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sábado, 26 de abril de 2025

VOLVERÉIS (2024), DE JONÁS TRUEBA.

Crónica de la separación de una pareja que intenta convertir lo que para la mayoría es un hecho íntimo y desagradable en una fiesta a la que invitar a todos sus amigos. Intentando moverse entre Éric Rohmer y Woody Allen Trueba compone una película bastante aburrida protagonizada por dos seres bastante ególatras que se pasan la película movilizando a numerosas personas - algunas de las cuales hace mucho que no ven - para protagonizar su pequeño drama y ser admirados como personas originales. Volveréis se adorna de numerosas citas cultas, planos de libros y vida cultural en general, lo cual está muy bien, aunque en este caso todo se nota un tanto impostado, pues las conversaciones y las acciones no parecen fluir de manera natural. Más bien parece una película repleta de bromas privadas que solo pueden entender en toda su entidad los implicados en la misma. Hay partes de la misma que se ven con interés, como la visita al director Fernando Trueba, que hace de padre de ella, pero en conjunto Volveréis es una película fallida cuya visión se hace bastante pesada.

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domingo, 23 de octubre de 2022

TENÉIS QUE VENIR A VERLA (2022), DE JONÁS TRUEBA.

Tenéis que venir a verla no es cine para todos los públicos. Jonás Trueba realiza un retrato minucioso y costumbrista de unos personajes que a priori no son los que cabría esperar que aparecieran en una película, puesto que sus acciones y sus inseguridades se parecen más bien a los que se dan en la vida cotidiana de cualquiera de los espectadores. Aquí se sigue el encuentro entre dos parejas de amigos en dos momentos distintos - separados por siete meses - durante la pandemia por coronavirus. Los personajes hablan, quedan en silencio e intentan establecer una comunicación fluida con sus interlocutores, aunque existe una especie de incomodidad de fondo, como si en el fondo los encuentros tuvieran lugar por compromiso, por no cortar del todo los lazos entre ellos, más que por amistad. A pesar de su duración de una hora existen muchos momentos de pura rutina vital en la película de Trueba: un viaje en cercanías en el que un personaje lee y el otro reflexiona mirando a la ventanilla o el mismo comienzo de la película, en el que los cuatro escuchan durante diez minutos un concierto de Chano Domínguez. Es como si al director le interesara sobre todo dejar constancia de que la vida está compuesta sobre todo de esos momentos de rutina que se suceden unos a otros, sin que ocurra nada notable que vaya a ser recordado tiempo después. Por todo ello resulta un poco impostado que, en el encuentro en el chalet, se saque a colación un libro de Peter Sloterdijk, para terminar de dar un gran toque intelectual al asunto. Según he estado observando, este es el modelo de película que entusiasma a la crítica pero aburre al público. Desde mi punto de vista, se trata de una obra demasiado enfocada al mundo personal e íntimo de su autor.

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