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domingo, 4 de enero de 2026

GOOD BOY (2025), DE BEN LEONBERG

La originalidad de una propuesta como Good Boy se encuentra en que nos ofrece una película de terror desde el punto de vista de un perro. La cámara baja a su altura y rueda desde su perspectiva, lo que se convierte en una narración muy tópica de este tipo de género, limitándose el guión a ofrecer una serie de momentos inquietantes y algún que otro susto. Es una lástima que no se haya explorado mejor la presuntas novedades que ofrece esta cinta, ya que la actuación del perro (lo mejor de Good Boy) queda como algo muy aislado del resto de propuestas de la misma. Aquí se sugiere que lo que está contemplando el animal no es la maldición de una casa encantada, sino las fuerzas espirituales de la muerte que están asediando a su dueño enfermo. La tragedia de la mascota es que su instinto de protección de nada sirve en una tesitura como esta y - aquí sí - la película conmueve cuando se muestran los esfuerzos de un animal tremendamente asustado ante lo desconocido que sigue intentando ejercer su función como guardián pese a todo. Por lo demás, una vez pasados los primeros minutos, la película se establece como una repetición en bucle de las mismas escenas con ligeras variantes entre ellas, lo que hace que incluso durando poco más de una hora, se acabe haciendo larga para el espectador.

P: 4

sábado, 29 de noviembre de 2025

FRANKENSTEIN (2025), DE GUILLERMO DEL TORO.

El interés de Guillermo del Toro por la inmortal novela de Mary Shelley ya se atisbaba en su anterior obra, Pinocho, ya que existían referencias a la misma en la creación del muñeco de madera. Frankenstein es la grandiosa historia de cómo un creador reniega de su creación y de cómo esta criatura va pasando de una inocencia absoluta a un absoluto deseo de venganza. Del Toro ha plasmado esta narración de imágenes muy impactantes y ha desarrollado de manera muy efectiva una biografía del doctor Frankenstein, por lo que entendemos mucho mejor su personalidad y sus ambiciones a través de las difíciles relaciones con su padre (algo que anticipa las propias con su hijo). Aunque al principio sus intenciones son nobles - aunque las presente casi como un showman ante la comunidad científica - pronto tratará a su criatura más como un logro propio que cómo un ser sintiente, por lo que la rebajará a un estado cercano a la esclavitud. Uno de los puntos flacos de la película es la relación de la criatura con la esposa del hermano de Frankenstein, del todo inverosímil, ya que se intenta que ella sea el personaje humanista, que advierte de manera espontánea su verdadera naturaleza y deja atrás inmediatamente cualquier prevención al acercarse a un ser tan insólito. Sí que es muy acertado el comienzo de la película, en ese escenario hostil repleto de hielo, en el que la aparición de la criatura es verdaderamente terrorífica: así la ven las humanos después de haber pasado por varios traumas que se irán contando posteriormente. Frankenstein tiene, en suma, la acertada estructura de unas vidas paralelas - creador y criatura - que se muestran de manera muy cruda al espectador, a la vez que el director otorga a su película un tono casi onírico muy adecuado para contar esta historia.

P: 8

domingo, 16 de noviembre de 2025

TIBURÓN (1975), DE STEVEN SPIELBERG.

Recuerdo que cuando vi esta película, de niño, por primera vez - supongo que sería en una reposición en el cine - me impactó tanto que incluso lei la novela de Peter Benchley, que se publicó un par de años antes de que se estrenara la película y que contiene una serie de tramas (alguna de carácter un tanto erótico) que se eliminan de la versión cinematográfica. Porque al joven Spielberg lo que le interesa es transmitir esa especie de terror primitivo que se apodera del espectador ante la amenaza de un monstruo que permanece casi todo el tiempo invisible. Un monstruo real, que existe en nuestros océanos, por lo que adquiere una dimensión única, hasta el punto de que, después del estreno de la película y de haberse convertido en una de las más taquilleras de la historia, la gente tenía miedo de bañarse en el mar. Aquí el ritmo de la narración está medido con sabiduría por Spielberg. La trama comienza con un ataque nocturno del tiburón, una escena muy cruda que sirve para que el espectador entre en materia de manera directa. Luego contemplamos el debate entre los partidarios de cerrar las playas y los que, liderados por el alcalde, no quieren echar a perder la temporada turística. Después veremos una escena que hoy en día sería impensable: la muerte de un niño, a plena luz del día, por el ataque del tiburón. La última parte será la dedicada a la caza del escualo, que es donde la película alcanza ya una tensión insoportable, entre otras cosas porque el espectador ya ha adquirido un cierto cariño a los tres valientes personajes que se han embarcado en su búsqueda. Tiburón es una película modélica, realizada sin muchos medios pero con un talento inmenso. Dio lugar a una serie de secuelas que ni siquiera se acercan a la calidad del original.

