miércoles, 25 de marzo de 2020

EL COLGAJO (2018), DE PHILIPPE LANÇON. EL APRENDIZAJE DEL DOLOR.

Hay un momento sumamente revelador en esta magistral crónica de bajada a los infiernos que narra este libro. Philippe Lançon, después de meses y meses de operaciones y de dolor se cree ya en trance de recuperación y viaja en el metro. De repente sube al vagón un joven magrebí, en cuya mirada él aprecia un gesto de desafío. Su impulso primario es huir, o al menos retirarse, poner un escudo de personas entre lo que capta como una amenaza potencial y él mismo: quizá en ese instante comprende que la recuperación total no llegará nunca, que conservará para siempre no solo las heridas físicas del rostro, sino también las espirituales: un miedo permanente que se activará cuando menos se lo espere.

Porque El colgajo es un libro autobiográfico muy especial. Se trata de una confesión, de la narración absolutamente veraz de lo que sucede después de sobrevivir a una experiencia tan traumática como un atentado terrorista. Lançon llega a describirse como un muerto en vida, como alguien que sigue existiendo, pero jamás volverá a ser el mismo, sintiéndose como si de repente la nada hubiera envuelto la esencia de su ser:

"La escena de repente improvisada flotaba en los escombros de nuestras propias vidas, pero no era la mano de un proyeccionista quien lo había detenido todo: eran unos hombres armados, eran sus balas; era lo que nosotros, los profesionales de la imaginación agresiva, no habíamos imaginado, porque algo así era simplemente inimaginable, al menos en la realidad. La muerte inesperada; el elefante metódico en la cacharrería; el huracán breve y frío; la nada."

El atentado a Charlie Hebdo no fue una acción cualquiera. Se trataba de un golpe al corazón de las libertades de occidente, a un medio de comunicación satírico que jamás había tenido pelos en la lengua a la hora de criticarlo todo, incluyendo a la religión islámica. La matanza implicaba un mensaje claro: quien se burlara de Mahoma merecía morir. Después de los hechos, hubo voces cobardes que, no justificando el atentado, mostraban un rechazo a la previa actitud provocativa de Charlie frente a lo se suponía sagrado, aunque la mayoría de los franceses optaron por un apoyo sin fisuras a las víctimas a través de un lema que hizo fortuna: "Je suis Charlie". Porque lo que se jugaba aquí era no ceder ni un milímetro en el derecho fundamental a la libertad de expresión frente a quienes defienden una organización social totalitaria. Como dejó dicho Voltaire: "Puede que no esté de acuerdo con tu opinión, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo."

Al final el lector siente que el sacrificio de Lançon, un mártir de la libertad de expresión, tiene un sentido, que su calvario supone una especie de redención para aquellos que creen que se puede aplacar a la bestia cediendo parte de la esencia de nuestra vida democrática a la amenaza de unos asesinos que dicen actuar en nombre de la religión de la paz. El colgajo, además de ser una obra literaria de primer orden, se erige así no solo en una reflexión acerca del dolor y su superación, sino también a la valentía de conservar las propias convicciones frente a los fanáticos e intolerantes.

jueves, 19 de marzo de 2020

LA ESPAÑA VACÍA (2016), DE SERGIO DEL MOLINO. VIAJE POR UN PAÍS QUE NUNCA FUE.

Vivo en un pueblo muy pequeño, pero no se puede decir que yo habite en la España vacía. Mi pueblo de adopción tiene excelentes comunicaciones. Puedo estar en diez minutos en un pueblo grande con todo tipo de servicios y en tres cuartos de hora en la capital. Aquí todavía hay muchos niños, aunque menos jóvenes, porque muchos tienen que buscarse la vida fuera. Sí que es cierto que a veces se alcanza en este lugar momentos de silencio pleno y absoluto, una experiencia que difícilmente puede vivirse en una gran urbe, como si el pueblo fuera un organismo pequeño, frágil y delicado que necesita periodos de descanso total para poder seguir con su existencia rutinaria.

Pero esta situación no es la habitual en muchos pueblos de la zona centro de España. Madrid, Barcelona y otras grandes urbes han actuado durante décadas como centros de atracción para millones de personas que dejaban su lugar natal, sin servicios, sin futuro, abandonado de la mano del Estado, por la promesa de una vida mejor empezando desde cero. Los cinturones de las grandes ciudades están repletos de barrios humildes, construidos con materiales baratos, que dieron alojamiento a aquellos que empezaban la gran aventura de sobrevivir en un entorno que un muchas ocasiones se les presentaba duro y hostil. Pero los fantasmas que se dejaban atrás pasaban a habitar las nuevas viviendas. Los nuevos madrileños o barceloneses jamás olvidan su origen e intentan transmitir a sus descendientes, al menos parte de su legado, aunque éste se va disipando poco a poco. Muchos de los que volvían de visita al pueblo se sentían como el protagonista del relato Los campesinos, de Chejov:

"(...) agotado de volver al campo por el eterno vaivén, el hambre, las pestilencias asfixiantes, la porquería, y odiaba y despreciaba la pobreza y sentía vergüenza de que su mujer y su hija vieran a su padre y a su madre."

