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martes, 9 de mayo de 2023

ADIÓS, MUÑECA (1940), DE RAYMOND CHANDLER Y DE DICK RICHARDS (1975). UN HOMBRE SOLITARIO.

El detective privado Philip Marlowe es un hombre solitario. Está en constante conversación con sus semejantes, casi siempre por cuestiones profesionales, e incluso cuenta con algunos amigos, algunos policías, pero en el fondo se basta a sí mismo para sostener su cínica visión del mundo. Marlowe sobrevive en un mundo complejo repleto de gente de moral ambigua que, como él, mira en primer lugar por sus propios intereses. Quizá por eso se interese por ese gigantón Moose Malloy, porque, a pesar de su bestialidad y su falta de escrúpulos ante el asesinato, su objetivo es recuperar lo que él considera su amor perdido. Como no puede ser de otra manera, lo que al principio parece un caso sencillo se va complicando en una maraña de intereses que implica a las altas esferas, aunque seguir la trama de Adiós, muñeca es bastante más asequible que la de El sueño eterno.

Como puede deducirse de esta reflexión que tiene consigo mismo en el peor momento de la trama para sus intereses, Marlowe es un luchador y no se detiene siquiera cuando hay asesinos dispuestos a acabar con él:

"—De acuerdo, Marlowe —dije entre dientes—. Eres un tipo duro. Un metro ochenta de acero templado. Ochenta kilos en cueros y con la cara lavada. Buenos músculos y buen fajador. Puedes salir adelante. Te han dado dos veces con una cachiporra, casi te estrangulan y te han hecho papilla la mandíbula con la culata de un revólver. Te han inyectado opio hasta las cejas y te han mantenido la dosis hasta volverte tan loco como un rebaño de cabras. ¿Y a qué se reduce todo eso? Al pan nuestro de cada día. Vamos a ver si eres capaz de hacer algo realmente difícil, como ponerte los pantalones."

La adaptación de Dick Richards, muy fiel a la novela original y capaz de simplificar algunos nudos del argumento, presenta a un detective ya muy maduro, un magistral Robert Mitchum que se queja nada más aparecer en pantalla de lo viejo que se está volviendo para ese trabajo (el actor tenía 57 años cuando la rodó). La ambientación respeta a los clásicos del cine negro, pero el director también aprovecha el ambiente cínico del Hollywood del momento, que estaba reiventando todos los géneros, para poner su granito de arena al respecto. A destacar escenas tan impresionantes y que definen estupendamente al personaje como la del interrogatorio de la madame de un burdel, que interroga a Marlowe asestándole varios guantazos, consiguiendo que el protagonista responda con un contundente puñetazo en el rostro de la mujer, a pesar de poner su vida en peligro con esa acción. Ese es Marlowe, alguien muy paciente y metódico en su trabajo, pero que también tiene sus límites.

P: 7

viernes, 14 de mayo de 2021

EL SUEÑO ETERNO (1939), DE RAYMOND CHANDLER Y DE HOWARD HAWKS (1946). HISTORIA DE UN DETECTIVE.

No hay detective de novela negra más famoso que Philip Marlowe - con permiso de Sam Spade - y eso da una entidad casi mítica al personaje. Desde el mismo comienzo de El sueño eterno descubrimos a un tipo duro y seco, con una gran habilidad dialéctica y profundo conocedor de los aspectos más sórdidos de la urbe de Los Ángeles, algo muy útil para su trabajo. Pero el aspecto más destacado de Marlowe es que posee un código ético que le hace casi insobornable, algo muy peculiar para un tipo que constantemente ha de ir moviéndose en los márgenes de la ley y los traspasa con frecuencia. También hay que decir que es muy inteligente (sin llegar a los niveles de genialidad de un Sherlock Holmes) y su cabeza es capaz de ordenar con rapidez las tramas más enrevesadas. En un determinado momento, él mismo describe su labor cotidiana:

"Trabajo en un caso. Vendo lo que tengo que vender para ganarme la vida. Las agallas y la inteligencia que Dios me ha dado y la disponibilidad para dejarme maltratar si con ello protejo a mis clientes. Va contra mis principios contar todo lo que he contado esta noche sin consultar antes al general. Por lo que respecta a encubrimientos, también yo he trabajado para la policía, como usted sabe. Se encubre sin descanso en cualquier ciudad importante. Los polizontes se ponen muy solemnes y virtuosos cuando alguien de fuera trata de ocultar cualquier cosa, pero ellos hacen lo mismo un día sí y otro también para contentar a sus amigos o a cualquier persona con un poco de influencia. Y todavía no he terminado. Sigo en el caso. Y volveré a hacer lo mismo si tengo que hacerlo."

