lunes, 28 de marzo de 2011

ENCONTRARÁS DRAGONES (2011), DE ROLAND JOFFÉ. ERRANDO EL CAMINO.


Patética e indignante la última película de Roland Joffé. Fuí a verla esperando encontrar un producto de cierta calidad, ya que está realizado por el director de una de mis películas favoritas, "La Misión", pero la decepción fue mayúscula. Presentar a Escrivá de Balaguer como adalid de la reconciliación de las dos Españas de 1936 es cuanto menos risible, sobre todo conociendo lo bien que aprovechó el franquismo su creación, el Opus Dei. Y no es solo que la historia sea poco creíble, con un personaje ficticio, metido con calzador, coprotagonizando la cinta, ya que la vida de Escrivá carece de interés cinematográfico. Lo más grave es la falta de ritmo que imprime Joffé. Claro que, con un guión dictado por el Opus, sin el más mínimo asomo crítico con su fundador, tampoco podría haber hecho mucho más. Aquí el enlace:


Hablar de José María Escrivá de Balaguer es hablar de un personaje polémico. Para algunos su vida es ejemplo de santidad. Para otros es el fundador de una peligrosa secta, el Opus Dei. La noticia de que se iba a filmar una película sobre su vida y que ésta iba a venir avalada por el prestigio de Roland Joffé, el realizador de "La Misión", causó gran interés y curiosidad por conocer los resultados de tan extraño proyecto, que quizá estuvo motivado por la mala publicidad que se vierte sobre el Opus Dei en películas como "El código Da Vinci" (Ron Howard, 2006) o la española "Camino" (Javier Fesser, 2008).

"Encontrarás dragones" comienza con el relato de la infancia de Escrivá que transcurre junto a la de su amigo Manolo Torres, personaje obviamente inventado, procedente de una familia adinerada. Aunque entran juntos en el seminario, Manolo descubre pronto que su vocación no está en el servicio a la Iglesia, separándose sus vidas desde ese momento. Por una parte, Manolo guardará un gran rencor a los sindicalistas que se manifestaban a la puerta del hospital cuando su padre está agonizando. José María, mientras tanto, tiene una especie de iluminación divina que le hace querer fundar una nueva prelatura en la Iglesia, el Opus Dei. Estas escenas son frías y carentes de emoción.

Con la llegada de la Guerra Civil, las cosas se ponen feas para José María, que reside en Madrid y ha de ocultar su condición de sacerdote, pues, como es sabido, en los primeros meses del conflicto fueron asesinados cientos de ellos en la zona republicana. La parte central de la película la pasará huyendo junto a sus más fieles seguidores. Mientras tanto, Manolo, hace de espía para los nacionales, infiltrado en un grupo de anarquistas. Su forma de actuar es un tanto inverosímil, llevando en sus frecuentes desplazamientos una máquina de considerables dimensiones para transmitir en morse sin despertar sospechas. Las frecuentes escenas de batalla están rodadas sin fuerza y con gran teatralidad en sus protagonistas.

Uno de los aspectos más insólitos de la película es el cambio de protagonista que se efectúa hacia la mitad del metraje. Hasta entonces hemos seguido fundamentalmente los pasos de Escrivá de Balaguer. A partir de un determinado momento, y observando que su vida en realidad carece de grandes hitos que puedan despertar el interés en el espectador, más allá de las autoflagelaciones con las que pretende arreglar el mundo, la trama se centra en los avatares de Manolo, protagonista de un improbable triángulo amoroso en las trincheras. La escena más ridícula sucede en los Pirineos donde, por una inaudita casualidad, Manolo es destinado desde el frente de Madrid con la misión de cazar a fugitivos del bando nacional. Allí precisamente va a encontrar a Escrivá cuando está a punto de cruzar la frontera con Andorra.

"Encontrarás dragones" tiene la pretensión de ser una película acerca del perdón y la reconciliación necesarios entre los contendientes de nuestra Guerra Civil, pero naufraga en el intento. Quizá porque el personaje escogido para personificar ese perdón es nada menos que el fundador del Opus Dei, una organización que consiguió unas prebendas inauditas del franquismo, hasta el punto de colocar a algunos de sus miembros en importantes cargos ministeriales.