¿Quienes son los que se quedan en esos lugares mal comunicados, aislados en invierno? ¿Quienes resisten viviendo sin el apoyo firme de la Administración que sí existe en otras partes? Son una especie resistente, gente mayor que se sabe abocada al fracaso, si es que alguna vez mantuvieron la ilusión de mantener el lugar con vida con nuevas generaciones de vecinos. A veces el aislamiento tiene resultados más trágicos y se producen crímenes cuyas motivaciones son absolutamente inversosímiles para cualquier urbanita. Por eso tenemos una visión negativa de estos lugares, como si estuvieran habitados por locos y eremitas que han decidido libremente cortar todo contacto con el resto de la sociedad. Estos pueblos salen del olvido solo cuando se produce una tragedia, como la de Fago, hace pocos años:

"Las tensiones y disputas, sin duda, son generalizadas, y un entorno pequeño las magnifica hasta niveles insoportables. En la ciudad todo se diluye, las cosas pierden importancia. Pero discutir y enfrentarse no lleva necesariamente al crimen. Tienen que concurrir otros factores muy especiales para que alguien apriete un gatillo. Pero Fago sólo fue noticia una vez en toda su historia, y se cree que hace mil años que está habitado. Una sola mención en las crónicas del país en un milenio. Cuando las aldeas de la España vacía salen en los periódicos nacionales siempre es en la sección de sucesos. Toda la información que recibimos de esos sitios, cuando la recibimos, es negativa. Es fácil cubrirlos de leyenda negra, imaginarlos como lugares asfixiantes donde pasan cosas terribles porque sólo sabemos que allí pasan cosas terribles. Matan a gente con brutalidad, y la matan por minucias miserables."

Pero este abandono estatal no viene de ahora. La leyenda negra de Las Hurdes, por ejemplo, tiene más de un siglo. Las Hurdes ha sido siempre el lugar emblemático del atraso, una especie de sitio salvaje en el mismo corazón de España, pleno de hambre y enfermedades. A pesar de que el retrato que nos ha llegado no siempre fue el correcto, puede servir como metáfora de una situación endémica, como la del lugar al que nadie quiere ir a parar. El libro de Sergio del Molino es una lectura muy sugerente, entretenida y reflexiva acerca de un problema recurrente, pero al que pocas soluciones se aportan. Leerlo en estos días de aislamiento y silencio produce una sensación especial, paradójicamente reconfortante. Quizá cambien muchas cosas en este país después de este trauma y puede que una de ellas sea el redescubrimiento de que la soledad a veces también aporta algunos beneficios.

martes, 17 de marzo de 2020

lunes, 10 de febrero de 2020

1917 (2019), DE SAM MENDES. EL TIEMPO ES EL ENEMIGO.

Para los veteranos de la Primera Guerra Mundial, para los pocos soldados que quedaran de entre los que comenzaron el conflicto en 1914, llegar al año 1917 prácticamente en la misma situación en la que se había estabilizado el frente occidental después de la batalla del Marne, debía ser una situación frustrante, una especie de pesadilla en la cual todos los días eran prácticamente iguales, salvo cuando el mando de uno u otro bando decidía intentar una ofensiva en su sector. La vida en las trincheras (recomiendo encarecidamente el cómic de Tardi La guerra de las trincheras y la novela El miedo, de Gabriel Chevallier), se distinguía por la extrema incomodidad de la falta de higiene, de espacio, la convivencia con ratas y otros parásitos y el peligro extremo de perder la vida en cualquier momento a causa de un obús o una bala perdida. 

Los protagonistas de 1917 son jóvenes, pero parecen llevar el suficiente tiempo padeciendo la guerra como para haber adquirido el grado de veteranos. Se les encomienda una misión: deben atravesar la peligrosa tierra de nadie para advertir a un oficial de que la ofensiva que está planeando contra los alemanes es una trampa que costará la vida a miles de hombres. A partir de ahí, la cámara sigue a los dos soldados y detrás de ellos va un espectador que va ir contemplando los paisajes dantescos que han dejado las recientes batallas: los muertos en posiciones grotescas, el omnipresente alambre de espino, el barro que dificulta el avance, las viviendas destruídas... Todo ello envuelto en un impresionante silencio que solo acentúa la sensación de peligro extremo de una misión casi suicida que los protagonistas han asumido con poco entusiasmo. 

