Odio entre hermanos es un estupendo retrato de una familia de origen italiano que prospera en Nueva York. No se trata de los Corleone, sino de los Monetti, cuyo patriarca, después de regentar una humilde peluquería funda una casa de créditos muy próspera, pero que llega a tener problemas con la Hacienda estadounidense. Aquí Mankiewicz es capaz de reflejar en pocos trazos la personalidad del padre y de los cuatro hermanos que heredarán el negocio y sus conflictos presentes y futuros. Destaca ante todo la estupenda interpretación de Edward G. Robinson, al que se le ve disfrutar con un papel que le va como anillo al dedo, pues pone toda la carne en el asador para reflejar la pasión de un italiano que ha prosperado rápidamente a base de trabajo duro. Entre los hijos hay de todo: el aficionado al boxeo que se deja manipular por sus hermanos, el abogado inteligente que debe elegir entre una buena chica italiana y otra con una personalidad más ambigua y el que está casado con una dama de la alta sociedad que le exige un salario más alto a su esposo. La trama va derivando poco a poco desde el drama familiar al cine negro, sin llegar a ser una película pura del género. La trama, bastante compleja en realidad, es condensada de manera magistral en poco más de hora y media por su director, un guión que quizá hoy día podría justificar una serie de varias temporadas.
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