La peculiar forma de escribir de Raymond Chandler se adapta como un guante a las características de su personaje. Las descripciones de Chandler son tan metafóricas como irónicas y tienen un punto cinematográfico que ayuda muchísimo al lector a ubicarse en cada uno de los escenarios. Unos escenarios poblados de lo peor de la sociedad: chantajistas, gangsters de poca monta, asesinos de sangre fría y caliente... Una respetable librería puede ser la tapadera de un sórdido negocio de pornografía dedicado a extorsionar a mujeres. Da la impresión de que Marlowe se mueve por una ciudad en blanco y negro con una infinita gama de grises. 

El moverse constantemente por estos ambientes ha hecho de Marlowe un tipo cínico y fatalista: sabe que en cualquier momento puede acabar tirado en un callejón con un tiro en la cabeza, por lo que no le importa beber a cualquier hora del día o de la noche. Él es perfectamente consciente de que se la juega por unas tarifas irrisorias, que le permiten mantener un pequeño despacho-apartamento en el centro de la ciudad, pero sería incapaz de vivir de otro modo, lo que hace de él un tipo absolutamente desesperanzado, alguien que simplemente vive al día. En realidad en El sueño eterno el detective actúa como un nexo entre el mundo de riqueza de los Sternwood y el mundo del hampa con el que flirtean las dos hijas del patriarca, una especie de empleado de la limpieza para dejar a salvo el buen nombre de la familia. 

La adaptación cinematográfica de Howard Hawks es un ejemplo modélico de cine negro y un perfecto vehículo de lucimiento para un Humphrey Bogart con un papel que le viene como anillo al dedo, aunque sea un poco más bajo que el Marlowe literario (se hace una pequeña broma con eso al principio de la película). El Marlowe de Bogart es una especie de precedente de James Bond en el sentido de que es capaz de seducir a toda mujer que se encuentra en su camino sin proponérselo, incluso cuando se muestra grosero y cínico con ellas. A diferencia de lo que sucede en la novela, la presencia de Lauren Bacall interpretando a Vivian Sternwood, hace que el personaje viva una historia de amor con Marlowe, aunque quizá intuyamos que es un romance entre dos personas antagónicas y, por lo tanto, destinado al fracaso. Uno de los pequeños defectos de la película es la trama. Sin haber leído la novela es difícil de seguir, debido a la rapidez en la que se suceden los acontecimientos y la abundancia de personajes, pero en realidad eso es lo que menos importa: la obra de Hawks es disfrutable ante todo por el halo mítico de todas y cada una de sus escenas. Una película ciertamente irrepetible y a la que cualquier cinéfilo ha de volver con frecuencia. 

domingo, 15 de noviembre de 2020

1280 ALMAS (1964), DE JIM THOMPSON Y DE BERTRAND TAVERNIER (1981). EL ASESINO DENTRO DE MÍ.

1280 almas está escrita en primera persona. Aunque al principio Nick Corey se nos aparece como un tipo poco inteligente y bastante bobalicón, poco a poco vamos descubriendo que en realidad el comisario de Potts Country, un pequeño pueblo sureño de Estados Unidos, es una persona de naturaleza muy astuta. Para sus vecinos es un representante de la ley vago y bonachón, que evita la acción tanto como puede, pero en realidad esa actitud le permite llevar la vida reflexiva que le gusta, donde el sueño y la alimentación abundantes son factores fundamentales. Como no podía ser de otra manera, el protagonista se lleva muy mal con su mujer (las circunstancias de su boda fueron bastante curiosas) y tiene facilidad para buscarse amantes entre las aburridas damas del pueblo. 