Si en algo destaca la película de Mendes es en su pericia técnica: se trata de un plano secuencia ininterrumpido que abarca todo el metraje de la cinta, toda una hazaña cinematográfica, pero también un lastre narrativo. Me explico: el guión de 1917 es demasiado simple. Los protagonistas tienen que ir del punto A al punto B y deben esquivar diversos peligros. Lo que comienza siendo una descripción rigurosa de las consecuencias del conflictos acaba derivando en una especie de cinta de aventuras con un argumento propio de un capítulo de Las aventuras del joven Indiana Jones. El interés humano que se siente al principio acaba derivando en el propio del jugador de un videojuego que debe pasar una serie de pantallas hasta llegar a su objetivo final, debido a que en la segunda mitad de la película se acumulan una serie de episodios un tanto inverosímiles que suspenden la sensación de realismo conseguida hasta entonces. El final es bastante anticlimático. Cuando parece que por fin se nos va a ofrecer una buena secuencia de batalla, todo queda en algo muy anecdótico. Lo mejor, la frase que pronuncia el oficial al que han ido a buscar, a modo de conclusión, en un año en el que todavía no podía imaginarse cual seria el resultado de la contienda, algo como: "Esta guerra solo acabará cuando muera el último hombre de uno de los bandos". Históricamente, hubo momentos de tanta masacre sin sentido, que parecía que esa la estrategia general de ambos altos mandos.

viernes, 31 de enero de 2020

UN PUEBLO TRAICIONADO (2019), DE PAUL PRESTON. CORRUPCIÓN E INCOMPETENCIA.

“Empezando por la Monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo”. La cita de Ortega y Gasset de 1921 ha seguido desgraciadamente vigente durante décadas en la política española. El nuevo libro del hispanista Paul Preston pretende ser un estudio de uno de lo males más endémicos de nuestra historia reciente, una práctica que ha tenido épocas más o menos salvajes, pero que siempre ha estado presente, no solo empobreciendo las arcas públicas, sino también atizando conflictos, obstaculizando el progreso social, derribando regímenes y haciendo caer a gobiernos, algo que ha vuelto a suceder con el de Mariano Rajoy en mayo de 2018.

Si bien en muchos aspectos nuestra historia es equiparable a la de los países europeos de nuestro entorno, la gran anomalía española consiste en que ninguna de nuestra revoluciones consiguió romper del todo las cadenas impuestas por la tradición del Antiguo Régimen. La Iglesia y las grandes familias de terratenientes se las arreglaron siempre para conservar el poder o al menos su influencia en el mismo y cuando lo vieron peligrar, no han tenido nunca problemas morales para apelar a la violencia. Después del experimento no falto de buena voluntad y nobleza por parte de muchos dirigentes, pero fallido, que supuso la Segunda República, la democracia solo se ha establecido en nuestro país después de un doloroso pacto basado en el olvido institucional con el anterior régimen, lo cual consolidó un Estado de derecho moderno, pero dejó muchas costuras, sobre todo económicas y territoriales, mal hilvanadas, lo cual no ha traído sucesivos quebraderos de cabeza a los distintos gobiernos de la democracia y no ha podido reconciliar del todo a la ciudadanía con el siniestro pasado, quizá ya remoto en el tiempo, pero presente todavía en la realidad política del día a día.

Nuestro relato histórico está demasiado poblado por personajes como Primo de Rivera, Juan March (un financiero corrupto cuyo poder económico le permitió financiar una parte considerable del esfuerzo bélico de las tropas de Franco) o Alejandro Lerroux, que siempre anhelaron acercarse al poder con el fin prioritario de aumentar su riqueza personal. El mismo Franco, que se las daba de austero, había acumulado a su muerte una tremenda fortuna personal de la que siguen disfrutando sus herederos. Tampoco ha ayudado a nuestro progreso la actitud de muchos dirigentes de la izquierda, como Largo Caballero, de discurso intrasigente, incapaces de llegar a consensos básicos que evitaran la radicalización de la sociedad en bandos irreconciliables, como acabó sucediendo en los meses previos a la Guerra Civil.  

Un pueblo traicionado pretende ser también, como su propio nombre indica, un homenaje a la dignidad de un pueblo que ha tenido que padecer a un gran número de dirigentes a los que les ha importado muy poco el bienestar de sus ciudadanos y mucho el propio y el de sus allegados. Como siempre, la escritura de Preston está acompañada por un gran rigor histórico, aunque en esta ocasión no nos encontramos ante el mejor libro del autor de El holocausto español, dado que no ofrece, en rigor, todo lo que promete: muchos de sus capítulos, en vez de dedicarlos a excavar en las causas últimas de nuestra corrupción endémica, están dedicados a la narración de acontecimientos históricos ya muy conocidos. Resulta curioso que la mayor profundidad se encuentre en los últimos capítulos, los dedicados a los gobiernos del PSOE de Felipe González y del PP de Aznar. Los viejos demonios de nuestra historia nunca acaban de partir del todo.

EL VIAJE DE MARCEL GROB (2018), DE PHILIPPE COLLIN Y SÉBASTIEN GOETHALS. ECOS DE MARZABOTTO.

Dejo aquí la reseña del absorbente tomo de cómic editado por Ponent Mon acerca de la experiencia de un joven reclutado por las SS a finales de la Segunda Guerra Mundial:

https://elplacerdelalectura.com/2020/01/el-viaje-de-marcel-grob-de-philippe-collin-y-sebastien-goethals.html