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sábado, 12 de marzo de 2022
DÍAS DE RADIO (1987), DE WOODY ALLEN.
martes, 29 de septiembre de 2015
IRRATIONAL MAN (2015), DE WOODY ALLEN. UN ASESINATO FILOSÓFICO.
Irracional man nos presenta al profesor Abe Lucas, un filósofo muy popular entre los circulos académicos por la radicalidad de su pensamiento. Lucas, invitado a dar clases en un seminario veraniego de una Universidad, está pasando por una etapa nihilista y absolutamente autodestructiva. El especialista en filosofía debería ser el primero en aferrarse a las grandes construcciones teóricas de los genios del pensamiento para ser un maestro en el arte de vivir, pero en su caso el problema es que no sabe cómo relacionar dichas teorías con la vida real, tan prosaica y tan aburrida. Lo interpreta Joaquin Phoenix, un actor que parece haberse especializado en este tipo de papeles de gente autodestructiva, de vuelta de todo. Lo curioso es que a Lucas le gustaría ser un lobo estepario, pero las mujeres se vuelven locas por él. Maduras y jóvenes, atraidas sexualmente por el hombre radical y además asumiendo un papel maternal para ayudarle a salir de un pozo negro que podría acabar en suicidio, lo cual no deja de ser una elección muy filosófica.
Los mejores momentos de Irrational man son precisamente los que nos describen al personaje de Lucas y nada mejor para exponer sus ideas que esas clases en las que reniega de las principales doctrinas filosóficas, como si fueran un decorado primorosamente construido, pero que se viene abajo cuando sobreviene la menor racha de viento. Es curioso que el protagonista solo recupere sus ganas de vivir cuando planifica y lleva a cabo un asesinato. Como en el caso del protagonista de Crimen y castigo, de Dostoiveski, el criminal pretende que su acción es justa, puesto que ha evitado un mal mayor, ha eliminado de la circulación a un ser que apenas puede llamarse humano, puesto que su existencia estaba consagrada a cometer injusticias sobre otros. El propio Allen confiesa en una entrevista publicada por la revista Caimán Cuadernos de Cine su obsesión, a pesar de ser considerado un director de comedias, con la faz oscura del ser humano:
"Mi pesimismo es crónico. En eso nada ha cambiado. Mi pesimismo era tan profundo hace cuarenta años que no podía llegar más lejos. Siempre he tenido una visión muy oscura de la vida, de la gente y todavía la tengo."
Como ya he dicho, la premisa del film es muy interesante, y nos recuerda que una de las obsesiones de su director, repetida en algunos de sus mejores filmes, como Delitos y faltas o Match Point es esa atracción hacia el abismo que produce el hecho irreversible de matar a otro. Pero lo que en estas dos películas se convertía en una historia coherente y que no decaía en ningún instante, en Irrational man se convierte en una narración muy liviana y casi intrascendente, a pesar de la gravedad del asunto tratado. Por desgracia, no nos encontramos ante una de las grandes películas del director neoyorkino, más bien ante una reiteración de una de sus inquietudes, que ya había sido mostrada con un tratamiento muy superior en anteriores trabajos.
martes, 19 de noviembre de 2013
BLUE JASMINE (2013), DE WOODY ALLEN. MADAME DE...
lunes, 23 de septiembre de 2013
DELITOS Y FALTAS (1989), DE WOODY ALLEN. CRIMEN SIN CASTIGO.
http://asociacioncristobalcuevas.blogspot.com.es/2013/09/delitos-y-faltas-de-woody-allen.html
domingo, 4 de noviembre de 2012
A ROMA CON AMOR (2012), DE WOODY ALLEN. LA VIDA ES BELLA.
Woody Allen es uno de los pocos creadores optimistas que nos quedan. Tras el paréntesis londinense, donde contó historias más sombrías, el cineasta ha vuelto a sus temas de siempre: el amor y sus múltiples variantes, las relaciones de pareja y los eternos conflictos que conlleva. De hecho esta película tiene algunos preocupantes paralelismos con dos obras muy recientes: Vicky Cristina Barcelona y Midnight in Paris: las tres son obras optimistas, cuyos protagonistas llevan una vida sin problemas económicos y cuya temática gira en torno a la insatisfacción vital desde el punto de vista sentimental. Además, las tres aprovechan para mostrar imágenes de postal de las respectivas ciudades que retratan: imágenes coloridas y que invitan al goce de la vida. Al menos de quien pueda gozarla.
