Mostrando entradas con la etiqueta byung-chul han. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta byung-chul han. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de marzo de 2023

VIDA CONTEMPLATIVA (2022), DE BYUNG-CHUL HAN. ELOGIO DE LA INACTIVIDAD.

Como en casi todos sus ensayos anteriores, en éste Han critica al capitalismo como esclavizador del hombre, que se convierte en un ente productivo que solo es contemplado en términos de trabajo y rendimiento, por lo que el descanso y la inactividad serían una anomalía. El propio trabajador, si está bien educado respecto a lo que se espera de él, sería el primero que se sentiría mal en dicha inactividad, pues estaría hurtando a la sociedad su fuerza de trabajo. El filósofo pretende cambiar esta mentalidad e invitar, en estos tiempos de severa incertidumbre, a ser dueños de nuestro tiempo y de nuestra mente:

"Solo en la inactividad nos percatamos del suelo sobre el que pisamos y del espacio en el que nos hallamos. La vida se pone en modo contemplativo y vuelve a montarse sobre su secreta razón de ser. Se encuentra consigo misma y se contempla a sí misma. Llega hasta su inmanencia profunda. Sólo la inactividad nos inicia en el misterio de la vida."

Vida contemplativa es también una invitación a abandonar nuestra dependencia de máquinas y ordenadores, que parecen ayudarnos a recordar y a tener experiencias nuevas, pero acaban secuestrando nuestro ocio. Pensar por nosotros mismos y ser capaces de debatir alternativas a la situación actual es lo verdaderamente revolucionario hoy día, según el autor. Así pues, la inactividad no tiene por qué ser improductiva, pudiéndose convertir en la más creativa de las elecciones. Claro que, esto se podría dar si el ser humano contara con alternativas al trabajo incesante que nos sigue también hasta el interior de nuestros hogares. La mayoría dependen de éste para sobrevivir y sufrirían grandes apuros materiales si renunciaran al mismo. Una utopía hermosa, pero que solo puede ser practicada si se dan unas circunstancias personales que no se encuentran al alcance de todo el mundo. Han repite ideas de trabajos anteriores y las estructura para llegar a estas hermosas y casi inalcanzables conclusiones adornadas con citas de Arendt y Hegel. 

viernes, 19 de agosto de 2022

NO-COSAS (2021), DE BYUNG-CHUL HAN. QUIEBRAS DEL MUNDO DE HOY.

Los que nacimos allá por los años setenta hemos vivido el contraste entre dos mundos: el analógico y el digital, por lo que conocemos de primera mano la enorme evolución - o involución en algunos aspectos - que han conocido las relaciones sociales y la relación del hombre con la tecnología en estas décadas. Byung-Chul Han continúa con su obsesión por analizar el mundo del siglo XXI llamando la atención acerca de la enorme proliferación de aparatos con los que nos obsesionamos, pero que son perfectamente sustituibles al cabo de poco tiempo por otros un poco más sofisticados. Esto supone que ya apenas guardamos afectos por ciertos objetos y que toda nuestra atención es acaparada por estos aparatos cuyas permanentes actualizaciones nos obsesionan.

Porque la información que nos llega de manera constante no nos permite reposo. Lo que es una noticia o una opinión de plena actualidad queda obsoleta casi de forma inmediata para dar paso a novedades que requieren nuestra atención. El ser humano ya no es capaz de centrarse en nada, por lo que es incapaz de reflexionar con tal de no quedarse atrás, lo que nos hace cada vez más "miopes y precipitados", a decir de Han. La automatización de cada vez más procesos supone una falsa comodidad que al final lleva a una especie de esclavitud que anula parcelas cada vez más profundas de autonomía humana. Los algoritmos se hacen tan sofisticados que escapan a nuestra comprensión, pero aun así los aceptamos y subordinamos aspectos de nuestra vida a ellos.

En cierto modo somos la fuerza de trabajo que hace prosperar a compañías como Facebook o Google, que solo requieren controlar nuestra navegación y acciones en las redes para que produzcamos esos valiosos datos a los que sacan provecho, como se expone en obras como La era del capitalismo de la vigilancia, de Shoshana Zuboff. En este sentido, esta búsqueda humana de absoluto, de control absoluto más bien, puede derivar en un absoluto desastre para nuestra privacidad y nuestras libertades básicas:

"La digitalización es un paso consecuente hacia la anulación de lo humano. Es probable que el futuro humano se halle preestablecido: el hombre se anula para hacerse absoluto."

jueves, 31 de octubre de 2019

LA AGONÍA DEL EROS (2012), DE BYUNG-CHUL HAN. EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE TINDER.

