He intentado ver esta película objetivamente, sin pensar en las grandes polémicas que ha generado por parte de la crítica, puesto que las opiniones están divididas entre quienes la consideran una obra maestra y quienes aseguran que es la obra más floja de su reputado director. Desde luego su temática me interesa mucho, puesto que esos grupos pseudo terroristas que surgieron a finales de los años sesenta en occidente y que protagonizaron episodios tan llamativos como el secuestro de Patty Hearts. El grupo que se presenta aquí pretende desestabilizar al Estado golpeando objetivos tan delicados como la frontera Sur de Estados Unidos para denunciar su política migratoria, aunque es una lástima que no se profundice más en los objetivos del mismo ni en la personalidad de sus principales líderes, más allá de unos trazos gruesos. Lo que sí descubrimos inmediatamente es que las ideas utópicas que presuntamente se quieren aplicar a la sociedad no son válidas para sus relaciones personales, por lo que Perfidia, que ha tenido una hija con otro de los líderes, Bob, la abandone a manos de su padre, traicionando al movimiento que consideraba lo más importante de su vida cuando es capturada. Aquí entra en escena un personaje muy esperpéntico que afecta negativamente a cualquier pretensión de verosimilitud de la trama. Se trata del coronel Steven Lockjaw, un supremacista blanco que es una caricatura de lo debe ser un buen villano. Es una lástima que una propuesta tan interesante como la de Una batalla tras otra tenga estas carencias. Profundizando un poco más en las motivaciones y estructura del grupo criminal y creando unos villanos más realistas tendríamos una trama mucho más sólida y no meramente una película bien hecha y muy entretenida, que es la sensación final que produce esta última obra de Paul Thomas Anderson.
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