Querer situar a Escrivá de Balaguer como representante de esa "Tercera España" que no se identificó con ninguno de los dos bandos es querer llevar demasiado lejos la presunta santidad de este personaje. Realmente la lógica de las escenas en las que José María muestra cierta comprensión con los republicanos por haber estado oprimidos cae por su propio peso si examinamos su biografía posterior (de la que la película no da noticia alguna) y observamos que no solo no condenó a un régimen que no conoció en ningún momento el significado de las palabras "perdón" o "reconciliación", sino que mantuvo excelentes y fructíferas relaciones con el mismo.

Quizá la película hubiera sido más objetiva si hubiera mostrado el proceso por el cual el Opus Dei se convirtió en tan poderosa organización, que se expandió por muchísimos países. Y tampoco hubiera estado mal profundizar más en el pensamiento del Santo, más allá de esas preciosas palabras que hablan de encontrar a Dios hasta en las cosas más insignificantes.

El pensamiento que desprende su famosa obra "Camino" es, entre otras cosas, una exaltación de la mortificación del cuerpo y una despiadada defensa de la inferioridad de la mujer frente al hombre. La película de Roland Joffé, además de contar con un guión descompensado que hace aguas por demasiadas partes y una realización pobre, realiza un retrato muy parcial de un personaje histórico, obviando sus muchos puntos oscuros. Quizá porque la financiación llegó de destacados miembros del Opus Dei y no hay que contrariar al que paga.

viernes, 25 de marzo de 2011

UCRANIA (2006), DE PABLO ARANDA. MÁLAGA-LVOV-MÁLAGA


Málaga no es una ciudad con una gran tradición literaria. Ni siquiera en el siglo XIX, cuando se desarrollaba la industria y los conflictos laborales estaban a la orden del día no existió entre nosotros ningún sucedáneo de Galdós que recogiera tan interesantes acontencimientos. De ello hablaré un poco más extensamente en el artículo dedicado al último libro de Antonio Soler. Decía esto porque, al menos ahora, Málaga puede presumir de contar con algunos buenos escritores que son reconocidos a nivel nacional. Uno de ellos es Pablo Aranda, que el lunes pasado nos honró con su visita, para compartir con nosotros el club de lectura dedicado a su novela "Ucrania".

"Ucrania" es una novela de estructura complicada, como un gran puzzle que el lector debe ir armando mientras avanza en la lectura. No es un trabajo tan complicado como pudiera parecer, pues la escritura de Aranda, elegante y cristalina, facilita la tarea y bien pronto podemos seguir su sencilla trama entre saltos temporales e importantes lagunas, puestas ahí a conciencia para que el lector decida como se desarrollaron determinados acontecimientos, teniendo en cuenta el carácter de los personajes.

Aranda habla de un periodo que suele recordarse como la edad dorada, la adolescencia, pero que, si lo miramos con atención, no lo es tanto. Se trata de una etapa difícil, donde todo está por construir, donde la frustración es un enemigo constante. Como reflexiona Laura, uno de los personajes:

"La adolescencia (...) ¿acaso éramos felices? (...) La desolación de ir a la cama sin sueño, sin hambre, sin besos a los que regresar a oscuras. La adolescencia."

Jorge, el protagonista, (acerca de cuya inteligencia mantuvimos un pequeño debate en la reunión) es un muchacho desarraigado, sin muchas expectativas de futuro, un muchacho de barrio muy falto de cariño. El típico chico, según palabras de Aranda, que cuando falta algunos días a clase, nadie lo echa en falta. Un día conoce por internet a una chica ucraniana. Jorge, a pesar de las advertencias de sus amigos, la trae a España, para casarse con ella, pero sin aceptar el dinero que ella le ofrece, aún a sabiendas de que le está utilizando para conseguir asentarse en España. Aunque parece que Jorge da mucho a cambio de casi nada, él tiene otra visión, desde su punto de vista ha sido capaz de tomar una decisión, con todas sus consecuencias.

En esta historia, como sucede en la propia vida, se entrecruzan muchas otras, algunas directamente relacionadas, otras un poco más descolgadas del argumento principal, como la del hermano de Jorge. Son pequeñas miradas a momentos vitales que no siempre tienen que ser decisivos, pero siempre importantes. Una mirada serena al pasado a veces nos desvela detalles (como sucede continuamente en "Ucrania") cuya significación solo podemos apreciar con la experiencia que dan los años. Dejo aquí algunas interesantes declaraciones del autor, en una entrevista a El País de diciembre de 2006:

"La historia me interesa mucho, pero es una excusa para meterme en el interior de los personajes. En
Ucrania hay uno que me lo imaginaba yo como el típico compañero de clase que si un día falta a clase nadie se da cuenta. Me gusta indagar en la vida de una persona.