La tranquilidad de Potts Country es solo aparente: de vez en cuando pequeñas explosiones de violencia alteran la vida cotidiana de sus habitantes, sobre todo porque hay algunos de éstos que son racistas puros y se jactan de ello, maltratando a sus vecinos de color ante la indiferencia del resto los residentes, incluido el comisario. En realidad, Nick está harto de su vida y de que haya vecinos que le traten con poco respeto, como si él también fuera representante de una raza inferior. Esto va a derivar en una explosión de violencia muy muy controlada por su parte. Su plan, que nos va desgranando poco a poco y de una manera natural, como si asesinar fuera un acto cotidiana sin apenas importancia, nos muestra al auténtico Nick Corey, un hombre que es capaz de cualquier cosa con tal de recuperar la autoestima perdida y que no está dispuesto a dejarse arrebatar su cómodo puesto de comisario en las próximas elecciones, ya que sabe que no podría trabajar de otra cosa.

Así pues, 1280 almas, como toda la buena literatura negra, aprovecha para exponer al lector crudas dosis de crítica social, sin filtros de ninguna clase, ya que el lenguaje del protagonista es llano y a veces brutal, propio de una visión del mundo en la que solo mantienen su posición los que son capaces de defenderla con todos los medios a su disposición y dejando de lado cualquier conflicto moral. A veces Nick, en sus reflexiones, tiene momentos de gran lucidez:

"A veces pienso que quizá sea ésa la causa de que no progresemos tanto como en otras partes de la nación. La gente pierde tantas horas de trabajo linchando a los demás y gasta tanto dinero en sogas, gasolina, emborracharse por anticipado y otros menesteres necesarios, que queda muy poco para fines prácticos."

La versión cinematográfica de Bertrand Tavernier traslada la historia de 1917 a 1938 y la sitúa en el África Colonial francesa, pero por lo demás, se trata de una adaptación muy literal del texto de Thompson, aunque su protagonista se nos muestre con un tipo tan sosegado y aparentemente bonachón que suscite muchas más simpatías que su versión literaria. Aunque de metraje un poco excesivo, la película se sostiene en las magníficas interpretaciones de Philippe Noiret e Isabelle Huppert y es capaz de reflejar el espíritu de la novela, ya que traslada el racismo y la violencia soterrada sureños a una sociedad cultural y geográficamente muy distante. 

lunes, 31 de julio de 2017

LLAMADA PARA EL MUERTO (1961), DE JOHN LE CARRÉ. UN ESPÍA IMPERFECTO.

Uno de los personajes literarios más icónicos de la segunda mitad del siglo XX es George Smiley, un miembro del MI6 británico, presentado por Le Carré como un auténtico antihéroe. En realidad, conocemos a un hombre cuyo pasado nos parece mucho más interesante que su presente, puesto que la psicología de Smiley está marcada por dos hechos fundamentales: el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, que pasó en gran parte en Alemania, lo cual le dejó traumas imborrables (solo hay que pensar lo que sucedió con su ciudad favorita, Dresde) y la relación con su ex esposa, Ann, una mujer bella y frívola, que se hartó pronto de aburrido Smiley, pero cuya presencia fantasmal (a veces también en forma de cartas), sigue pesando en su vida.

Además, Smiley es un espía contrario al modelo James Bond, un personaje con los pies en la tierra. Se trata de un hombre cincuentón, poco atractivo, propenso a la depresión que, para más inri, detesta la violencia. Smiley es más bien un cerebro pensante que prefiere el despacho a la calle, aunque al final la naturaleza de su trabajo le obligue a continuas salidas, casi siempre nocturnas - el ambiente creado es uno de los grandes aciertos de esta primera novela de Le Carré -. La trama no resulta muy compleja y casi es más detectivesca que estrictamente de espías, pero tiene el suficiente grado de sordidez como para hacerla interesante. El enemigo aquí, como es propio de los años dorados de la Guerra Fría, es el bloque comunista. A veces en la novela la lucha se torna más ideológica que violenta. El bloque del Este está repleto de comunistas convencidos, que creen obrar en pos de un bien superior. Smiley tiene clara su posición: él detesta el comunismo porque ama el individualismo:

"Odiaba la prensa, como odiaba los anuncios y la televisión, odiaba los medios masivos, el inexorable adoctrinamiento del siglo XX. Todo lo que admiraba o quería había nacido de un intenso individualismo. Por eso odiaba a Dieter, y odiaba más que nunca lo que él defendía: el fabuloso absurdo de renunciar al individuo a favor de la masa."