Partiendo de ideas expresadas en otros ensayos como La sociedad del cansancio, donde el filósofo coreano teorizaba acerca de la realidad de muchos trabajadores que no han tenido más remedio que pasar a ser jefes de sí mismos y, por lo tanto, esclavos de sí mismos a tiempo completo, La agonía del eros trata acerca de las relaciones amorosas en el siglo XXI. Para el filósofo, nuestro tiempo está dominado por el narcisismo. Las nuevas tecnologías están orientadas hacia la veneración de la propia imagen y también hacia una sed infinita de novedades, por la que estabilidad de la pareja tradicional pasa a ser casi una utopía, contando también con una intolerancia a la frustación cada vez más acusada:

"Vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad. El narcisismo no es ningún amor propio. El sujeto del amor propio emprende una delimitación negativa frente al otro, a favor de sí mismo. En cambio, el sujeto narcisista no puede fijar claramente sus límites. De esta forma, se diluye el límite entre él y el otro. El mundo se le presenta solo como proyecciones de sí mismo. No es capaz de conocer al otro en su alteridad y de reconocerlo en esta alteridad. Solo hay significaciones allí donde él se reconoce a sí mismo de algún modo. Deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo."

En el mundo de Tinder, el amor tradicional se transforma en rendimiento sexual y el cuerpo se convierte en una mercancía destinada exclusivamente a la excitación temporal del otro. El sexo y el amor son transformados entonces en objetos de consumo, de consumo rápido, puesto que, una vez satisfecha una relación, hay nuevas experiencias esperando al usuario. Lo único importante en este carrusel de relaciones es el propio ego, los otros quedan reducidos a posibles fuentes de placer momentáneo. 

Byung-Chul Han denuncia también una especie de profanación del eros, en pos del auge de la pornografía. Lo que hasta entonces era misterioso y sagrado, se vuelve obsceno, perdiéndose el tradicional ritual de la seducción en pos de un consumo rápido, fácil e inmediatamente olvidable. Todo esto deriva en la pérdida de la capacidad de profundizar en la personalidad del otro, un mero objeto de consumo que debe disfrazar sus cualidades para adaptarse a las que exige el mercado.

Desde luego, a pesar de lo que expone el autor de En el enjambre, el amor tradicional basado en un compromiso durarero sigue existiendo y seguramente sigue siendo el ideal de la mayoría de la gente, por mucho que hoy domine la promiscuidad y el placer instánteneo en lo que los medios venden como relaciones. Aunque aplicaciones como Tinder sustituyan el ritual de seducción por una serie de algoritmos, creo que todavía no se ha podido vencer a esa idea de amor romántico que durante siglos ha sido la base de las relaciones amorosas en occidente.

miércoles, 13 de abril de 2016

LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO (2010), DE BYUNG CHUL HAN. LA ESCLAVITUD INTERIOR.

Desde hace unos años la figura del filósofo de origen coreano Byung Chul Han se ha convertido en un referente indispensable para entender e interpretar el mundo en el que vivimos. Lo original es que Han no parte de tendencias sociales, sino que analiza al individuo y establece las vicisitudes que les han llevado al estado actual, a la complicada situación en la que el trabajo tradicional, que se efectuaba bajo las órdenes de un patrón, ha pasado, en muchos casos a efectuarse bajo la propia responsabilidad.

El autor de En el enjambre, establece que se ha pasado de una sociedad de corte disciplinario, dominada por el perfil de las grandes fábricas que centralizaban la producción, a una de rendimiento, en la que abundan los pequeños emprendedores que se someten alegremente a una bestial autoexplotación con el fin de sobrevivir en los márgenes de una sociedad absolutamente dominada por la idea de competitividad. La consecuencia es el agotamiento y, en muchos casos, la depresión, tal y como expone Han en una entrevista concedida a Babelia:

“La decisión de superar el sistema que nos induce a la depresión no es cosa que solo afecte al individuo. El individuo no es libre para decidir si quiere o no dejar de estar deprimido. El sistema neoliberal obliga al hombre a actuar como si fuera un empresario, un competidor del otro, al que solo le une la relación de competencia." 