Me gusta jugar con las casualidades. Es divertido que una persona pueda coincidir con otra, que sus vidas se crucen, y que lleguen a saberlo con el tiempo o no saberlo nunca.

Intento que las historias no acaben con flecos sueltos, sino que se entrecrucen. Eso pasa con la historia de la ucraniana y con la vida de uno de los tres adolescentes a los que retrato."

miércoles, 23 de marzo de 2011

EL CRISANTEMO Y LA ESPADA (1946), DE RUTH BENEDICT. SOBRE EL NOMBRE Y EL QUIEN DE LOS JAPONESES.


El gran terromoto y la gran ola del tsunami han dejado imágenes impresionantes de devastación, que todos tenemos en estos momentos en la retina. Pero lo más sorprendente ha sido la disciplinada y contenida reacción de los japoneses, que parecen actuar como un solo hombre para paliar los efectos del desastre. Nada mejor que leer este ensayo de Ruth Benedict, un encargo de estudiar antropológicamente al enemigo, realizado por el Ejército de Estados Unidos en plena Guerra del Pacífico, para comprender de donde viene esa manera de actuar, esa psicología tan peculiar. Me entero también de que el libro va a tener su importancia en uno de los episodios de la cuarta temporada de Mad Men... Razón de más para verla cuanto antes.

Aquí el artículo:
Las recientes imágenes del devastador terremoto en Japón han conmocionado al mundo. Ante tal nivel de devastación, agravado por una grave alerta nuclear, en otros países sus ciudadanos se hubieran lanzado al pillaje y pelearían por conseguir las ayudas que el gobierno envía a la zona. Los japoneses no son así. Son un pueblo disciplinado, que da preferencia al bien de la comunidad antes que al individual. No es la única característica de los habitantes de este país. ¿De donde proceden las peculiaridades del carácter de los japoneses? El libro de Ruth Benedict intenta responder esta cuestión.

En 1944, en plena guerra del Pacífico, que enfrentaba a Estados Unidos y Japón, las autoridades militares estadounidenses realizaron a Ruth Benedict un curioso e importante encargo: necesitaban un informe acerca de la cultura y costumbres del pueblo japonés, desde un punto de vista antropológico, con el fin de descubrir las debilidades del enemigo, como podía ser derrotado, en que condiciones pedirían la paz y cual sería la mejor manera de administrar un Japón ocupado ya en el postguerra.

Las condiciones en las que Benedict iba a encarar su estudio eran muy particulares. Evidentemente, le era imposible visitar Japón, pero sí que podía entrevistarse con japoneses que vivían en Estados Unidos y consultar las obras literarias y cinematográficas generadas por aquel pueblo. El primer enigma que tendría que esclarecer era el extraño contraste del carácter del japonés, tal y como es expresado en el prólogo de Ezra F. Vogel:

""Benedict quería averiguar por qué los japoneses estaban dispuestos a seguir luchando aun cuando sabían que estaban perdiendo la guerra, por qué estaban dispuestos a morir antes de dejarse capturar. Le desconcertaban las paradojas que observaba: un pueblo que podía ser cortés e insolente a la vez, rígido y al mismo tiempo permeable a las innovaciones, sumiso y sin embargo difícil de controlar desde arriba, leal y a la vez capaz de traicionar, disciplinado y, en ocasiones, insubordinado, dispuesto a morir por la espada y a la vez tan afectado por la belleza del crisantemo."

Los japoneses tradicionalmente han tenido una idea muy rígida de lo que significa la palabra jerarquía, es decir, que cada cual debe saber a la escala social a la que pertenece y comportarse en consecuencia. Esta doctrina fue aplicada por los militaristas para justificar su guerra de agresión para ordenar el mundo según su idea de jerarquía donde, por supuesto, Japón ocuparía la cima y establecería un protectorado en el resto de naciones asiáticas que deberían estar agradecidas por el hecho de que una nación tan grande se ocupara de ellas y le mostrara su lugar en el mundo. Una aberración a ojos occidentales, pero perfectamente lógica según la filosofía japonesa.