¿Qué pensaría Smiley del legado que ha dejado el triunfo absoluto del capitalismo? ¿Somos más individualistas que nunca o la mayoría sigue siendo masa aborregada? Llamada para el muerto es una novela un tanto rutinaria, y algo falta de ritmo, pero la brillante presentación de su protagonista hace que el lector se quede con ganas de continuar la serie.

viernes, 16 de octubre de 2015

EL PROTEGIDO (2015), DE PABLO ARANDA. LA COSTA DEL SOL LÓBREGO.

A veces leemos distraidamente titulares en la prensa que nos parecen mil veces vistos: asesinatos, ajustes de cuentas entre narcotraficantes. Todo rutina de un mundo sórdido que solo podemos atisbar. Sabemos que existe pero a la vez no tiene nada que ver con nosotros. Podemos ser testigos de una reyerta ocasional, de un vehículo que huye a toda velocidad de la policía. Lo contamos a nuestros amigos y familiares y al día siguiente seguimos con nuestras vidas y ese recuerdo se va evaporando: no nos pertenece. Pero ¿qué sucedería si la fatalidad nos hace partícipes de una de estas desagradables historias? Hitchcock era un especialista en narrar la experiencia de hombres corrientes enfrentados fortuitamente a acontecimientos extraordinarios. Este es el caso de Jaime, el protagonista de la nueva y magnífica novela de Pablo Aranda, que bebe del género negro sin olvidar el componente social de otras obras previas del mismo autor.

Jaime ha sido uno de esos seres que pasan desapercibidos en su etapa de estudiante, anulados por compañeros con un estilo de vida más rebeldes y a la vez más apetecibles sexualmente para las chicas, aunque ahora es él el que parece ser un imán para sus antiguos objetos de deseo, quizá porque ahora buscan a alguien más tranquilo y responsable. Si bien la vida de Jaime, en un primer vistazo, puede parecer anodina, hay ciertas peculiaridades en ésta bastante curiosas, a la vez que contradictorias. El protagonista es capaz de asumir la paternidad de un hijo que no es suyo y su sentido ético llega hasta el punto de devolver un dinero que quizá nunca será reclamado, pero por otra parte Jaime sufre de vez en cuando conatos de ira que casi siempre logra guardar en su interior, algo que quizá le sirva para actuar con una frialdad poco común cuando se ve enfrentado a circunstancias que no ha buscado, pero que ponen en peligro su vida y la de sus (pocos) seres queridos.

Uno de los mayores aciertos de El protegido es el saber insertar en la novela elementos dispares logrando con ello una historia muy coherente: la cotidianidad de la existencia de un joven que no encuentra la estabilidad vital, el tráfico de drogas, la fina línea que separa la culpabilidad y la inocencia, la ingrata labor de la policía o la adaptación de los inmigrantes económicos a la costa del Sol. En este último aspecto, es importante referirse a Marián, una marroquí adaptada plenamente a las costumbres de occidente, pero que conserva el estigma de sus orígenes. El mismo autor se refiere a ella en una entrevista publicada en El cultural:

"En concreto, me interesa el desarraigo, del que ya me he ocupado en libros anteriores. Y para tratar esto el inmigrante es un sujeto perfecto: no es de aquí pero, al emigrar, tampoco es de allí. En el caso del personaje de Marián, ella es inmigrante, musulmana y mujer; y cometió el error de comportarse en Marruecos como una francesa y aquí, en España, aunque está liberada y va a la universidad, sigue siendo una emigrante."

