Homicidio en primer grado comienza informando al espectador de que se trata de una película basada en hechos reales, pero cuando uno accede a la información real acerca de Henri Young, el preso en el que se inspira la historia, advierte que el guión ha edulcadorado en exceso su historia. Young no fue encarcelado en Alcatraz por robar cinco dólares para dar de comer a su hermana, sino por ser un ladrón de bancos y haber asesinado a una persona. Tampoco se corresponde con la realidad que pasara tres años en una celda de aislamiento en condiciones medievales. Y el asesinato del compañero que lo delató en su intento de fuga fue mucho más premeditado que lo sugiere la película. Dicho esto, Homicidio en primer grado es un drama carcelario que se sostiene sobre todo por el trabajo de un inmenso Kevin Bacon, que hace creíble a un personaje totalmente roto por el trato recibido en prisión. El resto consiste en un trama convencional protagonizada por un joven abogado que pelea contra los abusos del sistema e intenta probar que, lejos contener un programa de rehabilitación, la cárcel de Alcatraz empeora la conducta de los criminales debido al trato que reciben en la misma. La descripción de este ambiente carcelario y estremece al espectador, pues la película consigue mostrar a sus presos como víctimas. En cualquier caso, Homicidio en primer grado podría haber sido mucho mejor si se hubiera amoldado más a la realidad de los hechos que cuenta.
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