P: 9

sábado, 11 de octubre de 2025

WEAPONS (2025), DE ZACH CREGGER.

Weapons parte de una premisa interesante: la desaparación una noche de una clase entera de niños, salvo uno. Sin explicación aparente, los niños huyeron de sus casas corriendo con los brazos extendidos y no se ha vuelto a saber de ellos. Durante la primera parte de la película los padres acosarán a la profesora, a la que creerán implicada en los sucesos, aunque, como sucede en este tipo de producciones, la explicación final es mucho más siniestra. La película de Cregger intenta ser original al mostrar los hechos desde diversos puntos de vista: el de la profesora, el de uno de los padres, el de un policía, amante de la primera y el de un delincuente juvenil que se verá implicado en los hechos a su pesar. Al final todo se desmadra y el misterio se descubre, aunque no se ofrezca una explicación coherente al mismo. Tampoco se sabe cómo es posible que la policía no haya investigado más a fondo lo que podía verse solo acercándose a una determinada ventana, pero eso tampoco es algo que estropee el resultado final. Lo que lo hace es que todo sea tan convencional y tantas veces visto (y eso que yo no soy especialmente aficionado al género del terror), y que me deje como espectador con una sensación de pérdida de tiempo al haberme acercado a una de las presuntas revelaciones cinematográficas del año.

P: 3

sábado, 25 de noviembre de 2023

EL RESPLANDOR (1980), DE STANLEY KUBRICK.

El resplandor no es exactamente una película de terror, sino la narración del descenso a la locura de su protagonista, un tipo que no deja de tener una apariencia un tanto perturbadora desde su primera aparición, pero cuyo contacto con el hotel Overlook - casi otro personaje de la película - desata en él sus peores instintos. El espectador acompaña a Jack Torrance en su descenso y eso le produce angustia durante todo el metraje. También está presente el elemento sobrenatural representado por el hijo del protagonista, que posee el extraño poder del que habla el título de la película, aunque esta parte está mucho menos desarrollada, algo que no le gustó nada al autor de la novela, Stephen King. Pero el mayor interés de esta película está en el magnífico trabajo desarrollado por su director, esa fotografía tan impoluta que nos enseña todos los rincones del escenario del horror, un horror que no se esconde en las sombras, sino que nace a plena luz y con un uso muy sabio e inquietante de los sonidos. Vista hoy, el único pero que se le puede poner a El resplandor es que no ha envejecido del todo bien y haberla visto ya varias veces no supone ningún aliciente para acercarse de nuevo a ella, al contrario que ocurre con otros muchos clásicos. Evidentemente, mi recomendación es huir del doblaje en castellano. Este es un consejo para cualquier película, pero especialmente para esta, por razones obvias.

P: 7

sábado, 11 de marzo de 2023

LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS (1978), DE PHILIP KAUFMAN.

Remake de una película de Don Siegel de 1956 que se podría decir que mejora al original. En esta versión Kaufman enfatiza el ambiente malsano que rodea a unos protagonistas que son testigos de una invasión extraterrestre silenciosa que va afectando a todos sus seres queridos y conocidos. La película puede ser metáfora de muchas cosas, pero ante todo muestra el miedo humano al desmoronamiento de la civilización, que no tiene por qué llegar con su destrucción física, sino que ésta puede ser meramente espiritual. La verdadera vocación de La invasión de los ladrones de cuerpos es aterrorizar al espectador y esto lo consigue no solo con elaboradas escenas sorpresivas, sino con sabio uso de una tensión que va creciendo conforme avanza el metraje. Puedo decir que, la primera vez que la vi, supongo que en algún pase televisivo, lo pasé realmente mal, quizá por no estar acostumbrado a películas con este argumento, ya que Kaufman quiere implicar en todo momento al espectador, para que este se sienta identificado con la angustia de los protagonistas. El final es uno de los mejores de la historia del cine de terror, algo mítico y que, ya en nuestra época, ha tenido el dudoso honor de protagonizar numerosos memes.

P: 8

sábado, 28 de enero de 2023

M3GAN (2022), DE GERARD JOHNSTONE.

