domingo, 12 de noviembre de 2023

QUO VADIS, AIDA? (2020), DE JASMINA ZBANIC.

Ahora que la guerra ha vuelto a tomar triste protagonismo en la actualidad mundial, conviene recordar que en tiempos muy recientes Europa padeció un conflicto muy cruel en su mismo corazón. Un conflicto auspiciado por un nacionalismo ciego que consiguió que, prácticamente de un día para otro, vecinos que habían convivido pacíficamente durante décadas se convirtieran en enemigos acérrimos. La masacre de Srebrenica fue uno de los más terribles episodios de la Guerra de los Balcanes. Se trató del acto de genocidio más importante en continente europeo desde la Segunda Guerra Mundial y fue llevado a cabo ante las mismas narices de unas tropas de Naciones Unidas que apenas supieron reaccionar ante la decisión firme del general Mladic de llevar a cabo la limpieza étnica que deseaba para la ciudad. Quo vadis, Aida? relata de manera muy cruda la impotencia de una traductora de la ONU que asiste a la preparación de la masacre y sus intentos de salvar a su marido e hijos. Zbanic ofrece imágenes verdaderamente estremecedoras que narran de forma extremadamente realista el ambiente de pesadilla que se organizó en torno al cuartel general de la ONU en la zona, con cientos de inocentes buscando protección, mientras las tropas de Mladic se sentían las intocables dueñas de la situación. El espectador no puede sino contemplar la película con el corazón en un puño y sentirse identificado con estas pobres gentes que, solo unos meses antes, gozaban de una existencia muy similar a la de otros países de occidente y en sus mentes la posibilidad de sufrir una guerra - y menos una tan cruel como esa - estaba tan alejada como puede estarla a día de hoy en las nuestras. 

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sábado, 11 de noviembre de 2023

MI VECINO TOTORO (1988), DE HAYAO MIYAZAKI.

Narrada desde un punto de vista infantil, Mi vecino Totoro cuenta la historia de dos niñas que se trasladan con su padre desde la gran ciudad a una zona rural para estar cerca de su madre convaleciente en un hospital. Es una especie de Alicia en el país de las maravillas, pero que muestra seres benignos y ocultos que conviven con esa familia en la realidad. Así pues, los descubrimientos insólitos que va mostrando la sencilla trama de la película el espectador los contempla con los ojos asombrados de la infancia, con mucha más curiosidad que miedo, aunque al principio lo que sucede pueda parecer inquietante. Al final Totoro - un ser que se ha convertido en una especie de icono a nivel mundial - es una especie de peluche gigantesco de carácter tranquilo y afable y suponemos que un guardián del maravilloso entorno en el que han empezado a vivir las niñas. Como curiosidad, el punto de vista adulto de la película está protagonizado por un padre que, lejos de intentar corregir los supuestos delirios de sus hijas, estimula su imaginación y las insta a que sigan investigando, quizá hasta un poco envidioso de que esa etapa maravillosa de descubrimientos haya acabado para él. A Mi vecino Totoro le falta la complejidad de otras películas de Miyazaki, pero está tan bien realizada que se contempla con sumo agrado.

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domingo, 5 de noviembre de 2023

COLORADO JIM (1953), DE ANTHONY MANN.

Prodigioso western de tándem Anthony Mann-James Stewart que narra el encuentro fortuito entre varios personajes: un caza-recompensas que persigue a un valioso fugitivo, un buscador de oro muy codicioso, un inestable soldado que acaba de ser licenciado con deshonor y el mismo fugitivo, cuando es capturado con su joven amante. Una vez presentado el elenco, la película juega inteligentemente con el choque de personalidades tan variopintas y con las negociaciones que deben establecer entre ellos para que todos saquen provecho de la situación, mientras el prisionero intenta jugar sus cartas y provocar disensiones en el grupo. Lo mejor de Colorado Jim es que aquí no existen héroes. Todos los personajes actúan por motivos egoístas, incluido un protagonista especialmente traumatizado por las circunstancias de su reciente pasado, por lo que su moral no se diferencia demasiado de la del asesino al que llevan a la horca. A destacar el tiroteo de la escena final, un prodigio de colocación de las cámaras y montaje. Sorprende contemplar hoy en día una película con clara vocación comercial de los años cincuenta protagonizada por este grupo de personajes con virtudes tan poco heroicas, por mucho que al final se intente mostrar una especie de semi-redención por parte del protagonista.

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sábado, 4 de noviembre de 2023

FERIA (2020), DE ANA IRIS SIMON. EL PASADO IDEALIZADO.