Para los dirigentes japoneses, la guerra contra Estados Unidos no era simplemente un conflicto entre naciones, sino un enfrentamiento del espíritu contra la materia, donde lógicamente tendría que salir victorioso el primero. Si los soldados, o los trabajadores estaban fatigados el lema era "Cuanto más agotados estén nuestros cuerpos, más se levantarán nuestra voluntad y nuestro espíritu por encima de ellos." Los reveses militares eran presentados al pueblo como consecuencia lógica de la estrategia seguida, como acontecimientos ya previstos por el Alto Mando, por lo que la fe en la victoria final no era nunca quebrantada, por muy mal que fueran las cosas.

Para entender la psicología japonesa, hay que hablar de varios conceptos. El giri es una de las virtudes primordiales de todo japonés. Significa un comportamiento digno frente a la familia y frente a los demás, con los que se tiene una deuda contraída, algo más o menos equivalente a la idea de honor, a la reputación personal:

"El estoicismo, el dominio de sí mismo exigido a un japonés que se respete, es una parte del giri hacia su nombre. La mujer no debe gritar durante el parto y el hombre debe sobreponerse al dolor y al peligro. Cuando las aguas inundan torrencialmente una aldea japonesa, toda persona que se respete a sí misma recoge las pertenencias que piensa llevar consigo y busca tierras más altas. No hay gritos, ni carreras alocadas, ni pánico."

El on sería la devolución de una deuda concreta contraída con otra persona. No saldar la deuda (que no tiene por qué ser monetaria) es algo vergonzoso. Hasta el más mínimo favor puede ser acreedor de on. Algo tan sencillo como invitar a un japonés a tomar una copa puede desencadenar en éste un on hacia su benefactor, que deberá ser satisfecho para relajar la conciencia:

"Los japoneses consideran que la principal tarea de la vida es cumplir con las obligaciones de cada cual. Aceptan plenamente el hecho de que devolver el on implica sacrificar los deseos o placeres personales. La idea de la búsqueda de la felicidad como meta primordial en la vida les parece una doctrina asombrosa e inmoral. La felicidad es una relajación a la que uno se entrega cuando puede, pero dignificarla hasta el punto de ponerla por encima de la familia y el Estado es bastante inconcebible."

Finalmente, el chu, es una deuda contraída con el emperador y el Estado por el mero hecho de nacer. Una variante de ésta sería el deber hacia la propia familia (el ko). A veces (y la literatura japonesa es muy aficionada a estos conflictos) se producen situaciones en las que chocan varios deberes, por ejemplo cuando el honor personal (giri hacia su nombre) es mancillado por alguien que ha de ser respetado por el chu. En muchas ocasiones el héroe, para volver a equilibrar el mundo, debe matar al calumniador y seguidamente suicidarse, por haber mancillado el chu al que estaba obligado.

Precisamente, fue el venerado emperador, por cuya obediencia los soldados se sacrificaban, quien instó a Japón a rendirse en un mensaje radiado. A partir de entonces, se produce un rápido cambio psicológico en la población, que pasa de considerar a los americanos el enemigo a colaborar plenamente con el ejército de ocupación y reconstruir un país que sea modelo ante el mundo de desarrollo pacífico. Apenas se dieron casos de agresión o de sabotaje contra el ejército ocupante. Ya los americanos habían tenido un precedente de esto a través de la gran cantidad de prisioneros que colaboraban desinteresadamente con ellos cuando sentían que habían muerto espiritualmente al haber fallado a su país.

El resto de la historia es conocida. Japón experimentó un resurgimiento económico rápido y asombroso, conservando sus tradiciones, pero encauzándolas hacia la paz. El comportamiento ante la catástrofe, que ha causado la admiración del mundo, es fruto de una gran tradición en la que prima el espíritu colectivo frente al individual, donde el sacrificio individual en pos de la comunidad es uno de los grandes valores. Con todos sus virtudes y sus defectos (no hay más que leer "Estupor y temblores", de Amélie Nothomb para tener noticia de estos últimos), nadie duda de que el pueblo japonés saldrá adelante y superará esta profunda crisis.

SAW (2004), DE JAMES WAN. JUEGOS MACABROS.


El otro día me puse a visionar con especial curiosidad la primera parte de esta saga que creo que alcanza ya las siete películas. Aunque no estaba seguro, algunas de sus imágenes me recordaron que la había visto ya anteriormente, aunque no debió impresionarme demasiado, pues los recuerdos eran fragmentarios.