Cuando uno acude al cine para ver un producto como este, sabe perfectamente el tipo de película que se le va a ofrecer, inserta en los cánones del terror de las últimas décadas. Por eso uno queda gratamente sorprendido cuando comprueba que el tono - al menos en la primera parte del film - se acerca más a los retorcidos planteamientos éticos que exponía una serie como Black Mirror que a la saga del muñeco asesino Chucky. La protagonista es una joven ingeniera de inteligencia artificial que tiene que hacerse cargo de su sobrina cuando mueren en accidente los padres de esta. Como está desarrollando - a espaldas de sus jefes - una muñeca con capacidad de aprendizaje, aprovecha para vincular su prototipo a su sobrina y probar que ha construido el juguete del futuro, aunque el aspecto de M3gan podría ilustrar la página de Wikipedia acerca del valle inquietante. Sin embargo las cosas no acontecerán exactamente como ella había previsto. Entre su sobrina y M3gan se establecerá una extraña relación de sobreprotección que va a acabar derivando, en la segunda mitad de la película, en todos los tópicos de este tipo de producciones. Una lástima que no se desarrollara con más profundidad el interesante planteamiento de ese juguete que aprende, se vincula a su joven dueña y saca sus propias conclusiones acerca de lo que es mejor para esta.

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domingo, 26 de junio de 2016

EXPEDIENTE WARREN: EL CASO ENFIELD (2016), DE JAMES WAN. ENTRE REALIDAD Y FICCIÓN.

Respecto al cine, jamás me he definido como amante de un género concreto. Me gusta cualquier películar bien dirigida y poseedora de un guión inteligente, me da igual que sea un western, un drama, una comedia o una historia romántica. Bien es cierto que hay áreas concretas que pueden suscitarme más expectativas que otras como cuando, por ejemplo, se anuncia el estreno de una producción de ciencia ficción - o de superhéroes, para qué nos vamos a engañar - que eté avalada por un director solvente. Digo esto porque, como espectador, me gusta saber diferenciar, cuando contemplo una película, entre realidad y ficción. Es decir, tener la certeza de si lo que estoy viendo está basado más o menos fielmente en hechos reales o es mera invención.

De partida con este Expediente Warren (y con el anterior), tengo ese problema. Las dos partes insisten desde el primer momento en transmitir que lo que vamos a contemplar son estrictas historias reales. Y yo considero que esa es una manera muy burda de engañar al espectador. Está muy bien que se creen historias de terror paranormal en un universo de ficción, pero de ahí a pretender que son una estricta traslación de hechos sucedidos en nuestro mundo, existe un enorme trecho. Bien es cierto que son palabras que pueden crear ambiente, para que la historia resulte más impactantes, pero personalmente creo que esta técnica lo único que hace es elevar a los altares a los Warren, una pareja (estos sí que son reales, aunque mucho menos atractivos que los actores que los interpretan), que iba por el mundo desfaciendo entuertos de carácter demoniaco y vendiendo luego sus actuaciones como victorias de Fe (ellos dicen actuar en nombre de una Iglesia) contra las fuerzas de la oscuridad. Algo más propio de la Edad Media que de nuestros días, si no fuera porque sigue habiendo mucha gente absolutamente crédula.

Lo cierto es que, analizando fríamente los casos resueltos por los Warren, se nos suscitan varias preguntas. Si todo lo que vivieron los Warren es real, ¿cómo es posible que ningún científico haya dado por buenas las cientos de presuntas pruebas que habrán obtenido de sus casos? Y, lo que es más importante: si realmente esta es la forma que tiene el infierno de actuar en la Tierra, ¿por qué se dedican los demonios a atormentar a una pobre familia? ¿qué sentido tiene? ¿no cuentan con medios para realizar maldades más ambiciosas? Un poco absurdo todo. Buen argumento para pasar miedo en el cine, pero pésimo para hacernos creer que esas cosas son reales. 

¿Y cómo es Expediente Warren: El caso Enfield como película? Pues muy parecida a la primera parte, pero sin la capacidad de sorpresa que poseía aquella. Wan parece haberse subido al carro del éxito de la anterior para filmar una película muy rutinaria, bien dirigida, pero sin ningún aspecto original que resalar. El esquema sigue siendo más o menos el mismo: una fotografía oscura, cierta utilización del temor subliminal y los típicos sustos - muy previsibles - en los que se abusa del aumento del volumen de la banda sonora. No es que aburra en ningún momento, puesto que Wan es un director con oficio, pero lo único destacable es la interpretación de Vera Farmiga y Patrick Wilson, que parecen haber tomado la medida de sus reales-ficticios personajes. Si van a verla, que no sea con la idea de que van a contemplar hechos históricos ni nada parecido.

sábado, 28 de junio de 2014

LA PARADA DE LOS MONSTRUOS (1932), DE TOD BROWNING. LA EXHIBICIÓN DE ATROCIDADES.