El comienzo de Feria expresa las mismas ideas que hicieron famosa a su autora cuando pronunció su célebre discurso cuando fue invitada al palacio de la Moncloa con motivo de la presentación de un plan gubernamental para recuperar entornos rurales depauperados y progresivamente despoblados. Ana Iris Simón evoca la vida de sus padres a su misma edad y dice envidiarla, ya que ellos tenían los medios para comprar una casa y fundar una familia, posibilidad que está vetada a la mayoría de los miembros de su generación. El discurso de la escritora toca teclas sensibles y hurga en la herida de unos jóvenes que deben sobrevivir con trabajos precarios, compartiendo vivienda de alquiler y consolándose con pequeños lujos tecnológicos o con viajes exóticos de fin de semana, pero que jamás contemplan un horizonte de estabilidad del que sí disfrutaron sus padres. 

Estas palabras, con las que se puede estar más o menos de acuerdo, se han intentado enmarcar en un determinado discurso político, como sucede con todo en este país, apelando a la lógica de que las personas que abogan por anhelar una familia tradicional son sin duda de derechas. Que ninguno de los partidos que nos ha gobernado hasta ahora haya sido capaz de abordar con eficacia el problema del paro juvenil, de los bajos sueldos, de la subida incesante de los precios de la vivienda y de la inestabilidad laboral, parece no tener importancia. Lo verdaderamente relevante es ser fiel a unas siglas y tomar posición en las lamentables guerras culturales que desde hace años monopolizan la batalla política frente a los problemas cotidianos de la gente común. Así se expresa al respecto la autora en una entrevista recientemente publicada en El Cultural:

"Yo creo que hay verdades que están más allá del paquete ideológico que se supone que uno ha de comprar si es de izquierdas o de derechas, y eso no tiene que ver con posicionarse en el centro o ser equidistante, sino con comprometerte tanto con la realidad como para cuestionarte incluso tus propias ideas. Lo que sucede es que tenemos una derecha y una izquierda política y mediática del todo despegadas de lo que pasa en la calle."

A pesar de su potente comienzo, tan reivindicativo, al final Feria no toma ese camino, sino que se dedica a evocar tiempos pasados - los de la infancia y juventud de la autora, sobre los años noventa - y a narrar anécdotas familiares a través de una novela costumbrista, bien escrita pero, después de todo, poco original respecto a los temas más tratados de nuestra literatura actual. Feria se lee con agrado, pero cuando uno la termina siente que es mucho más interesante la faceta periodística y polemista, siempre nadando contra la corriente de lo políticamente correcto y la lectura de esos artículos que actualmente publica en El País, tan provocadores y libres.

FUEGO EN EL CUERPO (1981), DE LAWRENCE KASDAN.

El gran Lawrence Kasdan bebe de las fuentes del mejor cine negro clásico para actualizar sus postulados con esta puesta al día del espíritu de títulos como El cartero siempre llama dos veces, de Tay Garnett o Perdición, de Billy Wilder. El calor malsano que envuelve la historia y que desemboca en su poderoso erotismo es una condición indispensable para que Fuego en el cuerpo funcione tan bien como lo hace. La mujer fatal - una excepcional Kathleen Turner - atrae a sus redes irresistibles al impulsivo Ned Racine, un abogado muy espabilado que en esta ocasión es manejado como un corderito hacia su perdición. El espectador sufre por él, ya que la historia está narrada desde su punto de vista. Sabemos desde el principio que Racine es un perdedor. Un tipo simpático que es capaz de acostarse con casi cualquier mujer que se le ponga a tiro, pero que está condenado a ser un mediocre abogado en un pueblo sin importancia. Así pues, la oportunidad que se le pone por delante no solo conllevará un premio erótico de primer orden, sino el final de sus problemas económicos. La trama está narrada con gran inteligencia y sus detalles, incluido el sorprendente giro final, deleitan a la vez que desazonan los sentimientos del espectador.

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miércoles, 1 de noviembre de 2023

TODO, A TODAS HORAS EN TODAS PARTES (2021), DE STUART JEFFRIES. CÓMO NOS HICIMOS POSMODERNOS.

