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sábado, 29 de noviembre de 2025

FRANKENSTEIN (2025), DE GUILLERMO DEL TORO.

El interés de Guillermo del Toro por la inmortal novela de Mary Shelley ya se atisbaba en su anterior obra, Pinocho, ya que existían referencias a la misma en la creación del muñeco de madera. Frankenstein es la grandiosa historia de cómo un creador reniega de su creación y de cómo esta criatura va pasando de una inocencia absoluta a un absoluto deseo de venganza. Del Toro ha plasmado esta narración de imágenes muy impactantes y ha desarrollado de manera muy efectiva una biografía del doctor Frankenstein, por lo que entendemos mucho mejor su personalidad y sus ambiciones a través de las difíciles relaciones con su padre (algo que anticipa las propias con su hijo). Aunque al principio sus intenciones son nobles - aunque las presente casi como un showman ante la comunidad científica - pronto tratará a su criatura más como un logro propio que cómo un ser sintiente, por lo que la rebajará a un estado cercano a la esclavitud. Uno de los puntos flacos de la película es la relación de la criatura con la esposa del hermano de Frankenstein, del todo inverosímil, ya que se intenta que ella sea el personaje humanista, que advierte de manera espontánea su verdadera naturaleza y deja atrás inmediatamente cualquier prevención al acercarse a un ser tan insólito. Sí que es muy acertado el comienzo de la película, en ese escenario hostil repleto de hielo, en el que la aparición de la criatura es verdaderamente terrorífica: así la ven las humanos después de haber pasado por varios traumas que se irán contando posteriormente. Frankenstein tiene, en suma, la acertada estructura de unas vidas paralelas - creador y criatura - que se muestran de manera muy cruda al espectador, a la vez que el director otorga a su película un tono casi onírico muy adecuado para contar esta historia.

P: 8

miércoles, 25 de enero de 2023

PINOCHO (2022), DE GUILLERMO DEL TORO.

Una puesta al día memorable del clásico de Carlo Collodi. Guillermo del Toro traslada la historia de Pinocho a los años del fascismo y le añade un toque siniestro, con referencias a Frankenstein, de Mary Shelley. Además, durante la primera parte de la película nos permite conocer muy bien al hijo desaparecido - en circunstancias muy trágicas - del maestro Geppetto, una muerte que éste no acepta bajo ninguna circunstancia y que motivará, en una noche de borrachera, la creación de un sustituto de madera. Pinocho aparece como un ser anárquico, fascinado por un mundo en el que todo le es desconocido y desconocedor de su papel en el mismo, por lo que el resto de la película es la narración de su aprendizaje y su enfrentamiento directo e ingenuo con la sociedad fascista que quisiera hacer de él un soldado perfecto y contra el capitalismo salvaje, representado por el empresario del circo, que quiere explotar sus habilidades a toda costa. La técnica de animación stop motion consigue una estética muy adecuada al tono entre siniestro y esperanzador del relato. Con esta obra se prueba que los clásicos siempre pueden ser reinterpretados y adaptados al espíritu de cualquier época.

P: 8

jueves, 22 de agosto de 2013

PACIFIC RIM (2013), DE GUILLERMO DEL TORO. MONSTRUOS CONTRA ROBOTS.

Cuando era pequeño yo era de los que no me perdía ningún episodio de Mazinger Z. En mis recuerdos quedó como una serie fascinante, emocionante y épica. Hice mal cuando hace un par de años le eché un vistazo a algunos episodios. La magia se había disipado por completo, los guiones no tenían ni pies ni cabeza y los combates entre robots eran totalmente previsibles. Qué feliz era de pequeño, cuando disfrutaba de lo que me ponían en la tele sin estar haciendo uso constante de esa capacidad crítica, tan incómoda a veces, que desarrollamos cuando crecemos.

Fui a ver Pacific Rim sin saber muy bien lo que me iba a encontrar. A diferencia de otras veces, preferí no leer críticas previas. Solo sabía que era una película de robots gigantes y que la dirigía Guillermo del Toro, un nombre lo suficientemente prestigioso como para ofrecerme ciertas garantías. Y la película me atrapa desde el principio, a pesar de la sencillez de su planteamiento, o quizá debido a ello. Pacific Rim no parte de premisas complicadas ni trata de ofrecer una explicación farragosa de la historia que vemos en pantalla. Todo se reduce a lo siguiente: la Tierra está siendo atacada por monstruos que surgen del mar y distintos países se han unido para hacer frente a la amenaza construyendo robots pilotados por humanos casi tan enormes como los monstruos, que al parecer son de origen extraterrestre.

Porque la vocación de Pacific Rim es la aventura y la diversión en estado puro. Es difícil filmar una historia competente con tan pobre argumento, pero Del Toro lo logra gracias a lo que podríamos denominar su espíritu friki: un conocimiento innato de como emocionar a buena parte de su público. Aquí la evidente falta de profundidad de los personajes humanos es compensada sobradamente con la perfección y equilibrio con la que están rodados los enfrentamientos entre colosos, destacando el que se produce en medio de la ciudad de Hong Kong. Unas escenas que, a diferencia de las de otros blockbusters recientes como Guerra Mundial Z, están concebidas para que el espectador sea testigo con todo detalle de lo que sucede en pantalla. A pesar de todo hay que destacar la secuencia en la que una de las protagonistas recuerda un episodio de su pasado: rodada desde un punto de vista humano, es capaz de transmitir el miedo que siente una niña al ser testigo de un horror tan gigantesco como inexplicable.

Es preciso destacar también que Del Toro ha sabido crear un ambiente perfecto para enmarcar su historia, pues también funciona en parte desde un punto de vista sociológico (fundamental para que nos identifiquemos con el mundo donde transcurre). Tras el estupor inicial por los ataques de los kaiju, la humanidad se adapta en cierto modo a la nueva realidad: muchos edificios resultan destruidos, pero sus moradores se las arreglan para utilizar partes de los cadáveres de los monstruos como vivienda. Además surge un próspero mercado negro con los órganos de kaiju, una mercancía muy valiosa con la trafican conocidos personajes (y la sorpresa de descubrirlos queda para el futuro espectador).

Vayan a ver Pacific Rim con el mismo espíritu con el que entraban al cine cuando eran niños: apelando más a la emoción que a la razón, a la épica que a la lógica y no saldrán defraudados.