Para cerrar la temporada del ciclo Literatura y cine, nada mejor que recuperar uno de los grandes clásicos de culto de la historia del cine, La parada de los monstruos, de Tod Browning, una película realmente irrepetible. Aunque era una propuesta arriesgada, al final el público quedó fascinado por esta historia terrible, protagonizada por seres deformes que se interpretaban a sí mismos. Aquí el artículo:

http://asociacioncristobalcuevas.blogspot.com.es/2014/06/la-parada-de-los-monstruos.html

jueves, 25 de julio de 2013

EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING (2013), DE JAMES WAN. ZONAS DE PENUMBRA.


Pasar miedo en una sala de cine es un placer extraño y morboso. El espectador sabe que nada de lo que va a ver en la pantalla es real, aunque entra en la sala con algo de inquietud, sobre todo cuando la película que va a ver está adquiriendo fama en el demasiadas veces decepcionante género del terror. La principal labor del director en estos casos es que el espectador entre de tal manera en la historia que olvide que está contemplando disparates para empezar a creer que hay algo de cierto en la trama. Y la manera más tradicional de hacerlo es basarla en hechos reales e incluso incluir entre sus protagonistas a alguien inspirado en una persona real (o, como en este caso, a Ed y Lorraine Warren, de profesión investigadores de lo sobrenatural, que salen hasta en la Wikipedia).

Y es que después de todo la gente sigue asustándose de las mismas cosas. Los terrores de la vieja escuela, basados en casas encantadas y posesiones demoniacas siguen siendo muy efectivos si se adaptan un poco a los gustos del público actual, aunque en esta ocasión, el mayor mérito de James Wan ha sido dotar a su película de un estilo clásico de dirección, tomándose su tiempo en presentar a los personajes y usando de manera magistral el terror psicológico, que va creciendo poco a poco hacia estallidos de horror puro que son tan breves como contundentes. El resto del tiempo del director de Saw es tan inteligente como para ofrecernos planos generales de las diversas habitaciones de la casa, llenos de objetos y de zonas de penumbra en la que podría estar agazapado cualquier clase de horror: puro juego psicológico con el espectador, que no puede sustraerse de lo que sucede en la pantalla, esta es la mejor baza de Expediente Warren a la hora de seducir a los que contemplan la película.

Otra cuestión, ya otro nivel más allá de lo cinematográfico, es si las productoras tienen derecho, con todas las de la ley, a asegurarnos que lo que se narra en la película está basado en hechos reales, lo cual no resiste el más mínimo análisis racional. Veamos las declaraciones de la auténtica Andrea Perron, respecto al suceso relatado, que ocurrió en su propia casa:

“Era un lugar extraordinario. Empezamos a ver espíritus tan pronto como nos mudamos a la casa. La mayoría de ellos eran benignos, incluso algunos de ellos ni siquiera parecía darse cuenta de que estábamos allí, pero la verdad es que ocho generaciones de familias vivieron y murieron en esa casa antes de nuestra llegada, y algunos de ellos nunca se fueron. Al principio, muchos de ellos parecían ser inofensivos como uno, que olía las flores, el que nos daba un beso de buenas noches a los niños en la cama cada día, o el espíritu que siempre cogía una escoba para barrer el suelo de la cocina." 

Es decir, que el caso real es aún más desmesurado que el que se nos muestra en pantalla, habiendo comenzado con una convención de varias generaciones de fantasmas, que en un principio eran amistosos. Son declaraciones que no se sostienen y que parecerían risibles si no fueran por la presunta seriedad de un asunto en el que presuntamente intervienen fuerzas maléficas. En la película los Warren son presentados como una especie de santos altruístas que son expertos en lo sobrenatural, sobre todo en su vertiente demonológica (tienen en el sótano de su casa una colección de muñecos y objetos siniestros, recuerdo de los casos que han resuelto en su lucha constante contra el maligno). ¿Serían así los auténticos Warren, o más bien se trataba de una pareja muy inteligente que se aprovechaba de la credulidad de la gente? Lo cierto es que, en la vida real, tenemos muchos testigos de estos casos, muchas declaraciones, pero ninguna prueba concreta de evento sobrenatural alguno. Y si no que se lo pregunten a James Randi. 

miércoles, 23 de marzo de 2011

SAW (2004), DE JAMES WAN. JUEGOS MACABROS.