El término posmodernidad es una de esas palabras que pueden hacer referencia a un gran número de significados y movimientos de todo calado. Para Stuart Jeffries la posmodernidad y el neoliberalismo han ido de la mano desde que, a principios de los años setenta, se rompió ese contrato social que cimentaba el llamado Estado del bienestar. Los nuevos tiempos políticos capitaneados por Reagan y Thatcher fueron dedicados a rechazar el papel de lo público como algo cada vez más residual y establecer un discurso que fomentaba una presunta libertad del individuo como garante de su propio destino en una jungla ultracapitalista en la que solo los más avispados (que suelen ser los que provienen de las mejores familias) podrían aprovechar para hacerse cada vez más ricos, mientras el resto sudaba para llegar a fin de mes. De ciudadanos hemos pasado a consumidores y las opciones políticas son ahora productos que podemos elegir o rechazar, pero en las que apenas podemos influir, porque al final todas se dedican a mantener el status quo a través de uno u otro disfraz. Jeffries lo expresa con palabras tan duras como estas:

"Los humanos territorializados no son distintos de esas ovejas que se han habituado hasta tal punto a su prado que no hace falta que este esté acotado por muros para mantenerlas en él. A nosotros también se nos puede dar libertad porque no se espera que hagamos uso de ella."

Pero el posmodernismo se ha vendido sobre todo como un movimiento cultural de carácter liberador, que al final deriva en un deseo permanente de consumo que es aprovechado por el capitalismo para cautivar a unas masas que se creen que esa libertad de elegir en un amplio mercado constituye su auténtica libertad. El proyecto original de la modernidad, como recuerda Jünger Habermas, era el de transmitir de manera natural los valores de la ciencia, el arte y la moralidad al conjunto de los ciudadanos, para que esa ética basada en la alta cultura rigiera en las vidas de al menos un amplio número de éstos. Al final estas áreas que debían haberse democratizado para fomentar un sano debate ciudadano también se han privatizado y han quedado en manos de expertos. La ilustración para el pueblo se ha convertido en una materia restringida controlada por ciertos despachos universitarios y, como sucede con todo, por unos políticos consagrados a unos intereses que apenas tienen que ver con el bienestar de la mayoría.

La otra cara de todo esto fue el buen provecho que pudieron sacar ciertos artistas de esta nueva libertad creativa que ha dejado atrás todos los tabúes tradicionales para abrazar la cultura de lo hiperreal, en la que todo es posible. El artista puede abrazar diferentes identidades, jugar con ellas y estimular a través de sus creaciones los deseos más íntimos de sus seguidores. Todo esto es aprovechado por la industria publicitaria para ofrecer nuevos productos en alianza con internet y las redes sociales, un espacio de libertad que cada vez está más copado por una determinada visión del mundo que fomenta los valores de autoexplotación y consumo rápido de los más variados productos, mientras desaparece la idea tradicional de privacidad del individuo. 

El auge actual de las políticas de la identidad, frente a la división entre clases sociales que fomentaba la lucha obrera, es otro de esos lodos surgidos del polvo de la posmodernidad, un movimiento de múltiples prismas que ha conformado el mundo que habitamos hoy, un mundo que se mueve entre la rapacidad omnipresente del capitalismo, el desastre provocado por el cambio climático y el individualismo absoluto que provocan las nuevas tecnologías a través de unas aplicaciones que permiten conectar con todo el mundo a todas horas y en todas partes, mientras estamos aislados en nuestros hogares.

LOS ASESINOS DE LA LUNA (2023), DE MARTIN SCORSESE.

Una de las especialidades del cine de Martin Scorsese es la de retratar la otra cara de Estados Unidos, sus episodios más oscuros que al final también son los que acaban dando forma a una nación. Los asesinos de la Luna nos lleva al Oklahoma de los años veinte, en los comienzos de la fiebre del petróleo. El descubrimiento fortuito de que sus tierras esconden una gran reserva de oro negro hace rica a la nación Osage, unos indios que habían sido asignados a una comarca aparentemente improductiva. A partir de aquí empieza un juego avaricioso y criminal protagonizado por los miembros de una familia que pretenden conquistar toda esa riqueza. El cerebro es William King Hale, que se aprovecha de las pocas luces de un sobrino recién llegado de la Primera Guerra Mundial como peón de sus planes. El papel que desempeña Leonardo DiCaprio interpretando a este sobrino es complejo, porque debe compatibilizar la devoción a su tío con el amor a una esposa india con la que aparentemente se ha casado por conveniencia, mientras van siendo asesinados todos los miembros de la familia de ésta. Aunque la narración que nos propone Scorsese es fascinante su larga duración supone un lastre. La película empieza de una manera excelente, con un ritmo perfecto, pero hacia la mitad se vuelve lenta y tediosa, para retomar su fuerza en el último acto. A destacar la soberbia interpretación de la desconocida Lily Gladstone, en un papel repleto de matices y emociones ocultas que sabe transmitir magistralmente en una película que, si hubiera sabido explotar mejor sus posibilidades, se podría haber convertido en una obra maestra.

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