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domingo, 21 de junio de 2026

SOLO PARA SUS OJOS (1981), DE JOHN GLEN.

Con un Roger Moore ya más que consolidado en el papel de James Bond y contando con el apoyo masivo del público, Moonraker había sido un gran éxito para la serie. El problema es que se trata de una película disparatada, infantil y que ha envejecido muy mal. Los productores debieron tomar nota de esto y, teniendo en cuenta la crisis económica del momento, crearon una entrega mucho más contenida, centrada en el espionaje puro, en la que no existe un villano megalómano que quiere destruir o apoderarse del mundo. La trama es bastante realista, puesto que se centra en la recuperación de un dispostivo secreto que ha perdido la flota británica en aguas griegas. Aquí se intenta mostrar a un Bond más duro y expeditivo que el de películas anteriores (sigue siendo famosa la escena en la que da una patada fríamente a un coche al borde del abismo), pero no faltan las escenas ridículas, como la protagonizadas por la joven promesa del esquí que intenta continuamente seducir al agente o la protagonizada, ya cuando todo se ha resuelto, por la primera ministra británica del momento. Solo para sus ojos no es aburrida en absoluto, pero no mantiene el ritmo adecuado, ya que contiene demasiadas escenas de relleno que no llevan a ninguna parte y están solo concebidas para que exista algo de acción. En su favor hay que decir que las partes que transcurren en el fondo del mar están muy bien rodadas. Curioso que aparezca España en la trama, pero solo para mostrar una finca en los alrededores de Madrid (ni siquiera se rodó en nuestro país).

P: 6

domingo, 12 de octubre de 2025

PANORAMA PARA MATAR (1985), DE JOHN GLEN.

Cuando interpretó por última vez a James Bond, Roger Moore tenía ya cincuenta y siete años. Hubiera sido buena cosa que la película hubiera reflejado la madurez del agente secreto y que esta circunstancia se reflejara en cierta decadencia física compensada por la experiencia. Pero Panorama para matar obvia esta realidad tan evidente y pone a Bond a realizar las proezas físicas habituales, incluyendo una pelea en la cima del puente de San Francisco y le asignan una pareja décadas más joven. No obstante, todo esto no quiere decir que esta entrega sea desdeñable. Se trata de una película muy disfrutable que presenta a uno de los enemigos más memorables de la saga, a ese Zorin interpretado por Christopher Walken, un tipo siniestro y psicópata cuyo origen es un experimento nazi. Si hay una escena destacada en Panorama para matar, esta es la de la torre Eiffel, desde el asesinato tan rocambolesco que se produce en su lujoso restaurante, hasta la persecución por sus escaleras y la culminación de la misma con un paseo automovilistico por la ribera del Sena. Aunque se le nota la edad, Roger Moore sigue componiendo al personaje muy dignamente, aunque, como es costumbre, siempre que puede aprovecha para aportar su peculiar sentido del humor al mismo. Pocos años después llegaría Timothy Dalton, que interpretaría a un Bond mucho más cercano al literario.

P: 6

sábado, 27 de enero de 2024

OCTOPUSSY (1983), DE JOHN GLEN.

A esta película le tengo mucho cariño, pues recuerdo haberla visto repetidas veces a lo largo de la infancia y ella fue la que hizo que me aficionara para el resto de mi vida al personaje de James Bond. No hay que buscar demasiada lógica a muchas de las escenas de Octopussy, hay que contemplarla como una muy entretenida película de aventuras, aunque en este aspecto resulta un poco contradictoria: a la simplicidad de su enfoque se añade un trasfondo bastante complejo, una trama protagonizada por un general ruso que pretende provocar la Tercera Guerra Mundial. Todo lo que tiene que ver con esta trama, bastante compleja, está bien hilvanado para que culmine en una escena inolvidable: James Bond vestido de payaso desactivando en el último momento una bomba nuclear preparada para estallar en una función de un circo. Aquí Roger Moore deja ver que no era mal actor en absoluto y sabe imprimir el suficiente dramatismo a ese momento clave. Por lo demás, Octopussy no ha envejecido nada mal. Cuenta con una escena precréditos realmente espectacular, ambientada en Cuba, y su ritmo es verdaderamente trepidante, tomándose sus descansos con momentos realmente elegantes, como el de la subasta con el huevo de Fabegé. En su debe, algunos enormes absurdos, como el grito de Tarzán cuando Bond está huyendo en plena jungla india.

P: 7

sábado, 22 de octubre de 2022

LICENCIA PARA MATAR (1989), DE JOHN GLEN.

Después de un más que aceptable debut como 007 en Alta tensión, los productores prepararon una segunda película mucho más a la medida de Dalton, con una trama que se alejaba radicalmente de lo que se había visto hasta el momento del personaje. Aquí Bond no trabaja en una sofisticada misión para salvar al mundo de un villano megalómano, sino que se enfrenta a un señor de la droga sudamericano por puro instinto de venganza y al margen de las órdenes del gobierno británico. Además, Licencia para matar contiene las escenas de violencia más duras que se habían dado en la serie hasta el momento, empezando por la mutilación por parte de un tiburón del amigo íntimo de Bond, Felix Leiter. Aquí el protagonista es un hombre furioso al que le importan poco las consecuencias de sus actos, siempre que consigan su objetivo, un hombre apenas simpático que se ajusta bastante al original literario. Unas pocas escenas están basadas en la novela Vive y deja morir, la segunda que publicó Fleming sobre el personaje, pero el resto de la trama es enteramente original. ¿Cuáles son los problemas que hace que Licencia para matar no llegue a ser la gran obra que podría haber sido? Seguramente un guion falto de ritmo que se basa demasiado en lo que estaba de moda en aquel momento, unos secundarios que brillan poco y una producción un tanto pobre, que desentona un poco con otras películas del personaje, además de alguna escena ridícula, como la del ataque de los ninjas, que están absolutamente fuera de lugar respecto a la pretensión de realismo de esta historia. En cualquier caso es un intento muy interesante de llevar al personaje por caminos no transitados, haciendo de él prácticamente un antihéroe o quizá un héroe más puro y más humano, puesto que pone su amistad con Leiter por encima de cualquier interés personal.