Entre todos estos acontecimientos, tan anodinos para el lector de periódicos, pero tan insólitos para quien no está acostumbrado a protagonizarlos, se alza la voz interior de Jaime, ese ser cambiante, capaz de adaptarse a las circunstancias y que, a pesar de las mujeres que marcaron su pasado inmediato, parece haberse enamorado por primera vez. Amor y muerte, conceptos difusos y aparentemente antagónicos, se dan cita en una novela de esas que se merece un lugar como la Costa del Sol, donde solo un observador meticuloso de la realidad como Pablo Aranda es capaz de auscultar los hechos cotidianos y dotarlos de un sentido que permanece oculto, de explorar aquellos rincones sórdidos de una ciudad turística como Torremolinos. Una narración ágil en la que - y este es uno de los mejores elogios que pueden hacerse a El protegido - el lector siente la misma angustia que el protagonista en muchos de sus pasajes. Quizá se trate de la mejor publicación de Aranda hasta la fecha. Absolutamente recomendable. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

LÁGRIMAS EN LA LLUVIA (2011), DE ROSA MONTERO. ¿SUEÑAN LAS REPLICANTES CON OSOS MADRILEÑOS?

Hace un par de semanas, Babelia, el suplemento cultural de El País, dedicaba un artículo a la llamada literatura de franquicia, es decir, aquellas obras que se basan en personajes y mundos creados anteriormente por otros autores y que gozan de un conocimiento universal: Sherlock Holmes, James Bond o Drácula. Entre todos estos, cómo es sabido, existen mitos literarios libres de derechos, por lo que pueden ser usados por cualquiera. Arthur Conan Doyle, por ejemplo, cuenta con cientos de continuadores, que han escrito miles de relatos basados en el detective más famoso de todos los tiempos, algunos excelentes. Algo parecido es lo que ha hecho Rosa Montero respecto al mundo descrito por Philip K. Dick en su famosa novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y sobre todo con su muy libre adaptación cinematográfica, Blade Runner, de Ridley Scott. Pero la escritora madrileña parece que ha sido prudente y ha ambientado su narración, no exactamente en el universo de Scott, sino en un futuro en el que se sigue hablando de la película y a los androides se les llama reps, en homenaje al término replicantes, que se usaba en la misma:

"Un día Yiannis le había mostrado a Bruna la vieja y mítica película del siglo XX en donde se hablaba por primera vez de los replicantes. Se titulaba Blade Runner. Era una obra extraña y bienintencionada hacia los reps, aunque le resultó algo irritante: los androides tenían poco que ver con la realidad y, por lo general, eran más bien estúpidos, esquemáticos, aniñados y violentos. Por no mencionar a una tecno rubia que daba volteretas como una muñeca articulada. Aun así, en la película había algo profundamente conmovedor."

Nos encontramos en el Madrid del año 2109. El siglo XXI ha sido terrible para la raza humana. A pesar de haber desarrollado plenamente la inteligencia artificial, conquistado otros mundos, conocido a razas extraterrestres y haber unido la Tierra en una única entidad política, todo esto se ha conseguido a un alto precio de guerras continuadas y sangre, además de un deterioro irreversible en el clima de nuestro planeta. La autora va dosificando esta información y poco a poco vamos conociendo las características de este rico universo que ha construido, según confesión propia, para ambientar en él una serie de novelas, de las que ya se han publicado esta Lágrimas en la lluvia y El peso del corazón

La protagonista, Bruna Husky, es una antigua androide de combate que ahora vende sus servicios como detective. Como todos los reps, Bruna ha sido dotada de una memoria artificial, ya que su existencia comienza a los veinticinco años. A pesar de ello, puede recordar perfectamente su infancia y los momentos más dramáticos que definieron su personalidad. Sabe que se trata de recuerdos implantados, que son mentira, pero que sin esa identidad no sería nada. Precisamente ese es uno de los grandes temas de la novela de Montero (como sucedía en la película que le precede), esa escurridiza identidad que nos define y que a la vez está conformada por una serie de acontecimientos vitales que seguramente no sucedieron exactamente de la forma en la que los recordamos. En ese sentido, los humanos nos parecemos mucho a estos androides de ficción, que quizá sean una realidad dentro de unas décadas. Pero la gran tragedia vital de Bruna tiene más que ver con conocer la fecha de su muerte (los androides solo viven en torno a los diez años, debido a una enfermedad celular irreversible que les afecta en torno a los treinta y cinco), por lo que recuerda repetidas veces los años, meses y días que le restan de existencia. Algo muy parecido a nuestra inquietud ante la inevitable extinción, pero acentuado por conocer la fecha casi exacta.