A Roma con amor está dividida en varios episodios que se narran de forma paralela, cuyo único nexo de unión es que transcurren en la ciudad eterna. Contra todo pronóstico, el que más me ha interesado es el protagonizado por Roberto Benigni, que trata un asunto al que Woody Allen dedicó una extraordinaria película: Celibrity. Y es que el personaje de Benigni es un ciudadano normal y corriente que un día, sin comerlo ni beberlo, amanece siendo una de las personalidades más famosas de Italia. La que en principio parece ser una situación muy cómoda, deviene en seguida en una especie de purgatorio en el que no existe la vida privada, donde la existencia del famoso está dominada por la continua banalidad de actos sociales que sólo sirven para hacer brillar a unas estrellas cuya popularidad tiene en ocasiones orígenes oscuros (en el sentido de que nadie sabe muy bien a qué se debe su fama). Esta es una situación que en este país nos desborda y que debería corregirse de algún modo, en pos de la salud mental de sus ciudadanos. En el caso del propio Allen, que conoce bien los efectos de la fama, es evidente que su celebridad viene de la maestría de su trabajo, y aún siendo su caso excepcional, él no puede evadirse de los absurdos de ser un rostro conocido que sólo puede ejercitar su privacidad dentro de los muros de su casa. De puertas afuera, como tantos otros, está sujeto a un continuo e injustificado escrutinio público.
El resto de las historias son mucho más convencionales. Tiene interés la protagonizada por Alec Baldwin (un arquitecto de éxito), Jesse Eisenberg (un estudiante de arquitectura) y Ellen Page (una joven aspirante a actriz), por actuar el primero como una especie de voz de la conciencia del segundo, ya que en su juventud (o quizá son sus recuerdos de juventud lo que estamos viendo) pasó por una experiencia similar a del joven estudiante de arquitectura. En suma, A Roma con amor es una película de visión muy agradable, pero que no deja demasiados recuerdos perdurables en el espectador.
viernes, 2 de marzo de 2012
ANNIE HALL (1977), DE WOODY ALLEN. EL AMOR DEL NEURÓTICO.
El domingo pasado hizo en Granada un día espléndido. Desde las calles de la ciudad se veía el blanco purísimo de Sierra Nevada contrastando con el azul del cielo. Al visitante le recibían carteles de Marlon Brando ataviado de Marco Antonio. Se celebraba el Festival de Cine Retro Back, una fiesta para los amantes del cine clásico. Desde hace una década, en la que todos tenemos reproductores de dvds y blue rays en nuestras casas, ver buen cine en versión original ha dejado de ser, por fortuna, la difícil tarea que era antes y uno puede organizarse gozosamente sus propios ciclos y poner las películas cuando le apetece, sin tener que someterse a los imposibles horarios (y a las inteminables pausas publicitarias) con las que nos torturaban las televisiones. Pero cuando existe la posibilidad de acudir al cine a ver un buen clásico, es difícil resistirse. La sala sigue teniendo su antigua magia y sentirse rodeado de seres que aman lo mismo que tú resulta especial. Y he de decir que la sala estaba llena. Me imagino que pasaría lo mismo con el resto de la magnífica programación.viernes, 10 de junio de 2011
MEDIANOCHE EN PARÍS (2011), DE WOODY ALLEN. PARÍS ERA UNA FIESTA.

Una sensación agridulce me dejó la última película de Woody Allen. El magnífico cartel es un estupendo resumen de lo que el espectador va a encontrar: un risueño Owen Wilson paseando por una ciudad maravillosa mientras se van cumpliendo sus sueños uno tras otro.
El comienzo es impecable: unas bellísimas vistas de París (mostrar el espléndido escenario es imprescindible en esta historia), que provocan la nostalgia en quienes hemos estado allí y estamos deseando volver algún día. Pero el problema principal es que la película es demasiado optimista: el protagonista no padece ningún conflicto grave. Tiene una buena vida como guionista en Los Ángeles, se hospeda junto a su prometida en un lujoso hotel parisino. Ésta no le agobia demasiado e incluso le deja salir a pasear solo para inspirarse con vistas a una incipiente novela que quiere escribir, aunque ella le esté poniendo los cuernos con el ser más pedante de la creación.
La historia de "Medianoche en París" recuerda poderosamente a la de "La rosa púrpura de El Cairo". El protagonista, transportado mágicamente al París de los años veinte, que él adora, querría quedarse a vivir allí, junto a Scott Fitzgerald, junto a Hemingway y, sobre todo, junto a una de las amantes de Picasso, que se enamora de él con la misma facilidad que sucedería en un sueño. "Cualquier tiempo pasado fue mejor", repiten los protagonistas de la película, solo para descubrir que no es cierto, que hay que valorar lo que se cuece en cada época, que en muchas ocasiones llegará en el futuro a adoptar la categoría de clásico.
