Si por algo se caracteriza Love actually es porque da al espectador lo que promete. Se trata de una película coral protagonizada por un elenco de estrellas que cumple perfectamente con su papel. El argumento principal es mostrar que el amor está en todas partes, desde las más altas esferas hasta en las existencias más anodinas. Al final todas las historias confluirán en un aeropuerto, que es un lugar muy democrático, ya que todos terminamos pasando por ahí en algún momento u otro. La película de Richard Curtis cuenta con la excelente virtud de ser entretenida, pero se trata de un entretenimiento insulso, muy azucarado, por lo que la presencia testimonial de un personaje como el que interpreta Bill Nighy, un viejo rockero ya de vuelta de todo que se expresa de una manera, por así decirlo, políticamente incorrecta. Es la única nota discordante en una película diseñada para los amantes del cine romántico. Es destacable también el episodio protagonizado por Hugh Grant, que interpreta a un primer ministro británico bastante alejado de la imagen de un politico convencional, puesto que su personaje parece una buena persona con buenas intenciones para el país. Se pasa un buen rato viendo Love actually, pero las numerosas historias que cuenta se olvidan enseguida.
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