemigo del pueblo por el Estado y que es utilizado despiadamente para explotar las riquezas siberianas hasta que, como un animal llevado hasta el límite de sus fuerzas, se deslome hasta morir. Bien es cierto que el proyecto soviético no era de exterminio del enemigo interior - aunque a veces pudiera parecerlo - sino de reeducación, por lo que a veces se daban liberaciones casi milagrosas, aunque el destino más normal fuera el de la destrucción física y moral a manos de los guardianes con ayuda de las mafias que se organizaban entre los más fuertes de entre los prisioneros. Los relatos abarcan los más diversos aspectos de este infierno penitenciario y a veces el lector se encuentra con sorpresas como descubrir a Andréi Platónov descrito como un alma limpia que se enfrenta con desconcierto a un mundo absolutamente corrupto y malvado. Relatos de Kolimá es una de las obras cumbre del siglo XX, un testimonio absolutamente indispensable de la barbarie humana desatada en nombre de una incierta utopía.