El otro día me puse a visionar con especial curiosidad la primera parte de esta saga que creo que alcanza ya las siete películas. Aunque no estaba seguro, algunas de sus imágenes me recordaron que la había visto ya anteriormente, aunque no debió impresionarme demasiado, pues los recuerdos eran fragmentarios.

En todo caso, no me ha parecido una mala película. Al menos, cuando el director posa su cámara sobre la angustiante situación a la que están sometidos sus dos protagonistas, atados con cadenas en un asqueroso cuarto de baño, debiendo ser partícipes de un juego macabro. Cuando el film se centra en la investigación policial, pierde muchos enteros. Sí que resultan inquietantes (por la crueldad con la que están ideadas) los flashbacks que nos muestran las pruebas a las que el asesino Puzzle sometió a otras víctimas en el pasado. Pero ¿realmente esta idea ha dado para su continuación en tantas partes? Creo recordar que incluso una de ellas fue declarada algo así como pornográfica y fue prohibida su exhibición. No me extrañaría que la distribuidora hubiera pagado a la administración para que tal cosa sucediera. Es una publicidad inmejorable.

Por mi parte, en cuestión de pasar miedo, sigo prefiriendo las películas de cine mudo, que juegan mucho mejor con nuestro subconsciente, como si los sueños de la noche anterior aparecieran sorpresivamente en pantalla.

domingo, 25 de julio de 2010

DRÁCULA (1958), DE TERENCE FISHER. TERRORES NOCTURNOS.


Cuando yo era pequeño las películas de terror las emitían en horario nocturno, por lo que el mundo de Drácula, Frankenstein o el Hombre Lobo estaba vedado para mí, lo cual lo hacía mucho más atractivo, pues la imaginación es a veces mucho más poderosa que lo que vemos con nuestros propios ojos.

En las noches en las que sabía que iban a emitir un clásico del terror fantaseaba con la idea de bajar furtivamente de la cama y asomarme al salón, donde seguramente podría ver unas imágenes de un horror indescriptible, que me dejarían marcado para siempre. Era en ese momento cuando un ligero miedo me imponía la prudencia y me conformaba con las fotografías que hubiera podido ver en alguna revista para montar mi propia historia. Al día siguiente en el colegio siempre había quien aseguraba haberla visto y te describía los detalles más truculentos de la trama. Siempre han existido los niños maestros de la mentira.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, y sabiéndome hoy día lo suficientemente mayor como para enfrentarme a películas de estas características sin caer luego en las más terroríficas pesadillas, tengo que decir que he visto la película de Terence Fisher sin ser objetivo, con la nostalgia de la expectativas que me creaba en aquellos años, con el morbo de poder visionar a mis anchas lo que me estaba prohibido. No es la primera película de terror que veo, claro, pero el Drácula de Christopher Lee es mítico para mí, por la impresión que me llevé con una foto suya: un vampiro de presencia impresionante, dotado de gran elegancia, pero cuyo rasgo más visible era el rojísimo hilo de sangre que le caía por la barbilla.

Digo todo esto porque, vista hoy, el Drácula de Terence Fisher es una película que ha envejecido muy mal y solo la sostienen su aura mítica y la calidad de sus intérpretes. Ya he hablado de la gran presencia de Christopher Lee, pero quisiera destacar a su antagonista, un Van Helsing interpretado por un Peter Cushing casi tan implacable como el vampiro y no menos letal en el uso de la ciencia de lo sobrenatural. Solo por la presencia de estos dos gigantes, la película es ya un gozo.

Sobre el resto de elementos cabría decir que la trama es bastante pobre, los decorados dignos, pero no espectaculares, vistos con los ojos de un espectador del siglo XXI. En todo caso, para los espectadores de 1958 se trató de una película revolucionaria, que daba un paso más allá a la excesivamente teatral interpretación de Bela Lugosi y nos presentaba a un conde Drácula más poderoso que incluso sabe rodearse de algunas gotas de erotismo. Tengo ganas de ver la versión de John Badham, de finales de los setenta, muy apreciada por los seguidores del género y revisar, por supuesto, la obra maestra de Coppola, sin olvidar la versión primitiva y fascinante de Murnau, "Nosferatu".