En todo caso, no me ha parecido una mala película. Al menos, cuando el director posa su cámara sobre la angustiante situación a la que están sometidos sus dos protagonistas, atados con cadenas en un asqueroso cuarto de baño, debiendo ser partícipes de un juego macabro. Cuando el film se centra en la investigación policial, pierde muchos enteros. Sí que resultan inquietantes (por la crueldad con la que están ideadas) los flashbacks que nos muestran las pruebas a las que el asesino Puzzle sometió a otras víctimas en el pasado. Pero ¿realmente esta idea ha dado para su continuación en tantas partes? Creo recordar que incluso una de ellas fue declarada algo así como pornográfica y fue prohibida su exhibición. No me extrañaría que la distribuidora hubiera pagado a la administración para que tal cosa sucediera. Es una publicidad inmejorable.

Por mi parte, en cuestión de pasar miedo, sigo prefiriendo las películas de cine mudo, que juegan mucho mejor con nuestro subconsciente, como si los sueños de la noche anterior aparecieran sorpresivamente en pantalla.

martes, 22 de marzo de 2011

CISNE NEGRO (2010), DE DARREN ARONOFSKY. LA DANZA DE LA MUERTE.


Muy inquietante la última película de Aronofsky, una de las más estimulantes de esta temporada, sin duda. A veces pienso que ir al cine se ha devaluado un poco, ya que los nuevos medios audiovisuales de andar por casa (televisión de alta definición, dvd con hdmi, blue ray) cada vez son más sofisticados. Pero uno ve películas como "Cisne negro" y se da cuenta de que solo puede ser disfrutada plenamente en la gran pantalla. Esas escenas de baile, tan bien rodadas y ese sonido portentoso no serían lo mismo vistos en un televisor.

Nina Sayers es una muchacha infeliz. Sus días están dedicados enteramente al ballet, una de las disciplinas más exigentes, mucho más que la mayoría de los deportes, pues exige horas y horas de prácticas de las más complicadas coreografías y un maltrato permanente del propio cuerpo en pos de la perfección exigida. Ante la retirada de la bailarina estrella de la compañía, el director la elige como nueva protagonista de "El lago de los cisnes". Nina es perfecta para el papel de cisne blanco, para representar la pureza y la inocencia, pero cuando se enfrenta a su opuesto, el cisne negro, no consigue transmitir ni un ápice de la iniquidad que requiere el papel, a pesar de la perfección de su danza.

La película muestra el proceso de caída en la enajenación de la bailarina, presionada por su director, por su posesiva madre, que apenas le deja espacios de intimidad y por otra bailarina, Lily, que parece ser su opuesto en todo, tanto es así que sería perfecta para el papel de cisne negro... A partir de ahí Aronofsky incide en uno de los temas más universales de la literatura: la persona y su doble, la manifestación de la mitad oscura de cada cual, acontecimiento que puede suceder en las más insospechadas circunstancias. La película recuerda al argumento de "El extraño caso del Doctor Jeckyll y Mr. Hyde", pero aplicado a un ser angélico que, antes que ser capaz de hacer daño a los demás, se lo hace a sí misma.

Las motivaciones del director las extraemos de una entrevista publicada en el "Dirigido por" de enero de este año:

"Siempre quise hacer una película sobre el ballet "El lago de los cisnes". Y en este sentido, creo que la película bien se podría haber titulado "Lago negro". Mi idea original siempre fue usar el ballet para crear una película. Por lo tanto, todos los personajes (...) son metáforas de algunos de los personajes que aparecen en el ballet. (...)Y de golpe se me ocurrió que ella era una mujer cisne, algo equivalente a un hombre lobo. Es decir, una criatura extraña. Por eso, en realidad, todo esto surgió como una forma de darle un giro inusual a las historias sobre hombres lobo. (...) Creo que esa idea se sintetiza en el plano en el que ella se convierte en el cisne negro y saca esas alas, que, dicho sea de paso, fue una escena muy complicada de realizar. Nos llevó todo un año de trabajo que finalmente quedara bien."

