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lunes, 9 de marzo de 2026

ODIO ENTRE HERMANOS (1949), DE JOSEPH L. MANKIEWICZ.

Odio entre hermanos es un estupendo retrato de una familia de origen italiano que prospera en Nueva York. No se trata de los Corleone, sino de los Monetti, cuyo patriarca, después de regentar una humilde peluquería funda una casa de créditos muy próspera, pero que llega a tener problemas con la Hacienda estadounidense. Aquí Mankiewicz es capaz de reflejar en pocos trazos la personalidad del padre y de los cuatro hermanos que heredarán el negocio y sus conflictos presentes y futuros. Destaca ante todo la estupenda interpretación de Edward G. Robinson, al que se le ve disfrutar con un papel que le va como anillo al dedo, pues pone toda la carne en el asador para reflejar la pasión de un italiano que ha prosperado rápidamente a base de trabajo duro. Entre los hijos hay de todo: el aficionado al boxeo que se deja manipular por sus hermanos, el abogado inteligente que debe elegir entre una buena chica italiana y otra con una personalidad más ambigua y el que está casado con una dama de la alta sociedad que le exige un salario más alto a su esposo. La trama va derivando poco a poco desde el drama familiar al cine negro, sin llegar a ser una película pura del género. La trama, bastante compleja en realidad, es condensada de manera magistral en poco más de hora y media por su director, un guión que quizá hoy día podría justificar una serie de varias temporadas.

P: 8

lunes, 6 de enero de 2025

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO (1959), DE JOSEPH L. MANKIEWICZ.

Tennessee Williams es uno de esos dramaturgos de los que Hollywood adaptó numerosas obras teatrales y de ellas salieron excelentes películas. Esta quizá es de las que cuenta con un argumento más sórdido, puesto que su protagonista sufre una grave enfermedad mental debido a un trauma reciente y se encuentra por ello internada en un sanatorio de aspecto nada agradable. Otro de los aspectos poco glamourosos de la trama tiene que ver con la práctica de la técnica de la lobotomía por parte del doctor al que interpreta Montgomery Clift, un destino que está acechando a la protagonista. La otra estrella de De repente, el último verano es una magnífica Katharine Hepburn, cuya presentación descendiendo de un extravagante ascensor casero resulta ciertamente memorable. Casi tanto como el jardín salvaje que cultiva dentro de sus posesiones, toda una metáfora de el enfrentamiento con lo primario con el que culminará la película. Ya la escena en la que se rememora la matanza cruel de tortugas (la naturaleza como un ente despiadado) dice mucho del mensaje que nos quiere transmitir el dramaturgo. La película de Mankiewicz toma la forma de una gran tragedia griega desarrollada en espléndidos escenarios e interpretada por actores inigualables, por lo que se alza como una de las obras más arriesgadas de la etapa dorada de Hollywood. Tanto, que en España estuvo censurada durante décadas y solo pudo verse a partir de 1980. 

P: 9

sábado, 12 de octubre de 2024

LA HUELLA (1972), DE JOSEPH L. MANKIEWICZ.

A veces el cine y el teatro se dan la mano y conciben obras tan magistrales como ésta. Pocas veces hemos visto en pantalla un escenario tan conseguido como el que se muestra en esta película. Se trata de la casa de uno de los protagonistas, un coleccionista de objetos raros, el lugar perfecto para que se produzca el mítico duelo interpretativo entre Laurence Oliver y Michael Caine. La huella exige plena atención al espectador debido a los muchos giros de guion que contiene, pero a cambio ofrece una diversión plena, puesto que el interés por la enrevesada trama, lejos de decaer, intensifica su interés hasta el inspirado final. Uno de los personajes es un aristócrata. El otro es dueño de una peluquería, pero ambos se comportan de una manera similar bajo una apariencia caballeresca. Al final la película puede funcionar como una especie de metáfora de lo que es la existencia: una lucha permanente para ser más ingenioso y decidido que los semejantes y adquirir la mejor posición. Todo ello en el escenario de una casa en la que el espectador no puede dejar de mirar cada detalle de la misma, cada muñeco, cada pequeña trampa preparada para sorprender al visitante. Una película mítica que sigue funcionando igual de bien que el día en el que se estrenó.

P: 10

sábado, 8 de enero de 2022

CLEOPATRA (1963), DE JOSEPH L. MANKIEWICZ.

Nos encontramos ante una de las producciones más desmesuradas de la historia del cine, tanto que resultó ser una auténtica ruina económica - que no artística - para la Fox y uno de los rodajes más conflictivos que se recuerdan. Leer acerca de los avatares de la realización de Cleopatra es casi tan interesante como el visionado de la película. En su resultado final se nota la lucha titánica que se desató entre los productores y el director (el segundo director, puesto que su realización fue comenzada por Rouben Mamoulian). Los primeros querían espectáculo épico por encima de todo. Mankiewicz pretendía otorgarle un tono más intimista a una historia que ya había sido abordada por Plutarco, Shakespeare o Bernard Shaw. Contra todo pronóstico, los hados se conjuraron para que el equilibrio entre una y otra visión fuera perfecto y la Cleopatra que podemos ver hoy, después de una cuidada restauración, resulta ser una de las mejores películas de romanos jamás realizada, el retrato de una mujer poderosa que no se siente inferior a ningún hombre, aunque éste sea poseedor de un imperio. Míticas son las relaciones entre sus actores, sobre todo teniendo en cuenta el intenso romance que se desató en pleno rodaje entre Elizabeth Taylor y Richard Burton. A pesar de su larga duración, la película no decae en ningún momento y constituye un entretenimiento de primer orden para cualquier tipo de espectador, sea o no aficionado a la Historia. Es una lástima que muchas de sus escenas, descartadas de su montaje final, se encuentren hoy perdidas y solo se conozcan por algunas fotografías.

P: 9