"Todo lo que no os dijimos, las palabras que no supe pronunciar, que no me salían de los labios, que no me llegaban a la voz, que no logré arrancar de mi interior. Ni por timidez ni por torpeza, sino tal vez por temor a que esas palabras te duelan primero a ti y luego a mí. Eso sigue siendo un relato paralelo, abstracto, en perpetuo proceso, que flota, son las cartas nunca escritas, los gritos nunca proferidos, las confesiones postergadas. Imposible llegar a esas palabras."
Nuestros silencios parte de la experiencia de su autora como psicóloga clínica, una labor en el la que el silencio de la escucha tiene una importancia fundamental. Este ambiente clínico propicia que se pronuncien las palabras nunca dichas. Pasamos a ser dueños de nuestro silencia ser, voluntariamente, dueños de esas palabras que por fin salen al exterior ante alguien que manifiesta una escucha activa. Todo se reduce a saber cuando elegir hablar y cuando elegir callar. No poder elegir, por motivos psicológicos o por puro miedo es una restricción de la libertad intolerable, una circunstancia que no siempre se puede superar. A veces son las instituciones de poder - Estado, familia o el propio ambiente cultural en el que se mueve el individuo - las que propician esos silencios incómodos o incluso devastadores que solo pueden ser superados, si hay suerte, con el paso del tiempo. El libro de Joseph constituye una muy interesante reflexión sobre nuestra idea de silencio, que tiene mucho que ver con la de nuestra libertad como seres humanos.

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