Una escena impresionante, ciertamente: la perfección del arte llevada hasta el extremo de la autodestrucción personal, que ha estado produciéndose poco a poco durante toda la película. No hay más que recordar los desagradables crujidos de los huesos de Nina cuando se prepara para ensayar: el arte implica sacrificio. La perfección en el arte implica la inmolación suprema ante un público entregado.

sábado, 19 de marzo de 2011

RETRATO DEL ARTISTA ADOLESCENTE (1916), DE JAMES JOYCE. CATOLICISMO, CULPA Y CASTIGO ETERNO.


Me ha interesado muchísimo esta novela de James Joyce no solo, como es evidente, desde el punto de vista literario, sino también desde el antropológico, pues pocas visiones más certeras pueden escribirse acerca de lo que significa padecer una educación por parte de unos jesuitas integristas que tratan de impresionar a sus alumnos con sádicas visiones de un castigo eterno tan insoportable como injusto. Todos sabemos en que ha derivado al final tantos años de educación estrictamente católica en Irlanda: cientos de casos de abusos o instituciones tan abominables como las hermanas de la Magdalena (veáse la película homónima). Tanto esta novela, como los cuentos de "Dublineses" constituyen una excelente plataforma de lanzamiento para enfrentarse a esa cumbre de la literatura llamada "Ulises". Yo todavía no me he atrevido, pero lo haré en un futuro próximo. Aquí el artículo:

A la hora de leer a James Joyce, es muy difícil entender su escritura sin conocer las costumbres irlandesas tradicionales, donde el catolicismo lo impregna todo. Aunque Joyce pasó gran parte de su vida adulta fuera de su país natal, su obra le hace volver constantemente a los escenarios de su juventud. Todos los días 16 de junio se celebra en Dublín el Bloomsday, en el que los aficionados realizan el mismo recorrido que Leopold Bloom, el protagonista de "Ulises", por las calles de la capital irlandesa. Joyce es un ejemplo de escritor (existen otros, como Marcel Proust en Francia) que suscitan auténtica devoción y cuyas obras se leen y se reinterpretan una y otra vez.

Usualmente se clasifica a James Joyce en el grupo de escritores difíciles, cuya escritura plena de experimentalismo e innovaciones estilisticas, requiere un esfuerzo extra en el lector. Esto puede ser cierto respecto al "Ulises" y sobre todo con "Finnegans Wake", un libro cuya dificultad de lectura es altísima, que ni siquiera cuenta con una traducción solvente en castellano. Pero esto no ocurre con las primeras obras de Joyce, como los cuentos recogidos bajo el título de "Dublineses" o en este "Retrato del artista adolescente", de escritura muy clásica, aunque no exenta de sus primeros intentos de creación de un lenguaje literario original.

"Retrato del artista adolescente" se publicó en 1916, en plena Guerra Mundial, el año en que se produjo el levantamiento de Pascua, en Dublín, que inicia la Guerra de la Independencia contra los ingleses. La novela tiene mucho de autobiográfico. Su lectura es casi como un viaje al alma del Joyce adolescente, a sus anhelos, a sus miedos y a sus primeras experiencias, aunque comienza con una hermosa y tierna escena protagonizada por Stephen Dedalus cuando todavía es "el nene de la casa" y vive sin preocupaciones recibiendo todas las atenciones familiares.

Al igual que el autor irlandés, Stephen Dedalus va a estudiar con los jesuitas, toda una institución en Irlanda. Se trata de una educación en la que los castigos físicos están a la orden del día. En protagonista es víctima de una injusticia por parte de uno de sus profesores, pues, aunque Dedalus está exento de hacer los deberes por haber roto sus lentes, el jesuita cree que se trata de un ardid. La descripción del dolor y la humillación ante un palmetazo en su mano, dan idea de la maestría de Joyce a la hora de plasmar toda clase de sentimientos:

"Un golpe ardiente, abrasador, punzante, como el chasquido de un bastón al quebrarse, obligó a la mano temblorosa a contraerse toda ella como una hoja en el fuego. Y al ruido, lágrimas ardientes de dolor se le agolparon en los ojos. Todo su cuerpo estaba estremecido de terror, el brazo le temblaba y la mano, agarrotada, ardiente, lívida, vacilaba como una hoja desgajada en el aire. Un grito que era una súplica de indulgencia le subió a los labios. Pero, aunque las lágrimas le escaldaban los ojos y las piernas le temblaban de miedo y de dolor, ahogó las lágrimas abrasadoras y el grito que hervía en la garganta."

