sábado, 10 de enero de 2026

CALLADITA (2023), DE MIGUEL FAUS.

Ana, que acaba de emigrar desde Colombia a nuestro país, es una esclava de nuestro tiempo. Sometida por la necesidad de legalizar su situación, acepta convertirse en la asistenta de una familia pudiente que tiene una hermosa casa en la costa catalana. Su esclavitud no es absoluta, puesto que recibe una remuneración por su trabajo, que se adorna con la promesa - falsa - de que sus empleadores la van a ayudar a conseguir los papeles que necesita. Además cuenta con la presión de ayudar a su hermana, que se ha quedado en Colombia, para que pueda pagarse los estudios universitarios, por lo que abandonar su situación actual no parece una opción razonable. Sus empleadores lo saben y esperan de ella una dedicación absoluta y discreta a las labores de limpieza y servicio encomendadas. Ana es tratada como una persona, pero no del mismo nivel que ellos mismos, sino como alguien inferior que debe estar eternamente agradecida de la ayuda que se le está prestando y por lo tanto cumplir todas la órdenes con una sonrisa. De una manera un poco más sórdida, el hijo de la pareja también la considera una especie de objeto sexual del que poder abusar si se dan las circunstancias idóneas. La película abunda bastante bien en la psicología de la protagonista, que no deja de ser una joven que también quiere disfrutar de las mieles que contempla a su alrededor y que le están vetadas por su condición de paria. Lo único malo de Calladita es que la película no aprovecha todo el potencial de la historia y su tramo final resulta enormemente tópico, aunque muy coherente con el mensaje ideológico que quiere transmitir la película, un mensaje que denuncia nuestra necesidad de que lleguen inmigrantes para poder someterlos a los trabajos más degradantes mientras están calladitos.

P: 6

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