P: 6

sábado, 15 de octubre de 2022

007: ALTA TENSIÓN (1987), DE JOHN GLEN.

Después de la larga etapa de Roger Moore encarnando a James Bond, la llegada de Timothy Dalton supuso un cambio radical en la concepción del personaje. Ahora Bond volvía un poco a sus orígenes y se convertía en un ser humano más adulto y más serio que se movía en un entorno bastante más realista que su predecesor. Además, el aspecto físico de Dalton lo hacía acercarse bastante al que había descrito Ian Fleming en sus libros. 007: Alta tensíón es una película muy equilibrada en la que podemos disfrutar de la sobria interpretación de Dalton y de la buena forma física que exhibe frente a la de su predecesor. Cuenta con escenas realmente memorables, como el prólogo en Gibraltar o la de la de la francotiradora en Bratislava y en todo momento su trama avanza a muy buen ritmo llevándonos a una de las mejores historias del espía en la Guerra fría, poco antes de que ésta llegara a un final abrupto. El único punto negativo que aprecio en la película de Glenn es que a su protagonista se le nota incómodo en ciertas escenas de carácter humorístico que no son compatibles con el resto de la trama, mucho más seria y sobria. Es una lástima que la siguiente película fuera un fracaso en la taquilla y acabara demasiado pronto con la era Dalton, uno de los mejores actores que han interpretado al personaje cuya sólida formación shakesperiana se notaba en la seriedad con la que asumió un papel que venía muy degradado por el tono paródico que le había otorgado Moore durante los últimos años. Además, le tengo especial cariño a esta película, puesto que fue la primera que pude ver en el cine de uno de mis personajes favoritos.

P: 7 

viernes, 4 de diciembre de 2009

007 ALTA TENSIÓN (1987), DE JOHN GLEN. REGRESO A LAS ESENCIAS.


He de reconocer que desde pequeño soy un fan acérrimo de las aventuras de James Bond. El año pasado me tragué seguidas las veintiuna películas oficiales más la no oficial "Nunca digas, nunca jamás" y este año acudí puntualmente a mi cine a ver la horrorosa "Quantum of solace". Ciertamente, si examinamos la filmografía de Bond, hay películas que dejan mucho, pero que mucho, que desear. Pero los fans de Bond somos bastante irracionales y admitimos prácticamente cualquier cosa, que luego será objeto de sesudos debates en los foros correspondientes. A mí personalmente prácticamente todas las películas me entretienen y a todos les saco algo positivo, hasta a las más absurdas como "Moonraker", que me hace reir mucho más que cualquier comedia de las de ahora.

A mitad de los ochenta, la fructífera etapa de Roger Moore en la serie se había agotado por el envejecimiento del actor, que era ya patente en su última película "Panorama para matar", donde parecían actuar más los dobles que él mismo, reservándose su presencia para los primeros planos. Su etapa había sido caracterizada por la ligereza y simpatía que supo imprimir al personaje, bastante alejado de la concepción original de Ian Fleming, que había imaginado un personaje más atormentado y complejo (cuyo origen interpretó con brillantez Daniel Craig en "Casino Royale"). Para recoger el testigo de Moore fue seleccionado Timothy Dalton, un actor de sólido prestigio teatral que ya había sido anteriormente candidato al papel.

El Bond de Dalton es un personaje frío y calculador, muy alejado de la socarronería de Moore y bastante emparentado con la visión del personaje que aportó Sean Connery, el primer Bond. Su presentación, en la magníficamente planificada escena de Gibraltar, resulta espectacular. Luego le vemos iniciando una misión en Bratislava irradiando una profesionalidad como espía que nunca le habiamos visto a Moore. Me gusta especialmente la tensa escena de la deserción de Koskov: el clima del otro lado del telón de acero está perfectamente conseguido y la interpretación de Dalton, como un Bond un poco amargado y cansado de su rutina resulta impecable y coherente con el personaje de las novelas. Además es un Bond educado con el sexo femenino y prácticamente monógamo, lo nunca visto. Claro que ya nos encontrábamos en los tiempos del sida...

Lo cierto es que la película va de más a menos y llega al final desinflada. La culminación de su misión en Afganistán lleva a Bond nada menos que a aliarse con los talibanes en su lucha contra los soviéticos, como lo hará posteriormente el inefable Rambo. Como cambian los tiempos... En cualquier caso, para mi gusto, esta parte ya resulta aburrida y rutinaria, con las típicas y anodinas escenas de acción. Me quedo con las imágenes del Bond más íntimo, el que seduce lentamente a la chica y se pasea con elegancia por las calles de Tánger.

Cierto es que la siguiente película de Timothy Dalton resultó un desastre mayúsculo y cerró la franquicia por varios años, pero creo que se trata de una etapa a reivindicar, por el esfuerzo del actor en dotar de humanidad y credibilidad a un personaje que había ido perdiéndola a pasos agigantados en las entregas precedentes.