sábado, 8 de agosto de 2026

SCARAMOUCHE (1952), DE GEORGE SIDNEY.

Basada en la novela homónima de Rafael Sabatini, Scaramouche es un prodigio cinematográfico en cuanto a ritmo narrativo, una de esas películas que atrapa al espectador de principo fin. Gran parte de su encanto reside en la composición de su protagonista, un hombre nacido "con el don de la risa" que necesita indagar acerca de sus orígenes. Mel Ferrer interpreta a un villano a su altura: un pérfido marqués de modales exquisitos que usa sin piedad sus habilidades como espadachín contra sus enemigos. Todo ello enmarcado en el periodo histórico inmediatamente anterior a la Revolución francesa y que muestra también, como parte de un gran espectáculo, el funcionamiento de la commedia dell´arte, paso previo al duelo final en un teatro, uno de los más recordados de la historia del cine. Scaramouche es una de esas películas irrepetibles, una obra absolutamente artesana que no podría ser reproducida hoy día. Una perfecta exaltación del espíritu de aventura y de la existencia despreocupada en la que no existen ambigüedades morales y en la que los acontecimientos que contemplamos son placenteramente novelescos: el espectador participa de ellos porque se encuentra absolutamente hechizado por la imágenes que contempla en la pantalla.

P: 10

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