domingo, 23 de octubre de 2022

TENÉIS QUE VENIR A VERLA (2022), DE JONÁS TRUEBA.

Tenéis que venir a verla no es cine para todos los públicos. Jonás Trueba realiza un retrato minucioso y costumbrista de unos personajes que a priori no son los que cabría esperar que aparecieran en una película, puesto que sus acciones y sus inseguridades se parecen más bien a los que se dan en la vida cotidiana de cualquiera de los espectadores. Aquí se sigue el encuentro entre dos parejas de amigos en dos momentos distintos - separados por siete meses - durante la pandemia por coronavirus. Los personajes hablan, quedan en silencio e intentan establecer una comunicación fluida con sus interlocutores, aunque existe una especie de incomodidad de fondo, como si en el fondo los encuentros tuvieran lugar por compromiso, por no cortar del todo los lazos entre ellos, más que por amistad. A pesar de su duración de una hora existen muchos momentos de pura rutina vital en la película de Trueba: un viaje en cercanías en el que un personaje lee y el otro reflexiona mirando a la ventanilla o el mismo comienzo de la película, en el que los cuatro escuchan durante diez minutos un concierto de Chano Domínguez. Es como si al director le interesara sobre todo dejar constancia de que la vida está compuesta sobre todo de esos momentos de rutina que se suceden unos a otros, sin que ocurra nada notable que vaya a ser recordado tiempo después. Por todo ello resulta un poco impostado que, en el encuentro en el chalet, se saque a colación un libro de Peter Sloterdijk, para terminar de dar un gran toque intelectual al asunto. Según he estado observando, este es el modelo de película que entusiasma a la crítica pero aburre al público. Desde mi punto de vista, se trata de una obra demasiado enfocada al mundo personal e íntimo de su autor.

P: 5

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