Así pues, una vez superado el tradicional concepto de alienación laboral, la maquinaria del neoliberalismo ha maquillado con hermosos términos como realización, optimización personal o emprendimiento al camino repleto de obstáculos (en muchas ocasiones insuperables) al que se ven arrojados muchos trabajadores al no tener posibilidad de conseguir un empleo remunerado. Aquí no caben las protestas ni las reivindicaciones colectivas, sino la identificación con el empresario triunfador, el espejo donde hay que mirarse. La producción en muchas ocasiones ya no consiste en bienes tangibles, sino en servicios o asesoramientos de carácter ininteligible. La dura realidad es que ni siquiera es cierto que exista la competencia perfecta, puesto que los políticos que se corrompen optarán por las empresas que les otorguen mayor beneficio personal.

Aplastados bajo mil estímulos que quieren captar nuestra atención, obligados a ser visibles en las redes sociales y bombardeados continuamente por grandes dosis de pensamiento positivo, el sujeto perteneciente a la sociedad de rendimiento se siente aplastado, pero debe mostrar una sonrisa permanente y una disposición de ánimo más allá de sus fuerzas. El capitalismo está en movimiento las veinticuatro horas y el individuo debe estarlo también. Esos llamamientos continuos al cambio, a la reinvención, a salir de la posición de confort, no son más que pequeños golpes que van minando la resistencia del sujeto, que lo descolocan y lo acaban agotando, ya que cualquier distracción puede ser aprovechada por el adversario para tomar su lugar. La libertad se transforma en un concepto ilusiorio, muy alejado del que manejaban generaciones anteriores. La coerción externa tradicional se ha transformado en una mucho más efectiva, la interna, de la que difícilmente se puede huir:

"Sola la coerción o la explotación llevan a la alienación en una relación laboral. En el neoliberalismo, trabajo significa realización personal u optimización personal. Uno se ve en libertad. Por lo tanto, no llega la alienación, sino el agotamiento. Uno se explota a sí mismo, hasta el colapso. En lugar de la alienación aparece una autoexplotación voluntaria. Por eso, la sociedad del cansancio como sociedad como sociedad del rendimiento no se puede explicar con Marx. La sociedad que Marx critica, es la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de autoexplotación." 

martes, 7 de abril de 2015

EN EL ENJAMBRE (2013), DE BYUNG-CHUL HAN. EL PANÓPTICO DIGITAL.

Si algo caracteriza a nuestra época es la dependencia de un número creciente de personas de las nuevas tecnologías, presentadas en aparatos cada vez más pequeños y sofisticados. Lo que se nos vende como una absoluta conexión con el resto de la humanidad a veces esconde la trampa de la más absoluta soledad del individuo, aunque se trate de una soledad expuesta a la mirada pública. No es que el hombre del siglo XXI llegue a sentirse solo, pero el narcicismo continuo al que invitan las redes sociales hace que nos aislemos en nuestros propios intereses y obsesiones y que palabras como solidaridad vayan desapareciendo del vocabulario más común. Así solo queda un ansia constante de experiencias nuevas y expectativas casi en exclusiva a corto plazo: nada de pensamientos complejos, nada de actividades que requieran la dedicación de muchas horas, pero a su vez dependencia absoluta de unos aparatos que, a la vez que nos conectan al mundo, nos crean toda la ansiedad del mundo.

Byung-Chul Han, el filósofo de moda, resulta ser un lúcido observador de estos excesos contemporáneos y denuncia que estas presuntas libertades al final pueden trocar en algo muy distinto:

"Hoy, en efecto, estamos libres de las máquinas de la era industrial, que nos esclavizaban y explotaban, pero los aparatos digitales traen una nueva coacción, una nueva esclavitud. Nos explotan de manera más eficiente por cuanto, en virtud de su movilidad, transforman todo lugar en un puesto de trabajo y todo tiempo en un tiempo de trabajo. La libertad de la movilidad se trueca en la coacción fatal de tener que trabajar en todas partes. En la época de las máquinas el trabajo estaba ya delimitado frente al no-trabajo por la inmovilidad de las máquinas. El lugar de trabajo, al que había que desplazarse, se podía separar con claridad de los espacios de no trabajo. En la actualidad esta delimitación está suprimida por completo en muchas profesiones. El aparato digital hace móvil el trabajo mismo. Cada uno lleva consigo de aquí para allá el puesto de trabajo como un campamento. Ya no podemos escapar del trabajo."