Allen es muy benevolente con su personaje, un alter ego no tan neurótico como de costumbre. Ni siquiera la ruptura con su pareja le supone un gran esfuerzo, ni trauma alguno. Él se limita a ser feliz, en el presente, en el pasado y la belle epoque, dejando que las benignas circunstancias se apoderen de él. Aunque los artistas y escritores que aparecen están soberbiamente caracterizados, no se comportan como personajes, sino como estereotipos: Hemingway borrachín y machote, Dalí surrealista, Toulousse Lautrec solitario, Scott Fitzgerald de fiesta en fiesta viviendo su tormentosa relación con Zelda... Sé que es lo que el director buscaba, pues el viaje de Gil (Owen Wilson) está dictado estrictamente por sus fantasías literarias y en el París de los años veinte se concentraban gran parte de los artistas que admiraba.
No puedo decir que me haya desagradado la película en absoluto. He pasado muy buen rato visionándola, pero no me ha dado que pensar, algo que siempre me gusta cuando veo una realización de este director. Prefiero al Woody Allen de la trilogía londinense, que me habla de la verdadera vida, de problemas morales, a esta vida idealizada en un París de cuento de hadas, estéticamente impecable, pero algo vacío si exploramos más allá de la superficie.
martes, 5 de abril de 2011
HANNAH Y SUS HERMANAS (1986), DE WOODY ALLEN. AMOR Y FRATERNIDAD.

Quizá la película que más me ha impresionado de Woody Allen ha sido "Delitos y faltas". Intenté debatir sobre ella en la biblioteca, pero los compañeros, con muy buen criterio, estimaron que sería bueno colocar una comedia entre tantos dramas (Lo que queda del día, Una jornada particular, Días de vino y rosas...) y se consesuó que esta debía ser "Hannah y sus hermanas", una de las películas más queridas del director neoyorkino.
Si realizásemos un análisis superficial de la misma podriamos concluir que la historia no es nada del otro mundo: unas hermanas en busca de sus parejas ideales, un engaño matrimonial... Pero en manos de este director y estos actores el guión se vuelve tremendamente atractivo para el espectador. Michael Caine (que ganó justamente el Oscar ese año) está perfecto como maduro seductor y aún más el propio Woody Allen, haciendo de sí mismo. Un personaje neurótico y absolutamente hipocondriaco, que protagoniza las escenas más divertidas de la película cuando explora distintas religiones en busca de respuestas a la vieja pregunta del sentido de nuestra existencia.
Precisamente nuestro debate acabó centrándose en este asunto. ¿Es inteligente la respuesta que se da a sí mismo, vivir la vida y esperar a ver que hay después, si es que hay algo? Es la respuesta que le da su propio padre en la ficción, practicante judío, pero de opiniones muy prácticas. Lo que sí es cierto es que, tal y como se dice en una escena, se han escrito millones de libros, pero ninguno da respuestas definitivas con pruebas concluyentes. Solo consolaciones. Para consolarnos nosotros, reproduzco aquí el poema de Cummings que se cita en la película, demostrándose así que la literatura también sirve para ligar:
en un lugar en el que nunca he estado, felizmente más allá
de cualquier experiencia, tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más frágil están las cosas que me cercan,
o aquellas que no puedo tocar porque están demasiado cerca
tu mirada más leve fácilmente puede descerrarme,
pese a que he cerrado mi ser como dedos,
vos me abrís siempre pétalo por pétalo, como la Primavera abre
(tocando hábilmente, misteriosamente) su primera rosa
o, si es tu voluntad cerrarme, yo y
mi vida se cerrarán muy hermosamente, repentinamente,
como cuando el centro de esta flor imagina
la nieve descendiendo cuidadosamente en todas partes
Nada de lo que podemos percibir en este mundo se compara
con el poder de tu intensa fragilidad: cuya textura
me fuerza con el color de sus tierras,
mostrando muerte y eternidad con cada respiración
(no sé que hay en vos que se cierra
y se abre; sólo que hay algo en mí que entiende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.
viernes, 11 de marzo de 2011
EL SUEÑO DE CASANDRA (2007), DE WOODY ALLEN. DELITOS Y FALTAS.

Emprendí el visionado de esta película con bastante excepticismo, dado que los críticos suelen calificarla como una de las más flojas en la brillante carrera de Woody Allen. Personalmente, no estoy de acuerdo con estas valoraciones, pues a mí me atrapó desde el primer instante hasta el final.
Lo cierto es que normalmente, cuando estoy viendo alguna película de este cineasta, suelo reprocharme mentalmente el hecho de que sus personajes no suelen tener problemas económicos. Todos son intelectuales con buenos trabajos y amplios apartamentos que acuden a buenos restaurantes mientras resuelven sus cuitas sentimentales. Aquí no sucede lo mismo. Asistimos a la patética historia de dos hermanos londinenses de vida mediocre, que sueñan con una independencia económica que nunca llega. Uno de ellos tiene problemas con el juego, el otro es aficionado a imaginar todo tipo de inversiones financieras. Los dos actores que los interpretan, Colin Farrell y Ewan McGregor, cumplen con su cometido sin fisuras.
