Michael Corleone ha aceptado plenamente el envenenado legado de su padre y se pone como objetivo legalizar los negocios de su familia. Pero esta meta no es nada fácil y el protagonista debe huir hacia delante todo el tiempo dejándose en el proceso la poca humanidad que le quedaba. Porque Michael es el personaje trágico por antonomasia. Un joven culto que quería desarrollar su vida lejos de los negocios de su familia, al que las circunstancias le han colocado en el centro de los mismos. Comprender el funcionamiento de los Corleone supone un proceso complicado, de años, pero planificar y ejecutar el blanqueamiento de los negocios de la familia resulta casi imposible, porque el pasado siempre vuelve, ya que los antiguos socios siempre van a estar reclamando trozos de los nuevos pasteles que consigue Michael. Los Corleone han conseguido establecerse en Las Vegas, dejando los negocios de Nueva York a un antiguo colaborador, pero cuando la violencia irrumpe en su propio dormitorio, en forma de intento de asesinato, Michael debe poner toda la carne en el asador para recomponer la situación. Esto supone viajar a Cuba para negociar un casino con su futuro socio, el veterano mafioso Hyman Roth, precisamente cuando está a punto de triunfar la revolución de Fidel Castro. Además, deberá lidiar con el hecho de que su hermano Fredo parece haber traicionado a la familia. A la vez que sucede todo esto en pantalla, Coppola nos narra los comienzos de un Vito Corleone que llega a Nueva York a principios del siglo XX, como un niño que huye de una venganza familiar en Sicilia, convertido posteriormente en un joven que prospera en el mundo del crimen organizado gracias a su inteligencia y falta de escrúpulos. Aquí Vito Corleone es interpretado por un Robert de Niro que pone todo su talento actoral al servicio de un papel que nos recuerda al de Brando en la película anterior, ayudado por una ambientación magistral, puesto que la saga de El padrino no es solo un drama ambientado en la mafia, sino que es historia viva de los Estados Unidos. Lo más prodigioso de esta obra es que sostiene el nivel de la primera y es capaz de ampliar el universo que presenta la misma en forma de saga familiar que completa el cuadro ofrecido por la anterior.
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