Me ha gustado muchísimo la nueva película de Matthew Vaughn.
Y no solo porque yo fuí un friki irredento de los mutantes en mis tiempos, sino porque es una estimulante propuesta de fantasía y aventuras y gustará igualmente a quien nunca se haya acercado a un cómic de los X-Men. Vaunghn realiza un acercamiento muy respetuoso al espíritu del original, desarrollando perfectamente a los personajes y dosificando sus espectaculares escenas de acción. Aquí el artículo:
De entre las muchas creaciones superheróicas nacidas de la fértil
imaginación de Stan Lee, quizá la más afortunada fue la de los X-Men,
que hicieron su primera aparición en formato
comic-book en
1963. Los hombres-X no eran superhéroes al uso. Salvaban a la humanidad
en repetidas ocasiones, sí, pero sus acciones no eran reconocidas, sino
que se les odiaba y temía, ya que se les suponía la siguiente escala en
la evolución humana, llamada a sustituir al Homo sapiens.
En
realidad, si leemos entre líneas, en la serie se está hablando del
racismo de los años sesenta, de la intolerancia hacia el diferente. Los
mutantes de Xavier buscan la integración, la coexistencia pacífica entre
humanos y mutantes. Pero Magneto, su némesis, pretende, inspirándose en
las ideas nazis que destruyeron su infancia, la preponderancia de los
hombres superiores, algo inevitable según su concepción darwinista del
mundo.
Lo
cierto es que, a pesar de su original planteamiento, en sus primeros
años la serie nunca llegó a despegar del todo. La imaginación de Stan
Lee se volcó en series como "Los cuatro fantásticos",
"Thor"
o "Spiderman", dejando a los mutantes un poco huérfanos de ideas. Esta
situación cambió a finales de los años setenta, cuando Chris Claremont
se hizo cargo de los guiones. Junto a John Byrne formaría un tándem que
daría lugar a los momentos más memorables de la serie, ya que se tomó la
decisión de humanizar a los personajes y profundizar en los caracteres
de miembros del grupo tan carismáticos como
Lobezno.
Todo esto llevó a que las series mutantes fueran las más vendidas
durante muchos años, lo cual produjo una obscena multiplicación de sus
títulos, a fin de explotar el filón.
El
último eslabón de esta popularización de los mutantes vendría a través
del cine. Bryan Singer fue el encargado de de adaptar esta franquicia a
la pantalla grande, con resultados más que notables en sus dos primeras
entregas, que incidían en el argumento de la discriminación de estos
seres, maravillas genéticas a los que la gente corriente observa
temerosa como a rarezas a las que hay que controlar de algún modo. Una
tercera entrega, de mucha menos calidad que las dos anteriores y una
decepcionante producción dedicada en exclusiva a
Lobezno parecían haber agotado las posibilidades de la franquicia. Hasta la aparición de la película de Matthew Vaughn.
"X-Men, Primera generación"
es en realidad una precuela de las anteriores. Narra la amistad de
juventud del profesor Xavier y de Magneto, antes de pasar a ser enemigos
irreconciliables. Ambos están interpretados con suma solvencia. James
MacAvoy proporciona a su personaje una energía y optimismo que apenas
están ya presentes en el Xavier más maduro. La gran revelación de la
cinta es Michael Fassbender, que interpreta a un ser amargado y con una
gran ira interior, por haber perdido la infancia (y a toda su familia)
en los campos de exterminio nazis. Aunque Xavier lo intenta, su
redención es imposible y así lo comprende el espectador en las primeras
escenas, cuando utiliza su poder para matar a sangre fría a tres nazis
refugiados en Argentina.
Destaca también el carisma de
Kevin Bacon
interpretando al refinado Sebastian Shaw, torturador de Magneto en su
infancia y decidido a borrar a la raza humana de la faz de la Tierra a
través de su manipulación de las potencias contendientes en la
Guerra Fría.
Porque uno de los aspectos más destacados de la película es su cuidado
diseño de producción, que recrea a la perfección el ambiente de los años
sesenta. La aparición de una de las estrellas de "Mad men", January
Jones, interpretando a la Reina Blanca, no hace sino reforzar esa
impresión de regreso al pasado.
Es
de agradecer que la película del director de "Kick Ass" cuente con un
sólido guión, coherente con el universo mutante de los cómics y a la vez
perfectamente comprensible por el espectador neófito. Las escenas de
acción son tan espectaculares como dosificadas, porque lo que aquí
importa de verdad es profundizar en las relaciones entre personajes,
sobre todo en la truncada amistad entre Xavier y Magneto, que transmiten
una gran química en pantalla.
El reclutamiento y
entrenamiento de los primeros hombres-X se construyen a través de
escenas muy divertidas y dinámicas. El contexto de Guerra Fría en el que
se desarrolla la película es aprovechado perfectamente para integrar la
historia, siendo el momento culminante la crisis de los misiles de
Cuba, históricamente cuando la humanidad estuvo más cerca de un desastre
nuclear.
"X-Men,
Primera Generación" funciona perfectamente como película de aventuras
con pretensiones. Las referencias a otros filmes clásicos del género
están presentes en muchos momentos de la cinta. Hay algunas escenas que
recuerdan poderosamente los mejores momentos de la serie Bond. El viaje
de Magneto desde la luz a las tinieblas, con el odio como motor
principal, es similar al de Darth Vader en la serie "Star Wars". El
mismo Magneto se define a sí mismo como un Frankenstein de la era
moderna. En definitiva, una estupenda película que se toma muy en serio
la mitología mutante y a sus personajes, a la vez que esclarece algunos
enigmas que quedaron ocultos en la trilogía anterior.