En la página de Austin Miller, la escritora comenta algo muy interesante sobre este asunto: 

"Claro, un tema de Lagrimas es justamente ese, la identidad, qué nos hace ser personas, qué nos hace ser humanos, qué nos hace ser lo que cada cual es, una identidad que, por otra parte, cambia todo el rato. Para mi Bruna Husky es más humana que muchos humanos. Y no no creo en la existencia del alma, si tomamos el término en los límites del alma religiosa . Cómo se construye el yo, es decir, que nos hace sentir esta continuidad en el ser, es un misterio científico y filosófico fascinante."

Una de las virtudes de Lágrimas en la lluvia, es el equilibrio conseguido entre la trama detectivesca y la ambientación futurista. La profesionalidad de la novelista es patente a la hora de contar una historia interesante sin que escape en ningún momento a su control en uno u otro sentido, pues bien podría haber sucedido que Montero dedicara capítulos enteros a describir las vicisitudes del año 2109. Es difícil hacerlo a su manera, ofreciendo información de manera que el relato avanza de una manera natural, para conocer cada vez más aspectos de este Madrid en días extraños que en algunas cosas se sigue pareciendo al nuestro: esa presidenta eterna del gobierno regional (Esperanza Aguirre lo parecía hace cuatro años), ese miedo al terrorismo y a los movimientos políticos radicales, esa corrupción generalizada y estado de desinformación que también están hoy presentes. Además es una ciudad que todavía quiere aferrarse, aunque sea simbólicamente a su propia y difusa identidad, como le sucede a Bruna, aunque sea con la presencia casi escondida de ese oso, en cierta forma inmortal, símbolo improbable de una ciudad que se ha deshumanizado hasta el punto de que el aire y el agua puras son bienes de lujo. 

martes, 30 de abril de 2013

DESAPARECIÓ UNA NOCHE (1998), DE DENNIS LEHANE Y ADIÓS PEQUEÑA, ADIÓS (2007), DE BEN AFFLECK. EL SILENCIO DE LOS INOCENTES.


Resulta curioso el hecho de que cuando iba a estrenarse esta película en Reino Unido acababa de producirse el secuestro de Madeleine McCann, una niña muy parecida a la de la película (aunque luego la trama no tuviera nada que ver), así que se decidió absurdamente que había que retrasar su llegada a las pantallas. Como si la televisión no estuviera bombardeando todos los días con el caso de la niña desaparecida, había que proteger al ciudadano británico de una película donde raptaban a una niña con un gran parecido físico. Al margen de esta anécdota, Adiós pequeña, adiós, es una adaptación que supera ampliamente al original literario, una novela muy convencional con algunas buenas ideas, pero que se pierde en su pretensión de complejidad, una trama que Affleck fue capaz de simplificar sin perder en ningún momento el mensaje del libro. Aquí el artículo:

http://asociacioncristobalcuevas.blogspot.com.es/2013/04/adios-pequena-adios-justicia-y.html

sábado, 16 de febrero de 2013

COSECHA ROJA (1929), DE DASHIELL HAMMETT. BIENVENIDOS A POISONVILLE


En el debate que celebramos el mes pasado en torno a una novela de Markaris surgió el tema de los clásicos de la novela policial. A raíz de aquello, mi compañero Paco Torres escribió un estupendo artículo que recogía lo más destacado de la conversación y resumía lo más destacado de la novela negra. Eso ha despertado mi apetito y, obviando el hecho de que llevo muchos meses leyendo los relatos de Sherlock Holmes (ya queda poco para que se me acaben, una lástima) tenía ganas de acercarme a uno de los fundadores del género negro, que se diferencia de la mera novela policial en lo que aporta de crudeza y crítica social. El elegido ha sido Dashiell Hammett, de quien ya disfruté hace muchos años su clásico El halcón maltés.

Cosecha roja es una de las fundadoras del subgénero denominado hardboiled, que ha dado lugar a enormes cantidades de literatura barata, equiparable a las novelitas del oeste. Evidentemente, la escritura de Hammett goza de la suficiente calidad como para distanciarse de sus imitadores posteriores pero, en cualquier caso, Cosecha roja dicta muchas de las normas del género: escenarios urbanos decadentes, corrupción, crimen y mucha violencia.