Las páginas más impresionantes de "Retrato del artista adolescente" son las que describen la visión más integrista de la religión católica, ofrecida en un retiro espiritual al que han de asistir los alumnos de la Escuela Belvedere. En los meses precedentes, Stephen ha ganado un concurso literario, ha subido su ego y, lo que es más grave para un cristiano, se ha dejado llevar por sus deseos carnales y ha ido de prostitutas.

El panorama que se le ofrece ante la gravedad de sus pecados es desolador, pues el retiro está dedicado en gran parte a gráficas descripciones de los tormentos que habrán de sufrir los pecadores que se hayan apartado, aunque sea un ápice, de los preceptos dispuestos por la Santa Madre Iglesia. Una eternidad de sufrimientos, expuestos con particular sadismo por el orador, terribles palabras que hacen mella en un impresionable Stephen:

"Siempre sufrir, nunca gozar, siempre estar condenado, nunca obtener salvación, siempre, nunca; siempre, nunca. ¡Oh, cuan horrendo castigo! Una eternidad de inacabable agonía, de inacabable tormento espiritual y corporal, sin un rayo de esperanza, sin un momento de descanso. Una eternidad de agonía ilimitada en intensidad, de tormento infinitamente variado, de tortura, que alimenta eternamente aquello que eternamente devora, de angustia que perdurablemente oprime el espíritu mientras despedaza la carne, una eternidad, cada instante de la cual es ya de por sí una eternidad de dolor. Tal es el terrible tormento decretado, para que aquellos que mueren en pecado mortal, por un Dios justo y todopoderoso."

No obstante, la doctrina católica ofrece solución a los terribles remordimientos del protagonista: la confesión sincera de los pecados, el propósito de enmienda y por fin, el anhelado perdón, que es casi como conquistar una vida nueva e inmaculada, presidida por una mezcla de temor y amor a Dios. Stephen se toma en serio su nuevo papel y se somete a sí mismo a una disciplina despiadada, donde el sufrimiento y la penitencia son virtudes que le van haciendo ganar el cielo peldaño a peldaño:

"Cada momento del día, dedicado ahora los que miraba como deberes de su paso por la vida giraba en torno de su actividad espiritual. Su vida parecía haberse aproximado a la eternidad. Podía lograr que cada uno de los pensamientos, palabras y obras, revibrara radiantemente en el cielo; y a veces la sensación de ese repercutir inmediato era tan intensa, que le parecía que su alma devota obraba como los dedos sobre el teclado de una gran caja registradora y que podía ver la suma de su adquisición aparecer inmediatamente inscrita en el cielo, no como una cifra, sino como una débil columnilla de incienso o como una delicada flor."

La vida en la Tierra como una mera transición, una prueba de la que depende lo verdaderamente importante: una eternidad de cielo o infierno. He aquí la propuesta del catolicismo como modelo de vida, una apuesta personal en la que está en juego la vida futura, la auténtica. Aunque posteriormente Dedalus-Joyce se volverá un descreído y decide dedicarse plenamente a la literatura, una educación como esta marca para toda la vida. Es conocido el pavor de Joyce ante las tormentas, que interpretaba inconscientemente con manifestaciones de la ira divina. En realidad, lo que hacen los jesuitas es impregnar en el joven un sentimiento permanente de angustia, de prevención en las acciones, como si estuviera eternamente vigilado y juzgado.

Las palabras de Vargas Llosa, escritas para el prólogo de "Dublineses", pero perfectamente aplicables a esta novela resultan también iluminadoras en este aspecto:

"(...) unas historias que revelan toda la complejidad psicológica de un mundo, y, principalmente, las frustraciones sentimentales y sexuales de una sociedad que ha metabolizado en instituciones y costumbres las restricciones de índole religiosa y múltiples prejuicios."

James Joyce se convirtió en el mejor cronista de una sociedad dominada por la Iglesia Católica (cuyos casos de abusos a los más inocentes, encubiertos durante décadas, comienzan a salir a la luz), realizando un estudio casi antropológico, a la par que literario, de las consecuencias sobre la conciencia de tan estricta imposición y sobre la misma identidad nacional y política de Irlanda, que no puede despegarse de una influencia religiosa que le impide acercarse a la modernidad en muchos aspectos.

miércoles, 16 de marzo de 2011

LOS FALSIFICADORES (2007), DE STEFAN RUZOWITZKY. LOS MONEDEROS FALSOS.