El dilema ético les va a llegar con una proposición que les hace un acaudalado familiar: necesita que maten a un hombre para que sus negocios sigan adelante. Si no lo hacen, se arruinará e irá a la cárcel. En una memorable escena, refugiados bajo un árbol de la furiosa lluvia, como un Mefistófeles moderno, les propone perder su alma a cambio de los bienes materiales que tanto anhelan.
Como ya sucedía en la magistral "Delitos y faltas", Allen aborda el tema de la culpa y sus consecuencias. Los protagonistas no son asesinos, son personas normales que han sido tentadas en un momento frágil. Además, como si fueran mafiosos, se dicen que actuan en interés de su familia. El crimen les resulta grotescamente fácil, pero luchar contra los remordimientos va a ser mucho más complicado. Woody Allen filma una historia equilabrada y muy interesante acerca de un tema eterno: que el crimen es un hecho que contraviene la ley natural, por lo que los culpables siempre pueden ser castigados, ya sea por la sociedad, ya sea por su propia conciencia corroída por la culpa.
domingo, 29 de agosto de 2010
CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS (2010), DE WOODY ALLEN. LA VIDA QUE TE ESPERA.

Las películas de Woody Allen tienen algo muy especial que es muy difícil de conseguir. Algunos cineastas se pasan su carrera intentándolo y no lo consiguen: hablan de la vida directamente al espectador y lo hacen sin tapujos, mostrándonos lo bueno y lo malo, las grandezas y las miserias. Uno sale casi siempre reconfortado de la sala y, lo que es más importante, habiendo aprendido nuevos matices acerca de la naturaleza humana. Cierto es que a veces uno queda más deslumbrado que otras e incluso en alguna ocasión absolutamente decepcionado (en mi caso con "Vicky Cristina Barcelona"), pero eso no me impide acudir puntualmente cada año a la sala de cine con toda mi ilusión intacta.
"Conocerás al hombre de tus sueños" desarrolla, entre otras cosas, un hábil discurso sobre la soledad del individuo en la multitud de la gran ciudad. Alfie (Anthony Hopkins), se divorcia aburrido de su mujer para intentar llevar una vida de treintañero que no le corresponde, por lo que sus intentos de ligar van a ser patéticos, debiendo recurrir al matrimonio con una prostituta. Su ex mujer (con un extraordinario parecido con Esperanza Aguirre, dicho sea de paso), intenta superar sus angustias vitales recurriendo a expertos en lo sobrenatural. La hija de ambos se encuentra atrapada en un matrimonio frustrado con un aspirante a novelista que no es capaz de dar el salto a la fama, así que se enamora de su jefe. Éste a su vez se fija en su vecina... Vidas absolutamente frustradas e insatisfechas, a las que la realización de sus deseos más ocultos no va a garantizar en absoluto eso tan escurridizo que llamamos felicidad.
Porque, aunque Woody Allen parezca repetirse en su discurso, la naturaleza es tan fascinante, inagotable e imprevisible que va a poder seguir realizando variantes del esquema básico de sus realizaciones sin aburrir al espectador. Resulta estimulante penetrar como voyeurs en la vida de esos matrimonios imperfectos repletos de deseos insatisfechos e inconfesables, en los vicios y manías secretos de los personajes, que son los de nosotros mismos y concluir que el ser humano solo puede aspirar a la felicidad en pequeñas rachas, porque las circunstancias y las ambiciones nos irán apartando de ella.
Personalmente me estimula sobre todo el retrato del escritor frustrado, aquel que pasa las noches en blanco en un esfuerzo improductivo, pues, como todos, depende del mercado. Hay un tema que nunca había preocupado en demasia al director, el dinero, (sus personajes, salvo excepciones, siempre vivían en magníficos apartamentos neoyorkinos y sus problemas eran siempre más de índole sentimental que material) pero últimamente tiene un hueco en sus guiones, aunque no con esto estoy diciendo que Woody Allen se haya apropiado del discurso de Ken Loach. Quizá sea influencia de la crisis, pero sus personajes ahora pasan a veces por dificultades económicas que los aproximan más al espectador medio, aunque no suelen ahogarse. Un acierto, en todo caso, en los tiempos que corren.
Y un último detalle importante, que aproxima aún más la historia a la vida real. La película no tiene un final cerrado, quedan muchos asuntos importantes por resolver, con lo que el espectador puede realizar el juego mental de establecer él mismo el destino final de unos personajes que siguen viviendo fuera de la pantalla. Así es la vida de todos nosotros: nunca podemos decir que hayamos amarrado todos los cabos sueltos.



