Una vez que ha llegado a la cima de su poder, Michael Corleone es un hombre roto y enfermo, asediado por los remordimientos por la muerte de su hermano Fredo y todos los asesinatos que se ha visto obligado a realizar para consolidar su posición. Lo encontramos en un momento en el que intenta recomponer la relación con su esposa e hijos. Su última esperanza de alcanzar la respetabilidad y dejar el oscuro pasado atrás es pactar con la Iglesia católica a través de la compra de parte de una de las mayores inmobiliarias de Europa. Mientras tanto, sopesa si debe dejar los antiguos negocios a manos de su impulsivo sobrino Vincent, el hijo bastardo de su hermano Sonny, ya que sus antiguos socios del hampa quieren participar de sus nuevos negocios, lo que haría de anhelada legalización de los mismos algo imposible. Este mismo Vincent podría traer otro tipo de problemas a Michael, ya que inicia un romance con su hija. El último de los Padrinos es un digno final a una de las mejores sagas de la historia del cine e introducir en la trama los negocios oscuros de una Iglesia católica repleta de personajes tan indeseables como los de la Mafia. Una de las mejores escenas es la de la confesión de los pecados del protagonista ante un cardenal, un personaje que parece limpio y que podría guiar la redención de Michael, algo que le es negado al final de la película, donde el personaje recibe el peor de los castigos. Los cambios que realizó Coppola en esta nueva versión son bastante irrelevantes y la fuerza de la historia sigue siendo la misma, la de una tragedia absoluta que cruza unas cuantas décadas hasta llegar a su punto culminante en las escaleras de la ópera de Palermo. El impresionante grito de horror de Michael es solo un pálido reflejo de lo que está sucediendo en su interior.
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