lunes, 30 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD (2026), DE PEDRO ALMODÓVAR.

Pedro Almodóvar elige de nuevo a sus propias experiencias como material de su guión y entrega una historia repleta de personajes guapos y que gozan de una envidiable riqueza material, pero que están amargados por diversas causas. El principal problema de Amarga Navidad es que ni las actuaciones ni los diálogos de sus actores son en absoluto creíbles, ni en la ficción que está inventando el director protagonista para su próxima película ni en su propia realidad, de la que extrae su inspiración como si fuera un vampiro para la gente que lo rodea. Y este es precisamente el tema que quiere plantear Almodóvar, los difusos límites entre realidad y ficción y el derecho del creador para apropiarse de las historias que lo rodean, por muy privadas que sean éstas, para poder verterlas en su arte cinematográfico, como ya hicieron antes directores como Fellini. Aunque al principio se sigue la historia con interés, el espectador pronto empieza a aburrirse ante esa colección de dramas sin sustancia, muy impostados y tremendos. Bien es cierto que la estética de la película y su dirección son impecables, pero eso no basta para mantener el interés en una narración que se va diluyendo poco a poco hasta provocar el desinterés más absoluto. Una obra tremendamente fallida que no desmerece en absoluto el legado de este gran director.

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