El protagonista de la novela es un tipo tan frío que no parece humano. Se trata de un detective de la Continental que llega a una ciudad marcada por el dominio de varias bandas de gangsteres. Como si de un personaje de un western se tratara, se dedicará casi en solitario a limpiar la ciudad de escoria, lo que significa que los muertos se van a contar por decenas. El estilo de Hammett se parece mucho a su personaje: frío, preciso, simple y sórdido. El escritor estadounidense no pierde el tiempo en florituras estilísticas e imprime un ritmo casi cinematográfico a su relato. A veces, quizás por el primitivismo de su planteamiento, el lector que busque una crítica social más profunda puede sentirse decepcionado: la pluma de Hammett se irá puliendo en escritos anteriores.

Resulta difícil de creer que una novela como Cosecha roja, tan visual e impactante, no haya conocido ninguna versión cinematográfica pero, aunque intentos no han faltado, nunca ha llegado a rodarse. En todo caso, mientras leía, a mi mente acudían las imágenes de una de las mejores películas de los hermanos Coen, que reviso siempre que puedo: Muerte entre las flores, que recrea perfectamente el ambiente sórdido y decadente de ciudades como la Poisonville de Dashiell Hammett.

martes, 15 de enero de 2013

EL ACCIONISTA MAYORITARIO (2006), DE PETROS MÁRKARIS. LAS RAÍCES DE AMANECER DORADO.


No me parecía mala propuesta leer algo de Petros Márkaris en el club de lectura, aunque hubiera preferido que el elegido hubiera sido el primer libro de la serie del comisario Jaritos, no el quinto. Afortunadamente, es una novela que puede leerse de forma independiente respecto a las demás y con ella uno se puede hacer una idea del principal interés de Márkaris como escritor de novela policiaca: más que plantear un misterio e intrigar al lector, lo que se pretende es una crítica de la sociedad griega actual, la que, como la española, ha vivido (dicen) por encima de sus posibilidades.

La trama de El accionista mayoritario resulta ser lo más endeble de la novela: quizá Márkaris ha querido abarcar demasiado: el secuestro del barco donde viaja la hija del comisario por parte de un comando terrorista unido a la ola de crímenes protagonizada por un asesino en serie que dice querer acabar con el mundo de la publicidad. Ambas tramas daban para mucho más, aunque el hecho de que el autor las resuelva de manera anticlimática dice mucho del mundo en el que se mueve el protagonista, un mundo muy parecido al nuestro, donde no existen detectives-estrella y los casos se resuelven con una mezcla de paciencia y suerte. Su tarea policial, en realidad, consiste en interrogar al entorno de las víctimas (sin sacar demasiado en claro) y esperar los informes forenses, que tampoco ayudan mucho a la resolución del caso. Sólo la casualidad puede venir en su ayuda en el momento menos esperado: la vida misma. 

La otra vertiente de la novela es la que ofrece mayor interés: el comisario Jaritos en realidad es una especie de cicerone que guía al lector por el caos de la Grecia contemporánea. En este caso nos encontramos en la Atenas postolímpica, en la que las instalaciones que han servido a los atletas, una vez cumplida su función, se abandonan y quedan como refugio de mendigos: el perfecto escenario de un crimen. 

El carácter de Jaritos como detective, dista mucho del de sus colegas anglosajones. Él es un hijo del Mediterráneo y su núcleo familiar, a pesar de los dolores de cabeza que le produce, es lo más importante en su vida. Además, tiene un pasado siniestro: comenzó su carrera policial durante la dictadura y ha sido testigo de torturas a opositores políticos. Precisamente ese es otro de los temas de la novela. Como en nuestro país, muchos de los verdugos de la dictadura quedaron impunes y, por lo tanto, creen estar por encima del bien y del mal. Bajo su mirada se está engendrando un nuevo huevo de la serpiente, que implosionará con la llegada de la crisis ecónomica a Grecia: el nazismo de Amanecer Dorado, tan tristemente célebre en nuestros días.