Muy interesante esta película, que recoge un episodio de la Segunda Guerra Mundial que estaba muy olvidado. Imagínense una oleada de bombarderos alemanes inundando Londres con oleadas de dinero falso...

La Segunda Guerra Mundial no se decidió solo en los campos de batalla. Existía otra guerra, mucho más soterrada y sutil, pero no menos importante. Era la guerra de los espías, la de las armas secretas y la de la propaganda. En medio de todo esto, a los nazis se les ocurrió un plan que podía arruinar la economía inglesa: la Operación Bernhard.

La realización de esta empresa le fue encomendada por Hitler a Reinhard Heydrich. La idea era muy sencilla: fabricar libras esterlinas falsas de una calidad tal que ni siquiera los mejores expertos pudieran distinguirlas de las originales, utilizarlas en el mercado internacional, dándole liquidez al Reich y, como colofón final, el bombardeo aéreo de libras esterlinas sobre Londres, que provocaría una inflación que hundiría la economía inglesa.

Heydrich a su vez encargó al capitán de las SS Bernhard Kruger, que tenía pasado como falsificador, el desarrollo de la operación. A Kruger no le costó convencer a Himmler de que había que usar a judíos, ya que cuando acabara su cometido podrían asesinarlos se mantendría el secreto de las libras falsas. Fueron reclutados los mejores falsificadores y grabadores entre los internos en campos de concentración y exterminio, hasta ciento cuarenta prisioneros. La operación era tan confidencial que se llegó a fusilar a dos SS a los que se les sorprendió conversando acerca de ésta.

Las palabras de Kruger cuando concentró a sus prisioneros en el campo de concentración de Sachsenhausen, cerca de Berlín, fueron claras. Debían trabajar bien y a cambio recibirían un trato correcto:

"Estáis todos condenados a muerte, pero si hacéis un buen trabajo os prometo que no os pasará nada. Entre tanto tendréis privilegios especiales: mejor comida, cigarrillos, periódicos y permiso para escuchar la radio."

La estrella de los falsificadores era Salomon Smolianoff (Sorowitsch en la película), interpretado por Karl Markovics y de sus manos salieron los primeros billetes de libras falsas. Ni siquiera los banqueros suizos, puestos a prueba, ni el mismísimo Banco de Inglaterra fueron capaces de detectar la falsificación.

"Los falsificadores" muestra el descenso a los infiernos a que eran sometidos los prisioneros que ingresaban en uno de los lager organizados por los nazis. Pronto advierten que no son tratados como seres humanos, que no hay salida y que morirán en breve. La oportunidad que se les ofrece a unos pocos de ellos de vivir con privilegios frente a la podredumbre en la que habitan es vista como una pequeña luz en la oscuridad.

Pero, evidentemente, aquí se plantea un dilema moral, personalizado en el prisionero Adolf Burger, en cuya obra, "El taller del demonio", está basada la película. Burger, muy concienciado políticamente, era partidario del sabotaje del proyecto. La idea de colaborar con los nazis y, aún más, de que gracias a su trabajo pudieran imponerse en la guerra le era intolerable. La mayoría de los compañeros prefería no pensar en el futuro, sino vivir y disfrutar el día a día, sin planteamientos éticos.

Evidentemente, el lanzamiento de libras esterlinas sobre Londres no pudo llegarse a efectuar, ya que para cuando estuvieron listas, la Luftwaffe era solo una sombra de lo que había sido y no era capaz de realizar un bombardeo de esa envergadura. Es más, el desastre en todos los frentes, sobre todo a partir de 1944, aconsejaba a los nazis manchados por crímenes contra la humanidad tener trazado un camino de huida. Al tener noticias del suicidio de Hitler y de la rendición de Berlín, Kruger fue detenido por los ingleses, pero liberado sin cargos a los dos años.

La película de Stefan Ruzowitzky, que fue la ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en el año 2008, sin llegar a las cotas de excelencia de "La lista de Schindler", de Steven Spielberg, que sigue siendo la referencia en películas acerca del Holocausto, sí que acierta al recrear un episodio no muy conocido de la guerra, que pudo cambiar el curso de la historia. Y acierta también al retratar a sus protagonistas, unos seres que ven interrumpidas sus vidas y se enfrentan a la posibilidad de sobrevivir, pero echando un cable al enemigo que está exterminando al pueblo judío y a sus enemigos ideológicos.