Tampoco podemos escapar del ocio, de la novedad constante, de los cambios de estado y de las valoraciones que puedan tener en facebook nuestras más nimias acciones. Todos estos estímulos aplastan nuestra capacidad crítica, nos domestican y nos vuelven seres aislados y previsibles. A veces un exceso de información es tan perjudicial como la falta de la misma, puesto que los detalles importantes se pierden en el mar de datos:

"El exceso de información hace que se atrofie el pensamiento. La capacidad analítica consiste en prescindir, en el material de la percepción, de todo lo que no pertenece esencialmente a la cosa. En definitiva, es la capacidad de distinguir lo esencial de lo no esencial. El diluvio de información al que hoy estamos expuestos disminuye, sin duda, la capacidad de reducir las cosas a lo esencial. Y, de hecho, pertenece esencialmente al pensamiento la negatividad de la distinción y la selección. Así, el pensamiento es siempre exclusivo.

Más información no conduce necesariamente a mejores decisiones. Hoy se atrofia precisamente la facultad superior de juicio por la creciente cantidad de información. Con frecuencia un menos de información produce un más. La negatividad de la omisión y del olvido es productiva. Más información y comunicación no esclarecen el mundo por sí solas. Y la transparencia tampoco lo hace clarividente. El conjunto de información por sí solo no engendra ninguna verdad. No lleva ninguna luz a la oscuridad. Cuanta más información se pone a disposición, más impenetrable se hace el mundo, más aspecto de fantasma adquiere. En un determinado punto, la información ya no es informativa, sino deformativa; la comunicación ya no es comunicativa, sino acumulativa."

Con estas premisas, incluso se pone en peligro la visión tradicional de la politica como un proyecto para desarrollar el interés general, tutelado por la vigilancia constante de los ciudadanos a las actividades de sus representantes. Ahora, al contrario, son los ciudadanos los que se encuentran constantemente vigilados y manipulados sin saberlo. Mucha gente preferiría dejar de tener que acudir a las urnas si su poder de decisión se redujera a darle a me gusta o no me gusta en su ordenador respecto a las resoluciones de los gobernantes.

Pero de lo que poca gente es consciente es de la monstruosa maraña de datos que todos y cada uno de nosotros como un rastro que, quien sabe seguirlo, va a llevar directamente a nuestros gustos, a nuestros hábitos y, a veces, a nuestras más estricta intimidad. Los llamados Big Data se van sofisticando a pasos agigantados:

"Cada clic que hago queda almacenado. Cada paso que doy puede rastrearse hacia atrás. En todas partes dejamos huellas digitales. Nuestra vida digital se reproduce exactamente en la red. La posibilidad de una protocolización total de la vida suplanta enteramente la confianza por el control. En lugar del Big Brother aparecen los big data (grandes datos). La protocolización total, sin lagunas, de la vida consuma la sociedad de la transparencia."

Un terrorífico ejemplo que el filósofo de origen coreano expone en su ensayo: Acxiom es una empresa que posee datos personales de 300 millones de ciudadanos, prácticamente todo Estados Unidos. Sabe más que el FBI. Es como un servicio secreto que se vende a quien esté dispuesto a contratar sus servicios. ¿Qué pasará cuando los algoritmos del Big Data sean capaces de predecir tendencias sociales o actos individuales? ¿Existirá la justicia preventiva, como en Minority Report de Steven Spielberg? Internet de las cosas hará que cada aparato, cada electrodoméstico esté conectado a la red. Las neveras de un futuro inmediato nos dirán cuando tenemos que volver a comprar comida, o quizá los mismos botes de refresco sean los que nos digan que hay que ir al supermercado para reponer. Las Google Glass, están a un paso de esos implantes que llevan los personajes de Black Mirror, que les permiten estar permanentemente conectados a la red a través de sus ojos y a su vez grabar todo lo que ven. Byung-Chul Han define nuestra existencia como la de los prisioneros del Panóptico de Bentham, con la diferencia de que nuestras cómodas celdas son de cristal.

Chris Anderson, redactor jefe de Wired, la Biblia de la tecnología. Define una nueva ciencia, capaz de arrastrar a muchas otras disciplinas, la psicopolítica digital:

"Queda atrás toda teoría de la conducta humana, desde la lingüística hasta la sociología. Olvide usted la taxonomía, la ontología y también la psicología. ¿Quién puede decir por qué los hombres hacen lo que hacen? Lo hacen simplemente, y podemos constatarlo y medirlo con exactitud sin parangón. Cuando disponemos de suficientes datos, los números hablan por sí mismos." 

En el enjambre es una de las visiones más lúcidas del futuro inmediato que nos espera, que en gran parte ya está entre nosotros. Un futuro en el que los conceptos de intimidad y privacidad tendrán que ser redefinidos, ya que difícilmente podrán ser protegidos de la maraña tecnológica que nos facilitará la vida y que también nos creará nuevas servidumbres.